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Full text of "Historiadores de sucesos particulares. Coleccion dirigida e ilustr. por C ..."

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BIBLIOTECA 



DE 



AUTORES ESPAÑOLES. 



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BIBLIOTECA 

AUTORES ESPAÑOLES, 

DESDE LA FORMAaON DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS. 



HISTORIADORES DE SUCESOS PARTICULARES. 



CokccJM iUrlfldi e ilulriA 

POR DON CAYETANO ROSELL. 



TOMO PRIMERa. 



MADRID. 

M. RIVADENEYRA— IMPRESOR — EDITOR, 

GlLLt DI LA aUMU, 8. 

1858. 



mm 



DE LAS OBRAS Y AUTORES QUE CONTIENE EL PRESENTE TOMO. 

Esn Tolámen da principio á la colección de historiadores que ha de ocupar eff lo sucesivo gran 
parte de nuestra Bibuotxca. No se extj^ñe.que comencemos por donde muchos acabañan, y an- 
tepongamos ¿ los escritores 'de historias generales las obras que solo versan sobre*acaecimien- 
tos determinados : con propósito de acierto concebimos este designio, y no estamos arrepenti- 
dos de hdierlo llevado á cabo. 

Estos que llamamos historiadores de sucesos particulares (i) ofrecen mas comodidad para la 
impresión, ingreso mas £icil á ios estudios históricos propiamente dichos, y hasta atractivo ma- 
yor á muchos de los lectores de nuestro tiempo. Acostumbremos el paladar á manjares que sue- 
len estar desterrados de cierta^ mesas, y tras la costumbre vendrá el gusto, y con el gusto la afi- 
ción á lo que antes nos parecía insipido ó desabrido. 

Entre concisas y difusas, siete obras van: embebidas en las úguientes páginas : á muchos pare- 
cerá pordon demasiada para su apetito, y á estos les aconsejamos que usen dQ ella con modera* 
cion, no llegue á embargados el hastio ; mas los que por hábito y propensión conocen á lo que 
sabe este alimento , hallarán la materia escasa , y nos culparán de dema9Íado avaros. Preferimos 
las quejas de estos otros , y estamos seguros de su indulgencia. 

De un cargo, sobre todo« tenemos que sincerarnos : de no haber guardado el orden cronológico 
de autores 6 de materias, según el uso adoptado comunmente. No nos ha sido posible, por el re- 
traso inevitable que han sufrido algunas de las copias que hemos sacado; retraso que entorpecía 
el progreso de la impresión. En cuanto á la elección de obfts , dado el número de las que nos 
proposioios incluir en la colección , tampoco hemos sido absolutamente arbitros : de tal combi- 
nación resultaba un volumen extraordinario ; de tal otra, uno qoe nos parecia mezquipo. Hemos 
preferido infringir una formalidad , á trueque de no hacer mas irregular biyo otro aspecto esta 
publicación. 

¡ Ojalá pudiésemos 4isculpar tan fácilmente la poca novedad que tendrá estü noticia de las 
obras que aquí incluimos y de sus autores, y*la precipitación con que por causas i&depend^tes. 
de la voluntad nos vemos obligados á escribirla! Prescindiendo de la parte de suficiencia, que 
sin afectación dé modestia confesamos que nos falta, bien merecian los autores, cuyos escritos 
imprimimos, estudios detenidos acerca de su vida y de sus trabajos ; y bien merecian estos un 
análisis recto y cabal , asi de sus perfecciones como de sus yerros , donde adquiriésemos la regla 
de las primeras y aprendiésemos á evitar el escollo de los segundos. Hoy, que, para bien de la 
sociedad y délas letras, parece despertarse la afición al cultivo de la historia, conviene pbner 1» 
advertencia junto al ejemplo , pues cuanto mas seductor es este, es mas eficaz aquella. Sin em- 
baí^, abrigamos k esperanza de que no faltará quien con títulos mas legitimes emprenda esta 
útilísima tarea. « 

El tiempo en.que florecieron lo6 escritores que formap esta colección se contempla, y con 
justicia, como la época mas marcada <lel siglo de oro de nuestra literatura. Desde la Crónica ge^ 
neralf ó EBstorif de don Alonso el Sabio» desde la Crónica del Cid hasta la introducción de los li- 
bros de caballería» median algunas generaciones, ocupadas, por una parte en constituir su nacio- 
nalidad , por otra en crearse una literatura propia. Esta no podia tomar otras formas que las de 
la poesia ó las de la historia ; y respecto á la segunda, poco fruto era dable sacar de las anti- 
guas crónicas y leyendas, hijas de otros tiempos y. costumbres, producto de otras necesidades. 
Nació pues un género histórico , mas ó menos nacional , pero espontáneo al cabo, y cada gene- 
ración tuvo sus anales , y cada soberano su cronista^ 

(i) Como don BíiooUis Antonio oa su BikÜQUta. 

.■ • • • 



VI NOTICIA DE LAS OBRAS 

Hiciérocse sucesivamente varios ensayos hasta el reinado de don Pedro de Castilla. López de 
Ayala, versado en los estudios clásicos, traductor de Tito Livio, y hasta imitador del artificio an-- 
tiguo, no pudo, sin embargo/alterar las formas establecidas (tal era su carácter de originalidad); 
y bien se refiriesen á épocas de alguna eite^sldn y á sucesos generales , como las de los reyes, 
bien á hechos determinados, como el Pcmi^iintésú'^ el Seguro de Tordesillas, las crónicas Si- 
guieron siendo con leve alteración lo que fueron en un principio. * 

Pero las semillas de los principales ramos del saber humano, que de tiempo atrás se hablan 
esparcido por nüéistn^Yscíelo i lograron tn ri siglo xvi y gran parte del jum loaanos y sabrosos 
frutos. Concretándonos á los adelantos de la historia, y dejando á un lado el ancho camino que 
la general frecuentaba con tanto aplauso, hasta en el reducido pero ameno campo de las his- 
torias particulares, rivalicábaáios con los inmortales maestros de k antigüedad» y nada teníamos 
ya que envidiar á sus modernos imitadores. Con la gloda de las armas se engrandecía el espíritu 
de las letras ; nacían al propio tiempo Escisiones y PoUbios ; el amor patrio, que entusiasmaba el 
corazón, daba tamlnen alas al pensamiento, y émulo de un Tito Llvioy que aplaudía la iniq[Qídad 
y lisonjeaba á los poderosos, levantaba su voz un Tácito para defender los derechos Ae la vterdad 
y de la justicia. 

Kú entremos á examinar si este sistema , tomado 41 fin dé otros tiempos, y aun en los que á la 
sazón corrían , de una nación que nos miraba como opresores , era preferible 6 no al que algún 
dia habíamos tenido como espontáneo y propio. Igual cuestión debió pop entoneessluoitarse en 
Italia, donde el espíritu de regeneración, alimentado jior el Dante y por Petrarca^.ae evaporó al 
fuego fatuo de los retóriqos procedentes de Constantinopla ; pero si las instituciones humanas 
recorren el dreulo &tal que les trazaba Maqüiavelo , no es mucho que sigan igual suerte las 
obras de la inteligencia. Por otra parte, reaccíeod puede haber que encamine á un gran progreso; y 
no vemos qué tnal puede ocasionar, sino pasajero, un procedimiento extrañó qoé tal vez sugiera 
)a invención- de otro propio , asi como el error suele conducir al descubrimiento de las verdades. 
Nuestra asistencia en Italia, el trato frecuente de nuestros ingenios con aquellos naturales, y 
el esplendor con que allí sé cultivabah las letras y las artes , nos convirtieron en inütadores de la 
literatura llamada clásica. Lo que Boscan y Garcilaso hicieron en la poesía , HnmozA y sus diaei-- 
pulós lo aplicaron en cierto modaá ht historia; y decimos en cierto rnodo^ porque los unos ñieren 
imitadores, no ^lo de las formas , sino hasta de la parte intrínseca del sentimienio ; y los otim al 
menos adoptaron asuntos patrióticos, y hablaron y escribieron como españoles. 

La sencillez de las antiguas crómcas, el escaso artificio de sus narraeionea, el mismo estado de 
la lengua, y mas que todo, la novedad y grandeza de los hechos que presenciaba el mundo y re- 
querían en verdad proporciones más épicas, formas mas vigorosas, otro» arte, en un^ palabra, 
fuese original 6 extraño ; y como la antigüedad ofi^cia, juntamente con la magnificencia de las 
acciones, el modo de es<^birlas y perpetuarlas, no hubo quien intentase siquiera errejarse por 
sendas desconocidas. 

Aqui tropezamos con el meonveniente que arriba dejamos diclio , pues observando el orden 
que debiéramos haber establecido, entre los escritores que siguieron la escuela clásiea, Míndoká 
precederia á Moncaua ^ y no este á qnien le sirvió de ejemplo ; pero hecha de nueyo esta adverten- 
da , pasaremos á referir en breves palabras lo que hemos podido averiguar respecto áca^a uno de* 
los autores que comprende este primer volumen. > 

La nobleza española del siglo xvi continuaba siendo lo que fueron aus predeéesoresi limpio es- 
pejo de nuestras armas y glorioso ornamento de nuestras letras. Como la sangre, los honores y 
las riquezas, vinculábase entonces el ^ber en las familias ilustres, y de esta am^.se háeian 
digtios los señores, por una parte del favor del trono, y por otra del respeto de la muchedum- 
bre, tal fué noN Francisco wr Ñongada, descendiente deuña de las principales oftsas de Gatalu-* 
ña , y autor de la Expedición de eatahmei y arofoneees antírü turcoe y yriego», que es la que enca- 
beza nuestro repertorio. 

C<kno hijo y heredero del segundo marqués de Aitona , don Gastón de Moneada , vírsy que fué 
de Cerdeña y Aragón ^ y embajadcsr en la corte de Roma, llevaba el titulo de conde de Osona, 
vinculado en los primogénitos de aquella casa, caando por primera ves se publicó su obra (1). 
Su madre , doña Catalina de Moneada, era baronesa de Callosa. Debió nacer en diciembre de iJ(86, 

(i) Primen edición : Bireelont , por Lorento Dea , 1623 , 4.'' Lt segasdi es de Uadrid , pot Sbocíis , 1777 , a.^, 



Y AUTORES OVE CONTieNlS ^ PRESENTE TOMO. vn 

poes e&OB^ífii^ {6 Imirtnó «n te paFrinjum de Si^a Esteban do Valenoifi (1) d 29 del pr6|M mea y 
aao. Cultiva) ^kade muy j<iveq )q» e^tucUo^i y cpq p^rli^uUr afición el de la« l«pguas lalisa y 
flriQgt (^ y tuyo por 99pofii^ á dp^a J^bfgvita 4t Cfi^troy Magon , ttaro&esa. d^ Lagop^y. viaeonr 
défla d« Ula; de ovqro imtnmmio im\6 m aiioe^op dop (mA^n Jlamon dQ Hopeada, tir^y qwfyÁ 
de GaUcia, gobernador deM ooron^ m la miporia de Cérloail» y ^pocido Umtmi por sua ira* 
I^joa lilerarios* 

Preató MoNQA^A á su pa^ia servioíoa iipporUpte^i ya oomo consejero da Estado y Guerra, ya 
como gobernador y vir^y de Flándes, an ¡Quyo 4^i*go le swedíd el Cardepal Infante; y repre^eptó 
dignaiaente á au soberapo ep la cor^ de Alemania. {IsUa aon la^ particularidades <|pa leemos de 
su Yida» aunque podemos apadir otra qua f^DM^Unepte hemos averiguado, En dicii^pkra de 1$3S 
lo confió el Rey una comialon seereta» ^ oop^acuopcia de la lesisteppia qpe babiap bepbo los cata- 
lanes i admitir el virey nopabrado por la eort^> mientras no i^eeedie^o el juramanto qpe las ieyea 
de Gatalttia exigían de loe monarca» caatellanoa antes de entrar en pensión de aqud condado. 
Incluimos eate curioso A»cumepto ep loa añadidos ¿ la presente noticia (letra á, pig. %%$) (3>, 
porque de ¿I aa doduce , no solo la prevención con que el gobierno espa&ol miraba ya el espiíátu 
de los catalanes y sino la eonfianaa que le inspiraba la fidelidad del Conde. No llegd e^te á eono-r 
«er el rompúPiento en que alguP tiempo después pararon aqueltos recelos y aquellas provocacio- 
nes, «pne» le sorpremlid la muerte el a&o Í6S5 ep el campo "de Gqcb, población del ducado da 
Clévea, cuando aoa})aba dQ obtoper doa señalados triunfos de sus enemigos» 

La politioa y laa armas debieron ^on^umir el tiempo que hubiera podido consagrar i Otrea ém^ 
presas literada^; y así, solo se lecmoeep como suyos los escritos siguientes : 

Kda de ÁaMo Mwriio Tarcjití0Severm0 Bo^cun , qpe ^e imprimid en Francfort por Ga^ar Ro-* 
telio» 1^13, y se ooPierva entre I09 manuscritos de la Biblioteoa Nacional (4)^ 

AníigwídaA del $anhwio i0 V^imrnUp, según Rodrigues^ eu su Biblioteca Y§knHm (9)» 

Gmiúi99to ie la tma da jai Mmrndas, qoe ol mi$mo autor remitió ¿ Paría al fraq^éa Pedr^Mflr-r 
ea (6) pon dea eanps latinaa« 

Pero tampoco ea et eible que no bubleaa ejerettado wtes su pluma « ek)sayos de $qu^ ge- 
nero «I esodlty de estilo tan formado como el que muestra IfoNCAP^ ea eu E$^dickm 4fi ea^ 
Mtms y aragone9$$9 pues el idesempe&ar con suprior acierto obras cpie requieren tanto^ ni es 
efe$k> de la caeiiaUdad» pi don que pueda adquirirse con la lectura de íi^iep mod^loat A^o atmn*» 

dan en aquellas páginas pensamientos elevados ni frases pomposas ni periodos atrevidos, e9 
verdad ; pero la diecipn es pura, las expresiones propias, y la constricción tan fluida y aro&o 
níosa casi siempre , que forma un agradable constraste con los hechos que allí se pintan , harto 
roaraiillosos de suyo para necesitar de mayor realce. Ocasiones hay, An duda alguna , ep que la 
paturaHdad con que está escrita la obra degenera en flaquera y desaliño ; pero b;en se deja co- 
nocer que ei autor no acabó de pulirla ; además de que en aquellos tiempos no se reputaban 
como defectos muchos de los que ahora nos parecen tales, y lo son raaniflestamente. Presas casi 
increíbles, caracteres exagerados, batallas desiguales y sangrientas, hambres, odioa, ambiciones 
y vepgapzaa, eran «1 asunto que al escritor se le preseptaba : cualqpjera otro dotado de mepuos 
gusto inAiqra hecho de él un libro de oaballeria , y Honcadá hizo una historia. Rogar interesa 
siempre, á pesar 4a sus defectos; interesa Berenguer de Bntenza; interesan todos aquellos va- 
lientes españolea» jsip que se oculten jamás 3P inSisciplioa y sus crueldades; pero Rocafprt ins* 
pira aversión, como Andrónico indiferencia, y desprecio Miguel Paleólogo. ModeAOA, iqae siguió 
loa pasea de IbimoeA , y aun le imitó muy á las claras en el proemio que antecede á su obra j no 
se éontopló, fin emlt>ergo, co^quel decl^ado, sino ^e acudid á lo^ de la antig(íedad ; y las fre- 
cueolea ^líai que su memoria le angiere pru^an que era hombre de exv^cip^ pada >Pl0ia*, y 
que sabia retener y aprovechar lo que faabia aprendido. 



te rtpltíó co tees. Ulilmsiiienie se pnblieé es Paücietoos, 
por OiireKf »eiiai2, qoanapfólQga y noéss ú^tUrnt^d-r 

Ett laia #« laiprimió ap Piiri9 aas t ra<H»Q(iaQ 40 eiHa P*^ 
lüs, liao^« por fú poade de Champíaa> 

EoeaeitfasiioMiMohrade Moiicju>AiasncloiaAia»la« 
•ditísBes #6 les tatoifs^iae él codjhiHó, eatr? les a&i^ 
Sios á }os bistAüiaderfs í^l^tipos , y <i^ tospadaiwasá 
Nftitsflfr y Pesdoi, qii^ aaa ips qae trataros ms expre- 
sanéate de este asunto , en especial Montaner, cnya cró- 



nica, preciosa de svyo.as doblasMete imeiesante por &•- 
Jber él milUsdoen aqaeHa célebre espediden. 

(t) For las pertídas bNUismales que se mnaeriAn en 
^aeUa igiasla desde 1548 basis isa?. 

(90 Aotorloaiireo, ¡h 6$rU^tar, . ei^. 387 , pk%. 9Sa. 

(3) mfoUojtec» Nacional , Mke B. Stt , foi. lai. 

(4) Códice Ce. (SU. 

m Pie' U% • 

(6) Esta y 1^9 «garlas inserté |lsrea an so BííMm és 
<OMra#*PlirÍ8,ia40,A)Uo. 



vm NOTiaA DE LAS OBRAS 

, El mencionar solamente la Gumá de Granada, asenta por non Disco HüRTAnqni MsimoeA (4)» 
nos excusa de todo encareckníento. Los grandes elogios, qne en su prólogo ó introducción hacen 
de este libro Luis Tríbáldos de Toledo y el conde de Portalegre (2), se ven plenamente confir- 
mados por él juicio de la posteridad » pues las censuras que algunos se han atrevido á hacer re« 
ca^n principalmente sobre la demasiada afectación de su lenguaje y sobre la falta de originalidad 
de un escritor que jamás aparta la vista de los antiguos clásicos, que hace traducir al Zaguer un 
razonamiento de Tito Livio, y en el tristísimo cuadro que en Sierfa-Bermeja contempló el duque 
de Arcos y los que le seguían , encaminándose al fuerte de Calalui , copia el de Tácito en sus AnO" 
les , cuando Germánico se detiene á considerar los cadáveres de las legiones de Varo^ Mas en pri- 
mer lugar estas imitaciones no están hechas tan servilmente que demuestren escasez de ingenio 
en nuestro autor, sino todo lo contrario; y en segundo, aun suponiendo que no sean Ucitas, 
que lo son , y mas cuando en manera alguna pueden tildarse de inoportunas , Hbndoza , escritor 
de grandísima erudición, se veia involuntariamente asaltado de estos recuerdos, y no eraextrá&a 
que , tratando dé introducir en toda su pureza la escuela clásica , se ciñese demasiado ¿ los mo-* 
délas que tenia delante. Esto en cuanto á su mérito individual ; que considerado el punto abso- 
lutamente i no hay ingenios menos originales que los que pretenden serlo. 

No es la cuestión de formas la*que puede menoscabar el mérito de la Guerra de Granada. Si 
por alguna parte flaqüea esta producción , es por donde mas la ensalzan sus ciegos admir&dl»re8. 
Como obra de estilo, es, á pesar de sus defectos, invulnerable; como típo de un género literario, 
ofrece mas asidero al critico que se proponga empequeñeceila. Pudiera demostrarse sin gran 
trabajo que, como historia, no pasa de un buen bosquejo , pues adolece de falta de proporcio- 
nes, y por lo mismo, de cierta confusión en el relato; que por afíin de ostentar saber, es dema- 
siado lato su autor ^n la exposición^ <de ciertos antecedentes , y omite otros que son mas míisr- 
pensablest se ettravia á veces en digresiones ociosas, y pasa por alto muchas de las conse- 
cuencias que ||^turalmente se desprenden-de los sucesos. Es, sin embargo, laudable la franqueza 
con que censura á veces á los caudillos de las armas del Rey , á pesar de ser parientes cercanos 
suyos; y la opinión que forma de aquellas fuerzas colecticias, de su indisciplma; de las compe- 
tencias entre los militares, y entre estos y las autoridades civiles, asi como de los desaciertos del 
Gobierno, no deja duda acerca de su rectitud y la sagacidad de su «laro ingenio. Muchos de los 
defectos que se advierten en su obra provienen también, como el conde de Portalegre advierte en 



(1) tA«dic!on príncipe es de Madrid , -becha por Luis 
Tribáidús de Toledo, 1610, 4.* Después se reprodujo en 
Lisboa, pcirGraesbek, Í6S7; en Madrid, en la Imprenta 
Reai, 1674, 4.<^; en Valencia, por Cabrera, 1750, y por 
Itíatlen y Berard, en 1830, 8.**; y en París, en el Teioro de 
hiiíorM^éi españolei, 1840. Pero la mas bella y correc- 
ta es la de V«feoeia, de Monfort, 1776, 4.^ en que por pri- 
mera vez se publicó el trozo que faltaba al fin del libro 3.^ 
Iiálbdo por Luis Tribáldos el año 1628; trozo que suplió 
en ia primera edición el conde de Portalegre. (Véase la 

l>nestra,pág.lie.)- 

(2) Xos del conde de Portalegre nos inspiran descon- 
fianza , pues celebraba una producción que en algún tiem- 
po babia creido que no era historia , y anadia con muchas 
ponderaciones de modestia una relación que opinaba de- 
bía hacerse ñparte'tf ieeameinU, Ignoramos quó motivo )e 
obligó á variar eoteramente de dictamen ; perq en su re- 
tractación no cabe duda , al Ver lo que escriliia á don Her- 
nando de Guzman en abril de 1888. Asi decía : 

t No juzgo tan profundamente los defectos de la litúria 
9^. la ffítemée Grsnadá^ de no» Dnsoó db Mkftdoza, al 
»bien los conozco, y los confesara si la tuviera por bisto» 
«ría; mas paréceme una relación escrita en papelea tl^os 
»para bazer historia dellos, que él nunca hiilera; y as|f, 
sletaben todos losJoores que vuesamercéd me da, porque 
»lo malo es lo que muchos supieren enmendar, y lo bueno 
«tienen tan pocos , que no conozco io ninguno. ^ 

>La quiebra del suceso de Glkra y muerte de Luis Qni- 
t^aiie ¿eve fáhar adrede^ por no la querer publicar el que 
>tu?o el primer original , si ia no se lé antojó á bom Ditcó 



«imitar la desgracia de Tito Livio, de cuias ^ras f^Tta tan- 
ito, ó la que Jotio fin^ con los papelea quele robanm : sw 
»gun él dice, seré menester pedir prestado esto que falla, 
»al jurado de Córdoba ó á un soldado, que será mejor, no 
•para continuarlo con el texto, sino para referirlo secamen- 
»te aparte.» {Cartoi del conde de Poríaiegre, BIbtioieca 
Nacional, códice £. , 54.) 

En el mismo tomo se halla otra carta del Conde ¿ doña 
Magdalena deBobadilla, y la respuesta de esta, en que 
con nombres tomados de los libros de caballería aluden 
ambos á personaos de la corte y & hechoa ^fw sedanimif 
curiosos si tuviésemos 1^ clave de aquel enigma. Es de 
advertir que, pasados algunos folios, se lee otra corres* 
pendencia de doh Diego db MsTinozA á la misma doRa Mag- 
dalena , del mes de enero de 1579, fecha que tal vea sea 
la de la copia , ó yerro de plems^» porque toH Duibo fúla- 
ció cuatro afios. antes , según se dice y nosotros repeti- 
mos. La carta, cuyo epígrafe es Don íHegod doña Magda-- 
lena de Bobadilla, con qüetttat de iutor tf ([oexoM de galan^ 
concluye asi : 

t Y por no perder el nombre de bien mandado, aiin- 

»que vuesameited nunca será sola sino quando quisiere 
■serlo, la aviso que son cnatro4os que la engallan : and sus 
•amigos, que la aconsejaron ; otro sus criados , que la co- 
lmen; otro sus confesores, que la absuelven; otro vneaa- 
tmerced, que cree á todos cuatro.» (Biblioteca Nadonat, 
códice citado,) Dofla Magdalena « por lo que se deduce de 
las carus, tenia relaciones íntlnias con el Conde ; wm Die* 
60 no mostraba estar con ella én buena armonía. Si esto 
da lugar á alguna consideracien , dédufca cada cual la qué 
te pareciere. 



u 



Y AUTORES QUE CONTIENE EL PRESENTE TOMO. 

SU introducción » de haberse dorrompido miserablemente las copias que se saearonde eUa(l); 
de lo cual podemos certiflctf nosotros» que hemos consultado algunas. 

Aunque , mas ó menos extensamente, han procurado escribir varios la vida de este célebre 
personaje » y se han publicado algunas (2 ), todas ellas discuerdan entre si respecto á fechas y 
circunstancias muy importantes. Este asunto , habiendo interv^do don Ditcaen loa sucesos mas 
notables de su época, da margen á muchas y proUjas indagaciones', pero si» como nos han asegur 
rado, un erudito y laboriosisimo escrUor» que ha dado ya hartas pruebas de serlo*, acomete tan 
loable empresa» lograremos conocer á Mendoza por sus hechos y carácter, como hoy le conoce^- 
mospor sus escritos. Entre tanto conténtese el benévolo lector con estos ligeros apuntes que Ip 
ofrecemos. 

Don Diego Hurtado de Mendoza, descendiente del famoso marqués dé SantUlaná, que tanto 
Austro la literatura patria en el reinado de don Juan II,'é hijo de don Iñigo López de Mendoza, 
segundo conde de Tendilla , primer marqués de Mondéjar , y de doña Francisca Pacheco , hija dé 
don luán , marqués de Villena y primer duque de Escalona, nació en Granada el año 1603, según 
las conjeturas mas probables. Afirman algunos (3) que sus padres le dedicaron á la Iglesia en 
un principio; pero el marqués de Mondéjar lo pone en duda, fundándose en el tesümooio de Am- 
brosio de Morales (4). Recibió las primeras lecciones del sabio Pedro Mártir de Anglería, á quien 
los Hendozas habian siempre mirado con particular afecto (8) , y mas adelante fué discípulo de 
Agustín Nifo y del famoso seyillano Montesdoca, progresando notablemente «ñ los estudios filo- 
sóficos , en los de la jurisprudencia y (humanidades, y en las lenguas latina , griega, hebrea y ára- 
be. Como tan Tersado en estos conocimientos, Paulo Menucio le dedicó su edición de las obras . 
filosóficas de Cicerón, á que era Mendoza muy apasionado ; y sin embargo, no creia que debia 
adoptarse el latin por base de la enseñanza de la juventud , ni aprenderse en éMas ciencias, sino 
en el idioma patrio. 

Pasó su mocedad militando en Italia, y probablemente en las demás guerras que por entonces 
conmovían á Europa; y los inviernos, en que se daba tregua á las armas, se dirigia á Paduá, á 
Bolonia, á Roma, adonde quiera que presumía encontrar escuelas y sabios que perfeccionasen 
sus conocimientos ó le guiasen en la adquisición de otros nuevos. Era ya conocido en la corte; y co- 
mo su cuna, su elevado talento, su instrucción y algunas otras circuistanoias personales le consti- 
tuyesen en aptitud de desempeñar comisiones diplomáticas, le nombró Carlos Vsu embajador en 
Venecia, según Mondéjar, en 1827; según otros, y esto es lo mas creíble, después^del año 30 y 
antes del 38. Recordando lo que Veneda era en aquellos tiempos, y las relaciones que mediaban 
entre su república y nuestra corte , se comprenderá el alto concepto que debia ya tenerse dé la 
capacidad de don Doego; y no era ciertamente exagerado , pues á su destreza se debió que la Se- 
ñoría no concluyese sus paces intentadas con el Gran Turco, y que se descubriesen los tratos que 
con el mismo Sultán traía el rey Francisco de Francia , dándose muerte á sus emisarios, que eran 
un español llamado Antonio Rincón, y el genovés César Fragoso. 

Esto bastó para que se le confiasen otras comisiones delicadas, principalmente cerca de la Santa 
Sede , y para que, habiéndose acordado resolver gravísimas cuestiones religiosas y políticas en 
el condlio de Trente, le eligiese el Emperador como uno de sus representantes y embajadores eñ 
aquella asamblea fiunosa. Referir cómo Mendoza desempeñó aquel cargo seria hacer unahíalo^ 



(1) Dice Gapmaay, rtflriéiidose á lis s4iciotiM anti- 
guas de esta obra , iaclusa la de Valenda de i77e : 

c Admiro cómo se han hallado lectores qae se conflesen 
eoamorados de las ideas 7 esÜ|o de este historiador , sien- 
do impodble que feyendo las cláosuias desatadas ó con- 
ftiodidaft por la perversa ortografia , oomprefaendan clara- 
meóte el sentido del escrito ni ia mente del escritor. » 
{Teatrú kiUárico critUo de la elocuencia española, tomo in, 

(3) Las principales son la del marqués de Mondéjar en 
la Historia de la casa de este nombre , qae eiiste manns- 
críCa eola Biblioteca Nacional, 6<>d^c« K, 100, lib. 3, cap. 53, 
fol. 271; la qae precede á la edidon de Monfort de la Guer- 
ra de Granada, ya citada ( Valenda, 1776), escrita, según 
Ticknor, por don Ignado (don Iñigo dice equivocadamen- 
te) Lopes de Ayala, 7 la que inserta Sedaño en su Parnaso 
español (Madrid, Ibarra, 1770), ai principio del tomo it. 



(8) Don Baltasar de Zúüiga, ea la Breve memoriudé ia 
vida y muerte de don Diego de Mendoza , qtíb lleva la' pHr 
mera edidon de la Guerra de Granada. • , , , 

(4) t Habiendo estudiado vuesira señoría las tréis ten* 
guas latina» griega y arábiga en Granada y en Salamanca^ 
y después alii Fos deredios civil y cantolco , y habiendo 
andado buena parte de Espafia para ver y sacar fielmente 
las piedras antiguas della, pasó á Italia , etc.» (Ambrosio 
de Morales , en la dedicatoria que blzo á'noif Dnelso de áus 
Antigüedades de Bspaña.) Mostrándose pues Morales taá 
enterado de la vida de McifnozA, no hubiera omitido Ta 
drcnnsianda de haberse dedicado á la Iglesia en susprin-^ 
dplos. • 

(5) Asi se deduce de varias de fas ei^iMofas escritas érf 
tatin por el mismo Pedro Mártir» que pueden eonsideraN 
se como anas preciosas efemérides de su época . * 



X NOTiaA DE LAS OBRAS 

tík tiih diAlsÉ del eondifo núsanOf ooído la quü escribierCÁ el ctrdentl Pftl«v¡dno pera defender- 
le, y Pablo Sarpi para impugnar kui decunones. Fué nombrado Mm Diieo ea (8 de toc^ubre 
de IMS I 'y M pTé%&ñUÍ en Trento el 8 de enero del 8i|[uiente ano ; exhibió sus poderes^ preouró 
p&t teUádloé inediOB estaban á sü alcance activar la reunión del eoildlíéi pero las discordias que 
sobreViniéíxMk entre el téy Francisco y Carlos V^ 7 la guerra cotí que el Turco ateaio«*ÍKaba á Ita- 
lia i lé obligaren á regresar á Voieóia paira trabajar en sü propósito con nveTO ettipeik}* 

Después de algunos entorpecimientos, se verificó la reuáion del cobcUio^ii diotembre de UI4S« 
MSM^Sa láíd éb él grandes pruebas de dignidad , de tesón , de elocuencia, y haita de valor , unas 
veéel defendiendo las preTogativaft de su soberááe en el asiento que debta ocupar, otras eipa- 
niendo luminosamente sus doctrinas, y granjeándose los aplausos de tantos hombres eminentes 
como le óian, ^a.opoá)ündose á la disolución del concilio Cuando estalló la guerra entre el Em- 
perador y los protestantes^ y á la trasladoil á Bolonia euaúdo el Pontifiee q«is^ mortificar el or*»- 
gulb de €árlos V; ya ^ en fin, cuaAdo prot^ando contra la decisión de la áanta Sede, trató de 
imp(merle silencio Paulo III , ^ Ummoik le repUcó con la enteresa prapin de un eastellatio de 
aquellos tiempos (1). 

Cuatro lAoB habían trascurrido en ebtas contiendas é indecisiones, que fueron para BOit Dn^oo la 
época mas aliii&sa de su vida , pueé kioiúbrado en aquel tiempo emb^^jador de Roma y gobernat- 
dor y capitán ¿eneial de Siena y demás plazas de la ToscaHa, ni podía asistir perennemente 0I 
tx>ncilio , donde le reemplazó don Franoiseo de Toledo, pefo sin etimírle absolutamente de eque^ 
Ua atencioin^ ni proaegnir eh losdeftiás asuntos que dejaba cotnenfeados. Sin ecabaitgo» la rebe- 
lión de Siena^ que tenia por objeto eipulsar á los españoles que la guarnecían , quedó por enton- 
ce^hpaoiguada ; bien que^ reproduciéndose mas adelante, no omsiguió noa Dibgd el fruto de sus 
desvelos; y por último pasó al dominio de los firanceses, en virtud de capiiulacion , en iS^; de 
cuyo contratiempo se aprovecharon los émulos del Gobernador para empezar á malquistarle eq la 
corte. De la embsqada de Roma se le relevó en 1851, sustituyéndole don lUan Hanrique de Lara, 
hijo de loa duques de N^jera ; y en i^iSS fué cómisícmado por el Emperador para estorbar la ida 
del cardenal Pook á Inj^terra; lo que logró efeetivameiite al entrar este en el Palatfnado- 

Tantas fiBttigss y disgustos por una parte , y por otra más cuartanas tenates que padeció años 
atrás» y le tuvieron muy á lotfiíiltidBKW, quebrantaron sii natural robustez y eaaergta por algún tiem*- 
po, inas to la afibioA á los efstudiol» qu6 era ftu pasión constante 1, su consuelo, y basta el alivio 
de sus dolencias. Nó bubb en su tieilipo persona alguna distinguida, por sü saber » que no se hoQ^ 
rase con su amistad y. trato ; i^arranzá le dedicó su Suma de loBtoncUiós; Láaaro Boná^odico en* 
saltó sus talentos y sus servicios; don Martin Peres de Ayala^ y el doctor cronista Peas de Cas- 
tró, bnoargadó de escribir la historia dé Carlos V (2) , le debieron repetidos favoreís y aténcio*- 
nes« Solo el pontifiee Pablo IH^ resentido de su entereza, le miraba sieiapre con desvio* iMata 
que» habieildo AHecidé en ISáO» le sucedió» «on el norafarB de Julio III^ 0I cardenal Jaan Ibria 
del Monte, legado que habia sido del eoneilib, y muy afecto al embajador de España , quien > por 
roediaOioii de este ^ dispeilsó algunos beneficios dignos de la ^edad de un vicario de Jesucristo. 
^Oisfrataba noKlhtoO la digudad de conUoníer ó alférez de la santa Iglesia romana desde laguer^ 
ra eoDUra el dttqne de Castra, Horacio Famesio; pero habiendo castigado albarraehélo ó alguadil 
majfcir ét Roim por un desacato eobtra el Emperador, se indignó el Papa demanera que re*- 
clamó su destitución ; y Carlos V, que habia ya comenzado á variar de poUtica y pensaba en reti- 
rarse de los negociea, aecedió á los deseos del Pontifiee , llamando á noa Dmoo á E^aña ea prín- 
tdpíosdelikftaSi. 

No ignoraba Carlos ▼ cuan provechosas eran en Roma la experiencia y luces de su embajador; 
pero tampoco podia echar en olvido que en dos ocasiones, por los anos de 1^(43, se habia atrevido 
é aootas^arle con demasiada severidad ; una por medio de un escrito que d^ó en su cámara, en 



(1) f Qae psrste mientes Sn qae estaba eo sa casa^ 7 
^ ss excediese 9, le d\)0 ^aole III ; y sor Disco le respoo- 
M < qae era caballero , 7 su padre 16 habia sido, 7 como 
lal habia de bacer al pié de la letra lo que sn señor le maa- 
daJba , sin temor alguno de su santidad , {guardando siem- 
pfe la revereaela que se debe é oa vicario de Ciisto; 7 
qne tiendo ministro del fimpendor, sa easa era donde 
quiera que pasieae les píes, 7 M estaba seguro » . 

Todos los biógrafos de M Bin>ou refiera este hecho 7 



trascríben estafe palabras; pero no las de Pablo 6arpi, 
caaodo dice que amenazó al cardenal de Santa Cruz con 
ecbsrle al rio Adige si se obstinaba en aconsejar la diso* 
hieion d^ coaoUio. 

(^ Entre los manuscritos de la Biblioteca Kaeional 
existen algunas obrf s de Paes 4e Castro, booio por ejem- 
plo» el Método parm eurikir la bitíorít; pi^l dirigido al 
Emperador. 



. Y AUTORES QDB CONTIENE JSL PRESENTE TOMO. H 

qoe^ con la vehemencia del mea profundo convenoiasdento, le afeal)a.M9(ioo|A^ el (ur^yecia ^ ^ 
habia concebido de vendar al Pontífice e^ eeiado de Milán » y otra , remitiéndole por medio de «|i * 
samarero don Luis de Avila y Zúñiga (1)^ una franca exposición sobre las materias que turbabra 
mas entonces la tranquilidad del mundo (9). Prevaleció en el ánimo lonperial el esco£OP de aquel 
recuerdo, y volvió don Diego á España » no para reposar de siis trabajos, sino para experin^enta^ 
una nueva serie d# cuidados y sinsabores. 

Subió «1 tronp Felipe U , que , al decir de algunos ; no deibia contemplar á M xndoza con mucbp 
afecto .(3). Tuvo el nuevo monarca interés ^n nombrar para vírey de Aragón una persona que 
no habia nacido en aquel reino» cuyos fueros se oponían i esta innovación. Ecbó mano de ÜÍMf^- 
nozA para que persuadiera i los iiragpneses á rexmnciar espoiftánenmente al privilegio; pero w> 
pudo Jograrlo; y quizás el Rjey interpretaría como falta de celo, en el comisionado, lo que solo ^(a 
defensa propia en los naturales» Uu)>o un tiei;npo además , según se cree, en que el ^ijo de Cáe- 
los V y el embajador de este monarca hablan sido competidores en tes preferencias de una d4« 
ma (4). Por fin, un dia que don Diego se hallaba en palacio trabóse de palabras con un ceballe* 
ro die la corte. Este s^eó un pu^al.^ y arranchándoselo. don Diego de las manos, lo tiró por una 
ventana ,. y fué á dar en los corredores del alcázar; h^)|o que parece juzgó el Rey por gravisiino 
desacato. Fuese por este último acontecimiento, ó por otra de las causas mencionadas, ^por 
todas juntas, salió Mendoza desterrado (5). Vivió algún tiempo en (granada, dado á sus ocupa- 
ciones literarias (6)^ y ya indultado , regresó á la corta , doRde murió á poco tiem]K>, en ji^75, 
de resultas de una enfermedad que le provino del pasmo de una pierna. i 

De esta manera terminó sus dias, olvidado de la gloria y de los honores , el que en medip de 
ellos tantas envidia faal)i» engendrado ; realizándose asi los temores que ya en su gobiero^ de 
Siena habia concebido, pues necesitado entonces de auxilios, y conociendo coi^o conocía á 
los hombres, lamenti^ba su abandono presente y presagiaba igual suerte en lo sucesivo (7]if No 
desconfió, sin embargo, de la bondad divina, antes consagró á la religiop los instantes mas tran- 
quilos de su vida, buscando en el ejeiqpilo y trato de almas tan fervorosas como k de santa Teresa 
los consuelos que otros mas poderosos le hablan negado (8). 

De su indecible amor á las letras epn un testimonio los grande» sacrificios que hizo siendo 
embajador en Venecia. Comisionó á Nicolás Sofiano para que le copiase cuantos escrítof de 
algún interés pudiese haber á las manos en Tesalia, y al sabio griego Amoldo Ardenio para 
que, sin reparar en gastos» hiciese lo propio respecto á los códices de varías biblioteca^, y 
en particular de la que habia sido del cardenal Besarion. Heunió de la literatura griega pre- 
ciosos momjimentos y muchas obras de lp$ mas célebres autores , sagrados y profiínos, como 
san Basilio, san Gregorio Nacianceno, sap Cirilo Alejandrino , Arquimedes^ Beron» Apiano y 
toda^ las de Josefo. Sabedor de que entre varios prisioneros habia un cautivo muy querido del 
Gran Turco, le compró por una gran suma, y sm rescate alguno se lo devolvió |& au dueño. 
Agradeció Solimán la fineza, y no queriendo ser vencido ni.aun en cortesania, indagiiqué dádiva 
seria de mas gusto para don Diego , y en virtud de indicación suya permitió 4 los vei^ecianps 
comprar libremente trigo en sus estados, por la escasez que se padeda en la r^ública, y^aftadió 
á esta gracia un regalo de multitud de manuscritos griegos, cuyo nfúm^copar^ece eiqagerar Scoto 
y disminuir Iriarte (9), pues este los reducen treinta y un volúmenes, y aquel a^n^ qpe constí- 



(1) El antor de los Comtntarioi de lú guerra de Ale- 
«MiiM,qaeii|dQli^QS«B«st^tomcb. . 

(2) Véanse ambas exposiciones en los .documenlos si- 
guíenles, leiiias ]B j C, páginas xxu y xxm. 

j(3) .I<Ufsrrete, Vida de CeruanUs , ^fllclon <fe Madrid, 
1819, pSg. Ui. 

(4). D<^ Isabel de Vetasoo, i ^uien oi)se<{ui6 Felipe II 
8ieodo,||rít|Cipe, j & quien d¡6 cédula de esposo después 
de nado de la i^ríAcesa Maria^ Al desistir d^ Isabel ae 
aquéllos amores , parece pnso pomole én sus reposteros 
las palabras rif impaeipu y foripio ; y non D i^qjd ias ^losó 
eo esU coaneta ' 

.£$ iBf o$U>l^ easars» 

Voesanitirced con sji alt£z», 

T fonosO el eabalfarse , 

6o peM fs ser slnpleN. 

(^ En la BibUojyeca Kadonal existep^Tarías copia» do 






la carta que con meUvo del suceso de palacio y en desear* 
go de su cuU>s dirlgi6 «1 cardenal espinos». Después la 
hemos visto escrita mas amplia y eorreqtaimnte ep una 
nota de l,a traducción del segundo tomo déla iütioria de 
^ueUraUterature, de Ticknor , p¿g. 503,4iae han publi- 
cado los señores Vedia y Gayaogos, sacada de na mann^ 
crílo que posee el último ; y la bemos incluido entre los 
documentos, lelra D, pág. xxn. 

(6) Refiere estas en sus Cartas 4 Zurita , qae conservó 
Donneren ios Pro^resoí deiahútéfriade Araf^iJ^km- 
goza, 16S0, folio. 

<7) Véase la carta á don Frimcisco .de Toledo na in 

mismps documentos, letra E;,p^g.i[xm. . 

<^ Documeptos, letra F,fi^. xxvh. 

(9) RtgheBmcth€c^fimfUfitfiimtspéke9$ueei,MSS. 
Mai*.,iW,pág:W7. 



in NOTICIA DE LAS OBRAS 

luyeron el cargi^nento de una nave^ pero Ambrosio de Morales (1), hablando con el mismo 
Doír Diego, asegura, y esto parece lo mas verosímil, que fueron seis arcas llenas. Don Dttoo 
ofreció á Felipe 11 este inestimable tesoro para su biblioteca del Escorial; el Monarca aceptó la 
oferta , y el mundo literario debe aun á la grandeza del embajador de Carlos V un monumento 
de su gratitud. • 

cFué DON Diego Hurtado de Mendoza (2) de grande estatura, robustos miembros, el color 
moreno oscurísimo, muy enjuto de carnes, los ojos vivos , la barba larga y aborrascada , el as- 
pecto fiero, y de extraordinaria fealdad de rostro... Fué asimismo dotado de grandes fuerzas per- 
sonales, y de no menoc valor y firmeza en las fuerzas del ánimo, como notado también de áspera 
condición y riguroso genio, que le opinaron de algo arrojado é intrépido en la conducta de los 
negocios del Estado.» Vivió soltero, pero dejó un hijo, que residia en Valladolid, muy parecido 
á él en el rostro, según dice don Baltasar de Zúñiga, mas no en el entendimiento, porque era inn- 
bécil de todo punto. 
Las obras que se citan de Mendoza son estas : 

Obras poétiem del insigne caballero don Diego de Mendoza , recopiladas por fre^ Juan Diaz 
Ifidalgo. — Madrid , Juan de la Cuesta , 1640, 4.* 
El Lazarillo de Tórmes (3). 
Paraphrasis in totum Aristotelem. 
Traduceim de la mecánica de Aristóteles. 
Comentarios políticos^ manuscrito;* 
Conquista de la dudad de Túnez. 

Batalla naval; citada por don Nicolás Antonio, que dice existia al fin de la Querrá de Granada, 
en la librería del conde-duque de Olivares. 
En la Biblioteca Nacional se conservan manuscritos con el nombre de este autor 
Sus Representaciones. 

Carta burlesca ül capitán Pedro de Salazar, bajo el nombre del bachiller Arcadia (4). 
Cartas al Rey y otras personas. 

Notas á un sermón portugués , ¡«"edicado después de la batalla de Aljübarrota. 
Diálogo entre Caronte y el alma de Pedro Luís Famesio. 
Cartas sobre la vida de los Catariberas (5). 

De Luis diíl Máruol Carvajal , autor de la Historia del rebelión y castigo de los mariscos ae 
Granada (6), que insertamos á continuación , no tenemos más noticias que las que , hablando de 
si, nos da él mismo en el prólogo de su Descripción general de África. Allí nos dice qu^ su patria 
era Granada ; que siendo aun mozo de pequeña edad salió de aquella ciudad para la jomada que 
hizo Carlos V sobre Túnez el año i835 ; que después siguió las banderas imperiales en todas las 
empresas de África por espacio de veinte y dos años, y padeció siete y ocho meses de cautiverio 
en los reinos de Marruecos, Tarudante, Fez, Tremecen y Túnez ,' atravesando los arenales de 
Libia hasta los confines de Guinea con el jerife Mahamete , cuando llevaba sus armas victoriosas 
. por Afiíca , apoderándose de las provincias occidentales ; que hizo otros viajes por mar y tierra, 
asi en cautiverio como en fibertad, por toda Beii)ería y Egipto ; que añadió á estos principios 
la continua meditación de historias escogidas, latinas, griegas, árabes y vulgares, y que tpnia 
mucha experiencia y práctica de la lengua árabe y africana , que son muy diferentes. Fué her- 



(1) En la duda dedicatoria ¿ Mendoza de sas Antigüe- 
dades de España, 

(2) Sedaño, Parnaso espaHol, tomo iv, pág. i4. 

(3) Véase el tomo lu de nuestra Biblioteca (Novelistas 
anteriores á Cervantes). 

(4) El sei&or don Pascnal Gapngos opina qne el libro 
de Salazar i que alude en sa sánira Mendoza no ha llega- 
do hasta nosotros. Las razones en que se funda pueden 
▼erse en la traducción del Ticknor , tomo ii , pág. S04. 

(5) En el mismo tomo de la citada obra , pág. 505, se 
prueba , como antes lo habla hedió don Bartolomé losé 
Gallardo en el nÁroero 5.® de Et Criticón , que los Catari- 
Hras se atribuyen falsamente á Mendoza. Su rerdadero 
aator es el doctor don Eugenio de Salazar y Alarcon, 

(6) La edidon original de Málaga, por Juan Rene, 
año laoo, folio, la cual hemos tenido presente. Se repi- 



tió en Madrid por Sancha , 1797 ; dos volúmenes , 4.* 

Sobre la Expulsión de ¡os moriscos pueden consultarse 
además , entre otras obras, las siguientes : 

Verdú (flray Blas), De la expulsión de los moriscos. (Bar- 
celona, 1612, 8.°) 

Corral y Rojas (don Antonio de), Expulsión de los mo- 
riscos del reino de Valencia. (Valladolid, i612, 4.°) 

Agullar (Gaspar de). Expulsión de los moriscos de Es- 
paña, ( Valenda , 1610 , 4.") 

Aznary Embid de Cardona (don lerónimo). Expulsión 
justificada de los moriscos españoles. ( Huesca , 1612 , 8.^) 

Vasooncellos (luán Méndez de), Liga derecha por la 
expulsión de los moriscos. ( iél3 , S."") 

Ribera (Yuan de). Instancias para la esípuUion de hi 
moriscos. 
' ' Guadalajara y íaTier ( fray Marcos de). Prodidoh y des- 



xni 



Y AUTORES <2tJE GONTIE?iE EL PRESENTE TOMO, 
manó de Joan Vizqiiezdel Mármoli secretario del consejo de CastOIa, que autorizó la fe de erratas 
de la primera imprenoií. En las portadas de sus obras se Uema andante en cortea y también comi- 
sarlo y ordenador del ejército; y del desempeño de este cargo habla en su Historía del rebeHon. 

Aunque tuvo preséntela obra de Maimozay y le siguió á veces con escrupulosidad , dio á la suya 
mayores proporciones y un carácter casi del todo opuesto. La Guerra de Granada es un diseño» 
y la Hükjria del rebelión un cuadro completo y vasto : en la una solo tienen cabida los hechos 
principales , y en la otra se representa la acción con todos sus pormenores ; MsicDoza aspba á la 
dignidad de historiador, y Háemol se contenta con la modesta pretensión de cronista ; y cuanto 
mas resalta en el primero el estudio y el cuidado en inostrarse lacónico y sentencioso , mas pro- 
cura el segundo la sencillez , la prolongada estructura de los períodos y la narración clara y fide- 
digna de los sucesos. Asi es que la historia de Mármol puede considerarse como el complemento, 
ó mas bien como un comentario de la de HBNDOza; y escrita con pureza de lenguaje, con la mi- 
nuciosidad de un testigo de vista , produce mucho agrado é interés, no obstante la extensión que 
da á los orígenes del asunto> y la monotonía que resulta á su estilo del abuso sistemático de la 
conjunción. Tiene además el mérito de ser un copioso repertorio de documentos históricos , mos- 
trando su autor á cada paso la erudición y experiencia de que no en vano se lisonjeaba (í). 

La otra obra de Mármol que dejamos ya citada, y en que parece puso él su mayor empeño, es 
la Descripción general de África , sus guerras y tricisiíudes , desde la fundación del mahometismo 
hasta el año 1571. Consta de tres tomos : el primero y segundo componen la primera parte, y se 
publicaron en Granada por Rene Rabut , 1873, folio ; el tercero, que es la segunda parte , en Má- 
laga, por JuanRené, 1599. Tradújola, pero compendiándola, al francés Nicolás Perrot, de Ablan- 
court , y se imprimió en Paris en 1667 , 4.* 

También atribuyen á Mármol una traducción de las Revelaciones de santa Brígida , y otra de las 
Rúbricas del breniario romano. 

Dese(Aos de incluir en esta colección algunas de las «bras que permanecen todavía inéditas, 
mas por casualidad ó descuido que porque sean merecedoras de semejante suerte, recordamos, 
entre otras, la Crónica de las Comunidades^ escrita por Gonzalo de Ayora, que solo conociamos de 
nombre y por las frecaientes citas que de ella se hacen. Sabíamos que se conserva entre los ma- 
nuscritos de la Biblioteca Nacional , y hubímosld' al punto á las manos , satisfechos de la idea que 
se nos habi^ ocurrido ; mas ¡ «uál fué nuestra sorpresa cuando hallamos una relación incongruente 
y desaliñada , y prosiguiendo en su lectura, palabras , frases y aseveraciones terminantes , que libran 
á Ayora de toda complicidad en aquel escrito (2) ! Entonces recordamos que el libro segundo 
de la Historia de Carlos F, también inédita , ^e escribió PedroJMejía, tiene por asunto exclusivo 
la relación de las mismas Comunidades; y como el autor dejó incompleta su obra á los principios 
del libro quinto, y este fragmento al fin forma un todo cabal y aislado, no vimos inconveniente 
alguno en hacer este obsequio á nuestros lectores. De las dificultades que hemos tenido que ven- 
cer, y que para en el caso de algún descuido alegamos como disculpa, decimos algo en la nota 
puesta al principio de esta obra (pág. 367) (3). 

Fué el sevillano Mbjía uno de los escritores mas celebrados por su saber y su nacimiento, pues 



ÜerrB ée MmerUeoM de Caitifta katía el wlle 4e Binóte. 
(PMBplQns, 1619,4.^ 

Gnadafajffa y Javier (fray Marcos de), Memorable ea- 
pmlsion ifjuetioimo deetierro de los morUeoo de Eepaña. 
(Pamplona »iei3^4.<^) 

Goaialez Alvares ( Vieente), La expuliion de los mork- 
toedeÁPÜa. 

Pérez de Colla t vioeme)^!)» la expuMon de los mériS" 
eos del remo de Valeneia. ( Vale&da , Juan Bautista Mar- 
8aM635,4.<0 

UATSfssicMma^ — Carias originales de9 conde de Salatár 
sobre su asígmlsUm de España. ( Biblioteca Nacional , e&- 
diceS.U.) 

informe eonín los morisoos qme quedaron en España. 
(Id. id., X 90.) 

Notieias pertenecientes á su expulshn.-^DeseuPHmten- 
todesueoi^furaeion. {Id. iá.,H. 1,1.) 

Parecer del esfadodeiosmoriseosde ValeaeiaétnsiruC' 
cien pie se trataba de darles ¡)or el obispo de Segorbe ion 



Martin de Salvatierra, aSo 1587. (Bib. Nac, G. 98.) 

Carta del marqués de los Vélez sobre el alxamiento de 
las de Granada. ( Id. id. , Dd. 59. ) 

De los disientes en otras bibliotecas podemos citar los 
de la particular del señor Gayangos, que , asi de estos co- 
mo de impresos , renne consideral>le número. 

(i) Hasta muy adelantada la impresión de ésta obra, 
no llegó ¿ nuestras manos el Cartulario de Alonso del Cas- 
tillo , opúsculo en que se contienen todos los escritos ira- 
bes romanzados por él , de orden superior, durante la 
guerra de los moriscos , publicado recientemente por la 
Rea] Academia déla Historia. No se extrafie pues que solo 
bayamos podido compulsar con dicho Cartulario lostlti- 
mos documentos que inserta MAniioL. 

(3) La supuesta Crónica de Agora existe en el depar* 
tamento de manuscritos de diebs Biblioteca , estante <r, 
núm. 69. 

(3) De los manuscritos á que en ella nos referimos se 
aftnna que unos soa del siglo xr, y los masiiel xn. Exea- 



m KOTiaA BE, tAS OBRAS 

rara ves se habla da él aín aplicarle los dictados da muy docto y muy íha^ . ó auigoffioo ca- 
ballero* Hasta poeo há se igooraban generfilmente loa sucosos de su ^ida, y «Olo por fouíetu- 
raa podia formarso juicio de su carácter; pero en los afios pasados apareoió en nuo de los pe- 
riódicos mas acreditados de nuestros é&ais un curiosisimo articulo, <{U6 Ue?aba por oplgrafe El 
álbum i^ Francisco Pacheco (<), y en él tenemos cuantas noticias pudiéramoe apetecer del ero- 
nista de Carlos V.— Por la copia que abajo insertamos se verÁ que ^1 buetu Vb^U il^d á prooos- 
ticar , años antes que acaeciera » el punto y bora de su mpierte ; pero» sin nef ar sus.ooayocfanien- 
tos astrológicos», ni achacarle ilusiones que tu» comunes eran en fMluel tíeaB^» nos persuadimos 
á que seo^ejante conseja es solo una exageración del concepto en que se le tenia* 
Si esexacta la fechado su failedmienlo, en 1532» emprendió la crónica del Emperador Ares 



saolos añadir q«e ba sido un yerro de tmprenia ; debe de- 
cir siglo XVI y xTiL 

Eft tos arcfaf TOS y MMIotceas abindan k» pápales per- 
tenecieDtésá las Cmmiiiidadies, j de las siunsasetniu 
con oías ó aienos extensioo en todas las Ivlslorias i;Qnerai|i 
les y pacUcttIares relativas á esta ^poca. 

Como tratados especiales podemos citar: 

Saiiu Gmz (Alfonso de), De h que weeiié 4n Sevüh 
en Hemjio de hé Cemuaide4e$, 

Martin de Boa escribió, según djonXCiooiás Antonio, con 
el nombre de Andrés de Morales, Los procedimientos úe 
te úindad de Cárdobe en tiempo de loe Comunidades. 

llaldooado < InsB), üi^ ntetu Sispnieé , ele. , tradndda 
y anotada por el actual bibliotecario del Escorial don José 
Qneredo. (Biadrid, Aguado, Í8i0, 4.*^) 

Contienen también datos y juicios muy importantes so- 
bre este asuntb : las Epístolas familiares de fray Antonio 
de Gueverá^ «hispo de Jimidottedo ( yéase el tamo tw de 
Diestra Bibuotecuj; las cartas y advertencias inéditas del 
' almirante don F^drique Enriquei ; la Silva palentina^ del 
areedlane de Alcot A lóese Femandes de Madrid, y las 
AnMgmedadea de Simeneest de Antonie ds Cabeaude, etc. 

(i) Semanario piníoreeco de Í8i4, pig. 405. Racbeoct 
por lo visto, manejaba la pluma tan diestramente como el 
pincel. Parece qne dej6 una preciosa colección de retratos 
y elogies de hombies céttbies, cuyo originai regaló el 
eonde-duque de O^ivaMStaF-del oual U^stímoaamentese 
conservan solp noticias. Algunos de les barraderes fueron 
& manos del excelentísimo sefiór don ila.rtin "Fernandez 
Navarrete, el cual se les ftieilU6i& les redactores del Se- 
menarh; y por éste medio se ba salvado dei olvide la in- 
teresante vida de Muía, que dice asi : 

c Sí alguna duda bubiera en el origen y patria del sa- 
pientísimo varen Pedao MeiIa , y ni estuvieran en su anti- 
gua prosperidad la docta Atenas y la triunfante Koma , no 
dudo qne contendieran entre sf , atribuyéndosele cada «na 
per suyo ; y fuera no menos justa la causa que en las siete 
ciudades de Grecia por Homero. Mas el generoso cielo se 
ledió A esta eluflad Sevilla per hijo, alendo oon él un P96- 
diga la naturatcza, que no le nq$ó secreto suyo ni le dejó 
de dar cosa de las que dan estimación ¿ ios hombres. Kl fué 
eaballero notorio y de tan singular ingenie, que alcanzó 
jo que diri brevemente este elogio. Aprendió la lengua 
latina en esta dudad , j prosiguió en Salamanca los estu- 
dies de las leyes ; y por ser de natural Imtíoso y determbia- 
de,ff0 sventJrjó tanteen la destreza de las armas, qu^nin- 
giino La ^nalabs. Florecía en aquel siglo» entre etros va- 
roaes, Is eUnmencia da Luis Vivas (vives), & quien escribía 
muchas sartas latinas con tanta eteganeiaj que vino á ser 
del muy satinado. Enueteniase también en componer ver- 
aoscastetlamis ; y por su agadeza j dnlinra fué mncbas.ve- 
ces premiado. Creoisndo en altos y moderando leebrios de 
la jttventad , le M atiüatmo el trate familiar oen don Fer- 
nando Golon« k^ del prinier aimiraute de lasladias, y el 
de don Balusar del Rio, obispo de Escalas, que déspoto 
en SevAia las boenas letras; el oosl le comunicó algnnos 
libros estrserdinarissi 7 eon este seoeno se a^reeeasó 



tanto, que era tenido de lodos por varón emiaentistoM^. 
Pero quien lo hizo mas admirable fué el uso de las mate- 
miticas 7 astrologia, en que era conocidamente e) mas 
aventijade, pues porezoéiencla foé llamado el Astrólogo, 
como Aristóteles el FUósof». Gen este eónoeiñsiento pre- . 
dijo muchas cosas \$n misma muerte veinte años antes. 
Sobrevínole nna grave enfermedad de la cabeza, qne le 
duró todoel tiempo que vivió, por donde parece increíble 
haber ieido tantos libros y iDosqpaeste las sbias que di vid- 
gó, sin faltar al trato de sus amigos y úe los caballeros y 
señores desta ciudad y ¿ los cargos que en ella adminis- 
tró, porque Até alcalde de la hermandad dd numero de 
los hijosdalgo , contador de su nu^estad en la casa de la 
Contrataden, y uno de los regidores qne llaman veintí- 
cualro. Con tan comino trabajo vino i debilitarse de ma- 
nera que en quince años jamás salió al sereno de la no- 
che. En su manjar y bebida «ra muy templado y guardaba 
mucha igualdad. El sueño no pasaba decnatr#hon8, y si 
llegaba á tres, no se tenia por descontento. Solo se hallaba 
con fuerzas para estudiar y escribir y para los ejercicios 
del alma, tanto mas despierta cuanto con mayor flaque- 
za el cnerpo; la BBftannnsisUn en le iglesia, yleqnele 
solvabadel día gastaba etk les mialstorfos que tenia á sa 
cargo; las noches eran todas de los libros, que como se 
recogía temprano y salia tarde, dormía tan pocas horas, 
que le sobraban medias que gastar en sus estudies. Com- 
puso primero la SUtm de varia /ereto», y sirvió eon ella 
li emperador Carlos V, y fué recibida con tanto aplauso, 
que luego se animó i ordenar la fíisíoria de los empero- 
dores ^ que salió á luz el aSo 1999, dirigida á don Felipe, 
príBdpe de EspaAs, que gnsuse della, respondió k su car- 
ta prometiéndole su fiívor. des años después publicó los 
Diálogos fáthiio del amparo de don Perafan de Bivera, 
marqués de Tariñi ; luego se esparcieron estas obras tan 
llenas deerudicioo, tradudéndese ea diversM lenguas, 
y en todas fueren redbldas con admiración deles hom- 
bres sabios. Hallábase entonces el ínvitísimo César en Ale- 
mania , glorioso con las victorias que había ganado, y lle- 
garon A tan buen punto los libros de PnanoMsifa , qne le- 
yéndolos él y su confesor fray Domingo de Soto y etraa 
grandes personsjes, se satisSeiereai tanto, qne luego, por 
orden de su majestad , le eseribió el Ceoísndador mayor 
se emplease en escribir la vida del mismo emperador Cir- 
ios V; y anuque se eaeusó.coa su poca satad « eon todo eso 
SQ majestad le envió el titulo de su cronista, deade la du- 
-dad de Angesu, el 8 de julio de «548, y le dio licencia 
pan que , estándose en svcaas« gosase dd salario. Ate»- 
diendo pues á su nuevo cargo, comenzó á escribir con 
Santa verdad y con tan copioso y elegante aparato de elo- 
euencia , qne si se acabara esta bislorla, ftiera aio dude 
una de las mejores que janeas se compusieron; jraanqoe 
fué liesóhaa esu ceipreaa, no filé de menoa gloria la que 
acometió en d fin de su vida , con puro celo de honra de 
Oles. Hhbiaa dertes malos teótogos eomenzadoá sembrar 
por Sevilla los errores de Alemania , eon demoatradon de 
tan bueías costumbres y modestas palabras , que llevaban 
trud la gente. Qesciibrió Piiiao Msjia cen la sagacidad 



Zf 



Y AUTORES QUE GONTIBNE EL PRESENTE TOMO, 
aftos antes, pnés ¿1 iBtemo asegura' en el prólogo que oomensalm aquella aoripbira eu 1549 ; y no 
69*, potto tanto» e&traño que le gobrecogieee la muerte antes' de concluirla. Las obras que tanta 
reputación le dieron son las siguientes : 

SUva ie varia leecUni , Sevilla, Juan Cromber^er, 4842 ; fbKo. Tiene jboIo tres partes , eá la 
segunda edición añadió el autor la cuarta. ' 

En Zaragoza se rehnprimid en 1854 coo quinta y sexta parte por un anónimo. 

Publicóse además en ^mbéres, por Martin Nució, 1555 y 1564; enLyon , 1556 ; enLérida» 187S; 
en Madrid, 160S; en Ambéres, por los Bolleros, 1804 ; en Madrid, por García de Olmedo, 1643 
y 1673 , con la traducción de la Patenesis de Isócrates, y se tradujo en varias lenguas de Europa. 



de f tt ingenio la ponzoña , y juntándose con fray Agustín 
DestNirroya y ihiy Juan Ochoa, excelentes teólogos, de la 
orden de santo ¡Jomingo, todos tres se opusieron al bando 
de la gente «agafiada, y libraron la república de tan mor^ 
tal peligro. Ea estas ocupaciones le bailó la muerte , que 
le sobrevino de una grate enfermedad del estómago. Com- 
puso sus cosas con gran eonTormidnd , consolando y dando 
saludables consejos i los que tenia k cargo; y en aquellos 
ocho días qne le doró la vida solo se ocupaba en las cosas 
del délo y en disponerse con los medios que usa la Igle- 
sia ea el negoció de la muerte, que fué al octavo dia de 
esta redvsion , en 7 de enero de iSM , de cincuenta y dos 
aikw de edad, con tajes demostraciones, que podemos 
piadosamente creer que está gozando de Dios. Fué Pcoao 
Muía de grande ánimo, y aunque colérico, de apacible 
condición « eoo^Misivo^ fadJaado á socorrer á loe aSigi- 
dos, y sobre todo, tan amigo de terdad , qoe nlonuna coas 
alMureda tamo como la lisonja. Fué muy devoto y obser- 
vante dé la religioa ; f^ecnontaba los santos sacramentos, 
comunicaba familiarmente con gente religiosa , y vivía con 
Unto recato, que era tenido por esertipulofio : sif muerte 
fué tan sentida como babia sido estimada aa vida. Sepul- 
tatob su cneipo con solemne pompa en la capilla Mayor 
de la Iglesia parroquial de Sanu Marina, entierro desu^ 
antepasados de mas de ciento dncaema afios. SabiSa su 
muerte, mandó el Emperador se entregase lo que había 
escrito, cerrado y sellado, al secretario Juan Vázquez de 
Molina ; y aunque mncbos ilustres Ingenios han celebrado 
iasaiibaaias deate doctishno caballero, el doctor Denito 
Arlas HoAtaao , slngalar ornamento de nuestro siglo, qui* 
80 mostrarse agradecido á la buena memoria de PEaao 
MkjU , de quien en sus primeros afios fué amado y favore- 
cido coa oficio de padre y maestro; y asi, compuso en 
honra laya este epitafio , para que ae esculpiese en la pie. 
dra de «a sepi^tiira , donde se ve hoy : 

fHñ Mmi€€ EfUtpkñm. 

POr^MntUé Pttrieh Bitpukn, Ex. Ori,XXIY. 

CkOlétíi Prtetf, Mm. lif. Et Dom. Am, Mtábuüe, tt (hurto. Pñtriciée 

ámmr. IXtL f^métm 
MaUP9rmM.Ptíu, 
Ais. 4aidirtíl8, €t «r tcéem 
€omm駧 frUrik. Vmm$ t^^trwifv 

Eiu $ m É wiU na. Wk. Jamm-. 
MtLtt, Uf0r Xn. JUO. SttíiL 
MDLXn. m VUrU De/lmetít. 
Mücjteet tíOfmm PUrm Mu^m tefuMrú 
Grtím CteMriku , Ee$ihíi « et Popmlo , 

fifid CMMTMt JMHM cmiltatftf Ir^MqpáM 
EüáerMS» eUn-É mH&Ule poten. 
Qirf earu nimú ff eítforíeo, qui Moceo 
hitU, «r oeteruMO eoneUUarU opet.m 

flaManqoí «I elo^ do Pa^shéoo. Bodtiga Caf«, en su 
obraüMUida Clcrpa'traf#aef en i«(r(ii» ntámr^e^úeS^- 
rill9 , coDDOtas y adidones de don Juan Nepomuceno Gon- 



zález de León, natural de aquella dudad (Manuscrito de 
la Academia de la Historia), afiade á las noticias de Pache- 
co, que nació á principios del afio 1800 en Sevttla; que 
habla alli varones muy doctos que enseñaban bi^enas le^ 
tras y artes en todas las ciencias, y especialmente las len- 
guas griega y latina; que Mejía se aprovechó y se dio al 
estudio de las matemáticas é historia, siendo tan aventa- 
jado en ellas, que en su tiempo lo consultaban los pilotos 
y mareai^tes, y no se desdeñaba en enseñarlos la cosmo- 
grafía y la hidrografía , para que en sus difldles riajes y 
aventurados descubrimientos no se perdiesen. 

»f.xtendióse su nombre por toda Europa, y leescrlbie- 
ron de varbs provincias los varones mas doctos de aque- 
lla edad , entre ellos Juan Ginés de Sepulveda y Erasmo 
Rotorodamo , d cual le remitió juntamente una copla de 
su retrato de mafao de ai exeeknte pintor, cuya obra dice 
Caro que la vio en Sevilla en la sdecta y curiosa libreria 
de Juan de Torres Alarcon. 

«Respecto á la Historia del Emperador, dice el mismo 
escritor que tenia gran parte de día trab^ada cuando mu- 
rió, y afiade : c Saoólo otro historiador en otros tiempos á 
la letra, sin tomar en la boca al dueño verdadero ; y esto 
consta por ser asi , porque los mismos originales perma- 
necían en poder de un hombre docto y muy eonoddo.» 

•Fué sin duda esu obra de alucho mérito, pues alaban- 
do BU estilo Andrés Scoto , dice : instar asíala labentit in 
historia fluit : líáeli$ ác vüMe circunspeetut , et quodam 
» mdáoytde Me$$ala FaHuétefért, praete ferentinéken- 
déñobititatem. . 

t Argote de Molina en su discurso sobre la poesía caste. 
llana (al fin de El conde Lucanor) hace expresa mención 
del buen caballero pEnao Mejía, prodigándote mil elogios 
y alabándole como poeta. . 

•Finalmente, respecto á su muerte refiere Rodrigo Caro 
como cierto un hecho muy digno de copiarse aquí: c Ha- 
bla adivinado , dice , Peoro Mejía por la posidon de los 
astros de «u nadmlento , qae habla de morir de un sere- 
no , y anda^ siempre abrigado con «no ó dos bonetes en 
la cabeza debajo de la gorra que- entonces se usaba, por 
lo cual le llamaban Siete-bonetes ; sed non auguris potuit 
depelere pe$tem; porque estando una noche en su apo- 
sento, sucedió á deshora un ruido grande en una casa ve- 
cina, y saliendo sin prevención al sereno, se le ocasionó 
su muerte , siendo de no muy madura edaéi» 

>Este suceso, despojado de las buenas creencias astro- 
lógicas de Caro, contraria la opinión de Pacheco respecto 
á que murió de ddor de estómago, como dice en su elogio. 

•Fué sin duda Mejía uno de los hombres mas doctos de 
su tiempo, sin que le embarazasen los muchos cargos que 
desempeñó, para continuar asiduamente en sus trabajos 
literarios. Escribió la rida de los enuperadores , desde Ja- 
lioOésar hasta Carlos V, la Silva de varia lección, que 
va ya referida ; imitando al docto africano Ludo Apuleyo, 
escribió también las Mabmixas del asno en estilo gradoso 
y entretenido. Fueron sus übrw may «preciadas de los. 
'domas, Imprüaiéndose en España , Italia , Francia , Ale- 
mania é Inglaterra, ooo Buidbo aprecio de todo d orbe 
filstiaaoif 



Í7I NOTICIA DE LAS OBRAS , 

Los Césares, desde Julio y Augusto hasta Maximiliano Ide Austria; S^y91«, ÍüH y iSSK, folio; 
Basílea, 4847; TrujiIlo/i664; Aihbére$, 1878; Tradújose alilaUanopor Alfonso UUoa y LuisDul^ 
ci, Venecia, 1664. 

Coloquios ó diálogos; Serílla, 1847 y 1848; Amtéres , 1847 ; Hadrid , décima imi»pesion, 4767. 
Hay una versión francesa de un anónimo, y otra italiana por el citado Ulloa » Venecia , 1887, 

La mencionada Pa^^mesis de Isócrates , y otroá fragmentos y escritos inéditos. 

ICbjía, fuera de las lisonjas que prodiga al César, y que le hacen Uatnar siervos i los vasallos (1), 
considerado solo como historiador, adolece de cierto amaneramiento ea la elaboración de los pe- 
•ríodok y en el abuso de los sinónimos, con que sin duda pretende esclarecer ma3 las ideas ; pero 
es buen hablista, escritor claro, vigoroso y hábil en la manera de disponer su asunto. No deja 
de ser feliz en la elección de las palabras , y no menos en el empleo de las metáforas y compara- 
ciones, como al referir el incendio de Medina, cuyos vecinos dice que miraban arder sus casas 
ccomo si fueran las de sus enemigos», y después, c que quedaron mas encendidos en su furia 
que la villa con el fuego. > Algunas veces incurre en afectación , y otras , por evitar este defecto, 
se arrastra con demasiada languidez, pero no debe olvidarse que sus largos padecimientos nece- 
sariamente hablan de debilitar su espíritu, y que no habiéndole dejado la muerte terminar su 
obra, tampoco le daría tiempo para perfeccionarla. 

Poco necesitamos detenernos en dar razón del Coincntarío de la guerra de Alemania , escrito por 
DON Luis db Avila y Zúñiga. Es una obra sin pretensiones, una rekcion exacta de lo que el autor 
vio por sus propios ojos, pero hecha con seguridad y soltura, llena de pormenores interesantes, 
con un lenguaje llano, conciso y no exento de cierta originalidad, que la hace doblemente reco- 
mendable. 

La edición principe es de Ambéres, por Steels, 1850 (2). En el propio año se hizo una traduc- 
ción francesa de esta obra, creemos que por Hathieu V^ulchier, y se imprimió en el mismo Am- 
béres por Nicolás Torcy (fecha utsupra). La misma ú otra traducción en el propio idioma se pu- 
blicó en París en 4884. También tiene versión latina. 

Don Nicolás Antonio asegura que se reimprimió «n Ebpaña en 4847; mas no conocemos ejem- 
plar alguno. Hemos si tenido presentes el de Venecia , de Harcotini, 4582, y el de Madrid, por 
Francisco Javier García, 4767. • 

Citase como obra inédita de Avila y ZúíhCA unos Comentarios de la guerra que hi%o él empera- 
dor Carlos Ven África; pero no hemos podido lograr ninguna noticia de ella. 

De su patria solo sabemos, con referencia á^don Nicolás Antonio, que fué Plasencla ; y. esto lo 
colige de una carta de Juan Verzosa ; de los cargos que desempeñó, además de la embajada de 
Roma, que el mismo don Nicolás asegura que hizo en tiempo de Paulo IV y de Pío IV, únicamente 
consta el de comendador mayor de Alcántara, como se expresa en la portada de su Comentario, 
y el de camarero del Emperador, á quien acompañó en la guerra que describe , siendo entonces 
y después uno de sus mayores parciales y favoritos. Casó con hija y heredera de don Fadríque 
deStúñigay Sotomayor, y por este enlace poseyó los estados de Mirabel, Alcorchel yBrantevilla. 

Llega su tumo á la obríta de Gonzalo ns Illsscas, cura beneficiado de Dueñas, en la diócesis 
de Palencia, y al parecer natural de esta ciudad, según opina el citado don Nicolás Antonio. 
Hemos procurado hacer mas averiguaciones, mas por desgracia sin ningún fruto. Se presume qué 
murió antes del año 4633. \ Tremendo desengaño ! De la vida de este hombre no se nos'dice mas 
que su muerte, como si esto únicamente fu^se lo positivo de la existencia. 

Lo que gias reputación le ha dado es la Historia pontifical y católica , en la cual se contienen 
las vidas de los pontífices romanos. Las dos primeras partes son del autor, las restantes de sus 
continuadores Luis de Bavia, fray Mareos de Guadalajara y don Juan Baños de Velasco. Citan- 
se ediciones mas ó menos completas; la primera de Salamanca, 4874, y las demás de Bur- 
gos, 4878; Zaragoza, 4883; Burgos, 4892; Barcelona, 4896; Madrid, 4623, 4682 y 4678. 

La traducción de 'la Imagen de la vida ciistiana , original del portugués Héctor Pinto ; Medi^ 
na , 4878 ( primera parte ) , y Alcalá , 4880. 

Y otra de la Mística teología de Sebastian Foscari ; Madrid , 4873. 

(1) Véase el cap. n, pág. 371 , col. 2.* I nos la ba facilitado con sa habitual desprendimi(»nto 

(¿) En la nota puesta al pié de la primara página de amabilidad el señor don ^a$cual Gayan^, y la faemos 

esta obra (410) hemos dicho que no habiamoa podido ad- I hallado conformo ennn* todo con la de Madrid de 1767, 
quirir U prliniíiva edición de Ambéres. Posteriormente } t . . 



Y AUTORES QUE GOMTIENE £L PRESENTE TOMO. vm 

La obra menos conooidi del doctor kLSscA&es IñJomada dfi Carlas V á Tánez^ de que solamente 
hemo5 visto la edición eatereptípica hecha el año 1804 en la ÍQ[i{H*enta Real por la Academia Es*- 
pañola. Sos pequeñas proporciones parece que tienen por objeto concentrar mas su mérito y su 
belleza, pues dific3mente podrá hallarse trabajo ma^ armónico y conduidoy ni opúsculo en que 
mas hábilmente estén resumidas tod$is las partes que constituyen una perfecta historia : plan bien 
trazado y distribuido, estilo ameno, pintoresco, gallardo, digámtoslo así, como la índole del 
asunto lo requería; descripciones oportunas y variadas; la narración sostenida con grandísimo 
interés, de tal modo, que parece una novela ó un poema; los personajes chocados en su ver- 
dadero punto de vista; en suma, el talento compitiendo con el arte, y produciendo un moi 
délo que, á pesar de su pequenez, no dejará de bailar panegiristas y ad.miradores. Ignoramos si 
su autor hubiera manifestado igual acierto en obra de mas empeño y mayor escala ; pero si nos 
parece que supo realizar lo que se propuso, y por eso no hemos temido excedernos en sus elogios^ 

Llegamos ya al fin de nuestra tarea, y nos complacemos en coronarla con la joya de mas precio 
que brilla en todo nuestro tesoro histórico. La sabiduría se asemeja á la virtud, y asi, fructifican 
ambas y se propagan por el ejem{do. Los esfuerzos de tantos hombres eminentes necesariametite 
habían de engendrar imitadores, y tarde ó temprano era de esperar se alzase alguno que , ó far 
vorecido por las circunstancias, ó dotado de recursos extraordinarios, sobrepujara á cuantos le 
hubieran precedido, y fuese en adelante el numen y guia de sus sucesores. No tardó en reaU-f 
zarse esta esperanza : en la postrera mitad del siglo xvi floreciercm los modelos que admiramos 
tanto ; IfBLO apareció á los principios del XVII. 

Manteníase aun vivo en los corazones el recuerdo de las pasadas glorias , y como si el temor de 
perder para siempre las de las armas hubiese éesper tado en nuestros ingenios el ansia de con- 
quistar- otros laureles, de emprendedora y guerrera, se convirtió la nación ea pacifica y litera- 
ria. Las artes de la imaginación cobraron de pronto vigoroso impulso : la corrección del Ticiano 
se trasformó en las tintas de Murillo; la severidad de Herrera cedió el lugar á escuela mas atre- 
vida; la poesía de fray Luis de León y Lope no se atrevió á rivalizar con Calderón ñi Góngora. 
Ante espectáculo tan animado tampoco pudo la historia permanecer impasible y muda; y ItsLO, 
que era el único capaz de representar aquella transición , acometió con denuedo y sagacidad tan 
loable empresa. 

Hijo de una familia ilustre (i )> se consagró desde edad muy temprana á los estudios, haciendo 
tan rápidos adelantos, que á los catorce años comenzó á dar muestras de su gran talento en al- 
gunas composiciones poéticas y Uterarias, y en una obra cuyo título es Coneoii^anéías nutkmá'f 
ticas. Huérfano de padre al cumplir los diez y siete , determmó sentar plaza de soldado, y busoar 
en los riesgos y batallas el incentivo que anhelaba su imaginación : así que, alistado en uno de los 
tercios fijos próximos á diifigirse á Flándes, se embarcó en la escuadra que debía trasportarlois, y 
en compañía de don Manuel de Men^ses, que era el general q^e Ja conducía. 

Don Fbamcisgo Manoei* MaLO nació en Lisboa el 23 de noviembre de 16il , y como portu*^ 
gués y mozo, y de ingenio naturalmente despierto, simpatizó fiicihneute con el General, hom- 
bre franco y aficionado a} estudio de la literatura. Conjuráronse los elementos contra aquella.des- 
dichada:expedicion , y navegando derecha á la Coruña, sufrió tan horrorosas tempestades» que se 
dispersaron los navios, se perdieron las embarcaciones ügeras, y la capitana de Meneses fuéá 
dar en laa aguas de San Juan de Luz , donde la amenazaba un naufragio inevitable. Dicese que 
impávido el General, se adornó de todas sus galas. para esperar la muerte, y mientras esta llega- 
ba j sacó de entre los papeles que llevaba consigo un soneto de Lope en alabanza del cardenal 
Barbarme i que el mismo autor le habia dado poco antes en la corte ; y con admirable sangre fria 
se lo leyó á MEjéQ, discurriendo largamente con él sobre el mérito de aquella composición. Se-* 
millas eran estas muy á propósito para germinar en el corazcnn del joven aventurero. Viéronse en 
salvo afortunadamente, y Mai^ Oié el encargado de dar sepultura á mas de dos mil cadáveres que 
nadaban sobre las ondas ; lo cual en un ánimo inexperto, lleno de ilusiones y ambición j}e gloria, 
debió dar lugar á melancólicas y profundísimas reflexiones* 

Malogrado asi aquel proyecto., se dirigió bon Francisco á la corte, y en ella y en Portugal resi- 
dió alternativamente, deseando obtener alguna colocación. Los disturbios ocurridos en Evora 



>i 



(i) La edición de la Kktoria dé Ugtierra de Caialuñúy I biografía de Mclo, con todos \oi pormenores que pueden 
^heefaa eo Madrid por Saocba , ISOS, oontiene una extensa [ desearse , y que aqni no oos es dado reproducir. 



im NOTiCIA DE LAS OBRAS - f ■ 

ea 1637, connuotivo d6 las nuevas imposiciones de tributos que se aeorditfo», reMAfienm al^uqfae 
de Bragauza ¿enviar á la eorte un comiáonado que enterase minuciosamente al Rey y al Conde» 
Duque de todo lo acaecido , y para este encargo se valló de nuestro autor, con quien, aunque le* 
janes, tenia algunas relaciones de parentesco. En vista de sus informes; mandd Oliver«a al conde 
de Linares, don Miguel de Noroña, que fuese ¿ apaciguar la sublevación, y que llevase á Mbm 
en su compañía; pero siendo inútiles todas sus diligencias, se retiré el Conde á Lisboa, y envid á 
MMf Fran QisGo 8 la corta con relación del estado en que dejaban aquel negocio. 
- Prescindiendo ya el de Olivares de miramientos^ introdujo dos ej^eitos en Portugal, que tod<> 
lo llevaron ¿ sangre y fuego, y ordenó asimismo que se hiciesen levas para formar cuatro regí- 
iuienlos pagados por cueptade los portugueses, y dos tercios de úsftnteviá voluntaria. Para man- 
dar el primero de estos ftié elegido don Francisco , que no pudiendo completar el número de 
gente necesaria en los pueblos de Portugal, hubo de posar a Castilla' con igual objeto; pero entre, 
tanto el Cardenal Infante pidió desde Flandes socorros á toda priesa, y uno de los tercios que de- 
termmaron enviarle, y que pusieron bajo lasórdenes dé Mblo, salió inmediatamente parala Corana. 

Aquí se halló don Francisco en la embestida que el 16 de junio de 1639 dio á la plaaa la eseuá- 
dra del arzobispo de Burdeos^ suceso de mas aparato que sustancia. Fué después comisionado 
para ejecutar el embarque de la gente de guerra que habia de ir en la numerosa armada reunida 
contra los holandeses; y procedió con tal actividad, que embarcó en dos dias de nueve á diee 
mil hombres , de cuyas resultas contrajo dolencias que le duraron por espacio de tres años. Asis- 
tió á los combates que se empeñaron entre la escuadra holandesa, mandada por Tromp, y la nues- 
tra, regida por don Antonio Oquendo, y escapó dichosamente de los varios conflictos y pérdidas 
que con este motivo ocasionó ¿ nuestras armas h, falacia inglesa; 

Sirvió en seguida de maestre de campo en los ejércitos de Flánfles, y una enfermedad'le im* 
|á<Uó desempeñar la honrosa comisión que le confió el Infante Cardenal para Alemania con el 
fin de disuadir la disposición del ejército de Alsacía, á consecuencia de la pérdida de Brisac. Fué 
nombrado á poco tiempo gobernador de Bayona de Galicia ; mas como después ocurriese la su- 
blevación de Cataluña , recibió orden de asistir al marques de los Vélez , elegido para caudillo 
de aquella empresa. A su lado sirvió don Francisco con k mayor lealtad y celo, aconsejándole 
en los casos mas arduos, y siendo, mas bien que subalterno, compañero y amigo suyo; tanto ^ 
qtie habiendo mandado Felipe IV al Marqués que hiciese escribir aquella guerra por la per- 
sana mas hábil que hubiese en el ejército, designó para ello é nuestro autor, coa^plausoda 
todo el mundo; y asi pudo conseguir relaciones exactas de todo lo acaecido. 

Desde este punto Helo, que no podta quejarse de la fortuna, comenzó á proSbat la amargura 
de sus rigores, pues habiéndose en i.*" de diciembre de 1640 levantado Portugal para emancipar- 
se áA dominio de Castilla, y coincidiendo esta inesperada nueva con los movimientoe de Cat^u** 
ña , ó porque realmente creyera el Conde-Duque que los portugueses de) ejército de Veles cons- 
piraban á la sombra de sus armas, ó poir hacerse con rehenes que desde luego le diesen seguri- 
dad de negociar con ventaja, mandó prender á don Francisco, y que se le condi3^ese á la corte 
con algunos de sus compatriotas. Nada justificaba semejante tropelía, y ninguna culpa pudo 
aohacáisele mas que su amistad con el de Braganza? asi filé que á los cuatro meses de prisión 
se le declaró mócente y libre , y para imperar los perjuicios que se le habian ocasionado fíiá me- 
nester asignarle una renta mayor que la qu^importaban sus bienes de Portugal, y restablecerle 
en la opinión piU>lica concediéndole un destino de mas suposición que los que hasta entonces ha- 
bla gozado. 

Mo quiso, sin embargo, HsLb quedar expuesto á los golpes de un poder enconado y receloso; y 
creyéndose por otra parte (Aligado á tomar la defensa de su patria, partió primeiro para Lisboa, y 
de esta ciudad á Londres; asistió al congreso de la paz celebrado entre Portugal 'y la ce>i^te de In- 
glaterra; pasó á Holanda , y Uevó consigo los socorros de gente , armas y vituallas <(üe de áouella 
parte se esperaban en Portugal; y tañtotrábajó en favor de sus conciudadanos , que ; repitiendo 
las palabras de su biógrafo, pocos fueron los negocies de guerra y paz , embajadas, jurisdÍccio-> 
nes, capitulaciones, regimientos, competencias, y otras cosas semejantes, dé Ms-que pasaron en 
aquel reino, en sus tribunales, consejos, fronteras y conquistas , en que dejase de tener parte« 

Pero un hombre de tan extraordinario perito habia de pagar su tributo al mundo en nuevas y 
dcdorosas vicisitudes. Injustamente se le imputó un asesinato en 1644, é ipju^^meiite se le des* 
terró al Brasil des^PM^^de un largo encai*ceIamienU>« A. ruegos del rey (de Francia y el cardenal 



T AUTOÍB& Wt CONTIBPR EL PRESENTE TCMO» . m 

Ihurino, emúgiáA aer Maládádd;i BaUa «u 4648, y {rnaadot aigunoB áfios, segMtóé L^boé, 
tbsnelto de toda pena; donde m^saoftementa dedioado á aus eseritoa y oc«iMek)Ae9.1UeiC«JriaSi 
faliedd el 13 de octubre de 1^67, de cttroa de oincuenta y eineo aSos, dejando un byo |i^tiural« 
jwea n6 Uegd á contraer matrimonio, Uamado don Jorge Manuel de Helo » que siendo eapitan de 
caballos , murió herdicamente en la bataBñ de Senef » el año 1674. 

Si como hofadnre y oomo p^itioo pudo MfeiiO tener émulos y perseguidores, como eaeritor re* 
cibió siempre núánimea alabanzas de sua contemporáneos. Quevedo» el talento mas general y 
{Mtrfundo^de su época» le profesó, pértjcnlar amistad, y la misma eorrespoaidenoia mereeidde los 
sabios de otras naeioaeSé Fué muy versado en las lenguas cultas de Europa , y se afirnuí que sus 
obras , impresas repetidas veces en Itdia , Francia » Portugal é Inglaterra , oon^poinian basta cíen 
volúmenes, y poco menos las manusorites, ya místicas, ya de historia, poesía, milicia^ poUitiea, 
moral y otras ciencias : número casi increíble traiéndose de quien gas£& su vida en viajes, guer*^ 
ras, liegooiaciones é infortunios. 

La colecdon de sus poesías se pubUoó en Lisboa en 1049, con el titulo de Los ír¿t musoí, y 
en 1665 las reimprimió en Lyon Horacio Boisat, con el de Obras métricas ^ aumentándole una 
segunda parte. . • 

Dudante su prisión en Lisboa teroúnó la Historia de los moiñmienios^ separación y guermiá 
Catabiikt (1), que dedicó al pontífice Inocencio X, encubriendo su verdadero noi^Mre, y to^ 
man(^ el de Clemente Libertino. En este prooeder tuvo mas parte la reflexión propia de su buen 
jüieio que la modestia. Debía* manifestar sin emqpacbó la culpa: que el gobierno español tenia en 
aquellos acontecimientos, y se bubiera creído que le censuraba por pasión y por ojeriaa; graví- 
simo obstáculo á la suprema autoridad de la historia. En su de¿Uca^oria al Papa qiiixé mediaría 
una razón análoga : el dirigirse á otro cualquiera príncipe se hubiera interpretado ó como des- 
quite ó como lisonja, si ya al rendir tan respetuoso homenaje á la cabeza visible de la Iglesia no 
pretendia desmentir alguna prevención ó calumnia contra sus opiniones religiosas. 

Sin embargo, no por hacer responsable en cierto modo á la corte de los tumultos de Cataluña, 
aprobaba Mato la insurrección , ni anteponia mezquinas consideraciones á los fallos solemnes de 
la imparcialidad y de la justicia. En aquella contienda se reproducía el espectáculo que tantas ve* 
ees tm presenciado el mundo ¿ la lucha del despotismo con la anarquía, dándose recíprocamente 
' ayuda y mutuamente justificándose ; y Mblo, que no solo sabia referir los hechos como escritor, 
sino contemplarlos como filósofo , acertó á cahficarlos con exactitud , contentándose meramente 
con establecer la prioridad jde la culpa (2), y no excusar jamás á la parte en quien recayese. 

Es en verdad admirable cómo, habiendo tratado tan de cerca á las personas que sfi proponía 
juagar,' y borrando de la memoria cuanto tenia reladon consigo y con sus agravios, hablara de 
los primeros cómo de hombres enteramente extraños é indiferentes, y no dejara traslucir ni aun 
la sombra mas leve de los segundos. La hbtoria de Mxlo no parece un libro contemporáneo : el 
relieve en que sb ve attiiodo es el que da la lejanía del tiempo y de láttstanoia; y en cuanto á la 
apreciación que hace de los sucesos-, de tal manera está interpretado el juicio que se ha formado 
de ellos , que nadie podría hoy desempeñarlo con mas acierto deduciéndolo á posteriori. 

¿A qué extendemos mas en celebrar el mérito de una obra tan llena de perfecciones? Si se 
la considera por su estilo, nada hay superior á ella ; si por la dicción , su lectura basta para sen- 
tirlos afpctos que arrastran la pluma del escritor ; y ya se examine por partes, ya en conjunto, 



') 



fl) Eo Lisbos se hlderaa 4rss edioioscs ds alia obra : 
la inimera «i lM5r li scgvsda en 4Sai, y en i696 la icr- 
cera. Btncha la reimprisoió es Madiid en iSeS, pargén- 
dote dt los anchos defiBetosdeqvAlasantignas adolecían. 
Brroet , en sn Muitmi del Hbrers (París 1942-1844) , ciu 
otra edkioo de Madrid de iSOS. No sabemoseaál sea. 

En Paris se ppbiicó también en laS?, y en Barcelona en 
el Temro ée atOorst iimttwÉH^ por Oliveros, el afio 1842, 
con vMi coBUooaeion do don Jaiaie Ti6 hasta la conclu- 
tion de tefaetnoa less. 

' (2> asi to éspreaa lenninantenieQtB, pue^ discolpando 
t tos calnlsDes 4e la manera al|po libre cpn que e^^onian 
aHlqraiisqa4as« sftado estas palabras (p¿g. 478, col. 2.^^* 

c Pensaban los catalanes que escribían al Rey sus lásu- 
mu, y hablaban en aquel modo que la miseria halló para 



rogar i la grandesa ;el dolor sensible no sufre elegancias 
6 decoros; i cualquier hora y por coalqttiiy término se 
queja el dolorido, ñecian eon aencíUes sus trabaos , y tih 
mocosa natural en los hombres, acudían cea la mano y 
con el dedo á señahir la parte ofendida y te canas ds la 
ofenM ; escribieron A la Reina , al Principe y i los miniv 
tros superiores ; eacribieron al mundo todo un papel Im- 
preso , A que llamaron Ptúeiamaeioñ caióUes ; ote. » 

Para que pueda formarse idea de lo que era este escri- 
to, dicho Prifclamacien eatóiiea, extractamos de él algu- 
nos trozos, que se yerto en los documentos signienlea (le- 
tra G, pégina ixvui). Esta obra se atribuyo á firay Gaspar 
Sala, abad de San Culgat de Valles , y ftié recogida por la 
loqnisicion. El Gobierno se defendió por medio de ona in- 
dicación, titulada El ÁritíMreo, que se imprimió aslaiis* 



ti NOTICIA DB LAS OBRAS Y AUTORES QUE GONTRNE EL PRE^NTE TOMO, 

siempre satisface y embdesa, en términos de parecer imposS^le la imitación. Para mas reoómNi-^ 
darla, se mencionan generalmente el prólogo, el vigoroso discurso del canónigo Claris (1), el 
grave del conde de uñate , la pintura del día del Corpus Christi y la descripción del asalto de 
Monjuich; pero donde todo es beUo y magnifico no hay elección cuerda ni preferenda fócU. 
Helo es un autor que escribe á la manera de los antiguos clásicos, y raciocina como un filó- 
sofo moderno. Era gran poeta lírico, y afl( es admirable en el uso de los epítetos y las metáforas ; 
era pensador profundo, y lo muestra bien en sus sublimes sentendas; comprendía la estética del 
arte, y sabe colocar las arengas natural y oportunamente, de modo que no pareiean un ornato 
pueril y sistemático; era, por último, excelente hablista, y no se dejó corromper por el mal gusto 
que se introdujo en su ^M)ca. Su libro, que debemos lamentar quedase tan á los princquos, será 
siempre para los que se dediquen á la historia, el modelo mas perfecto de aqud s%la; y Hblo, 
aunque portugués, uno dé los primeros escritores de nuestra patriat 

Tales son las obras que comprende esta parte primera de nuestra cdeccion : en el segundo vo» 
lumen incluiremos otras también muy estimables, y daremos á luz alguna inédita que juzgamos 
no merece yacer en tan prolongado olvido. 

Para que la impresión saliese correcta, nuestros lectores verán que no hemos omitido £Ugen«- 
eta alguna , respetando siempre las ediciones mas esmeradas ó mas autenticas , basta en las incon- 
secuencias ortográficas en la manera de escribir los vocablos, porque estas irregularidades son 
otros tantos datos útiles para la historia de nu^tra lengua. Solo en los pocos casos en qpe es- 
taba manifiesto el yerro, nos hemos creído obligados á rectificarlo, per<f nunca^ain el consejo 
y aprobación de personas autorizadas. Esto decimos para inspurar confianza á los lectores, no 
porque consideremos estos trabajos dignos de ningún género de alabanza. 



mo, escrita, seRun afirman todos, por el célebre poeta 
don Francisco Rioja , secretario del conde-duque de Oll- 
ares ; de 1^ qne también copiamos algunos trozos. A mas 
do la corioaidad natartl que ezdtan estos documentos, 
son interesantes porque pintan al vivo la exasperación 
en que se bailaban no menos loa catalanes que sus con- 
traríos. 

Entre la maltltod de obras que se escribieron con mo- 
tivo de esta rebelión de Cataluña, son notables las si- 
guientes : 

Boil (fray Francisco), BceiM past&ril contra te ProcJa- 
mtaeion catóUea, ( Zaragoza.) 

Vop^( Francisco), Ingenuidad oataUmat carona dalos 
lirios, (Barcelona, 1644 , en 4.**) Esta obra está escriia en 
ierensa de los catalanes. 

RiQ8(fray Gabriel Agustín de). Cristal de la verdad, 
espejado CéOaluña. (Zarag02afÍ646, en 4.^ Escrita á Ch 
vor de Felipe IV« 

Sala (fray Gaspar). Además de la Proclamación católi- . 
ea, escribió : Epitome de los principios y progresa délas 
guerras de Cataluña en loa aáosde 1640 y 41 . ( Bareelona, 
1641, en 4.0) 

^Tradujo del francés la obra del seRor de Sericiers con 
este titulo : El héroe francés 6 idea del Gran Capitán, Es 
un elogia del conde de Barcoart, gobernador de Cataln- 
Ra por el rey de Francia. (Se imprimió en Barcelona, 1646, 
en4.<') 

Ros (Alejpndro>, Cataluña desengañada, discursos po* 
IMcos. (Se imprimieron en Ñapóles, 1646, en 4.*, dedica- 
dos á Felipe IV.) 

Marti y Viiadamor (Francisco), abogado de Barcelona 
y cronista de Cataluña durante la rebelión , escribió : 

Praesidéum inexpugnabiie prindpatus CataUmíae pro 
jure eligendi Christianissimum monarekam. (Barcelona, 
1644, pn folio.) 

Manifiesto da la fidelidad catalana y la integridad ftanf- 
cesa; en unión con otra obra titulada : 

Defensa de la autoridad real en tas personas eeleaidsU^ 
cas del principado de Cataluña sobre el hecho de tres ca- 
pitulares da la catedral de Barcelona. (Barcelona, 1646, 
«n 4.«) 



Temas de la locura, ó embustes de la uudieia, obra es- 
crita, al parecer, por Gaspar Sala , autor de la Proclama- 
ción católica. (Se imprimió en Barcelona , 1640, en 4.**) 

PeHicer de Oflsau(don José), ¡dea del printípado de 
Cataluña , recopilación de sus movimientos antiguos y mo- 
dernos^ y examen de sus privilegios. (Ambares, 1643, 
en 4.*) Se escribió eontra la Proclamación católica, en cu- 
ya defensa Salieron el Manifiesto da la fidelidad cataUmUj* 
de Marti , y la Ingenuidad catalana , de Vopis. 

Dalmau de Rocaberti (don Raimundo), conde de Pera- 
lada , Presagios fatales del mando francés en Cataluña. 
Dedicado i F«lipe IV. (Zaragoza, 1646, en 4.*0 . 

láem,Memorialódefensadelmarqué$deÁitona.(J&n4.'^ 

Pellicer y Ossau (Antonio), hermano del cronista, mi- 
litó en las guerras de Cataluña y escribió un diario de ellas, 

que no se ha impreso. 

Gilabert( Alejo), Sueasaa de Cataluña en 1680. (Zara- 
goia , 16K1 , 4.'') 

Se conservan también gran número de papeles manus- 
critos referentes & esta materia , pues como novedad que 
tanto afeeuba á las opiniones é intereses áe la nadoa, pa- 
so en morimiento á casi todos ios escritores. 

(1) No parecerá mal que copiemos aqui el retrato de 
este personaje, hecho por su panegirista d niencimiado 
ftay Gaspar Sala, que tomamos de la continuación de don 
Jaime Tió en la edición ya citada de Barcelona. 

•Era de buena estatura; el rostro algo tirado, el pelo 
entrecano» el color trigueño y quebrado, los ojos tí vos, 
algo grandes y salidos; la nariz un poco aguUéfia, loa la- 
bios gruesos; con que ae mostraba á los flsionónsóoa fa- 
ron entero, firme, verdadero, discrelameme severo, y 
prudentemente arriscado. Era en el trato grave, pero ale- 
gre ; en el hablar agradable, pero concen|uoso; en el an- 
dar fogoso, pero remirado. Bm en el teatir jne«esl«, pero 
aliilBdo ; en su proceder honestos, en aoonsejar acertado, 
en resolver maduro , en ejecutar prontísimo , en acaTieiar 
amoroso, en agasijar urbano, eo reprender SBevero,en 
negociar astuto, en persaadir eficaz. Apreplóiele catete* 
na , que pocos han merecido : Sibi nuUus , ómnibus omm 
fuit; Nada para si , todo para todos.» 



aaosas 



DOCUMENTOS 



QUE SE CITAN EN LA NOTICIA PRECEDENTE. 



ClBct. 



A. 



foe vos úom Fran^sr^rfe NoDea^t, coftde de Os«iia, 
habéis de hacer ea Catainfta. 



Vos estáis infomrodo muy porticolarmente de todo lo 
qoe ha pasado acerco dui juramento del obispo de Bar- 
celona, que he nombrado por?lrey de Cataluña , y de 
bis réplicas que allá se han hecho, que aunque muestran 
que lian sido nacidas del amor que me tienen , y con 
deseo de verme en aquel Principado , y yo asf lo creo, 
todavía lia sido con lanto exceso , que justamente pu- 
diera desde luego, sin esperar á mas instancias , proce- 
der al castigo de los culpados; pero queriendo usar de 
todos los medios suaves con vasallos que tan leales me 
han sido, y que yo quiero y eslimo tanto, y habiéndo- 
me también pedido el conde de Olivares, mi sumiller de 
corps y caballerizo mayor, que suspenda el rigor hasta 
ver lo que resulta de una diligencia que quiere hacer 
porvuestro medio, he venido de buena gaua en ello. Y 
así, 06 encargo que luego ]iartais para la ciudad de Bar- 
celona, sm deteneros ún punto. Y por el camino iréis 
con la mayor difigencia que fuere posible, con color que 
vtis acosas vuestras y negocios de vuestra casa, sin 
que en ninguna manera se entienda que yo os envió ni 
que la jomada es por mi orden. 

Llegado allá, procuraréis veros con la mayor disimu- 
ladoD que fuere posible con el obispo de Barcelona, y 
le diréis á lo que vais , encargándole lambien el secreto 
y dándole mi carta decreencia que le lleváis , y os in- 
tomarébdél de todas lu particularidades que convi- 
Biere tener entendidas, para encaminar el mtento que 
se lleva* Y liabiéndoos enterado bien del negocio y el 
catado que tiene, iréh encaminando la buena disposi- 
cioa del per los medios que con vuestra prudencia y 
cele á mi servicio, y la noticia que tenéis de las cosas y 
Inmores de allá, toviéredes por mas conveniente. 

Los que acá irán parecido, son en primer higar fijar 
la nobleEt del Principado, y las villas y ciudades á& , y 
demás penNinas que sienten mal de la resistencia qoe 
Im habido, deciéndoles, si fuere menester, que habéis 
entendido acá coán servido me hallo dallos y del celo 
y buena inieiiciot» que han mostrado en esta ocasión 
f todo lo demá« que os pareciese conveniente, dando á 

tf-i. 



las personas que os pareciese las cartas que Neváis en 
esta sustancia del conde de Olivares. 

Luego trataréis (habiendo entendido las personas que 
podrán ser á propósito para lo que se pretende, y que uq 
estuvieren también ofectas al negocio) de r^ucirlas 
por los medios que tuviéredes por convenientes , dicién- 
doles particularmente la poca justicia que tienen en lo 
que pretenden , y que lo que se ha mandado es confor* 
me ¿ sus privilegios y á lo que mas conviene á mi ser- 
vicio, y buen gobierno de aquel Principado, á que lie 
mirado y miro siempre , sin que por ningún caso quie- 
ra hacclles ningún perjuicio en hi observancia de sus 
prevüegios. 

Estando esto dispuesto, ó si os pareciese mas á pro- 
pósito, hecha la primera diligencia con los bien afec- 
tos, sin esperar á esta segunda, podréis dar las cartas 
que lleváis del conde de Olivares para la ciudad deBor- 
cclona y para los diputados del Principado, diciéndo- 
les de su parte muy cumplidamente el deseo que tiene 
de que estas cosas se asienten por su medio, asf por lo 
que loca ámi servicio, como al bien de aquel Principa- 
do y de la ciudad de Barcelona; ofreciéndoles de su 
parte que viniendo agora en lo que les escribe , él ten* 
drá particular cuidado deque yo haga lo que ellos dc- 
sean,yno solamente enlo presente, pero en lascosas que 
adelante se ofrecieren tendrá á su cargo el represen- 
tármelas y procurarlas conseguir. 

Aunque lie pensado en enviar alguno dd consejo do 
Aragón pnra tratar del castigo dé los culpados, no me 
he resuello i ello por las razones que apunto al princi- 
pio; pero será Iñen que sin que salga de vos ni de nin- 
gún ministro mió, corra esta voz allá, y vos os valdréis 
della, 6 bien acreditándola si os pareciese conveniente, 
ó bien diciendo que no tiene fundamento, si asi convi- 
niere. 

Luego que lleguéis y toméis noticia del estado de las 
cosas, me avisaréis dello con correo expreso, procu- 
rándole despachar con toda disimulación ; y en el dis- 
curso de la negociación haréis lo mismo con lo quesees-^ 
pcrare della, yen acabándose, con loque resultase, prc 
curando que se gane todo el tiempo que se pudiere, 
pues neváis entendido lo que conviene la brevedad y bo* 
perder hora de tiempo, para que conforme á lo qné me 



DOCUMENTOS. 



tvisáredcs, tome la resolacion niM conveniente. Todo lo 
demás 4|iie se puede ofrecer os io remito para (jue coa 
vuestra prudencia lo encamioeiscoino lo tuviéredespor 
mas conveoieote; con que quedo seguro del buen su- 
ceso.— Data en Mudrid á 30 de diciembre de 1622 años- 
— Yo el Rey. (Biblioteca Nacional, códice H. 35. — Es 
original.) 

D. 

Papel de don Olef o Hurtado de Nendozi « qve se 1i.'.ni 
en U cámara del Emperadur. 

• 

Sacra , cesárea, católica majestad : Julio César decía 
que Sila dejó la ditadura porque no sabia letras. Mu- 
clias menos sabrá vuestra majestad sideja á Milao, pu- 
dieudo tener roas justamente este reino que Siia el de 
su república. La razón y derecho que vuestra majestad 
tiene á estos estados por virtud del feudo del imperio, 
liarte bien está disputado y determinado en favor de 
vuestra majestad, si vos sois emperador y las leyes im- 
periales se guardan. Y dejando esto aparte , quiero to- 
mar la cosa mas estreclia, y digo que según los ftuH 
damentos de todos los señoríos del mundo y sucesión 
de las cosas, el mismo derecho tenéis á Italia que á 
Plándes y Empana, y por consiguiente á todo el mundo. 
' Pregunto á vuestra majestad : ¿qué razón hizo á los 
romanos señores de casi todo el roundo^ y después á los 
godos de E^aña^ á los franceses de Francia» y á los 
vándalos de África, á los hungos de Hungría, y á los an^ 
glos de Iiigalatcrra? Por ambición salieron estas ^ntes 
de su casa^ por pura valentía se hicieron señores de la 
fljena, y por virtud y buen gobierno la han conservado 
muchos dellos hasta agora. 

Violenta fué la usurpación de todos, violenta la re- 
tención, violenta la continuación. ¿ Quereb que os lo 
diga? Desde aquel nuuido es mundo hasta agora. No 
lia habido mas razón ni derecho á los reinos que la 
fuerza ; de donde nació el proverbio /tía et( i» arma. 

Si la religión os mueve á dejará Hilan, por U mis- 
ma razón y causa podéis dejar á España, si queréis des- 
cargar la conciencia de vuestros predecesores, porque 
DO hay mas diferencia de la propiedad de un señorío á 
otroy que ser la usurpación una mas antigua que otra. 

He dicho la razón por que vuestra majestad puede 
tener á Milán por respeto del feudo del imperio, y lo 
que la natura introdujo entre los hombres después que 
Dios formó el mundo; diré agora la razón de vuestra 
necesidad < quf se suele decir que no tiene ley. 

Claró está que si uno tiene dentro de un señorío ó 
cerca de él una tierra por la que puede recibir daño 
aquella provincia, justamente le puede quitar el seño- 
río de aquella la entrada, ydarle la equivalencia en otra 
parte doude pueda estar sin sospeclia. Y la mas justa 
causa que los Reyes Católicos juzgaron para tomar á 
Navarra, fué el daño que por aquella parte pudiera res- 
dbír toda España, como hizo el rey de Francia en to- 
mar á Borgoña , que es la llave de su reino ; y con darle 
en otra parte lo que allí le tomaron, satisfacian la con- 
ciencia y hacian justa la aplicación. 

Entre los hombres doctos esto se tuvo entonces 
por mejor derecho que el de hi aprobadou é investi- 
dura por ^1 cisma. 
. Pues si las le^es permiten esto entre pcr&ouas pri* 



vadas, ¿ porqué no se permitirá entre principes, pues el 
peligro es mayor! 

Por la misma causa por que los Reyes Católicos to- 
maron á Navarra por U seguridad de España, podéis 
tomar á MiUo por la de Italia , pues allende desta ne- 
cesidad, concurren á vuesU*o favor el derecho del feudo 
del imperio, y el que tenéis adquirido por la defenaioa 
desta provincia. 

Vuestra es Sicilia, vuestra es Ñápeles, vuestra es 
Florencia, vuestra es Sena , vuestra es Luca, vuestra 
Genova. Toda Italia os reconoce cierta manera de obe- 
^e6cia y superioridad. (41 entrada para toda Italia es 
Milán, como Borgoña para Francia. Adonde solía acon- 
tarse Hilan, toda Italia se inclinaba; y pues siendo Mi- 
hin b entrada y cimiento sobre la cual lo demás de Ita- 
lia se funda, y teniéndola vuestro enemigo, lastimado 
de lo pasado, i qué seguridad podéis tener para asegu* 
rar lo demás? 

Luego que el francés haga fundamento en Milán , se 
desharán todos los que habéis hecho en Italia; porque, 
como no están fundados en verdadera obediencia , fi- 
delidad y amor de los naturales , sino en puro interese 
y odios crueles» fácil cosa aeiá ediallos iodos por d 
suelo. 

Yo certifico á vuestra majestad que así acaecerá 
como cuando de un mal edificio se quita una piedra del 
cimiento, que todo lo al desmorona y cae. Porque, qui- 
tada la piedra del dmiento de Italia , que es Milán , te* 
ned por cierto que todo lo demás destaprovmcia, ne 
soUmente caerá, pero nos faltarán manos é industria 
para derribarlo mas presto. 

Si dais la puerta á vuestro enemigo, ¿por dónde ha- 
béis de meter vuestros ejércitos por tiern, y las arma- 
das por mar, dejando á Milán y perdiendo de necesidad 
á Genova? Y si le ponéis vuestras armas en las manos» 
¿con qué queréis combatir? Y finalmente, ¿qué medio 
queréis tomar, perdiendoaquesto, para asegurar lo do- 
más de Italia? Ninguno por cierto, si no apeláis pam 
la fortuna, que hasta aquí lo ha defendido todo. 

Mirad, Señor, que es remedio incierto; porque al 
fin es fortuna, y jaonáa nació un lionibre tan venturoso, 
que pusiese un clavo á la rueda della,-Diez y seis años 
fué madre de Aníbal ; al cabo le fué madrasta en sü 
propia patria. César por ella fué señor del mundo; al 
cabo murió á manos de pocos. Jamás se víó constancia 
en eHa, y por esto, en tanto que doraos menester usar 
del favor suyo. 

Pues la necesidad es la que digo, vuestra majestad 
defienda á Milán, pues podéis» y no deis logar á que 
justamente podamos decir que no sabéis letras;ptte8 yo 
os certifico que muy pocas sabia vuestra majestad 
cuando vio ejército, y prendió al rey de Francia, y no 
usasteis de aquella ocasión de recuperar primero á 
Borgoña y lo demás. -Muy pocas , cuando tuvisteis el 
santísimo templo de la Iglesia en vuestras manos, y lo 
dejasteis , porque ninguna injuria hidéradea á Cristo^ 
quitando á su vicario el brazo temporal, que es llave de 
abrir y cerrar las guerras; pues no k fundó Dioa ainai 
en lo espiritual. Pocas letras tuvo vuestra majestad oft 
DO usar dallas cuando lo de Viena y de Lautree; y po^ 
cas cuando pasasteis en Francia y oa tornasteis^ coa 
pérdida de Untos hombres y de tante eatimaoioii« Ven 
abreviar, pocas letras ha sabido vuestra msijested liaata 



DOaifENTOS; 



iini 



agora, poes habéis perdido las mayores, las mas gran* 
Acs, ias mas gloriosas ocasiones que jamás príncipe 
tuvo para haceros monarca. 

Otros hombres chicos contra fortuna se hicieron 
grandes príncipes. Vos, con ella mayor que jamás nadie 
lUTO, QO habéis acrecentado una piedra ú lo que here- 
dasteis. Alejandro, siendo niño, lloraba cuando le con- 
taban las victorias de su padre Filipo, temiendo que no 
le dejaría á él qué ganan 

A vos llénenseos ios reinos y señoríos i las inanes, 
y queréislos dejar, y poner vuestra honra y señoríos en 
compromiso con el F^pa, sabiendo que anda puesto en 
almoneda, que el que mas diere lo ganará. , 

Dirá por ventura vuestra majestad que es imposi- 
ble resistir al turco y deshacer al francés. To digo que 
es difícil, pero no imposible , porque sé que otras tan 
grandes cosas ha acabado vuestra fortuna y santa y 
buena intención, y también sé que algunos pocos de 
los de Aragón resistieron en cierto tiempo ai Curco y 
echaron á los franceses de Ñapóles. 

Y pues vos, siendo señor de Alemania, de España y 
de Itdia y de la mayor parte de Europa, y estando con- 
federado para la resistencia del turco con el Papa y con 
venecianos, ¿porqué habéis de desesperar hacer con 
tanto aparejo io que otros con casi ninguno acabaron f 

Pensad, Señor, lo que valéis y podéis, y tendréis por 
fácil cualquiera cosa que emprendíéredes Concluyo 
que, pues por el derecho del feudo y por ia costumbre 
de los hombres y natura de las cosas, y por fai necesi- 
dad propia, os previene y conviene tener á Milán, que 
es la raisnia necesidad que constriñe al rey de Francia 
ino restitttvosiBorgoña, porser la entrada para Fran- 
cia , vuestra majestad gobierne así el negocio, y no di- 
gamos mas lo que d^o César por Sila. (Copiado de las 
ooCas de don Adolfo de Castro al Buscapié de Cervan- 
1^. Cádiz, 1848.) 

c. 

AI Unstre y nay nagnfflco tefior el sefior don Lnis Divll» , 
cañaren de so n^jeslad. 

Ihistre y muy magníGco Señor : Enojado de las 
cosas que pasan , me retruje á mi cuartel y escribí esta 
letra á su majestad. Suplico á vuestra merced la vea , y 
^ le pareciere digna de que su majestad la vea , se la 
muestre, y si no , la rompa ; porque para mí bástame 
haberme desenconado en haberlo fecho. Quién soy, otro 
tiempo mas conveniente lo sabrá vuestra merced , cuya 
muy magnífica persona y casa conserte nuestro Señor. 

« Sacra , caíólica y cesárea majestad : Bien veo cuan 
gran osadía es dar consejo á algún príncipe, en espe- 
cial á vuestra majestad, que así por su divino juicio, 
como por la grande experiencia de las cosas , tiene mas 
prudencia pan deliberar y mas ánimo que nadie pa- 
ra ejecutar. Pero viendo tanto peligro de la repübíica 
cristiana, es justo que cada uno socorra con loque pue- 
de , y si no tiene caudal para ayudar á las cosas aftas 
y de importancia , ayude á las menores y mas bajas, 
y baciáiidolo desta manera se provee é toda la ncce- 
!Bdad y obligación común. Asi yo, acordándome que 
soy crístfaoo y vue tro vasallo, satisfaré en lo que 
pudiere á mi obligación, y ya, cuando en otra cosa 
00 aprovechare, á lo menos haré á mi ver lo que debo, 
y si la obra no sucediere U intención quedará salva. 



que es ver bfen encaminadas las cosas de Dios y al con- 
siguiente las vuestras, porque por experiencia do lo 
pasado se pueijie justamente decir que siempre habéis 
obrado por su mano: y asi, confiado en esta buena 
intención , digo, iu\ictísimo Príncipe , que considera- 
do el progreso de todos los príncipes y señores del 
mundo, la experiencia ha dado á conocer cuánto mas 
vale la reputación y opinión en las cosas de estado y 
guerra que en otra. Mas hizo con ella Alejandro Hagtio, 
César y Aníbal que con las lanzas; mas gente trajo á tt 
obediencia del imperio romano la reputación de Au- 
gusto que las obras de los Scipíones, de ios Hételos, 
üclos Cdmíios y de otros invictíf^imos capitones, de 
donde nació aquel proverbio : Bella fama constant; 
y lo mismo ha acaecido á vuestra majestad; porqueí 
sin dineros, sin hombres y sin otras provisiones , con 
sola la grande opinión que de vos han tenido vuestros 
enemigos, los habéis vencido y sujetado. Esta sola re- 
sistió al turco en Viena; esta sola defendió á Ñápeles 
de Lautreche ; esta sola ganó á Milán, en contradícion 
de todo el mundo; y últimamente, esta sola defendió á 
Perpiñan, y por ella sola sois tenido por inmortal entre 
los hombres. César^ hablando della , decia que mas 
difícil era bajar del primer escalón al segundo que del 
segundo al ínfimo. Luego que un príncipe baja de la 
reputación un solo grado, los amigos dcscouíion , los 
enemigos se animan y la naturaleza de las cosas por 
su curso ordinario le trae al ínfimo grado. 

Siendo pues esto así, tened, invictísimo Principe, 
gran cuidado de conservaros en aquella buena opinión 
y crédito que tedeis, porque á mi ver ninguna otra 
cosa os ha sustentado y sustenta. Creed, Señor, que 
todo el mundo sabe que tenéis empeñado vuestro es- 
tado , consumido vuestro patrimonio, y vuestros vasa- 
llos empobrecidos ,.y que en sola el áncora de la repu- 
tación se sustenta vuestro estado; la cual no sola- 
mente en estos tiempos podéis sustentar y mantener, 
pero acrecentarla , porque á mi ver jamás estuvisteis 
en mejor punto que ahora. Hasta aquí todo el mundo 
estaba en duda de lo que valíadcs, y todos vuestros 
buenos sucesos antes los atribuían af favor de la for- 
tuna que á ninguna buena provisión de vuestra majes- 
tad; antes á la poquedad del enemigo ^ue al valor y 
potencia vuestra. Pero viendo ahora que el rey de 
Francia, después de nna cosa tan pensada, tan pro* 
veida , tan asegurada , y con tanto consejo y prudencia 
tentada , y por persuasión de Clemente y de Paulo 
gobernada y guiada , no hizo nada , y en lugar de ga- 
llar, perdió ; todo el mundo juzga lo poco que va!en 
los dineros y las otras provisiones humanas , y lo mu* 
cho que vale la reputación, pues con sola ella le ven- 
cistes; y finalmente, pusistes las cosas en tan buen pun- 
to, que todo el mundo conoce lo mucho que vos valéis, 
y lo poco que vuestro enemigo puede. Con esta jomada 
habéis asegurado los amigos y puesto terror y espanto 
en los enemigos, y habéis quenado con tanta reputa-^ 
cion , que ninguna cosa tentaréis en esta ocasión, que 
no salgáis con ella. ¿No ve vuestra majestad la poca . 
cuenta que el Papa y todos los otros príncipes de la 
cristiandad hicieron de vos cuando el rey de Francia 
os acometió, y vieron la cosa en duda? No veis cómo 
después que lo vieron vencido , el mucho respeto que * 
todos os tienen? Todos miden sus fuerzai con las del ' 



mt' 



DOaMENTOS. 



fr&ra;éS| y vieodo que siendo aquellas las mayores no 
padD nada contra vos, ninguno conlia en las que tiene, 
para ofenderos. 

Por tanXo^pues leñéis tantas armas de ventija , sa* 
bed usar deUas, ihayonnente en esta ocasión, y no 
bajéis nin^jun escalón mas de la reputación , para cuya 
consenracioB yó no hallo otra cosa .mas al prepósito, 
que es que ño bagáis de Milán y Sena lo que hicisteis 
dejFlorencia; porque yo os cer(ifíd) que en esta oca- 
sión ningún error pudiérades hacer mayor que dcjor 
aquellas fortalezas al Duque; asi que « porque estando 
en vuestro poderél estaba mas seguro, y vos le entre* 
tenladescon respeto y temor, y temiendo, era forzado 
de andar á vuestro gusto, y no al suyo ni de nadie; 
como porque estando aquella provincia en el medio de 
Italia, desde alli podiades poner freno al Papa y veue^ 
cíanos, y proveer todas las otras cosas que se os po- 
dían ofrecer. Siendo aqu4^ ciudad república, meüa á 
barato á toda Italia ; sien^o^l señorío de tantos redu- 
aoo á uno solo, y siendo y^cl, señor, pudiérades ha- 
cer con ella una de las más inertes provincias de Ita- 
lia, así por razón del sitio, como por las muchas, 
grandes y inexpugnables fuerzas que tiene. No es tier- 
ra que de una batalla se puede sujetar, porque palmo 
á palmo es menester ganarse. Hasta aquí , viviendo el 
Duque con aquella espedía ^ era forzado á serviros, 
aunque no quisiese. Tiendo ahora en sus manos las 
fuerzas del Estado, sieá<$b^tan gran príncipe, que se 
puede defender en cuálquien* necesidad, y no faltan- 
do quien le ayude , tened , Señor, por cierto que an- 
tes usarú de las buenas ocasiones para asegurarse y 
acrecentarse, que en la gratitud que os debe en haberle 
hecho, de duque de burlas, duque de veras, como ordi- 
nariamente lo hacen los hombres de su nación , que no 
miden mas el honor ni la fe que por solo su interés 6 
necesidad; y creed , Señor, que no será de mejor ni mas 
constante condición que su padre Joanitin de Medi- 
éis, que mudó mas formas que Proteo , especialmente 
teniendo mas aparejo que el padre para salir con lo que 
intentare. Y del florentin en ningún caso de interese 
se puede m debe confiar, mayormente pretendiendo 
que la merced que le habéis hecho no ha sido graciosa, 
smo una muy fura venta. 

. Teniendo pues vuestra majestad aquellas fortalezas 
que pudiérades querer, de gente y de dineros, ¿qué 
alcanzárades de él ahora que están en sus manos? 
De sujeto se ha hecho libre , y pudiéndole vos absolu- 
tamente mandar, os habéis necesitado á rogarle, y lo 
que pudiera hacer en aquel estado el menor soldado 
vuestro, no sé si podréis ahora alcanzarlo. 

He dicho todo esto para que vuestra majestad vea 
cuan gran error hicistes en esto, y cuánto mayor ie 
haréis si diereis al Papa á Milán y á Sena ; porque vien- 
do todos los principes de Italia que sin violencia os des- 
poséis de lo vuestro, presumirán de quitaros loque os 
queda por fuerza, porque nadie podrá pensar que por 
justificar vuestras cosas con el mundo lo hacéis, sino 
por no tener ánimo ni fuerza para defenderlo. 

Mire vuestra majestad que toda la seguridad que 
tenéis de Italia pende de la detención de Milán , así por 
ser aquella provincia riquísima y tener tan conveniente 
sitio pura meter ejércitos forasteros por tierra y arma- 
das por mar, por la vecindad de(Sénova^la cual en nin- 



guna manera podéis sustentar dejando á Milao, como 
' por ser este estado la cosa sobre que se contiende, y tal, 
que con él solo se podría adquirir lo demás ; y dejando 
de cualquier manera la presa, es confesar que no podéis 
mas y os dais por vencido ; y entrado asi en esta opi- 
nión, no solo abajaréis muchos grados de reputación, 
pero venis á poneros en el último, y desta manera 
ninguna cosa tenéis segura en Italia , asi por k natura 
desta provincia , inconstancia y poca fe de los natura- 
les della, como por la poca satisfacción que hay de 
vuestro gobierno. 

Allende desto, teniendo todo el mundo por cierto 
que solo el Papa os puso en los peligros pasados y tríi'* 
bajos prontos, moviendo al francés, y por consi- 
guiente al turco, contravos, por solo necesitaros y 
traeros á este punto en que estáis, viendo ahora quo 
en lugar de venganza le gratificáis, y en lugar de 
ofenderle os sometéis á bajezas y poquedades , ¿quién 
estimará vuestra potencia, ni quién temerá de dañaros? 
Pues del daño nace el provecho, y de la ofensa la grati- 
ficación. Y por este ejemplo todo el mundo trabajará 
de poneros en la misma necesidad para atraeros á su 
propósito y hacer su proveciio , como acaeció en Cas- 
tilla ál rey don Enrique el Cuarto, lo cual cuánto daño 
traiga á un principe, aquellos tiempos lo dieron bien á 
conocer; que vuestra majestad lo ha sentido bien des- 
pués, pues por aquella via os privó del patrimonio que 
está ahora en poder de los grandes de Castilla. 

Dejando pues á Milán, vengamos á Sena. ¿En qué 
conciencia, invictísimo Príncipe, en qué razón, en qué 
gratitud ni en qué humanidad puede caber quitará 
aquella república la libertad y dar¡a ú vuestro enemi- 
go? Acuérdese vuestra majestad de la pnn fe, verda- 
deros y singulares ánimos de aquellos ciudadanos; mi- 
rad que, habiéndose conjurado todo el mundo contra 
TOS, en solos ellos quedó la fe. ¿ Qué oficio de leales va« 
salios, qué demostración de leales amigos, y finalmen- 
te, qué obra de obedientísiroos servidores dejaron do 
hacer? Pues luego en satisfacción de la fe pagarles aho- 
ra con infidelidad , y en pago del servicio con el daño, 
ni bondad, ni razón, ni virtud, ni religión lo permi- 
te, mayormente teniendo tanta causa y razón para 
negar al Papa lo que os pide. ¿Qué prhcipe ni señor 
os ha ofendido mas que él? Ninguno por cierto; por- 
que, si queremos considerar las cosas generales, los 
ciegos han visto que todo el daño que os procuró el 
francés fué por su persuasión ; y por el consiguiente, 
todo el mal que esperáis del turco nace y nacerá de 
esta causa. 

Si queremos mirar las particulares, ¿quién no sábelos 
ofensas que él os ha hecho, dejando menudenciasapar* 
te? ¿Qué mayor injuria jamás habéis recebido de nadie, 
que la que él os hizo en destruir la casa Colona , estan- 
do asegurada sobre otra fe, y estando fundada sobre 
mucha sangre derramada en vuestro servicio y de 
vuestros pasados? Qué mayor afrenta, ó por mejfir 
decir, qué mayor bofetada , dada delante de los ojos del 
mundo, que la que él os dio cuando, contra la pala- 
bra dada , no solo de sustentar , pero de restituir el es- 
tado á Ascanio, derribó i Palomo porque presentó 
vuestros poderes en el concilio? Yfinalmente, ¿qué obra 
buena jamás os hizo por voluntad, sino por necesidad 
é interés? Tened, Señor, por cierto que si el rey de 



DOCUMENTOS. 



XX? 



Frauda Inte tres flores de lis en sus armas , 61 trae seis 
en hs so3fts j seiscientas mil en elalina^ yquejamás 
JaJísftf segura ocasión ^ara demostrarlo, que no lo ha- 
ga. Modionias os podéis asegurar del rey de Francia en 
oíru cosas que no en él ; porque el rey es nacido prin- 
cipe, y procederá como príncipe, y estotro, de linaje 
bajfsimo , ba tenido A la grandeza en que está, y jamás 
dejará de obrar como quien es. ¿Qucráislo ver? ¿Qué 
mayor desverguensa en el mundo se pudo baUar, que 
habiéndoos ofendido como os ba ofendido , y sabiendo 
que vos lo sabéis , no solamente no tiene vergüenza de 
parecer ante vos , pero os demanda cosas que no sería 
justo pedirlas habiéndoos redimido de turcos? lléneos 
por hombre de poco discurso , usa mal de vuestra pa- 
ciencia, tiéneos en tan poco crédito, que le parece que 
está en su mano el mudaros en el sugeto que él quisie- 
re ; y pues esto es asi , y tan verdad como la misma ver- 
dad, estad , Señor, sobre vos , conservad lo que tenéis, 
trabajad para adquirir lo demás y manteneros en vuestra 
reputación. Porque yo certiflco á vuestra majestad que 
en esta coyuntura, con solo hallaros fuerte de palabras, 
le podéis vencer, sin otras armas ; porque el estado de 
la Iglesia es mas vuestro que suyo. Cuanto á la aflcion, 
no vea la hora de entender vuestra voluntad, para des- 
echar el yugo que tienen. No hay príncipe en toda Italia 
que no esté ofendido, no hay hombre que no esté mal 
cooteuto del. Usad en esta ocasión del hierro, y oo del 
eosalmo, porqae sin duda conoceréis el provecho muy 
manifiesto. Y que esto sea así , la experiencia lo ha 
dado bien á conocer,' después que comenzastes á tra- 
tarle con poco respeto y á negociar con autoridad. No 
podriades creer el grande miedo que le ocupó cuando 
sopo el mal recibimiento que hicistes al legado que fué 
á Espada, y el que sintió cuando enviastes á Granvela 
ai concilio, y ú!timaraente, el que ha concebido de 
Tuesire veniík en Italia sin haber hecho cumplimien- 
to oi. ceremonia con él. El temor de veros ahora veolr 
con gente nace de la mala conciencia , perversa y da- 
llada intencioa que contra vos tiene. En nada se ase- 
gure, de todo teme ; y pues le tenéis en estos términos, 
om vei eihorto á vuestra majestad que sepa usar de 
las ocasiones; haced poco caso dél^ tratadle como á 
it<»mbre .cuya seguridad y grandeza pende de vuestra 
Toluotad ; poned ante los ojos el estilo que siempre han 
tenido los papas en adquirir sus estados, que es sem- 
brar discordias entre los príncipes cristianos , meterlos 
en revuelta , aspirando unas veces á una parte y otras 
á otra, siguiendo siempre el negocio particular, y no el 
común ; y asi , por esta via han necesitado á los princi- 
pes que contienden , que vengan á sus manos , y en- 
grandecido sus estados y destruido la religión. Y pues 
de aquí nace todo el fuego que siempre enciende la 
cristiandad , y estas son las armas que mas os ofenden y 
quifao la quietud común , trabajad. Señor, de ponerlas 
tan bajas, que os aseguréis deltas. Entre tanto que el 
rapa tuviere potencia para dañaros, ninguna seguri- 
dad podéis tener en Itaha ni fuera; abajada esta , todo 
lo demás lo hallaré yo llano; y pues os halláis en Italia, 
y tenéis, como dicen, las piedras y la* cuesta, no os 
dejéis mas engañar; lomad de veras ya la espada en la 
mano, y dad fin á tantas miserias como padece la cris- 
tiandad. Y no vengáis á ninguna manera de concordia, 
pofque no durará mas de lo que le estará bien , y ya 



que dure, será por solos susdias^ que aeh(Q pocos^ sa^ 
gunsuedad, y ningún pontífice sucederá que no kan 
pugne lo que él ha hecho, qué para remediarse á sí y 
á los suyos será menester deshacer estos, como ^ós 
hicieron á los pasados. Y no os mueva pensar que lo dais 
á Madama, pues Milán es presa que aunque otra cosa 
no dejásedes al Príncipe, lo dejábades bien heredado; 
pues dar á una hija bastarda Ib que seria gren dádiva á 
vuestro hijo único heredero , no lo sufre la razón, ma- 
yormente siendo el varón en casa Octavio Famesío; Oirá 
por ventura vuestra majestad que es difícil proveer á 
tantas cosas ; antes á mi ver es fácil , porque venecia^ 
nos, viéndose tan gravemente ofendidos del francés, 
dándoles seguridad de no ofonderios y mantenerlos, 
fácilmente tes podréis tener pacíficos; teniéndolos 
quietos, en un mesmo tiempo podéis mover contiU 
Roma y las tierras comarcanas , á Ñápeles y á loa urei- 
nos y coloneses ofendidos, porque ellos darán buen 
recaudo de aquello contra la Marca y Romanía , y du- 
'que dé Florencio, seneses y luqueses. Cuanto á lo de 
Lombardía, vuestra presencia lo podrá acabar. 
. Cuanto al rey de Francia , debéis en el mismo ímpetu 
y tiempo acometelle por las partes que él os acometió, 
con tres ejércitos , cada uno de trece mil ioíantes y dos 
mil caballos , con artillería solamente de campo , sin 
mujeres ni impedimento, y hacer que, dejando las 
fronteras que son fuertes, se metan en las entrañas de 
Frencia, que es débilísima tierra; y que por todas par- 
tes comiencen estos ejércitos á entrar, y con una órdan 
caminar hasta que se junten ; juntos los cuales , así por 
el número de gente como por la flaqueza de las tierras 
y fertilidad del país, fácilmente se podrán sustentar y 
fortificarse donde puedan seguramente estar, y oprimir' 
de tal suerte al enemigo , que sea forzado á< perderlo 
todo, especialmente reforzando vuestra majestad la eat- 
presa el año siguiente , y teniendo siempre las fronteras 
en sospecha, lo cual' podéis todo muy fácilmente hacer, 
así por la virtud de vuestros soldados, como por el ter- 
ror y miedo que aquellas gentes han conseguido de vos 
y de las vuestras. 

Abajado así por una vía y por otra el francés y el Pa- 
pa, las cosas del turco los hallaréis después íádles; y 
por ahora, aunque él venga potentísimo , no querieñlo 
otra cosa que defender, íucilmente lo podéis hacer, así 
por la gran fortaleza de \iena, como por la neeesidad 
en que está la gente alemana ; la cual no podrá dejar 
de defender su causa viéndose en peligro de perderla ; 
y ya que estuviese en este peligro, yo temía por tan 
justamente ganado lo de acá , como bien conservado lo 
de allá , pues el Papa y el fhincés, olvidándose de la 
obh'gacion de cristianos por sus intereses y pasiones 
particulares, os han necesitado á desampararlo y per- 
derlo. • lU 

A un solo escrúpulo me queda de satisfacer, y es que 
dirá vuestra majestad que es cosa grave quitar el estado 
temporal al vicario de Jesucristo. A esto respondo que, 
propuestos dos males, el menor se ha de elegir. Mal 
seria quitar al Papa el estado temporal ; pero sin com» 
paracion es muy mayor el que de tenorio á toda la cris-^ 
tiandad se sigue ; porque pera engrandecer la carne ot» 
vidan de todo punto el espíritu, y de aquí nace revol- 
ver el mundo y deshacer la casa de Dios por hacer las 
suyas ; y así se ha visto que antes que los papas Iuvi0« 



DOCIHENTOS. 



Ufi 

sen riquezas eran tocios santos, y después que se dieron | 
á tenerlas , han sido y serán como Paulo. i 

Allende desto y ¿qué mayor bien ni beneGcíoí se po- | 
¿ría hacer al mundo que reducir el pontificado A sus 
principios? Cristo, que «s verdadero Dios, suma sa* 
fNencia y suma potencia , bien le pudiera fundar en es^ 
lados , pues todos eran y son suyos; no lo fundó sino en 
pobreza y santidad; con está trajo todo el mundo á si, y 
io mesmo iiicieron los santos pontífices que siguieron 
el mesmo camino ; pues si aiiora se hallase un príncipe 
^tte constituyese un imperio y un pontificado como el 
antiguo , y por hacer un gran bien á la cristiandad lii«- 
^ese un pequeño daño particular^ como es quitar al 
Papa' el dominio temporal, ¿no haría una cosa muy acep- 
ta á Dios y muy en beneficio de la religión erísliana? 
Mayormente teniendo los papas este seijorío ,. ocupado 
-no por la donación de Constantino, que es falsa , pues 
que no concurren los tiempos ni los autores ni las co- 
sas, sino por pura maña y fuerza. Todas las historias 
graves coacuerdan que, después de la declinación dd 
imperíoromano, discurriendo tantas inundaciones de 
gentes, coma fueron los hunos, los Túndalos, los godos, 
Jos Arañóos, los longobardos y otras muchas gentes, 
los emperadores, que tenían b silla imperial en Con»- 
tantittopla, tuvieron tanto que hacer en defenderse allí, 
que no pudieron proveer en las cosas de Italia y po- 
niente; y asi , viniendo unas gentes y echando á las 
otras, pareciéndolesque no hadan nada si no ocupa* 
han y destruiani Roma , que era la cabeza del imperio, 
todos combatían sus fuerzas, su saña, su venganza, 
eontra aquella cindad que habia sido sdíora de todas ; 
por lo cual viéndose Italia afligida , cada ciudad viendo- 
sedestruida y desamparada de socorro del Emperador, 
comenzó á pensar y procurar el remedio; y deaquf na- 
cieron la multitud de las repúblicas de IuJíji y la usur- 
pación del estado temporal, y la elección de los cléri- 
gos de Roma, que ahora llamamos eai^denales. Cosa 
grande por cierto es considerar que hasta aquellos 
«tiempoaningunpontifícese tenia por papo si no fuese 
confirmado porel Emperador ó su ezarco, quo residía 
en> Ravoia ; y deallf adelante no solo no cuidaron de la 
confirmación, pero en muy poco tiempo creció tanto 
sa autoridad , que privaron á los emperadores antiguos 
del imperio , y lo dieron á los francos y á otros reyes de 
sus reinos; los dieron á otros; y asi , usando desta fin- 
gida potenciav han traído la cosa i términos , que asi 
privan á un emperadory á un rey de su imperio y reino, 
como prívnrian á un clérigo hereje de un beneficio» 

De manera, invictísimo Príncipe, que considerado 
d pontificado y su fundamento como lo dejó Cristo y 
san Pedro, yJo continuaron aquellos santisimos pontí- 
fices basta esta usurpación del dominio temporal , y el 
gran bien que con la vida , costumbres, santidad y 
i*jein{rto hicieron á la religión cristiana; y por el con- 
trario, el gran daño que se ha seguido y cada día se se- 
guiré de la potehcía temporal del Papá , pues toda se 
convierte , no en beneficío^ común , eom» sería razón, 
síbAensok) elparUcular, engrandeciendo sus hijos, nie- 
locy parientes , yo tengo por cierto que ningún benefi* 
cío fiodeis hacer á Dios mas acepto , ni mayor A la re* 
pfibitca, que hacer lo que digo. (HiMcria de Cario» T, 
por Sandoval; edición de Barcelona , i625 , tomo ii, 
' ' a89. Biblioteca Nacional , eódUe Ce. 59. ) 



0. 



Carta ^c doR Oiego Uortado de Meodoza ai cardenal Espinosa, 

llustrislmo y reverendísimo señor : El gobernador 
de Breda, estando el emperador Cários V an pahicio, 
prendió al alcalde Ronquillo en Valladolid. 

Gutierre López de Padilla desafió en palacio y mató 
en Alcaudete á don Diego Pacheco. • 

El duque de Gandía y Luis de la Cueva pusieren ma- 
no A las espadas delante del emperador Cirios V, en 
Zaragoza» 

£1 iQttrqués del Vasto y el virey de Nipolee pusieroa 
mono á las espadas delante del emperador Cérlos V. 

El comendador de Alcántara y roonsíeur de k Relu ra 
(en otras copias Palusa y Palis$a) se acuchíllarc^n en 
el retrete ) estando el Rey eu su tienda en el campo de 
Aii. 

El duque del Infantado diú una gran cochillada á ud 
alguacil delante del emperador C&rlos V, yendo é caba- 
lio en un acompañamiento, porque tocó é su caballo 
con la vara, diciendo ; «Andar, caballeros; que lo man- 
da el César; » y habiendo mandado ir preso al Duque, 
,muchos stores del acompañamiento se salieron de él, 
y fueron ficompañando al Duque. A el alguacil mandó 
el Emperador rapar y enviará galeras sin sueldo > y poí 
intiNrposicion y súplica del Duque le perdonó, y al Du- 
que le soltó; de que holgaron mucho loa grandes, y be* 
saron con el Duque i el Emperador, por la merced, su 
real mano. r^ 

Don César de Avales y don Joan de Avales , su hijo, 
liíríeroo á Hernando de Vega á presencia de la reina 
doña Isabel de Valoi?. 

Don Baltasar de Ja Cerda y don Luis de Toledo, her< 
mano de don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca» 
riñeron delante de la misma reina en Bayona, cuando 
vino á España á casarse, conducida por el duque de 
Alba, don Fernando el Tercero. 

Juan de Vega, siendo presidente de Casulla, echó 
mano á la espada contra don Diego Manrique en la an^ 
tecámaradcIBey. 

En Valladolid el conde deTendilla el viejo sacó i una 
doncella de casa de don Juan de Mendoza, siendo en la 
corte; y el marqués de Mondéjar, su hijo, siendo presi- 
dente de Indias , trajo hi novia á casa de la condesa de 
Rivadávia en Valladolid, y el Conde y don Juan de Men- 
doza se acuchillaron sobre el caso delante del Rey. 

El duque de Frías y don Juan de Silva anduvieron en 
desafió en el campo del Rey, junto á las puertas de 

palacio» 

Figueroa, siendo del Consejo, se emborrachó en Ra- 
tisbooa , y porque le motejaron después de unos dias 
delante del Rey, embistió con un gentilhombre de la 
cámara i puñadas, por no tener armas de que valerse. 

El secretario Antonio de Eraso llamó de vo^ ¿ Gu- 
tierre López estando en el Consejo , y por esto se acu- 

cliillaron« 

Podría traer aquí, íluslrísimo Señor , muchos ejem- 
plos de hombres con quienes se ha disimulado y lian 
sido restituidos muy brevemente á sus casas, y no fue- 
ron tenidos por locos; solo don Diego de Mendoza an- 
da por puertas ajenas , parque de, sesenta y cuatro 
años, tornando por sí, echó un puñal en los corredo- 
res de palacio (que es muy menor desacato), sm pod^r- 



DOaMSNTOS; 

loexconr» ni eieederdeloquo bastaba. Y porque no : 
■le tengan por bistoriador {¡fae k> aborrezco)» dejo de 
poner otros ejemplares; y si estos op boslareo, allá irá 
JTÍ mudo, que yo soque hablará por todee. 

\o piiedo dejar de acordar á ▼uestra ilostrísíma ca- 
no el ano pasado de 1531 el alcalde Morquecho pren- 
dide}eoQ<íede Sáttago ea le antecámara del Rey por 
Bn desacato é inobediencia que iufo ¿ mi mandato 
déla Reina* Este conde era capitán de la goarda; tn* 
liéronle na día preso, y no se lo dio mas castigoi. 

En d mismo año de 1531 , miércoles, á H do sep» 
táembre por k mañana, en el patio de palacio tuvieron 
pendencia dos regidores de Cádiz; el uno se ifatmaba 
Francisco Gonalez do Ángulo, de más de setenta aiíos 
de edad, por lo cual no iraia espada, sino báculo. El 
etrose llainaba don Esteban Cbiston áintonis, de Flo- 
leoeia, que casó conuna sobrina de un ingle* que.se 
bizo rico en Cádiz, babiendo venido de Inglaterra muy 
pobre. Bate le torada Francisco de Ángulo el báculo'de 
la mano y le dio de palos con él. No estaba Jejos un b^jo 
del Ángulo , que se Uamabo como sn padre y era letra- 
do; vino á la pendencia » y como fió que er« con su pa- 
dre, embestid con el don Esteban, y to dio algunos gol- 
pesconel pu&al en lacera. Metiéronlos en paz, y ba- 
jando la guarda por mandato del dnqoe del Infantado, 
don Man de Mendoza, mayordomo mayor , fueron pre- 
sos á la cárcel ei don Francisco y don Esteban, y alp»» 
dre le dejaron ir libre á su casa. Condenaron, el don 
Francisco á muerte de cucbillo , y mas en cuatro mil 
aneados. La pena de muerte llegó basta sacarle de la 
cárcel en la forma acostumbrada , y cuando en el ca«> 
dafeo, tendados ya los <ifos y atado en la silla, babia de 
iíecntarel verdiigo el golpe, llegó el perdón del Rey, 
en atención á baber sido el lanceen defensa de ía lion- 
radesopadre,yleTolTÍeronála cárcel, de donde salió 
brevemente, y le perdonaron la multa de los cuatro 
mil ducados, y á todos tres hizo dar las manos y los 
lÜBo anngos el duque del lofrntado, juez de la causa. 

Sobre estos e¡eni|rfares tan modernos y notorios, ez- 
cuso dedr á mestra ilustrísima que hallándose deteni«^ 
do en casa per mandato dé su majestad, sin otra culpa 
mas que la que Tuesüra ilustrísima sabe, un hombre de 
la» conocidos abuelos como yo, y con la nota de que 
se hable ya por las esquinas el (}ue se ha de hacer con 
mi persona una grande demonstracion, me ha sido 
predso referirlos todos, penque, conconocimiento de 
eHos y de mi representación, se tome la resohicioil mas 
condigna á todos. Vuestra ilustrísima atenderá , como 
se lo Riplíoo, á mis razones, y creo de su buen corazón, 
wtnd y letras, no pondrá en el de su mqestad intento 
centra mi reputación y persona , y malcoma (como lo 
espera) los dañados deseos de irá émulos que me han 
granjeado las correspondientes atenciones de mis obli-^ 
gacionesal servicio de so majestad. La del cielo guar-» 
de y prospere á mestra ilostrísiroa en años bien coU 
mados de virtudes, para ejemplo de todos y como yo 
deseos De mi posada, boy Iones 20 de septiembre de 
1579. 

Posfdate.— Todo este contenido es de mi mala noto 
y cahesa , aunque no de mi pluma ; süjplico á vuestra 
Hastrfsima lo tenga portal.— Ilnstrlsimo y reverendísi- 
mo Señor, de vuestra ilustrísima muy servidor.— iDcw 



tzvir 



E. 



OoD IKego do Vcodoza i doú Fnociseo ée Iblado. Emi^ i54S. 

Dos de vuestra señoría be recebido, unede 2 de eterc 
yetndeSde bebrero;yo$irv5 lomejorqueséalBmpo» 
redor, y'él me lo paga lo mas ruhimente qoé sabe; lo 
mismo hago con su hijo; quiera Dios no haga el hijo le 
mesmoque su padre. Cuanto A lo de aquS, me.ha guiado 
Dios de manera que es^oy fuera del veneno de mis ému-. 
Io8;doyme toda la priesa que puedo en poner este castillo 
en defensa de tierra ; espero en Dios que cuando vjeren 
queescoroeniado, terne dentro un par de compañías 
en la guarda ; labroconsolos ocliocientos hombres, por 
la hambre, y esta es causa, con los fríos y nieves, que 
iTO me dé tanta priesa como sería menester, y el aóidaR 
de contino el pié en la nieve y tos grandes Iríos n» 
lia dado no muy grande calentura contmua, de ^ue ya 
estoy libre, y anteayer se me quitó, y hoy be ido á mi 
obra. 

Cuanto á lo del dinero, tengo tan buena cuenta ccono 
eoaviene,ypara inteligencia de vuestra señoría bienceeo 
que su santidad lo sabe. Yo tengo dado la fe alBmpera- 
dorque el castillo no le costará un maravedlde^müpal 
ni interés, y porestosu alteza podrá ayudarme demejor 
gana; del picar en fuera, pienió que será lá fábs-fner- 
te cosa del mundo. 

Mucho mas holgaré con íá encomiendii que vale nuo- 
ve, que con la de seis, y podría ser arrancarla si vuestra 
señoría diese un apretón al Emperador, mostráhdéleque 
tengo solos cuatro mil ducadosde pensión, que me tor- 
nan en tres, cinco mil de salario, que me toman en cua- 
tro, y ni menos gasto ni menos casa que otro embajador; 
y cuando su majestad hizo demostración con todos sus 
servidores la sede vacante, me dejó á mi «n merced, 
para que todos me mirasen come ábostaiido; surcan* 
dolé de mi parte que no me tenga por afrentado en la 
plaza del mundo. • 

Ya sé la obligación que tengo á Eirasso por laque 
.vuestra señorfa dice, y lie becbo todo lo que yo be po- 
dido ; pero querría que se encerrase conmigo en algún 
particular para que viese cómo le sé hacer placer ; el 
caso es que nuestros amigos se saben poco aprovechar 
del tiempo, y menos de mi, que estoy á mano para ello. 
—Vuestro servidor.--( Corla manmontade don Die" 
go de Mendosa, Bibfioteca Ptacional , oódtco £• M, fo-t 
lio 320 vuelto. ) 

F. 

Al itlnstrí simo sefior doa Oi«go da Mendosa , del eoBif>|o 
de Estado de m nuiieetid ; Jesu. 

t. Sea el Espíritu Santo siempre con vueetra seuo«« 
rfa. Amen. Yo digo á vuestra seftorla que no puedo en^ 
tender la causa por que yo y estas hermanas^tan tierna- 
mente nos hemos regakdo y alegrado cop la merced 
que vuestra seSoria nos hizo con su carta. Porque aun- 
que baya muchas , y estamos tan áeostumbradasá reci- 
bir mercedes y -favores de personas de muclm valor, no 
nos hace esto'operacion; con que alguna cosa hay s^ 
creta, que no entendemos. Y esansi, queeonadver* 
tencia lo he mirado en estas hermanas y en mi. 

2. Sola una hora nos dan de término, pf ra responder, 
y dicen se'va el mensoyero ; y á mi parecer ellasquisieran 
muchas, porque andan cuidadosas de lo que vuestra 



IXTIM DOCUMEMOS. 

cenoria les mandt, y en su teso piensa su comadre de 
Tuestra señoría que ban de hacer algo sus palabras. Si 
conforme I la foluotad con que ella las dice fuera el 
ofecto, yo estuTíera bien cierta aprovecharan ; mas es 
negocio de nnestro Señor, y solo su majestad puede mo- 
ver; y harta gran merced nos hace en dar i vuestra se- 
ñoría lu2 de cosas y deseos; que en tan gran entendi- 
miento imposible es sino que poco á poco obren estas 

dos cosas. 

3. Una puedo decir con verdad, que fuera de nego- 
cios que tocan al señor Obispo, no entiendo ahora otra 
que roas alegrase mi alma que ver á vuestra señoría se- 
íior de si. Y es verdad que lo he pensado, que A persona 
tan valerosa, solo Dios puede benchirsus deseos; yansi, 
ha liechoeumijestadbienque en la tierra se hayan des- 
cuidado los que pudieran comenzar á cumplir alguno. 

4. Vuestra señoría me perdone; que voy ya necia, 
fitas que cierto es serlo los roas atrevidos y ruines , y en 
dándoles un poco de favor, toroar mucho. 

5. El padre fray Jerónimo Grdciamse holgó mucho 
con el recaudo de vuestra señoría, que sé yo tiene el 
amor y deseo que ea obligado>y aun creo harto nMis de 
servir A vuestra señoría» y que procura le encomienden 
personas^de las que trata (que son buenas) á nuestro 
Señor. Y ¿1 lo bace con tanta gana de que le aproveche, 
que espero en su majestad le ha de oír; porque , según 
me dijo un día» no se contenta conque sea vuestra seño, 
ria muy bueno, sino muy santo. 
. 6. Yo tengo mas bajos pensamientos : contentarme 
ya con que vuestra señoría secontentase con soto loque 
ha menester para sí solo, y no se eUendiese á tanto su 
caridad de procurar bienes ajenos; que yo veo» que si 
vuestra señoría con su descanso solo tuviese cuenta, le 
podia ya tener» y ocuparseén adquirir bienes perpetuos, 
y fliervír á quien para siempre le ha de tener consigo» 
ttO se cansando de dar bienes. 

7. Ya sabíamos cuando es el santo que vuestra se- 
ñoria dice. Tenemos concertado de comulgar todas 
aquel día por vuestra señoría» y se ocupará lo mejor que 
pudiéremos, 

8. En las deipás mercedes que vuestra señoría me 
hace, tengo visto podré suplicar á vuestra señoría mu- 
chtfssi tengo necesidad; mas sabe nuestro Señor que la 
mayor que vuestra señoría me puede hacer, es estar 
adonde no me pueda hacer ninguna desas, aunque quie- 
ra. Con todo , cuando me viere en necesidad, acudiré 
A vuestra señoría como á señor desta casa. . 

9. Estoy oyendo la obra que pasan María, Isabel y su 
comadre de vuestra señoría pira escribir : Isabelita, que 
es la de San Judas , calla, y como nueva en el oficio, no 
sé qué dirá. Determinada estoy A no enmendarles pa- 
labra, sino que vuestra señoría las sufra» pues manda 
los digan. Es verdad que es poca mortifioácion leer ne- 
cedades ; ni poca prueba de la humildad dc^ vuestra se- 
ñoría haberse contentado de gente tan ruin^ Nuestro 
Señor nos baga tales/qile no pierda vuestra señoría esta 
buena obra, por no saber nosotras pedir A su Majestad 
(a pague A vuestra señoría.— Es hoy domingo, no sé si 
20 de agosto«Mndignaslenray venladera bija de vues- 
tra señoría. <— Teresa ie Jáue. — (Carloa de $afUa Te- 
ma, tomo I , pág. 69. Madrid, 1703^ 



Proelamidon eatóUet á !• najciUd pbdosi ée Felipe el Craiidc, 
rey de Us EeptBu y «mpérador ie lu laiUs , Boestro seftor.» 
iM eoo&eileres y «ootejo de Gieato dt b eivdad de Barcelou. 

AflolSiO. 



Consta este memorial 4e doscientas seaenta páginas 
en 4.°, y va dividido en pánmfos.— GopiaréfOM alguno 
de los que nos parecen mas notables ; y para qae se ad- 
quiera idea de los demás , pendremos loa epígrafes con 
que van encabeíados. 

El §. i ."^ trata de la ^ftilail d /ot r»y«t, deí^ea^ 
talaneSé 

El §. %"" del enllo delafeeaiáKea,de la^eaUBianes, 

El i . 3.* Devoción eaiaiana ala Virgen nmeetra Se* 
ñora. 

El |. 4.^í>0f7octon deloe eataiatHeaiSafiHeimoSa* 
crametUo del ailar. 

Antes de copiar él |. 5." pendremos ef eiordio de 
este escrito , dice así : 

«Señor : Los conselleres y consejo de Ciento de la 
crodad de Barcelona , cabesa y metrópoli seglar del 
prindpado de Cataluña, diceik : 

»Que los soldados de vuestramajestad que estAn en 
Resdlon alojados, no contentos de los estrictos y exor- 
bitantes sacrilegios basta ahora cometidod páblicámen- 
te» amenazan universal ruina y saccT general al Prio- 
cípado, con introducción de nuevas costumbres en la 
forma y con la impiedad que en Pcrplnan y en otros 
pueblos se comienzan A ejecutar estos designios ; para 
cuyo efeto esperan un socorro grande y copioso por 
mar y tierra. Esta vos es tan común , este rumor es tan 
general , que de tan grandes males se conduelen hasta 
las provincias extrañas; 

«Seria negar la piedad de padre á un monarca tan 
catóüco, presumir en vuestra majestad permisión A ta- 
les desafueros , sin preceder delitos que los naotiven ; 
cuando en otra parte averiguados, los toleró la pruden- 
cia. £1 señor rey don Pedro el Ceremonioso» plor cier- 
tas causas se resolvió, enojado, A la mina de una ciudad 
principal, bien distante de Barcelona. Quiso arrasar- 
la, sembrar sobre ella sal y hacella inliebitable^ Y pra-, 
meditando las consecuencias deste efeto, retrató el de- 
creto por tres razones. 

»La primera » por haber en ella muchos inocentes; 
que no ha de ser general la pena» siendo singular el de- 
lito. La segunda, por los pasadM servicios que habían 
hecho A los señores f eyes; que la gratitud perfeta hace 
presente lo pasado. La tercera , porque eutnndo A la 
parte en los daños de la ruina » faltaba A su corona lo 
que sobraba A su enojo ; y asi , desató ^ ñudo dificul- 
toso de los negocios , no con la espada de la cólera, co- 
mo Alcijandro» sino con el cuchillo de la prudencia, 
como Salomón. No han de perder con vuesira majes- 
tad su füérzfi estas ratones , pues no son inferiores los 
motivos que los catalanes A la real clemenciti proponen. 
, |. SL"^ AgravUm y sacrilegioie ejecutados per los $ol^ 
dados en el Principado. 

Quemaron al fia los soldados de vnestra majestad 
I oh que dolor I no solo altares, im Agones y templos, 
pero redujeron á carbón y cenhES |ob sacrilegio horri- 
ble I las formas reservadas» A quien estaba realmente 
unido y en ellas existente el Hijo del eterno Padre» 



DOCIMSNTOS. 



Príncipe de lo Tísflile é invisible , Bey de re jet y Señor 
de señores, Jesocrísto nuestro redentor. 

Coosta h verdad deste lamentable suceso por dos 
seiileucia&jurfdicanieQte promulgadas en la curia eclo- 
stásüoL de aquel grande y celoso Prelado, obispo de 
Gerona. 

En la primera (cuya fecha es 12 de mayo de 4640) 
se agravan 9 reagravan , maldicen y anatematian los 
soldados M tercio de don Leonardo Molas , atento que 
jurfdicaniente consta haber saqueado la Iglesia parro* 
quial de Rio de Arenas , robando della ornamentos, va* 
sos de plata, cálices y otras cosas sagradas; hurtando 
los dineros que para celebrar misas y oficios divinos 
estaban dentro los cepillos ó cajas de la obra de San 
Isidro, de las almas del purgatorio, de la Virgen del Ro« 
sano, qae montan docientas y sesenta y nueve libras. 
L'ltimamente , pegaron fuego A la iglesia, reduciendo á 
polvo y ceniza todo lo que era combustible, señalada- 
mente el altar mayor bajo la invocación de san Martin, 
el altar de la Virgen del Rosario , el de san Isidro de 
Madrid, del arcángel san Miguel y de san Ponce. 

Uem, las pilas bautismales quedaron hedías peda- 
zos, y últimamente las sacrosantas hostias consagra- 
das , reservadas en una cajuela de plata, después del 
incendio se hallaron del todo consumidas y quemadas, 
como consta de la visura y de la relación que se hizo 
al Obispa por las dignidades, canónigos y superiores de 
los conventos. 

Con la segunda sentencia (cuya fecba es á 22 junio 
Í6i0) se agravan, reagravan, maldicen y anatemati- 
zan (con votos y parecer de la junta de teólogos) á los 
sobados de los tercios de iiian de Arce, y de don Leo- 
nardo Mofas, poniendo entredicho en todo el obispado, 
maldicioido y anatematizando á dichos cabos y sol- 
dados , sin que calidad alguna los exima , atento que el 
último dia de mayo, marchando los soldados hada Ro- 
sas , al pasar por el pueblo de Hontiró saquearon di- 
chos tercios la iglesia, y pegándole fuego, quemaron 
altares y el sacrarío, en el cual estaba reservado el 
Santísimo Sacramento del altar. 

Y hecha visura después del incendio, de las formas, 
por el Obispo, canónigos y padres, convinieron en que 
estaban- convertidas en carbón , de tal suerte, que no 
había allí especies de Sacramento. Ítem, quemaron bi- 
chos 8oldado%los vasos sagrados, pilas bautismales, 
etc. ítem, pasando por Castellón de Empurias, acochi- 
naron una. imagen de Cristo crucificado, rompiéndole 
pies y brazos. 

CirU de los d«patados de Catalofia al obispo de Gerona, 
ttidocifla de catalán en caatcllano. 

Muy ilustre y reverendísimo Señor: El señor Deputa- 
do militar nos ha relatado la merced y honra que de 
Toestra señoría ha recebido, de que quedamos eoo per- 
petua obligaciop de servir á vuestra s^oría en todas 
las ocasiones que quiera mandüruos muchas cosas de 
su servicio. 

Nuestros embajadores, por carta de 28 del mes pa- 
sado, nos refieren que hablando con el señor Coode- 
Duque en materia de los incendios de las iglesias de Rio 
de Arenas y Montiró , y del Santísimo Sacramento re- 
servado dentro dolías , dijo : «No consta que los solda- 
dos hayan quemado hi iglesia de Rio de Arenas, ni hay 



I 



xxn 

mi s<do lest^. Y replicando los émliajidores cómo 
podía ser asi, constando por informaciones recibidas 
por el obispo de Gerona, de las cuales resultaron dos 
sentencias de eicemunion, promulgadas contra Juan 
do Arce y don Leonardo Móbs, presentadas ya á su ma- 
jestad, respondió el señor Conde-Duque : a No hubiera 
constado, eomo consta ahora, si los hubieran dejado 
en libertad, y no ks hubieran tenido opresos ni al Obis- 
po ni á los testigos. Razones son estas que debe vues- 
tra señoría, como tan grande prelado,*celoso de la hon- 
ra de Dios y de la propria conciencia, dar satisfacción, 
volviendo por la reputación propria y por la del Prind-* 
pado. 

En su nombre agradecemos á vuestra señoría los 
procedimientos que con tanta justiOcaeion ha mandado 
hacer en orden á dichos incendios y sacrilegios ; suplí* 
cando á vuestra señoría sea servido continuar en todo 
loque haya lugar; porque, á más del grande servido 
que á nuestro Señor se hace juslitícaudo su causan 
nosotros , en nombn; propio y de toda esta provincia, 
lo tendremos á singular gracia y favor de vuestrasefio- 
ría, á quien nuestro Señor guarde, etc. 8 Agosto 1640. 
^Los deputados deCatuluña» 

Respaesta del obispo de Gerona. 

Muy ilustres señores : Por mano del sindico de esta 
ciudad be recebido una carta de vuestras señorías, y 
juntocon el favor y merced que en ella me hacen, recibo 
el mayor dolor que me podia sobrevenir en esti ocasión; 
pues cuando estaba esperando por borasel remedio des** 
tas pobres iglesias quemadas y saqueadas, psirecién- 
dome que por este camino x^omenzarian á convalecer 
los ánimos tan justamente escandalizados de susagra* 
vios, y á tomar las materias del Principado mejor es- 
tado, por la respuesta que me dice vuestra señoría ha 
dado el ezcelentlsimo señor Conde-Duque á los emba" 
jadores del Principado , juzgo está algo mas atrasado 
de lo que pide la necesidad de los tiempos. Y aunque 
conozco que en materia tan grave , en que el arrojarse 
ó errar puede ser tan notable perjuido de la una ó otra 
parte , es bien que el celo santo de su excelencia pro- 
ceda COA grande. tiento y particular círcuaspecdon y 
ezámen de la verdad; pero lastimóme mucho que á este 
ni le valga lo procesado ni la autoridad de quien ( aun- 
que indignamente) tiene titulo de prelado. 

aBn dos puntos, me dice vuestra señoría, fundan los 
que informaron á su ezcelencia : en no estar jurídica- 
mente snstandada la causa, y calificada la culpa bon- 
tra los soldados. 

sLa primera, que no Imy testigo que por sndeposidon 
pruebe nada contra ellos ; y k segunda, que la falta de 
übertad y sobra de opresión del Obispo le ha obliga- 
do á fulminar las censuras, y no la justificación de la 
causa. « 

- De la primera duda podrá muy fácilmente salir su 
ezcelencia mandando ver los procesos, pues están vi- 
vos; y si ellos no bastan , ver los que ha hecho el tri-»- 
bunal déla Santa Inquisición, de donde constará que 
ni mi tribunal ha andado nimio ni desviado de sus obli* 
gadones, ni se ha atropellado por respetos humanos la 
causa , atendiendo con suma pureza á solo descubrir 
y castigar los culpados, en que estaba atravesada la 
autoridad de la Iglesia, el servicio de Dios ^ y eirespet» 



DO€UME!nt)S» 



rxr 

al celo saiiifo, qoe fcnero en so majestad (Dios fe 
fotrde). 

Y coanda en delito tan pábtíco y escndafoso, el 
yanto de la quema de las iglesias, estañera redueído 
i pnieba ée sola presnodon, constando como consta 
pienamente, no sofo por testigos, sino porconfesion de 
stt mismo cabo, qne los soldades habían qnemado el 
kigar de Río de Arenas y robado so iglesia, ¿por quién 
lia de quedar h presunción de la quema de dicha igle* 
m?¿Por los soldados, qve la robaron para enríque* 
eerse , 6 por los paisanos , que se empobrecieron para 
enriquecerla y ornamentarla? ¿Qoién habrá que es^ 
tandio en dicha presnncion, pueda disculpar los sol-* 
dados? 

Lo segando es lo que me tiene mt9 lastimado , dé 
qne por ser yo tal , baya llegado á opinión de prelado 
de quien siempre en las materias mas arduas y du- 
dosas se lia esperado te mas desinteresada terdid , á 
tan bajo punto , que se pueda presumir que fa opresión 
é temor de perder la Tída 6 fe quietud me haya obli- 
gado é torcer la jQsticia en materia donde la pusilani- 
midad no puede tener salida ni la maficia satisfacción. 
I Quién , señores , pudo pensar de otro prel&do que no 
sea yo, que llegue á descomulgar á tantos, poner en 
todo un obispado entredicho por tantos meses, privar 
á h Iglesia de la solemnidad de sus oficios, á los fieles 
de su consuelo, á tan to nümíero de gente del ingreso de 
la iglesia y eclesiástica sepaltura, sin cansa bastante, 
sin jostida, sin pmeba y sin calíffcacíon de ella, movi- 
do ¿rfo de la opresión ó pusilanimidad, y de evitar el pe- 
ligre de BU vida óqnietttd? Sin duda que los que sa-^ 
ben caán cerrado deja el cáraiao esta injuBticia para la 
salisfacdon, pensándolo asf, ó me tendrán por total- 
mente ignorante de mis obligaciones, ó por pródigo de 
mi salvación. ¿Qué opresión 6 respeto de violencia me 
podo mover, si al puntoque supe en Barcelona la pri- 
mera quema de la iglesia de Rio de Arenas , me partí 
por la posta á visitar la iglesia , hacer el proceso y pro- 
ceder contra los culpados? ¿No envié monitorios á los 
soldados estando en Blanes? No oi ¿ so cabo y les di 
tiempo para descargarse? No publiqué las censuras 
estando todo el ejército alojado junto á las puertas de 
esta cindad, y dentro de ella la mayor parte de los ca- 
bos y personas de puesto? Pnea si el miedo de tantos 
soldados (siendo á so parecer ofendidos) no me entor- 
peciMas manos, no solo para no proceder , pero ni aun 
para dilatar ki promulgación de las censuras, ¿cómo 
puede nadie presumir que el respeto 6 miedo de los 
provinciales , siendo mis ovejas ( que aunque malo su 
pastor, delien conocer su voz en los trabajes), me había 
de obligar á hacer cosa tan fea , abusando de la autori- 
dad déla jurisdicion de la Iglesia, con tan grande men- 
gaa de su repuladon 7 de mi conciencia ? 

No acabaré, señores, jamás de llorar de que con esta 
nota, que tan injustamente se me pone (tras haber con 
las dos quemas ofendido á Cristo y ájsu Iglesia dos ve- 
ces ), vuelvan á padecer de nuevo en su <^inÍQln ; pues 
en la de poco católicos, no tienen Cristo y su Iglesia^ 
mas nombre del que le dan sus pastores , aventurando 
la vida y cuanto tienen y esperan , por la integridad de 
la fe, de la justicia y religión. 

Vuestra señoría pnede desengañar de esta verdad á 
su majestad ( Dios ie guarde) y al excelentísimo señor 



Conde-iDitqne, asegurínJoTcs qoe en mis procetlr- 
mientos solo puse la nñra en Bios r que , junto con ser 
el ofemfido , ha de ser el juez y et testigo qu^en revis- 
ta de tanta oposidon lia de aprobar 6 reprobar mis 
sentencias y mi intención. Y que sí (á trueque de que 
el desagravio de estas pobres %lesias no ande eu opi- 
nión , y esté suspenso el socorro qué esperan de su real 
clemencia) fuere necesario que yo me vaya á presen- 
tar y postrar á sus reales píes ( dándome Kcenda), lo 
haré, posponiendo fodo lo que me puede ser de utUida() 
y comodidad; y antes de levantarme de ellos, procunn 
ré dar entera satislhccien de gns procedimientos, sih 
puesto que no tenemos iicencm los prelados, en mate- 
ria en que peligra Ib reputadon del gobierno de b 
Iglesm , para ser remisos ó pródigos de nuestro crédito 
y opimoOr Goarde nuestro Señor ái vuestra señoría , y 
guie sus acciones en su servicio para bien de este prin- 
cipado.— Gerona y agosto á i2, i640. — Ifuy flastrcs 
señores.— Besa las manos de vuestras señorías su ma- 
yor servidor, Don Greg/orio, obispo de Gerona. 

feoncK na tos ráanafos siemmms. 

f . ^." Valor de la» armas catalancis en servicio ie 
sus condes y principes, 

7.* Liberalidad con que toscataianes sirven átus 
principes, 

8.* Homicidios , hurtos , estupros , tapt^ , Mcenr 
dios f locn^c^toa comeftáaa por lo» soldadot en el 
Prínerpado, desdeel año 1626 hasta elpresenie 1640. 
9.* tomada de Leoeata, 

iO. Jomada de Salsas, 

f i. Conmoción de los segadores, día del Corpus 
Chrisli. 

12. Rétense los tercios á Roscón, 

43. Siempre ha sido el Principado de mucha im- 
portancia á la corona dé sus principes, 

i 4. Catahma es siguridad y firmeza déla corona 
de sus principes, — Deseribese su fortaksa. 

15. Son los catalanes inteligentes. 

46. No informan d vuestra majestad pclmeníe de 
las calidades de Cataluña. 

47. Pruébase con los sucesos del seüor rey don Fer- 
nando el Católico, 

4 8. Confirmase con cf seitor rey don Alonso yels^ 
ñor rey don Martin. * 

4^. Concluyese esta verdad con h que hizo y dt^^ 
el señor rey don Pedro él Grande. 

20. Conquistaron los moros á Barcelona , y los ca- 
talanes la testatsraron algunas veces. 

21. Comenzó Ludovico, hijo d0 Cáelos Magno ^a 

gobernar sus ejércitos, ' 

22. ITWma restauración de Barcelona y su conda- 
do por los tatalanes. 

23. Entra el emperador Ludovico en Barcelona, 

24. Autos de la entrega, 

25. Principio y conservación de las consUluctones 

yprivüegios de Cataluña, 
26'. Establecimiento, pacto, juramento y obligac^J^ 

en observancia de las constituciones y privilegios ae 

Cataluña, 

27. Obligación dd juramento y bueña ley. 

28. Por las libertades que gozan los catalánesto- 
dos son hidalgos. 



DOCUMENTOS^ 



XXXI- 



29. Sohayteffmrazon^eoniradigaáeitaifTan- 
qttepu de CataMía, 

Eoeli. 30 se dice: 

iM eoñidlern de Barcelona, con efUwañas Uma$ 
de amor, advierten áeureyy eeñor. 

No se puede presumir del Príncipe que mande iojns- 
tícias , por ser concepto indecente ¿ la mojestad real. 
Y asf , todos infieren que proceden los daños de Cata- 
taña j los malos sucesos de la monarquía de aquellos 
á quien tuestra majestad fia los negocios graves mien- 
tras respira del peso de tantos reinos. Proponen á 
Tuestra majestad grandes fines, testidosde convenien- 
cia!;; ocultan á vuestro majestad los medios impios y 
escandalosos con que los pretenden, bajo el pretexto 
de dar alivio á vuestra majestad en lo penoso del go- 
bierno. Da vuestra majestad aprobación á solos los in- 
tentos por el titulo de convenientes; y ellos, con la 
aprobación del fin solo, dan apoyo á cualquiera opre- 
sión en los vasallos, que vuestra majestad no sabe ; y 
cuando la sepa, llega vestida tan artificiosamente de 
razones y títulos , traídos por los cabellos, que no deja 
de ser extrañada. 

Con esto ganan y confirman el crédito de celosos, 
puntuales y atentos al manejo de los negocios. Pero lo 
que pesa es , que el amor entre rey y vasallos declioa y 
se disminuye. Concibe vuestra majestad por bueno el 
fin propuesto , y el vasallo por inico el medio con que 
se alcanza. 

De aquí nacen las quejas recíprocas de que vuestra 
majestad no es bien servido y el vasallo es maltratado; 
pero todo es en balde, porque ni vuestra majestad 
asiste á las injiMticias de los medios, ni el vasallo se 
queja que le manden servir, por ser esta acción en él tan 
natural, como en vuestra majestad la de seguir el nivel 
de la equidad. Con este artificio de tener á vuestra ma- 
jestad qutijoso do sos vasaltos, y á estos lastimados y 
afligidos, acreditan su valimiento, y desacreditan enor- 
memente et amor recíproco de rey á vasallos, en que 
consiste la armonía de un reino ; porque siendo vuestra 
majestad padre y los vasallos hijos, el intentar la ruina 
uno de otro , ya no se ha de llamar injusticia , dice Ca- 
yetano, sino impiedad; porque destruye la unión mas 
estreclia que enlaza el padre con su hijo , entre los cua- 
les la piedad y conservación no es gratuita, sino obli- 
gación. 

Viendo los consellercs de Barcelona , fidelísimos va- 
sallos de vuestra majestad, quo tantd turbación arguye 
declinación en la monarquía , porque no titubea el edi- 
ficio alnoeuando está para caer; y lastimados, por otra 
parte, de que el temor y respeto de no enojar á vali- 
dos, cierra á todos los labios para dedr su sentir en 
servicio de su majestad , seba resuelto avisar ú vuestra 
majestad de los daños emergentes á la real corona, con 
laseatraoas llenas de fe y lealtad, que aconsejaron á 
otros reyes ; porque , como seria traidor á su rey y se- 
ñor el que no diese la nraerte alque ve entrar en pala. 
cío con la espada.desnoda para ofendelJe, asi lo es, y 
aun mayor, el que viendo á su rey y reino á pique de 
perderse sin que el Rey lo sepa , no le avisase de estos 
peligros. ;i' 

No extrañe vuestra majestad que los eonsélleres da 
Barcelona poliÜéaBÍente acooscjen ; porque vuestra 
mi\|estad y los señorea.reyeSi en negocios arduos per* 



tenedentes al buen gobierno, los han honrarlo y hecho 
merced de recibir su parecer y consejo. Y el señor rey 
don Pedro les concede que too solo le den cuando los 
señores reyes lo piden , sino siempre que á dios les pa- 
reciere conveniente. Por esta razón quisieron aconse- 
jar al lugarteniente de vuestra majestad , el conde de 
Santa Coloma , por las carnestolendas pasadas, sobre 
un punto político, desaconsejiándole los alojamientos 
en la forma que se hacían , porque previan estos suce- 
sos; pero DO solo no las quiso admitir, sino que dija 
que los conselIcres ni podían ni le habían de dar con- 
sejo. Y para mas lastimar á los catalanes , informando 
los abogados de la ciudad á un ministro sobre estos pri- 
vilegios , alegándolos con ejemplares , respondió con 
mofa y escarnio , que eso era en tiempo de las baües^ 
tas. Ha castigado Dios esta presunción , padeciendo y 
pereciendo A manos de sn consejo, por no admitir ni 
escuchar el de los eonsélleres. 

Vuestra majestad , Señor, reciba estos avisos y con- 
sejo con el celo que. les ofrecen ;{H)rque sin duda algu- 
na obrarán los efetos del sosiego y paz deseada en la 
monarquía, y servirán de consuelo é todos los vasallos, 
que tiene enmudecidos el temor del poder, el cual les 
fuerza á desmentir su corazón y sentir con lisonjas. Im«* 
porta que se diga á vuestra majestad , conviene que lo 
!^pa, lo advierta y lo pondere; que aunque haa de 
amargar estas verdades, por llegar á lo mas vivo del 
corazón, pero cuando está librado en el desengaño el 
remedio, menor mal es quedar nosotros con nombre ds 
molestM, que la monarquía en contingencia deper^ 
derse. El recelo de no incurrir en el enojo de los que 
con vuestra majestad pueden, ha causado el silencio 
de estas verdades ; pero ya el amor que á vuestra ma-^ 
jestad se debe, perentoriamente obliga, y seria vileza, y 
aun alevosía, del vasallo que por temor de otro vasallo 
faltase al amor de su rey y señor; porque los vasallos 
que viven han de morir ,' pero los reinos y monarquía 
de vuestra majestad han de permanecer para nuestro 
serenísimo príncipe Baltasar Garlos (que Dios guarde), 
el cual podría justificadamente quejarse de que hayan 
faltado vasafios de. valor para advertir á vuestra ma- 
jestad estos males. 

S . 31 . Los consejos obran sin mlpa. 

32. La novedad de arbittios ^ausa lae novedades 
de la'monarquia, 

33. Akda desestimada la sangre y los*servieioe. 
3 i. La nobleza catalana sin estmadon. 

El |.35 es este: 

Hacen odiosos los vasaUos á vuestra majestad.-^ 
Cargos y descargos del Principado. 

No remunerar servicios puede ser omisión en el bien 
intencionado; pero convertir el bien en mal, y trocar 
en piedras los beneficios, arguye malida y aborrecí-» 
miento inveterado. Con los catalanes no solo se ha pre- 
tendido ocasionar á vuestra majestad olvido de merce- 
des , pero despertar el real enojo^ontra esta provincia, 
alterando las relaciones de los sucesos, aí^ctando las 
ocasiones que pueden descomponerla con vuestra ma. 
jestad. Que cuando se hallaran en ellos Culpas» la ley de 
Dios dicta que los^ue asisten á los superiores se des- 
velen en la disculpa ; aquí el desvelo lie sido suUlizar los 
«egocios de suerte , que recayeían en culpas graves de 
estos vasallos inocentes. 



Han sucedido ea Catsluoa los desastres relérídos, 
motivados de las vejaciones propuestas, de que queda 
alborotada y sin sosiego; Im propuesto con sana in- 
tención las diligencias mas perentorias , pero sin pro* 
veclio. Ha suplicado (como medios mas eficaces de ¡a 
paz de la provincia) fuesen castigados los soldados in- 
cendiarios de templos y sagrarios , j removidos algu- 
nos ministros aborrecidos del pueblo por los ezcesos en 
el gobierno , proveyéndose las pinzas vacantes , para 
que apadrinada la justicia por el amor en los principios, 
cobrara lo que lia perdido por lo aborrecible de su si- 
niestro ejercicio. Que sean estos los medios mas efica- 
ces para conseguir lo que desea, se bace evidente con 
lo que sucedió en el Ingreso del duque de Cardona á lu- 
garteniente de vuestra majestad inmediatamente des«* 
pues del conde de Sania Goloroa; porque cuando esta- 
ban mas crecidas las llamas del sentimiento del pue- 
blo á vista de los sacrilegios y contrafacciones, apenas 
supieron que venia con f>leno poder de castigar á los 
cabos y soldados descpmulgadoSp y resarcir los daños 
liccbos á las constituciones y privilegios de Cataluña, 
cuando todos 9 no solo se sosegaron , pero querían se- 
guirle á Perpiñan para dar mayores bríos á Ja justicia, 
á no estorbarlo el Duque ^ diciendo no ser necesario por 
entonces. Pero llegó á Figueras , recibió nuevas órde- 
nes » con los cuales cesó el favor del castigo de los sol- 
dados. En la ocasión de esta variedad de órdenes enfer- 
mó el duque de Cardona , y muríó de este p*'sar en Per- 
piñan, quedando suspenso el Principado del futuro su- 
ceso en los negocios. 

Esperaba lugarteniente de vuestra majestad que con 
prudencia asentase las turbaciones (porque no hay 
quien las ame) , y tratase de-las venganzas del Santísi- 
mo Sacramento y refacción de graves danos. Nombróse 
al obispo de Barcelona, recebido de todos con aplauso 
por su madurez > integridad y prudencia ; pero luego se 
ecbóde verqueesta provisión antes ponía estorbosa los 
intentos que los efectuaba. Porque nombrar un obispo 
por lugarteniente, sin de breve irregularidad , ba sido 
atar Its manos á lo punitivo de la justicia en la ocasión 
mas urgente. Vea vuestra magestadquién tiene impedida 
la justicia ; los catalanes que la interpelan , ó los que la 
envían presa y sin poderes. ¿Cómo se pueden impedir 
las acciones de quien no tiene poder para ejercitarías? 
Y pudiendo la ciudad de Barcelona en ausencia del lu- 
garteniente ejercitar la justicia por juy de Prohoms, 
por este camino se ba extinguido todo su ejercicio, 
abriendo paso franco á cualquier turbación y delito. 
Hubieran sucedido muchos , á no unirse los ciudadanos 
(con licencia del lugarteniente de vuestra majestad y 
asistencia de un oficiaf real) para ocurrir á estos peli- 
gros ; con que la ciudad goza de un concierto monásti- 
co. Desto, que es declarada opresión, se hace cargo, 
como sí pudieran los catalanes conceder el breve al lu- 
garteniente de vuestra majestad. 

Verdad es que se funda este cargo en el retiro de al- 
gunos ministros, que, por aborrecidos del pueblo, no 
se atreven á salir sin manifiesto peligro de la vida. Di- 
cen que es culpa de los que gobiernan el Principado y 
la dudad de Barcelona. Señor, la especulación mas 
viva desde lejos no puede descubrir todas las dificulta- 
des que se despiertan con la plática, porque solo hace 
elección de los medios que le ocurren; poro no puede 



DOCUMENTOS. 



advertir' los inconvenientes que sobrevienen. No todo 
lo que sojuzga por conveniente desde lejos , sucede con 
acierto ; porque no implica discurrirse bien el negocio 
y desacertarse la ejecución. Las dificultades y los in- 
convenientes de salir algunos ministros ( que las comi- 
siones varías hicieron odiosos) , con la distancia pare- 
cen menores; pero los que están aqui al pié de la obra, 
como his experimentan , las recelan para mayor servia 
cío de vuestra majestad. Esto no es impedir la justi- 
cia , sino desear que su respeto se mejore , y que cobre 
en unos lo que ha perdido en algunos. Ño consiste la 
exaltación de la justicia en que este ó aquél la admi- 
nistre, sino en ser ejercitada en nombre de vuestra 
majestad por cualquier que sea , con tal que no le falte 
el respeto y veneración debida. Con la remoción de al- 
gunos ministros y provisión de plazas vacantes se con- 
sigue este fin pretendido para la justicia , y con persis- 
tir en que salgan , no solo se defrauda, pero se arriesga 
su vida y la quietud de todo el Principado; y en elec- 
ción de extremos tan opuestos, mas ha de pesar la paz 
general que la comodidad particular de algunos. 

Si la justicia pudiera responder por los catalanes, á 
voces diera descargos, representando los agravios que 
le lian hecho en sacarla de la gravedad de sus consis- 
torios, para rozaría entre soldados , carruajes y baga- 
jes, que la hicieron odiosa , y cómo fuera^ die su esfera 
desmedró su crédito en elemento extraño. El duque de 
Feria (igualmente sagaz y prudentisimo), instado por 
ministros superiores que intentase ciertas diligencias 
contra el Principado, respondió que la justicia en Ca- 
taluña, mientras trataba de oponerse á delitos particu- 
lares se hacia muy amable; pero en hacer oposición á 
sus leyes y privilegios se hacia detestable* Esto ba ex- 
citado el pueblo contra algunos ministros , esto los tie^ 
ne retirados; por esta razón se ba suplicado á vuestra 
majestad ronoviese los malquistos; pero no se ha po- 
dido jamás conseguir. 

En materia del castigó de soldados descomulgados, 
no solonobasidoel pareeerbien admitido, pero calum- 
niado; y no solo disculpando á los soldados de los sa- 
crilegios (delitos tan evidentes), sino que los alientan á 
proseguir eil las invasiones del-Principado. La falta del 
castigo de ios soldados, que suplieron en parte los ve- 
cinos de las iglesias quemadas, sirve de motivo para 
hacer cargo á los catalanes de que han ii\vad¡do las ban- 
deras reales. Si ellas , Señor, supieran hablar , no solo 
no se darian por ofendidas, sino por obligadas á los ca- 
talanes debaberias desagraviado; valiéronse de ellas los 
sacrilegos para üivadir dos veces el Santísimo Sacra- 
mento hasta la consunción de las formas reservadas; 
y como por católicas nunca se han desplegado en ofen- 
sa de los templos, sino en su defensa, se dieron por ser- 
vidas de verca%*igados los sacrilegos que las fonaron 
á ser testigos de incendios de templos y sagrarías. No 
fué invadirlas , sino librarías de la opresión y agravio 
que les hacian ; dé la suerte que ai estuviesen en un es- 
cuadrón de herejes, quien á estos persiguiese y mata- 
se, no invadiría la bandera real, antes la ganaría; por* 
que mientrasel soldado obra contra la institucicm de las 
banderas reales de vuestra majestad se hace indigno 
de todo favor y digno de cualquier castigo, porque con 
esta oposición se declara por su enemigo. BástaleS) Se* 
fuH% á las banderas de vuestra majestad el sentimiento 



DOaUENTOS, 



de haber asistido forzadas á Ules sacrilegios; no es me- 
nester añadirles nueva pena^ luciéndolas apadrinar á 
sus ofensores ; que inTadir á sacrilegos ó invadir ft ban- 
deras reales no es equivocación decente A los fines ca* 
tólícos de vuestra majestad. 

Últimamente, pueden tanto las persuasiones conti- 
nuas de los que aborrecen con odio interminable ¿ los 
catabnesy que no solo lian procurado desviar de la rec- 
titnd y equidad de vuestra majestad los medios pro- 
puestos de la paz y sosiego que debian ser admitidos, 
siquiera para experimentarlos; pero para llegar al cabo 
de la malicia proponen á vuestra majestad como obli- 
gación forzosa que se prosiga en la opresión del Princi- 
pado, acudiendo A él con ejército para entregarle li- 
bremente al antojo de soldados de saco y pillaje univer- 
sal, exponiéndole á que pueda decir (si no tuviera 
tendencia al amor y íidelidad que á vuestra majestad ha 
tenido, tiene y tendrá siempre) que en virtud de tanto 
rompimiento de contrato le dan por libre cosa que ni 
la provincia la imagina, antes mega á Dios no lo per- 
mita. Y como el Principado sabe por experiencia que 
estos soldados no tienen respeto ni piedad A casadas, 
virgenes, Inocentes, templos, ni al mesmo Dios, ni A 
las imAgenes de los santos , ni A lo sagrado de los vasos 
de las iglesias , ni al Santísimo Sacramento del altar, 
que se ha visto este año dos veces entre llamas, aplica- 
das por estos soldados, está puesto umversalmente en 
armas para defender (en caso tan apretado, urgente y 
sin esperanza de remedio) la hacienda, la vida, la hon- 
ra, la libertad, la patria, las leyes, y sobretodo, los 
tempU» santos, las imágenes sagradas y el Santísimo 
Sacramento del altar (sea por siempre alabado) } que en 
semejantes casos los sagrados teólogos sienten, no solo 
ser licita la defensa, pero también la ofensa para pre- 
venir el daño, siendo lícito el servicio de las armas des- 
de el seglar al religioso , pudiendo y aun debiendo con- 
tribuir con bienes seglares y eclesiásticos; y por ser 
esta causa universal, pueden unirse y confederarse los 
invadidos, y hacer juntas para ocurrir con prudencia A 
estos daños. Y claman los catalanes á Dios, A vuestra 
majestad y A todo el mundo de la injuria que se les ha- 
ce, alegando para pretexto de la invasión, que no quie- 
ren la justícia , y que para su reintegración debe vues- 
tra majestad depopularíos con ejército. Engañan, Se- 
ñor, A vuestra majestad ; qne Cataluña ama y quiere la 
justicia , y para este efecto ha enviado A vuestra majes- 
tad súplicas machas veces ; no pide sino la provisión de 
las plazas vacantes, la remoción de algunos particula- 
res ministros, que por aborrecidos y sentidos del pue- 
blo , han de turbar mas el ejercicio de la justicia. 

El |. 30 es : Consejos que los conselleres y consejo de 
Ciento de Barcdona, en virlud de ¡as cartas reales y 
privUegios, ofrecen con todo rendimiento á vuestra 
majestad. 

|. 37. Proclaman ú vuestra majestad los conselle^ 
res y eom-^o de Ciento, 

Señor, duélase vuestra majestad deste su principa- 
do; no permite vuestra majestad que por antojo de va- 
sallos se devasta patrimonio que ha sido tan glorioso 
para todos los ascendientes de vuestra majestad , y que 
ba de gozar gloriosamente el serenísimo príncipe Bal- 
tasar Carlos. Obliguen A vuestra majestad los mesmos 
motivos que obligaron al señor rey don Pedro , de ino- 



ixim 

cencía , servicios y pérdidas de la corona. Ponga vues- 
tra majestad los ojos en la fidelidad continuada de loe 
catalanes , confirmada con servicios tan grandes hechos 
en tiempo de paz y guerra, l^o permita vuestra majes» 
tad extinguir la gloría de una provincia que ba sido 
cuna y patria de tantos santos, condes, príncipes y 
reyes, restaurada por sus naturales, entregada libre- 
mente A sus señores , adornada con leyes y privilegios 
comprados A peso de sangre y oro. Al afligido no se han 
de añadir aflicciones; y es añadirlas, si después de tan- 
tos años de opresiones , trabajos y gastos en servicio de 
vuestra majestad , se permitiese esta invasión , que se 
amenaza y dispone con mayor crueldad, que si invadie^ 
ran á Cataluña herejes , turcos ó moros. 

Que vuestra majestad , Señor, tomara en la mano el 
azote, no recelara tanto Cataluña, porque es vuestra 
majestad nuestro padre y señor; pero disponiendo el 
castigo dos mlnlstit)s, crece con el miedo el enojo. 
Cuando el padre castiga al iiljo, aunque llora «se en- 
mienda; pero sí le azota el criado, le irrita y le eno- 
ja ; porque del padre no presume odio como del criado. 
Estos azotes. Señor, no saben á la mano piadosa de 
vuestra majestad, sino á otra mano; porque no hay 
padre que quiera á su hijo muerto, sino ajustado á su 
-gusto. 

El dueño de la heredad ao es quien la devasta , sino 
el vecino envidioso ó apasionado. A vuestra majestad, 
que es nuestro señor, príncipe y padre, acuden por re- 
medio y alivio. Delante vuestra majestad alegan su Ino- 
cencia, y cargan todos los males, denos, efusión de 
sangre , muerte de inocentes y sacrilegios sobre las 
conciencias de los que con dañado intento, y sin pre- 
meditación de lo que puede seguirae en detrimento de 
la monarquía, aconsejan á vuestra majestad como líci- 
ta una invasión tan injusta , y dicen ser obligación for- 
zosa á la majestad real, A quien es propría la clemen- 
cia, piedad y compasión para con vasallos afligidos, y 
no la severidad inexorable. No es justo. Señor, que sol- 
dados insolentes derramen la sangre catalana , hecha A 
salir corriendo de las venas para ganar A vuestra majes- 
tad coronas ; porque los numerosos rubíes que forman 
A vuestra majestad tan hermosa diadema, con sangre 
catalana derramada en las conquistas , quedaran tintas. 
Para que vivan los señores reyes se desangran los cata- 
lanes, no para morir infamemente como esclavos , que 
no perdieron jaraAs la honra por la vida ; la vida, sí, 
por la honra muchas veces. Y en servicio de sus reyes 
estA hecha la yerba de sus campañas A crecer con su 
sangre derramada, y no verse marchitada con lAgrimaa 
de cautividad. 



A esta severa y andaz manifestación replicó un de- 
fensor del Gobierno , sin duda por encargo de este, con 
otro escrito , en que , párrafo por párrafo , se van refu- 
tando los cargos y defensas que comprende la Proela^ 
moción. En la noticia que precede A este tomo, dejamos 
dicho que todos los bibliógrafos atrÜHiyen el citado es- 
crito al poeta Riqja ; y para que se tenga también idea 
de este curioso documento, extractaremos los pAmfos 
que se refieren A los de la Prodamactofi que hemos co- 
piado. Esta refutación Impresa en 4.^, pero sin lugar 
ni año, tiene por título Aristarco, ó censura de la Pro- 



DOGüMfiNTOS. 



IXXVf 

ciamaetoA e^ilóltca de la eaUüane$. El exordio eslá 
concebido oo estos términos : 

«A las calumnias y falsedades que generalmente se pu- 
blican, 6 por inclinación ó por gusto, es pnideoda no 
responder ; porque reducir á leyes de razón á q\ú^ está 
lejos de ella no es providencia para emprendida; pero 
disimular las injurias que con ninguna verdad se haoen 
á la reputación de alguno , es uiia culpable modestia 
con que se confiesa en silencio cuanto pretende el ene- 
migo. Y ¿quién podrá , cumpliendo con las obligacio- 
nes de vasallo y de cristiano , callar, cuando los conse^ 
tieres y consejo de Ciento de Barcelona pretenden per- 
suadir al mundo su fidelidad , su religión , su valentía, 
su largueza en servir, su respeto al Rey, su nobleza, 
Qus privilegios, y últimamente, las advertencias en que 
á su parecer está librada la salud pública? v 
' Por el contexto de los períodos siguientes se cono- 
cerá á qué párrafos de la Proclamación alude el ilm- 
larco, pues no loa cita con exactitud. Estas son sus pa- 
labras: 

tt Grandes exclamaciones hace el autor de este libro, 
ea el parágrafo 5.°, por la honra del Santísimo Sacra- 
mento «mancillada, diciendo que quemaron los solda- 
dos las especies. Y cierto, ningún encarecimiento fuera 
bastante á la ponderación de sacrilegio tan grande,, 
ningún castigo se ejecutara, que no pareciera menor 
que el delito; y ni lo que hizo XatUlon en Terlímon , ni 
lo que refiere Nícetas que hicieron los soldados de Bal- 
duino, siendo católicos, dentro del templo de Santa 
Sofía, en Constantinopla, puede igualar tan inaudita 
atrocidad. Pero la inquisición de Barcelona, haciendo 
exacta diligencia , averiguó que el delito que se impu- 
taba á los soldados no era cierto , y no halló que en Rio 
de Arenas ni eu Montiró se hubiesen quemado las espe- 
cies del Santísimo Sacramento ; y sí hubiera sucedido, 
el obispo de Gerona lo dijera en la carta que refiere suya 
la Proclamación^ que para disculparse de lo que ha 
obrado, nin/^una cosa pudiera referir, ni debiera, mas 
eficaz ; pues si hablando en otras no habla en ellas , lue- 
go no es cierto el dehto que se imputa á los soldados. 
Pero ¿cómo se lia de paliar haher muerto un virey á 
pu&aladas, y mas no habiendo sido cómplice en los in- 
cendios que publican ? Arte es conocida de que se vale 
el que ha cometido un gran delito, acusar de otro mayor 
á quien ha ofendido , para que ó se avergúeuce ó se rin- 
da. En Castilla, en Vizcaya, ha habido gran número 
de soldados castellanos y de otras naciones , y jamás se 
ka oido una queja, ni en Cataluña en tantos anos, has- 
ta la resolución de los alejamientos. Entonces por el 
dolor de los privilegios no hubo atrocidad que los sol- 
dados no hiciesen , ni medios que no intentasen los ca- 
talanes para su defensa. Solicitaron predicadores que 
en bus sermones moviesen la gente á la defensa de sus 
constituciones; fingieron lágrimas en las imágenes; y. 
todo para levantar el pueblo. Y quien hace esto con 
ellas, y con la pureza y venlad de la predicación, y lo 
ha hecho otros tiempos , ¿cómo se puede creer que ha- 
ble de los soldados de otra manera que leirantándoles 
atrocidades y testimonios? Y si en las inmensas inju- 
rias que recibieron de los catalanes obraron ellos con 
indignación , no es culpa suya ; porque las injurias mas 
las comete quien las ocasiona que quien las liace. » 



«En el parágrafo 3i se dice que los eonsetleres de 
Barcelona advierten á su rey y señor con entrañas lle- 
nas de amor; y las advertencias son que á su majestad 
se proponen grandes fines vestidos de conveniencias, y 
se le ocultan los medios impíos y escandalosos con que 
los pretenden , debajo del pretexto de dar alivio á su 
majestad. El autor y los conselleres hablan en esto con 
el celo y puntualidad que suelen en todo. El Rey poco 
engaño poede recibir en lo que ha experimentado y ex- 
períoMnta, y en las injurias que ha sufrido su decoro, 
que las han examinado sus ojos y sentimiento. ¿Qué 
lugar podrán hacerse consejos de vasallos, cuyos in- 
tentos se conocen, cuyos fines se ven? Las palabras 
que no son de las acciones , no pueden tener logar ni 
en la estimación ni en el crédito de los hombres ; qae 
la herida de las obras , como es grande, arrebata los 
sentidos , y les quita que atiendan al vano halago de las 
razones. Toman las armas contra su rey los catalanes, 
bácense jueces en su queja; cosa prevenida y condena- 
da en la razón y el derecho de las gentes, y dan con- 
sejos contra las leyes de prudencia ; que aconsejar al 
amigo cuando no es solicitado para el consejó, es error, 
pues ¿qué será que aconseje un alevoso á su príncipe? 
Qué colores retóricos ó qué fuerza de arte bastará á 
vestir de verdad su intención? Los de Barcelona holga- 
ran infinito que los relevaran de las obligaciones de va- 
sallos, que les consintieran cuanto pudiera dictar su 
antc^ ó su libertad ; y esto , aunque el resto de la mo- 
narquía cayese ; que así los ministros serian buenos, 
los validos convenientes; los sucesos, por adversos quo 
fuesen , serian del caso, y no de la disposición. 9 

«En el parágrafo 36 se trata de los cargos y descargos 
del Principado. En el 37 aconsejan los conselleres que 
mude de aires el Gobierno. Y en el 38 proclaman á S. M. 
conselleres y consejo de Ciento que no permita que por 
antojo de vasallos se destruya su patrimonio. Los car- 
gos y descargos que se hace un principado que ha co- 
metido crimen de lesa majestad contra su rey , y que 
forzosamente ha de desear vestir su culpa de manera 
que parezca menor ó inexcusable, no parece que pue- 
den traer consigo recomendación de ciertos. Hubo sol- 
dados en Cataluña muchos años y sin queja de los ca- 
tátanos; fueron invadidos de Francia, y defendidos por 
las armas de su Rey; era forzoso para recobrar lo que 
tenia el francés del Principada mantener ejército, y para 
entrar en Francia ; modo de que se podía esperar con 
seguridad que no acudiría con tanta gente á Flándes 
ni al Piaroonte ; la necesidad del Rey era grande , como 
se puede presumir de quien á un tiempo acudía á Flán- 
des , á Italia , á Francia , á Alemania , á ambas Indias y 
á las fronteras de África , esto por tierra ; por mar á las 
armadas de Francia , de Holanda y de turcos, convoca- 
das de franceses. En tan urgente necesidad no era ex- 
ceso que el Rey pidiese á los catalanes que creciesen el 
alojamiento á los soldados que los habiau de defender, 
saliendo de los términos de su constitución , y esto por 
entonces; porque el Rey nunca ha pretendido revocar 
ningún privilegio suyo. Los catalanes, que, poco aten- 
tos á la razón y á la diferencia que hay entre la necesi- 
dad y el común orden de las cosas, anteponen sus le- 
yes á las de la naturaleza cuando es en servicio de su 
rey , comuniaron á tumulluar, niularon muchos sóida- 



DOCUMENTOS. 



dos 5 cabM es los alojaffiáentos, mataroo al Virey , á 
UDiniíiistro saj% ea la clausura de las monjas, á otro 
quemaron, los demás se escoadieroa ; y la culpa que 
teníaA era haber ido coa ¿rdea de su rey á ejecutar ios 
aiojamieatos» De aquí aació coatra ellos el inextiogui- 
ble odio coa que se haliaa. Pregoaaroa que alaguno 
Uifiese escondido castellaao , debajo de graves peaas; 
los que labia, huyeado de la muerte^ buscaban segu- 
ridad ea las sepulcros, cuando los catataoes pasaban 
coa mas seguridad ea Castilla y ea suma estiinaciou de 
lodos. \conaeú¿roase las baaderas de su majestad, roa- 
taroa su caballería é iaíaaCerla. Estas y otras muelias 
cosas hkáeroa , como se ha dicho; y publican su fideli- 
dad como cosa que desean suplir; que la falla en las 
obras siempre se solicita suplir coa las palabras. En 
cnanto A daño universal , i con qué satisíaráa los cata- 
lanes el que baa causado obrando la pérdida de Arras y 
sucesos de Piamonte, coa estorbar la entrada de los 
españoles en Francia? Si esta es fidelidad , júzguenlo 
los iadiíerentes j que saben lo universal y particular de 
las gentes y de l«s cosas. Hiciéroiries alguna ofensa sol- 
dados particulares, por defenderse, que se puede lia- 
cer sia colpa por el derecho de la naturaleza. Mataron 
4 algunos : comenzaron á publicar los catalanes que 
lloraban y sudabaa las imigeaes, coaio sentidas y íali- 
gadasdesaiajurja, yquese paró el sol antes de po- 
nerse, eldiaquese celebrd lafiesta delSantisimoSacra- 
mealo, tnmsíerída per el tumulto de los segadores del 
dia del Carpos, y que se quemaron sus especies; todo 
finado para el color de sus atrocidades y delitos , y que 
ao pudo probar Ui iaqoisicioa, aua sisado catalanes los 
testigos, ai lo dice el Obispo en la carta que escribeá 
los coBselleres , siendo para satisfacer en Madrid, y 
siendo Ja cosaeoa qde mas se pudiera disaúnuir la des- 
f^fflupian^ lie sus procedimientos. Dicea que acome- 
lieroa las banderas reales por vengar al Saatísimo Sa- 
cramento y á las imágenes, y que toman las aroias pa- 
ra sq defensa. Hacerse una peraoaa juezea su causa ao 
puede por derecho , y meaos hacerse inquisidor; luego 
no tm9 precedida conforme d razen luimana ni diviua. 
Y haber muerto al Virey y ¿ los ministros ix> puede ha- 
ber sido porque quemaron al Santísimo Sacramento, 
que ai le naadaron ni lo permilieroa ni supieron ; lue- 
go fué porque obedecieroa al Rey ^n to ejecución do 
sus órdenes. Pues vasallos que le matan al lley los mi- 
abtros , sin maa culpa que la de su puntualiiUd, ¿cómo 
se llamaa fieles, cómo cristianos? Cómo pilleo piedad 
sin confesar culpas ? £n cuantas palabras se vierten en 
b Proclamación solo se oye que ne vana ejército á Bar- 
celona , que no se destruyan tales vasallos ; pero no se 
pide perdón, ni aua se Gago que algunos pocos se des* 
mandaron eootra la voluntad de todos; no quieren que 
el Rey pueda nada, siendo contra ehlerecho de las gen* 
tes. Y es lo que hacen dan á enteader que soa auis po* 
derosos que él, pues quíerea que quite sus ministros 
porque le obedecieron; que se pongan los que ellos 
quieren ; que saque los soldados cuando tiene guerra 
Gon Francia, y que no te castigue ninguno de los cata* 
lañes. A ios vañüot toca responder al Rey cuando les 
pregunta, no aconsejarle no consultados, porque ao es 
de las leyes del respeto. Poca es la fidelidad de quien 
toma las armas contra su rey , y poco átil el Principado 
que aun no sostenta los ministros que dispensan la jas- 



XXIV. 

ticia. ¿ Ea qué pactos se podrá veair segummeiile coa 
vasallos que lautas veces han intentado matar á sus re* 
yesá traición , y hoy amenazan A voces al que tienen? 
Y estos aconsejan que no |uiya juntas, cunado tienen 
ellos tantas para todo lo que les ocurre en el estado pre* 
senté. Las juntas son convenientes para la presta ejecu*- 
cioa de las cosas; que en el embarau) ordinario de los 
consejos por ventura no se pudieran expedir coo la 
presteza que pide la urgencia de los negocios; y en tau- 
tos como han sucedido y suceden, estorbándose unos 
á otros , ha sido convenientísimo para el breve cobro 
de ellas el camino de las juntas. Demás que hay nego- 
cios mixtosque no se pueden tratar en otra parte , y re- 
mitirlos ó un consejo ó á dos fuera de embarazo y tu- 
viera imposibilidad. Las acciones no se han de culpar 
porel antojo, ai soa del examen de los enemigos; por- 
que ninguna hay tan clara ai tan manifiesta que á la 
sombra de la calumnia que le arrima el enemigo no pa- 
rezca otra cosa; asi transformad afecto los vicios en 
virtudes , y las virtudes ea vicios. Y también aconsejan 
que mude ministros; dicea que el Protoaotario es su 
enemigo , y esto mas es recato de la conciencia y noli- 
da deta gravedad de sus culpas que razoa ; porque aun- 
que están tan beneficiados de él y le deben tanto , juz- 
gan que por su fidelidad, por su limpieza, por el ardi- 
miento coa que sirve al Rey, ao puede dejar de ponerse 
de parte de su servicio ; y asi, como conocen lo quo lia 
hedió y ven su correspondenda , temea lo que debe 
hacer; y como suelea los que han faltado en la fe á Dios 
llamar á todos berejes cuando lo son dios sohimente, 
asi loscatalaaes puÚicaa fidelidades suyas, cuando ni 
en otrss edades ni en esta , ni han parecido fieles ni lo 
son; y quieren ser croidos del Rey, y que el Conde-Du- 
que no lo sea, ni admitido al gobierno ; pues no pueden 
estar sin noticias de su blandura y de su incUnacion, 
que antes lo arrebata á perdonar injurias que á veogar* 
las; pero aunque saben esto, no ignoran que tiene en 
él mejor lugar d servicio del Rey que otro ningún res- 
peto, y que solos son sus enemigos los que no le sirven; 
pero como ven su causa en estado poco capaz de rue- 
go , porque su obstina^i on nunca ha confesado culpa ni 
solicitado perdón, y ven que no le merece su arn>|V 
miento, esparcen el humo de las injurias á los ojos del 
Rey, por turbar cuanto es de su parte la claridad con que 
mira la voluntad, respeto y.obediencia del Conde-Duque 
y d paso eon que camina á su mayor servido. Dice e| 
eoacHio Cartaginense, en el canon 9G, que en el juido 
se lia de inquirir de qué conversación y fe es el que acu- 
sa y el acusado , y si se hace comparación del Conde ) 
Cataluña ; en cuanto á la antigüedad , mas antigua es la 
sangre del Conde en Castilla que el principado de Ca- 
tduña ; si de ios servicios y lealtad , llenas están las his- 
torias de Castilla y León de los servicios y fe de sus ma- 
yores á los reyes, y bien lo testifican los casamientos 
con sus hijas. De hi persona del Conde-Duque quiero 
ezcuiar lo que pudiera decir ; porque la alabanza á per- 
sona pública y por escrito no es para intentada , ausque 
lea verdad; porque no está Ubre de los peligros de la 
lisonja : hable Anastasio Germonio Saboyardo en d 
modo de su ministerio, en sus costumbres , en su tem- 
planza , en el puesto , en su celo , en su trabajo , en su 
desinterés y limpieza , cuando por contrario á sus obras 
lo aborrecen los culalanes. Las palabras son estas en el 



Hbro De legaUi, hablando del conde don Enrique, su pa* 
dre : Cujus filw$ wncus Gaspar ( eut parentem easus 
abstíderat) á liberalissimo Phüippo nuncregnante om- 
nihui approbantUHis Htulurtí ( scilicet Grandaíus ) 06- 
tinuU, affud quem magna quoque pollet auetoritate el 
gratía fadeoutin ómnibus Htspanicae dominationie 
provincijs, unu$ feré omma possit , eo $ané tanto éig^ 
fiior honore , quo in ampliseimae poteetatis usu eonH'^ 
neniior, tU qui maturo judieio omnia perpendene, ad 
ea, quae Dei gloriam, regisque mi dignitatem ¿um 
populorum beneficio eonjunctam tantum reepidunt : 
aUenHs$imus,mira eum humaMate ae dexteritate, 
quoad ejus fieri potest , ómnibus satis facit , non solum 
eujuscumque conditionis hominibus , et aulae et ma^ 
gistraObus ab ejus nata pendentibuSj quos etiam exem* 
pío suo quomodo in suis se gerere munijs debeant , la* 
cite admonet verúm et ipsis magnorum principum tC" 
gatis. Vir certé ómnibus obvius, numquam eessatgr, 
numquam fessus , semper vigilans , nee noeles ipsas á 
laboribus eorimens, nec in mensa, nee in léelo, nee in 
via á publicis abstinens negotiis; ingenii item acumi* 
nead omnia promplus, ubique opporlunus,simulque 
adpublicum bonum ita propensus, ac nemini gratis, 
ul quamvis urgentissimis prematur curis , á lueri cupi" 
dis fraudan timens, nulHus opera utaiur : á muñe» 
ribus insuper^ etsi non suspeetis, supra quam dici 
potest, alienus atque (^horens, gravissimaeadminiS'' 
trationis molem tanta faciiitate suslinet, ul nisitupra 
vires oneratum summa Dei benignitas, assiduisque 
apud Dewn precibus gloriosus Guzmanae famüiae 
decus ae lumen dominicus, praestanHssimo fuleiafU 
praesidü} , pro mirtículo sil hominem wnum hominum 
multorum munia tanta virlute , tantoque omnium ap-» 
plausu explere posee. Dcsta irninera y con este encare- 
cimiento habla un extraño, mirando las acciones del 
Conde-Duque como indiferente ; que para sentir deltas 
bien, no es menester otra disposición que la indiferen- 
cia , y los mismos catalanes testifican lo mucho que le 
deben, en la carta qne le escribieron en 27 de junio de 
este año de 40 , que dice así : 

nExeelenlisimi Señor : Lo pare fra Bernardino de 
Malleuy Pau Boquet,noslre embajador, ab diverses 
caries nos au significat la mercé i honra que vostra 
excelencia los ha fet en totes les ocasions que han agut 
de tractat negocie desta ciutat axi ab sa majestad^ 
que Deu guarde, eom ab voslra excdeneia, de qui sem" 
pre han tinguda grata audiencia ; y axi , speram nos 
fará merced continuar en lo demés que sensofferírá. 
Per estos favors doncm á voslra exceleneia infinidee 
gradcu, essent las mayors que podem significar, pus 
eslam certs que ab tal amparo com es lo de voslra e»- 
eeleneia, totes les materies que per nosíra part tractan 
dUfra Bernardina i dit embajador, an de teñir lo suc^ 
ees mes eonvenient al servi de Deu , de sa majestad , y 
benefiei desta ciutat , la cual resta com sempre del ser» 
vi de voHra excelencia^ á qui nostre Señor guarde. 
--^Barcelona i juni 27, ie^O.-^Exceleníisimi Señor. 
^^De vostra exceleneia molt affectats servidors , qui 
ees mans besen , Los Consellera de Barcelona. 

»Esto qne escriben del Conde los conselleres, confie- 



DOCUMENTOS. 



san también los diputados, diciendo en carta de 31 de 
jubo de 4640 que lo reconocen por su ampárenlas pa- 
labras de la carta son estas : 

nEsperam que ab lo favor de vostra excelencia ho 
alcansará esta provincia ab la promptilut que la ne- 
cesitat demana en mayor servey de sa majestad , i ho 
estimará á vostra excdenda regonexenth en totas las 
ocasions per son amparo. 

wEstosentiandel Conde-Duque consellcresy diputa- 
dos; pero como mudaron de fe , mudaron de palabras. 
Con que los catalanes, cuya sangre noes ontigua, cayo 
principado, cuyo nombre, que las alevosias á sus re- 
yes han sido tantas, que sus acciones para con Dios hon 
sido tales, que ni han respetado sus arzobispos ni sos 
religiosos con yestidurassacerdotales ; que Imn violado 
con muertes las iglesias, arcabuceado el Sautisimo Sa- 
cramento; qne lian fingido milagros de lágrimas, de 
sudores de imágenes y esparcido que el día á que so 
transfirióla fiesta del Corpus se detuvo el sol muclias 
horas en ponerse, y todos pora autorizar sus delitos f 
atrocidades, teniendo estas costnmbres y obrando de 
esta manera desacreditan sus palabras y deshacen sus 
calumnias y acusaciones; y todo argumento es ocioso 
cuando las obras , como se ha dicho , siempre mas efi- 
caces á persuadir que los escritos, publican lo contrarío. 
Y aunque bastara para conocer la diferencia que hay 
entre el Conde-Duque y los catalanes haber referido sus 
acciones y nobleza; pero porque se vea cómo los dife- 
rencian los extranjeros de la demás gente de Espaite, 
pondré las palabras de Jacobo Bonaudo en el panegírico 
á Francia y á su rey , que hablando con encarecimiento 
de la fertilidad de España y de sus letras, dice lEst la- 
men ibi hominum genos elaliseimum^ ei{quodp^ 
esl)áfidequandoque devium quam máxime; qui áCa- 
thalonia eathalani denominantur , quos vulgus mar' 
ranos ( nescio quore) appellat, nisi ob id ipsi dicunl, 
quod magisjudae's errent, auí majares in errare quam 
judei infideles existani. fsti errorem aperléproffiten" 
tur; illi judaei appelliri nolunt; nd quamvis opera 
christiana minimé faciant, ehrisHanos esse, et men^ 
dacüer et palam profitentur : quod esl magis errars 
quamjudaeum aperle se gerere, quia plus esijpeccare 
per hypocrisim, quam manifesté aberrare. Parece que 
habla este autor en el caso presente, pues ningunos 
hombres blasonan tanto de religiosos y piosi y ningunos 
han obrado tan inhuinanas acciones ni cometido tan 
atroces sacrilegios. Hun negado la obediencia á su rey 
y señor natural Felipe IV el Grande , y se han entrega- 
do á Luis XIII , rey de Francia , y él los ha recibido por 
sus Ya«allo8. A los heridos del ejército dei Hoy mataron 
en los hospibiles con horrendas muertes. A la imagen 
de Monserrat robaron la plata yjoyas y quitaron la co- 
rona de I» cabeza ; á sus monjes desterraron y á sos er- 
milanos ; publicaron jubileos y concedieron gracias sin 
ser pontífices. Estas son las acciones de los caUlanei 
cuando estampen papeles ensalzando su obediencia, so 
piedad , su religión. Pero Dioo , que ae ofende tanto de 
que le honre con los labios quien siempre le ofende con 
las obnSf les fobrieará su castigo en sus acciones.» 



«o 



«o 



EXPEDICIÓN 



DGLOt- 



GATALAIS T ARAGONESES CONTRA TURCOS T GRffiGOS 



í 



POn DON FRANCISCO Dfi UONCADA, CONDE DE OSONA. 



A DON JUAN DE MONCADA, 

«xzobifpo de Tarragona i primado de la E^aoa Gitarior, nú Mnor y oülio. 

PoB obedecer á usia ilustrfsima he puesto en orden esta breve historia, qiie la soledad de una 
aldea me la poso entre las manos, con el deseo natural de conservar memorias cnsi muertas dé la 
patria que merecen eterna duración. Recogí lo que pude de papeles antiguos de Cataluña, y ayu- 
dado de sus escritores y de los griegos , he procurado sacar esta Expedición que los nuestros lu- 
cieron á Levante, libre de dos terribles contrarios , descuido de los naturales y proprios hijos, y 
malicia de los extranjeros, enemigos de nuestro nombre y ffloria , que parece que andaban á povíia 
cual dellos sería el autor de su muerte. Hálleme desocupaao ; y asi, reconocí por obligación el salir 
á su def^sa : si esta ha sido bastante, no lo puedo asegurar, poraue las armas, que son las aolÍ£[uas 
memorias y autores, con que me opuse, andan tan confusos y faltos, que apenas me dieron el so* 
corro necesario. Pero ya que no entera ni como ella fué se describa á la posteridad, quedará por lo 
menos renovada con mas larga relación de la que los antiguos catalanes nos dejaron ; cuyo des- 
cuido nació de fuirecelles que los hechos tan esclarecidos la fama los conservara con mayor esti- 
mación aue la historia , y que el tiempo no los pudiera cscurccer. Guárdeme Dios á usia üustrisi- 
ma muy largos años. 



Barcelona» 3 de noviembre de 1620» 



El conde Dfi OSOKA. 



*flM 



li-1. 



mmáeam 



EXPEDICIÓN 



OUhOM 



CilTAIMS 1 AMGfflSES tSSmk TURCOS Y GRIEGOS. 



LIBRO PRIMERO. 



PRÓElftÓ. 

' Mi intento es escribir la memorable expedición y 
jomada que los calalanes y aragoneses hicieron á las 
proTÍocias de levanto cuando su fortuna y valor an- 
dallan compitiendo en el aumento de su poder y esti- 
mación, llamados por Andróníco Paleólogo , empera- 
dor de griegos, en socorro y defensa de su imperio y 
casa : favorecidos y estimados en tanto que las armas 
de los turcos le tuvieron casi oprimido, y temió sn per* 
dicion y ruina ; pero después que por el esfuerzo délos 
nuestros quedó libre dellas, mal tratados y perseguidos 
con gran crueldad y fiereza bárbara, de que nació la 
obligación natural de mirar por su defensa y conser- 
vación, y la causa de volver sus fuerzas invencibles 
contra los mismos griegos y su principe Andrónico ; 
las cuales fueron tan formidables, que causaron temor 
y asombro á los mayores príncipes de Asia y Europa, 
perdición y total ruina ¿ muchas naciones y provincias, 
y admiración á todo, el mundo. Obra será esta , aunque 
pequeña por el desci^ido de los antiguos , largos en ha- 
zañas, cortos en escribirlas, llena de varios y extra- 
ños casos, de guerras continuas en regiones remotas y 
apartadas, con varios pueblos y gentes belicosas, de 
sangrientas batallas y Vitorias no esperadas, de peli- 
grosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan po- 
cos y divididos catalanes y aragoneses, que al princijjio 
fueron burlado aquellas naciones, y después instru- 
meuto de los grandes castigos que Dios hizo en ellas. 
Vencidos los turcos en el primer aumento de su gran- 
deza otomana, desposeídos de grandes y ricas provin- 
cias de la Asia menor, y á viva fuerza y rigor de nues- 
tras espadas encerrados en lo mas áspero y desierto de 
los montes de Armenia; después, vueltas las armas 
contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librar- 
se de una afrentosa muerte , y vengar agravios que no 
se pudieran disimular sin gran mengua de su estima- 
ción y afrenta de su nombre , ganados por fuerza mu- 
chos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos podero- 
sos ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y 
principes, grandes provincias destruidas y desierta^ 
muerto}, cautivos ¿ desterrados sus moradores, ven- 



ganzas merecidas mas que lícitos; Traclfi , Macedonia, 
Tesalia y Beocia penetradas y pisadas , á pesar de to- 
dos los príncipes y fuerzas del oriente ; y últimamente, 
muerto á sus manos el duque de Atenas con toda la 
nobleza de sus vasallos y de los socorros de franceses 
y griegos, ocupado su estado, y en él fundado un 
nuevo señorío. En todos estos sucesos no faltaron 
traiciones, crueldades , rohos, violencias y sediciones; 
pestilencia común, no solo de un ejército colecticio y 
débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de 
grandes y poderosas monarquías. Si comtfvencieron 
los catalanes á sus enemigos, vencieran su ambición y 
codicia, no excediendo los límites de lo justo, y se 
conservaran unidos, dilalarau sus armas liasta los úl- 
timos fines del oriente , y viera Palestina y Jerusalen 
segunda vez las banderas chuzadas. Porque su valor y 
disciplina militar, su constancia en las adversidades, 
sufrimiento en los trabiyos , seguridad en lo^ peligros, 
presteza en lase/ecueioDeS , y otras virtudes militares, 
las tuvieron en sumo grado , en tanto que la ira no las 
pervirtió; pero el mismo poder que Dios les entregó 
para castigar y oprimir tantas naciones, quisa qno 
fuese el instrumento de su proprio castigo. Con la so- 
berbia de los buenos sucesos, desvanecidos con su 
prosperidad, llegaron á dividirse en la competencia del 
gobierno ; divididos, á matarse ; con que se encendió 
una guerra civil tan terrrible y cruel , que causó sin 
comparación mayores daños y muertes que las que 
tuvieron con los extraños. 

CAPITULO PRIMERO. 

Estado de los reinos j reyes de la casa de Arafon 
por este tiempo. 

Antes de dar principio á nuestra historia, importa 
para su entera noticia decir el estado en que se baila- 
ban las provincias yreyesde Aragón, sus ejércitos y 
•armadas, sus amigos y enemigos : principios necesa- 
rios para conocer dónde se fúndala principal causa desta 
expedición. El rey don Pedro de Aragón, á quien la 
grandeza de sus hechos dio renombre de Grande, bijo 
de don Jaime el Conquistador, fué casado con GostaoM, 
bija de Monfredo, rey de Sicilia, á quien Garios de 



EXPEDlCfON DE CATAUNES V ARAGONESES. 



AcyoQ, con ayudo 4tí PontUjce romano, enemigo de la 
saogre de Federico emperador, quitó el reino y la vida. 
Qu^ Carlos con su muerte príncipe y rey de lus Dos 
Sícüias, y mas después que el infeliz Coradino, último 
principe de la casa de Suevla, roto y do^bcclio, vino 
pr^o ú sus manos, y por su orden y sentencia se le 
cortó la cabeza en público cadaiíaiso , par;; eterna mo^ 
moría de una vil venganzaj y ejemplo grande de la va- 
riedad humana. Don Pedro, rey de Aragón, no se hallaba 
entonces con fuerzas para poder tomar satisfacion de 
la muerte de Manfredo y Coradino, ni después de ser 
rey le dieron lugar las guerras civües ; porque los mo* 
ros de Valeucia andaban levantados, y los barones y 
rícoshombrcs de Cataluña estaban desavenidos y mal 
contentos; y también porque mostrándose enemigo 
declarado de Carlos, provocaba contra si las armas 
de Francia, y las de la Iglesia, fornüables por lo que 
tienen de divinas ; los reinos de Sicilia y Ñapóles lejos 
de los suyos, sus armas ocupadas en defenderse de los 
enemigos mas vecinos. Todas estas dificultades dete<- 
man el ofendido ánimo de! Rey, pero no de manera que 
iMurraien la memoria del agravio. En unas viatas que 
invo con el rey de Francia Fitípe, so cufiado, entrevino 
Carlos, hijo del rey de Ñápeles, y deseando el rey de 
Francia que fuesen amigos y se hablasen, siempre don 
Pedro se excusó, y mostró en el semblante el pesar y 
disgusto que leoía en el corazón, deque todos queda- 
ron mal satisfechos y desabridos ; y sin duda entonces 
•Carlos se previniera y armara» si ereyera que las fuer- 
zas del rey de Aragón fueran iguales á su ánimo y 
pensamiento. Peit> el cielo se las dio bastantes para 
tomar entera y JQsla satisíacion de la sangre inocente 
de Coradino por medios tan ocultos, que no sesupiarou 
hasta que la misma ejecución los publicó. 

Los míseros sicilianos, incitados de la insolancta 
-francesa, desenfrenada en su afrenta y deshonor, to- 
maron los armas, y con aquel famoso hecho que co- 
muamenteliaraanVispenis Sicilianas sacudieron de la 
eerriz pública el insufrible yugo de los franceses y de 
Carlos, que injustamente .les oprímia, dejándoles al 
arbitrio y sujeción de ministros injustos : causa que 
ks mas veces produce mudanzas en los estados y ca- 
sos miserables en sos príncipes. Acudió luego Carlos 
con poderoso ejército á castigar el atrevimiento y re- 
beldía de lo^súbditos. Ellos, viendo cerrada la puerta á 
toda piedad y clemencia , pusieron la esperanza de su 
remedio y amparo en don Pedro, rey de Aragón , que 
en esta sazón se hallaba en Ahica, como verdadero 
príncipe cristiano, con cjjércilo vitorioso y triunfante 
de muchos jeques y reyes de Berbería, asistido de la 
mayor parte de la nobleza y soldados de sus reinos. 
Llegaron ante su presencia los embajadores de Sicilia, 
Henos de lágrimas, de loto y sentimiento ; bastantes 
con esta triste demostración á mover ao solo el áohno 
de un rey ofendido por particubr agravio, pero el de 
eaalqaier otro que como hombre sintiera. Acordáronle 
-la nuerCe desdichada de Manfredo y la afrentosa de 
-Coradino; íadíitáronle la venganza con ayuda de los 
•pueblos deSicHia, tan aficionados á su nombre y ens- 
migos del de Francia; últimamente le {propusieron el 
estado peligroso de su hbertad , vidas y haciendas, si 
-no les' amparaba so valor, porque ya CÍ&rU)s estaba so- 
hce4iesÍB|y y^amsoaza^' al ngsr.de sh castigo jm 



lastimoso fin á todo el reino. Movido destas razones y 
de las que su venganza le ofrecía, acudió anl^s que su 
fama á Trápana con todo su poder, y fué con tanta 
presteza sobre su enemigo , que apenas supo Carlos 
que venia, cuando vio sus armas, y se .halló forzado 
á levantar el sitio y retirarse afrentosamente á Cala- 
bria. • 

Con este hecho el Pontífice como amigo, y el rey 
de Francia como deudo, descubiertamente se mostrad- 
ron favorecedores de Carlos y enemigos de don Pedro, 
y tomaron contra él las armas. £1 rey de Castilla, 
que por el deudo y amistad debiera ayudalle,se salió 
afuera, y se inclinó á seguir el mayor poder. Don Jaime, 
rey de Mallorca, su hermano, también le desamparó, 
dando ayuda y paso por sus estados á sus contrarios, 
aunque se excusó con las débiles fuerzas de su reino, 
desiguales á la defensa y oposición de tan poderoso 
enemigo : disculpa cpn que muchas veces los principes 
pecjueuos encubren lo mal hecho, atribuyendo á la 
necesidad lo que es ambición. Don Pedro con esto se 
halló sin amigos, solo acompañado de su valor, for- 
tuna, y raion de satisfacer el ultraje y afrenta de su ca- 
sa. Al tiempo que le juzgaron todos por perdido, ven- 
ció á sus enemigos varias veces, reforzados de nuevas 
ligas y socorros; todo lo deshizo y humilló en mar, 
en tierra ; mantuvo el nombre de Aragón en gran re- 
putación y fama , y fué el primer rey de Espaua quo 
puso sus banderas vencedoras en los reinos de Italia, 
sobre cuyo fundaiAento lioy se mira levantada su mo- 
narquía. Echado Curios de Sicilia, intentó con mayor 
podqr reducilla á su obediencia , y en esta hubo gran- 
des y notables acontecimientos; pero siempre la casa 
. de Aragón se aseguró en el reino con Vitorias, no solo 
contra el poder de Curios, pero de todos los mayores 
príncipe^ de Europa que le ayudaban. 

Murieron ambos reyes competidores en la mayor 
furia y rigor de la guerra, y por derecbo de sucesión 
heredó á Carlos, rey de Ñápeles, su hijo primogénito, 
del mismo nombre, que en este .tiempo se hallaba 
preso en Cataluña. A don Pedro, rey de Aragón, su- 
cedieron sus dos hijos, Alfonso mayor en los reinos 
de España, Jaime en el de Sicilia. Prosiguióse la guer- 
ra hasta la muerte de Alfonso, que por morir sin hi- 
jos, fué doA Jaime llamado á la sucesión, y. hubo de ve- 
nir á estos reinos , dejando en Sicilia á«dou Fadrique, 
su hermano, para que la gobernase y defendiese en su 
nombre. Después de su vuelta á España , don JaimO) re- 
cuperadas algunas fuerzas de sus reinos, renunció 9I 
de Sicilia ala Iglesia, temiendo que las armas caste- 
llanas, francesas y eclesiásticas ó un mismo tiempo 
no le acometiesen, y persuadido de su madre Gostaur- 
za , que como mujer de.singular santidad , quiso mas 
que su hijo perdiese el reino, que alargar mas tiempo 
el reconciliarse con la Iglesia. Enviáronse á Sicilia, 
para poner en efeto la renunciación, embajadores de 
partede don Jbime y. de fio^tanza, y entregar el reinp 
á los legados del Pontífice romano ; pero la genle de 
guerra y los naturalfs, indignadas de la facilidad con 
que su rey renunciaba lo que con t^nto trabajo y sangre 
se había adquirido y sustentado, y les entregaba, tan 
•sin piedad á sus enemigoa» dé quien forzosamente 
h^ian de temer servidumbre y muerte; parecióndo- 
.Jas é lQs.si(^iaaQfü»aRti)<jeLpflig€o» yi io&oataliMEtosj 



4 DON FRANCISCO 

aTgonf^SéH mengnn de reputación que lo que no pu- 
(iieron las armas de sus contraríos alcanzar en tantos 
años, se alcanzase por una resolución de un rey mal 
aconsejado, volvieron á tomar las armas, y oponién* 
dose á los legados, persuadieron á don Fadríque, co- 
mo verdadero sucesor del padre y del hermano, que 
se llamase rey y tomase á su cargo la defensa común. 
Fué fücil de persuadir un príncipe de ánimo levan- 
tado, en lo mas florido de su juventud , y que por otro 
medio no podia dejnr de ser vasallo y sujeto á las leyes 
del herjnano : ocasión bastante, cuando no fuera ayu- 
dada de tanta razón, á precipitar los pocos años de 
don Fudriquc. Llamóse rey, y como ú tal le admitie- 
ron y coronaron. Prevínose para la guerra cruel que 
le amenazaba , asistido do buenos soldados y del 
pueblo flel y pronto á su conservación, teniéndole por 
segundo libertador de la patria. Opúsose luego á Car- 
los, su mayor y mas vecino enemigo; al Papa, que am- 
paraba y defendía sucQUsa, yalrey don Jaime, que 
de hermano se le declaró enemigo ; cuyas fuerzas 
juntas le acometieron y vencieron en batalla naval; 
con que la guerra se tuvo por acabada, y don Fadrí- 
que por perdido. Pero por la oculta disposición de la 
Providencia divina, que algunas veces fuera de las co- 
munes esperanzas muda los sucesos para que conoz- 
camos que sola ella gobierna y rige, don Fadríque se 
mantuvo en su reino con universal contento de los 
buenos, asombro y terror de sus ^emigós^ y gloria 
de su nombre. 

* Desliízose poco después la liga , por apartarse della 
don Jaime, rey de Aragón, con gran sentimiento y que- 
jas de sus aliados , porque sin las fuerzas de Aragón pa- 
recía cosa fatal y casi imposible vencer un rey de su 
misma casa ; y la experiencia lo mostró , pues apartado 
don Jaime de la liga, siempre los enemigos de don Fa- 
dríque fueron perdiendo, y él acreditándose con vito- 
rías , basta forzalles ¿ tratar de paces, quedándose con 
el reino : cosa que de solo pensalla se ofendían. Con- 
cluyéronse después do algunas contradiclones, y se 
establecieron con mayor firmeza con el casamiento que 
1 jego se hizo de Leonor, hija de Carlos, con don Fadrí- 
que; con que el reino quedó libre y sin recelo de vol- 
ver á la servidumbre antigua, y el Rey pacífico señor 
del estado que defendió con tanto valor. El rey don 
Jaime, su hermano, sustentaba sus reinos de Aragón, 
Cataluña y Valencia con suma paz y reputación , ama- 
do de los subditos, temido de los infieles, poderoso en 
la mar, servido de famosos capitanes , aguardando oca- 
sión de engrandecer su corona, á imitación de sus pa- 
sados. El rey de Mallorca , príncipe el menor de la casa 
de Aragón , gozaba pacificamente el señorío de Mom- 
peller, condados de Rosellón, CerdañayConflent, di- 
íicHes-de conservar, por estar divididos y tener vecinos 
mas poderosos, entre quien siempre fueron fluctuando 
tus pequeños reyes ; pero por este tiempo vivía con re- 
¡rntacioui y con igoálfortunA que los otros reyes de su 
casa. 

CAPITULO IL 

Elección de genenU 

« 

Tenían los reinos de Aragón , Mallorca y Sicilia el es- 
tado que habernos referído , cuando los soldados viejos 
j capUanesde opinión que sirvieron al gran rey don 



DE MONCADA. 

Pedro , á don Jaime su hijo , y últimamente á don Fa- . 
dríque,6n esta guerra de Sicilia, juzgándola ya por 
acabada, liechas las paces mas seguras por el nuevo 
casamiento de Leonor con Fadríque , vínculo de moyor 
amistad entre los poderosos en tanto que el ioterés y 
la ambición no le disuelven y deshacen , y deshecho, 
causa de mas viva enemistad y odios implacables ; pa- 
reciéndoles que no se podía esperar por entonces oca" 
sion de rompimiento y guerra , trataron de emprender 
otra nueva contra infieles y enemigos del nombre cris- 
tiano en provincias remotas y apartadas. Porque era 
tanto el esfuerzo y valor de aqueJa milicia, y tanto el 
deseo de alcanzar nuevas glorías y triunfos, que teniaa 
ú Sicilia por un estrecho campo para dilatar y engrande- 
cer su fuma; y así, determinaron de buscar ocasiones 
arduas, trances peligrosos , para que esta fuese mayor 
y mas.ilustro. 

Ayudaban á ponerán ejecución tan grandes pensa- 
mientos dos motivos, fundados en razón de su conser- 
vación. £1 primero fué la poca segurídadque liabía de 
volver á España, su patría , y vivir con reputación en 
ella, por haber seguido las partes de don Fadríque con 
tanta obstinación contra don Jaime, su rey y señor na- 
tural ; que aunque don Jaime no era príncipe de animó 
vengativo, y se tenia por cierto que, pues en la furia 
de la guerra contra su hermano no consintió que se die- 
sen por traidores los que le siguieron^ menos quisiera 
castigar á sangre fría lo que pudo y no quiso en el 
tiempo que actualmente le estaban ofendiendo, si- 
guiendo las banderas de su hermano contra las suyas; 
pero la majestad ofendida del príncipe natural, aao- 
que remita el castigo , queda siempre viva en el ánioM 
la memoria de la ofensa; y aunque no fuera bástanle 
para hacelles egravíos, por lo menos impidiera el no 
servirse dellos en los cargos supremos : cosa indig- 
na de lo que merecían sus servicios, nobleza y car- 
gos administrados en paz y guerra. El segundo motivo, 
y el que mas les obligó á salir de Sicilia , fué ver al Rey 
imposibilitado depodellessustentarcon la largueza que 
antes , por estar la hacienda real y reino destruidos per 
una guerra de veinte años, y ellos acostumbrados á 
gastar con exceso la hacienda (yena como la propria 
cuando les faltaban despojos de pueblos y ciudades ven- 
cidas. Como entrambas cosas cesaron hechas las paces 
y fenecida la guerra, juzgaron por cosa imposible re- 
ducirse á vivir con moderación. 

El rey don Fadríque y su padre y hermano , con su 
asistencia en la guerra, y como testigos de las hazañas, 
industria y valor de los subditos, pocas veces se enga- 
ñaron en repartir las mercedes , porque dieron mas 
crédito á sus ojos que á sus oidos, y siempre el premio 
á los servicios, y no al favor. Con esto faltaban en sus 
reinos quejosos y mal contentos , pero no pudieron dar 
á todos los que les sirvieron estados y haciendas; con 
que algunos quedaron con menos comodidad que sus 
servicios merecían. Pero como vieron que los rayes 
dieron con suma liberalidad y grandeza lo que lícita- 
mente pudieron á los mas señalados capitanes, atríbuye- 
ron solo á su desdicha , y á la virtud y valor incompara- 
ble de los qué fueron preferidos, el hallarse inferiores. 

£stas fueron las causas que movian los ánimosea 
común para tratar de engrandecerse en nuevas empre- 
sas y conquistas. Los muí pdacipoles capitanes qus 



animalnii j alentaban d los áemút fueron cuolro, de- 
bajo de cavas banderas sirvieron : Roger do Flor, vh 
ccafoiíranle de Sicilia; Berenguer de Entenza , Ferran 
Jjnenez de Árenos, ambos rícosliombres, y Berenguer 
de Ríicafiírt; todos conocidos y estimados por soldados 
de grande opinión. Comunicaron sus pensamientos en- 
tre fm valedores y amigos, y hallándoles con buena dis- 
posición y únimo descguilles en cualquier jornada, so 
resolvieron de emprender la que parcélese mas útil y 
honrosa. Panf la conclusión deestelratose'junlaron e:i 
recreto , y antes de discurrir sobre su expedición, qui* 
sieron dallo cabera , porque sin ella fuera inútil cual- 
quier consejo y determinación, faltando quien puede y 
debe mandar. Con acuerdo común de los' que para c$to 
Fe juntaron, fué nombrado por general Roger de Flor, 
viceaímiraute, poderoso en la mar, valiente y estimado 
soldado, platico y bien afortunado marinero; persona 
que en riquezas y dinero excedía ú todos los demás ca* 
pilanes : causa principal de ser preferida* 

CAPITULO m.. 

Qalea tüt Rof er de Flor. 

Roger de Flor, á quien los nuestros eli^eron por 
general y suprema cabeza, nació en Brindiz, de pa«* 
dres nobles : sa padre fué alemán , l'amado Ricardo de 
Flor, cazador del emperador Federico; su madre ita- 
liana y natural del mismo lugar. Murió Ricardo en la 
batalla que Carlos de Anjou tuvo con Coradino , cuyas 
parles seguía, por ser nieto de Federico, su principe y 
señor. Cários, insolente con la vitaría, después de ha- 
ber cortado la cabeza á Ceradino , conGAó las hacien- 
das de todos los que tomaron las armas en su ayuda. 
Con esta pérdida quedó Roger y su madre con suma pe* 
breza, y con la misma se crió hasta edad de quince 
años, que un caballero francés , religioso del Temple, 
llamado Vassaill, se le aficionó con ocasión de asistir en 
Brindiz con el Alcon, save del Temple, cuyo capitán 
em. Navegó juntamente con él Roger algunos años, y 
ganó tan buena opinión en el ejercicio que profesaba, 
que la religión le recibió por suyo , dándole el hábito 
de fray sargento, en aquel tiempo casi igual al de ca- 
ballero. Con él Roger comenzó á ser conocido y temi- 
do en todo el mar de levante, y al tiempo que Ptolemai- 
de, dicha por otro nombre Acre, se rindió á lasarmasde 
Melech Taseraf, sultán de Egipto, Roger, como refiere 
Pachimerio(1}, era uno delosqueasistian en un convento 
del Temple ; y viendo que la ciudad no se podía defen- 
der, recogió muchos cristianos en un navio, con la ha- 
cienda que pudieron escapar de la crueldad y furia de 
los bár^ros. 

No le faltaron á Roger enemigos de su misma reli- 
gión, que envidiosos de sus buenos sucesos , le des- 
compusieron con su maestre, haciéndole cargo que sa 
había aprovechado por caminos no debidos á su profe-, 
sion, 7 defraudado los derechos comunes, y alzádose 
con todos los despojos que sacó de Acre ; que como ya 
esta célebre y famosa religión se bailaba en su última 
vejez y cerca de su fin, sus partes se hablan enflaque- 
cido con los vicios de la mucha edad y tiempo. La en- 
vidia, la avaricia y ambición hablan ocupado sus áni- 

ií) RKbymeiM (Georf.)» AnirMau PtHütokffu, $h§ Utttrt§ 
nnm «á áMánaUo stMiaré to imperio tttUnm, Rooue» 1669. 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



mos en lugar del antigo valor y de la mucha confor- 
midad V piedad cristiana que los hizo tan estimados y 
venerados en todas las provincias. 

Quiso el Maestre con esta primera acusación pren* 
dcl!e, pero Roger tuvo alguna noticia destos intentos; 
y conociendo la codicia de su cabeza y niindad do sus 
hermanos , no le pareció aguardar en Marsella, donde 
á la sazón se hallaba, sino retirarse á lugar mus srguro, 
y dar tiempo á que la Tlsa y siniestra acusación se des- 
vaneciese. Retiróse á Genova, donde, ayudado de sus 
amigos , y particularmente de Ticin de Oria, annó una 
galera, y con ella fué á Ñápeles y ofrecióse al servicio 
de Ro!ierto, duque de Calabria, á tiempo que se preve- 
nía y ármala para la guerra contra don Fadríque, Rizo 
Roberto poco caso de su ofrecimiento y del ánin:o con 
que se le ofrecia, juzgándole por tan corto como el so- 
corro. Obiígó á Roger esta desprecio á que se fuese á 
servir á don Fadríque, su enemigo, de quien fué admi- 
tido con muchas muestras de anur y agradecimiento:, 
efetos no solo do su ánimo generoso y condición apaci- 
ble para con los soldados , pero de la fuerza de la nece- 
sidad de la guerra; porque do fuera cordura desechar 
al que voluntariamente ofrece su servicio en tiempos 
tan apreUidos como en los que corren riesgo la vida y 
libertad, y cuando se apartan los mayore» amigos y 
obligados. £1 que llega á ser amigo en los peligros y 
cuando cl Principe es acometido de armas mas podero- 
sas, sin obligación de naturaleza y fidelidad de subdi- 
to, debe ser admitido y honrado , aunque lo traiga su 
proprío interés ó aigun desprecio óagnivio del contra- 
rio ; que cuanto mas ofendido , mas útil y seguro será 
su servicio. 

Fuese luego encendiendo la guerra entre Roberto y 
Fadrique, y Roger acreditóse en ella con importantes 
servicios, socorriendo diversas veces plazas apretadas 
del enemigo, y con la pequeña armada que llevaba á 
SU cargo, impidiendo la libre navegación de los mares 
y costas de Nápoics , con que llegó á ser vicealmirante, 
y en menos de tres años hizo cosas tan señaladas, que 
fué una de las mas principales causas de conservar á su 
príncipe en Sicilia, alcanzando juntamente para sí 
nombre inmortal y riquezas mas que de vasallo. En 
este estado se hallaba Roger cuando le tomaron los 
catalanes y aragoneses por general de la empresa que 
inlentabuu. 

CAPITULO IV, 

Detenniata los eapiunes la Jonada« y sopUeu al Re| 

les CáTorezca. 

Trataron eon el nuevo general lQ|capitanes cuál se- 
ría la mas conveniente y proTfichosa empresa ,y resol- 
vieron de común parecer de ofrecerse al emperador do 
los griegos, Andrónico Paleólogo, casi oprimido do las 
armas de los turcos; porque á mas de que Andrónico 
se tenia por cierto que buscaba socorros de naciones 
eztrax^'eras, dudoso de la fidelidad de los suyos, ora 
príncipe que tenia poca correspondencia con el Papa, 
á quien Roger temia por haber maltratado en tiempo 
de guerra las provincias de la Iglesia , y siempre vivia 
con recelos de que el Papa pidiese á don Fadrique su 
persona como de religioso templario, para vengarse 
del , entregándole á so maestre y religión. Y aunque no 
le ^odia esperar dé la grandeza de don Fadrique hecho 



é* DON FRANCISCO 

tan feo ^ pero como los reyes algunas veces no miden 
sus intereses con loque deben á ^u estimación y fama, 
olvidan con facilidad los servicios por otras mayores 
Conveniencias. Ypudieraser que, rehusando don Fa- 
dríqiie el entregar á Rogcr, fuera ocasión de rompi- 
miento y guerra ; y a«í, no quiso Roger poner á don Fa- 
drique en nuevos cuidados , ni su libertad en peligro si 
8C quedara en Sicilia. Pachimerío dice (lib. i i, capi- 
tulo 13) que el Papa se le pidió á don Fadríque, y que 
juzgando no ser justo entregará quien Uin bien le ha- 
bía servido, Ofreció entonces de escribir y rogar al 
emperador Andrónico le trajese á su servicio , porque 
desta manera saldria honrado de sus tierras , y el Papa 
no podría quejarse de que él amparaba los fugitivos de 
las religiones. Peno en este caso me parece dar mas 
crédito á Montaner (i ), porque al principio deste capitulo 
escribe Pachimerío que si en esta relación se apartare 
do la verdad , no tendrá fa culpa el escritor, sino la fa- 
ma de quien él lo supo ; y como la que corría entre los 
gríegos de nuestras cosas era siempre falsa, no se le 
debe de dar crédito en lo que difiere de Montaner, y fá- 
cilmente en este taso les podemos conciliar, porque solo 
difieren en que Pachimerío da por constante que el 
Papa pidió la persona de Roger ¿ don Fadríque , y 
Montaner dice que se temió el caso , pero no que suce- 
dió ; y asi no fué mucho que la fama de tan lejos aña- 
diese lo demás. 

Después de haber resuelto tódo^ h jornada , y pla- 
ticado por algunos dias los medios mas convenien- 
tes para su' ejecución , dieron cargo á Roger que ha- 
blase á don Fadríque y le descubríese sus intentos, y le 
suplicase de parte de todos que los favoreciese , por- 
que no ñiera justo que se tratara públicamente sin ha- 
ber precedido sU consentimiento y gusto. Roger vino 
á Mesina^ donde el Rey estaba , poco después de con- 
cluido su casamiento con Leonor, hija de Carlos; y 
ticabadas las fiestas y regocijos de las bodas, hablando 
en secreto con el Rey , le dijo como los catalanes y ara- 
goneses se querían salir de Sicilia y pasar á levante , 
no tanto por el beneOcio común de todos ellos , como 
or la quietud y provecho que le resultaría si le deja- 
an un reino tan trabajado por las guerras pasadas, li- 
bre de carga tan molesta y pesada como eran ellos en 
tiempo de pa% ; qué sus personas las tendría siempre á 
su devoción, y que cuando importase le vendrían á ser- 
vir de los últimos fines de la (térra; pero que por en- 
tonces le suplicaban lacilftase su jornada y les ayuda- 
se con su autorídaü y fuerzas; paga bien merecida á 
sus servicios. 

Respondió él R§^ qtie advirtieren que hi fesoluclon 
^ue hablan tomado de salir de Sicilia, aunque le estaba 
bien para su conservación, no para su fama, poit]ue 
muchos podrían entender que su salida era trazada 
por su orden para quedar libre de sus obligaciones; y 
que eran de tal calidad las que él reconocía , que por 
este medio no so podía librar deHas sin conocida nota 

(1) Chronéeñt é dt$ertpeiü d^fieé$ kismi^et M Hetgt R«y l^n 
Júumi Primer i)^ Darago, de UaUorpiu t ie YaUncia : CompU 
de Barcelona i de Muutpesíler: e de moiiidetogdéteendents.— feli 
per It) magniflch tti R^moii NYuítáner, lo ^oat «eroi aii a( dlt la- 
dyt Ret Utn Jauína , eoot fe fot tma e 4ea<%iKlents : té tr<ilM frt^ 
Mnt A les coeea contenyades en U prcseit lifktdria. —Valencia, 
por la viada deJnan Mey, 1558.— Barcelona» en casa de Jaime 
Cortcy, 1561 



i 



DE MONCADA. 

de ingrato. Pero si la esperanza de mayores acrecen- 
tamientos les llamaba á nuevas empresas, y estaban 
resueltos , que él les asistiría y ayudaría. con sus fuer- 
zas, con que ellos fuesen testigos y publicasen la ver- 
dad del hecho ; y que primero aventurara el reino y la 
vida, que faltara á la obligación de tan señalados serri- 
cios; pero que la estrecheza del tiempo, por los exce- 
sivos gastos deja guerra , no daba lugar á que el pre- 
mio igualase á su deseo. Digna respuesta de principe 
tan esclarecido, tanto mas de estimar , cuanto es roas 
rara en los príncipes la virtud del agradecimiento y sa- 
tisfacer grandes servicios, cuando son tales que no se 
pueden pagar con ordinarias mercedes. Roger estimó, 
en nombre de todos, tan señalado favor y la honra que 
les hacia , y fuese luego á dar razón á los capitanes de 
lo que el Rey Iiabía respondido ; y eu tendido por ellos, 
lo celebraron y agradecieron con alabanzas. 

Fué don Fadríque uno de los mas señalados prínci- 
pes de aquella edad, por la grandeza de iu ánimo y glo- 
ria de sus hechor, cuyo valor deslúzo y quebrantó las 
fuerzas unidas para su ruina , de Italia, Francia y Es- 
paña , y el que á pesar de todos sus competidores, que- 
dó con el reino de Sicilia para sí y su posteridad, eo ' 
2uien hoy felizmente se conserva. No pudo suceder i 
on Fadríque cosa que mas le importase ^ara la segu- 
ridad y quietud de su nuevo reinado, que librar á su 
pueblo de las contribuciones y alojamientos de hués- 
pedes tan molestos cohio suelen ser lós áoldados mal 
pagados. Después que las paces y parentesco desterra- 
ron la guerra, por mantenella daban los pueblos de Si- 
cilia con mucha liberalidad sus haciendas á los solda- 
dos que los defendían y amparaban contra Cáríós, i 
quien temian ; pero después que con lá pa^ se les quitó 
este miedo, comenzaron á sentir la mala vecindad dd 
los soldados y á desavenirse con ellos ; disgustos que 
forzosamente habían de causar daños gravísimo^, si i& 
nueva expedición no los atajara. 

CAPITULO V. 

Embajada de los nnestros al ei&pérádéf ÉAñtóiAci, 

y se resptte&ttt. 

Roger y las demis cabezas príncípSilél del ejercitó 
resolvieron que luego se enviasen doS elñbájadores al 
emperador Andrónico á proponelle ¿u servicio. Hicié- 
ronse las instrucciones, asistiendo aellas, con otros ca- 
pilancs, Ramón Montaner, uno de h)5 escritores dé ma- 
yor crédito , que intervino siempre eíi 166 consejos y 
ejecuciones mas graveS désla expedición. Entregá- 
ronse á dos caballeros, cuyos nombfés él tiempo y el 
descuidó dejaren envueltos én tinieblas, para queluc- 
co partiesen á Constantinoplo,, y diesen su embajada 
dé parle de toda la nación. Llegaron en breves dia$ 
con una galera reforzada de Roger. Sabida 6u venida, 
y con alguna noticia de la embajada que traían, fueron 
recibidos de Andrónico con agradecido semblante y 
muestras dé njucho amor. Propuso uno de los dos em- 
bajadores, el rtias antiguo en años , su etnbajada : que 
lüs catalanes y aragoneses , después de hechas las pa- 
ces entre Carlos, rey de Ñápeles, y don Fadríque, rey 
de Sicilia, á quien ellos servían, determinaron no bus- 
car reposo en su palría , sino acrecentar con nuevos 
herios ln gloria militar y ftma adquirida en ** 1*^' 
das guerras ; (Jue teniaü para cstb ttíerta* bíSttútteí en 



\ 



EXPEDiaON DE CATALANES Y ARAGONESES. 



ntoero y tMat, soldados «"jerclUtdos por una larga? 

peligrosa guerra , capitanes conocidos por sus vito-* 

rías j nobleza de sangre; que en nombre de lodos ellos 

le ofrecían su ayuda contra los turcos con doblado gus» 

lo 7 aGcion , por ocupar sus armas en lavor de Ja casa 

de los Paleólogos, amigos únicos de la de Aragón cuan* 

do sus partes estaban muy caídas, y dilatar su Imperio, 

destruyendo juntamente el de los enemigos del nonw 

bre crtstiaoo , que con tanta audacia y orgullo le que* 

rían establecer en las provincias usurpadas al imperio 

griego- 
Quedaron les emperadores contentísimos con la no 
esperada embajada y orredmiento de k» catalanes , á 
su parecer tan importante pora sus intereses, porqne 
entendieron que aquellos mismos que se les venían á 
ofrecer eran los que con tanto espanto y temor de toda 
Italia ganaron y sustentaron el reino de Sicilia. Agrá* 
dedo con palabras ma^í6cas el gusto con que toda la 
nación le ofrecía servir, y con el mismo les redbió. 
Quiso que luego so platicasen las condiciones con que 
habían de militar; y así, los embajadores pidieron, coa* 
forme susínstruedones, el sueldo para la gente de guer- 
ra , y que 6 Roger se le diese el título de megaduque, 
y por mujer una de sus nietas, prjrque quería con tales 
prendas asegurarse mas en su servicio. Andrónico, sia 
alterar ni mudar cosa de las que le pidieron, Ids conce- 
dió, sin reparar en la calidad y estado^de Roger, des- 
igual al de su nieta; pero toda esta desigualdad pudo 
igualar la reputación de la gente que como general go- 
bernaba, y verse el gríego tan oprimido de las armas 
de los turcos, y poco^segnro de la fidelidad de los suyos. 
Vivía degoydesterrado en una aldea de Bitiuia Juan 
Lascar, iegítimo sucesor del imperio , y aunque inüUl 
fsni ocupalle, viviendo él era la posesión de Andró- 
nico tiránica, y causa muy justificada para tomar las 
armas los mal contentos del gobierno presente; y así, 
lleno de temores y recelos, le fué forzoso valerse de 
naciones eitranjeras para la guerra y defensa de su 
persona. Recibió en su servicio diez mil masagetas,^ 
quien el vulgo llama alanos, gente bárbara de costum- 
bres, cristianos en Ja íe mas que en las obras. Tenían 
su morada de la otra parte del Danubio , y reconocían 
por señores á los scitas de Europa. Enviaron primero 
al Emperador su embajada ofredendoservílle. Nicéforo 
Gregorat (i), autor griego de aquellos tiempos, refiere 
lo mucho que Andrónico la estimó, con estas mismas 
palabras : aFuéle tan agradable al emperador como si 
viniera del ciek). i> Deda,que todos loa griegos le eran 
sospechosos y enemigos , y asi continuamente procu- 
raba amistades y ügas con los extraños, que ojalá nun- 
ca lo hiciera. También recibió en su ejérdto muclias 
compañías de turcoples (2), que dejaron á sultán Azan 
y se bautizaron. Todas estas ayudas las deseaba An« 
drónico y las estimaba como grandes; y así la que los 
nuestros le pfi*ecían , no se puede con palabras encare- 
cer la estimación que hizo delU, por ser de gi&nte tan 

(I) NiM^borl Gregorae Historia bynntlm. Basfl'eae, iWL-^B^ 
éim§r.gt hi., am notU /#. BaMm, ParUiii, 170£ ;a ?ol. 

CuB M/if í^iL Büimi, mer. Wlfii , Uncmgii ¿t Capermmtrüi 
car» U4, Schopetu.-^hovob, VTeber, 1829 «t 1830 ; % vol. 

^ Ttmof^Ut denonliiacioii que te aplicaba, aegnn Doeaage , 4 
los soldados do arsadnra ligera, y segvo otros, i los hijos de pa- 
dre toreo y madre griega, pero, como lo Indica w^i Moneada^ Air- 
etfk» oran tos tarcos coaTertidos, 



aventajada á las demás que le servían, y tan temida en 
aquellos tiempos. Remitió Andrónico los dos embaja- 
dores á Roger, concertado el casamiento, y le llevaron 
his insignias de megaduque, que es lo mismo que entre 
nosotros general de la mar; dignidad grande de aquel 
imperiOi pero no de las mayores (3). 

CAPITULO VI. 

Séllala sncldo el Emperador A la gente de gaem, i hace mnelias 
honras y mercedes A sos capitanes. 

Señaló Andrónico las pogas según la diferencia da 
las armas y ocupación : cuatro ontas de plata cada mes 
á los hombres de armas, á los caballos ligeros dos, y lo 
mismo á los pilotos y gente de mando de la armada; á 
los infantes y marineros una onza, y que siempre que 
llegasen á la costa de alguna provincia del imperio se 
les diesen cuatro pagas, y cuando quisiesen volver á 
sus casas, juntos ó divididos , se les librasen dos para 
el viaje. George Pacliímerio, autor griego, cuyos frag^ 
montos ilustran mucho esta relacíQu, aunque enemigo 
grande de los catalanes, dice que las pagas de los cata- 
lanes eran doblado mayores que las de los tOrcopIes y 
masagetas; con que claramente se muestra la estima- 
ción que se hizo de la milicia catalana y aragonesa, 
pues con tan ezcesiva diferencia la aventajaron á todos 
los que servían en su imperio. De las pagas , entretenif 
mientos y ventajas que ofreció á la nobleza y capitanes, 
no seualan los historiadores cosa con particularidad; 
solo el oficio y dignidad de megaduque en Roger, y el 
de senescal en Gorberan de Alet; de donde sospeche 
que su gusto era el que limitaba sus pagas y sueldo; 
porque, según adelante veremos, los generales pedían 
á su voluntad el dinero, con solo señalar la cantidad, 
sin que para esto hubiesen de dar cuenta á los contar 
dores y ministros de la hacienda de Andrónico. 

Los embajadores volvieron á Sicifia , y hallaron á Ro- 
ger en Licata , donde aguardaba su vuelta , y sabido el 
buen despacho que traían, se fué luego á ver con d Rey, 
á dalle razón del honroso acogimiento que Andrónico 
hizo á sus embajadores, y cuan largo andaba en ofr»- 
t^lles mercedes. Publicóse la jomada, y los capitones 
recogieroii su gente en Mesina , donde la armada se 
aprestaba , que en pocos días estuvo en orden para na- 
vegar. Era la armada de treinta y seis velas, y entre ellas 
iiabia diez y ocho galeras y cuatro naves gruesas, la 
mayor parte armadas con dinero del Rey y de Roger, 
que para la ejecución desta jomada gastó la hacienda 
que adquirió en las guerras pasadas, y tomó veinte mil 
ducados dolos genoveses ei^ nombre del emperador An- 
drónico. Fué mucho menos el número de la gente de lo 
que se creyó ; t>orque los dos Berengoeres de Entenza 
y Rocafort no pudieron juntarse con Roger oí seguirte, 
porgue difirieron su partida para el siguiente año. Be^ 
renguer de Entenza esperaba nuevas ooropaaíasdagen- 
te de Gatalufia para acrecentar sus fuerzas y pasar coa 
mayor reputación. Berenguer de Rocafort se detenia en 
unos castillos de Calabria , y rehusaba el entregarlos al 
rey Garios de Ñápeles hasta quedar enteramente sa«- 
üsfecho de lo que se le debía por razan de su sueldo. 
Boger, aunque la falta deaU» dos capitanes le pudiera 

(^ El Utnlo de megadn^, 6 megadus en griego, y mff^Mte 
ea latín, correspondia ea el imperio biunUno al gfado mimau» 
4o la martna. Quom jmmm nk mm»m$»» ^wtftttm trui^ 41^ <l 
Rosario do Dacaagc, 



8 



DON FRANCISCO DE MONCADA. 



con justa causa detener, por ser una do las mas prínei* 
pales partes de su ejército, determinó partirse, y em- 
barcó su gente el día que tenía aplazado. El Rey, á mas 
de los navios y galeras que les dio pura su viaje, les 
mandó proveer de vituallas y bastimentos, y el dinero 
que pudo un príncipe que del reinar solo conoció las 
fatigas y peligros. 

Este fue el premio que se dio á la milicia mas inven- 
cible y vitoriosa de aquella edad , y que sirvió por largoé 
veiule anos á tres reyes, Pedro. Jaime y Fadrique, al- 
canzando de sus enemigos cinco Vitorias navales , tres 
en tierra, sin otros encuentros notables, y sin las ex- 
pugnaciones de fuertes y grandes pueblos, y otros de- 
fendidos con loable obstinación y valor increíble. Tal 
era la moderación de aqtiellos tiempos, bien diferentes 
de los que hoy tenemos , pues vemos soldados que ape* 
ñas han visto al enemigo cuando ya juzgan por corlas 
las mayores mercedes. 

CVPITÜLO VIL 

Parto dcSitnia la armada , y qoé gente y mUlcIa faé la de los 

almogávares. 

Embarcóse toda la gente en el puerto de Mesina, y 
antes do salir del Faro, se lomó muestra general, y se 
hallaron, según Monlaner, efectivos mil quinientos 
hombres de eabo para el servicio de la armada, sin los 
oficiaIcSy y cuatro mil infantes almugavares. Ñiceforo 
Gregorcs, autor poco fiel en algunos destos sucesos, dice 
que Rogcr pasó solo mil hombres á Grecia ; pero Geor- 
ge Pacliinierio ya concuerda con Montaner, y afirma que 
fueron ocho mil lasque pasaron. Este, á mi parecer, es 
el verdadero número ; porque seis mil y quinientos sol- 
dados de paga es cierto que llegaron hasta el niunero 
¿e ocho mil con los criados y familia dé los capitanes y 
ricoshombrcs. Y aunque estos dos autores no concor- 
daran , la fe de Nlccforo fuera siempre dudosa; porque 
á Rogcr, siendo capitán de solos mil hombres, no me 
puedo persuadir que Andrónico le luciera mcgaduque, 
y le casara con su nieta sin haber precedido servicios. 
No parecerá ajeno del intento, pues toda nuestra in- 
fantería fue de almugavares , decir algo de su origen. 

La antigüedad , madre del olvido, por quien han pe- 
recido claros hechos y memorias ilustres, entre otras 
que nos dejó confusas, há sido el origen de los almuga- 
vares; pero según lo que yo he podido averiguar, fué 
do aquellas naciones bárbaras que destruyeron el im- 
perio y nombre de los romanos en España, y fundaron 
el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y 
gloría de grande majestad , hasta que los sarracenos en 
menos de dos anos le oprimieron, y forcearon á las reli- 
quias deste universal incendio que entre lo mas áspero 
delosmontesbuscasensu defensa, donde las fieras muer* 
tas por su mano les dieron comida y vestido. Pero luego 
su antiguo valor y esfuer^, que el regalo y delicias te- 
nían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró , y les 
hizo dejar las selvas y bosque», y convertir sus armas 
contra moros, ocupadas antes en dar muerte á fieras. 

Con la larga costumbre de ir divagando, nimca edi- 
ficaron casas ai fimdaron posesiones; en la campana y 
en las fronteras do enemigos teman su habitación y el 
sustento de sus personas y familias : despojos de sarra- 
cenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vi- 
dasj sin otra arte ni oficio masque servir pagados en la 



guerra , y cuando faltaban las que sus reyes hacían, con 
cabezas y caudillos particulares corrían las fronteras, do 
donde vinieron á llamar los antiguos el ir d las corre- 
rías, iren'almugavcria. Llevaban consigo hijos y mu- 
jeres, testigos de su gloria ó afrenta; y como los a!o 
manes en todos tiempos lo han usado , el vestido do 
pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las 
armas, una red de hierro en la cabeza á modo de casco^ 
una espada , y un chuzo algo menor de lo que se usa hoy 
én las compañías de arcabuceros, pero la mayor parto 
llevaban tres ó cuatro dardos arrojadizos. Em tanta la 
presteza y violencia con que los despedían de sus mano% 
que atravesaban lumbres y caballos armados; cosa al 
parecer dudosa, si Desclot (i) y Montaner no lo reiirir- 
ran, autores graves de nuesUas historias, adonde lar* 
gamentese trata de sus hechos, que pueden igualarcoa 
ios muy celebrados de romanos y griegos. 

Garios, rey de Ñápeles, puestosaute su presencia al- 
gunos prisioneros almugavares, admirado de la vileza 
del traje , y de las armas , al parecer inútiles contra los 
cuerpos de hombres y caballos armados, dijo con a'gun 
desprecio que si eran aquellos los soldados con que el 
rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicólo uno 
dellos, libre siempre el ánimo parala defensa de su re- 
putación : «Señor, si tan viles te parecemos, y estimas 
en tan poco nuestro poder, escoge un cabaüero de lo3 
masseüalados de tu ejército, con las armas ofeuavni 
y defensivas que quisiere ; que yo te ofrezco con sola 
mi espada y dardo de pelear en campo con él.» CJrlo.% 
con deseo de castigar la insolencia del almugivar, apla- 
zó el desafio, y quiso asistir y ver la batalla. Salió ua 
francés con su caballo armado de todad piezas, lanzi, 
espada y maza para combatir, yol almugavarcoo sola 
su espada y dardo. A penas entraron en la estacada, cuac» 
do le mato el caballo, y queriendo hacer lo mismo de 
su dueño , la voz del Rey le detuvo, y le dio por vence- 
dor y por libre. 

Otro almugavar en esta misma guerra, ala lengua 
del agua , acometido de veinte hombres de armas, mató 
cinco antes do perder la vida. Otros muchos hechos so 
pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia 
el tratar de otra largnmonte. La duda que se ofrece solo 
es del nombre, si fué de nación ó de milicia en sos 
principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación , y 
para asegurarme mas en esta opinión, tengo á George 
Pachimerio, autor griego, cuyos fragmentos dan mucha 
luz á toda esta Jiistoría, que llama á los almugavares 
descendientes de los avares, compafiefos de los hunos 
y godos; y aunque no se hallará autor que opuesta- 
mente lo contradiga , por muchas leyes áe\asPartidat 
se colige claramente que el nombre de almugavar era 
nombre de milicia , y el ser esto verdad no contradice 
lo primero, porque entrambas cosas pueden haber sido. 

En su principio, como Pachimerío dice, fué de na- 
ción , pero después, como no ejercitaban los almugava- 
res otra arte ni oficio, vinieron ellos á dar nombre á 
todos los qu€ servían en aquel modo de milicia, así como 
muchas artes y ciencias tomaron el nombre de sus in- 
ventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se agre- 

(1) Chronieu d conferías de Catatunya , componta i orátnaáet 
per en Bernai de Scloi. Al¡ js : De irs hinUricn de algún* comnia 
de Barcelona, y BeU de Aragó, — Tradújolo al castpUano RafíCl 
Cenen. Barcelona Sebaatian de Gormellas, a'fio 1616; l>^ 



EXPEDICIÓN DE CATALxVNHS Y ARAGONESES. 



9 



^scá losalmugaTftrcs» milicia de tanta fatiga y peli- 
gro , síj} ser tle su nación , porque la inclinación natural 
les hacii seguir la profesión de los padres ; ni liay liom- 
breque, pudiendo escoger, siguiese milicia que desde 
Ja primera edad se ocupase con tanto riesgo de ia vida, 
descomodidad y contino trabajo. Nicéforo Gregoras 
dice que aimugavar es nombre que dan á toda su in- 
faolcrialos latinos (asi llaman los griegos á todas los' 
oacioaes que tienen á su poniente); pero no hay para 
qaé contradecir con razones falsedad tan manifiesta , y 
mas contra od autor tan poco ad?erLído en nucsti as 
cosas como Nicéforo. 

Salió la armada de Mcsina, y con próspera navegación 
llegt^ á Makasia, puerto de la Morea, donde fueron bien 
recebidos y ayudados con algún refresco por (Men del 
Eoiperador. Antes de salir llegaron cartas suyas, en que 
mandaba á Roger que apresurase la navegación. Partió 
alefre la gente con el refresco, y en pocos dias la armada 
ambo á Constantíuopla, por el mes de enero, indicción 
scponda, según Pacbimerio (lib. li,cap. i3), con 
UDiversiil regocijo de la ciudad viendo las armas que 
Icsbabiande amparar y defender. Andróuico y Miguel, 
emperadores , y toda la nobleza griega, con muclio 
acor y muestras de sumo agradecimiento les recibieron 
y liooraron. Mandó luego Andrónico desembarcar toda 
h gente , y que alojase dentro de la ciudad en el barrio 
que llamaban de Btanquernas , y el siguiente dia se re* 
partieron cuatro pagas , como estaba concertado. 

CAPITULO vin. 

Uofer te eita. Pelean catalanes j genoTeses 
dentro de Consta Dtinopla. 

Parrcfdlo al emperador Andrónico que convenía & su 
segnriflad y crédito dar ú entender que los ofrecimien- 
tos Jiccfios á los nuestros se liabian de cumplir con mu- 
cha puntualidad, y para que esto se mostrase luego con 
bs obras, dio principio por lo que parecia mas difícil, 
que fué el casamiento de Rogercon su sobrina (1) María; 
con que todos quedaron satisfechos , juzgando por cier- 
tas l¿ demüs mercedes, como inferiores y mas fáciles de 
enmplir. Qiciéronse las bodas con la solemnidad de 
personas reales, porque el valor de Roger pudo igualar 
la nobleza de la^mujcr. Era María liija de Azan, prin- 
cipe de ios búlgaros, y de Irene, hermanado Andróuico; 
deqoíGce anos de edad, hermosa y por extremo en- 
tCQdítia. Entre el mayor placer y gusto de la boda su- 
cedió un alboroto y pendencia entre catalanes y genp- 
vesüs, que casi fu^ batalla muy sangrienta, nacida, como 
mocitas veces acontece , de peqneña causa; y aunque 
Pacbimerio dice que fué sobre la cobranza de los veinte 
mil ducados que prestaron d Roger en Sicilia, y que 
porsosegallos ofreció el Emperador de pagallos, pero 
lamas cierta ocasión de la pendencia fué que un al- 
mugavar, discurriendo por la ciudad, díó ocasión á dos 
gcDovcses, viéndole solo, que burlasen con mucharisa 
de su traje y Ggura ; pero el ánimo militar del almu- 
garar, mal sufrido en los donaires y motes cortesanos, 
tnas osado de manos que de lengua, les acometió con 
h espada y trabó la pendencia. Acudieron de una y 
otra parte valedores y amigos, estando ya los ánimos 

(1) neflrflndose sin dada A cita misma en la pSglna precedente, 
a UiiBi ajete. Andrtfnieo era en efecto Uo de Maria ; y aquella 
woaaeeieBcia pmeb» qae Koacada no corrlgid si obra. 



prevenidos y alterados como so<(pcchoso9, y tm esto 
las fuerzas de entrambas naciones se encontraron para 
su total ruina y perdición. Los genovcses sacaron su 
bandera ó guión , y acometieron los cuai teles de los al-» 
mugarares repartidos en el barrio de Rlnnqucmas. 
Nuestra caballería, reconociendo el peligro desusalmu- 
gavarcs, dividida en tropas, cerró con la gente geno- 
vesa mal ordenada. Con esto se dio lugar á que los al- 
mugavares saliesen de sus alojamientos y se juntasen 
para tomor satisfacion de quien tan injustamente los 
maltrataba. Peleóse de una y otra parte con obstina- 
clon , hasta que los genoveses, muerto su capitán Ro- 
seo del Final, se fueron retirando con notable pérdida 
y daño. 

Andrónico, do las ventanas de su paIacio,'a tentó y con 
gusto miraba la pendencia, cuando losgeuoveses leve- 
mente fueron maltratados y algunos muertos , y con 
palabras mostró su ánimo mal afecto contra ellos ; pero 
cuando vio que los nlmuga vares con su acostumbrado 
rigor iban degollando cuanto se les ponía delante, te- 
mió que todos los genoveses de Constantinopla no mu- 
ricseu aquel dia ; cosa peligrosa para su conservación, 
porque dependía dellos lá paz de su imperio. Tíénese 
por cierto que Andrónico quisiera sacudirse el yugo de 
genoveses si pudiera con seguridad, pero era difícil, por 
tener ellos el poder dividido para que se pudiera opri- 
mir á un tiempo , y si consintiera que los de Constanti- 
nopla perecieran , fuera irritar las otras fuerzas que 
quedaban enteras ; y así, con ruegos y promesas pidió á 
ios capitanes que recogiesen y retirasen los suyos, y 
Georgo Pacbimerio reliere que mandó Andróuico ú 
Esteban Marzala, gran drungario (2) y almirante, que 
fuese ú quietar el tumulto y apaciguar las partes, y 
que fué muerto y despedazado. Finalmente, tu presenria 
y autoridad de Roger y de los otros capitaues pudo tan* 
to, que obedecieron todos, y con mucho peligro les re« 
tiraron , porque hablan sacado sus banderas con ánimo 
de acometer á Pera y saquearla , juntando á su venganza 
su codicia. • 

Era esta población de genoveses, dividida por un es- 
trecho cerco del mar, de la ciudad de Constantinopla , 
llamada de los antiguos Cuerno de Bisancio , y hoy, de 
los turcos y griegos, Calata. Retirados y sosegados los 
nuestros, les mandó el Emperador, en agradecimiento 
de sn puntual obediencia, librar una paga. Quedaron 
muertos de los genoveses en la ciudad cerca do tres 
mil , y aunque lo peor llevaron ellos entonces, fue causa 
de mayores daños en lo venidero para los nuestros, por- 
que con esto quedó irritada una nación émula y pode- 
rosa, que importaba su amistad para conservar nues- 
tras armas en aquel imperio ; porque en estos tiempos 
era grande y temido su poder en todo el oriente , arbi- 
tros de la paz y de la guerra. Tenían ilustres colonias y 
presidios en Grecia , en Ponto , en Palestina ; armadas 
poderosas ; poseían muchas riquezas adquiridas con su 
industria y valor, y absolutamente eran dueños del trato 
universal de Europa; con que mantenían fuerzas igtiía- 
lesá los de los mayores reyes y repúblicas. Con esto 
llegaron á ser casi dueños del imperio griego. En esto 
tiempo, cuando los catalanes llegaron á Constantinopla, 
reconociendo las fuerzas que traian , les pareció á los 

(t) Drungario era, después de mefaiuque, el Jefe superior do la 
nirina, y la eateg orla slgoienta en la de atrntratí». 



10 DON FRANCISCO 

genoTCSM peligrosa la vecindad de sus armas; y asi 
siempre so mantuvo eatre eslas dos oaciooes aborroci- 
miento y enemistad implacable, que duró muchas eda- 
des, hasta que el valor de entrambos se fué perdiendo, 
juntamente con el imperio del mar, y cesó la emulación 
por cuya causa muclias veces con varia fortuna se com- 
batió. 

CAPITULO IX. 

■ 

Pjsa b armada ¿ la Natolla , y echa la gente en f 1 cabo do Artacio. 

Con el peligro de la pendencia entre catalanes y ge- 
novcscs advirtió Andrónico los que pudieran suceder, 
por tener dentro de la ciudad diferentes y varías nacio- 
nes armadas y ofendidas , que con menos ocasión que 
la vez pasada vinieran sin duda ú rompimiento. Llamó 
á nuestros capitanes , y les explicó brevemente el gusto 
que tendría de ver sus armas en el Asia, amparando sus 
miserables y cristianos pueblos , oprimidos de los tur- 
cos, y quitada la ocasión de nuevas pendencias y des* 
órdenes. Roger, con sus capitanes, ofreció que embar- 
caría su gente luego; pero para que su partida fuese con 
roas gusto , y el ejército quedase satisjecho y seguro de 
teñeron la armada ciertos los socorros y retiradas, le 
suplicaron nombrase por general della algún caballero 
ó capitán que fuese de su nación , para que dependiese 
dellos, temiendo que Andrónico diese este cargo á grie- 
gos ó gcnoveses; y fuera cosa peligrosa para su segu- 
.rídad tener el socorro en poder de gente extraña, con 
quien siempre liay emulación y competencias : ocasión 
de graves pendencias y danos, y mas en los socorros de 
mar, tan sujetos á las mudanzas del tiempo , que puede 
la ruindad y malicia de un general retardar el socorro, 
y bailar razón que disculpe y apruebe lo mal hecho, 
atribuyendo al tiempo y á peligros imagioados su tar- 
danza. Andrónico cumplidamente satisfizo a la deman- 
da, dando el cargo de general de la armada, con título 
de almirante, ¿ Fernando de Aones, caballero de cono- 
cida saogre y gallardo por su persona, y juntamente 
quiso que se casase con una parienta"suy« , para que el 
nuevo parentesco diese mas autoridad á su cargo. El 
titulo de almirante en aquel imperio no eraian supre- 
mo como lo fué entre nosotros , porque estaba sujeto a! 
Megaduque y dél recibíalas órdenes. Mandó el Empe- 
rador que un insigne capitán de romeos ( i ), que se lla- 
maba Marulii, hombre de sangre y estado, fuese si- 
guiendo las banderas de Roger con su gente, y Gregorio 
con la mayor parte de los alanos hiciese lo mismo. Em- 
barcóse el ejército en los navios y galeras de sii arma- 
da , y atravesando el mar de Propontide, dicho hoy de 
Mármora, tomaron tierra en el cabo de Artacio, poco 
mas de cien millas lejos de Constantíaopla, lugar aco- 
modado pora la desembarcacion de la caballería. A este 
cabo llama Montaner Artaqui, y los antiguos Artacio, 
no lejos de las ruinas de la famosa ciudad de Cízico. 

Llegó Roger con la armada , y supo que los turcos 
aquel mismo día habían querido ganar una muralla ó 
defensa de media milla de largo, puesta en la parte que 
el cabo se continúa con la tierra Grme , y que dejaros 
el combate, mas porta fortaleza del sitio, que por el 
valor de los que la defendián. Extiéndese este cabo 
desde esta defensa ó muralla algunas leguas dentro del 

( i ) Dutag«, SD Tiüi éa wfiit aoior&da^es , o^lia ^w rmto 
era •iodaimo da griego, whte toda da gtiaga blMaUoo^ 



DE MOXCADA. 

mar, y en él hay mucÜas poblaciones y abundantes 
valles y fértiles colínas. Era en los tiempos antiguos is- 
la , pero después se vino á cerrar con las arenas. 

Con el aviso cierto que Roger tuvo de que los turcos 
liabían acometido el reparo y defensa del cabo, yqae 
no pedían' estar muy lejos, dióse prisa á desembarcar 
la gente, y envió luego á reconocer el campo de los 
enemigos, y dentro de pocas horas se supo como esta- 
ban alojados seis millas lejos entre dos arroyos, con sus 
mujeres, hijos y haciendas. En aquel tiempo los turcos, 
no olvidados aun de las costunü)res de los sc¡tas,de 
quien se precian suceder, vivían la mayor parte y la mu 
belicosa en la campaña, debajo de tiendas y barracas, 
mudándose según la variedad del tiempo y comodida- 
des do la tierra. Tenian puesta su mayor fuerza en la 
caballería, gobernada por capitanes y príncipes de va- 
lor, no do sangre, á quien obedecían mas por gusto 
que por obligación. Tenian perpetua guerra con los ve- 
cinos, sin orden militar, á imitación de los alárabes, 
que hoy poseen el África. Esta forma de vivir tuvieroa 
desde que dejaron las riberas del rio Volga y entraron 
en la Asia menor, basta que la vileza de las naciones 
de la Asia y Grecia les dio crédito y reputación. A las 
monarquías y naciones sucede lo mismo queilosbonh 
brés , que nacen , crecen y mueren. Nació Grecia casa- 
do se defendió de Jérjes, y cuando su valor deshizo d 
poder de tan numerosos ejércitos y forzó, al bárbara 
monarca que se retirase vencido y pasase el estrecbq 
del mar del Helesponto en una pequeña barca, que po- 
co antes soberbio y desvanecido fiuroilló con pueate. 
Tuvo su aumento cuando las armas de Alejandro pasa- 
ron mas allá del Ganges, y los límites y fines inmensos 
do la misma naturaleza no lo fueron de au ambidOfl. 
Fué su muerte cuando las armas do los bárbaros, por 
flojedad de sus príncipes y poca fidelidad de sus capita- 
nes , la pusieron en dura scrvidunabre. 

En este tiempo que Andrónico ocupaba el imperio de 
Oriente , los turcos so dividieron, y hubo entre ellos al- 
gunas guerras civiles; pero por el consejo y auU)rídad 
de Orthogules se sosegaron , remitiendo á la suerte sus 
pretensiones , que , como refiere Gregoras y Ciíalcbon- 
dilas(2), se dividieron por suerte las provincias entre 
siete capitanes, pretensores todos del gobierno univer- 
sal. l>íó la suerte á Caramano la parte mediterránea de 
k provincia de Frigia hasta Cilicia y Filadelfia, aun- 
que algún autor quiere que este no fuese de los siele 
capitanes, y que solo reinó en C^iria; á Cercano la 
parte de Frigia quo so extiende hasta Esmima ; á Ca* 
lamí y á su hijo , Corasí. La Lidia hasta Misia, Qitioia 
y las demás provincias junto al monte Olimpo cayeron 
en la suerte de Otomano , que en aquella edad coínen- 
zó á s^r temido , y á levantar peco después su monar- 
quía , venciendo j sujetando los demás tiranos de las 
provincias que vamos nombrando, con que quedó ab- 
soluto señor y príncipe de todas ellas. La Paflagooia y 
hks demáa tierras que caen á la parte del Ponto Euu- 
00 laa ocuparon loa hijos de Amurat. En esta forms 
haHaron ios nuestros repartida el Asia, y á los turcos 
señores detln ; que fué grande ayuda parí nuaiim ti* 
torias al astv smi fa^D^s dividüdas. 

(9) aiaMitadfl»(Laoiitoos), l^e^righitetr^^iétlif^f^ 
I grueo in Mimm cotuerta é Omr§40 CUnum. BísU#at, w^ 



ESPEDICION DE CATALANES T ARAGONESES. f t 



CAPITULO X. 
TdBceo tos catalanes y aragoneses i tos táreos. 

Conef aví^o que Roger tuvo de como los turcos es- 
tsbáo cerca, temiendo perder tan buena ocasión si, ad- 
vertidos de h llegada de los nuestros, se previnieran ó 
retiraran, juntó el campo, y en una breve plática les 
dijo como el siguiente día queria dar sobre los aloja- 
mientos de los enemigos, fáciles de romper por estar 
descuidados. Propasóles la gloria- ^ue alcanzarían con 
vencer , y que de los primeros sucesos nacia el miedo ó 
la confianza , y que la buena 6 mala reputación pendía 
dellos. Mandó que no se perdonase la vida sino á los ni- 
ñis, porque esto causase mas femor en los* bárbaros, y 
nuestros soldados peleasen sin álgima esperanza deque 
vencidos pudiesen quedar con vida. Dispuesto el orden 
¿onquese habia de marchar, dló fin d la plática. Oyé- 
ronle con mucho gusto , y aquella misma noche parlie- 
ron desús alojamientos, á tiempo que al amanecer pu- 
diesen acometerá los toreos. Guiaba Roger con Maru- 
Iti la vanguardia con la caballería , y llevaba solos dos 
estandartes, en el uno las armas del emperador Andró- 
oico, y en el otro las suyas. Seguía la infantería, hecho 
an solo escnadron de toda élía , donde gobernaba Cor- 
taran de Alet, s6De$cal del ejército. Llevaba en la 
frente sotes dos baikdéras , éoatrá el uso eomun de 



enadron, como lugar mas fuerte y defendido. La una 
bandera llevaba las armáS del rey de Aragón don Jaime, 
y la otra tes del nay de Scilia don PadriquQ ; porque en- 

m las condicioiMi que por parte de los catalanesse pro- 
pusieron al Emperador, fué de lasprímerasquesiempre 
lesfoesd Udto ileVar por guia el nombre y blasojí de sus 
príncipes, porque querían que adonde Ue^sen susarmas 
llegase la memoria y autoridad de sus rayes , y porque 
las armas de Aragón las tenían por invencibles. De don- 
de se puede conocer el grande amor y veneración que 
ios catalanes y aragoneses tenían á sus reyes, puesaun 
sirviendo á príncipes extraños y en provincias tan 
apartadas, conservaron 6u ooerooría y militaron déba- 
lo della : fidelidad notable, áo iúla conocida en este 
caso, pero en todos los tiempos ; jorque no se vio de 
nosotros príncipe desamparado, por malo y cruel que 
fuese, y quisimos mas sufrir su rigor y aspereza que 
entregamos á tinevo señor, fio filé llamado el herma- 
no bastardo , <ii efcckitdo el rey natural ; no fué preferi- 
do el segundo al prímogénito : siempre seguimos el or- 
den que el dele y naloniléai dispuso ; ni se alteró por 
particular abortrecimienlé éaflc¿B , con no haber ape- 
nas reino donde Ao ee ÍMvai fisto estos trueques y aau-» 
danzas. 

Pasaron los nuestros á media noche la muralla ó re- 
paro que divide el cabo de tierra firme , y al amanecer 
se hallaron sobre los turcas, q«é como en parte segura, 
y i su parecer lejos de eiMmégos, estaban sin centíne» 
las,repo^ndo dentro de sue líeidas con descuido y 
sneüo. Cmó Roger y MamUicoii la cai»llerít, me- 
tiéndose por las tiendas y flaoKis reparos que tenían eos 
grande ánimo. Siguiéronte tos aünogavanes cea d misi- 
no , dando un sangriento y dichoso principio á laiiue- 
^ gáerra. Los turcoaiá quien la furia y ríger de mies- 
tras espete no pudo oprimir en el saeño , al mido de 
^ anuasy weei «Mjpsrtarob, j coh b tnrbaenm y 



miedo que semejantes asaltos suelen causaren los aco- 
metidos , tomaron las armas para su defensa ; pero fue- 
ron pocos, divididos y desarmados; con que su resis- 
tencia fué inútil y sin provecho contra el esfuerzo y ga- 
llardía de nuestra gente, que ya lo ocupaba todo. Pe- 
learon los turcos con desesperación , viendo á sus ojos 
despedazar y degollar á sus mas caras prendas de gen- 
te que ni aun por el nombre conocían. Alcanzóse cum- 
plidísima vitoría , dejando en el campo muertos de los 
turcos tres mil caballos y diez mil infantes. Los que 
quedaron vivos fueron los que, reconociendo con tiem- 
po el desi^rd(9i y pérdida , y que los catalanes eran im- 
penetrables á los golpes de sus dardos, se pusieron en 
seguro con la huida ; y el querer muchos hacer lo miar' 
mo después, les causd mas presto la muerte , porque 
ocupados en retirar sus hijos y mujeres, dejaban la ba- 
talla , y luego perecían. La presa fué grande, y los ni- 
ños cautivos muchos. Refiere Nicéforo , gríego de b«h 
cion y enemigo declarado de la nuestra» el espanto y 
terror que causó en los tu reos este prímeraeometimien*» 
to con estas mismas palabras : « Como los turcos vieron 
el ímpetu feroz de los latinos (que así llama á los ca- 
talanes), su valor, su disciplina militar y sus lucidas 
y fuertes armas » atónitos y espantados huyeron, no 
solo lejos de k ciudad de Constautinopla, pero mas 
adentro dejos antiguos límites de su imperío.» Nues- 



noestros tiempos , que suelen ponerse en medio del es-^ . ^& gente siguió el alcance poco rato , por do tenenla 



1 



tierra conocida, y volvieron aquella misma noche al 
cabo , por tener el alojamiento reconocido y seguro. 

CAPITULO XI. 

RMffMl al ejército, para inTejnar en elpba áe Aitatio, 

á sus alojamienlos. 

Dieron aviso al Emperador del buen suceso de su 
vitoría, enviando cuatro galera^ con ríquisimos pre- 
sentes para entrambos príncipes, Andróuico y Miguel, 
y en nombre de los soldados se eovió á María , mujer del 
megaduque Roger, lo mas precioso y rico de la presa. 
Causó notable admiración entre los griegos la brevedad 
con que se alcanzó tan señalada vitoría, y el pueblo la 
celebró con alabanzas , libre del temor de los turcos, 
que insolentes con las Vitorias alcanzadas de los grie- 
gos do la otra parte del estrecho , amenazaban la ciu- 
dad con los alánjes desnudos; pero casi toda la noble- 
za, que como fuera justo, debiera mostrarse mas agra- 
decida á tan grande beneficio , manifestó el veneno de 
sus ánimos, que la envidia de la ajena felicidad no dio 
tugará que se pudiese mas encubrir. Los privados de 
Amlrónioo y las personas de mayor estimación de su 
nación comenzaroii á temer nuestras fuerzas, juzgán- 
dolas pQf supeHores á las que ellos tenían , y que dcu- 
tro de casa tanto poder en manos de extranjeros era 
cosa peligrosa. Bstas pláticas y discursos las alentaba 
el emperador Miguel , incitado de un oculto sentimien- 
to que causó en su ánimo la vitoijá^ porque algunos 
meses antes había pasado el estrecho con un ejército 
poderosísimo , y por miedo de los turcos ó poca segu- 
ridad de los suyos se retiró, con gran pérdida de su re- 
putación , sin trabar ni aun una pequeña escaramuza 
conel enemigo ; y como los catalanes, siendo tan pocos, 
vencierott á ios que élmo se atrevió á acometer con tan 
eicesiv» aáflaero de gente, desto nació su corrimiento, 
y del uiv grande aborrecimieato y deseo de nuestra 



Í2 DON FRANCISCO 

perdición. Los príncipes sienten mnctio que líaya quien 
se ios iguale en vulor, y uini en la diclia uborrcccu á 
quien «ü les avüiiluja, porque el poder no sufre virtud 
y purlcs avenlitjiíduseu njeuo sugcto, y inns cuando eii 
su cotnpelenciu sucede e) aventajarse. Si una baja y vil 
emulación do un principe en hacer versos causó la 
niucrlc á Lucano, ¿cunnlo mayor fuera si de valor y 
fortuna se compitiera ? Y así, no se debe tener por ca- 
pitán cuerdo el que intenta una empresa errada per su 
principe, si ya no quiere competir con él del imperio. 
Con el buen suceso que tuvieron, no trataron de p- 
sar adelanto ni seguir la Vitoria; cosa que les hizo 
perder reputación, y fué ocasión de hacer muchos ex- 
cesos en aquella comarca, que irritaron gravemente el 
ánimo de los naturales y griegos. Cuando quisieron en- 
trar Ja tierra adentro, comenzó el primer dia de no- 
viembre á entrar con tanto rigor el invierno, con vien- 
tos frios y agua, que les detuvo. Los rios por sus cre- 
cientes stu poderse vadear, la campana estéril llena do 
cúomigos , los caminos difíciles por donde se habla de 
marchar para socorrerá FiladclGa, eran causas bastan- 
tos para diferir cualquier empresa. Hoger, con el pa- 
recer y consejo de sus capitanes, se resolvió de inver- 
nar en Cizico , lugar acomodado por la fortaleza del si- 
tio y abundancia de las vituallas, y porque el ano si- 
guiente fuese menos embarazosa la salida ¿que si hubie- 
ran de partir de Grecia y embarcar y desembarcar la ca- 
ballería tantas veces ; cosa de suyo tan molesta. Dieron 
luego aviso al Emperador desta resulucion , y aprobó- 
la con mucho gusto , porque era lo que mas le conve- 
nia , por tener el ejército alojado en la frente del ene- 
migo, y apartado de Constautinopla y de los demús 
pueblos griegos , donde no fultnran quejas y pesadum- 
bre?, aunque cerca de tres meses anduvieron alojados 
por Asia sin efeto, trabajando la tierra con insoportables 
contribuciones. Mandó Andrónicoque con mucha di- 
ligencia se llevasen por mar las vituallas que no se ha- 
llnban en el cabo ; con que pasaron los nuestros un in- 
vierno muy apacible. El megaduque Roger envió con 
cuiítro galeras por su mujer María. El orden que se 
tuvo en los cuartcle<( para excusar pendencias entre los 
soldados y sus hué^^pedes , fué el siguiente. Los solda- 
dos nombraron seis de su parle , y los de la tierra otros 
tantos , para que de común parecer y acuerdo se pu- 
siese precio á las vituallas ; porque encarcciéndoso mas 
de lo justo , fuera gran descomodidad para los soldados, 
y dándose aprecio muy bajo, no-resultase en notable 
daño de los huéspedes , á mas de que faltara el comer- 
cio y provisión ordinaria, que acudía de todas partes 
con abundancia. Ordenóse á Fernando Aones, almirante, 
que con la armnda fuese á invernar á la isla ¿e Xio, 
puerto seguro y vecino de las costas enemigas. Es el 
Xio isla de las mas señaladas del mar Egeo , por nacer 
en ella sola el almaste (i), cosa quo negó naturaleza ú 
las demás parles de la tierra. 

CAPITULO xn, 

Fernn Jincnct de Arenas se aparta de los sayos. 

Concertadas en la forma dicha las cosas de mar y 
tierra, so pasaba el invierno con sosiego y mucha con- 
formidad , pero luego nuestras Tuerzas se fueron en- 
flaqueciendo con algunas divisiones y discordias civi- 

(1) Aimattec mas bien, 6 atuiáaga, especie de fomatt resina. 



DE MONCADA. 

les. Forran Jiménez do Árenos, caballero degranli« 
naje y buen soldado , se desavino con Roger sobro 
el gobierno do sus gentes; y pareciéndole desigual 
la competencia , se apartó del ejército con los suyos; y 
volviéndose á Sicilia , pasai^dopor Atenas, se quedó á 
servir á su duque , que le recibió agradecido , y bon>ó 
ron C2irgos militares; en cuyo servicio se detuvo liasla 
que la necesidad de sus a.migos en Galipoli le llamó, y 
volvió ajumarse con ellos, aveuturando, como buen ca- 
ballero, la libertad y la vida. Pachinierio dice que la 
ocasión do* apartarse Forran Jiménez de Roger fué 
porque muchas veces le a^lvirlió que reprimiese y casii- 
gase los soldados, ycomo vló que rn esto no añilaba 
como debia,se apartó de su compañía con los que le 
quisíiron seguir, j Notable fuerza de inclinación, que 
apenas se apartaba el peligro de las armas extranjeras, 
cuando ya las competcucias y guerras civiles se cucei> 
dian entre ellos! 

En abriendo el tiempo , el megaduque Roger y su 
mujer Marfa se fueron ¿ Constautinopla con cualro ga- 
leras, á tratar con el Emperador de lu jomada , y á pe- 
dirle dinero para hacer pagamento general antes que el 
ejército saliese en campana. Miguel estaba en Cooslaa- 
tiuopla, y queriendo Roger visitalle y dalle razón délo 
que se pensaba hacer aquel ano, no le dio lugar, porqiie 
se tenia por ofendido del mal tratamiento que halla 
hecho á los de Cizico, sus vasallos. Estodico Pacbiine- 
rio. Lo cierto es que Roger alcanzó de Andróaico el 
dinero con tanta largueza , que pudo dar dobladas pa- 
gas : liberali(\fid grande, si la falta de hacienda y dinero 
con que se hallaba permitiera que se le pudiera dareste 
nombre. Tiénese por virtud heroica en un principe la 
liberalidad, si en ella concurren dos calidades, teuergue 
dar, y que lo merezca á quien se da ; y cualquiera dees- 
tas dos que falte no es hberalidad, sino injusticia ; y t^í> 
aunque Andrónico repartió las mercedes en personas 
de grandes merecimientos, como le faltó la primera 
calidad , que es tener qué dar, túvose por muy excesivo 
este donativo, y por yerro muy grave, porque es* 
taba el íiscoy cámara imperial tan destruida, que no 
pedia acudirá las pagas ordinarias ni á otros gastos 
forzosos del imperio. No hay cosa mas perniciosa que 
el dinero recogido para la defensa común desperdi- 
ciarie en gastos voluntarios, y cuando la necesidad 
aprieta , acudir á nuevas imposiciones y pechos , dando 
por razón y causa justa el aprieto y la falta que nace ac 
sus excesos y demasías. Las imposiciones son justas 
cuando es forzosa la necesidad que obliga á P®"**[|*í ' 
pero coando el Príncipe consume la hacienda con dúoi- 
vas ó gastos impertinentes y. excesivos , ninguna jusü* 
ficacion pueden tener, pues solo proceden de sus des- 
órdenes ó descuidos. . 

Trataron Roger y el Emperador de cómo se bawao» 
hacer la guerra aquel ano , y Andrónico solo le ^^^^^ 
el socorro de Filtdelfia; lo demás dejó al ai^i^'^^ 
los demás capitanes y suyo; porque desde lejos y «^ 
de las ocasiones mal se puede ordenar lo que <^^°^' 
ne, ni tomar parecer cierto en cosos ton inciertas y ' 
rías como se ofrecen en nna guerra. Dejó ^^^'^ „- 
mujer María en Constantinopla, y navegó coo su 
cuatro galeras la suelta del cabo el primer.dia dem 
zo deí año de 1303. Luego que llegó se P^^a'"^ 
cuentas con los huéspedeSi tomóse muestra e^of^> 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



<3 



y seliaHó qae los soldados en poco roas de cuatro me- 
ses, que fué el tíempo que invernaron, liabian ^'as- 
tado Jas pagas de oclio , y algunos de un afio. Sintió 
Roger el exceso y desorden de los soldados, que como 
capitán prudente y plúlico, conoció el mal, aunque 
como dependía su autoridad del arbitrio de los solda- 
dos , no se atrevió á poner el remedio que convenia, 
porque no se disminuyese ó perdiese. Mal puede un ca- 
pitán conservar un ejército con puntual y eslrcclia obe- 
diencia si el poder y fuerzas con que los ha de ca«l!- 
gar lé dan ellos mismos; de que nace la iusolcucia y 
libertad. 

Roger, conociendo el tiempo, satisfizo los liné«pc- 
dcs , pagando todo lo que babi.iu gastado en mantener 
los soldados, y no quiso se les dcFconta^e de su sueldo; 
y asi les quedó libre el dinero de las cuatro pagas, que 
luego les dio , y tomando Roger sus libros de las racio- 
nes y cuentas, donde constaba de los gastos excesivos 
que ios soldados habían hecho , los quemó en la plaza 
pública de Cizico; con que quedaron todos obligados y 
agradecidos á su liberalidad. Los autores griegos dicen 
que Cízico y toda su comarca quedó destruida por las 
crueldades y robos de los catalanes » y que temiendo el 
emperador Andrónico que Roger no alargase el salir en 
campana por la mala disciplina y poca obediencia de los 
soldados, envió su hermanaá los últimos de marzo á Cí- 
zico para que exhortase á Roger, su yerno , saliese con 
el ejército, pues el tiempo y la ocasión conviduban á la 
guerra , y los soldados recién pagados saliesen con mas 
gusio. 

CAPITULO xin. 

IVrte el eifinltoi socorrer i FUaddfla , yveneen i Carama- 
■0, luto, fenenl de loa qno'ia teaiao sitiada. 

£1 deseo que tenia Jloger de salir en campana , ayu- 
dado de la persuasión de su suegro, hizo que luego se 
pusiese en «¡jecucion la sulida , y así se señaló para 
los 9 de abril. Estando apercibiéndose ya todos para 
el viaje, dos piasagetes ó alanos esperando en un mo- 
lino que les moliesen un trígo, llegaron algunos almu- 
gavarcs d tratar con descompostura una mujer que es- 
taba dentro ú tomar la harina ; salieron á la defensa los 
alanos y y entre otras razones que dieron contra Ro- 
ger, su capitán, fué decir que sí les daban tales oca- 
siones , harían del megaduque Roger lo que hicieron del 
Gran Doméstico (1). Este fué Alejos Raúl , que en una 
Cesta militar le mataron estos á traición, de un flechazo. 
Refirieron estas palabras ¿Roger, y por su mando ó 
cinsentimiento aquella misma noche los almugavarcs 
d eron sobre los alanos , y si la obscuridad de la noche 
y el cuidado-de los vecinos no les defendiera , los dego- 
1 aran todos. Muñeron muchos, y entre ellos un mozo 
▼aliente hijode George, cabeza de los alanos. A la ma- 
ñana volvieron ¿ toparse, y quedaron los catalanes su- 
periores, habiendo muerto mas de trescientos alanos; 
y si no se temiera á los vecinos de Cízico , á quien por 
bs malos tratamientos tenian irritados, que no toma- 
Sen las armas, y se pusiesen de parte de los alanos, los 
hubieran sin duda degollado todos. Por este caso se 

(f) El Cm Doméstleo, en sricfo mefioméHíco^ parece qoe en 
tnpectoáJaaiUicla de tferra Icqoeel nesadaqoe en la ofiarlUma, 
d fndo tapremo eo el naado del ^ército $ asi egma ca la caaa 
hBtfcdai nu de las ^imcni digaldadei. 



apartó la mayor parte do los alanos del ejército do Ro- 
ger ; solo quedaron con él hasta mil , que con promesas 
y ruegos los detuvieron. Roger quiso con dinero apla- 
car al padre por la muerte del hijo , pero Gregorio me- 
nospreció el dinero, y al agravio del hijo muerto se 
anadióla afrenta del ofrecimiento; con que el bárbaro 
quedó irritado, aunque encubrió la ofensa para mayor 
venganza. 

Fs'e suceso alnr;»ó la partida hasta los primeros 
de mayo, que salieron do Cízico seis mil con pombre 
de catalanes, m!l alanos y las compañías do romeos 
debajo dil gobierno de Marulíi; pero todos sujetos 
y á orden de Roger. Iba también NasUigo , gran pri- 
miserio (2). Llegaron con estas fuerzas á Ancliiran, y 
de allí con gran valor y confianza, que así lo dice Pa- 
chimerio, fueron á sitiar á Germe, lugor fuerte donde 
los turcos estaban ; y entendida por ellos la resolu- 
ción , con sola la fama de su venida dejaron el lagar y 
se retiraron ; pero no pudo ser esto tan á tiempo , que 
su retaguardia no fuese gravemente ofenriída de los 
catalanes. De allí pagaron ¿ otro lugar que la historia 
de Pacliimerio no.le nombra; solo dico que estaba 
dentro para su defensa Sausi Crísanislao , fumoeo sol- 
dado y capitán de búlgaros, á quien mandó ahorcar 
con doce desús soldados los mas principales, sin de- 
cir con certeza la ocasión deste castigo; solo se pre- 
sume que habrían defendido mal algún lugar que 
estalm á su cargo, ó entregado alguna fortaleza ; y que- 
riendo Sausi disculparse , atravesó razones con Rcger, 
qu^ le movieron á meter mano á la espada y hcrírle, 
y después fué entregado á los que le habían de ahor- 
car. Los capitanes griegos detuvieron la ejecución y 
alcanzaron de Roger el perdón , porque le advirtieron 
el disgusto que tendría el emperador Andrónico si 
castígase un hombre de tanta calidad y tan buen sol- 
dado sin habelle dado razón. Era Crísanislao uno de 
los capitanes búlgaros que prendió Miguel, padre de 
Andrónico , en la guerra do la Chana ; y detenido gran 
tiempo en prisión, fué puesto en libertad por Andró- 
nico , y honrado en cargos militares ven gobiernos de 
provincias, y entonces se hallaba en esta parte de Fri- 
gia, ocupado en servicio del Emperador. Luego de } 111 
pasó el ejército á Geliana, camino de Filailellia, donde 
le llegó aviso á Roger de algunos lugares fuertes que 
ocupaban los turcos, signiíicándolu la violencia que 
padecían, y por carta lo suplicaban lesayudafc, pues 
eran romeos que se dieron ú la fuerza del tiempo, y 
que se querían levantar contra los enemigos. Roger 
les respondió que estuviesen de buen Animo , que ti 
les socorrerla. Con esto pasó adelanto á meter el so- 
corro en Filadclfia, que era el principal intento que lle- 
vaban. Caramano Alisurio, que la tenía sitiada, cuyo 
gobierno se extendía por esta provincia, con el aviso 
que tuvo de la venida del ejército de los catalanes, 
levantó el sitio con la mayor parto do su ejército, y 
caminó la vuelta dellos, con deseo de vengar la rota 
del año antes que los cahilanes dieron á sus compa«* 
fieros. Esto pareció que le convenía, y no agtiardallos 
sobre Filadulfia, ciudad grande y con gente arma- 
da, que animafla del ejército amigo, saldría ¿ pekar. 
Dejó algunos fuertes guarnecidus, con que le pareció 

(2) Prímiefrnt, lítalo qnpfSrgdo la íntcrprctacloa de la pala])fi« 
equivalía al aocaifo de magontvmv niaifor. 



j4 DON FRANCISCO 

que los de la ciudad no intentarian el salir; pero dos 
millas lejos, al amaaecer se reconocieroQ de uaa y oü'a 
parle, y se pusieron en orden para pelear. £1 ejército 
(le los turcos llegaba á ocho mil caballos y doce mil in- 
iántes, caramanos todos, los mas valientes y temidos de 
toda ia nación, superiores en número á los nuestros, 
pero muy inferiores en el valor, en la disciplina, en la 
ordenanza militar y en las armas ofensivas y defensi- 
vas; solo liabia igualdad en el ánimo y deseo de pelear. 
Roger -dividió en tres tropas su caballería, alanos, 
romeen y catalanes; y Corbaran de Alet, á cuyo cargo 
estaba la in£mleria, la dividió en otros tantos escua- 
drones; y becha señal de acometer, se embistieron 
con gallardo áuimo y bizarría. Trabóse la batalla muy 
sangrienta para los turcos , porque los catalanes, mas 
pláticos en herir, y mas seguros por las armas de ser 
ofendidos , hacían grande daño en ellos con muy poco 
suyo. Junto 4 los condutos de la ciudad fué donde mas 
reciamente se embistieron. Pero los turcos, valientes y 
atrevidos, no dejaban por todos los caminos que podian 
de ofender ( los nuestras y poner en duda la Vitoria, 
que hasta al medio dia anduvo varia; pero el valor 
acostumbrado de los catalanes ia hizo declarar por su 
parte, con notable daño de los turcos. Escapáronse 
huyendo hasta mil caballos, de ocho mil que entra- 
ron en la batalla , y solos quinientos infantes , y Cara- 
mano Alisurio se retiró herido. De los nuestros pere- 
cieron ochenta caballos y cien infantes. Rehechos sus 
escuadronas , pasaron la vuelta deFiladelfía, siguiendo 
lentamente al enemigo, y temiendo alguna gran em- 
boscada de sus copiosos ejércitos. Los turcos de los 
fuertes, sabida la rata, los desampararon, y fueron 
siguiendo su capitán vencido. Fué la presa y lo que 
se ganó en esta batalla, seguñ Montan(}r, de mucha 
coiisíderaQion. 

Con esta Vitoria comenzaron á levantar cabeza las 
ciudades de Asia, viendo que los nuestros habian dado 
principio 'á su libertad , que los turcos tenian tan opri- 
mida. Llegó esta opresión á tanto extremo, que les 
quitaban las mujeres y los hijos para instruilles en su 
seta. Profanaban los templos y monasterios tan anti- 
guos, donde habia depositados tantos cuerpos de san- 
tos, y grande memoria de nuestra primitiva Iglesia, 
qo^ tanto llorjscíó en aquellas provincias ; trocaudo el 
verdadero culto en falsa y abominable adoración de su 
profeta. Pero como por los justos juicios de Dios estaba 
ya determinada la destruicion y servidumbre de todo 
aquel imperio y nación, fué de poco provecho para al- 
canzar ^tera libertad todo lo que los nuestros hicie- 
ron; antes parece que se conGrmó con esto su perdi- 
ción, pues cuando los grandes remedios no curan la 
dolencia por que se dan , es casi cierta la muerte. Nues- 
tros capitanes se detuvieron antes de entrar en Fila- 
deifia, reconociendo algunos lugares veGÍno$,adond|B 
se pudieron haber retirado y rehecho; pero todo Ip 
hallaron libre de los turcos, á quien .el miedo bUp 
alargar muchas teguas. 

CAPITULO XIV, 

Cntn ett Flladetlla el eHrcito Vitorioso. GáDinse ilgnoos faertM 
qae el enemigo tenia cerca de it ciodad* y tUii aegnada rota á 
los tarcos Junto i Tiria. 

Libres los de Filadelíia del sitio, que tan apretados 
les tuvo, por el valor de los armv d^ ¡a$ QsMm^ 



DE HONCADA. 

salieron á recebir el ejército ios magistrados y el pue- 
blo, con Teolepto, su obispo , varón de rara santidad, 
y por cuyas oraciones se defendió Filadelím roas que 
perlas armas del ejército que la guardaba. Entrarua 
las tropas de nuestra caballería primero, con los es- 
tandartes vencidos y ganados de los turcos, Seguían 
después el carruaje Heno de los despojos enemigos, y 
gran número de mujeres y niños cautivos, y algunos 
mozos reservados para el triunfo desta entrada. Las 
compañías de infantería eran las últimas, y en medio 
dellas las banderas y los capitanes mas señalados, con 
lucidísimas armas y caballos, que como cosa nuncí 
vista de los de Asia, les causó grande admiración. No 
hubo en aquella entrada soldado, por particular que 
fuese y que no vistiese seda ó grana , aunque en aquel 
tiempo los turcos no usaban trajes costosos; pero ei^ 
tre los despojos de los griegos habiaiL alcanzado gran 
cantidad de ropa y vestidos de mucho precio, queea 
^a Vitoria se cobraron. Detuviéronse quince dias en 
la ciudad , entretenidos con las tiestas y regocijos que 
se les hicieron; porque fué cosa notable el amor y el 
respeto con que les trataron los naturales, como quien 
reconocia dellos la libertad y la vida, que tan aventurar 
d^las tuvieron. La necesidad siempre es agradeciiJa, 
pero como cun el benelicio (^e repibe., .8^ acabe. 

Roger salió de FíladeiGa á poner en libertad á al- 
gunos pueblos de que estaban apoderados los turcos, y 
entre otros á Culla, algunas leguas mas adelante bácia 
el levante de la ciudad ; pero sabida la retirada y buida 
de su ejército , se retiraron los turcos. Los naturales 
los recibieron abiertas las puertas, como quien esca- 
paba de tan dura sorvidutiitare; pareciéndoles que con 
esto aleaozarian perdón de haberse entcegiado antes 
fácilmente á los turcos. Roger perdonó k multitud del 
pueblo , pero castigó gravemente H muchos. Cort6 la 
cabeza al Gobern^idor , y al mas*príncipal viejo del re- 
gimiento condenó á la horca. Estpvo un rato pendiente 
della sin morir, y atribuyéndolo á mitegro, cortáronla 
soga bs que estaban presentes, y le lUiraron- 

Volvió el ejército á Filadelfia , y según Pachimerio 
dice, Roger recogió. mucho3 ducados y 5e hizo con- 
tpibuír mas de lo que debiera-, por sentirse j-a en la 
ciudad la falta de bastimentos, por ser muy populosa 
de suyo y tener dentro el ejército, después de baber 
padecido un largo sitio, que fué tan apretado , que una 
cabeza de jumento se vendió por un precio mcreibte. 
Nastogo, duque y primiserio del imperio, que milita- 
ba en este ejércilp con Roger, se apartó del y se fué 
á Constan tinopla, porque no podia ver, como griego, 
maltratar álos naturales, y las demasías que Roger 
hacia con ellos; y así, llegado á Constantinopla, quiso 
que el Emperador le oyese; y como esto se le negó par 
los deudos y amigos de la mujer del Megaduque, 4 lo 
que yo puedo entender, se fué al Patriarca, y por ^ 
medio el Emperador dio oídos á las quíjas que traía 
contra Roger, de que se encendió en el palacio una 
gran discordia entre les amigos y ómulp5 del Mejar 

duque. 

Pareció á los capitanes del ejército que convenin 
echar primero aíenemigo de las provincias marítiínas, 
ponpie no quedase poderoso á las espakiea» y porque 
la vecindad de auarmada les diese Beatonas f se^ 
Tidad. -Con estadét^rminacipn partieron laejgo df í> 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



laáclfift para Níia» eindad do Lich, y de allí á Mag- 
nesu, la qao está en la ribera del río Megodro , donde 
apenas iíegóRoger, cuando dos ciudadanos de Tifia 
Tiuieroo ¿ pedille socorro, diciendo que )a ciudad no 
escala bastantemente íbrtíGcada que pudiese defen- 
derse de los teitibles asaltos del enemigo, y que si el 
socorro se tardaba, era cierto el perderse ; que los 
torcos con poco cuidado se podían coger á tiempo que 
estuYiesen derramados por aquellas vegas, y liacer al- 
guna buena suerte, con grande honra del ejército y 
provecho suyo ; que en llegando la noche se retiraban 
á los bosques, y salido el sol volvian á talar y destruir 
la campaña. Roger con la mayor presteza y diligencia 
que pudo tomó la gente mas desembarazada y suelta, y 
fué la vuelta de Tina para meterse dentro della antes 
del día. Llegó á tan buen tiempo, que los turcos ni le 
pudieron descubrir ni sentir, habiendo caminado trein* 
ta 7 siete muías en diez y siete horas. 

Vino la mañana, y los turcos comenzaron ¿ bajar á 
la llanura y llegarse ¿ la ciudad, y ya estaban cerca 
de las puertas para hacer sus acostumbrados acometí- 
mieotos, cuando Gorbaran de Alet, Senescal, salió á 
rebatillos con doscientos caballos y mil infantes. Car- 
e& sobre ellos con tanta gallardía, que les rompió y de- 
golló la mayor parte, pero la que quedaba entera, en 
reconociendo á los nuestros, se fué retirando hacia la 
aspereza de la montaiía. Gorbaran les siguió con parte 
de la caballería; pero como los caballos de los turcos 
estaban dttembarazados, y los nuestros cargados con 
el peso délas armas , llegaron á la falda del monte á 
tiempo que los tarcos, temerosos y cuidadosos solo de 
sus vidas, habían dctjado los caballos y mejorádose de 
puesto, poique tomaron los altos, de donde mejor se 
podían guardar j oíendér , impidiendo la subida á sus 
efiem^«£l Senescal, con mejor ánimo que consejo, 
mandó que se apeasen los suyos, y él hizo lo mismo, y. 
acometió segunda vez á los turcos; pero como ellos 
tstaban en lo alto y lenian algunos reparos, con pie-, 
dras y flechazos defendían la subida, y tiraban golpes 
mas seguros y ciertos á los que mas se señalabaa. Cor- 
barao, como valiente y esforzado caballero, era de los 
que roas les apretaban por su persona , y para subir con 
masligeposa y andar mas. suelto se quitó las armas, y 
después el morrión, ocasión de su muerte ; porque le 
dieran un flechato en la cabeza, de que luego murió; 
eoDcoya pérdida los demás se retiraron. 

Coa la muerte de tal capitán trocóse la vitoría des- 
te dia en tristeza y sentimiento ; porque perder una 
kena caben saele causar algunas veces inconvenien- 
tes y daños de mayor consideración que no lo es el 
provecho que resalta de la vitoría que se adquiere con 
iu muerte. Sintiólo Roger mucho, que le tenia con- 
oertado de casar con ana hija suya, y puesta en su per- 
seas su mayor esperanza. Perdió la vida Gorbaran con 
mas honroso fin que ios demás capitanes, porque cayó 
eon la espada en la mano y en la misma vitoría , y no 
pormanosde traidores, como otros compañeros suyos. 
Es corto d discurso de los hombres, que se tiene por 
gran desdicha lo que Se pudiera contar entre los prós- 
peros sucesos de la vida. Prevínole á Gorbaran una 
murta tavadaáotraeniel yafrentosa, pues corríe- 
VV| como es jdecreer, el mismo riesgo que los demás 
ttpitaiNS* BoteitAfonleen m tesiplo ilos Ipguas de 



Tiria, adondo dice Montancr que esta1)a el cucfpode 
san Jorge. Hiciéronlecoínpañia diez cristianos, queso- 
Ios murieron en aquel encuentro. Levantáronle un se- 
pulcro de mármol, y honráronle con grandes obse- 
quias, pues solo para cumplir con su memoria se de- 
tuvieron ocho dios. De. Tina despacharon orden á su 
armada , que estaba en la isla del Xio , para que lo mas 
presto que pudiese pasase á tierra firme de la Asia, y 
que se detuviese en Ania, aguardando segando orden. 

CAPITULO XV. 

Uep Beresgaer de Rocafortcon sa gente i CoiistaotÍoepla,7 por 
órdeo del Emperador se JqdU con Roger en Ereso. 

Llegó de Sicilia Berenguer de Rocafort por este tiem- 
po á Gonstantinopla con algunos bajeles y dos galeras, 
y con doscientos hombres de á caballo y mil almuga- 
vares, habiendo cobrado ya del rey Garlos el dinero que 
le debia, y restituido los castillos de Galabría que esta*- 
ban en su poder. Mandóle luego Andrónico que, nave-* 
gando la vuelta de la Asía, procurase jnntar sus fuer- 
zas con las de Roger ; y asi, con mucha brevedad llegó 
al Xio, adonde halló á Fernando Aones de partida, y 
juntos llegaron á Ania, de donde avisaron á Roger con 
dos caballos ligeros dek venida de Rocafort con los su- 
yos. Llegó esta nueva antes de salir de Tiria, ycousó ge- 
neralmente en todo el campo grandísimo contento, asi 
por la gente que Rocafort traia, que era mucha y esco« 
gida, como por la opinión que tenia de muy valiente y es* 
forzado capitán. Envió luego Roger á visitario con Ra- 
món Montaner, y con orden de que se partiese luego de 
Ania y viniese á Efeso, dicha por otro nombre Altohosco. 
Partió Montaner con una tropa de hasta veinte caballos 
y con alguna gente plática para que le guiasen por ca- 
minos desviados, por no encontrarse con los turcos, que 
ordinariamente dorrían la tierra y salteaban los cami-» 
nos mas pasajeros. Valióle ó Montaner poco esta dili-*. 
gencia y cuidado ; porque muchas veces hubo de abrir 
camino con la espada : llegó al íln á üi ciudad de Ania 
libre destos peligros. Dio á Rocafort la bienvenida de 
parte de los suyos, y le dijo lo que Roger ordenaba 
acerca de su partida. Rocafort obedeció, y dejando para 
la guarnición de la armada quinientos, almugavaresi 
con lo restante de la gente tomó el camÚM) de Efeso, 
adonde llegó, acompañado de Montaner, dentro de dos 
dias. Esta ciudad es una de las mas señaladas de toda el 
Asia por su famoso templo dedicado á la diosa Diana. 
Fué no solamente reverenciada de los romanos, pero de 
lo^ persas y macedones, que tuvieron entes el imperio, 
y todos conservaron sus inmunidades y derechos , sin 
que se mudasen jamás mudándose los imperios : tanto 
era el respeto con que veneraban los antiguos las co- 
sas que se persuadían que tenian algo de divinidad y 
religión. Pero el mayortítulo que esta ciudad tiene para 
ser famosa y celebrada, es haber puesto on ella el após- 
tol y evangelista san Juan los primeros fundamentos de 
hi fe. Deste santo referiré lo que Montaner escribe, que 
por referirlo en esta misma historia, no parece ajeno de 
la nuestra* 

Dicen que en esta ciudad de Efeso está el sepulcro 
donde san Juan se encerró cuando desapareció de los 
mortales, y que poco después vieron levantar un^ nube 
en semejanaa de fuego, y que creyeron que en ella fué 
«rrehatado su cuerpo, porqoe después no parecijí. La 



it ' CON FRANCISCO 

verdad desto no tiene otro fundamento mayor que la 
tradición de aquella gente» referida por Montaner. El 
dia antes de San Juan, cuando se dicen las vísperas del 
Santo, sale un maná por nueve agujeros de un mármol 
que está sobre el sepulcro, y dura liasla poner del sol 
del otro dia, y es en tanta cantidad, que sube un palmo 
sobre la piedra, que tiene doce do largo y cinco de an*» 
clio. Curaba este maná de muchas y graves dolencias, 
que con particularidad las refiere Montañés. 

Después de cuatro días que Rocafort y Montaner 11e~ 
paron á Efeso, entró también Rogcr con todo el ejérci- 
to. Alegráronse todos de ver á Rocafort, amigo y com- 
pauero en todas las guerras de Sicilia, por el socorro que 
les traía, que hallándose lejos y en tierras enemigas, fué 
de grande importancia , y aumentó mucho las fuerzas 
de ios aragoneses. Dióseie luego el oGcio de senescal, 
que vacó por muerte de Corbaran, y para que en todo 
le sucediese, le dio Roger su hija por mujer, habiendo 
sido primero concertada con Corbaran ; porque coa este 
nuevo parentesco aseguraba Roger la condición y as- 
pereza de Rocafort, aparejada para intentar cosas nue- 
vas. Dióle cien caballos para la gente que traia, con ar- 
mas de á caballo y cuatro pagas. En Efeso, dice Pa- 
cliimerioque Roger y los Catalanes hicieron notables 
crueldades para sacar dinero, cortando miembros, ator- 
mentando, degollando los desdichados griegos, y que 
en Metellin un hombre rico y principal, llamado Macra- 
mi, fué degollado porque prontamente no quiso dar 
cinco mil escudos que le pidieron : licencia militar y 
atrevimiento ordinario en gente de guerra mal discipli- 
nada. 

Roger, todo el dinero, caballos y armas que recogió 
de las contribuciones de las ciudades vecinas, euvió á 
Magnesia coniina buena escolta ; porque en esta ciudad, 
como la más fuerte de aquellas provincias, determinó 
.poner su asiento para invernar. De Efeso se fueron to- 
dos juntos á la ciudad de Ania, adonde estaba Femando 
Aoncs con la armada. Hiciéronlcs un grande recibimien- 
to á Rogcr y á Rocofort ios soldados que se hallaban en 
Ania, salíéndoles á recibir con grande alegría y regoci- 
jo; porque ya les parecía que juntos eran bastantes á 
recuperar el A8i& i echando della á los turcos. Roger 
agradeció y satisfizo este buen recibimiento, dando una 
paga á todos los soldados de la armada; y porque Tiria 
quedaba desarmada >siu defensa, determioaron que se 
enviase alguna gente para su seguridad. Fué Dl»;go de 
Oros, hidalgo aragonés, buen soldado, con treinta ca- 
lallos y cien infdntcs , porque con esto les parecía que 
quedaría en defensa la ciudad y su comarca, fiando mas 
en la reputación de sus aVmas que en el número de b 
gente; que muchas veces alcanza la reputación lo que 
no pueden las fuerzas. 

CAPITULO X\l. 

rcprlmm los nvpstros et atreTisiiento de Samvo Toreo. Llegan 
Doettras banderas á loa couflnea de la NatoUa y reloo de Ar- 
iaciii»« 

Tuvieron nuestros capitanes consejo del camino que 
tomurian , y concordaron todos e;i que volviesen otra 
vez hacia las provincias orientales, y pasadoj los mon- 
tes, mitrasen en Panilla, adonde les pareció que estarían 
las mayores fuerzas de los turcos y habría ocasión de 
venir con elloH á batalla ; que oste fué siempre el intento 



DE MONCADA. 

principal que se llevaba ; porque sí endo nuestro ^ército 
tan pequeño, no se podía hacer la guerra á lo largo y 
ocupar ciudades y lugares, habiendo de dejar en ellas 
guarnición , porque era dividir y deshacer sus fuerzas; 
y así, pareció siempre acertado caminar la vuelta de los 
turcos y pelear con ellos. Pero en tanto que se trataba 
de peñeren ejecución la salida, Sarcano Turco, con sa-» 
ber que el ejército de los catalanes estaba dentro de la 
ciudad, se atrevió á correr su vega, llevando ú sangre y 
fuego cuanto se le puso delante. Pagó presto su atrevi- 
miento y locura ; porque salieron los nuestrossin aguar- 
dar orden ni esperar los capitanes (tanto les ofendía la 
osadía de este bárbaro), y dieron con tanta presteza 
sobre él y los suyos, que aunque luego quiso retirarse, 
no pudo sin mucho daño, porque so halló tan empeña- 
do, que hubo de pelear para huir. Siguieron los nue»* 
tros el alcance hasta la noche, y volvieron á la ciudad 
con nuevos bríos, dejando muertos en la campana de 
los enemigosmíl caballosy dos mil infaútes : cosa ape- 
nas creída délos que quedaron dentro déla ciudad, por* 
que la salida fué jnuy t|irde y con mucho desorden . 

Roger y los demás capitanes, considerando cuan da- 
ñosa les pudiera ser la detención sí los soldados advir- 
tieran el peligro de'la jomada y camino que intentaban, 
con el gusto de la Vitoria pasada, quisieron que dentro 
de seis días marchase el campo. Partieron de Ania, y 
atravesaron la provincia de Caria y todo aquel inmenso 
espacio de provincias que están entre la Armenia y el 
mar Egeo, sin que hubiese enemigo que se les opusiese. 
Marchaba el campo, según la comodidad de los lugares, 
muy de espacio, consolando los pueblos crístianos y 
animándoles ¿ su defensa, y con universal admiración 
de todos los fieles eran recebidos los nuestros, alegrán- 
dose de ver armas cristianas tan adentro, las cuales los 
que entonces vivían jamás vieron en sus provincias, 
aunque su deseo siempre las llamaba y esperaba; pero 
la fiojedad de los griegos nunca les dio lugar á que les 
vieran, hasta que el valoree loa catalanes y oraBonescs 
se las mostró. 

CAPITULO XVIL 

Pelean con todo rl poder de loa toreos loa eatatanei t Hnffoanei 
en las faldas del monte Tauro* y alcaniaa deUiis soflalndistei 

Vitoria. 

Poco antes que llegasen á las faldasdel monte Tauro, 
que divide la provincia de Cilicia de Armenia la me- 
nor, hicieron alto, 7 trataron de que primero se reco- 
nociesen las entradas y pasos peligrosos, suspodianüo 
siempre, como sucedió, que el enemigo no les aguar- 
dase. En tanto que esto se consultaba, nuestra caballc* 
ría, que reconocía la campaña, descubrió el ejército 
euemigo, que aguardoba el nuestro entro los valles de 
lasíjldas del monte. Tocóse arma en ambos ejércitOi; 
ylos turcos, viéndose descubiertos y que su traza había 
salido vana y sin fruto, se resolvieron luego de salir á 
lo llano, y acometer á los nuestros, que venían algo fa« 
tigades del camino, antes que pudiesen descansar ni 
mejorar de puesto. Había cu el campo de los turcos 
veinte mil infantes y diez mil caballos, y la mayor parle 
deilos eran de los que hablan escapado de las rotas 
pasadas. Tendiúee su caliatleria por el ladoizquierdo, y 
la infantería por el do echo, la vuelta del. campo cris- 
tiano. Opúsose Ro£er coa su cabailerie á la del eaemi^ 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



l^, qw por la frente y costado cerró con la nuestra. Ro- 
cafoii^coD su inrantcrín y Marullí, liizo lo mismo, ha- 
biendo primero los almugavares Lecho su señal acos- 
fDfDbrada en los encuentros mas arduos, que era dar 
con fas puntas de las espadas y picas por el suelo, y de- 
cir : Jk^derta, hierro ; y fué cosa notable lo que*liicteron 
aquel dia, que antes de vencer se daban unos á otros la 
norabuena, y se animaban con cierta conüanza del buen 
suceso. 

Trabóse \% batalla en puesto igual para todos, con 
grandes y Tanas voces, peleándose valerosamente, por- 
que pendia la vida y libertad de entrambas partes de la 
Vitoria de aquel dia. Sí los nuestros quedaran vencidos, 
por ser poco pláticos en la tierra y tener tan lejos la 
retirada, fuera cierta su muerte, 6 lo que se tuviera por 
peor, quedar cautivos en poder de aquellos bárbaros 
ofendidos. Los turcos tenían también i^jual peligro; 
porqoe los naturales de aquellas provincias cristianas 
adonde estaban^ viéndolos rotos y vencidos, les acaba- 
ran sin duda, satisfaciendo en ellos una justa venganza. 
En el primer encuentro, por la multitud y número iníi- 
nito de los bárbaros, se corrió gran riesgo y estuvo la 
Vitoria muy dudosa ; pero cobraron nuevo ánimo y ^vi- 
gor; porque los capitanes repitieron segunda vez el 
nombre de Aragón, y desde entonces partee que esta 
voz infundió en los efiemígos temor, y en los nues- 
tros un esfuerzo nunca vista. Y como ya de una yolra 
parte se habia llegado á los golpes de alfanjes y espadas, 
en que los nuestros tenían tanta ventaja por las armas 
defensivas, luego se comenzó á inclinar la vitoria por 
nuestra parte. Los cata lañes ejecutaban en los vencidos 
su rigor y furia acostumbrada en las guerras contra los 
¡afieles, que agoel dia en los turcos todo fué desespe- 
ración, ofreciéndose á Ja muerte con tanta determina- 
ción y gallardía, que no se conoció en alguno dellos 
muestras de quererse rendir, ó fuese por estar resueltos 
de morir como gente de valor, ó porque desesperaron 
de hallar en los vencedores piedad. En tanto que sus 
brazos pudieron herir, siempre hicieron lo que debían, 
ycuandodesfallecian, con el semblante y los ojos mos- 
traban que el cuerpo era vencido, no el ánimo. Los 
Boeslros no contentos de baberios hecho desamparar 
el campo, les siguieron con el mismo rigor que pelearon 
en la batalla. La noche y el cansancio de malar dio fin 
al alcance. Estuvieron hasta la mañana con las armas 
en la mano. Salido el sol, descubrieron la grandeza de 
ja riloria; grande silencio en todas aquellas campa- 
nas, teñida la tierra en sangre, por todas partes monto- * 
Besde hombres y caballos muertos, que aíirma Monta- 
Dcr que llegaron á número de seis mil caballos y doce 
mil infantes, y que aquel dia se hicieron tantos y tan 
señalados hechos en armas, que apenas se pudieran 
w mayores; y con encarecer esto no refiere alguno en 
particohir, con grande injuria y agravio de nuestros 
hempos , pues tales hazañas merecieran perpetua me- 
moria. 

Quedó con tanto brío nuestra geqte después desla 
Jíloria, y tan perdido el miedo á las mayores dificulla- 
des, que pedían á voces que pasasen los montes y en- 
yjísenen la Armenia, porque querían llegar bástalos 
miiroos fines del imperio romano, y recuperar en poco 
hcmpo lo que en muchos siglos perdieron sus empera- 
wres: pero loscapilaues templaron esta determinación 



\1 
tan temeraria, midiendo, como era justo, sus fuerzas 
cou la dificultad de la empresa. 

CAPITILO XVIIL 

Con la entrada del Invíprno vuelven los nacstros A las prnvlnfbi 
marlllmas. Rebélanse los de Magnesia ; pónctcs sitio Hngpr, 
pero llamado de Aiidrónico, le levanta, y llega i la boca del cs^ 
trecbo eon todo el ejército. 

Detuviéronse ocho dias en el lugar do la Vitoria , y 
fueron pocos para recoger la presa. Prosiguieron su 
camino hasta un lugar que Montaner llama Puerta del 
Hierro, término y raya de la Nalolia y Armenia. Detú- 
vose tres dias Hoger, dudoso del camino que toma- 
rían ; pero al fin, viendo cerca el otoño, y hallándose 
tan adentro de las provincias que aun no estaban bíeu 
aseguradas á su devoción, se resolvió, con el parecer do 
sus capitanes, de volver á la ciudad de Ania y pasar em 
ella eMnviernp, hasta que fuese tiempo de salir en 
campaña, pues aquel año se habia roto cuatro veces 
al enemigo y recuperado tantas provincias. Nícéluro 
diceque por fallar las espías y gente plática en la tierra 
dejaron de pasar adelante, porque sin ella fuera cosa 
muy peligrosa, y Roger era tan diestro capitán, que no 
se aventurara temerariamente. Hacíanse las jortiadas 
muyqortas, porque no pareciese que la retirada era 
por alguu temor, camitiando por los puestos quo te- 
nían ya reconocidos á la ida. En esta retirada cargan 
los historiadores griegos á los nuestros de iusolentes y 
crueles, que hicieron mas daño en las ciudades de Asia 
que los turcos enemigos del nombre cristiano; y aun- 
que creo que fueron algunos los daños, pero no tantos 
cumo ellos lo encarecen. Porque el tiempo que los 
nuestros estuvieron en Asia fué muy poco, y este le 
ocuparon siempre en vencer y alcanzar señaladas Vi- 
torias de sus enemigos, de donde les resultaba iufinita 
ganancia de las presas que hacian/quo eran tantas, 
quealgunas veces las dejaban, ó por no pederías llevar, 
ó por estimarlas en poco; pero yo doy por verdadero 
lo que dicen los griegos , mas no por eso se les puede 
quitar la gloría de sus Vitorias. ¿Qué ejército se ha 
visto que diese ejemplo de moderación y templanza , y 
mas el que alcanza muy á tarde sus pagas? No hay duda 
que un ejército amigo mal disciplinado es tan dnuo«^o 
en una provincia como el del enemigo ; y así los grie- 
gos la mayor parte de sus historias entretienen en las 
quejas destos daños , encareciéndolos mas de lo que 
debe un historíador. 

Veníase el ejércilo retirando hacia Magnesia» donde 
Roger tenia la mayor parto de sus riquezas y tesoro, 
cuando le llegó aviso de los de Magnesia como Ataiio- 
te, su capitán, se habia rebelado y degollado la guar- 
nición de los catalanes que Roger habia dejado, y alzá- 
dose con sus tesoros, que habia recogido deutro de la 
ciudad. El caso pasó desta manera. 

Magnesia era uqa ciudad fuerte y grande, y por en- 
trambas cosas difícil de ganar si los ánimos de los na- 
turales estaban unidos. Sucedió que Roger, mal adver- 
tido , les entró á pedir que para cuando él volviese le 
tuviesen á punto caballos y dinero para socorrer su 
gente. Ellos, valiéndose del aborrecimiento que los ala- 
nos que estaban dentro tenmn á los catalanes, y mo- 
vidos de la codicia de hacersedueñosde los tesoros que 
Roger había recogido, se resolvieron de tomar las aro- 
mas y rebelarse. Comunicado su cousejo con AtaliotOi 



tí DON FRANCISCO 

y aprobado por él, les pareció ponelle en ejecución; 
porque como antes vivían á modo de ciudad libre , te- 
mian venir en sujeción. Los ciudadanos eran muchos 
y unnados, les alanos tambign, y los graneros con abun- 
da ncia 'de trigo, armas, dineros y otros perlreclios mi- 
litaros; finalmente, recibiendo fe y juramento entre sí 
de valerse unos á otros, pasaron á cuchillo parle de los 
catalanes que estaban dentro , parte prendieron y los 
pusieron en cárceles muy seguras. Con esto se confir- 
maron en su rebelión, porque no bay cosa que mas la 
asegure que un hecho semejante , cuando la atrocidad 
quita la esperanza del perdón. Este hecho no le parece 
al griego Pachimerío, que lo refiere^ digno de vitupe- 
rio, antes lo aprueba y alaba ; con que claY^mente se 
debe tener por apología mas que por historia la suya. 
^ Sabida la rebelión de los de Magnesia por Roger, 
quifio castigalla luego; y así, con parte de los alanos 
que le seguían, de los romeos, y con todos los catalanes 
fué á poner sitio á la ciudad para casligalla, como me- 
recía tan fea maldad. Hizo venir con notable diligencia 
máquinas y artificios para batilla , y á pocos dias dio 
un asalto general, en que fueron rebalidos los nuestros 
con grande mofa y escarnio de los cercados, y á Roger 
con palabras injuriosas le afrentaban. Quisó Roger 
rompelles los conductos ; pero ellos, advertidos, hicie- 
ron una salida con que impidieron el efeto. El cercóse 
continuaba, y en ese mismo tiempo les vino un despa- 
cho de Andrónico en que les mandaba que , dejado el 
«itío de Magnesia, viniesen á juntarse con Miguel, su 
hijo , para socorrer al príncipe de Bulgaria , cuñado de 
Roger, porque un lio suyo se le habia levantado con 
parle del estado, y estaba en punto de perderse si no se 
le acudía presto con socorro. Tengo por muy cierto 
que este levantamiento fué fingido por Andrónico , por 
dar alguna razón aparente para sacarlos nuestros de la 
Asia, de quien temió siempre que, acreditados con tan- 
tas Vitorias, se alzarían con ella, negándole la obedien- 
da ; y para obligar mas á Roger, le puso delante el pe- 
ligro de su cuñado. A estos daños vive sujeto el capi- 
tán que sirve ó príncipes tiranos ó pequeños , en quien 
siempre la sospecha y recelos tienen el primer lugar en 
sus consejos. Dichoso el que obedece y sirve á grande 
y poderoso monarca, en cuya grandeza no puede caber 
ofensa nacida del aumento de su vasallo. Para tener 
por ciertos estos movimientos me hace gran dificultad 
el ver que no trata Nícéforo dellos, antes bien da dife- 
rente causa porque los nuestros no pasaron adelante 
con sus Vitorias, que fué el miedo grande de Andróni- 
eo, y sin duda este fué el que detuvo la buena dicha de 
los nuestros, y el que impidió que no se restaurasen 
todas las ciudades y provincias del antiguo imperio de 
los romanos. Estas son las mismas palabras de Nicé- 
foro ? « Roger, después de haberse juntado en consejo, 
resolvió de replicar al Emperador, y en tanto ver si 
podia ganar á Magnesia ; pero la resistencia de los de 
dentro fué de manera , que Roger se hubo de retirar 
con pérdida de reputación y gente; y aunque llegó á 
tratar de concierto con ellos , con solo que le volvie- 
aen el dinero, no lo podo alcanzar. Por esto, y porque 
los alanos se despidieron, trató Roger de levantarse 
deHsitio, dando por disculpa qué el Emperador se. lo 
mandaba ; pero muchos no dejaron de t€ner un oculto 
fleulimieoto de salir de aquellas provincias siii ca«ti* 



DE MONCADA. 

gar los magnesiotas y dejar lo que habían ganado u 
la furia y rigor de los bárbaros, que luego las habiaa 
de ocupar viéndolas sin defensa. No faltaban entre 
los soldados ordinarios algunos que; con secretas plá- 
ticas , alteraban los ánimos para nuevos movimientos, 
diciendo : ¿Qué nos importa haber vencido tantas 
veces si se nos quita el premio de las manos? ¿Pan 
esto salimos de nuestra tierra y del regalo de la patria, 
para tener por recompensa del peligró de la yida, 
tantas veces aventurada, una pequeña paga? ¿Des- 
pués de Ranada una provincia, sacamos della y danos 
por galardón de tantos servicios una nueva y peli- 
grosa guerra? Los capitanes y la demás genis de lus- 
tre*, aunque disimulaban y en lo exterior se dejaban 
engañar, sentian mal desta partida, y creyeron que 
mas habia nacido de los recelos de Andrónico que de 
los movimientos de Bulgaria. Llegáronlos nuestros á 
la ciudad de Ania , y de allí tomaron el camino liasta 
la boca del estrecho por todas aquellas provincias 
marítimas, navegando siempre la armada al paso que 
ellos marcíialmn por tierra. Con esta orden Uegarooal 
cabo que está en el estrecho, en frente de Galípoli,que 
Montaner llama Boca de Aner. Avisaron de allí rl 
Emperador como estaban á puntó para embarcarse, 
aguardando nueva orden para partirse. Quedó cod- 
tentisimo Andrónico de que los «catalanes le hubiesen 
obedecido , y alabándole^ por. cartas su puntualidad 
en cumplir sus órdenes, les hizo saber como losiuo- 
vimientos de Bulgaria con solo la fama de que véala 
el ejército de los catalanes se sosegaron, o Esto es lo 
que dice Montaner ; pero Pachimerío parece quereliere 
con mas verdad la ocasión que tuvo Andr<^ico en ^ 
segundo despacho de decir que ya estaba todo sose- 
gado ; porque Miguel Paleólogo , su hijo , á persuasioo 
de los griegos ofendidos y de los soldados de otrasna- 
ciones que tenia en su servicio, que como inferígresen 
número y valor, temían á los catalanes, escribió i su 
padre Andrónico que no quería que Roger se juntase 
con su ejército, porque temía guerras civiles, y que la 
insolencia de los catalanes no la pudiera sufrir si coa 
la misma libertad que en Asia liabian de proceder j 
vivir, y que Gregorio, cabeza de los alanos, estaba coa 
él ofendido por la muerte de su hijo , y que viendo i 
Roger y á los suyos sería ocasión de algún gran rom- 
pimiento. Con esto Andrónico le parecióque seria cao* 
veniente buscar algún medio para que esto se cooipo* 
siese; y así, mandó á su hermana Irene ; ¿ su sobrina 
María que se fuesen luego á Galipoli, y tratasen cou 
Roger que, dejando la mayor parte de su ejército ea 
Asia, con solos rail hombres escogidos pasase á jus- 
tarse con Miguel. Consultó el caso Roger con ios mas 
principales capitanes, y á todos les pareció cosa peli- 
grosa el dividir sus fuerzas, y sospeciiarou luego qu« 
esto no fuese principio de alguna muy grande traicioa ; 
y así, Roger respondió á su suegra,que él no se hallaba 
con ánimo bastante de persuadir á los catalanes que se 
dividiesen, pasando mil dellos á Grecia y que losdt- 
más quedasen en Asia. La isuegra volvió al Emperador, 
y le dio razón de lo que habia pasado con su yerno. 
Con esto se acabó la guerra de Asía en poco uvs dé dos 
años; corto espacio de tiempo para tan «eoaMoftli^ 
chps, basta^tes á ilustrar un siglo entero. 



EXPEDICIÓN OB CATALANES Y ARAGONESES. 



19 



CAPITULO XIX. 

Ai4|ise el ejército tu la Tncia Gliersoneso, y Hoger parte 

á Constantinopla. 

Embarcóse el ejército ea las galeras y navios de su 
annada, y siguiendo el orden que tenían del empera- 
dor Andréoico; atravesaron el estrecho, y desembarca- 
ron toda la gente en la Tracia Chersoneso, tomando 
porplaiá de armas y principa] cabeza de sus ulojamien- 
tos áGalipoli, ciudad en aquel tiempo tenida por la ma^ 
jMindpal de la provincia, puesta casi á la boca del es- 
trecboquemini al norte. Extiéndese este istmo ó Oier- 
soneso de .Tracia setenta millas á lo largo y seis en an- 
cho, y eo algunas partes menos de tres. Por la parte 
del oriente le baña el mar del estrecho , llamado de los 
antiguos Helesponto^ que divide la Europa del Asia. 
Gúeie el mar Egeo por la parte del ocaso y mediodía , 
y por el setentrion el mar del Propóntide, llamado en 
nuestros tiempos de Mármora. Fué en lo pasado este 
istmo morada de ios cruseos, y hubo en la parte que se 
continúa con la tierra firme, Lisímachia, célebre por su 
fundador Lisimacho, que le dio el nombre, y Sexto, lu- 
gar conocido por los amores de dos infelices amautes. 
Pero al tiempo que los catalanes y aragoneses llegaron 
¿ esta provincia, apenas parecían sus ruinas; solo en 
ksde la antigua Lisknacliia habia un castillo llamado 
Eiamille, y muchas aldeas y poblaciones pequeñas, 
idoade los nuestros se alojaron en tanto que pasaba el 
rigor del invierno, tomando, como tengo dicho» á G.i- 
UpoU, ciudad de mediana población, por priiici|al 
fama y presidio para la defensa común. Guardóse el 
núsmo érden ea los alojamientos que el ano antes se 
tavven el cabo de Artacio, quedando al parecer todos 
satisíéciios y sosegado^. Se fué Roger á Constantiuopla 
con cuatro ^oras y con p¡u*te de la infantería mas es- 
cogida, ¿ verse coa el emperador Andrónico y darle la 
norabuena de I^ restauración de tantas provincias del 
Asia, y recibir juntaroeníe mercedes y honras debidas 
ú tantas Vitorias. Llegaron á la ciudad los nuestros 
acampanando su general, y con universal admiración 
de todos learecibieron y acompañaron hasta el palacio, 
donde el Emperador, con demonstraciones y palabras 
ouDca antes usadas, le honró, y Roger, después de ha- 
boUé dado entera relación del estado de las provincias 
que paso en libertad, le pidió dinero para hacer paga- 
•aieoto general. Respondió el Emperador con mucho 
CQiDplimiento , diciendo que era muy debido á su ve- 
lorao dilatar pagas tan bien ganadas , y que él se las 
auuidaila librar luego. Pero aunque esta respuesta en 
lo exterior fué la que Roger podia desear, quedó el Em- 
perador muy desabrido desta demanda , porque des- 
pués de tan grandes prjesas y despojos riquísimos délas 
proviacias conquistadas, pedirle luego una pequeña 
paga, era señal de una codicia insaciable, y que difí- 
cüineote todo el poder del imperio griego la pudiera 
satisfacer. Lo que alcanza el soldado en premio de la 
atería sirve mas para el gusto quf para la necesidad; 
jasi, se distribuye con mucha largueza en juegos, en 
camaradas y en banquetes ; pero la paga se estima 
siempre como cosa que se da en precio de su trabajo y 
^ Kn sangre , y acuáe eos ella á su necesidad, y siente 
moda) que csu so Je niegue ó se dilate, y mas cuando 
ttPríBf^fNla MD 41W iar^uesa w una vana 09- 



tentación de su majestad, y deja de acudir á esta obli- 
gación, en la cual se funda y apoya la verdadera gran- 
deza de los reyes. 

CAPITULO XX. 

ncrengver de Cnteoza eon noevo socorro IIcp i Constantinopla, 
donde se le dio el cargo de mcgaduque, y ¿ Roger 1« ofrecieron 
el de César. 

Roger quedó en la ciudad algunos días solicitando 
al Emperador para su despacho, y á los ministros de su 
hacienda, que maliciosamente ocuílaban el dinero y 
ponían dificultades y estorbos en los medios y arbitrios 
que se daban para su cobranza ; arles usadas siempre 
de los que manejan hacienda de príncipes^ aunque en 
esta detención concurría el Emperador. 

En este medio llegó á Galípoli Berenguer, hombre 
conocido por su sangre y valor, llamado con grande 
instancia del emperador Andrónico ; que aunque Be- 
renguer tenia ya ofrecido que le vendría á servir, en- 
vió segunda vez por él con embajada particular, ofre- 
ciendo hacerle muy aventajadas mercedes. Partió de 
Mesina Berenguer, solicitado deste segundo llamamien- 
to, y llegó ¿ Grecia con algunas galeras y cinco bajeles 
'armados, y en ellos mil almugavares y trescientos 
hombres de á caballo, toda gente muy lucida. Detúvose 
en Galípoli diez dias, donde fué recibido con notable 
gusto de toda la nación , hasta saber lo que Roger or- 
denaba , á quien envió dos caballos para que le diesen 
aviso de su llegada. Holgóse mucho Roger de tener á 
Berenguer de Entenza en su compañía , porque había 
éntrelos dos estrechísima amistad y grandes obligacio- 
nes para conservalla. Escribióle que viniese luego á 
Constantinopla , porque el Emperador quería honrar 
su persona , como se contenia en dos carias del mismo 
Emperador cüu sellos pendientes de oro, que junlamon- 
te con la suya le enviaba. Con esto Bt^renguer de En- 
tenza se fué á Constantino! la , y luego, acompañado 
no solamente de Roger y de todos los de nuestra na- 
ción , pero también da muchos griegos principales que 
cu público profesaban nuestra amistad, entró en el pa- 
lacio imperial. Rccibiófe Andrónico con semblante 
alegre , pero con ocultos temores y sospechas , porque 
los catalanes so aumentaban no solo en reputación , pe- 
ro con nuevos suplementos de gente ; y aunque Andró- 
nico procuró con particular instancia que Berenguer 
viniese á servirle , fué antes que los catalanes alcanza- 
sen tantas Vitorias de los turcos. Pero después que por 
ellos creció su estimación , tuvo por sospechosa com- 
pañía tan poderosa dentro de su casa ; y Pachimerio 
dice que el Emperador no le quiso recibü* á su sueldo 
porque venia con mas compañías de gente que él pedia. 
Roger de Flor, entre las muchas partes que le hicie- 
ron famoso, fué el ser agradecido y reconocer en pú- 
blico sus obhgaciones á Berenguer de Entenza, quo 
en los tiempos que pobre y desvalido llegó á Sicilia 1.} 
amparó y ayudó á levantar su fortuna. Pidió licencia 
al Emperador para renunciar el oflcio de megaduque 
en Berenguer, dando por motive su valor y nobleza, 
igual á h de los reyes, y que caballero de tan alta san- 
gre era justo que tuviese el primer lugar en el ejército. 
Berenguer de Entenza con igual correspondencia su- 
plicé al Emperador quo el titulo de cesar que le ofrecía 
fuese servido de dalle á Roger, persena de tantos aervi- 



20 DON FRANCISCO 

cios, y por el cnsamicnto de su nieta adoptado en la 
casa real ; que él quedaría Iionrado si Roger lo queda- 
ba : competencia pocas veces usada, no solo en los 
tiempos presentes, pero ni en los antiguos, donde la 
moderación y templanza parece que tuvieron alguna 
estimación. Roger, poderoso en riquezas, acreditado 
con Vitorias , estimado por el nuevo parentesco; Beren- 
guer, por sangre y por valor ilustre, parece que en- 
trambos pudieran tener razón de pretender el supre- 
mo lugar; pero las mismas calidades que les debieran 
incitar á la emulación fueron las que les moderaron, 
juzgando por muy aventajadas las ajenas y por muy in- 
feriores las proprías. 

£1 siguiente día después de la llegada de Berenguer, 
asistiendo toda la nobleza de la corle , así extranjeros 
como naturales , Roger de Flor, habida licencia de An- 
drónico, se quitó el bonete , insignia de su dignidad de 
mcgaduque , y juntamente con el sello, bastón y estan- 
darte de su oficio, le entregó á Berenguer : rehusólo, y 
sin duda no lo admitiera si el Emperador resueltamen- 
te no se lo mandara. Causó en los griegos gran admi- 
ración la cortesía de Roger, y Andrónico la celebró y 
honró con otra mas seiíalada merced , ofreciendo á 
Roger titulo de cesar, uno de los mayores de su impe- 
rio; con que entrambos quedaron obligados, y los grie- 
gos ofendidos de ver que Andrónico diese el título de 
cesar, desusado ya en aquel imperio por sospechoso á 
los príncipes. En los tiempos antiguos , cuando flore- 
ció el imperio romano, llamar á uno cesar era señalar- 
le por su sucesor, como lo es entre los emperadores 
occidentales el rey de romanos, en Francia el DelOn y 
en nuestra Espaua el Príncipe. Pero declinado ya el 
poder de los romanos después de dividido el imperio, 
los emperadores griegos daban solamente el titulo de 
cisar, sin algún derecho de sucesión; pero siempre 
quedó estimado este oficio, puesto que solo sombra de 
lo que fué. Túvose después por el primero hasta que la 
dignidad de sebastocrator fué preferida cuando Alejos 
Comneno dio su segundo lugar en el imperio á Isacio. 
Esta también perdió después, su precedencia y autori- 
dad, cuando el mismo Alejos, por quedar sin hijo varón, 
casó su hija primogénita Irene con Alejos Paleólogo, 
dándole titulo de déspota, que es lo mismo que llamar- 
le á uno señor, y fuera sin duda emperador si no mu- 
riera antes que su suegro; de suerte que la dignidad 
de cesar en aquel imperio es la tercera , por ser la pri- 
mera la de déspota, y la segunda la de sebastocrator.. 
Dice Curopalates (i) que estas tres dignidades no tie- 
nen particular ocupación áque acudir, y que al César 
le Human señor, palabra tenida por soberbia, y debida 
solo á Dios en los tiempos antiguos, aun de los mismos 
emperadores, pues leemos de Augusto, de Tiberio y de 
alf^unos otros, quejamos consintieron que les llamasen 
Svñores. Tratábanle de majestad al César; el bonete 
que llévala era de oro y grana, y su remate casi como 
el del Emperodor ; la capa de grana , las medias y zapa- 
tos de color celeste, y la silla como la del mismo Empe- 
cí) Geor^.Codinl CnropaUtae De offidit nagnae eecUshe et au- 
he cMSianUHopoiUenae. P«ri8., 1648; Vcnct., 17i9. 

Esta en efecio parece qoe era la serie de categorías en el impe- 
rio bixantiao, i saber: emperador, déspota, sebastocrator, cesar, 
megadoque, panipersebasto y gran doméstico ; mas como dignida- 
des qne solían. feserfars^ ó inveniaree para los individuos do la 
fáuiiift imperial, eipenmenlaban machas aUeracionei. 



DE MONCADA.. 

rador, pero sin águilas ; iba junto al Emperador en las 
'públicas entradas y acompañamientos , y vive deutro 
de su palacio. Todo este suceso que se ha referído es 
conforme se saca de lo que Montaner en su historia , y 
Berenguer en sus relaciones , nos dejó escríto. Pero 
George Pachimerío, en el cap. ii del lib. 12, refiere 
con alguna variedad este suceso; y asi me ha parecido 
no confundilio con lo de arriba , ya que no los podía 
conciliar, para que el que lo leyere pueda con claridad 
íiacer juicio de lo que le pareciere mas verdadero. 

Determinado ya el Emperador de recibir á Beren- 
guer de Entenza ^ le envió á llamar muchas veces , que 
se decia estaba enGalfpoli, y para asegurarte leeovíó 
sus patentes con sellos pendientes de oro, en que la 
prometía conjuramento que, queriéndose quedar ^ le 
trataría con buena voluntad y ánimo amigable , y que 
cuando se quisiese ir no lo impediría. Berenguer , re- 
cibidos los despachos , con la fe y palabra del Empera- 
dor se fué áConstantinopla con dos navios; pero llega- 
do, no quiso salir fuera deilos, y envió el aviso al Em- 
perador de su llegada. Mandóle hiego el Emperador 
Ikmiar, y le envió coches y caballos para que entrase 
con mucha autoridad y honra; pero Berenguer ni qui- 
so salir de los navios ni obedecer, pidiendo que el Ero* 
perador le enviase en rehenes á su hijo el déspota Juan. 
Pareció esto mal , asi al Emperadt)r como á todos, pues 
no se fiaba de su palabra y juramento; y así, le dejó 
muchos dias en los navios. Finalmente , llegándose d 
día de Navidad, le envió á llamar, diciéndolc que estu- 
viese de buen ánimo , pues le habia asegurado con su 
fe y palabra. Estuvo dudoso jnucho tiempo, hasta ^ue 
se desengañó, y se fué al Emperador, de quien fué 
magníficamente recebido, pero siempre se retiraba ú 
ios navios, adonde el Emperador tuvo siempre cuenta 
de regalalle. El día de Navidad le tomó el Emperadof 
el juramento de fidelidad , y con esto le dio la dignidad 
de megaduque del Senado , y le dio la vara dorada, in- 
vención nueva del Emperador, y le vistieron al modo y 
uso de senador; con que dejó sus navios y se fué á po- 
sar á Cosmidio, donde estaban sus catalanes , que algu- 
nos deilos fueron también honrados con títulos y mer- 
cedes grandes ; y desde entonces Berenguer tuvo grande 
autoridad con los privados y en los consejos de Andró- 
nico. En el juramento de fidelidad qup hizo Berenguer 
disimuló su engaño, dando muestras de.verdad y llane- 
za, pues habiendo de jurar que seria amigo de los ami- 
gos del Emperador, y enemigo de sus enemigos , ex- 
ceptó á Fftdrique de los enemigos , porcjue decia que le 
habia jurado antes amistad. Esto pareció á los inteli^n- 
tes que encerraba en sí algún gran secreto mas de lo 
que exteríormente parecía ; otros lo tomaron bien, di- 
ciendo que, como fué fiel á Fadriquc, asi lo seria al 
Emperador; con que ganó opinión y gloria, siguiendo 
la sentencia de Platón, de cuánta importancia sea el 
parecer bueno y justo para ganar opinión y poder en- 
gañar. 

CAPITULO XXI. 

Los genoveses persuaden al Emperador la gacrra contra los cftta- 
lant'S, 7 Migod l'aleólogo hace lo mismo, y albordlase eo Cali* 
pali la gente de goerra. 

Los genovesesde Pera , que poco antes fortificaron y 
engrandecieron con fosos y murallas, fueron los prima- 
ros que hicieron sospechosasnuestras armas y pusieron 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



21 



diMbennnestrD (¡df^lidad.flieíendoal emperador Andró* 
nico que leoíao nuevas de poniente que se preparaba 
Qoa grande y poderosa armada para acometer las pro- 
Tíijcias del imperio á la prímayera , y que esto lo tenian 
por cierto por manifiestas conjeturas , y que los cata- 
laoe que antes estaban en su servicio, y los que des- 
pués con Berenguer de Entenza vinieron, estaban uni- 
dos para su daño, y no para su defensa ; porque se cor- 
respondían secretamente con los de Sicilia , y que el 
hermano bastardo de don Fadrique, rey de Sicilia, se 
entendía que venia con doce navios para juntarse con 
ellos, y que para entonces aguardaban el declararse y 
poner en ejecución sus intentos. Estos fueron los em* 
bustes con que los genoveses quisieron destruir los ca- 
talanes, y ellos introducirse y hacerse muy confiden- 
tes y celosos del bien común del imperio. Aconsejaron 
iAodrónicOy según dice Pachimerio, que acometiese 
desde luego á los catalanes con guerra descubierta; 
que ellos tenían cincuenta navios en orden , y que con 
otros tantos que se armasen por el Emperador, ó se les 
diese dinero á ellos, aunque fuese en largos plazos, los 
pondrían ellos en la mar , y que ¿ esto solo les movía 
ver ¿ los griegos maltratados, la tierra que ya tenian 
por patria maltratada y destruida de los que vinieron 
para defendelhi. No dio el Emperador por entonces 
crédito á los genoveses , creyendo que eran quimeras 
fingidas de su maldad.y envidia, nacida desde que pu- 
sieron los catalanes el pié en Grecia. La fe y juramento 
prestado de los catalanes también lo aseguraba; pero 
respondióles que agradecía su cuidado y lo que se do- 
lían de los trabajos de los griegos. Mandóles que calla- 
sen, y que él consultaría lo que se debia baccr, y que 
consultado, lo ejecutaría. 

Eü este mismo tiempo la honra y merced que An- 
drónico hizo á Berenguer irritó el ánimo de Miguel 
Paleólogo para nuestra ruina, y persuadido de los 
griegos, comenzó luego á tratar della, intentando para 
esto lodos los medios mas eficaces que pudo, atrepe- 
llando leyes divinas y humanas. Estaban los griegos 
tan enridiosos y soberbios, que con rabia y furor in- 
creíble, aunque con algún secreto, andaban maqui- 
nando traiciones y alevosías ; con lengua y manos so- 
licitaban á Miguel, ya mal afecto contra nosotros , en- 
careciendo la gran reputación de las armas de los ca- 
talanes, y que ocupaban los supremos cargos de su 
imperio en grande mengua de su majestad y deshonor 
rayo. Creyeron siempre los griegos que nuestros cata- 
lanes fueran como los alanos y turcoples, que no se les 
levantaban los pensamientos á mas que vivir con una 
triste y miserable paga ; pero cuando vieron proveí- 
dos en ellos los oficios de cesar, megaduque, senescal 
y almirante , y que tenian bríos para aspirar á los que 
quedaban » advirtieron su daño y comenzaron a sentir- 
se de que las fuerzas y honras del imperio se pusiesen 
en manos do extranjeros. Al tiempo que entre los grie- 
gos corrían estas pláticas y sentimientos, los soldados 
de los presidios, por parecerles que la paga se dilata- 
ba , maltretarotí ó los griegos de los pueblos donde es- 
talMín alojados; mal forzoso de la guerra, y que difí- 
cilmente el rigor militar de los mas insignes capitanes 
loba podida atajar. Miguel Paleólogo, atento ó todas las 
ocasiones do calumniar toda nuestra nación, se valió 
desta pora persuadir á su padre, diciendo que si no se 



atajaba luego la insolencia de los catalanes, seria la to- 
tal perdición del imperio y de su casa; porque no con- 
tentos con la paga y sueldos tan excesivos y con los des- 
pojos riquísimos del Asia, oprimían los pueblos amigos 
para satisfacer su codicia; que no por haber vencido á 
ios turcos quedaba el imperio libre de servidumbre, si 
se esperaba mas insufrible y cruel de los catalanes, en 
cuya mano estaba puesta la libertad cpmun ; qne en 
vano la había recuperado su abuelo Miguel Paleóio/^o, 
echando á los latinos del imperio , sí segunda vez se les 
liabia de entregar voluntariamente; que esto estaba 
muy cerca de sjuceder si no se atajaba su insolencia; 
que les quedaban aun fuerzas ó los griegos, si sus tra- 
zas saliesen vanas , para que de .cualquier manera se 
oprimiese á los catalanes; que la obligación en que le 
nabian puesto con librar sus provincias de los turcos, 
ya su arrogancia y mala correspondencia la liabia bor- 
rado, y sus Vitorias merecían nomhro de agravios, no 
de servicios , pues en vez de establecer sus armas en 
una segura paz el imperio , hacían nueva guerra á los 
pueblos amigos con intolerables contribuciones y ma- 
los tratamientos. 

Andróníco , apretado de la persuasión del hijo y de 
sus privados, que continuamente con quejas y senti- 
mientos lloraban la miseria de los griegos en tanto des- 
honor suyo, mostró luego contra los catalanes el efeto 
de sus pláticas, respondiendo á Roger y á Berenguer, 
que le pedían dinero para la guerra, que no les quería 
pagar hasta que hubiesen pasado á la Asia y diesen 
principio á la guerra ; lenguaje nunca antes usado de 
Andróníco, quehasla entonces fue roas largo en haí- 
ccrles merced y darles dinero que solícitos ellos en 
pcdillo. La respuesta de Andróníco llegó á los oídos de 
¡os de Calípolí , y fue tan grande el alboroto y motín 
que causó en todo el campo , que forzaron ú los capita- 
nes ó tomar las armas para acometer los lugares del 
imperio, y apoderarse de algunas fuerzas y pre<^i(1íos. 
En tanto que Andróníco dilataba el daríes satisfacion, 
mostraron gran sentimiento de sus dos capitanes Roger 
y Berenguer, por pareceríes que con su peligro y sangre 
se querian engrandecer, y que por no disgustar al Em- 
perador, de quien esperaban sus mayores acrecenta- 
mientos, no le apretaban como debieran \)ara que so 
les diese á ellos pagas tan bien merecidas. Estas sospe- 
chas llegaron ¿ tanto, que resolvieron de enviar emba- 
jadores al Emperador, pidiendo que les pagasen , y que 
continuarían su servicio con mucha fidelidad, casti- 
gando los excesos de los que se atreviesen ¿ ofender y 
maltratar los pueblos amigos. Esta embajada tan cor- 
tés, dice Pachimerio que fue por el miedo que tuvieron 
del ejército de Miguel Paleólogo , que se había juntado 
para reprimir su atrevimiento y osadía. Recebída del 
Emperador esta embajada, luego le pareció imposible 
el satisfacer, por las grandes pagas que le pedían ; pero 
por no llegar á rompimiento y á una guerra declarada, 
les remitió á Berenguer de Entenza para que por su 
medio se quietasen con dalles parte del dinero que le. 
pedían. Contentáronse por entonces con el dinero que 
se les dio, y con él se fueron ¿ Galípolí, donde ya había 
llegado Roger con su mujer, suegra y cuñado , que qui- 
sieron acompañarle, y también, ¿ lo que yo sospecho, 
por tener Roger cerca de sí á Irene, su suegra y hermana 
del Emperador, como en rehenes^ por si acaso contra él 



25 DON fRANClSCO DE MONCADA. 

se r¡uisi0^ proceder como rebelde cuando el alboroto 
v^ofu pasara mas abante. 



CAPÍ 



omLO : 



xm. 



Págase la ^ntfl ét gverra por oN^ ée AndrtfBieo eoD moftcfla 
corta , dQ iltule aaeieraB'iiievtis alborotos. 

Andíóujco ^ forzado de la^^íecesidad, con astucia y 
Traude grie^iMjiaiidó librs^la moneda de plata que se 
dio á los embajadTrres^iarja bacer el pagamento, muy 
menoscabada y falta en mas del tercio de su antiguo 
valor, Tj quiso que la recibiesen los soldados como si 
fueivinuy entera. Los capitanes, poco adTcrtidos del 
en^ño, fácilmente se dejaron persuadir, y solicitados 
los soldados, que casi amotinados pedian sus pagas, 
Lomaron el dinero y le trajeron á Galípoli , donde s^ 
ton.ó muestra y repartió con quejas y sentimientos; 
pero al fin con solo el nombre de que los pagaban, aun- 
que conocieron la falta, se sosegaron. Diferenleraente 
lo hicieron los genoreses poco después, que concerta- 
dos con el Emperador por cierta cantidad de dinero de 
enviar su armada contra los catalanes , pagándoles con 
esta misma moneda, se la volvieron á enviar y deshi- 
cieron la armada. Cuando los aragoneses y catalanes, 
contentos con el dinero de las pagas, quisieron pagar los 
huéspedes griegos y dalles entera salisfacion, rehusa- 
ron recebir la moneda al precio que se les daba, y como 
la comida y sustento necesario no sufre dilaciones, for- 
zaban á los griegos á que se las diesen, y recibiesen )a 
moneda. Con esto se fueron alterando los griegos, y los 
catalanes á buscar hi comida con las armas; con que 
todos los pueblos de aquella comarca quedaban desier- 
tos. AndrónSco, con infinitas quejas de ios desórdenes y 
demashis de los soldados, se inclinó á seguir el parecer 
de su hijo, y poner remedio eOcaz y violento á tantos 
danos. Pudiéranse atajar si la diversidad de cabezas 
que habla en nuestro ejército tuvieran entera autori- 
dad con los subditos, y ellos estuvieran unidos ; porque 
siempre que un príncipe nsa de trazas tan indignas de 
su obligación, como fué dará los catalanes moneda tan 
falta por su antiguo precio, y no mandar con universal 
edicto qne la recibiesen todos los subditos de su impe^ 
río al mismo precio, es dar ocasión cierta de venir á 
rompimiento el pueblo y la milicia. Tiénese por cierto 
que este medio fué trazado por entrambos emperadores 
Andrónico y Miguel, para qne losoatalanes maltratasen 
á les griegos, y ellos, ofendidos, tomasen las armas para 
su venganza; con que les pareció que los catalanes que- 
darían perdidos, y ellos libres de su obligación. Salió 
bien la traza; porque los nuestros, faltos de dinero, se 
entraban por las aldeas y pueblos grandes, y se lieciRn 
coDtríbufr, y en hallando resistencia, con la acostum- 
brada licencia militar maltrataban de manos y de len- 
gua á quien se les oponía. Nicéforo, autor griego, como 
do la parte ofendida, cuenta largamente los excesos de 
aquella milicia , y muchos* mas iorge Pachimerío, que 
dandolugar á su pasión, muerde con mayor maligni- 
' dad ; pero Montaner niega que los catalanes se mostra- 
sen implacables y crueles con los gríegos; antes dice 
que les ayudaban y socorrían, porque con la furia de 
los lurcos> los fieles de las provincias de la Asia, huyen- 
do de tan cruel servidumbre, se recogían á Constanli- 
nopla , y perecían en los muladares de hambre y de 
miseria , sin que á lee gríegos les metiese á lástima la 



desdicha de los que tenían por companeros y amigos ; 
y que los catalanes con mucha liberalidad y largueza 
socorrían á muchos que padecían en e^te común tra- 
bajo. El crédito que se debe dar á estos historiadores, 
el que leyere esta relación puede fá'cíimente ser juez, 
precediendo primero la noticia de sus calidades. Nicé- 
foro y Pachimerío, griegos , y en muchas partes poco 
cuidadosos de escribir la verdad , ofendidos por comu- 
nes y particulares agravios de los nuestros , lejos de las 
ocasiones ; Montuner, español, testigo de vista de todos 
estos sucesos , y que la llaneza de su estilo y del tiempo 
que escribió parece que asegura la verdad de los acon- 
tecimientos que refiere. 

El emperador Andrónico , temiendo que Rogir des- 
cubiertamente no tómaselas armas contra él, y siguiese 
la voluntad de tos catalanes, ofendidos del engaño que 
hubo en las monedas de sus pagas, quiso que el prín- 
cipe Marulli , general de los romeos que militaban con 
Roger en el oriente , fuese de su parte á traerle á Cons- 
tantinopla , y le asegurase de su voluntad , que siempre 
había sidode hacelle merced y engrandecetíe; y junta- 
mente le ordenó que dijese á su hermana Irene que se 
viniese con él , por parecelle que tendría autoridad con 
el yerno para persuadille lo que importase. Llegó cou 
esta embajada Marulli á Galf poli, y Roger claramente le 
respondió que no pensaba salir de Gulípoli sin hacerse 
mas sospechoso á los suyos con asistir en Consta ntino- 
pla. Irene también se excusó por la falta de salud, que 
no le daba lugar de ponerse en camino. Con esto Ma- 
rulli volvió á Constantinopla , y desengañó al Empera- 
dor, que si no pagaba el ejército por entero , no había 
tratar de conciertos. Con todo este desengaño porííu 
segunda vez, por medio de su hermana, á persuadtlto 
que pasase al oriente con algún socorro que le enm- 
ria, porque Filadelfla estaba en ma^or aprieto que el 
ano antes, y que la necesidad que padecían no perdo- 
naba aun á los muertos. Bien quisiera Roger obedecer 
al Emperador; pero los soldados estaban mas irritados 
que nun^a , y si Roger entonces mostrara gusto de dár- 
selo al Emperador, peligrara su autoridad y su vida. 

En este mismo tiempo Berenguer de Entenza, viendo 
que todo estaba Heno de sospechas y miedos , y que los 
gríegos le mú^ban como catalán , y los catalanes entra- 
ban en desconfianza de su fe porque estabía cabe el 
Emperador en lugar tan supremo, y que aquello no po- 
día ser sino estando de su parte , aprobando lo mal que 
el Emperador lo hacia con ellos; finalmente, estando ya 
Fas cosas de los catalanes y Andrónico en términos que 
no se podia estar neutral ni ser medianero entre estes 
diferencias sin gran riesgo de perdellos á todos, Beren- 
guer se resolvió de acudir á su primera obligación , y 
preferir i su particular acrecentamiento el público ho- 
nor y estimación de la nación, que estaba cérea de per- 
derse. Pidió licencia á Andrónico para volverse á Ga- 
lípoli, y aunque el Emperador con ruegos y dádivas le 
procuró detener, no dejó de embarcarse en dos galeras 
que tenia al puerto de Blanquernas, por la puerta del 
Emperador, y dice Pachimerío que se embarcó con el 
semblante triste , y que mostraba el combate de pensa- 
mientos que llevaba. De la galera volvió áenríar al Em- 
perador treinta vasos de oro y plata que le había dado, 
y añade el mismo autor que las insignias de la digni- 
dad de megaduquc las arrojó en el mar^ mostrando que 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



Í3 



dc(^e entonces renunciábala amistad del imperio. Esta 
¿ccioD, que en los griegos se condena por muy infame y 
vi), fué la mas digna de alabanza que este gran caba- 
j;ero bízo en el oriente; porque ni las honras ni los car- 
gos 09 le pudieron apartar de lo justo : ejemplo grande 
para los que quieren introducirse con daño del bicu 
público y reputación de la patria , como á muchos 
acontece , que olridados de lo que deben ¿ su sangre y 
á su naturaleza , la dejan maltratar por pequeños inte- 
reses, que las mas veces dellos no les queda sino solo 
la infamia por premio de su ruindad. 

Esümdo ya para partirse Berenguer, el Emperador 
le envió á llamar muchas reces, sin que pudiese creer 
que Bercnguer le dejaría. Ofreciéronle al Emperador 
ciertos hombres de Malvasia de acometer las dos gale- 
ras de Berenguer y vengar la poca estimación que ha- 
da de su amistad , y juntamente cobrar ellos una gale- 
ra qae tenian á partido en servicio de Berenguer, pero 
el Emperador no permitió que se ejecutase , porque 
pensó reducille. Aquella noche Berengucr se hizo ¿ la 
vela y se vino á Gaflpoli, donde halló todas las cosas 
llenas de mil sospechas y recelos. 

CAPITULO XXIII. 

Dt ti enpendor Andróoieo en feado i los cipltanes cAtaUnei 
7 aragoneses Iss proTincias del Asii. 

El Emperador deseaba dividir los catalanes entre sí, 
para después podetles castigar mas ¿ su salvo. Volvió 
á persuadirá Roger lo que antes por medio de Cana- 
vurío, familiar ministro de Irene , su suegra, el cual^ 
después de ir y venir muchas veces de Coustantínopia 
áGalipoli, concertó el mayor negocio para los catala- 
nes que se pudo desear para su grandeza y aumento, si 
como se fes ofreció se les cumpliera ; pero la insolencia 
de ios soldados, la envidia de los griegos , la instancia 
del hijo trocó el amor y afición que Andrónico tenia á 
nuestras cosas en mortal aborrecimiento ; y asi, se de- 
terminó entre el emperador y su hijo dar aparente y 
honrosa satisfpcion á los catalanes, y ocuUameule 
trazar su perdición y ruina ; y aunque esto no lo dicen 
los historiadores, déjase fácilmehte entender por lo que 
después se hizo. Andrónico, por medio de este Canavu- 
rio, y forzado del temor de las armas de los catalanes y 
dd socorro que la fama habia publicado que venia de Si- 
cilia, y que con tan largas pagas estaba el lisco y cámara 
imperial destruida, y que las rentas del imperio no eran 
snlicientes para los gastos ordinarios y forzosos, y que 
como á principe le tocaba prevenir el remedio, y eflod, 
como capitanes obligados y amigos, debían ayudafle ¿ 
poner en ejjecueion lo que á todos les importaba igual- 
mente; al fin se concertó entre el Emperador y Boger, 
después de largas y. pesadas consultas, lo siguiente : 
que desde luego diese Andrónico las provincias de 
h Asia en feudo á los rícoshombres y caballeros cato- 
boeft y aragoneses, con obligación que siempre que 
foeaen Ihimados y requeridos por él ó por sus suceso- 
res, acudiesen á serville ¿ su costa, y queel Emperador 
Be estuviese obligado á dar áeüspués de la conclusión 
de este trato sueldo á h gente de guerra ; solo les había 
de socorrer cade un año con treinta mil escudos y con 
ciento y veinte mil medios 'de trigo , dándoles el dine-^ 
ro de las pagas corridas hasta el dia deste concierto. 
Con este trato quedaron nuestras cosas, al parecer, 



suma grandeza; porque los catalanes se vieron señores 
de todas las provincias de Asia, asi por dárselas el Em- 
perador en paga de sus servicios, como porque las ga- 
naran con las armas y libraron de Ja servidumbre dé 
los turcos ; títulos que ciíhlquiera dellos era bastante 
á darles el derecho^enorío de todas ellas. Esta fué una 
de las cosas mas señaladas desta expedición y que mas 
puede ilustrar la nación catalana y aragonesa ; fues 
cuando los romanos, vencido Mitrídates, ganaron el 
Asia, alcanzaron una de sus mayores glorias, y lo que 
el valor de tantos famosos capiUnes y ejércitos con- 
quistó en muchos años , lo adquirieron los nuestros en 
menos dedos; y si con engaños y traiciones no les ata- 
jaran su furtu))a, quedaran absolutos señores y princi- 
pes'de la Asia, y quizá , si se conservaran , detuvieran 
los turcos en sus principios, y no les dieran lugar á di- 
latar nfengrandccer los limites inmensos del imperio 
que hoy poseen. 

Estos conciertos se juraron delante de la imagen de 
la Virgen; costumbre antigua de aquel imperio. En esta 
donación concuerdan Pachimerio y Montuner; solo el 
griego diüere en una circunstancia , porque dice que 
Andrónico eiceptó al¿,'onas ciudades, que no quiso que 
se inSluyesen en la donación. 

CAPITLLO XXIV. 

La gente de f^em con mayor furia qne antes se atborota 
porqae Uene alcona descoattania de Roger. 

El emperador Andrónico, para cumplimiento del ju- 
ramento hecho , envió á Teodoro Chuno que llevase á 
Roger los conciertos firmados y sellados con sellos de 
oro, y treinta mil escudos y las insignias de cesar, y 
que el trigo estaba ya recogido para entreparíe á quien 
Roger ordenase. Caminaba la vuelta de Ripi Teodoro, 
y como cuerdo y píático, junto á Ripi se detuvo, porque 
supo que las cosas de Galípoli y de los catalanes se iban 
empeorando. Resolvió de no pasar adelante hasta sa- 
ber de cierto el estado de las cosas, á mas de que temia 
á Roger por estar ofendido de un hermano suyo , que 
estaba en Cancilio, de donde muchas veces había sali- 
do con gente armada en su daHo.* Así parece que por 
cierta providencia envió á Canavurio que fuese antes á 
la hermana del Emperador , para que primero á ella le 
diese aviso de lo que pasaba , y juntamente volviese á 
significalle la disposición y estado del nuevo motin, 
porque su persona y el dinero no lo quería aventurar 
sin mas seguridad de la que tenia. Pasó adelante , ca- 
minando siempre muy despacio, para dar tiempo á Ca- 
navurio que se pudiese informar, y volvelle á encontrar 
antes del peligro. Junto á Brachialio tuvo nuevas lle- 
nas de sospechas , porque tuvo aviso que Roger no re- 
cibiera las insignias de cesar por no hacerse mas sos- 
pechoso á los suyos, de quien ya comenzaban á tener 
alguna desconfianza, por velle rico y honrado, y ellos 
defraudados de su sueldo. Temió Teodoro, y rr^solvió 
de asegurarse, retirándose al fuerte de 'Ripi, donde es- 
tuvo algunos días. Como vio que no se sosegaba la 
gente, temió que si los caUílanes entendieran que él 
estaba en Ripi con treinta mil escudos, no le acome- 
tiesen para quitalle el dinero; y asi, una noche con 
gran secreto , con todos los recaudos, que traía se fué á 
Coustantínopia, y dio razón al Emperador de lo que le 
hábil detenido y forzado á volver atrás sin ejecutar su 



24 DON FRANaSCO 

órdon. Róger juf gó que convenía para su reputación y 
scpuridad satisfacer al ejército de las sospechas viles 
de su fe ; y así, ordenó á las principales cabezas del ejér- 
cito que se viniesen á Galipoli, dejando aseguradas las 
plazas que tcuian á su cargo. Juntos todos , les dijo 
que los trabajos y peligros que íiabia padecido por el 
aumento y bien de la nación catalana y aragonesa no 
merecían tan mala correspondencia como tener duda 
de su íidelidod; que él iiabia probado su intención en 
la guerra de Sicilia , sirviendo al Rey y gobernando 
siempre gente catalana, y con ser aquellos tiempos tan 
sospechosos, nadie se atrevió á ofendelle; que en las 
guerras del Asia había acudido á la obligación que fué 
llamado, y que el Emperador aunque le habia hecho 
muchas honras, no las tenia él por iguales á sus servi- 
cios, y cuando lo fueran, que él no era hombre que por 
corresponder ¿ ellas olvidaría las obligacione&que te- 
nia en primer lugar; que el Emperador le quería hacer 
cesar, y que él no quería mas recibir honras sin que á 
ellos se les diese entera satisfacion , y que por solo ve- 
nirles ¿ socorrer y animar habia salido de Constanti- 
nopla y dejado al Emperador, que le quería detener y 
acrecentar ; que él estaba resuelto de correr la fprtuna. 
que ellos, y que si el Emperador con su ejército \^ aco- 
metiere , procuraría, por el juramento hecho, ceder si 
pudiese á su rigor, pero que cuando conviniese, forzo- 
samente habían de venir á las armas, y las suyas siem- 
pre se habían de emplear en la defensa comuu contra 
los gríegos. Con esta plática Roger aseguró su cré- 
dito, y los catalanes , satisfechos de sus sospechas, con 
el reconocimiento que siempre , le dieron disculpa de 
los recelos mal fundados de algunos. 

En este mismo tiempo sucedió , para mayor descré- 
dito de nuestras armas, que los turcos acometieron la 
isla del Xio, que estaba á cargo de Roger y los suyos, y 
casi toda ella la tomaron , sinu fueron algunos que se 
pudieron retirar á la fortaleza en cuarenta barcos que 
pudieron juntar , y estos también se perdieron lasti- 
mosamente, rotos y deshechos de una furíosa tormenta 
junto á la isla de Sciro. Con esta pérdida los ánimos 
de los unos y de los ttros se fueron irrítando ; los gríe- 
gos porque les pareció que los catalanes, ya que les 
molcstalNin tanto con las ordinarias contribuciones, no 
fuesen bastantes para defendelies del rigor y sujeción 
de los Ínfleles ; los catátanos también atribuyeron esta 
pérdida á la dilación de Andrónico en no cumplilles 
lo que tantas veces se les hubia ofrecido, y que si se 
Jes pagara con tiempo, pudioran ellos acudir á su obli- 
gación y defender lo que estaba ¿ su cargo. La falta de 
dinero les obligó á que con mayor desorden le fuesen 
á buscar por todos los lugares de Tracia. 

CAPITULO XXV. 

Concldyese el trato de pasar al oriente, y Roger recibe 
la3 insiKniaa de cesar y dinero. 

Llegó á los oídos de los emperadores Andrónico y 
Miguel lo que Roger públicamente dijo; y ofendidos 
gravemente, quisieron con el ejército que tenían jun- 
to en Andrínópoli acometer el de los catalaness; pero 
Andrónico, á p3rsuasion de Azan, cuñado de Roger, á 
quien poco antes habia dado la dignidad de paniper- 
sebastor(l), mandó á su hijo que no lo ejecutase, espe- 

(1) Tradoeido al latín, íqHu augmiu: ütalo de ñero bonor, re- 



DE MONCADA. 

rando siempre por medio de su sobrino reducir á Ro- 
ger, áquien Azan escribió la justa indignación del Em- 
perador, y que la mayor disculpa que podría dar seria 
pasar el ejército en Asia y comenzar la guerra. Resp<.n- 
dió Roger á su cuñado, y al Empemdur ,cn la misma 
conformidad escríbió , que la nt^cesidad le había obli- 
gado á dar de palabra satisfacion á todo el ejército, 
porque si no lo hiciera, se acabaran de coutinnar en 
sus sospechas, y que sin duda le mataran; que él siem- 
pre seria fiel y reconocido á las muchas honras y mer- 
cedes que de su mano había recebido , y que sí de len- 
gua le habia ofendido, fué porque los catalanes no le 
ofendieran con efeto , tomando por cabeza otro capi- 
tán que libremente les dejara ejecutar su ímpetu; que 
se sirviese de socoi*relles con algo, porque de otra ma- 
nera no se atrevía á reducillos, porque él apenas tenía 
mil hombres que le obedeciesen. Con estacarla el Em- 
perador volvió á mandar á su hijo que no les ofendiese, 
pero que impidiese sus correrías. 

Azan, que deseaba conservar á su cunado Roger, per- 
suadió al Emperador que le volviese á enviar lo que Teo- 
doro Chuno poco antes le llevaba, y que con esto pasa- 
ría á la Asia ; y asi, el Emperador le envió las insignias 
de César, y el día de la resurrecion de Lázaro fué ves- 
tido y aclamado por cesar , y se le dieron treinta y tres 
mil escudos y cien mil medios de trigo ; pero resuelta- 
mente le mandó el Emperador que despidíesp toda la 
gente; solóse quedase con mil hombres. Roger mostró 
con aparentes demostraciones que obedecía, pero con 
secreto disponía sus consejos para cualquier aconteci- 
miento. Envió áBerenguer de Entenza parte de su gen- 
te , que ya estaba declarado por rebelde y enemigo del 
imperío ; la otra envió á Gízico lletellín, donde ya ha- 
bía guarnición de catalanes. Recogió, á mas del trigo 
que el Emperador le daba, otra mayor cantidad de la 
que los catalanes recogieron de las contribuciones. 

CAPITULO XXVI. 

Pártese Roger i Terse con Mignel Paleólogo ; eontradletío Marli 
sa fflojer y los demás capltaoes. 

En este tiempo , que los catalanes andaban llenos de 
tantos temores y esperanzas, ya Andrónico y Miguel 
trazaban de qué manera podían hacer un castigo seña- 
lado en ellos y castigar con sumo rigor su atrevimien- 
to; que aunque esto claramente no lo dicen los histo- 
riadores griegos, el efeto lo publicó, y descubríó su ale- 
vosía. La desdicliada suerte de Roger abrió el camino 
para que esto se ejecutase con gran segundad de los 
gríegos y notable pérdida nuestra. Llegóse el tiempo de 
la partida de Grecia para proseguir la guerra, y Roger 
determinó de ir á verse con Miguel Paleólogo para darle 
razón de lo que se habia tratado con su padre en mate- 
ría de la guerra , y pedirle dinero , como Nicéforo dice. • 
Pero María « mujer de Roger , y su madre y hermanos, 
que como ladrones de casa, conocían bien la condición 
de lossuyos, sentian muy mal desta ida ; y María, como 
á quien mas le importaba , advirtió á su marido en se- 
creto que no se fuese ni se pusiese voluntariamente ea 
las manos de Miguel, y que no ofreciese la ocasión á 

serrado, como dejamos dicho, para indlvidaos de la faiDlIfi ¡|p' 
perial, desde que Alejo Comoeno dlsUngaij) coa él A MJgaelTa- 
ronlta, pariente sii«o* 



EXPEDICIÓN DE CATALANES T ARAGONESES. 



qoien om tanto cuidado la buscaba ; que adviniese cuan 
buérLat quedaba ella , cudn desamparados los suyos si 
faltase su gobierno ; que no se fiase tanto de su ánimo; 
que no diese cródito á sus palabras, nacidas no solo de 
so cuidado , pero de ciertas y seguras señales que tenia 
de que Miguel Paleólogo procuraba su ruiua. Todas es- 
tas razones, acompañadas con lágrimas y ruegos, dijo 
Haría á su marido Roger , porque como griega y perso- 
na tan intima de la casa del Principe , aunque se rece- 
laban de ella porque no descubriese sus trazas, con to** 
do este recato llegaban á su noticia muclias, que como 
mnjcr cuerda y cuidadosa de la vida del marido, pudo 
cdyertir y descubrir algo de lo que se maquinaba con- 
tra él. Hizo poco caso Roger de sus consejos, y ello, 
cuanto menos recelo descubría en el marido , tanto mas 
creda su cuidado , y procuraba intentar algunos me- 
dies para persuadirle ; y el que debiera ser muselicaz, 
fué llamar á los capitanes mas principales del ejército, 
y descubrióles sus justas sospecbas, para que pidiesen 
á Roger que suspendiese su ida de Andrinópoli para vi- 
sitar á Miguel Paleólogo. Al íln todos los capitanes jun- 
tos , á instancia de María , cu yus sospecbas no les pare- 
cían vanas , fueron á Roger y le pidieron que dejase ó 
siquiera difiriese la jomada hasta estar mas asegurado 
y satisfecho del ánimo de Miguel. Respondióles resuel- 
tamente que por ningún temor que le pusiesen delante 
dejaría de hacer su viaje y cumplir con obligación tan 
forzosa como visitar á Miguel , á quien debia el mismo 
respeto que al Emperador su padre ; que si antes de par- 
tir de Grecia para la jornada de Asia no se le daba ra- 
tón de todos sus consejos y determinaciones , era darle 
ocasión de desavenirse con ellos; cosa de grande incon- 
TCfiiente para ia conservación de todos ellos; que los re- 
celes de María, su mujer, nacian de amor y temor de per- 
deiJe, y que pues eran sin otro fundamento, no era jus- 
to que le detuviesen. 

Llamado Roger de su fatal destino , ni advirtió su pc- 
Hgroy ni advertido, lo temió. Muchas veces, por mas 
avisos que un hombre tenga, no puede escapar de la 
muerte y fines desastrados ; y aunque Dios nos advierte 
con señales manifiestos y claros, puede tanto uua loca 
confianza , que nos quita el discurso para que no vea- 
mos los peligros donde está determinado nuestro fin y 
castigo. En este caso de Roger, ni su buen discurso ni 
el cooocimiento grande de la naturaleza délos griegos, 
ni los avisos de su mujer, ni los ruegos de los suyos pu- 
dieron detenerle para que voluntariamente no se en- 
tregase á la muerte. Resuello ya de partirse , María su ' 
mujer con todos los de su casa no quiso quedarse en 
Galipoliy porque como tenia por cierta nuestra perdi- 
ción , no le pareció aventurarse , pues la obligación de- 
asistir en Galípoli faltaba con ausentarse su marido. 
Mandó Roger que Femando Aones con cuatro galeras 
la llevase á Gonstantinopla , y ¿I , con trescientos ca- 
ballos y mil infantes , dejando en su lugar á Berenguer 
de Entenza, caminó la vuelta de Andrinópoli , dicha por 
otro nombre Orestiade, ciudad principal de Tracia, y 
corte de muchos emperadores y reyes , y que entonces 
lo era de Miguel. Zurita quiere que Andrinópoli y Ores- 
tiade sean lugares diversos , porque no llegó á su noti- 
cia que esta ciudad tenia entrambos nombres. Mcéforo 
la llamó Oiestiade con el nombre mas antiguo, y Mon- 
taner. Andrinópoli, que fué el mas moderno y el que 



I 



entonces le daban los griegos, y el que hoy conseí va 
con poca diferencia. 

Supo el emperador Miguel á 22 de abril como el ce- 
sar Roger venia , porque Azan , su cuñado, se lo hizo sa- 
ber. Alteróse extrañamente Miguel desta venida, y con 
un caballero de su casa le envió á preguntar, una jor* 
nada antes que llegase , si el Emperador su padre se lo 
habia mandado, ó él movido de su sola voluntad. Res- 
pondió el Cesar con palabras llenas de humildad que 
solo iba para darle obcdienciay mostrar la servitud que 
le debía , y juntamente para conrerir con él el viaje que 
hnbia de hacer al orienle; Gon esta respue<^ta se sosogó 
Bliguel, y mostró que gustaba de su venida. Envió lue- 
go á recibirle con la benignidad y cortesía que conve- 
nia. Era miércoles de la segunda semana de la pascua 
que llaman de Santo Tomás. Yióse aquella misma noche 
con el Emperador, de quien fué recibido y acariciado 
con grandes demostraciones de amor. 

GAPITLLO XXVII. 

Ilatta i Bogf r eon gran erveUad los alanos, estando eomtcndo con 
los emperadores Mignel y María , y á todos los que íueíoo en sa 
eompaflia. 

Gon el buen acogimiento que Miguel hizo á Roger y 
á los suyos, creyeron que las sospechas de María fue- 
ron sin fundamento , y vivían tan sin cuidado ni recelo 
del daño que tpn vecino tenían , que divididos y sin ar- 
mas discurrían por la ciudad como entre amigos y con* 
federados. Estaban dentro della los alanos con Geor- 
ge , su general , cuyo hijo mataron en Asia los catala- 
nes. Estaban también los turcoples, parte debajo del 
gobierno del búlgaro Basila ; la otra obedecía á Mcieco. 
Los romeos estaban debajo del gran primiserio G;isia- 
no y del duque y gran príncipe de compañías llamado 
Elriarca (1). Todos estos tuvieron por sospechosa la ve- 
nida de Roger, y que solo venia á reconocer las fuerzas 
de Miguel, con pretexto de dalle la obediencia, y según 
ellas disponer sus consejos. £1 que mas alteraba y mo- 
vía los ánimos contra Roger y los catalánes era George, 
cabeza de los alanos , que, con deseo de tomar satisfa- 
cion, intentaba todos los medios que podía; finalmen- 
te , ó fuese por solo su motivo , ó con permisión y or- 
den del emperador Miguel , el día antes de la partida de 
Roger, estando comiendo con el emperador Miguel y la 
emperatriz María , gozando de la honra que sus princi* 
pes le hacían, entraron en la pieza donde se comía Geor- 
ge, alano, Meleco, turcople, con muchos de los suyos, y 
Gregorio : el primero cerró con Roger, y después de 
muchas heridas , con ayuda de los suyos le cortó la ca- 
beza, y quedó el cuerpo despedazado éntrelas viandas y 
mesa del Príncipe, que se presumía había de ser prenda 
segurísima de amistad , y no lugar donde se quitase la 
vida á un capitán amigo y de tantos y tan señalados ser- 
vicios, huésped suyo , pariente suyo , y como tal , hon- 
rado en su casa, en su mesa y en presencia de su mujer 
y suya. No se pudieron juntar, á mi parecer , mayores 
circunstancias para acrecentar la infamia deste caso; 
hecho por cierto indigno defo que tiene nombre y obli- 
gaciones de principe, quo las mas principales son las 

(1i Este, qne parece un nombre propio, poede slgniflcar también 
el cargo del Heteriaret, qne era el Jefe de las cohortes destinadas 
á la goardia de la persona del Emperador. yDue. i»9út,ad ámmu 
AiexUUe, cdit. Paris., pig. 127.) 



ÍO DOX FRANaSCO 

que mas se opurtan de pfirceer ín^nto y cruQl , aumjue 
es verdad que los principes raras vccts so reconocen 
por obligados, y cuando se tienen por taks, aborrecen 
ia persona de quien les tiene oblipidos; pero esto no 
]i( ^a á tanto que, perdiendo de todo punto el miedoá la 
fama, descubierlamenteieacabcn y destruyan. Lo cier- 
to es que comunmente puede mas en un príncipe un 
pequeíjo disgusto para castigar, que grandes y senak- 
dos servicios para perdonar ó disimular algunas ofen- 
sas de poca ó ninguna consideración. Pero ¿qué ma!* 
dud iiay que no acometa un príncipe injusto si se le ai> 
t'J;! í;ue imi orta para su conservación? Porque el jui- 
cio y castigo de Dios, á quien solo se sujetan y temen, 
lenúran tan de lejos, que apenas le descubren, no 
acordándose por cuan flacos medios vienen también ú 
sor castigados, pues la mano de un hombre resuelto 
suele quitar reinos y vidas. 

Este desastrado ün tuvo Roger de Flor , de edad de 
treinta y siete aüos, hombre de gran valor y de mayor 
fortuna, dichoso con sus enemigos y desdichado con 
stis amigos ; porque los unos le hicieron señalado y fa- 
moso capitau, y los otros le quitaron la vida. Fué de 
FcmLIaute áspero, de corazón ardiente, y diligentísimo 
en ejecutar lo que determinaba; niagnílico, liberal, y 
csloie hizo general y cabeza de nuestra gente, pues cou 
las dádivas granjeó amigos que le pusieron en este pues- 
to , que fué uno de los mayores , fuera do ser empera- 
dor ó rey, que hubo en aquellos tiempos. Dejó á su mu- 
jer preñada , y derpués parió un hijo, que Montaner re- 
itere que vivía en el tiempo que él comenzó su historia. 
ISioéforo solu dice que junto al palacio del emperador 
Miguel le mataron , sin decir por cuyo orden fué ni quién 
lo hizo; pero Pachimerio concuerda con Montaner en 
lo mas esencial ; porque reGere que saliendo el César 
fuera de la cámara imperial después de haber comido 
con los Emperadores, le embistieron los alanos de Geor- 
ge', y que Hoger, viéndose acometido, se retiró hacia 
donde estaba Isi Emperatriz augusta , y cayó muerto 
junto á ella , atravesado de una estocada por las espal- 
das ; y que cuando le llegó la nueva á Miguel , quo es- 
taba en otro cuarto de su palacio , del suceso de Roger, 
y que todo estaba alborotado por las muertes que los 
alanos ejecutaban en los catalanes descuidados , perdió 
casi el sentido , y preguntó si la Emperatriz había re- 
cibido algún daño y si estaba segura ; pero luego supo 
Ja ocasión de la muerte de Roger, y mandó que George 
viniese á su presencia, y le preguntó la ocasión que ha- 
bía tenido para hacer la muerte de Roger , y que le res^ 
pendió que porque el imperio tuviese un enemigo me- 
nos. Asi disculpa Pachimerio esta maldad; pero ya que 
Miguel expresamente no fué autor desta muerte, pero 
pur lo menos la consintió y dejé de casligalia ; con quo 
se hizo participante del delito. 

No se satisfacieron los alanos con srilo la muerte do 
Roger; porque al mistado tiempo acome<ieron todos los 
catalanes y aragoneses que estaban en su compañía , y 
con atroces muertes los (despedazaron; y dice Pachi- 
merio que Miguel mandó á su tío Teodoro que detuvie- 
se á los alanos y á las demás naciones , que encarniza- 
dns con nuestra sangre, salieron de Andrinópoli á de- 
gollar todos los que topasea dei nuestra nación , que ha,* 
hia muchos alojados por aqueUas aldeas , y quo esto la 
hizo Miguel porqua temió que lo« suyo» no faesen vci;« 



DE MONCADA. 

cidos y que su imp^iú no les perdiese. Con esto me pa- 
rece que caramente se descubre el ánimo de Mi^niel, 
que fué^iu duda do acaballes ú todos. Toda la gente de 
ó caballo que estaba junta acometieron ú todos los ca- 
lalano't y aragoneses dentro la ciudad y fuera della; 
pero algunos heridos y maltratados tomaron las urmüs 
y perdieron la vida que les quedaba con igual daño del 
enemigo. Escaparon solo tres caballeros desta lastimo- 
sa tragedia , puesto que Nícéforo dice que escapó la 
mayor parte. El uno se llamaba Ramón Alquer, hijo de 
Gilabert Alquer, natura^de Castellón de Ampúrías; los 
otros dos eran Guillen de Tous y Berenguer de Boo- 
dor, de Llobregat; los demás, aunque no murieron 
luego , fueron entonces puestos cu hierros , y después 
con mayor crueldad quemados , como después se rcro- 
rirá, por relación de Pachimerio. Estos tres caballeros, 
defendiéndose va lerosísimaraente, ganaron una igle<^ia, 
y apretándoles mucho en ella, se hubieron dé retiñirá 
una torre della , peleando con tanta desesperación dt-s- 
de lo alto , que no fué posible , por mas que se procuró, 
matarles ni rendirles Miguel , después de haber ejecu- 
tado su crueldad, quiso ganar fuma de piadoso y cle- 
mente; y asi, mandó que nadie les ofendiese, y dióles 
salvoconducto para volver á Galípolí. Nicófuro difiere 
algo de Montaner en este hecho, porque dice que Ro« 
ger fué con solos doscientos caballos á Andrinópoli , y 
no para solo verse con Miguel y darle cuenta de lo que 
se había determinado en materia de la guerra , como 
Montaner escribe , sino para pedirle dinero, y cuando 
lo rehusase , hacérselo dar por fuerza. Estas son pala- 
bras de Nícéforo , y á lo qi!e yo puedo entender, dichas 
con poco acuerdo de lo que aiites había referido , que 
Miguel estaba en Andrinópoli con un poderoso ejérci- 
to ; y no parece que un capifan tan prudente como Ro- 
ger, á quien los mismos griegos llaman , siempre que 
se ofrece ocasión , hombre de gran prudencia , hiciese 
tan gran desatino , como lo fuera ir con solos trescien- 
tos de á caballo á amenazar un emperador que se lia- 
llaba dentro de una ciudad grande y con un ejército 
poderoso. 

CAPITLLD XXVIll. 

La gente de gacrra toma descnbtertamente las armas coDtra los 
griegos , y en diferentes panes del imperio se matau los eati* 
lañes y aragoneses. 

La gente de guerra que estaba con Berenguer ée 
Entenza y Rocafort les pareció tentar el úitímo medio 
para que Andrónico les pagase. Enviaron al Emperador 
tres embajadores, para que resueltamente le dijesen 
que si dentro de quince diasno se les acudía con parte 
de lo mucho que se les debía, les era forzoso apartarse 
de su servicio y dar lugar á que sus armas alcanzasen 
loque su razón y^usticia nunca pudo. Recibió el Erh 
perador estos tros embajadores, que fueron Rodrigo 
Pérez de Santa Cruz , Araaldo de Moncortes y Ferre- 
de Torrellas, y en presencia de la mayor parte desús 
consejeros y ministros , y con mucha aspereza , les dijo 
que el imperio de los griegos no estal a tan acahado y 
destruido, que no pudiese juntar ejércitos poderosos 
para castigar su atrevimiento y rebeldía, y auuque eran 
muchos los servicios que le habían heeho en la guerra 
de oriente, ya los habían borrado con aos eicesosy 
demasías y con la poca obedieBcia y respeto que te« 



EXPEDiaON DE CATALANES Y ARAGONESES. 



27 



nian i sn corona ; que alabaría lo que tocaba y fuese ro- 
zón : en lo demás les aconsejaba que no se precipitasen 
con desesperación á lo que tan mal les estaba, y que no 
pidiesen con Tíolencla lo que con la misma se les podia 
negar; que la fidelidad de que ellos tanto se preciaban 
se perdía, si las mercedes se pedían por fuerza á su 
príncipe. Sñ querer oirsu respuesta ni dar lugar á mas 
satisfacíon , les mandó el Emperador que con mas 
acuerdo se resolviesen y le hablasen. Después dentro de 
pocos días llegó la nueva á Constantínopia de la nuierte 
de Roger y de algunas crueldadeil que los nuestros hi- 
cieron en Galípolí , y el pueblo se levantó contra los 
catalanes, según dice Pacbiinerio; pero Mootaner re- 
fiere que en un mismo tiempo en todas lascíudadesdel 
imperio se degollaron los catalanes por orden de An- 
drónico y Miguel. Puede ser que en esto Moutaner 
ande algo apasionado , atribuyendo toda la culpa á los 
Emperadores; pero lo que yo tengo por cierto, que el 
pueblo irritado ejecutó esta maldad , y ellos uo la 
atujaron. 

En Consfantinopla se levantó el pueblo, y acometió 
los cuarteles á do estaban los catalanes, y como si fue- 
'ran á caza de fieras , les ilmn degollando y matando por 
la ciudad. Después de haber degollado muchos, fue- 
ron á casa de Raúl Paqueo , pariente de Andrónico 
y suegro de Fernando Aones el almirante, y pidió el 
pueblo que luego se les entregasen los catalanes 
que habia dentro ; y porque esto no se hizo tan pres- 
to como ellos quisieron , pegaron fuego ú la casa, con 
que se abrasó todo cuanto habia dentro ; y aquí ten* 
go por cierto que los tres embajadores y el Almirante 
perecieron. El patriarca de Constantinopla salió á re- 
prímir ia multitud amotinada, y sin hacer efeto, con 
mocho peh'gro se retiró. La mayor dificultad que se 
ofreció para no poder oprimir á los catalanes todos á un 
tiempo, fué por estar Galípolí bien defendido , y los que 
estaban alojados en las aldeas con las armas en la ma- 
no, y mas advertidos que los otros que estaban en dife- 
rentes partes. 

Miguel, temiendoque los deGalfpofí, sabida la muer- 
te de Roger, no le acometiesen, mandó que el Gran Pri- 
miserío fuese con todo lo grueso del ejército sobre Ga- 
lípoli. Ejecutóse luego, yconla caballerra mas ligera se 
enviaron algunos capitanes para que les acometiesen 
antes que pudiesen ser avisados. Cogieron á la mayor 
parte divididos por sus alojamientos, en sus lechos y 
en sumo descanso ; porque entre los que tenían por 
amigos les parecía inútil el cuidado de guardarse. En- 
tró esta caballería por algunos casales, pasando por el 
rigor de la espada todos los aragoneses y catalanes que 
toparon. Las voces y gemidos de los que cruelmente se 
herían y mataban avisaron á muchos, que se pudieron 
poner ea seguro, y la codicia de los vencedores, que 
ocupados en el robo dejaban de matar, también dio lu- 
gar á qne muchos se escapasen. En Galípolí, aunque 
lejo^ , se sintió el ruid» y voces confbsas con que los 
nuestros tomaron las armas , y quisieron salir á recono- 
cer la campaña y certificarse del daño que temían; pero 
fierenguerde Entenza y los demás capitanes detuvieron 
el ímpetu de los soldados , que en todo casó querían 
que se les diese franca la salida ; y como la o^dieocia 
de aquella gente no estaba en el punto que debiera, no 
se atrevió Berengoer á enviar algunas tropas á batir 



I 



los caminos , y tomar lengm, porque temió que tras de 
ellas seguiría el resto de la gente, y quedaría Galí- 
polí sin defensa, de cuya conservación pendia la salud 
común. 

Disourríaso vanamente entre los nuestros la causa de 
tanto alboroto en las campañas y caserías vecinas de Ga- 
lípolí. Decían unosque los gríegos, opríitildos de la gen- 
té militar, se habrían conjurado y tomado las armas 
para alcanzar su libertad ; otros que, atravesando aquel 
angosto espacio de mar los turcos, acometían sin duda 
á nuestros cuarteles; pero en esta variedad de díscur- 
sosjamás pudieron atinar la verdad de caso tan inhu- 
mano. Con la noche y coufusion del caso algunos de 
los nuestros llegaron á Galipoli libres, y solo dieron no- 
ticia de que dentro de sus casas , en sus alojumieulos, 
habían sido acometidos de gente militar y armada. 

CAPITULO XXIX. 

BPtnfñft de Eat«nu y los qne estabaa dentro de Galipoli , sa- 
bida la muerte de Roger, degüellan todos los vecinos de ¿aU- 
poli, y ei campo enemigo los sitia. 

Estando en esta turbación, tuvieron aviso cierto de la 
nnierte de Roger y de la universal matanza de los ca- 
talanes y aragoneses en Andrínópoll , y juntamente de 
la que en la comarca de Galípolí se ejecutaba por or- 
den de-Miguel. Fué tanta la rabia y coraje áe los cata- 
lanes, que dice Nicéforo , y concuerda con él Pucliime- 
rio, aunque Montaner lo calla, que mataron todos los 
vecinos de Galípolí, no perdouaudo á sexo ni edad; y 
Pachimerio encarece masía inhumanidad deí caso, di- 
ciendo que hasta los niños empalaban : fiereza y mal- 
dadabominable,si fué verdad,.aumjue se puede dudar, 
por ser griego y enemigo este autor. Pero si en algún 
exceso tiene lugar la disculpa, fué en este, pues con el 
ímpetu de la cólera la ejecutaron contra los griegos*que 
tuvieron delante, en satisfocion de otra mayor crueldad 
hecha por ellos con mucho acuerdo y sin causa. Desde 
este punto todo fué crueldad, rabia y furor de entram- 
bas partes ; que parece que la guerra no se hacia entre 
hombres, sino entre fieras. Pero sin duda que las cruel- 
dades de los griegos excedieron sin comparación ú las 
que hicieron los catalanes; porque nunca violaron e) 
derecho de las gentes ni ofendieron á sus enemigos 
debajo de palabra ni seguro , aunque en otras cosas los 
nuestros anduvieron muy sobrados, y no guardaron las 
leyes de una guerra justa ; pero la ocasión desto fue 
no quererlas guardar los griegos, con que quedan bas- 
tantemente disculpados los catalanes y aragoneses en 
esta parte , pues forzosamente la guerra se hubo de ha- 
cer con igualdad. Juntáronse los capitanes con harta 
confusión y sentimiento á tratar de su remedio. Esta- 
ban en un estado tan lastimoso , que aun los mismos 
enemigos se podían compadecer de su miseria. Perdi- 
dos todos sus servicios, con que algún tiempo pensa- 
ban alcanzar quietud y descanso ; perdida la repulucloa 
por el castigo, porque con él se habia dado ocasión 
para que todo éí mundo les tuviese'en poco, pues tras 
tantas vitorias^nerecian tal premio ; muertos gran par-> 
te de sus amigos , y su muerte á los ojos. 

Hallábase á la sazón Galípolí sin bastimentos y sjn 
fortificación alguna, cuando los enemigos, que aliega- 
b<(n al número de treinta mil infantes y catorce mil ca- 
ballos, entre las tres naciones de turcoples, alanos y 



28 DON FRANCISCO 

grif'gos, se pusieron cnsi sobro sus murallas, amena- 
zando á los nuestros un lastimoso 'flo ; porque el em- 
perador Miguel juntó las fuerzas que pudo de Tracia y 
Macedonia , á mas de la gente que ordinariamente lle- 
vaba sueldo del imperio; y para dar mas calor se salió 
de Andrinópoli ^ y se fué á Panfilo , y de allí envió al 
gran duque Eteríarca á Bosila, y al gran bausí (1 ) Umber- 
to Palor ú Brachialo, cerca de Galípoli, para apretar ma& 
los cercados. La primera resolución que se tomó fué 
fortilicar el arrabal , porque el enemigo no le ocupase, 
y "no llegase sin perder gente y tiempo , cubierto de las 
casas, á nuestros fosos y murallas , aunque en esto no 
dejaba de haber dificultad, por ser grande el espacio de 
los arrabales , y desigual para su defensa el pequeño 
número de nuestra gente. Hecho esto , determinaron 
de enviar embajadores al emperador Andrónico,que en 
nombre de toda nuestra nación se apartasen de su ser- 
vicio, y le tetasen para que ciento á ciento ó diez á diez, 
conforme al uso de aquellos tiempos, combatiesen en 
satisfacíon de su agravio y de la muerte afrentosa de 
Roger y de los suyos , hecha tan alevosamente por Mi- 
guel su hijo y por los demás griegos. Enviáronse un 
caballero que Montaner llama Sisear, y á Pedro López, 
adalid , y dos almugavares y otros tantos marineros, 
que eran de todas las diferencias de milicia que había 
en nuestro ejército ; y esto fué antes que se supiese en 
Galípoii la muerte de los tres embajadores primeros que 
fueron por orden de Berenguer de Entenza. En tanto 
que se esperaba la última resolución de Andrónico por 
medio destos embajadores, el enemigo, poderoso en 
la campaña, apretó el sitio de Galípoii, y ios nuestros 
con su valor acostumbrado , con salidas y escaramuzas 
ordinarias le fatigaban y detenían. 

CAPITULO XXX. 

Tienen los nuestros consejo; sígnese el de Berenguer de Rntenzs, 
no por el mejor, pero por ser del mas poderoso. 

Había entre los capitanes de Galípoii diversas opi- 
niones sobre el modo de hacer la guerra ; y así, convino 
que las principales cabezas se juntasen en consejo para 
resolverse. Berenguer de Entenza dijo : tt Si el valor y 
esfuerzo de hombres que nacieron como nosotros, ami- 
gos y compañeros , en algún trabajo y desdicha pudie- 
ra faltar , pienso sin duda que fuera en la que hoy pa- 
decemos , por ser la mayor y mas cruel con que la va- 
riedad humana suele afligir los mor(a!es, el ser per- 
seguidos, maltratados y muertos por los que debiéramos 
ser amparados y defendidos. ¿ De qué sirvieron las Vi- 
torias , tanta sangre derramada , tantas provincias ad- 
quiridas, si al tiempo que se esperaba justa recompensa 
debida á tantos servicios , con bárbara crueldad se 
ejecuta contra nosotros lo que vemos y apenas damos 
crédito? Por mayor suerte juzgo la de nuestros com- 
pañeros, que murieron sin sentir el agravio, que la 
nuestra, que habernos de perecer con tan vivo senti- 
miento ; porque dejar de tomar satisfacíon de tantas 
ofensas y retirarnos á la patria, fuera indigno de nues- 
tro nombre y de la fama que por largos anos habe- 
rnos conservado; ni los deudos ni amigos nos recibie- 
ran en la patria, ni elk nos conociera por hijos, si 

H) nignidad de que nó baílanos noUcia en los historiadores 
bliantinos que hemos consultado quizá por la manera viciosa de 
escribir esta palabra* 



DE MONCADA. 

muertos nuestros compañeros alevosamente, no se In- 
tentara la venganza, y se borrara con sangre enemiga 
nuestra afrenta. Las pocas fuerzasque nos quedan, avi- 
vadas con el agravio, al mayor poder se podían opo- 
ner, y mas favorecidas de la razón, que tan claramente 
está de nuestra parte. Vuestro ánimo invencible en la 
dificultad cobra valor, y en el mayor peligre mayor es- 
fuerzo. El Asia quedó libre de la sujeción de los tor- 
cos por nuestras armas; nuestra reputación y fama 
también lo ha de quedar por ellas ; y si Grecia se admi- 
ra de tantas Vitorias^ boy sentirá el rigor de vuestras 
espadas, que no supo conservar en su favor y defensa. 
Todos nos deben de tener por perdidos, ó por lo me- 
nos navegando la vuelta de Sicilia con los navios y ga- 
leras ffue nos quedan ; pero su daho les desengañará, 
que ni el ánimo les acobardó , ni el agravio antes de su 
venganza permitió nuestra vuelta. Defender á Galípoii 
es lo que ahora nos importa , por estar á la entrada del 
estrecho , de donde se puede impedir la navegación y 
trato destos mares siempre que no corrieren por e'los 
armadas superiores á la nuestra; y así, es forzoso buscar 
bastimentos y dinero para sustentalle. Los socorros 
tenemos lejos , tardos y quiza dudosos , porque á nues- 
tros reyes ocupan otros cuidados mas vecinos. Todos 
los príncipes y naciones que nos rodean son de enemi- 
gos; no hay que esperar otro socorro sino el que estos 
navios y galeras que nos quedan podrán alcanzar de 
nuestros contrarios. Con esto haremos dos co^as iin- 
portantes, buscar el sustento que nos va ya faltando, j 
divertir al enemigo del sitio que tanto nos aprieta; y 
puesto que la guerra se deba hacer, como ya está de- 
terminado , es bien que sea en parte donde los enemi- 
gos no estén tan superiores, y se pueda mas fácilmeate 
alcanzar la Vitoria, para que el crédito y reputación de 
nuestras armas vuelva á su debido lugar y estimacton. 
Las costas destas provincias vecinas viven sin recelo, 
pareciéndoies que nuestras fuerzas no son bastantes á 
defendemos en Galípoii, y en tanto que el sitio durare, 
no dejaremos estas murallas. Este descuido parece que 
nos ofrece una ocasión cierta de hacelles mucho dauo 
si con nuestras galeras y navios acometemos estas islas 
y costas de su imperio; y pues soy autor del consejo, 
lo seré de la ejecución.» A las últimas palabras de Be- 
renguer de Entenza, Rocafort se levantó con semblante 
y voz alterada , señales de su ánimo ocupado de la ira y 
venganza, y dijo : « Kl sentimiento y pasión con que om 
hallo por la muerte de Roger y de nuestros capitanes y 
amigos, no es mucho que turbe la voz y el semblante, 
pues enciende el áninio para una honrada y justa satis- 
facíon. Por el rigor de nuestro ogravio , mas que por la 
razón, debiéramos hoy de tomar resolución; porque en 
casos semejantes la presteza y poca consideración sue- 
len ser útiles, cuando de lus consultas salen dificulta- 
des. Retirarnosá la patria, mengua y afrenta de nues- 
tro nombre sería , basta que nuestra venganza fuese 
tan señalada y atroz como lo f^é la alevosía y traición 
de los griegos; y así , en este punto siento con Beren- 
guer de Entenza; pero en lo que toca al modo de hacer 
la guerra, opuestamente debo contradecille, porque pa- 
réceme yerro notable dividir nuestras fuerzas, que jun- 
tas son pequeñas y desigualesal poder del enemigo que 
nos sitia.' Yo doy por cierto y constante que Berenguer 
robe y destruya y abrase las costas veeiuasi como él 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



!^9 



ofrece; pero ¿quién nds asegura que al tiempo que él 
estuviere corriendo lus mares, los pocos que quedaren 
en Galfpoli oo sean perdidos? Y entonces Berenguer, 
¿oddnde pondrá su armada, dónde los despojos de su 
viior»? No le queda puerto ni lugar seguro basta Si- 
ciíia; pues yo por mas cierto tengo el perderse Galípo- 
Jí, si él sacare la gente que está en su defensa para 
guarnecer la armada , que seguro da su Vitoria. Todos 
los capitanes famosos ponen su mayor cuidado eu so- 
correr una plaza que el enemigo tiene sitiada , y para 
esto aventaran no solo lo mejor y mas entero de su cam- 
po, pero todas sus fuerzas ; ¿y Berenguer estando den- 
tro se ha de salir? i Quién asegura al soldado que su ida 
ba de ser para volver? El miedo y recelo común no se 
puede quitar, aunque su sangre y hechos claros son 
seguras prendas para los que nacieron como él. Nues- 
tra venganza ya no pide remedios tan cautos y dudo- 
sos, ni á nosotros nos conviene el dilatar la guerra por 
ser poca, antes de ser menos ; ejecutemos la ira ; aven- 
túrese en un trance y peligro nuestra vida ; y así , mi 
último parecer es de que salgamos en campana y demos 
la batalla á los que tenemos delante. Y aunque por la 
muchedumbre del ejército enemigo se puede tener la 
muerte por mas cierta que la Vitoria, la causa justa que 
mueve nuestras armas y el mismo valor que venció á los 
. turcos, vencedores de los griegos, también pueden daiv 
nos confianza de romper sus copiosos escuadrones , y 
abatir sus águilas como se abatieron sus lunas, y cuan- 
do en esta batalla estutiere determinado nuestro fin , 
será digno de nuestra gloría que el último término de 
la vida noa halle con la espada en la mano y ocupados 
en la roioa y danos de tan pérfida gente. nPreralió este 
último parecer en los TOtos de los que se consultaban, 
por ser el mas pronto , aunque de mas peligro y de mas 
gallardía ; pero el poder de Berenguer de Entenza, ma- 
yor entonces que el de Rocafort , no dio lugar á que la 
ejecución fuese la que determinó la mayor parte. Y 
Ramón Montaner dice que las razones y ruegos do mu- 
chos no le pudieron hacer mudar de parecer. 

En este medio tuvieron aviso que el infante Don San- 
cho de Aragón habia llegado con diez galeras del rey 
de Sicilia á Metellin , isla del Archipiélago y do las mas 
vecinas á Gallpoli. Berenguer de Entenza y los demás 
capitanes enviaron luego ásuplicalle viniese á Galípoli á 
tomaltes los homenajes y juramento de fidelidad por el 
rey de Sicilia. Encarecieron su peligro y el descrédito 
del nombre de Aragón si no los socorría; subditos que 
le habían hecho tan ilustre y grande. Don Sancho mos- 
tró iuef;o con su presta resolución el deseo de su bien 
y conservación. Partió de Metellin con sos diez galeras, 
y vino á Galípoli, donde fué recibido con universal 
aplauso, creyendo que les ayudaría para tomar entera 
fatisfacion de sus agravios, sirviéndole con parte de 
los pocos bastimentos y diiiéro que tenian ; y sin pre- 
cisa obligación de obedecelle, todos le reconocieron 
por cabeza. 

CAPITULO XXXI. 

Los eoilHiJadorf s ée Doestro ejército, i la voelU de Consbntlno- 
^la , por érrieo del Emperador raeros presos y maerlos cruel* 
•eaio ea la dadad de Rodesto. 

Los emba/adores de nuestra nación enviados á fin 
de romper loa conciertos que teman con ei Emperadori 



y hecho esto, desalialle, con harto peligro llegaron á 
Gonstantinopla, y puestos ante el bailfo de Venecia y 
la potestad de Genova, y de los cónsules de los anco- 
nitanos y písanos, magistrados y cabezas destas na- 
ciones que tenian trato y comunicación en las provin- 
cias del imperio , dieron las manifiestas siguientes : 
que habiendo entendido que por orden del emperador 
AndróniQO y su hijo Miguel , en Andrinópoii y en los 
demás lugares de su imperio se habían degollado to- 
dos los aragoneses y catalanes que se hallaron en ellos, 
tanto soldados como mercaderes, yiviendo ellos deba> 
de su protección y amparo, por cuya satisfacion los 
catalanes y aragoneses de Galípdli estaban resueltos de 
roorír, y que eslimaban en tanto su fe y palabra , que 
querían antes de romper la guerra , que constase como 
ellos, en nombre de todos los desunadon, se apartaban 
de los conciertos y alianzas hechas con el Emperador, y 
que así los públicos instramentos de allí adelante fue- 
sen inválidos y de ningún valor, y que le retaban de 
traidor, y ofrecían de defender lo dicho en campo, 
ciento á ciento ó diez ó' diez, y que esperaban en Dios 
que sus espadas serían el instrumento con que su jus- 
ticia castigaría caso tan feo, pues á mas de violar la fe 
pública matando los extraujeros que pacíficos y dos- 
cuidados trataban en sus tierras , hablan dado cruel y 
afrentosa muerte á quien les habia librado della , de- 
fendido sus provincias, abatido sus enemigos y engran- 
decido su ímperío. Que la insolencia de los soldados 
no era bastante causa para que contra ellos se ejecutara 
tan inhumana resolución. Gastigáranse los soldados 
culpados á medida de sus dehtos, sin que sus servicios 
les sirvieran de moderar la pena. Diéranles navios y 
con que volverá la patria; que bastante castigo fuera 
enviaríes sin premio; pero sin perdonar á sexo ni edad, 
llevando por un parejo inocentes y culpados, malos y 
buenos, habia sido suma crueldad. Dado el manifiesto, 
el bailío de Venecia con los demás dieron razón al Em- 
perador dcsta embajada, y queriendo tratar de al^un 
acuerdo, no se pudo concluir, estando los ánimos tan 
ofendidos y cualquier palabra y fe tan dudosa ; y así, f e 
tuvo por mas conveniente para entrambas partes una 
guerra declarada que una paz mal segura; que adon- 
de íalta la fe, el nombre de paz es pretexto y materia 
de mayores traiciones. Respondió el Emperador que lo 
sucedido contra los catalanes y aragoneses no habia 
sido hecho por su orden ; y que así, no trataba de dar 
satisfacion ; siendo verdad que poco antes mandó ma- 
tar á Femando Aones el almirante y á todos los cata- 
lañes y aragoneses que se hallaron en Gonstantinopla, 
que habían' venido con cuatro galeras, acompañando 
á María, mujer del César, á su madre y hermanos; y nun 
Montaner aprieta mas el hecho, pues dice que el pro- 
prío día se ejecutaron estas muertes. Pidieron los em- 
jadores que se les diese seguridad para su vuelta á Ga- 
lípoli; fuéles luego concedido , dándoles un comisario: 
con tanto se partieron á Rodesto, treinta millas lejos 
de Gonstantinopla , y por orden del comisario que les 
acompañaba fueron presos, y hasta reinte y siete, con 
los criados y mari||^s , en las carnicerías públicas 
del lugar les hicieron cuartos vivos. Esta maldad me 
parece que puede disculpar todas las crueldades que se 
hicieron en su satisfacion , porque ninguna pudo llegar 
á ler mayor que violar con tan fiera demostración el 



30 



DON FRANCISCO 



derecho universal de las gentes , defendido por leyes I 
liumanas y divinas, por iuviolable costumbre de nacio- 
nes políticas y bárbaras. Este desdicliado íin tuTieron 
las Gnezas de un capitán poco advertido. Dignas de ala- 
banza son cuando huy segundad en la fe y palabra del 
príncipe enemigo, pero cuando está dudosa , por yerro 
tengo el aventurarse. Nuestro rey el emperador Car- 
los V pasó por París, y se puso en las manos de sú ma- 
yor émulo ; fué su confianza tan alabada como la fe de 
Francisco; pero sí la reina Leonor no avisara á Carlos» 
su hermano, de lo que se platicaba , fuera la conüania 
juzgada por temeridad, y la fe por engaño; con que 
claramente se muestnt que alabamos ó vituperamos por 
los sucesos, no por la razón. Berenguer de Entenza hi- 
zo notable yerro en enviar embajadores á príncipe de 
cuya fey palabra se podía dudar; porque quien can tan- 
ta alevosía y crueldad quitó la vida á Roger y á los su- 
yos, de creer es que en todo lo demás no guardara fe, 
ni diera por legítimos embajadores á los que venían 
de parte de los que él tenia por traidores ; á mas de que 
habiendo en los vecinos de Galipolí ejecutado tan gran 
crueldad , se había de temer otra mayor siempre que 
la ocasión se la ofreciera. 

CAPITULO XXXIL 

Envfanse embajadores i Sicilia , y sale Beri^ngoer con so annaia ; 
^na la ciudad de Recrea, y vence en Üerra á Calo Juan, hijo 
de ADdrónico. 

• 

Luego que se supo en Galípoli la muerte de sus em- 
bi^adores , no se puede con palabras encarecer lo que 
alteró los ánimos y encendió los corazones á la ven- 
ganza .el verse maltratar tan inhumanamente de los 
que debieran ser amparados y defendidos. Cargaba to- 
dos los dias sobre Galípoli gente de refresco , y apreta- 
ban á los do dentro mas con el impedirles que no en- 
trasen bastimentos por tierra, que con las armas. Be- 
renguer de Entenza y todos los capitanes , con la reso- 
lución que habían tomado de no salir de Grecia sin ha- 
berse vengado , prevenían socorros ; y así , les pareció 
que hiciesen dueño de sus armas al rey don Fadrique, 
y que le jurasen fidelidad para obligalJe mas á su de- 
fensa. Este fué su prípcipal motivo , aunque al Rey con 
razones.de mayor consideración y de mayor utilidad 
le persuadían. Recibió el juramento de fidelidad en 
nombre del rey don Fadríque un caballero de su casa, 
que se llamaba Garcilopez de Lobera , soldado que se- 
guía las banderas de Berenguer, y juntamente le eli- 
gieron por su embajador al Rey, con Ramón Marquet, 
cíudadanp de Barcelona^ hijo de Ramón Marquet, ilus- 
tre capitán de mar , á lo que yo presumo , del gran 
rey don Pedro , y Ramón de Copons, para que fuesen 
testigos del juramento de fidelidad que habían presta- 
do en manos de Garcilopez de Lobera , y le diesen lar- 
ga relación del estado en que se hallaban ; que sien su 
memoria tenia sus servidos, se acordase de dalles 
favor, pues en ello no solamente interesaban ellos, 
pero su aumento y grandeza; que advirtiese la puerta 
que le abrían ellos para ocupar ^ imperio de oriente, 
y que se valiese de su venganza||desesperacion , pues 
ellos y 9 estaban aventurados. fVrtiéroase los tres em- 
bajadores á Sicilia; con que la gente quedó con algu-' 
ñas esperanzas de que don Fadríque lesso4m*rería; 
porque siempre, auaqve sean muy flacas, animan y 



DE MO.XCADA. 

alientan á ios muy neceftitados. Et infante don í^ancho, 
á la partida destos mensajeros ofreció, no solo de se^ 
guir y acompañar á Berenguer en la jomada que tenia 
dispuesta , pero asistüles con sus diex gakns hasta que 
se supiese el ánimo y voluntad del Rey. Entenza, en 
nombre de todos, aceptó el ofrecínaiento , yagratlecié 
al Infante el haber tomado tan honrada resolución, 
digna de vn hijo de la casa de Aragón. Con esto apre- 
suró Berenguer su partida y embarcó la gente; pero 
al tiempo que quiso salir, den Sancho mudó de pare- 
cer, olvidado de la palabra que poco antes había da- 
do , y iiltando á su mismo honor y reputación ; cm 
que causó en todos novedad, ver en tan poca ásin- 
cía tomar tan diversas y encontradas resolucioDes, án 
haberse podido ofrecer, por la cortedad del tiempo, 
nuevos accidentes que le pudieran obligar. Y si los 
pudiera haber de tal calidad que obligaran á romper 
palabras dadas con tanto fundamento y razón , no se 
puede averiguar por lo que los antiguos nos d^aron es- 
críto, la causa que pudo mover al infante á tomar n- 
solución tan en descrédito suyo ; pero por lo que res- 
pondió á Berenguer cuando le pidió que cumpliese su 
palabra , que fué decir solamente que asi cumplía al 
servicio de su hermano , se puede presumir que ad- 
virtió el Infinnte que había pacos entre Andrónico y don 
Fadríque, y que sin expreso orden suyo no había de 
ocupar sus galeras en daño de un príncipe amigo. Esto 
bien me parece que pudiera disculpar al In£iote pin 
no quedarse cuando no lo hobiera ofrecido; pero m- 
poñada su palabra , y viendo maltratar los mejores n- 
saHos y subditos del Rey su hermano , grande descono- 
cimiento y mengua fué el no asistilies y ayodaiies; 
porque ya Andrónico, degollando á los catalanes) 
aragoneses que se bailaban en su imperío, roB)pi<^J<^ 
paces primero. 

Berenguer, con el sentimiento que debía, segntiél 
refiere en su relación que envié al rey don Jaime 11 de 
Aragón , dijo al tiempo que se partía , cuando sus rue- 
gos y razones no le pudieron detener, qoe el Infante 
fué como le plugo , y no como hijo de su padre. No 
perdieron lus nuestros ánimo con la partida de don 
Sancho , ni verse desamparados de la mayor fuerza les 
hizo mudar parecer. Berenguer de Entenza embar»'* 
en cinco galeras , dos lefios con remos, y diez y seis 
barcos, ochocientos infantes y cincuenta caballos, y 
salió de Galípoli la vuelta de^ U isla de Mármora, Ut* 
madade los antiguos Propóntíde. Llegó á ella, (cb¿ 
su gente en tierra, y saqueó la mayor parte de sus pue- 
blos, degollando sus moradores , sin perdonar eüid oi 
sexo, destruyendo y abrasando loque les pudiera ser 
de algún provecho y comodidad; porque como fué 
esta empresa la primera que ejecutaron después de 
tantos agravios, mas se dio á la venganza que á la co- 
dicia. Con la misma presteza y rigor volvió BereitguEi 
á ks costas de Tracia, y continuando los buenos suce' 
sos, después de algunas presas de navios* acometida 
Recrea, ciudad grande y rica , y con poca pérdida de 
los suyos la entró á viva fuerza. Ejecutóse en los V(ii- 
cidos el rígor acostumbrado; y recogido á los oavíos 
y galeras lo roas lucido y rico de la presa , entregvoQ 
á la violencia del fuego los edificios , porque basta las 
cosos to^nsibles y mudas quisieron que fuesen testigos 
y m«fnorit de su vtngamt. Andrónioo íut» ^is» ^^ 



.EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



31 



la p¿rdi(Ia de Recrea en tiempo que juzgaba á los 
pocos catalanes iiuy^do la vuelta de Sicilia^ y para 
atojar Jes daños que Berenguer hacia de toda aquella 
n]¿n de mar que k» griegos llamaban de Natura, 
manúó i Calo Juan , denota , su Lijo , que con cualro- 
cieoto^ (abatios y la infantcrfa que pudiese recogerse 
opusiese á Berenguer , y le impidiese el echar gente en 
tierra. Junto á Puente Regia supo Berenguer que Calo 
Joan venia, y el número y calidad de sus fuerzas, y 
aunque en lo primero se juzgó por muy inferior, en lo 
segundo le pareeióque aventajaba á su enemigo ; y así, 
resolvió de echar su gente en tierra, y recibir á Calo 
Juan, que, avisado también por sus corredores como 
Berenguer eon su gente habiaQ puesto el pie en tierra, 
apresuró el camino, temiendo qué no sé retirasen, 
poit^ nadie pudiera creer que ricos y llenos de des- 
pojos quisieran los nuestros aventurarse sino forzados. 
LJegaroB con igual ánimo á embestirse los encuadro* 
nes, y en breve- espacio se mostró claremente que el 
Talor es el que da las Vitorias , y no la multitud , porque 
los nuestros quedaron vencedores siendo pocos, y los 
griegos rotos y degollados siendo muchos. Calo Juan 
escapó con la vida, y llegó á Constantinopla destroza- 
do. Andrónico hizo tomar las armas al pueblo , porque 
toda la gente de guerra estaba sobre Galípoli , y temió 
que Berenguer oo le acometiese la ciudad. Esta rota.se 
dióeláltifflo dia de mayo del año 1304. Fueron tan 
prontas estas Vitorias, y alcanzadas en tan diversas 
partes y tan á tiempo, que los griegos juzgaron por 
loaifores nuestras fuerzas, y que no era un solo Bcren» 
guer el que les hacia el daño , sino muchos. 

CAPITILO XXXIII. • 

Ptíiict U Berengoer de Enteaza , con notable pérdUa 

de los soyos. 

Con tan dicboao principio como tuvieron nuestras 
armas contra los griegos, gobernadas por Berenguer 
de Enteoza, pareció pasar adelante y valerse de la for- 
tuna 7 tiempo favorable , 'siendo el fin y remate de una 
Tfloria el principio de otra. Resolvieron los nuestros 
aooneler los navios que estaban surgidos en los puer- 
tos y riberas de Constan tinojpla , y quemar sus ataraza* 
Das; empresa de mayor nombre que dificultad. Nave- 
p»ron para ejecutar su determinación por la playa entre 
ftccia y el cabo de Gano con buen tiempo ; pero ni 
amanecer, descubriendo velas de la parle de Galípoli, 
tomáronse pareceres sobre lo que se debía hacer, vién- 
dose cortados para volver á Galípoli , y todos conformes 
se metieron en tierra, y puestas en ella las proas lo mas 
cerca que pudieron , las popas el mar, porque en aque- 
llas que las proas no iban guarnecidas de artillería h 
mayor defensa era >e sHo de las popas. Tomaron las ar- 
mas, y bien apercebídos aguardaron lo que las diez y 
oclio galeras intentarían , que ya venían á dar sobre las 
Buestras. Estas diez y oclitf galeras eran de genovesc^, 
qae ordinariamente navegaban aquellos mares, porque 
su valer é codicia les llevaba por lo mas remoto de su 
Itolrla, COBO á los catalanes de aquel tiempo. Recono- 
cidos de una y otra parle, los genoveses fueron los pri- 
meros que les saludaron , con que los mw^stros dejaron 
las armas, y como amigos y aliados se comunicaron y- 
bablaron. Advirtieron luego los genoveses , por lo que 
^I«nm pblkar de los eueesos que Bet-enguer bubia te- 



nido, la mucha ganancia que les resulUiria y el gusto 
que darían al emperador Andrónico y á los griegos si 
prendiesen á Berenguer y le tomasen sus galeras; y 
juzgando por menor inconveniente romper su fe y pa- 
labra que dejar de las manos tan importante y rica pre- 
sa, enviaron á convidar ó Berenguer de Entcnza, dán- 
dole palabra de parte de la Señoría que no se les haría 
agravio ni ultraje alguno ; que viniese á honrar su ca- 
pitana, donde tratarían algunos negocios importantes 
6 todos. Con esto Berenguer, sin advertir- en lo pasado 
y en los daños en que su conGanza le había puesto , so 
fué ó la capitana, donde Eduardo de Ocia con otros 
muchos caballeros le recibió y acarició. Comieron y 
cenaron juntos con mucho gusto y amistad; tanto, que 
Berenguer se quedó*á dormir en la capitana, prosiguien- 
do hasta muy tarde algunas pláticas en razón de su 
conservación. A la mañana, cuando quiso volverse ¿ su 
galera , Eduardo de Oría le prendió y desarmó, j otros 
genoveses hicieron lo mismo con los demás que le 
acompañaban , y las diez y ocho galeras dieron sobre 
los nuestras, desapercebidas y descuidadas. Ganáronse 
luego las cuatro con pérdida de doscientos genoveses ; 
pero la galera deBercnguer de Villamarín, que tuvo al- 
gún poco de tiempo para ponerse eir defensa, lahizo de 
manera, que con tener sobre sí diez y ocho proas, no 
la pudieron entrar hasta que todos los que la defendían 
fueron muertos, sin escaparse un hombre solo : tanta 
fué la obstinación con que pelearon. Muñeron en el 
combate desta sola galera trescientos genoveses, y 
fueron muchos mas los herídos. Pacliimerio dice que 
los genoveses aquella noche que Hégaroná juntarse con 
las galeras catalanas despacharon secretamente una de 
sus galeras á Pera, dándoles aviso que estaban con los 
catalanes, los cuales les decían que Audrónico estaba 
indignado contra ellos y que les quería castigar, y que 
les persuadían que juntos acometiesen á Constantino* 
pía. Llegado el aviso á Pera, los genoveses dieron ra- 
zón al Emperador, y quo él les onlenó que les acome- 
tiesen, ofreciendo de liacelles muchas mercedes; y así, 
ai otro día ejecutaron lo referido. Este lastimoso fin 
túvola jornada de Berenguer, maf determinada, bien 
ejecutada , digna de mayor fortuna ; pero ¡ qué difícil- 
mente ios consejos humanos pueden prevenir casos s^ 
rñojantes ! Disci.rrióse en la determinación desta jor- 
nada entre los capitanes de los peligros que pudieran 
sobrevenlllc, y con ser tantos y tan varios los que se 
propusieron, fué este accidente ni imaginado ni pre- 
visto ; con que clararneute se muestra que los juicios de 
los hombres, aunque fundados en razón, no pueden 
prevenir los de Dios. Al infante don Sancho se debe 
culpar, porque fué la mas cercana causa de esta pérdi- 
da. Si como debiera, acompañara á Berenguer, fueran 
las Vitorias que se alcanzaron mayores, los genoveses 
no se atrevieran, y las fuerzas de Galípoli se aumenta- 
ran ; con que la guerra se hiciera con mayores ventajas 
y reputación. Bcrcn^rucr con serviles prisiones fué lle- 
vado, con algunos caballeros de su compañía, áPera; y 
porqne temieron que Andrónico no se les quitase para 
satisfuceren su persona los daños recebidos, le pasaron 
á la ciudad de Trapisonda , puesta en la ribera del mar 
de Ponto , donde 16$ genoveses tenían factoría, y le tu- 
vieron en ella hasta que las galeras volvieron. Los ge«* 
Rovcios hicieron una cosa kita hecha ;^ porque luego 



32 



DON FRANaSCO 



que tomaron las galeras catalanas se vinieron á Pera, 
sin querer entregar ningún prisionero ¿ los griegos ni 
vender cosa de la presa, aunque el Emperador les aca- 
rició y b^nró. 

Cou este buen suceso trató el Emperador con los mis- 
mos genoveses que emprendiesen de echar á los cata-- 
lanes que estaban en Galfpoli , y ellos se lo ofrecieron 
con que les diese seis mil escudos. Fué contento An- 
drónico de dallos, y asi se los envió; pero ellos, como 
gente atenta á la ganancia, pesaron el dinero, y hallán- 
dole falto, se lo volvieron á enviar. Andrónico replicó 
que le^ satistaría el daño, y entonces ya no quisieron, 
porque informados mejor de lo que emprendían , no les 
pareció igual paga. Supo el Emperador que traianáBe- 
renguer preso ; procuró con amenazas y ruegos que se 
le entregasen, y últimamente ofreció por su persona 
veinte y cinco mil escudos. Todo se le negó, temiendo, 
á lo que yo sospecho , que el rey de Aragón no hiciese 
gran sentimiento si Berenguer, tan grande y principal 
vasallo suyo , padeciera afrentosa muerte en poder del 
emperador Andrónico; el cual tentó el medio maseG- 
caz que pudo , ofreciendo á ciertos patrones destas ga- 
leras , para que con afgun engaño se le entregasen, ocho 
mil escudos y diez y seis pares de ropas de brocado ; 
pero descubierto el trato, no quisieron que Andrónico 
tentase alguna violencia ; y así , se partieron , dejando 
muy desabrido al Emperador. A la entrada del estre- 
cho Ramón Montajier, de parte de los que quedaban en 
Galípoli, llegó con una fragata á pedir ó Eduardo de 
Oría le diesen la persona de Berenguer, y ofreció el di- 
nero que pudieron recoger por su rescate, que fueron 
hasta cinco mil escudos ; pero los genoveses no quisie- 
ron, ó por parecelles poca la cantidad, á lo que tengo 
por nvis cierta, ó por no irritar el ánimo de Andrónico 
si ponian en libertad un enemigo suyo en puesto que 
se tenia por sus mayores enemigos , de donde con ma- 
yor duño pudiese segunda vez destruir sus provincias 
y asolar sus ciudades. Desesperado Moutaner de alcan- 
zar su libertad, dióle parte del dinero que traia, y le 
ofreció que en nombre del ejército se enviarían emba- 
Vidores al rey de Aragón y al de Sicilia para que se sa- 
tisficiese agravio tan notable como prender debajo de 
seguro un capitán de un rey amigo. 

CAPITULO XXXIV. 

Los pocos que quedsmn en GaKpoli dan barreno i todos los 

navios de sa armada. 

Preso Beren^er de Entenza, y muertos los mejores 
caballeros y soldados que le siguieron, quedaron solos 
en Galípoli con Rocafort, su senescal, mil y doscientos 
infantes y doscientos caballos, y cuatro caballeros, bue- 
nos soldados, Guillen Sisear y Juan Pérez de Caldés, 
catalanes, y Fernando Gori y jimenode Albaro, arago- 
neses, y con ellos Ramón Montaner, capitán de Galípo- 
li. Este tan poco número de gente defendió aquella 
plaza, y cuando supieron que Berenguer co;i su armada 
se liabia perdido , y que el socorro que esperaban habia 
de venir por su mano ya no tenia lugar, y aunque reco- 
nocieron el peligro cierto , no perdieron el ánimo; an* 
tes cobrando de la adversidad mayor esfuerzo, dieron 
ejemplo raro á los venideros de lo que se debe liucer en 
casos donde el lionor corre riesgo de que alguna mal 
advertida resolución manche su limpieza» conservada 



DE MOXCADA. 

largos años sin nota de infamia. Tuvieron consejo, y eo 
él hubo diferentes pareceres. Hubo algunos que les pa« 
recio forzoso el desamparar á Galípoli , y que tratar de 
defendella era desatino; que se embarcasen en sus na- 
vios y fuesen la vuelta de la isla de Metellin, porque 
con facilidad la podrían ganar y con la misma defeude- 
lla, de donde correrían aquellos mares con mas seguri- 
dad suya y daño del enemigo; y que sus pocas fuenas 
no daban lugar á mayor satisfacion. Fué tan mal reci- 
bido este consejo de los mas, que con palabras llenas de 
amenazas le contradijeron, y determinaron que Galí- 
poli se defendiese , y que fuese tenido por infamo y 
traidor el que lo rehusase. Estimaron en tanto su de- 
terminación, que por quitarse el poder de mudalii 
barrenaron los navios; con que perdieron la esperanza 
de la retirada por mar, quedándoles la que abriesen sui 
espadas en los escuadrones enemigos. Siguieron el 
ejemplo de Agatocles, en África , y le dieron á Heroan- 
dó Cortés en el nuevo mundo ; entrambos celebrados en 
la memoria de los hombres por los mas ilustres que el 
valor humano pudo emprender. Agatocles^ rey de Si- 
cilia, pasó con una armada á la África contra los car- 
tagineses. Echada su gente en tierra , echó á fondo sus 
navios , con que forzosamente hubo de vencer ó morir; 
pero este tenia mas conílanza y razón de vencer, por- 
que llevaba consigo treinta mil hombres, y la guern 
solamente contra Cartago. Los catalanes se hallaroD 
pocos, lejos de su patria, y la guerra contra todas las 
naciones del oriente. Superior á la mayor alabansa fué 
la determinación de Cortés ; porque ¿quién pudo en i^ 
notas provincias, distando inmenso espacio de su patria, 
echar á fondo sus navios y escoger una muerte casi 
cierta por una titoría imposible , sino un varón á qnieo 
Dios con admirable providencia permitió que fuese el 
que á su verdadero culto redujese la mayor parte deia 
tierra? No quiero hacer juicio si este ó el de los cata- 
lanes fué mayor hecho, porque pienso que son eatraoh 
bos tan grandes, que fuera hacelles notable injuria si 
para preferir al uno buscáramos en el otro alguna parte 
menos ilustre por donde le pudiéramos juzgar por in- 
ferior. Españoles fueron todos los que lo emprendieron; 
sea común la gloria. 

CAPITULO XXXV. 

Salen los aaestros de Galípoli i pelear con los griegos, y aleuna 
de ellos sefialadlsims vltoris. 

Después de barrenados los navios, contentos de verse 
fuera de peligro de perder la reputación con la retirada, 
dispusieron su gobierno. Dieron á Rocalort doce con- 
sejeros por cuyo parecer se gobernase. Esta elección se 
hacia por los votos de la mayor parte del ejército, y su 
poder en los consejos era igual al de Rocafort, y él eje- 
cutaba lo que por parecer de los demás se resolvía. Hi- 
cieron sello pora sus despachos y patentes, con la ima- 
gen de san George, y escritas en su orla estas letras: Sello 
de la hueste de los francos que reinan en Tracia y Uor 
cedoniou Prudentemente, á mi juicio, pusieron en lugar 
de catalanes, francos, por ser nombre mas universal y 
menos aborrecido, y quisieron mostrar que aquel ejér- 
cito era compuesto de casi todas las naciones de Euro- 
pa conti'a los griegos, y que era causa común de todos 
el socorrelies. Por grandeza de ánimo tengo no estre- 
charse los hombres ai nombre de su patria i porque coa 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 

este nombre no se extrañasen los españoles de otras 



proTÍudas , italianos y franceses ; sino diiatalle por todo 
el orbe de la tierra , patria común de todos los vivientes. 
£i eoemígo se venia llegando á las murallas de Gáli« 
poli y estrecíiaba á los sitiados; y como en las ordinarias 
escaramuzas, aunque con mayor daño de los griegos^ 
seperdia gente de nuestra parte , resolvieron de salir á 
pelear con todas sus fuerzas y aventurar en un trance 
de una batalla su vida y libertad : consejo que le deben 
seguir los que no pueden largo tiempo conservar ia 
guerra. No se iiallaron en Galipoli para salir á pelear, 
entre infantes y caballeros, mil y quinientos, puesto que 
Nicéforo dice que fueron tres mil ; pero el autor escri- 
bió por relación de los griegos , á quien el temor pudo 
engauar, y parecer doblado el número de los enemigos. 
Levaotaron un estandarte, an|es de salir á pelear, con la 
imagen de san Pedro ; pusiéronle sobre la torre princi- 
pare Galipoli con grandes demostraciones de piedad; 
y puestos de rodillas, después de baber hecbo una bre- 
ve oración al santo, invocaron á la Virgen. Al tiempo 
que empezaron lii Salve con devotas aunque coufusas 
voces, estando el cielo sereno, les cubrió una nube, y 
Movió sobre ellos basta que acabaron , y luego de im- 
proviso se desvaneció. Quedaron admirados de tan gran 
prodigio, y sintieron en sus corazones grandes afectos 
de piedad y religioo , con que les creció el ánimo , y tu- 
vicroo por cierta la Vitoria , pues con tan claras seiíales 
el cielo les favorecía. Reposaron aquella noclie, no con 
poco cuidado de que fuese la última de su vida. Sábado 
por la mañana, que fué el siguiente, á los 21 de junio, 
salieroa de sus murallas y reparos. El enemigo , de- 
jando por guarda desús reales, que estaban en Bra- 
cliifllo, dos millas de Galipoli , parte de su ejército , con 
ocho mil caballos y mayor número de infantes se ade- 
iaotóá pelear. Los nuestros cebaron su caballería por 
el lado izquierdo de su iufauteria, abrigándose por el 
derecho del terreno algo quebrado. Guillen Pérez de 
CaIJés, caballero anciano de Cataluña, llevaba el es- 
tandarte del rey de Amgon ; Fernán Gori el de don Fa- 
drique, rey de Sicilia; que olvidados de sus príncipes, 
jamás olvidaron su memoria ; el de san George dieron á 
Ji(Qf¡no de Albnro,y Rocafort encomendó el suyo á Gui- 

tolOTOdeGaJipo 1 dierou la señal de acometer, por- al emperador Amiróuico y á MÍL-uel so Lijo ooroue 



33 

que la huida les hizo dejar las armas con que apretados 
pudieran defenderse de los nuesiros, que esparcidos, 
cansados y pocos, les seguían ; pero la vileza de Kis grie- 
gos era tanta , que refiere un autor que pi.r las heridas 
en el rostro no osaban volvelle, aunque con solo este 
nesgo se pudieran defender ; última miseria á que puede 
llegar un hombre, cuando teme las heridas mas que 'a 
infamia. La mayor parle de los griegos vencidos mu- 
rieron ahogados , porque seguidos de los catalanes, da 
quien no esperaban buena guerra, sino afrenta y muer- 
te, se arrojaban en los barcos y leños de la ribera , car- 
gando en ellos mas gente de la quí pudieran llevar; con 
cuyo peso, con la priesa de los que entraban, venían al 
fondo y se abrían , ayudando á esta pérdida lo$ proprios 
catalanes, que metidos en el agua, á cuchilladas, y asi- 
dos de los bordes de los barcos, les forzaban á echarse 
en el agua ó morir. Con la noche dejaron el alcance, y 
cerca de la media volvieron á Galipoli, sin haber reco- 
nocido los despojos que el enemigo les dejaba, juzgando 
por mayor ganancia quitar vidas y derramar sangre de 
los que con tanta impiedad quitaron las de sus compa- 
ñeros y amigos. A la mañana salieron á recoger la pre- 
sa , y fué de manen^, que tardaron ocho días en reti- 
ralla dentro de Galipoli ; vestidos de seda y oro (en aquel 
tiempo mas estimados por no ser tan comunes) en gran 
cantidad , armas lucidas y joyas de mucho precio, tres 
mil caballos de servicio, y bastimentos en tanta abun- 
dancia, que en muchos días no se pudiera temer en Ga- 
lipoli falta dellos. Murieron de los vencidos veinte mil 
infantes y seis mil caballos , y de los nuestros un caha« 
lio y dos infantes : no me atreviera á referiilo, por pare- 
,cerme caso imposible , si autores de mucho crédito na 
refirieran semejantes acontecimientos. Paulo Orosio, 
escritor antiguo y cristiano, cuenta de Agatocles que 
degolló con dos mil hombres treinta mil cartagineses 
con su general Annon , y él perdió solos dos hombres. 

CAPITULO XXXVI. 

Prc\iénfse Miguel Palertlogcí para venir sobre GalfpAl! ; los nof s» 
(rus salen i pelear cun él tres jomadas lejos, y «iitre los luga* 
res de Apnis y Cipsela se da la bttalia ; sale della Miguel vea* 
eido y berido. 



dosepor los collados. Cerraron de una y otra parte con 
gallardía, y (ue tanta la furia del primer encuentro, que 
Btirma Montaner que los que quedaron dentro de Gali- 
poii les pareció que todo el lugar venia al sutfo, á se- 
ffi^jtuza de terremoto. No pudieron los griegos contra 
soldados tan pláticos y valientes , aunque con tanta des- 
igualdad, salir con Vitoria. Dieron luego la vuelta bácia 
«is reales , donde pensaron rehacerse. Los que queda- 
roo en su defensa , viebdo su gente rota , salieron á de- 
tener al enemigo, que con furia y rigor increíble venia 
ejecutando la vitoría. El nuevo socorro de gente des- 
causada detuvo algo á los vencedores , ponqué era la 
«Cordel ejército ; pero repetido el uombre de san Geqr- 
g'*, cerraron con igtal ánimo, y segunda vez vencieron 
•ios griegos, ganándoles sus alojamientos. Volvieron 
jjsespaldas ümberlo Palor, Basila y el grande Eteriarca. 
«guiase el alcance veinte y cuatro millas hasta Mono- 
^^i^u, degollando siempre sin resistencia alguna, pox^ 



y fonealles á poner todas las fuerzas del imperio para 
su ruina. Cou el suceso de Galipoli resolvieron ios Em- 
peradores de juntar sus gentes, y dar^obre los núes- 
tros antes que pudiesen de Cataluña ó de Sicilia llegar 
socorros. Destas prevenciones y aparatos de guerra fue* 
ron los nuestros «virados por una espía griega, que 
Montaner envió con harto recelo de que volviese , por* 
que otras de ia misma nación, que á diversas partes so 
enviaron, no volvieron. Catu lañes no podiau servir eo 
esta ocupación , porque siempre eran conocidos , aun* 
que con troje y lenguaje griego se procuraban encu- 
brir. Con este aviso se resolvieron todos de salir á bus- 
car al enemigo la tierra adentro; resolución tan g«ill«ir« 
da como cualquiera de las otras que tomaron. No piensa 
yo que tantas finezas y bizamas se puedan buber leido 
en otras historias; y asi, algunas veces temo que mi eré* 
dito y fe se ha do poner en duda ; pero advertido el 
que esto ioyoro que Nicéforo Grcgoras y PaclLiLerio, 

3 



3i DON FRANCISCO 

autores griegos, y por serlo, enemigos, y Montaner, ca- 
tolan, concuerdan en lo que parece Inas increíble, ten- 
drá por verdad lo que escribimos. Montaner reGereque 
la principal causa que les movió á seguir este consejo 
lué verse ya ricos y prósperos, y temer que la sobrada 
afición de sus riquezas y el temor de perdellas no les 
hiciera perder algo de su reputación. Siguiendo los con- 
sejos mas cautos y menos honrosos, dejaron en Galípoli 
de guarnición, donde quedaban su hacienda ^ mujeres 
y familia , cien almugavares , y partieron la vuelta de 
Andrínópoli , plaza de armas de aquel ejército que se 
juntaba contra ellos, T;on firme determinación de pelear 
con Miguel, aunque fuese asistido del mayor poder de 
su imperio. Caminaron tres dias por Tracia , destru- 
yendo y talando la campana. Llegaron ¿ poner una no- 
che sus cuarteles á la falda de un monte poco áspero. 
Las centinelas que pusieron en los altos descubrieron 
de la otra parte grandes fuegos; enviáronse reconoce- 
dores, y poco después volvieron con dos griegos pri- 
sioneros, de quien se supo la ocasión de los fuegos, 
que fué por estar Miguel acuartelado con seis mil caba- 
llos y mucho mayor número de infantes entre Agros y 
Cipsela,dos aldeas pequeñas, aguardando lo restante del 
tampo. Quisieron algunos que aquella misma noche se 
atravesase la montaña que les dividía , y diesen sobre 
los enemigos descuidados ; y no me parece que aproba- 
ron este consejo , no sé por qué razón ; porque , puesto 
que forzosamente se liabia de pelear con ellos , mas lá- 
cil fuera con la oscuridad y confusión de la noche aven- 
turarse, que aguardar la mañana, cuando siendo tan 
pocos pudieran ser mejor reconocidos. Después de ha- 
berse todos confesado y recibido el sacramento de la 
Eucaristía , hicieron un solo escuadrón de su iu&nte» 
ría , y la caballería dividen igualmente en dos tropas, á 
cada lado del escuadrón la suya , y otro escuadrou de- 
jaron en la retaguardia pura socorrer adonde la nece- 
sidad le llamase. Caminaron la vuelta del enemigo; 
el sulir dd sol se liallarnn de la otra parte de la moula- 
ñui^la, dQ donde descubrieron al enemigo, mas podero- 
so de lo que la espía les dijo , y fué porque dos horas an- 
tes llegó la mayor parle de su ejército, que le faltaba. 
Reconoció el enemigo su venida; y como entre infantes 
y caballos no llegaban á tres mil los nuestros , juzgaron 
que venia á rendirlas armas y entregarse á la clemen- 
cia de Miguel ; ^^esto lo tuvieron por tan cierto , que ni 
querían tomar las armas ni salir de sus cuarteles. Pero* 
Miguel, que con tanto daño suyo conocía por experien- 
cia el valor de sus enemigos y sacó su gente , y él se ar- 
mó y puso i caballo , ordenando los escuadrones en 
esta forma. La infantería, repartida en cinco escuadro- 
nes, á cargo de Teodoro, tio de Miguel, general de toda 
te milicia, que había venido del oriente; en el cuerno 
alniestro puso las tropas de caballería de los alanos y 
lurcoples, á carao de Basila ; en el cuerno derecho se 
puso la caballería mas escogida de Tracia y Macedonia, 
con los valacos y los aventureros, á orden del gran 
Elriarca; en la retaguarda quedó Miguel con los de su 
guarda y porte de la nobleza que asistía á su defensa. 
Acompañábale el déspota su hermano, y Senacaríp 
Angelo, que este día no quiso tener gente de guerra A 
su cargo, por hallarse ocupado en la defensa del Empe- 
rador y tener cuidado de la seguridad de su persona. 
Reconoció Miguel sus escuadronee y animados á la 



DE MOXCADA. 

batalla y vinieron cerrando. Los nuestros , divididos en 
cuatro escuadrones, cou gran ánimo y resolución , los 
primeros con quien se toparonfueronlosalanosy turco- 
pies, que su caballería (i) embistió el primer escuadrón 
de almugavarest quo invencible quebrantó su furia ; 
tanto , que dice Pachimerío que luego se retiraron hu- 
yendo , aunque Nicéforo dice que los masageUis y lur- 
coples, cuando tocaron las trompetas para embestir, 
huyeron, porque tenían resuelfo los alanos de no ser- 
vir al Emperador, y los turcoples tenían trato con los 
catalanes. De cualquier manera que ello fuese , ó des- 
pués de haber embestido ó antes, ellos huyeroa , y k 
infantería, descubierta por el siniestro lado de todaia 
caballería que le sustentaba , quedó , dice Nicéforo , co- 
mo la nave sin árbol y sin velas en la mayor furia de la 
tempestad. Parte de nuestra caballería , que se habla 
juntado de almugavares y marineros, había desmonta- 
do y acometido á pié por aquella parte. La ocasión qoe 
tuvieron para desmontar estas tropas fué solo por ha- 
llarse inútiles en este género de servicio, y que si no 
dejaran los caballos no pudieran pelear. Los demás 
escuadrones de infantería, libres de la mayor parte d€ 
la caballería enemiga que les pudiera dañar, cerraron 
por la ftenie tan vivamente , que degolladas las prime- 
ras hileras, donde estaban sus mas lucidos y valientes 
soldados, todo lo demás de la infantería se puso en bui- 
da, aunque la caballería de Tracia y Maoedonia, comt 
la mejor y de mayor reputación de aquellas provindas» 
mantuvo por gran rato su puesto , peleando con noes- 
tra caballería , y defendió uno de sus escuadrones qce 
no fuese roto hasta que los almugavares le abrierrn 
por el otro costado y por la frente , y entonces su ca- 
ballería con mucha pérdida dejó el puesto, huyendo k 
vuelta de Cipsela. Miguel, como buen príncipe y vi- i 
líente soldado , viendo sus escuadrones rotos , y so ca- j 
ballería parte retirada y parte deshecha , y en quien ' 
lenia puesta la mnyor esperanza de vencer , sacó su ca- 
ballo la vuelta del enemigo , y luego repentinamente 
quedó el caballo sin freno, y se arrojó la vuelta de los 
enemigos. Detenido de los que estaban en su guarda, 
hubo de subir en otro caballo, y sin tener por mal agüe- 
ro el haber perdido el freno su caballo, se metía por k) 
mas peligroso, y con gran presteza animaba á unos, 
socorría á otros, cuándo con amenazas, cuándo con 
ruegos, llamando á sus capitanes y maestres de campe 
por sus nombres , que volviesen las caras , que resistiO' 
sen, que no perdiesen aquel día con tanta mengua la 
reputación del imperto romano. Los soldados y capita- 
nes, perdido una vez el miedo á su fama, y paesto en i 
ejecución caso tan feo como desamparar la persona del j 
Príncipe, también le perdieron á sus ruegos y quejas; 
porque cuanto mayor es la infamia de un hecho , lauto ¡ 
mas diñcii es el arrepentimiento. Entonces Miguel qui- 
só con el ejemplo, ya que no pudo con las palabras, 
obligalles ; y juzgando por grande afrenta no aven turar 
BU vida por la de los suyos, vuelto á los pocos que le 
seguían, les dijo : «Ya llegó el tiempo, compañeros y 
amigos, en que la muerte es mejor que h vida / y la 
vida mas cruel que la misma muerte. Muérase con re* 

(1) CMf/a cahalUria , debiera decir, paet el fvff preeednite w 
paede interpretarse como causal ; pero tiVt y otros detraídos ^«i 
advertirá! los lectores, provieoea di «oeHojiCAaiao dW áaaei- 
trilo laáiUiaa «eo« 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



35 



pDtaH<)n,í!f ne ha de TÍvir con infamia.» Y levantando el 
n»tn> alélelo, pidiéudole su ayuda, se arrojó con su 
caballo en medio de los nuestros. Siguiéronle liasta 
ciento de los mas fleles, y por un grande espacio puso 
la Vitoria en duda : tanto puede en semejantes ocasio- 
nes (a persona del principe que se aventura. Hirió á 
machos y mató á dos. Un marinero catalán , llamado 
fienmgoer, qae en la jornada deste dia se luilló sobre 
un buen caboilo y con lucidas armas, despojos de la 
Vitoria pasada , andavo entre los enemigos Un biiarro^ 
qne Uiguel por entrambas causas le tuvo por algún se- 
ñalado capitán de nuestra nación , y con deseo de mos- 
trar su esfuerso, se fué para él y le dio una cncliillada 
ea el brdzo izquierdo. Revolvió sobre Miguel ul marinero 
con tanta presteza , que sin darle tiempo de sacar su 
caballo, á golpes de maza le hizo saltar el escudo, y le 
hirió en el rostro , y al mismo tiempo le mataron á Mi- 
gnel el caballo , y le tuvieron casi rendido ; pero algu- 
nos de su guarda le socorrieron valientemente, y uno 
dellos le dio su caballo, con que se salvó , quedando 
muerto por librar ¿ su príncipe. Miguel, perdida hi 
mayor ^rte de su gente, y libre del peligro por su va- 
lor T por so dicha , se salió de la batalla , llevado mas 
por la fuerza de los suyos que por su voluntad. Intentó 
muchas veres volver á cobrar la reputación perdida; 
pero siempre fué detenido, y su coraje reventó en lá- 
- grimas. Retiróse dentro del castillo de Apros, con que la 
Vitoria se declaró pornosotros. No se siguió el alcance, 
porque entendieron siempre que á los griegos les que- 
daban fuenas enteras para volver segunda vez á pe- 
lear , y temieron alguna emboscada , según Pachiroerio 
dice; y añade que fué particular providencia de Dios 
eJ miedo qne tuvieron los catalanes de la emboscada, 
para deteoelíes que no ejecutasen la Vitoria , donde 
perecieran muchos mas, y Miguel llegara ¿ sus manos. 
Cooteotáronse con quedar señores del campo , y aguar- 
dar la mañana, que les desengañaría desús sospechas. 
Toda aquella noche se estuvo con las armas en la mano. 
Llegó la mañana, y reconocieron que so Vitoria habia 
sklo con entero cumplimiento. Acometieron ú Apros el 
mesmo dia , que defendido solo de sus vecinos, fácil- 
meóte se entró. En este lugar se detuvieron ocho dias 
para que ios heridos se curasen y los demás descansa- 
icn del trabajo y fatiga de la batalla. Súpose luego co- 
mo la gente que Miguel aguardaba , según las espías 
feíiríeron , ya se le habia juntado antes de la batalla , y 
que todo estaba vencido. Perecieron , según Montaner, 
del enemigo diez mil caballos y quince mil infantes ; de 
los nuestros veinte y siete, y nueve caballos. Retirado 
Miguel dentro de Apros , no se tuvo por seguro , y aque- 
lla misma noche se salió , y se fué á Panfilo, y de allí á 
Didimoto, donde estaba su padre, de quien cuenta Ni- 
céforo que fué reprehendido gravemente porque puso 
SQ persona tan atrevidamente en tanto riesgo ; que lo 
qoe en un soldarlo ó capitán se debia'de alabar, en un 
emperador era digno de reprehensión : palabras naci- 
das de laaGcion de un podre, mas de lo que debiera 
aconsejar si no lo fuera ; porque no sé yo que tenga el 
Príncipe mayor obligación de aventurarle que la que 
Miguel se aventuró, cuando ve sus escuadrones deslie- 
chüs, su reputación en peligi-o, su gente muerta y sus 
erados perididos. ¿Qué'príncipe de los celebrados en 
la memoria de los gentes dejó de poner su vida al ma* 



yor riesgo, cuando la importancia y grandeza del cuso 
es de tul calidad? 

Con esta Vitoria la mayor parte de la provincia de 
Tracia quedó por despojos de los nuestros. Las ciuda- 
des populosas y fuertes no padecieron en ésta común 
tempestad, porque siendo los catalanes tan pocos, no 
se querían ocupar en asaltar murallas, donde forzosa- 
menta habían de perder gente; y si algunas tomaron, 
fué porque el descuido del enemigo les convidó para 
que lo pudiesen hacer sin aventurarse mucho. Los 
nnoradores de las aldeas y poblaciones de griegos de 
toda la provincia, sabida la pérdida de su ejército, de- 
jaron sus casas y aus haciendas y el trigo que estaba 
ya para recoger, y peregrinando por reinos vecinos, 
acrecentaron el temor de nuestra venganza; y dice Pa- 
chimerio que entraba de todas partes infiuita gente 
huyendo , y que parecía Constantinopla la esfera de Cm« 
pedocles (1). Fué ocasión esta Vitoria de que sucediese 
en Andrínópóli un caso lastimoso i los catalanes que 
estaban presos desde la muerto de Roger, que llegaban 
al número de sesenta. Tuvieron aviso de la Vitoria de 
Apros, animáronse á mtentar su libertad. Estaban en 
una cárcel fuerte de una torre ; rompieron los grillos, 
y acometiendo una puerta, no la pudieron abrir; subie- 
ron á lo alto de la torre para reconocer algún camino 
de su libertad; no fué posible hallarle, y como deses-^ 
perado^e hallar piedad en los gríegos, desde arriba, 
con las armas que pudieron alcanzar , pefóaron vulien* 
^píente con los ciudadanos de Andrinópoli, qué sitia- 
^ la torre y la procuraron ganar á fuerza de armas; 
pero fué tanto el valor de los que la deíendian, que no 
fué posible hacerles daño. Finalmente, después de mu« 
clies heridas, los ciudadanos, desesperados de poAéllea 
rendir , se resolvieron daquemar todo el edificio y tor- 
re. Diéronle fuego por todas partes, y en poco ralo se 
encendió con gran ruina del ediflcio. Por eq^re las lla- 
mas y el fuego arrojaban piedras y dardos, y medio 
abrasados peleaban. Despidiéroose , y abrazados unos 
con otros , hecha la señal de la cruz ( asi lo dice Pachi- 
merio) , se arrojaron en el fuego todos; y entro ellos 
dos hermanos de linaje ilustre y do ánimo valeroso, 
abrasándose con gran lástima délos circunstantes, se ar- 
rojaron de la torre, y escapnron del fuego, que am mas 
piedad les perdonó que el hierro de los pérfidos gríegos, 
de quien fueron despedazados. Entre estos sesenta, so- 
lo hubo uno que diese muestras de rendirse , á quien 
los otros arrojaron de la torre. Después de haber des- 
truida y talada la mayor parte de la provincia, volvió^- 
ron á Galipoli , acrecentados de reputación , de hacien- 
da y de gente que se les juntaba de italianos, franco- 

(1) Este sifflil , osado en pfecto por Psebriperes, ainqae m il 
descrn>lr li bataUi de A:iros, sioo en el lib. a, cnp. 1» AelBHIt» 
ijriM 4e ÁMdfúmco^ tnemiM qne necesili alaana interpreUrioo. 
la ífüse es completamente metafóriri, y alade i cierta secta de 
aiósofos qoe babia en Curtnto, llamados auemoeelat, los cnaleí 
soponian tener potestad sobre los vientos, guardándolos encerra* 
dos y adormecidos en ana especie de odre 4 eifertí, donde, como 
en la cueva de Bulo, ó mas bien en las odres de Ulises, se baili- 
ban reducidos i nna oprifion rigorosa. A aquella secta pertenecii 
Euipedoclrs, y 4 so odre ó esfera bare reífreocla él Mmil ; porqna 
vertladeramente las roerías iie los griego», agolpados y como sqje- 
tos en CoBstantinopis, pareelao i las de los vieoltis meüdas en Ion 
peqoeQo espacio. Qoleo desee aclaraciones mas amplias sobre lo 
expresión etfera de Empedocte» pnede consnitar el Ulonnno de ^ 
dio i'osio i lo üiMiartñ de PeekffmtFM, áo lUgaol »9Uúi09^ fdí* 
cioB de Huma» de 1606, pAg. 417. 



3A DON FRANaSGO DE MONCADA. 

ses y españoles , que pudieron escapar de la crueldad y 
íuiiu de los griegos. 



CAPÍTULO XXXVII. 
Esiado de las cosas de Andrúnico y de los griegos. 

En todos tiempos y edades se liamoslrado la igual- 
dad de la justicia divina , pero en unos se lia señalado 
mus que en otros cou el a^ote de alguna pestilencia , 
hambre ó guerra. Esta última se tomó para castigo de 
Audrónico y de los griegos, que apartados de la obe- 
diencia de la romana Iglesia , madre universal de los 
que ini'itan en la tierra , cayeron en mil errores, y por 
ellos y por ios demás pecadus que antes se siguieron 
permilió Dios que los catalanes fueren los ministros de 
su ejecución. Anadióse á los daños de la guerra males 
y divisiones caseras, que entre los príncipes suele ser. el 
último y mayor de los trabajos , porque con él se con- 
funden los consejos y se euilaqueceu las fuenuis, y es 
un breve atajo para su ruina. 

Irene, mujer del emperador Andrónico, juagaba por 
cosa indigna de su grandeza y sangre que sus tres bijos 
Juan , Teodoro y Demetrio no tuviesen parte en el im- 
per io de su padre, por tener bijos de otra madre, llama- 
dos primero á la sucesión, Miguel, ya nombrádq por 
I emperador, y Constantino, déspota. Procuró por todos 
los medios posibles que su marido Andrónico dividiese 
entre sus bijos algunas provincias de su impei¡ip; no le 
fué concedida esta demanda. Volvió segunda vez á tan- 
tear otro medio, mas perjudicial y dañoso para el imp^ 
rio que el primero , y fué pedir que les declarase suce- 
sores y compañeros de Miguel, su hermano; negósele 
también ; con que Irene, mujer ambiciosa, conociendo 
el amor grande de su marido, y que apartándose del 
doblara á su constancia, y que el deseo de volvellaá ver 
fuera mas poderoso que lo hablan sido sus ruegos, 
fuese á Tasalónica con gran contradicion de su mari- 
do , aunque por ao publicar males tan íntimos y secre- 
tos , mostró en lo exterior que no le desplacía. Nunca 
ausenciasetomópormedio pura acrecentar una afición; 
antes suele ser con que la mayor se desvanece, como 
siempre suele experimentarse. El amor y afición de An- 
drónico se fué perdiendo, y la mujer, al mismo paso 
desesperando y cerrando la puerla á su pretensión, 
trocó los ruegos en amenazas. Admitió pláticas y tra- 
tos de principes extranjeros enemjgos de Andrónico; 
envió á llamar á su yerno Gráles , principe de los triba- 
les {i) y de Servia, casado con su hija Simónide, y le 
dio todas las joyas y tanto dinero, que Nicéforo quiere 
que con él se pudiera fundar renta para sustentar cien 
galeras en defensa de los mares y costas del imperio. 
Gm esta división ¿qué poder no se deshiciera, qué 
reino no se acabara, y mas sobreviniendo un ejército de 
gente enemiga á quien el deseo de su venganza puso 
eu Itt necesidad de morir ó vencer? 

CAPITULO xxxvin. 

Los noestros baeea algunas eorrerías, y toman A las elndades 

de Rudesto y Paccia. 

Retirados i Galfpoli después de la Vitoria, quedaron 
dueños absolutos de la campaña, y Andrónico sin atre- 
verse á salir de Constantinopla ni Miguel de Andrínó- 

tf ) Tfiiaiat ó Mbalioi, paeblos de U MUitinrcfior ; bdliaros. 
(Valbnena» Dice iaU etp») 



poli : tan apretados les tuvieron nuestras armas. An- 
drónico, á las quejas de tantos daños como hacían los 
catalanes en sus provincias, encogió los hombros, atri- 
buyendo á sus pecados el castigo que Dios le enviaba, 
y confesaba que no era poderoso para resistilles. Hasta 
Maronea, Ródope y Bizia, ciento y setenta millas de 
Galípoli , entraban haciendo correrías , con universal 
temor y asombro de todas las provincias, porque no 
habia lugar que estuviese libre de su furia, por remoto 
y apartado que fuese. Las ciudades que por su fortaleza 
de muros no podían £er acometidas, sentían estos ma- 
les en sus vegas y en sus jardines, quemando y talando 
lo mas estimado , y haciendo prisioneros á muchos, d« 
quien sacaban grandes y continuos rescates; y no solo 
compañías enteras, pero cuatro ó^seis soldados Imcian 
estos lances. Pedro de Maclara, almugavar, que servia 
en la caballería, hallándose una noche entre sus cama- 
radas desesperado de haber perdido lo que tenia al 
juego, resolvió de rehacer ia pérdida y despirarse con 
algún daño de sus enemigos, de que le resultase pro- 
vecho. Subió á caballo, y con dos hijos que tenia, ca- 
minando siempre entre enemigos, llegó á los jardines 
que están pegados á Constantinopla, donde iuego la 
suerte le puso entre manos un padre y un hijo merca- 
deres genuveses. HIzolos prisioneros, y dio con ellos en 
Gabpoll sin que persona alguna se lo estorbase, con ha- 
ber veinte y cinco leguas de retirada. Hubo por su res- 
cate mil y quinientos escudos, con que el almugavar 
recompensó lo perdido y ganó reputación de valiente y 
platico soldado. Estas ^ muchas otras correrías refiere 
Montaner que se hacían con igual felicidad y admira- 
ción : ¿ tanto llegó el atrevimiento de los catalanes. 
Vióse Roma cabeza del mundo , conocida entonces eo 
tanta grandeza y gloria , que desvanecida con sus vito- 
rías y triunfos, se atribuyó el renombre de eterna; 
pero las armas de los godos y vándalos mostraron cuan 
breves fueron sus glorias y cuan falso su atributo. Lo 
mismo sucedió ¿ Constantinopla, cabeza del imperio 
oriental, en quien juntamente se levantaron y merecie- 
ron el poder y la piedad por el grande Constantino , en 
cuyos sucesores se conservó , hasta que la ira de Dios 
ejecutó su castigo , entregándola por despojos á nacio- 
nes extrañas, y en este tiempo casi forzada de pocos 
catalanes y aragoneses ¿ recibir leyes la que las daba 
á tantos reinos y gentes. 

Ardía en los corazones de los catalanes el deseo de 
vengar la muerte aíhsntosa de sus embiijadores en los 
naturales y vecinos de Rodesto, donde tan iuhuniana- 
mente fueron despedazados y muertos. Salieron á e$ta 
jomada hasta los niños , en quien fué mas poderosa la 
pasión de su venganza que la flaqueza de su edad. Es- 
taba esta ciudad ribera del mar, sesenta millas de ca- 
mino por tierra de Galípoli. Para llegar i ella forzosa- 
mente se liabian de dejar los nuestros pueblos enemi- 
gos á las espaldas, y esta seguridad causó descuido en 
los vecinos de Rodesto, porque nunca creyeron que los 
catalanes se aventurarían sin tener la retirada llana y 
sin peligro; pero estas dificultades fueran bastantes si 
el agravio no las atrepellara. Al amanecer- escalaron 
las murallas y la entraron sin iNillar resistencia, ejecu- 
tando muertes con tanta crueldad, que por este hecho 
primeramente, y por los demás que fueron sucediendo, 
quedó entre los griegos basta nuestros días por refrán : 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



37 



«1.ftT<»nfRin7o de cnfn^inc&fe alcance.» Estues la mayor 
inoUticioii que entre ellns tieuen agora la ira y eiabor- 
rei-ímiento: tan viva se les representa siempre la me- 
moria de aqael estrago. Dice Monlnner, encureciendo 
el desorden que hubo por micstra parte, que los capi- 
tanes y caballeros uo pudieron detener i:i impedir las 
cruelfiíides que los vencedores ejecuf aron en lus vencí- 
d()S • porque perdido el temor de Üins y el respeto de- 
liiilo ú sus capitanes, y el de su misma iialurale/u, des- 
pedazaban ciirrpí s inocentes:, porta edad incapaces de 
culpri; lia^^ta los auimnlfS quisieron enln*gani la muer- 
te, |Kir.|ne en el tugar no quedas*' cosa vivii. Üe allí pa- 
surun li Paec'a, ciudad vecina, y ja ganaron con la mis- 
ma facilidad y trataron con el mismo rigor. Parecióles 
á nuestros capitanes ocupar estos puestos , porque la 
geole iba creciendo y era ya bastante para dividirse y 
acercarse á Cooslaulinopla, cuya perdición y ruina era 
el úlümo fio de sus peligros y fatigas. A Mou tañer de- 
jaron en GaKpoli solo con algunos marineros, cien al- 
mugavares y treinta caballos. 

CAPITULO XXXIX. 

FenanJImeaeide Árenos llep i Gtltpon, entra i correr la aem, 
j il retirarM rompe 4o» mil infantes y ocliocieutos cattallus del 
CBcaUgo. 

Fernán Jiménez de Árenos, uno de los mas principa- 
les capitanes aragoneses que vinieron con Roger en 
Grecia, por algunos disgustos, como dijimos arriba, se 
apartó de nuestra coropaiiía. Con los pocos que le si- 
guieron se fué al duque de Atenas , donde se detuvo 
algún tiempo, sirviendo en las füerras que el Duque 
tuvo con sus vecinos, que fueron mucbas y varías; ac- 
cidentes forzosos que padecen los estados pequeños que 
tienen por vecinos príncipes poderosos. En todas ellas 
Fernán Jiménez ganó reputación y ocupó lugar hon- 
roso; pero el peligro de sus amigos en su ánimo pudo 
tanto, ^oe dejó sus acrecentamientos seguros y ciertos 
porsocorrelles con su persona. Habida licencia del Du- 
que, con una galera, y en ella ochenta soldados viejos, 
llegó á Galipolí. Fué de todos recibido con notables 
muestras de agradecimiento. Diéroule muchos caballos 
y armas para poner su gente en orden, y con algunos 
amigos que le quisieron seguir juntó trescientos infúntes 
y sesenta caballos, y con ellos entr¿ la tierra adentro. 
Después de haberse visto con los capitanes ^ue estaban 
en fiodesto y Paccia, y comunicado con ellos su resolu- 
ción, caminó con su gente la vuelta de Constantinopla, 
y pasado el rio que los antiguos llamaron Batinia, sa- 
queó y quemó muchos pueblos á vista de la ciiídad. 
Andrónico, de los muros miraba como se ardían las ca- 
sas; y creyendo que todo nuestro campo era el que te- 
nia delante, no quiso que saliese gente; antes la puso 
en guarda y segundad de Constantinopla, repartida por 
sos muros, esperando qne nuestras espadas se habían 
de emplear aquel día en su última ruina. Recelos fue- 
ron estos de Andrónico bien fundados y advertidos, 
porque el pueblo, lleno de pavor, acostumbrado al ocio, 
00 trataba de tomar las armas para su propría defensa. 
La gente de guerra mercenaría de turcoples y alanos, 
ni por naturaleza ni por beueücíos obligada al servicio 
de su principe , rehusaba y temía los peligros, á mas de 
las sospechas del trato que tenían con nuestros capita- 
nes. £ntii9 estos temores y descouliauzas andaba mó- 



tido Andrónico , cuando supo que Fernán Jiménez de 
Árenos con solos trescientos era el autor de tantos da- 
nos , y que Rocafort con el grueso del ejército andaba 
junto á Ródope. Entresacó Andrónico de su caballrría 
ochocientos, y con do,s mil infantes les mandó salir á 
cargar a Fernán Jiménez, (iuq se retiraba con riquísima 
presa. Salieron con buen ánimo y resolucícn, y pasando 
aquella noche el rio ^ocupando un puerto aventajado, 
paso forzoso para los nuestros, se pusieron en embos- 
cada. Descubriéronla lue^^o los corredores de Fcniun 
Jjuenez; ycomo la retiñida no podía Ferpnr otra parle, 
hiclio alio, d JO lí los suyos : u Ya veis, amigos, que el 
enemigo nos tiene cerraifo el paso, y que sido puedo 
allunalle nuestro valor. Lo que en esto so interesa no 
es uienosque la vida, puesta en iiltimo peligro. Los 
contrarios que tenemos delante son los mismos que ha- 
béis vencido tantas veces con mayor desigualdad ; su 
multitud solo ha j[ervído siempre de aumentar nuestras 
vjtorías; tan segura la tenemos en es|i como en las de« 
más ocasiones, pues se resuelven, según vemos, do 
aguardarnos y pelear. El puesto aventajado les da con- 
fianza, olvidados de que nuestras espadas penetran de* 
feusas y reparos inexpugnables. Conozca esta gente 
vil que donde quiera les ha de alcanzar el rigor de 
nuestra justa venganza.» Dichoesto,hizo cerrar su in- 
fantería dealmugavares, y él con sus pocos caballos 
embistió las tropas de la caballería enemiga. Peleóse 
valientemente; pero los dos mil infantes griegos, aco- 
metidos de los trescientos almugavares, fueron casi 
todos degollados con tanta presteza , que tuvieron lu- 
gar de socorrer á Fernán, que andaba peleando con la 
caballería; y fué tan importante su ayuda , que luego 
dejaron los enemigos el paso libre, con pérdida de seis- 
cientos caballos entre muertos y presos. Vitoríosós y 
llenos de despojos, pasaron adelante, y llegaron á Pac- 
cía, donde Rocafort poco antes había llegado de correr 
de Ródope. 

CAPITULO XL. 

Fernán Jimenei gana el casuno j lugar de Mtfdteo. 

Parecíale á Fernán Jiménez que para asegurar sus 
cosas importaba tomar alguna plaza donde pudiese te- 
ner cuartel aparte del que tenía Rocafort, porque su 
condición no daba lugar á que pudiesen vivir juntos. 
La nobleza de sangre de Fernán y su trato llevaban tras 
sí á muchos de los que seguían á Rocafort; pero te- 
miendo su ira, como del mas poderoso, no osaban des- 
cubiertamente dejarle sin tener la seguridad de alguna 
plaza. Módico , lugar del enemigo mas vecino, puesto 
á la parte del estrecho, al mediodía de Galipolí, fué el 
que pareció intentar de ganalla por ínterpresa; y como 
no les sucedió bien , pegados casi al lugar se fortifica- 
ron y abrieron sus trincheras. Condenaban la resolu- 
ción de Fernán los bien entendidos del arte militar, 
porque con doscientos infantes y ochenta caballos quo 
solos tenia no se podría emprender cosa tan difícil co- 
mo lo era ganar uu pueblo , habiendo dentro setecien- 
tos hombres para tomar armas; pero la vileza de sus 
ánimos y la constancia de los nuestros hizo fácil lo im- 
posible. Cuando á una nación le falta la industria y el 
valor, forzosamente ha de dar buenos sucesos al ene- 
migo que la quisiere sujetar, porque ni el nómero de la 
gente ni la defensa de las murallas le sirve de reparo* 



^ DON FRANaSCO 

L(»s miserübles griego* dcsf e pueblo , con sor setficien- 
los, y los nuestros apenas trescientos, se encerraron 
dentro de sus murallas , como si todo el campo de los 
cnialanes les sitiara , sin salir á pelear ni ú deshacer lo 
que su enemigo tfabajaüa para pu mina. Fernán Jimé- 
nez levantó un trabuco , y con él batió algunos días lo 
que parecia mas flaco; pero tiraba piedras de tan poco 
peso , qqe uo liacia daño en sus murallas, fuertes y muy 
levantadas. Arrimábanse escalas algunas veces , y todo 
fué sin fruto. Moutaner de Galípoli socorría con basti- 
mentos y vituallas ; solo los nuestros cuidaban de ase- 
gurarse dentro de sus fortificaciones, dando cuidado al 
euemigo, y rendille á vivir mas descuidado. Con su asis- 
tencia y pertinacia alcanzaron al finio que pretendían; 
porí|ue los griegos, después de largos siete meses de 
sitio , creció en ellos el desprecio de sus enemigos, y al 
mismo paso el descuido de guardarse. Las centinelas 
eran pocas, y eslas no muy ordinarias. El 1.* de julio 
celebraron los griegos dentro de su pueblo con gran 
solemnidad una de sus fiestas; y como el mayor de sus 
deleites es el del vino , vicio que eu todas las edades in- 
famó muclio esta nación, bebieron de manera, olvida- 
dos de que el enemigo estaba sobre sus murallas y aten- 
to á las ocasiones de su daño, que unos bailando, otros 
á la sombra durmiendo , dejaron de guarnecer las mu* 
rallas como solian. Fernán Jiménez , desesperado ya de 
que Módico se le rindiese y de tomalle, estaba dentro 
de su tienda dudoso de lo que liabia de bacer, cuando 
las voces y algazara de los que baüaban le sacó de su 
tienda. Poco a poco se arrimó á las murallas, y reco- 
nociéndolas sin gente, mandó que ciento de los suyos 
¿iesen una escalada, y él con lo restante acometería 
Ifi puerla. Púsose con diligencia increible esta e^«u- 
clou en efeto. Los ciento arrimaron las escalas , y su- 
bieron basta setenta de ellos sin ser senti ios, y ocu- 
paron tres torreones. Los griegos , despertando desue- 
üo tan dañoso , tomaron las armas , incitados mas por 
]a fuerza del vino que por su valor , y procuraron ecbar 
de los torreones á los nuestros. En este combate ocu- 

Cados todos , no acudieron á la puerta que Fernán ba- 
la acometido; y así, sin tener quien la defendiese, la 
puso por el suelo , y entró á pié llano por el lugar, dan- 
do por las espaldas ¿ los que combatmn los torreones. 
Fuéronse retirando y defendiendo en las torres estre- 
ebás de las calles, y últimamente pusieron su seguri- 
dad en la buida , y con ella dejaron libre el lugar y el 
castillo á Fernán con la mayor parte de sus bacieudas. 
Este fin tuvo el sitio de Módico y la dichosa pertinacia 
de un aragonés en los ocho meses que duró este sitio. 
No hallo cosa notable que escribir de ios nuestros que 
estaban en los demás presidios; solo ordinarias corre- 
rías la tierra adentro para buscar el sustento forzoso. 

CAPITULO XLL 

DlTÍdensa los naestros en cuatro pla^s ; Montaner rompe 
A George de Criatopol. 

Ganado el lugar y castillo de Módico , Fernán Jimé- 
nez de Árenos le tomó por presidio y plaza suya. Ro- 
cafurt dividió su gente en Rodesto y Paccia , y Monta- 
ner, escribano. de ración, quedó gobernando en Galf- 
poli , donde los bastimentos y armas de todo el campo 
se juntaban y prevenían. Si á los soldados de los demás 
presidios les faltaban armas , caballos y vestidos, acu* 



DE MONCADA. 

dian á Galípoli. Allí residían los mercaderes de todas 
naciones, los heridos, viejos y otra gente inútil, quo, 
como lugar mas apartado del enemigo, se tenia por 
mas seguro. Con este modo de gobierno se sustenta- 
ron los nuestros cinco años, sin que en todas aquellas 
comarcas se labrase campo ni vina , cogiendo solamen- 
te lo que la tierra naturalmente producía. Esta manera 
de hacer la guerra los tiempos la han mudado, y mejo» 
rado ; porque el principal intento no es desolar y tro- 
car eu desiertos las campanas, sino consenrallas para 
el uso proprio ; porque ganarse una provincia para des- 
truilla y totalmente impedir la cultivación deauscun- 
pos , es lo mismo que no ganalla , y mas cuando de sos 
frutos necesariamente se ban de valer si quisieren sus- 
tentarse en ella. Por no advertir estos inconvenientes 
los nuestros y no moderarse en sus crueldades, qw 
eran las que desterraban délos pueblos los labradores, 
se vieron en tanta necesidad, que con estar llenos de 
Vitorias, lu falta do los víveres les sacó de Tracia coa 
mucho peligro y daño. Jorge de Crislopol, caballero 
rico y principal de Macedonia , venia de Salonique á 
Conslantinopla á verse con el emperador Andrónico, 
con ochenta caballos. Tuvo noticia que Galípoli estaba 
con poca gente, y pareciéndole que podria bacer algoa 
buen lance, dejó su camino , y con buenas espías llegó 
cerca de Gulfpoli sin ser sentido, y encontróse hiego 
con algunns carros y acémilas qlie habían salido á ha- 
cer leña. El que los llevaba á su cargo era Marco, sol- 
dado viejo en la caballería. Viéndose acometido taoin- 
provisamente , dijo á la gente de ú pié que se retira«ea 
entre las paredes de ufa molino , y él tomó la vuelta de 
Galípoli. La gente de Jorge, sin detenerse en ganar el 
molino, fueron siguiendo al soldado, para que el aviso 
y olios llegasen á un tiempo; pero como mas platico 
Marco en la tierra, dio el aviso primero á Moutaner, 
capitán de Galípoli; con que todos tomaron lus armas 
y se pusieron á la defensa de sus murallas , y con ca- 
torce caballos y algunos almugavares Montaner salió 
á reconocer el enemigo y eutretenelle , mientras la gen- 
te esparcida fuera del lugar tuviese tiempo de retiniN 
se. Topáronse luego, y Montaner, hecha una pequeña 
tropa de sus catorce caballos , cerró con los ochenta, y 
peleó tan valientetnente, que Jorge se retiró con pér- 
dida de treinta y seis de los suyos muertos ó presos. 
Fuéle Montaner siempre cargando, hasta que llegó al 
molino. Cobró las acémilas y salvó la gente. Vuelto á 
Galípoli , se pusieron en libertad los prisioneros y re- 
partieron lu ganancia : á los hombres de armas veinte 
y ocho perpres de oro (4), catorce á los caballos ligeros, 
ysieteá los infantes. 

CAPITULO XLIL 

Roeafort y Pernaa^inieDei de Arend» toman il Ettiten y eobru 

IBS caatro salera». 

Al mismo tiempo que Montaner hizo tan buena suerte 
contra Jorge, Rocaforty Fernán Jiménez de Areuós jun- 
taron la gente que estaba dividida en Pacda, Rodesto 

(1) Coando |a negodaelon del reseate.de Bereagaer de Eoteau, 
de qne ya se ba hablado, dice el mismo ÑontaDer en sa erónica ci- 
tada esUs palabras : E $o ntrel veure, e toigtd éemar X milié 
perprei de oro, qal Tal ba X sons barceloneses, o fsel Mt kxao' 
ten^onon voigreB for, Segvn don José Salat, en sa Tlrtédo de ia 
moñedu de CafaluiM, nn soeldo de temo barceloaés eqnivaUa i 
veinte sueldos corrientes. 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



30 



7 lI6dleo, j entraron por Tracia hacia ei niar Mayor, 
Lacieudo lo que siempre, pegando fuego A los lugares 
después de saqueados , talar y abrasar ios frutos de las 
canipaias , cautivar^ matar ; jamás aflojando en su ven- 
ganza. Parecióles intentar de tomar Estañara, pueblo 
de macho trato , á lA ribera del mar de Ponto, donde se 
£ibrícabaD la mayor parte de los navios de Tracia. Atra- 
vesaron largas cuarenta leguas ; entraron el lugar sin 
Lallar resistencia, porque nunca temieron á los cata- 
lanes, estando tan apartados de sus presidios para vivir 
con cuidado. Ganadío ei lugar, acometieron los navios 
y galeras del puerto, que afirma Montaner que fueron 
eieoto cincuenta bajeles , y todo se tes hizo llano en el 
mar como en la tierra. Recogieron riquísima presa, y 
cobraron sus cuatro galeras, que los griegos tomaron 
en Constantinopla cuando mataron á Femando Aones, 
su airoirante. Fué notable el espectáculo de aquel dia, 
porque , turbado el orden de la misma naturaleza, ane- 
garon la tierra, rompiendo algunos diques queilete- 
nian el agua de las acequias, j en el mar pegaron fuego 
á los navios, sirviendo los élemeutos ^e ministros de 
su Tengansa, y saliendo de eus límites y jurisdicion 
para ruina de sus contrarios : parecía que volvían á su 
primer confusión , según andaba todo trocado. Murie- 
ron muchos queoMidos en el agua, otros ahogados en 
k tierra; solo reservaron del incendio sus cuatro gale- 
ras , que estando cargadas de despojos y reforzadas de 
gimte, se enviaron á Gülipoli. Pasaron por el canal de 
Constantinopla con mayor espanto de los enemigos que 
peligro suyo, porque no hubo quien se les opusiese. Ro- 
caforl) Fernán tomaron el camino de sus presidios muy 
poco á poco, corriendo por entrambos lados la tierra 
para buscar el sustento forzoso y quitársele á su ene- 
migo, que desamparando los lugares, se retiraba á lo 
mas áspero de sns montanas. Andrónico , sabida la 
pérdida , no le parecieron bastantes sus fuerzas para 
podella restaurar, saliendo á cortalles el camino ; antes 
desesperado, entregó sus provincias al rígor de las ar- 
mas enemigas, desconfiando no tanto del valor como 
de la fe de los suyos : daño que padecen todos los prín- 
cipes que por su crueldad y tiranía hacen á los mas 
fieles desleales. En el imperio griego se introdujeron 
los príncipes mas por aclamación del ejército que por 
derecho de sucesión ; y como temían perder el lugar 
por las mismas artes que le ocuparon , andaban con 
perpetuos recelos y temores, así de los subditos que 
se aventajaban á los demás en valor y consejo , de los 
ricos, de los honrados , de los bienquistos , como de los 
atrevidos y sediciosos , igualmente afligidos de las vir^ 
4ude8 de tos unos y de los vicios de los otros. Desto na- 
cieron las crueldades entre los desta nación de quitar 
la vista, las orejas y las nances; proscrípciones, des- 
tierros, muertes por vanas sospeclias imaginadas ó fin- 
gidas para quitarse el miedo de ^ emulación , y las mas 
Teces fueron oprimidos de lo que nunca temieron. An- 
drónieo, tenido por príncipe de singular prudencia , á 
lo último de sus años so nieto Andrónico le quitó el 
imperio, prevenidos sus consejos por el atrevimiento 
de un moflo : este fin tienen siempre los reinados é im- 
perios que con razones políticas solamente se quiérelo 
conservar y eiiiprender. 



CAPITULO XLin. 



Loi ettaUnes y trafODeMs, por dar csmplimiento A ta venpnu, 
A las faldas del monte Hemo vencen i ios masagetas. 

No estaban los catalanes y aragoneses á su parecer 
enteramente satisfechos si los masagetascon su gune- 
ral Gregorio ,^ principal mmistro de la muerte del cesar 
Roger y de los que con él iban , se retiraban á su pa* 
tria sin llevar justa recompensa del agravio que de- 
líos recibieron. Y como por los avisos que tuvieron se 
supo que los masagetas, con licencia de Andrónico , se 
volvían á su patria cansados de los trabajos y fatigas 
de la guerra , prefiriendo la servidumbre y sujeción de 
losscitas, sus antiguos señores, á la libertad que go^ 
zaban entre los griegos (tanto puede el amor de la pa- 
tria , que hace parecer dulce la sujeción y libertad, fue- 
ra della insufrible) ; parecíales á los nuestros lance for- 
zoso, puesto que les babián de buscar, salir luego en 
su alcance antes que pasasen el monte Hemo , que di- . 
▼ide el imperio de los griegos del reino de Rolgnría; 
porque fuera mal advertida resolución si dentro de Bul- 
garia les siguieran , así por ser la retirada difícil , por 
la angostura de los pasos, entradas y salidas^el mon- 
te, como por ser la gente de Bulgaria belicosa, y enton- * 
ees amiga de Andrónico. Juntos los capitanes en Pao- 
cía , resolvieron que para esta facción se debía hacer 
el mayor esfuerzo; y así, para poder sacar mas gente, . 
desampararon á Pitecia, Módico y Rodesto ; solo que- 
dó Gulíix)l¡ , donde se retiraron todas las mujeres , de- 
bajo del gobierno de Ramón Montaner, con doscientos 
hifautes y veinte caballos. Replicó Montaner diciendo 
que no le estaba bien á su reputación faltaren la jor- 
nada que todos se aventuraban; pero los«ruegos del 
ejército le obligaron á quedarse , y Ja confianza que de 
su persona hicieron encargándole la defensa desús mu- 
jeres, hijos y haciendas. Ofreciéronle del quinto de la 
presa un tercio , y otro para sus soldados ; y con ser la 
ganancia cierta y sin peligro, muchos de los soldados 
la estimaron en poco, y quisieron mas seguir el ejércir 
to , saliendo de noche á juntarse con Rocafort ; á otros 
Ramón Montaner dio licencia, viéndoles resueltos de 
partirse sin ella, y movido de algún interés, porque íe 
ofrecieron partir con él la parte de la presa que les cu- 
piese. Con esto los doscientos infantes quedaron en 
ciento treinta y cuatro , y los veinte caballos en siete. 
Las mujeres eran mas de dos mil ; y así, dice el mismb 
Montaner : Romangui mal acompanyat de homens , y 
ben acompanyat dé fembres. Enviáronse con buenas 
escoltas á Galípoli todas la^ que estaban en los presi- 
dios, y luego nuestros capitanes partieron de Paccia é 
grandes jornadas la vuelta de los masagetas , que, avi- 
sados del intento de los catalanes, apresuraron su por* ' 
tida ; pero su diligencia no pudo ser mayor que su des- 
dicha; porque sus enemigos , después de doce dius de 
camino, les alcanzaron antes de pasar el Hemo. Los 
reconocedores del campo de los catalanes una tarde 
descubrieron el de los masagetas, y por los de la tierra 
se sopo que eran tres mil caballos y seis mil infantes, y 
el bagaje infinito, por llevar sus familias y haciendts. 
Rocafort y Fernán Jiménez fuéronse mejorando con su 
gente por asegurarse de que los masagetas no se les 
fuesen'por pies, y descansaron el dia siguiente dentro 
de sus alojamientos, Al amanecer del otrOy alentada su 



40 DON FRANaSCO 

grnte con el repo«o , pre<enfaron la batalla al enemigo. 
Los 4]iasügetu8 , gente la mas valiente de todas las na* 
cienes de levante, admirados mas que atemorizados del 
ca^o, tomaron tas armas y salieron á recibir sus ene- 
migos.en la defensa de sus hijos y mujeres. Gregorio, 
geiieni^, principal ministro de la muerte del cesar Ro- 
ger, con mil caballos dio principio al terrible y es^an- 
to^o combate , opouiéndose á nuestra caballería , que 
ibu á nielerse enire los reparos que tenian liecbdscon 
los carros. Trub(!:8ú sangrienta batalla, porque fueron 
las demás tropas de una y otra parte cerrando con la 
infunterí i. \ iéronse notables hechos en armas, porque 
igiuiles en valor , aunque desiguales en número, com* 
Uatian. El teatro destu tragedia era un llano que por es- 
pacio de dos leguas se extendía á las faldas del Hemo. 
La caballería, destrozadas las armas , muertos los ca- 
ballos, las espadas y mazas rotas, con las manos, con 
los cuerpos se sustentaba en la pelea. A unos daba áni- 
mo el deseo de venganza insaciable , á otros la nece- 
sidad última de su propria defensa, y en todos gober- 
naba el caso, porque los masagetas estaban ya todos 
fuera de sus reparos peleando trabados y confusos con 
los nuestros. Hasta mediodía anduvo la Vitoria du- 
dosa y varía ; pero muerto Gregorio cabe sus banderas 
con lo^ mas valientes cipitaues, se inclinó á nuestra 
parte. Quisieron los vencidos rehacerse dentro de los 
reparos, pero no fué posible, porque los vencedores 
entraron juntamente con ellos , dándoles la muerte en- 
tre lus brazos de sus mujeres, á quien muchas veces 
alcanzaba la espada, porque sin excepción de sexo -ni 
edad s)ilian á la defensa de sus hijos y mandos , ofre- 
ciendo sus cuerpos al rigor de la muerte. Acrecentó lu 
viioria el detenerse los masagetas en poner en los ca- 
ballos á sus mujeres y hijos para huir ; porque sí de 
• solo siis personas cuidaran , pocos se dejaran de librar 
huyendo; pero el amor natural, poderoso aun enire 
los bárbaros á despreciar la muerte, les detuvo para 
mayor dauo suyo. Esparcidos por la llanura , camina- 
ban al guarecerse de la montana, mas los caballos, can- 
lados, poco ayudados do las mujeres, mas llenos de te- 
mor é impedidos de los niños que en los pechos y en 
ios brazos sustentaban , no pudieron salvarse. En este 
alcance perecieron casi todos, porque desesperados re- 
volvían sobre los nuestros, á cuyas manos hechos pe- 
dazos , rendían la vida por dar lugar á que sus mujeres 
se alargasen. No encaparon de nueve mil hombres que 
tomaban armas, trescientos vivos, y en esto concuer- 
dan Nicéforo y Mootaner. Sucedió en este alcance un 
caso taiiextrauo como lastimoso. Viendo la batalla per- 
dida y que las armas catalanas lo ocupaban todo, un 
masageta , mozo valiente y bravo, quiso acudir al re- 
medio de la huida , tnás por librar á su mujer hennosa 
y de pocos años que por temor de perder la vida. Con 
la priesa que el peligro pedia sacó su mujer de los re- 
paros y tiendas, donde todo andaba ya revuelto con la 
sangre y con la muerte, y puesta sobre un caballo, el 
primero que el caso le ofreció , y él en otro , tomaron 
el camino del monte. Tres soldados nuestros, movidos 
de su codicia ó quizá de la hermosura y bizarría de la 
mujer, la fueron siguiendo. Reconoció el marido sus 
enemigos y el cuidétdo con que le venían siguiendo. 
Echó el caballo de su mujer delante , y con el .alfanje 
le iba dando , y animaba con voces; pero el caballo se 



DE MONGADA. | 

rindió al calor y cansancio. Con esto el ma^^ftgetaturo ' 
por menor mal dejar la mujer que morir él , y daado 
riendas y espuelas á su caballo , pasó adelante ; pero las 
lágrimas y quejas tan justamente vertidas de su mujer 
le detuvieron. Revojvió su caballo , y emparejando cod 
ella , le echó los brazos , y cou besos y lágrimas se des- 
pidió y apartó enternecido , y levantando luego el al- 
fanje le cortó de una cuchillada la cabeza. Bárbara y 
fiera crueldad y extraña confusión de accidentes, quj 
puedan en un mismo tiempo andar juntos los abraios 
con el cuchillo, y los besos con la muerte ; efetos to- 
dos de la pasión de un amante. Amor tierno dio los 
abrazos y besos; celos iasufríbles el cuchillo y la mm» 
te, porque sus enemigos no gozasen lo que él perdií, 
y vencieron los celos : dos efetos igualmente poderosos 
en el ánimo del hombre, amor y de^^eo de vivir. Ai mlfp 
mo tiempo que cayó la mujer muerta del caballo, le 
cogió por la rienda Guillen Bellver , uno de los tres que 
ta seguibu ; pero el masageta, bañado de sangre pmpria 
vertida por sus manos , con increíble furia y braveza, 
de una cuchill|da quitó el brazo y la vida á Guillen, y 
revolviendo sobre Arnau Miró y Berenguer Ventallo- 
la, dondo^y recibiendo heridas, cabe el cuerpo difunto 
de la mujer cayó muerto; y no parece que cumpliera 
con las leyes de amante si , como sacriOcó la vida desa 
mujer á sus celos, no sacrificara la suya á su amor. De 
cualquier manera fué el caso indigno de hombre racio- 
nal , cuando no cristiano. De Radamisto , hijo de T^ 
rasmanes, rey de Iberia , nos cuenta Tácito un suceso 
semejante, cuando huyendo con su mujer ^enobii en 
mendos caballos , junto al rio Araxes , Tíéndola rendida 
por estar preñada , y temiendo que no llegase á manos 
de su enemigo ofendido prenda en quien pudiese coa 
grande mengua y afrenta suya vengarse , le dio cioco 
heridas y la echó en el rio ; pero Genobia tuvo dife- 
rente fin que la mujer del masageta , porque unos villa- 
nos la sacaron del rio , la curaron y entregaron al rey 
Tirídates , enemigo de Radamisto. 

Los nuestros después de la Vitoria recogieron lepro- 
sa y los cautivos , y dieron la vuelta ¿ sus presidios coa 
grande alegría y regocijo de haber dado íin á su ven- 
ganza con tanto cumplimiento. El cambio que llevaron 
fué con fatiga y peligro, por ser largo , y la tierra ene- 
miga, puesta en armas, retirados en lugares fuertes 
los frutos recien cogidos de las campanas; con que la 
comida Isft mas veces se compraba con sangre y vidas. 
Hay entre Nicéforo y Motitaner alguna diversidad en li 
relación desta jornada. Nicéforo dice que los catalanes 
la emprendieron á persuasión de los turcoples , porque 
en el tiempo que juntos militaban debajo de las bando- 
ras del imperio, los masagetas, como mas poderosos en 
la reputación , de las presas siempre les trataroii con 
desigualdad, y les hicieron agravio, de que quisieron 
los turcoples por este camino tomar satisfiícion. Moo- 
taner solo dice que fué pensamiento de los catalanes, 
y déjase bien creer, porque en materia de venganza no 
había para qué solicitalles. Lo que yo tengo por cierto 
es que los turcoples fueron los que les avisaron de la 
partida de loa masagetas , y que algunos siguieron á los 
ottlalanes, pero no toda la nación junta, ni Meleco su 
capitán ', porque después desta Vitoria dejaron al em- 
perador Andrónico, y vinieron á servir á los catalanes, 
como en su lugar se dirá. 



EXPEDICIÓN DE -CATALANES Y ARAGONESES. 



CAPITULO XLIV. 

koaeten los genofcses I Galfpoli, y retlnnse con pérdida 

át sa general. 

£o el mismo tíempo que Rocafort y Fernán Jiménez 
ileattzaron Títoríade los masagetas, Ramón Monlaner, 
capitaodeGalfpolíy la alcanzó de genoveses. Fué el su- 
ceso notable^ y en que claramente se muestra cuan 
ranos sou los accidentes de una guerra, pues algunas 
veces las Vitorias y pérdidas nacen de causas ni pre- 
vistas ni esperadas., Antonio Spínola con diez y ocho 
galeras genovesas lle^óá Constantinopla para traer al 
marque<«dode Monferrato á Demetrio, tercer hijo de 
Aodrónico y de la enT|peratriz Irene , y platicando con 
el Emperador del estado de la cosas de los catalanes, 
elSpíiiola,coa mas temeridad que cordura, ofreció de 
tomar á Galípoli y echar los catalanes de Tracia , si le 
dabe palabra de casará Demetrio, su hijo tercero, con la 
bija ite Apícin Spiuola ; premio debido á tan señalado 
servicio. Andróuico aceptó el partido y empeñó su pa- 
labra que casaría á su hijo. Con esto el genovés arro- 
gante con dos galeras llegó á Galípoli debajo de seguro. 
Preguntó por.el capitán, y llevado adonde estaba, con 
semblante soberbio y descortés le dijo : aYo soy Antonio 
Spinola, general de mi república : vengo á ordenaros 
que sin réplica y dilación dejéis libres estas provincias, 
y osretireisá vuestra patria; porque de otra manera os 
echaremos con las armas, y estaréis sujetos á su rigor.» 
Ramón Montaner, reconociéndose sin fuerzas, como 
cnerdo y buen soldado respondió reportado con mucha 
blaiHlara y cortesía , que el salirse de Galípoli y de 
Tncianoerecosa que tan arrebatadamente se podia 
bacer como él quería, y que ameuazalles con sus ar- 
mas era cosa muy fuera de toda razón y de las paces 
faefeoiusosreyesysurepública;qucél estaba puesto 
eoguaniííia mientras ellos la guardasen. Replicó An- 
tnuío, y segunda y tercera ?ez desaGó ¿ todos los cata- 
Janes coopalaÍNvs llenas de mil ultrajes, y quiso que 
constase su desafio por fe pública de escríbano. Mon- 
taner, irritado de tanta insolencia, perdió el sufrimien- 
to y respondió con valor, que la guerra que les de- 
Doodaba de parte de su república era injusta; y que asi, 
protestaba delante de Dios y por la fe común que pro- 
fesaban, que todos los danos , derramamiento de san- 
gre, robc«, incendios y muertes serian por su causa, 
porgue ellos forzosamente se habían de oponer á tan in- 
josta ofensa; que la república de Genova no tema ju- 
rísdicion para requerílle saliesen de Tracia , no siendo 
aquella tierra sujeta á su señorío; que si su derecho 
soíü le fundaban en su poder, viniesen á echarles ; que 
el suceso mostraría la diferencia que hay del decir al 
bacer ; que Andrónico era cismático , fementido , y que 
SQs armas se habían de emplear en su ruina á pesar de 
genoveses. Luego conestarespuestaAntonio volvió sus 
galeras, y con ellas á Constautínopja, y dio cuenta al 
Emperador de lo que habia pasado , y ofreció de dalle 
loego ganado á Galípoli , por la poca defensa que tenia. 
Aodróuico , codicioso de ganar el presidio de sus ma- 
yores enemigos , dio al Spínola siete galeras con su ca- 
pitán Ifandríol, genovés de nación, para que, juntas coa 
las diez y siete, facilitasen masía empresa< Antonioera- 
barcó á Demetrio, y con veinte y cinco galeras llegó al 
dii siguiente á las dos, después de mediodía , á los Pa- 
ouareSy cercade.Gallpolii y comenzó á desembarcar la 



4i. 



gente. Montaner con los pocos caoallosque tenia, arris- 
cado y valiente, á la lengua del agua impedía la desem- 
barcacíon. Pero diez galeras, apartándose de las demás, 
libremente pusieron en tierra la genteque traían. Hirii- 
ron á Montaner y le mataron el caballo ; y creyendo los 
genoveses que su dueño lo quedaba , dijeron á voces : 
«Muerto es el capitán, y Galípoli nuestro;» pero socorri- 
do de un criado , escapó de sus manos con cinco hon- 
das. Retiróse dentro de Galípoli bañado en sangre pro- 
pria y ajena, y causó alguna turbación, creyendo que 
las heridas de su capitán eran mortales. Reconocidas 
luego, fué de tan poco cuidado , que ni el pelear ni ci ^ 
gobernarle impidieron. Guarneciéronse las murallas de 
Galípoli con dos mil mujeres, siendo cabo de cada <liez 
un mercader catalán , y con chuzos , espadas y piedras 
se pusieron á la defensa de su libertad , sucediendo no 
solo en el cargo , pero en el valor de sus maridos. Due« 
ños ya los genoveses de la campaña, ordenadas sus ha- 
ces, llegaron á Galípoli, y arrimaTbn sus escalas, tirando 
üiuumerables dardos; apretaron gallardamente el af^al- 
to, y mas cuando vieron las murallas solo defendidas 
de mujeres. La resistencia mostró luego que solo en el 
nombre lo parecían , y en el esfuerzo y constancia va- 
rones invencibles. Rebatidos, con muchas muertes y 
heridas, délas murallas, creyeron que la flaqueza na- 
tural del sexo, si porfiadamente se combatía , se ren- 
diría. Volvieron segunda vez al asalto, pero con mayor' 
dañóse retiraron. Miraba Antonio Spínola de su capita- 
na el combate; y viendo su gente rendida , desesperado 
de poder hacer algún buen efeto con sola la que tenia 
en tierra, acudió con su persona y con cuatrocientos 
caballos á dar calor al asalto. Llegó á las murallas, co-' 
nociendo el daño de cerca y tanta gente muerta. Qui- 
siera no haberse empeñado; animó á los suyos, y aco- 
metieron con valor. Renovóse el combate, y en las 
mujeres creció el ánimo con el peligro , llenas de san* 
gre y heridas, tan asistentes en sus postas , que alguna 
de ellas con cinco heridas en el rostro no quiso dejar 
la suya, juzgando que tan honrado puesto como ocu« 
par el que el mando debiera tener , no se habia de per- 
der sino con la vida. Los genoveses, afrentados de ver- 
se tan gallardamente rebatidos de mujeres, obstinada- 
mente paleaban ; en caer uno muerte de las escalas, 
habia otro que se ofrecía al mismo peligro. Ramón 
Montaner, visto el daño que hablan recibido los geno- 
veses, y que ya no tenían dardos que tirar , sus escua- 
drones deshechos , la mayor parte heridos, los demás 
cansados y rendidos al rigor del combate y del tiempo, 
por ser el mes de julio, poco después del mediodía, con 
cien hombres y seis caballos, sin armas defensivas, por 
ir mas sueltos, salió á pelear. Abierta una puetta de 
Galípoli, se arrojó con sus seis caballos sobre el ene- 
migo, desalentádb de la fatiga del calor y las armas ; si- 
guiéroule los cien hombres, y cou poca resistencia todo 
lo vencieron y degollaron. Tomaron los vencidos la 
vuelta de sus galeras ; apretados siempre de sus enemi- 
gos, perecieron casi todos en el alcance. Las galeras 
tenían lasescalas en tierra, y hubo algún catalán que si- 
guiendo á su enemigo, llegó á darle muerte dentro de 
la galera ; y si Montaner aquel dia tuviera mas gente do 
refresco , pudiera ser que muchas de las galeras geno- 
vesasquedaranensupoder. Demetrio, hijo del Cmpe- 
radori y los demás capitanes que quedaban vivos se aiar^ 



tX DON FRANCISCO 

garon de tierra, temiendo el atrevimiento y osadía del 
vencedor. Los cuatrocientos caballos murieron todos, 
y 6U capitán Antonio en el mismo lugar donde de parte 
de su república retó ¿todo nuestro ejército y le de- 
nunció la guerra : fin justamente merecido de un hom* 
bre tan arrogante , y que tan fuera de toda razón rom- 
pió una guerra; y su pérdida fué aviso para los que 
ofrecen á los principes empresas sujetas á la incerti- 
dumbre de la guerra por muy fáciles y seguras. En- 
cendida una guerra y empuñada una espada , lo muy 
cierto está dudoso, cuanto mas lo que está en duda. 
' Antonio Rocanegra , capitán genovés , hallando corta- 
do el paso para sus galeras , con hasta cuarenta solda- 
dos se puso en defensa en lo alto de un collado. Llegó 
este aviso á Montaner después que los pocos genoveses 
que quedaron se hablan con tanta infamia y daño reti- 
rado á sus galeras y alargado con ellas; revolvió con 
la gente que tenia b^ia donde el genovés estaba con 
los suyos; peleó con ellos, y parto rendidos, parte 
muertos , quedó solo Antonio Rocanegra con un mon- 
tante , haciendo bravas y eitremadas pruebas de su va- 
lentía. Aficionado y obligado Montaner, aunque ene- 
migo, de tanto valor , detuvo los soldados que le tira- 
ban y procuraban matar, y con mucha cortesía le pidió 
que se diese á prisión. Pero el genovés temerario , re- 
^suelto de morir antes que rendir las armas , menospre- 
ció los ruegos y cortesía de Montaner, con que provocó 
la ira á los vencedores, que cerrando con él , le hicieron 
pedazos; con que los catalanes quedaron señores del 
eampo y de la vitoria. Las diez y siete galeras de ge- 
noveses no osaron volverá Constan tioopla, aunque la 
'necesidad y falta de gente les pudiera obligar; pero te- 
miendo la indignación de Andrónico y la insolencia de 
los griegos, desembocaron el estrecho y fueron la 
vuelta de Italia , llevando en ellas á Demetrio. Las 
otras siete galeras gobernadas por Mandriol, vueltas á 
Constantinopla , avisaron á Andrónico del suceso. 

Llegó la voz del peligro en que estaba Galípoli á 
nuestro ejército, queso venia retirando ásus presidios, 
después de Id vitoria que se alcanzó contra los masage- 
tas; y temiendo perdelle antes de poder ser socorrido, 
apresuró el camino , y llegó dos días después que los 
genoveses se embarcaron vencidos. Fué el sentimiento 
universal en todos por no haber llegado á tiempo á 
castigar en los genoveses tanta deslealtad como rom- 
per las paces con ellos estando ausentes , y aconreter 
su presidio defendido de mujeres. Acrecentaba mas 
esto sentimiento el verlas heridas y maltratadas; pero 
el gusto de la vitoria le quitó luego, y juntos celebra- 
ron el contento y regocijo de entranibas Vitorias. 

CAPITULO XLV. 

Lof torcos 7 toreoples Tienen al servielo «le los eatalines. 

En tanto que las armas catalanas y griegas se ocupa- 
ban en su misma ruina, los turcos, libres del miedo que 
el ejército de entrambas les pudiera dar si concordes y 
unidos prosiguieran la guerra , volvieron ¿ seguir el 
curso de sus Vitorias y ocupar las provincias del Asia, 
no temiendo ejército que se les opusiese á la corriente 
do su próspera fortuna. Porque , segun^ cuenta Pachi- 
merío, el año veinte y cuatro del reino de Andrónico, 
que fué el de Cristo 1306, los griegos desampararon de 
todo punto el Asia, y esto fué tres años después que los 



DE MONCADA. 

nuestros salieron della; de donde se colige mnoiOc^ta- 
mente el daño que resultó de la división y discordia de 
los catalanes y griegos, pues con ella se perdió la oca* 
sion de oprimir aquella soberbia nación en sus princi- 
pios, que en este tiempo se pudiera haber hecho con 
poca dificultad. Los turcos, absol ulos señores de la Asia, 
deseaban poner el pié en Europa y dilatar sus vencedo- 
ras armasen poniente. Detuvo algunos añosel cumpli- 
miento de su deseo la falta de navios con que pasar 
los que estaban de la otra parte del estrecho de Galí- 
poli. Valiéndose de la ocasión presente de ver á los c^ 
tálanos enemigos de los griegos, enviaron á Gallpoli m 
mensajeros á tentar el ánimo de lis nuestros, y si adoí- 
tirian algún trato queriendo venilles á servir. Mostri- 
roQ que no les desplacía. Los catalanes con esto envia- 
ron á los men!;ajeros una fragata armada, y con ella vi- 
no Ximeliz, su capitán, con diez compañeros, ácoocluir 
el trato. Ofreció de parte de los suyos venir con ocho- 
cientos caballos y dos mil infantes , y prestar juranieoto 
de fidelidad al general de los catalanes. Las condicio- 
nes fueron que se les señalase cuartel á parte donde 
pudi'ef^en vivir juntos con sus familias; que do las pro- 
sas se les diese la mitad de lo que se daba al soldado 
catalán; que siempre que quisiesen volver á su tiem 
pudiesen, sin que seles hiciese violencia para detene- 
lies. Oído lo propuesto por el turco, de común roosen- 
timiento lesadmitieron á su servicio, ofreciendo decom- 
plir con las condiciones con juramento. Con esta rei- 
puesta Ximelix volvió á pasar el estrecho y á preveiur 
su gente en tanto que la armada llegaba, y poco de»* 
pues, embarcados en los navios y galeras que se pu- 
dieron juntar, llegaron á Galipoli dos mil inraptes y 
ochocientos caballos turcos, con sus hijos y mujeres j 
haciendas. Este fué el hecho de los catalanes condenado 
de los antiguos y modernos escritores por muy feospir 
sar en Europa á los bárbaros infieles enemigos delnon- 
bre cristiano, manchando la gloria de aquelU expedi- 
ción con tan impío y detestable consejo, como lo fué 
abrir el camino de Europa á tan galkrda y poderosa na- 
ción. Injusto cargo fué sin duda el que estos escritores 
ponen á los catatanes, dejándose llevar de la pasión ó 
del descuido de no advertillo : yerro en un escntor gra- 
ve. Impío consejo fuera el de los catalanes, y pernicioso 
para su libertad, si los turcos que admitieron en su fa- 
vor fueran superiores en fuerzas, porque entonces libre- 
mente pudieran introducir su seta y hacer daño á nues- 
tra fe, y juntamente oprimir la libertad de quien loslU* 
mó. Los socorros y ayudas no han de ser mayores que 
las proprías fuerzas, porque no suceda lo que á un Só- 
pion en España , cuando treinta mil celtiberos cooper* 
fidia notable le desampararon, y él, como inferior, no los 
pudo detener; de donde Livio sacó un importante do- 
cumenta. Los turcos no llegaban á tres mil, en número, 
en armas, en valor inferiores á los catalanes; de mane- 
ra que no se pudiera presumir que los turcos faicieraD 
más de lo que ordenaban los catalanes , y siendo ellos 
cristianos, cierto es que su fe no pudiera peligrar que 
aquellos bárbaros viéndose tan inferiores la ofendieran. 
En las comunidades del reino de Valencia , en tiempo 
de nuestros abuelos, los que mas fielmente sirvieroa 
fueron los moros, y el servirse dellos contra crisliaoos 
se tuvo por lícito y necesario. No de otra oanera s¡p- 
vieron los turcos á los catalanes en Grecki á mas de 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



43 



quft la propríft defensd disculpa cualquier yerro que en 
esto se pudiere haber hecho. No seliallará república 
ni príncipe apretado de guerras extranjeras ó civiles, 
que lia ya dejado de llamar en su ayuda gentes de reli- 
gión y costumbres diferentes, y muchas veces dieron 
entrada en sus reinos á los mas poderosos por librarse 
del presente daño, sin advertir que pudieran quedar 
por despojos, vencidos ó vencedores. El peligro vecino 
alguna vez se ataja con otro mayor, y puesto que de 
cualquiera manera se haya de perecer, bueno es dilata- 
lio, y escoger el mas remoto y el que puede dejar de 
ser. Si los catalanes hicieran lo que hizo Stilicon y Nar* 
«es, el uno llamando ¿ los godos, el otro á los longobar- 
dos, pam la ruina de Italia y deF imperio, no pudieran 
ser nws ofendidos de las plumas y lenguas de la histo* 
rñ: oQOs les llaman impíos, sacrilegos; otros piratas, 
común pestilencia de las gentes, hombres sin Dios, sin 
ley, sin razón ; y todo nace porque en su favor llamaron 
á los turcos, que entendido esto por mayor, ofende algo 
His orejas cristianas ; pero bien advertido y averiguado, 
no liay razón para culpalles levemente, cuanto más 
pare ofendellescon palabras tan descompuestas y llenas 
de injurias y afrentas. Mil leguas de su patria , sus ca- 
pitanes y embajadores muertos á traición, ¿qué sufri- 
miento uo irritare? Qué medio, por violento que fuera, 
DO ¡atentara su afrenta? Cuando hubiera yerro, esto 
pudiere mtiderar el juicio del escritor. Hállase también 
alguna dilicultad acerca del tiempo en que pasaron los 
turcos, porque Nicéforo dice que fueron llamados de los 
catalanes antes de la batalla de Apros, cuando se supo 
quel^ruel venia sobre ellos, y que solos fueron qui- 
nientos los qoe pagaron. Esta narración de Mcéforo la 
tengo por íklsa, porque Monianer en el número y en ¿I 
tienipo íe conlredice, y como testigo de vista se le debe 
dar niaserédito, aunque catalán y ofendido ; porque en 
el discurso de su historia refiere muchas cosas contra 
los de su nación, y condena lo mal hecho con libertad y 
sin respeto, y no eS de creer que quien dice la verdad en 
su dado, no la dijere én lo que tan poco importaba á su 
gloría, como venir los turcos cuatro anos antes ó des- 
pués. Zuríta, siguiendo la relación deBerenguer de En- 
lenza, difiere también de Nicéforo ; porque dice que ei 
mismo Berpnguer de Entenza llamó á los turcos des- 
poés que su|)0 la muerte de sus embajadores, y que pa- 
saron á Galipoli mil y quinientos caballos, y le presta- 
ron jorem^to de fidelidad. Esto también lo tengo por 
&lso, porque parece imposible que en quince días que 
Beranguer se detuvo en Galipoli después que se declaró 
por enemigo del imperio, llamase á los turcos que es- 
taban en Asia, y se concertase con ellos , y se juntasen 
mil y quinientos caballqs, y se embarcasen y viniesen 
á prestarle juramento de lideiidad;queson cosas que 
aunque se hicieren con suma presteza , no pudieren 
concluirse en quince dias. La verdad del tiempo en que 
paliaron los turcos la reGere claramente Monlaner,que 
fué cuatro años después desta jomada, y pare tener esto 
por cierto no se halla dificultad ni imposibilidad algu- 
na, como las hay, y muy grandes, en lo que dicen Ni- 
céforo y Zuríta; y así, en materia de los hechos de los 
turcos solo seguiré á MoQtancr', porque le tengo por mas 
verdadero, y que intervino y asistió en todas estas ¡or- 
nadas. 
La este mismo tiempo los turcoples que servian al 



Emperador, declarados por rebeldes, porque á imitación 
de los catalanes quisieron que se les pagase el sueldo ó 
hacerse contribuir con las armas , no pudieron, por ser 
pocos, mantenerse de por sí, y enviaron á decir ¿ los ca- 
talanes que si les admitirían en su compaiíía. Respon- 
dieron que viniesen seguros, *que con ellos se usarla lo 
mismo qoe con los turcos, y con mayores ventajas, por 
ser cristianos. Vinieron hasta mil caballos buenos , y 
prestaron juramento de fidelidad debajo de los mismos 
conciertos que lo hicieron los turcos. Pusiéronse é or- 
den de Juan Pérez de Caldés. Quedó el emperador An- 
drónico sin la milicia eitranjera, después que los alanos 
y turcoples se apartaron de su servicio, tan falto de sol- 
dados , que libremente se podia acometer cualquier 
empresa, por grande que fuese, en las provincias de su 
imperio, sin tener quien se lo impidiese. Estas fuerzas 
que perdió el Emperador acrecentaron las de Rocafort, 
porque turcos y turcoples igualmente le respetaban y 
recooocian por suprema cabeza , y con esta seguridad 
de verse tan obedecido y amado dellos, se desvaneció 
y se hizo odioso á muchos, por la insolencia y poder ab- 
soluto con que lo gobernaba y mandaba todo. 

CAPITULO XLVI. 

Soeesos de Berengaer de Eotenxa despoéi de sa prisloa 
basta »B libertad , y so Ttelta i GalípoU. 

Con los nuevos socorros de turcoples y turcos, y de 
nmchos otros españoles que andaban nntes encubiertos 
en los lugares del imperío, como mercaderes ó debajo 
del nombre de otra nación, se aumentaron los nuestros, 
porque acreditados con tantas Vitorias, todos procura- 
ban su amistad : movidos algunos con el deseo de ven- 
ganza, los mas con su codicia, querían participar de las 
riquezas que la fuma publicaba que hablan adquirido 
en aquella guerrd. En este mismo tiempo Beretiguer do 
Entenza, después de su larga y trabajosa prisión , y ha- 
ber peregrinado en vano por las cortes de algunos prín- 
cipes de Europa para dar calora la empresa de los ca- 
talanes, llegó á Galípolj con una nave y con quinientos 
hombres, gente toda de estimación. Turbó la paz yso- 
siego del ejército su venida, por las competencias del 
gobierno que entre Rocafort y él se levanUron;pero 
antes de escríbir las causas y razones que los unos y los 
otros tuvieron de competir, será bien dar una larga re- 
lación de lo que sucedió ¿ Berenguer desdo que le pren-* 
dieron hasta su vuelta. 

Después que Ramón Montaner, por orden de los capi- 
tanes del ejército, intentó, sin podello concluir, el res** 
¿ate de Berenguer cuando las galeras de genoveses 
pasaron por el estrecho de Galipoli á lá vuelta de Tra- 
pisonda, se tuvo por cosa muy cif^rla que en llegando ¿ 
Genova se pondría á Berenguer en libertad y se le da- 
ría satisfacion, por ser vasallo y capitán de un rey atni- 
go. No sucedió como pensaron ; antes bien la república 
autorízó caso tan feo , ni castigando á su general , ni 
dando libertad y enmienda de lo perdido á Berenguer; 
porque siempre que el delito no se castiga, se aprueba. 
Llegó á noticia de los catalanes de Tracia como Beren- 
guer estaba detenido en Genova en cérceles indignas 
de su persona, sin tratar de dalle libertad, y determina- 
ron de común parecer, ya que por las armas no se podia 
intentar, suplicar al rey de Aragón don Jaime interpu- 
siese su autoridad con ios de aquelhi república. Pare 



41 DON FRANCISCO 

esto se nombraron tres embajadores , que fueron Gar- 
cía de Vergua, Pérez de Arbe, Pedro.Roldan , entram- 
bos del consejo de los Doce. Llegaron á Cataluña, y die- 
ron al Rey su embajada : propusieron el agravio grande 
que se les había hecho en prender debajo de Te y pa- 
labra á Berenguer, su capitán, y continuar lo mal be- 
rilo alargando su ¡ibertud ; que de parte de todos ve- 
nían ellos á echarse á sus pies, esperando de su clemen- 
cia que, olvidados los disgustos pasados, daría el reme- 
dio que conviniese, y buen despacho á su petición. Dié- 
ronle particqlar relación de sus Vitorias y del estado 
en que se hallaban sus cosas y las del imperio, cuyo 
señorío le ofrecieron si se les ayudaba con calor, por 
estar sus provincias sin defensa , expuestas al rigor y 
armas del que primero las acometiese; y que tendrían 
por uno de sus mayores blasones poder, á costa de su 
trabajo y de su sangre , acrecentar su corona y hacer 
obedecer su nombre en lo mas remoto y apartado de 
Europa y Asia. Respondió el Rey que por dar gusto ¿ 
tan buenos vasallos pondría su autoridad y las armas 
cuando importase, y mas por Beranguer de Eutenza, 
uno de sus mayores vasallos. En lo de dalles socorro se 
excusó, por parecelle que al rey don Fadrique de Sicilia, 
su hermano, le convenia mas el dársele; que él estaba 
lejoSy y que difícilmente se podrían darlas manosni sus- 
tentar, cuando se ganasen ¡as provincias de Grecia, con 
Cataluña; pero agradeció y estimó su voluntad. Hecha 
esta diligencia, los tres embajadores se fueron á Roma á 
representíir al Papa la ocasión que tenia de reducir aquel 
imperío.de Grecia á su obediencia si á los catalanes de 
Tracia se les daba alguna ayuda grando^ como lo seria 
si á don Fadríque se le concediese la investidura para 
que con su persona pasase ¿ la empresa, con un legado 
de la santa Sede, y se publicase la cruzada en favor ae 
los que irían ó ayudarían con limosnas. El Papa no reci- 
bió bien esta embajada ni le pareció ponella en trato, por^ 
que de suyo había grandes dificultades, y la mayor era 
el temer que la casa de Aragón no se engrandeciese por 
este medio. El rey don Jaime, para cumplimíenlode su 
promesa, envió su embajada á la república de Genova, 
siguiíicando el sonlimiento grande que había tenido de 
la prísion de Berenguer, uno desús mayores y más prin- 
cipales vasallos; y que esto habla sido coniruvenirá los 
tm lados de paz si con sabiduría de la Señoría se hubiese 
ejecutado ; que les pedía pusiesen en libertad á Beren- 
guer, y le diesen satisfucion del daño que había reci- 
bÍ4lo, porque de otra manera no podia dejar de hacer al- 
guna demostración. La república determinó de venir 
en lo que el Rey mandaba, y respondió que había sen- 
tido lo que Eduardo de Oria, su general, hizo con Beren- 
guer de Entenza, y que fué motín de la gente vil de las 
galeras el que causó tan grande exceso ; que no se pudo 
atajar por los capitanes y general hasta después de eje- 
cutado; que ellos pondrían desde luego á Berenguer en 
libertad; y nombraron once personas para que se jun- 
tasen con los diputados que el Rey enviaría en el lugar 
donde fuese servido, para tratar de la enmienda que se 
habia de dar á Berenguer por los daños que había reci- 
bido en la pérdida dé las galeras y en su prísion. Con 
este buen despacho se despidieron los embajadores del 
Rey, y la república envió otros para que de su parte re- 
presentasen lo mismo, y el vivo sentimiento que habían 
tenido todos ios deiia de que su general, aunque sin 



DE MONCADA. 

culpa, hubiese ofendido sus va«nl1os; y que luego qnesc 
supo, mandaron que á Berenguerle llevasen á Siiilia, y 
le restituyesen lo que le hablan tomado. Suplcánuilu 
después que mandase á los catalanes que dejasen la 
compañía de los turcos, y se saliesen de aquellas pro- 
vincias donde ellos tenían la mayor parle de su trato, y 
que le iban perdiendo por los daños y correrías que 
continuamente se hacían por ellas. El Bey ofreció que 
se lo enviaría ^ mandar si Berenguer quedaba saU'sfe- 
cho. Puesto Berenguer en libertad, el Rey envió «us 
diputados á MompeTh^r, lugar que se señaló para t'ubir 
de la recompensa ; y la república envió á Señoriiiu Don- 
zelli. Mellado Salvagio, Gabriel de Sauro, Rogerio de 
Saviguiano, Antonio de Guillelnus, Manuel Cigala, Ja- 
como Bachonio, Rafo de Oría , Opisíno Capsario, Gui- 
dero Pignolo y Jorge de Bonifacio, todos de su coase- 
jo. Estos fueron los que se juntaron con los diputados 
del Rey, y después de muchas juntas y acuerdos quese 
propusieron, jamás por parte de la Señoría se vino bieo 
á ellos< hallando en todos ocasiones de dudar para coa- 
chiir ; y últimamente se deshizo la junta sin dar alguna • 
satisfacion por parte de la Señoría; y con esto pareció 
que la respuesta tan cortés que dieron al Rey fué para 
que en este medio el Rey mandase á los catalanes que oo 
innovasen por el camino de las armas cosa contra ge- 
noveses, pues amigablemente se ofrecieron á compoae- 
11o. Berenguer, desesperado de poder alcanzar la recon- 
pensa, se fué al rey de Francia y al Papa á tentar se- 
gunda vez que diesen ayuda ¿ los catalanes de Tracia, 
proponiendo lo mismo que los tres embajadores propo- 
sieron; pero ni el Rey ni el Papa quisieron dársele, y él 
se hubo de volver á Cataluña, donde veudió parte de su 
hacienda, y juntó quinieutos hombres, todos gente co- 
nocida y plática; y embarcado en un grueso navio, dejii 
la quietud de su cosa por acudir á los amigos qae teuii 
en Galípoli. 

CAPITULO XLVn. 

Bereogner de Catenza j Berenguer de Rocafort dividen 
el ejército en bandos. 

Berenguer de Eutenza luego, que llegó á Galípoli 
quiso ejercitar su cargo como solía antes de ser preso, 
y Berenguer de Roi^afort dijo que ya las cosas estabas 
trocadas, y que no tenia que gobernar mas de los que 
traía; que los demás ya leniun general. Alterái^fuse 
los ánimos , pretendiendo todos que se les debía |tf su- 
prema autoridad. Los amigos y allegados de cada cual 
deilos, con palabras descompuestas y llenas de arro- 
gancia, amenazaban que con las armas se hariao obe- 
decer. Dividido el ejército con esta competencia, todo 
andaba desordenado y cerca dp llegar á grande rompi- 
miento, movidos de algunos chismes que se andaban 
reürieudo. Estuvieron cerca de venir á las manos, po^ 
que no falta entre tantos quien gusta de revolver, por 
hacer daño al enemigo ó acreditarse con el amigo. Es- 
fprzaban entrambas las partes su pretensión con rato- 
nes muy bien fundadas. Por la de Berenguer se decía 
que antes de su prisión era general, y había sido el pri- 
mero que acometió felizmente las provincias del in|* 
perio, y que por la alevosía de los genoveses se había 
perdido, no por haber faltado á lo que debia. Después 
de una larga prísion , padecida por ser su general, no 
habia de ser ocasión de quitaiíe el cargo, antes bien de 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



4S 



lionrallecon él cuando no ie hubiera tenido; que por 
desdicUado no habla de perder lo que ganó por su va* 
lor; que en viéndose libre vendió parte de su hacienda 
pan dalles socorro ; y ¿ esto se anadia lu que ¿ Roca- 
fort le ofendía mas, la diferencia tan desigual de la 
calidad » trato y condición : Berenguer, ricohombre^ 
Rocafort, caballero particular; el uno cortés, liberal, 
apacible; el otro áspero, codicioso, insolente. Porta 
parte de Rocafort esforzaban sus amigos su pretensión 
con razones de gran consideración. Fundaban su de- 
recho diciendo que Rocafort había gobernado el cam- 
po como supremo capitán seis anos; que cuando tomó 
á su cargo el gobierno estaban nuestras partes de to- 
do punto perdidas , y con su industria y valor lo habla 
restaurado, y que su nación en su tiempo se habla he- 
cho la mas pioderosa y estimada de todo el oriente; que 
sería eo!3a muy injusta quitarle el gobierno al tiempo 
deia felicidad, habiéndole tenido en tiempos tan apre- 
tados ; que muchas veces se deseó la muerte por me- 
nor mal del que se esperaba ; que el fruto do los traba- 
jos los habla de gozar quien los padeció , antes que los 
demás, por nobles y grandes que fuesen, y que sería un 
agravio muy notable si le quitaban el puesto en que 
habla acrecentado su nombre con tan señaladas Vito- 
rias y librado su gente de una tríste y miserable muei^ 
te, que siempre tuvieron por cierta. Mientras de una y 
otni parte se trataba del caso , vinieron casi ¿rompi- 
miento, remitiendo su pretensión ¿ las armas; con que 
muchas veces dentro de las murallas de Gelipoli estu- 
vieron para darse la batalla , porque como no habla 
quien pújese decidir la caus<l| por estar el ejército di- 
vidido , llevados todos de las obligaciones y afición que 
cada cual tenia, no se podian gobernar ni limitar como 
convenía para el bien común. Hubo algunos bien in- 
tencionados, que prefiriendo el bien público ¿ sus par- 
ticulares intereses , se mostraron neutrales y se pusie- 
ron de por medio para concertalles; cosa de mucho pe- 
ligro cuando las partes están ya declaradas, porque 
siempre se juzgan por enemigos los que no son ami- 
gos, y vienen á ser aborrecidos de los unos y de los 
otros. El bando de Berenguer de Entenza, si con este 
medio no se llegara á impedir el venir á las armas, se 
hubiera sin duda perdido, porque al de Rocafort seguía 
la mayor parte de los almugavares y todos los turcos 
y turcoples, por haber jurado fidelidad en manos de 
Rocafort, ¿ quien ciegamente obedecían. Berenguer 
tenia mocha menos gente que Rocafort, aunque era la 
mejor, porque siempre los menos suelen ser los quejo- 
res. Persuadieron á Rocafort los que trataban del con- 
cierto que remitiese su justicia y su derecho en lo que 
determinasen los doce consejeros del ejército, ponién* 
df»le delante los* inconvenientes grandes si el negocio 
lle^ba á rompimiento; porque aunque se degollase 
loilo el Imndo de Berenguer, uo pudiera ser sin gran 
pérdida suya, y que después quedaría sin fuerzas para 
resistir tantos enemigos como por todas partes le cer- 
caban; que no eran tiempos aquellos que por intereses 
particulares fuese reputación el venir á las armas, de 
donde se podría seguir el perdelia toda la nación ; que 
ganaría mas gloría en ceder del derecho que pretendía 
que si venderá 4 Berenguer. Últimamente, Rocafort 
• vino bien ien esto , por temer los dadosque sepodrlan 
seguir, ó por parecelle que los dooe consejeros esta- 



rían mas de su parte que de la de Borenguer , á quien 
íácilmente persuadieron lo mismo. Declararon los jue- 
ces que Berenguer, Rocafort y Fernán Jiménez gober- 
nasen cada cual de por si , y que los soldados tuviesen 
libertad de servir debajo del gobierno que mejor les 
pareciese, sin que para esto se les hiciese violencia por 
ninguna de las partes. Fué el medio mas acertado que 
en este caso se pudo tomar; porque declarar por capi- 
tán general el uno , era sujetar el otro á su émulo y 
competidor , y prímero escogiera la muerte cualquier 
de ellos que esla sujeción ; además de que los doce no 
tenían autoridad para mandar que se obedeciese á quien 
ellos elegirían , porque no eran mas que medianeros 
para concertar las partes. Quedaron por entonces en 
lo exterior algo sosegados , pero los ánimos secreta- 
mente muy alterados y sospechosos , deseando ocasión 
de vengarse del agravio que cada cual imaginaba que se 
lebacia;que todo lo que no esalcauzarunosu pretensión 
como la desea , lo juzga por agravio. Las mas veces se 
imposibilitan las empresas por las competencias de los 
que mandan , cuando no los gobierna algún príncipe 
grande y poderoso que puede reprimir las insolencias 
de los atrevidos y ambiciosos; y por mucha moderación 
que haya en (os principios de una empresa, después de 
los malos ó buenos sucesos siempre se siguen ruines in- 
terpretaciones, de que toman mayor osadía los inquie- 
tos , y muchos buenos se ven obligados á defenderse, 
porque con esto se levantan tantas máquinas de rece- 
los, envidias y aborrecimientos , que parece imposible 
librarse; y así, se ha de tener por cosa muy notable 
que durase ocho años esta empresa de los catalanes y 
aragoneses libre deste daño. La empresa que Godofré 
hizo á la Tierra Santa , con ser la mas ilustre de todas 
las que refieren las historias, en sus principios padeció 
este daño , por las competencias enU'e Tancredo y Bal- 
dovino , entre Boemundo y el conde de Tolosa; porque 
siempre en algunos pudo mas la ambición que la pie- 
dad, principal motivo de aquella empresa. Féman Ji- 
ménez de Árenos , aunque por el concierto pudiera 
dividirse y gobernar solo por sí, no quiíio aparrarle de 
Berenguer de Entenza , porque le pareció que no per- 
día reputación en obedecerá un hombre igual en san- 
gre y mayor de años, y también por ser muy pncos los 
que le seguían , y temerse de Rocafort ; y así , Beren- 
guer y Fernán unieron sus fuerzas por ser mas respe- 
tados y temidos. 

CAPULLO XLVni. 

Rofafort pone «Itlo i Noni, Berenguer A Hegarfi, y Tieln liqne* 
ría. frtiovés, coa ijfada át gente eiulana tome el cisUllo y lo* 
gar de Frailía. 

Aunque por los conciertos hechos pareció que todo 
quedaba en paz, no se aserraron* los unos de los otros, 
ni dejaron de vivir llenos de recelos , acrecentando de 
cada diamasel aborrecimiento, ycerrada de todo punto 
la puerta á tratos de concordia; porque como todos se 
hubieron de declarar, dejó de haber neutrales y media- 
neros para averiguar algtmas cosas que siempre ocur- 
rían de jurísdicion; el peligro les hizo apartar, ya que 
otra razón no pudo. Berenguer fué á poner sitio sobre 
Megarlx , y Rocafort, en su emulación, fué á ponelleá 
Nona , sesenta millas de Galípoll y treinta de Megoríz; 
y aun se tuvo por corta la dlstanclOi según estaban ios 



45 DON FRANaSCO 

unimos oUcrndr>s, y particuYnrmenfe los del bando de 
Rociifort, que, coiuo superiores, les parecía mengua, 
que lus oíros se atreviesen á competir. Los turcos y 
turcoples y los almugnvares siguieron á Rocafort, y al- 
gunos caballeros ; con Berenguer se fueron los arago- 
nesesy toda la gente noble queserria en la mar.Monta- 
ner, por su oíicio de maestre racional , no tuvo por qué 
declararse, por haberse de quedar en Galipoli; y así, 
quedó solo por confidente de entrambos. 

En este mismo tiempo, Tícin Jaqueria, genovés, go- 
bernador del castillo y Jugar de Fruilla , vioo al serfi- 
cío de los catalanes con un bajel de ochenta remos. La 
causa de su venida fué deseo de satisfacer un agravio 
con ayuda de los catalanes ; porque muerto un tío su- 
yo , que se llamaba Benito Jaqueria , en cuyo nombre 
había gobernado el castillo cinco años con cuidado y 
fidelidad, según él decia, habíale heredado un otro tío 
luyo, que luego vino á Fruilla, y sobre la averiguación 
de ciertas cuentas tuvieron algunos disgustos ; y vuel- 
to á Genova el tio, tuvo aviso Ticin que enviaba cuatro 
galeras para prendelle. Sintió el agravio el genovés, y 
quiso luego vengarse; pero no pudo hacerse dueño del 
castillo , porque no tenia fuerzas para sustentarse solo 
de por sí , ni bastante gente de confianza para echar 
los amigos de su tio ; y asi , con esperanza de que ha- 
llaría en los catalanes lo que deseaba, vino á Galipoli. 
No halló á los generales , y dio razón á Montaner de la 
ocasión que le traía. Ofreció servir con Gdelidad; y así, 
le asentó Montaner en los libros á él y á diez caballos 
armados , para que todos ganasen sueldo en su prove- , 
cho. Esto se acostumbraba de hacer con algunos ca- 
balleros y gente principal, asentalles el sueldo por mas 
gente de la que traían, para hacelles esa comodidad. 
Pidió luego Ticin ¿ Montaner que le diese gente , que 
él ofrecía de poner en sus manos el castillo y el lugar, 
de donde le podría resultar grande provecho. Monta- 
ner no trató de la justicia y razón del hecho, sino solo 
de favorecer á quien pedia su ayuda y se ponía debajo 
de su amparo. Diéronle luego armas, caballos y las de- 
más co«as para poner en orden ios suyos, que llegaban 
hasta cincuenta ; dio le gen le de socorro, porque Mon- 
taner, como enemigo mortal de genoveses, no quiso 
perder la ocasión de hacelles algún daño. A Juan Mon- 
taner, su primo, y ¿ cuatro consejeros catalanes se en- 
comendó el socorro , con orden que no se hiciese co- 
sa sin tomar parecer de Ticin Jaqueria. Partieron de 
Galipoli al otro día del domingo de Ramos con una ga- 
lera bien armada y cuatro bajeles menores. Navega- 
ron la vuelta del castillo de Fruilla, donde se llegó vís- 
pera de Pascua ya noche. El mozo Jaqueria, sentido 
del agravio, ejecutó su determinación. Desembarcó su 
gente con el silencio de la noche, y arrimaron sus es- 
calas. Subieron por ellas treinta genoveses de los de Ja- 
queria y cincuenta catalanes. Vino luego el día, conque 
fueron descubiertos y se les defendió la entrada; pero 
peleando valientemente , ganaron una puerta por la 
parte de adentro, y abierta, dieron libre la entrada á 
los demás que quedaban fuera. H izóse grande resisten- 
cia al principio por los que defendían el ca«t¡11o, que 
pasaban de quinientos hombres , no tan bien armados 
como los nuestros ni tan resueltos. Murieron hasta 
cíenlo y cincuenta de los enemigos. Hubo algunos cau* 
Uvos, ¡lero la ma^or partt» escapó con la buida. £1 cas- 



DE MONCADA. 

tillo ganado , la villa , que efa de griegos, sin defensa 
alguna , se acometió luego, anles que los naturales pu« 
diesen ponerse en resistencia ni esconder su hacivoda. 
Fué la presa riquísima , porque, á mas del oro y plata 
y vestidos de precio que se ganaron , se tomaron tres 
reliquias grandes que estaban en el castillo empeña- 
das por los turcos al genovés Benito Jaqueria. Teníase 
por tradicionque san Juan Evangelista las habia dejado 
en el sepulcro , de quien arriba hicimos mención. Las 
reliquias fueron un pedazo del leño de la Cruz, de la 
parte donde Cristo reclinó su cabeza. Así lo reíiere 
Hontanar, y este san Juan le trujo siempre pendicnle 
del cuello el tiempo que vivió entre los mortales. Esta- 
ba entonces con un engaste de oro, con joyas de ron- 
cho precio ; una alba , con que el santo decía misa, la- 
brada por las manos de la Virgen , y el Apocalipsis es- 
crito por el mismo santo , con unas cubiertas de admi- 
rable arte y riqueza. Pareció á Juan Montaner y á Ticin 
Jaqueria que Fruilla estaba lejos de los presidios para 
podella sustentar; y asi, la desmantelaron, satisfecho el 
genovés de su tio, y todos los demás del oro que se ga- 
nó; con que volvieron á Galipoli, y dieron á Ramón 
Montaner y á los demás la parte que les cupo, y de las 
reliquias le cupo por suerte el leño de la Cruz , que sin 
duda hubiera llegodo á estos reinos si en Negroponte» 
á vuelta de la demás hacienda, no le robaran este gran 
tesoro. Animado con el suceso pasado Ticin Jaqueria, 
le pareció acometer alguna empresa, y ganar algún la- 
gar donde pudiese estarde asiento. Dióle también pin 
esto Montaner alguna gente, y con ella poco después 
ganó un castillo en la iHa de Tarso , y U mantuvo^ no 
sin gran provecho de nuestra nación , como adelante 
veremos. 

CAPITULO XLIX. 

El infante don Femando, bijo del rey de Mallorca, entlado del ftf 
don Fadriqae, liega i Galipoli pan foberur el ei^rdto easi 
nombre. 

Divididos los capitanes en los sitios de Nona y Mega- 
ríi, el infante don Femando, brjo del rey de Mallorca, 
con cuatro galeras llegó á Galipoli, por orden del rey 
de Sicilia, don Fadrique, porque juzgó que importaba 
parrel aumento de su casa enviar persona puesta por 
su mano , que gobernase el ejército de los catalanes de 
Tracia-, pues ellos mismos le habían llamado y presta- 
do juramento de fidelidad , no acordándose quizá de 
que esto habia sido cinco años antes, cuando la nece- 
sidad les obligó , y que entonces pudiera haber dificul- 
tad en admitirle. Tomó el Infante esta jornadaá su car- 
go por servir al Rey solamente, y él se la encargó, coa 
palabra de que no se casaría en Francia sm su conseft- 
timienlo, y que gobernaría aquellos estados en su nom* 
bre. Tanta estimación se hizo de aquellas armas cuan* 
do las vieron superiores á las del imperio , que no las 
quisieron apartar de sa obedíenda los reyes, aum^ua 
fuese para un infante de su misma casa. Don Fadrique, 
príncipe de singular prudencia y maestro grande de la 
arte del reinar, no quiso empeñar su reputación en 
nuestras armas, porque las tuvo por perdidas cuando 
le pidieron socorro, ni declaiarse por enemigo de An~ 
drónico hasta que le vio sin fuerzas para defenderse; 
pero los accideutea fueron tan diferQutes de lo que sa 
presumía , que la resolución del Rey , con tanta mzon • 
;, viooy como veremos, á no tenar el ttfuto 



EXPEDiaON DE CATALANES Y ARAGONESES. 



4? 



que tuviera si aiit<*s Íes socorriera. La Tenida del Infan- 
te Aió notable coaleulo á los que entonces se iialluron 
en Gdipoli , parUcularmente ¿ M ontoaer» grande cría* 
do j apasionado de su caMi. Admitiéronle como i lu- 
garteaiente del Rey sin dilicullad ni réplica todos los 
qoese liallaron presentes, que aunque fueron pocos, 
por ser los prifloeros s^es agradeció de parte del Rey. 
EuTÍáronse luego correos á los tres capitanes principa- 
les, Enteoaa, Rocafort y Fernán Jiménez, haciéndoles 
saber la Tenida del Inlaate, y juntamente les remitieron 
las cartas del Rey que TinieroD para ello, dándoles ra- 
zón de como venia á gobernalles en su nombre. Dio 
Montaner para su servicio cincuenta caballos y mayor 
número de acémilas que bubo menester para su casa; 
y porque la posada de Montaner era de ks mejores de 
Galipoh, se salió della y se la dio al Infante. Berenguer 
de Enteoza estaba sobre el sitio de Megarix, treinta mi- 
lias de Galípoli, donde recibió el aviso de la venida del 
Infante por los dos caballeros que Montaner envió para 
que se la diesen, juntamente con la carta del Rey. Par- 
tió luego con pocos y llegó á Galípoli el primero de los 
ejpitanes , dio la bienvenida al Infante y le juró por su 
general y suprema cabeza. Luego tras él vino Fernán 
Jiménez de Árenos de Módico, y siguió en todo á Be- 
renguer. Mejoróseles el partido á estos dos ricoshom- 
bres, porque so bando, menos poderoso, siempre temía 
al de Rocafort , y con ¡a venida del infante parece que 
todo se había de sosegar, y las cosas , fuera de sus lu- 
gares por la violencia de uno , volverían al suyo , y se- 
rian todos estimados según sus merecimientos y cali- 
dades. Fué el contento universal en todos, asi del ban- 
do de Berenguer como de Rocafort, ¿ quien alteró mu- 
cho la venida tan fuera de tiempo del Infante, y sin du- 
da gae desde luego le negara la obediencia, si no fuere 
porque conoció en los suyos el gusto que les había da- 
do esta nueva. Hallóse en notable confusión; era hom- 
bre sagaz y prevenido en todos sus consejos, pero no 
podo prevenir con sus artes acostumbradas lo que nun- 
ca podo temer. Después de haber consultado con sus 
inlimos amigos el caso , pareció que convenía respon- 
der mostrando mucho gusto de la venida del Infante, 
Qiico deseo de todos ellos, y que por estar el sitio tan 
adelante no se atrevía á dejarle para ir á darle la obe- 
diencia ; que le suplicase de parte de todos que viniese 
á Nona, donde le esperaban con mucho gusto. En esta 
sostancia se respondió al Infante, y él entre tanto, con 
los deudos y amigos conGdentes , dispuso los ánimos á 
seguir su parecer y consejo. Llegó la respuesta de Ro- 
cafort á Galípoli, y el Infante no quiso determinarse 
sin el parecer de Berenguer de Entenza y de Fernán Ji- 
ménez , y de algunos otros capitanes bien afectos á su 
servicio y de gran conocimiento de las trazas y desíg- 
iilosdeRocafort.Atodos pareció peligrosala detención, 
y que debía el Infante partir luego, porque el ejército no 
se enfriase en el gusto que tenia de su venida, y Rocafort 
no tuviese tiempo de concluir ni mover nuevas pláticas 
en deservicio del Rey, y eicluir del gobierno «u per- 
sona. Con esta resolución dispuso el Infante su partida; 
i\ié acompañado de la mayor parte de la gente de Be- 
renguer de Entenza y de Femun Jiménez; sus personas 
DO pareció llevallas, porque no fuera acertado, antes 
de tener ganada la toluntad de Rocafort y los suyos, 
ponerle delante por primera entrada sus competidores 



en mejor lugar cabe el Infante; y osf , difirieron la ida 
estos dos rícoshombres cuando el Infanta hubiese ju- 
rado , porque entonces, estando con entera autoridad, 
se podrían hacer las amistades. 

CAPITULO L. 
El Infante es excluido delf»biemo por Ut maQat de Rocafort. 

Partióse el Infante de Galípoli con el mayor acompa-* 
namiento que pudo , llevando consigo de los capilanes 
conocidos solo ¿ Ramón Montaner, y en tres dias de ca- 
mino por la costa llegó al campo , donde fué recibido 
con universal regocijo , y Rocafort con grandes demos- 
traciones de contento le festejó los dias que lardó á pe- 
ñeren plática las órdenes de su tío. Esperaba el Infante 
que Rocafort se comidiese sin volver segunda vez á 
requerille; pero como vio que alargaba el obedecer al 
Rey, y no se daba por entendido, le dijo que él quería 
dar luego las cartas del Rey que venían para el ejército, 
y decilles de palabra el intento de su venida, y que 
para esto mandase juntar el consejo general. Obedeció 
Rocafort con muestras de mucho gusto, y para el dia 
siguiente ofreció de tenelle junto; porque ya en los {kh 
eos dias que tardó el Infante previno ¿ sus amigos 
que echasen voz por el campo que seria bien andar 
con mucho tíento en la resolución que se debía tomar 
de admitir ai Infante por el Rey, y que por lo menos no 
se determinasen luego. Rizóse esto con mucha arte, 
porque siempre se temió que viendo el ejército al In- 
fante, no aclamase luego al Rey y le admitiese. Pa- 
reció á todos el consejo avisado y cuerdo, porque el 
vulgo ignorante raras veces penetra segundas íntencio* 
nes;y así, le siguieron» El dia siguiente la confusa mul- 
titud del consejo general, que constaba de todos los que 
ganaban sueldo , junta en el campo , esperó al Infante. 
Vmo acompañado de los de su casa y de muchos ca* 
pitanes; entregó las cartas á un secretarío, y mandóque 
en público* se leyesen. Leídas, les declaró brevemente 
como el Rey, movido de sus ruegos, habla admitído el 
juramento de fidelidad que sus embajadores le hicieron; 
y aunque para sus reinos no podía ser úül el encargarse 
de su defensa , había querídó njostrar el amor que les 
tcnie , posponiendo su conveniencia ¿ la dallos; y así, 
le había mandado que con su persona viniese á gober- 
nalles en su nombre, y les ofreciese que siempre acu- 
diría con mayores socorros. Respondiéronle, según Ro- 
cafort pretendió , que ellos tendrían su acuerdo sobre 
lo que se debía hacer, y que tomado, le responderían. 
Con esto los dejó el Infante y se fué á su posada. Qucr 
dó Rocafort con ellos , y poco seguro de la determina- 
ción que tanta gente junta pudiera tomar, y temién- 
dose de algunos caballeros, qne aunque eran sus ami- 
gos^ deseaban que el Infante quedase ¿ gobernalles, les 
dijo que el caso de queso trataba no podía discurrirse 
bien entre tantos, porque la multitud siempre trae 
consigo confusión , la cual no da lugar i consíderarso 
]k)r menudo las dificultades que suelen ofrecerse en 
materia de tanto peso ; que se escogiesen cincuenta per- 
sonas, las de mayor crédito y confianza, para que estas 
fuesen platicando y discurriendo el negocio con las con- 
veniencias y (contrarios que en él había; y tomada la 
resolución que les pareciese , la refiriesen á los demás, 
para que juntos libremente la condenasen ó aprobasen; 
con que se excusarían los inconvenientes de haberío de 



48 DON FRANQSCO 

comunicar cnn tantos. Túvose por acertado el parecer 
de Rocaíort; que cuando el vulgo se inclina á dar cré- 
dito á uno , en todo le sigue , sin hacer diferencia de 
los buenos ó malos consejos , porque mas se gobierna 
con la voluntad que con la razón. Luego nombraron 
cincuenta personas para que juntamente con Rocafort 
lo tratasen , no advirtiendo con cuánta mayor facilidad 
se pueden cohechar los pocos que los muchos. Con esto 
tuvo hecho su negocio , porque los cincuenta fueron 
casi todos puestos por su mano, y á los pocos de quien 
no podia fiar igualmente que de los demás^ fué fácil el 
persuadirles , á mas de no fallarles razones, y de mu- 
cho fundamento, para esforzar la suya. Juntáronse los 
cincuenta con Rocafort , y él les dijo lo siguiente : «La 
venida del señor Infante , amigos y compañeros, ha si- 
do uno de los mayores y mas felices sucesos que pudié- 
ramos desear, al fin enviado por la poderosa mano de 
quien hasta al presente dia'nos ha conservado con gran- 
de aumento de nuestro nombre y confusión de nues- 
tros enemigos ; porque ya se ha dado fin á nuestros 
trabajos, y principio á una felicidad muy entera, por 
tenerprendas tan proprias de nuestros reyes , á quien 
podemos entregar con seguridad la libertad y la vida, 
recibiéndole , no como él quiere , por lugarteniente de 
su tío , sino como á príncipe absoluto , y sin sujeción y 
dependencia alguna. Por grande yerro tendría, si la 
elección de príncipe pende de nosotros , escoger al que 
vive ausente y ocupado en gobernar mayores estados, 
y dejar al desocupado y libre de otras obligaciones, y 
el que ha de vivir siempre entre nosotros y correr la 
misma fortuna de los sucesos prósperos y adversos. Si 
á don Fadrique recibimos por rey, á manifiesta servi- 
dumbre nos sujetamos-, porque con su persona no po- 
drá asistimos, y necesariamente habrá de enviar quien 
en su nombre gobierne este vitorioso ejército y las 
provincias que por él están sujetas. ¿Que mayor des- 
dicha se podrá esperar, si por premio de nuestras vito- 
rías venimos á ser gobernados por otra mano que la 
propría de nuestro [iríncipe? Y el mismo rey don Fa- 
drique procurará nuestra defensa en cuanto no le es- 
torbare á la del reino de Sicilia. Pues ¿por qué se ha 
de admitir tanta desigualdad? Los trabajos, los peli- 
gros , las pérdidas para no.sotros solos; pero la gloría y 
provecho, no solo igual, pero mayor y mas segura para 
el Rey. Si nos perdemos, quedando muertos ó en dura 
servidumbre , libre don Fadrique y tan gran príncipe 
como untes; pero si ganamos nuevas provincias y esta- 
dos, todos han de venir á S3r suyos. Pues ¿puede al- 
gún cuerdo con esta desigualdad , hallándose libre para 
escoger, dar la obediencia á príncipe con tales calida- 
des? A mas desto , ¿no se os acuerda la paga que nos 
dio por tantos servicios al partir de Sicilia? ¿Qué fué 
roas que un poco de bizcocho, y otras cosas que no pue- 
den negarse á los siervos y esclavos ? No , amigos; no 
nos conviene tomar por rey á don Fadrique, pues no se 
acordó de nosotros al tiempo que le pedíamos su ayu- 
da y cuando nos importaba tanto el dárnosla, sino, 
cuando á él convino y á nosotros no nos es de prove- 
cho. Esto se echa bien de ver agora , pues no nos envia 
armas, gente, bastimentos ó dineros, ni otra cosa ne- 
cesaría pura la guerra , sino cabeza y general que nos 
gobierne , como si tuviéramos falta desto, y no se hu- 
bierau alcalizado muchas Vitorias sin tenerle puesto por 



DE MONCADA. 

su mano. No consintamos que el premio de nuestros 
servicios se distríbuya por mano de sus ministras y 
gobernadores, en quien siempre puede mas la pasioa 
que la verdad , mas su particular interés que la cumua 
utilidad ; porque tratan las provincias como quien lis 
ha de dejar, y como en la posesión temporal de ajena 
propríedad , gozan de lo preseiíle sin ningún cuidado 
de lo venidero, y mas estando el Rey tan apartado, á 
quien nuestras quejas llegarán tarde cuando sean oí- 
das , y los socorros tan á tiempo como el que ahora ooi 
envia , después de seis años que con grande instancii 
se lo pedimos. En esto finalmente me resuelvo, quee^ 
cluyamos á don Fadríque por don Femando ; tengaiDOi 
presente al príncipe por quien aventuramos la vida, | 
sea testigo , pues ha de ser juez, de los servicios que le 
hiciéremos , y cuide de nosotros como de sí mesmo, 
pues nuestra conservación y vida corre parejas con la 
suya. Conténtese don Fadríque con Sicilia, ganada y 
conservada por nuestro valor; deje á don Femando, su 
sobríno, los trabajos de una guerra incierta y peligrosa, 
estas provincias destruidas, y sola hi esperanza de con- 
quistar nuevos reinos y señoríos.» Con esta platícalos 
pocos dudosos que había se resolvieron con el parecer 
de Rocafort, y luego dos de los cincuenta electos die- 
ron razón de la determinación que habían tomado á to- 
do el campo, refiriendo las mismas razone^de Roca- 
fort. Túvose con aplauso general de todos por acertada 
aquella determinación, y quisieroo que luego se diese 
la respuesta al Infiante. Fueron para esto los cincueaU, 
y propusiéronle su embajada. Don Fernando, codo 
buen caballero , respondió que él venia de parte de so 
tío, y que con su autorídad y fuerzas había tomado 
aquella empresa á su cargo , y sería faltar á su obliga* 
cion si con puntualidad no ejecutaba las órdenes de 
quien le enviaba , y que por ningún caso admitiría el 
ofrecimiento que le hacían, sino recibiéndole como 
lugarteniente de su tío don Fadríque. Rocafort siem- 
pre publicó que el Infante, por tener alguna disculpa 
con el Rey, no admitiría luego el ofrecimiento que le 
hacían , y con esto engañó la mayor parte del ejército; 
porque si hubiera quien les persuadiera y desengüoart 
que el infante por ningún caso se quedara á goberna- 
lles como á príncipe, sin duda que te admitieran por el 
Rey. Quince días se pasaron en este .trato, y el lufaote 
creyó siempre que aquellas eran palabras de cumpli- 
miento , y que á la último obedecerían al Rey. En este 
medio Rocafort, como de su parte tenia todos los tur- 
cos y turcoples á su disposición^ y parte del ejéMto 
que le seguía , la otra, como inferior, no le osaba coir 
tradecir. Con esto quedó todo el ejército que estaba 
debajo de su mano resuelto de no admitir el Infanta 
por el Rey; y á la verdad su intento no era eicluir í 
don Fadríque por don Fernando , porque con ninguno 
de ellos se pudiera conservar; pero como hombre sa- 
gaz y que conocía al Infante por uno de los mejores 
caballeros de su tiempo, y que no tendría mala cor- 
re^^pondencia con el Rey su tio, le propuso al ejército 
para que excluyesen al Rey , prefiriendo al lufante, o 
quien estaba cierto que no lo admitiría; y como ja mj* 
yor parte del ejército con este engaño de Rocafort. 
declaró por el Infante contra el Rey, después noq"^ 
sieron elegir á quien una vez excluyeron. Todos €& 
embustes tramaba Rocafort , seguro que aunque oxr 



ESPEDICION DE CATALANES Y ARAGONESES. 



49 



poés se descubriesen, no le causaríon daño, por tener 
de&a (Arte á los turcos y torcoples, que juntos con los 
confidcotes,«rela mayor porte del ejército. No se pue- 
de negar que en esta parte* Rocafort podría tener al- 
gana disculpa, aunque fuera de naturaíy condición 
mas moderado ; porque después de tantas TÍtorías,y 
luber gobernado un ejército cioco años, justamente 
padiera rehusar el no admitir un superior, cuyo favor 
JiaJiian prevenido sus mayores enemigos Berenguer de 
Entenza y Fernán Jiménez, que siempre serían prefe~ 
ridospor su calidad y mejor correspondencia. Y aun- 
que el Infante, por quitar toda sospecha, les hizo quedar 
eoGalípoliy no por eso se la quitó á Rocafort; antes 
ese mismo cuidado con que prevenian las ocasiones ei- 
leñores de que pudiese tenerla, se la acrecentaba mas, 
creyendo siempre que era tener sobrada confianza de 
Berenguer y de Fernán^ y que ellos la tenian del In- 
fante ^ pues no mostraban queja de no liabelles admi- 
tido en SQ compañía. No hay cosa que mas penetre y 
descubra que los recelos y temores de perder un puesto 
tan superior como el que Rocafort tenia , y mas en un 
sugeto de tantas partes y experiencia. 

CAPITULO LI. 

Bocafort, aates de partirse el Infante del ejército, ganó i Nona, 7 
decoaon acoerdo de los capitanes, deja el ejército los presi- 
dios deTracia j determina pasar & Macedouia. 

La tenida del infante don Fernando al ejército aca- 
bó de ponerán desesperación á los griegos que esta- 
ban niiados, y dentro de pocos días se hubo de entre- 
gar con mucba pérdida en las manos del vencedor, 
porque aunque no perdieron las vidas , quedaron sin 
haciendas. Berenguer de Entenza también tomó á Me- 
garíz. Sentíase ya en nuestro campo gran fulla de vi- 
tuallas, porque diez jornadas al contorno de Galípoli 
estaba todo talado y destruido; que los cinco años úl- 
timos, de los siete que estuvieron en esta provincia, 
se mantuvieron de lo que la tierra sin cultivar produ- 
cía, pues no llegaban á los árboles y viñas sino para 
quitarles el fruto. A lo último vino esto ú faltar, y fué 
forzoso tratar de buscar otras provincias donde eutre- 
teoerse y poder vivir. Habíase diferido esto por las ene- 
mistades de Entenza y Rocafort , que estaban aun tan 
vivas, qoc no se osaban mover de sus alojamientos ni 
juntarse , por el recelo que se tenia que entrambas las 
dos parcialidades no llegasen á rompimiento: tanto pue- 
den disgastos é intereses particulares , que impideu el 
reoiedio común, y quieren mas perecer con ellos que 
▼ivir cediendo de sus l^cas y vanas pretensiones. Todos 
fueron de perecee que desmantelasen á Gaífpoli y los 
demás presidios, y en esto conformaron los capitanes 
competidores juntamente con los turcos y turcoples ; y 
asi, suplicaron al luíante la gente buena y libre, de pa- 
siones, que fuese servido de no desampararics liasta 
dejarfes en otra provincia , porque debojo de su auto- 
fidad y nombre irían todos muy seguros, y en este me- 
dio se podrían concertar las diferencias de Entenza y 
Bocafort. El Infante tuvo su acuerdo por bueno, y 
ofreció de hacello; y á lo que yo puedo entender, mpvi- 
do de lástima desque Berenguer de Entonga y Fernán 
Jiménez de Árenos quedasen en las manos deRocafort, 
á quien el respeto del Infante parece que detenía la 



ejecución de su ánimo vengativo, quiso tentar si con 
esta detención podría concertar estas diferencias, y ilc- 
jalles con mucha paz y quietud, para que unidos y con- 
formes pudiesen hacer mayores progresos, esperando 
siempre que obedecerían al Rey, aunque por entonces 
lo hubiesen rehusado. Juntó el Infante las cabezas prin- 
cipales del ejército, con todos los del consejo, y resueltos 
ya de salir de aquellos presidios que tenian en Tracia, 
por habelles forzado la necesidad y falta de vituallas, 
trataron qué camino tomarían yqué ciudad en Macedo- 
nia ocuparían. Hubo diferentes pareceres, y últimamen- 
te pareció el mas acertado que se acometiese la ciudad 
de Crístopol, puesteen los confines de Tracia y Ma- 
cedonia , por tener la entrada de las dos provincias fá- 
cil y la retirada segura , y los socorros de mar sin po- 
dérselos impedir, como en Galípoli , que ocupado el es- 
trecho con pocos navios de guerra, impedían el libre co- 
mercio que venia por mar á dalles alguna ayuda. Orde- 
nóse que Ramón Montaner con hasta treinta y seis velas 
que habia en nuestra armada, y entre ellas cuatro guie- 
ras, llevasen las mujeres, niños y viejos por* mar á la ciu- 
dad de Crístopol, después de haber desmantelado todos 
los presidios que en aquellas costas se tenian por noso- 
tros, como Galípoli , Nona , Paccia , Módico y Megarix. 
El Infante y los demás capitanes ordenaron en esta for- 
ma su partida. Berenguer de Rocafort con los turcos y 
turcoples y la mayor parte de los almugavares saliese 
un día antes que Berenguer y Fernán Jiitienez, y que 
siempre se guardase este orden en el camino , siguien- 
do siempre Berenguer á Rocafort una jomada lejos; y 
esto se hizo por quitar las ocasiones que pudiera haber 
de disgustos si los dos l^andos juntos se alojaran, don- 
de forzosamente sobre el tomar los puestos vinieran á 
las manos. Púdose sin peligro dividir sus fuerzas, por 
no tener enemigo poderoso en la campaña que les pu- 
diese prnntamente acometer, porque divididos des- 
pacio de un dia de camino, no se pudieran socorrer si 
le tuvieran ; pero toda la gente de guerra atendía mas 
á defenderse dentro de las ciudades que salir á ofender 
nuestro ejército : rosa que tantas veces emprendieron 
con notable daño suyo y gloría nuestra. Juntos en Ga- 
lípoli , después de haber desmantelado todos los deinás 
presidios , partió Rocafort con su gente por el camino 
mas vecino al mar, y al otro dia le siguió Berenguer de 
Entenza y el Infante, ocupando siempre los puestos 
que Rocafort dejaba. Después de haber caminado algu- 
nos dias , comenzaron á entrar en lo poblado de la pro- 
vincia, adonde sus armas antes no habían llegado. Los 
griegos, con el pavor del nombre de catalapes, huían la 
tierra adentro , dejando en los pueblos bastimentos en 
grande abundancia , con que los nuestros pasaban con 
mucba comodidad , y libres del daño, que siempre cre- 
yeron , de faltaries con qué vivir. Esta fué una de sus 
empresas grandes, entrarse por tierras y provincias no 
conocidas , sin tener seguridad de alguna plaza ó de al- 
gún príncipe amigo. Laeipcdicionde los diez mil grie- 
gos que cuenta Jenofonte, fué de las mayores quecelebra 
la antigüedad; pero siempre los griegos llevaban por fin 
llegará su patría, y parte con armas alravesabahprovm- 
cias y naciones eztrañas; pero los catalanes solo tenían 
por fin de aquel viaje, no el descanso de su patría , sino 
la ezpugnacion de una ciudad grande y fuerte, gue re- 
solvieron de acometer antes de salir de Galipoli , y q<M 



50 DON FRANCISCO DE MONCADA. 

el fin de una fatiga y peligro grande fuese el principio 
ile otro mayor. 

CAPITULO LlI. 



y 



La tanguarda del campo del Infante y Berengner alcanza la reta- 
guarda de Rocafort, y llegan casi ft darse la batalla ; mata Ro- 
eafurt á Berenguer de Enlesza ; y Femaa iimenei de Árenos, 
huyendo del mismo peligro, se pone en manos de los griegos. 

Llegó Rocafort con su ejército á una aldea dos jor- 
nadas lejos de la ciudad de Cristopol , puesta en un lla- 
no abundante de frutas y aguas, las casas vacias de 
gente ^ pero llenas de pan y vino y de otras cosas, no 
solo necesarias , pero de mucho gusto y regalo. Detu-* 
viéronse eu tan buen alojamiento mas de lo que debie- 
ran soldados plátlcos y bien disciplinados; cerca de 
mediodía aun no habían partido, porque la gente der- 
ramada por aquella llanura, con el regalo de la fruta 
que se hallaba en los árboles, se entretuvo de manera 
que no se pudo recoger antes. La vanguarda del campo 
dellnfante, donde iba Berenguer de Entenza, porque 
salió mas temprano de lo que acostumbraba, alcanzó la 
retaguarda de Rocaforl. Por huir del calor del sol, par- 
tieron antes del amanecer, y sin advertillo se hallaron 
sobre los de Rocafort. Alteróse su retaguarda , y vuel- 
tas las caras, viéndose tan cerca los de Berenguer, juz- 
garon que venían á romper con ellos : tocóse arma con 
grande confusión^ y la vanguarda del uno con la reta- 
guarda del otro se encontraron. Rocafort, luego que 
reconoció la «gente de su contrario, tuvo por cierto que 
venia con determinación de ejecutar algún mal intento, 
pues no pudiera ser otra la causa que á Berenguer le 
obligara á romper los conciertos sin primero avisar. Un 
hombre sospechoso nunca discurre ni piensa loque le 
puede quitar las sospechas , smo lo que se las acre- 
cienta. Rocafort no consideró su descuido en diferir 
la partida hasta mediodía, y acordóse que Berenguer 
de Entenza había madrugado mucho. Al fin, ó por 
pensarlo asi, ó por tomar la ocasión de venir á las ma- 
nos con él , mandó subir á caballo su gente , y éi hizo 
lo mismo armado de todas piezas, y partió con gran 
furia contra la gente de Berenguer de Entenza, á quien 
la suya había ya acometido, trabándose una cruel y 
sangrienta escaramuza. Llegó también aviso al Infante 
y á los demás capitanes del desorden. Salió Berenguer 
de Entenza el primero á caballo y desarmado, con solo 
una azcona montera, como persona de mas autoridad, 
á detener los suyos y retirarlos. Gisbert de Rocafort, 
hermano de Berenguer, y Dalmau de San Martin, su 
tío , vieron á Berenguer que andaba metido en los pe- 
ligros de la escaramuza : ó que les parecióse que ani- 
maba su gente contra ellos, ó lo que se tiene por mas 
. cierto, viendo la ocasión de satisfacer su mal ánimo y 
quitar el ému^o á su hermano , Gisbert y Dalmau cer- 
raron juntos con él. Berenguer de Entenza, que, como 
inocente y buen caballero, viendo que los dos hermanos 
se encaminaban para él , vuelto á ellos, les dijo : «¿Qué 
es esto amigos? o Y en este misnn) tiempo le hirieron 
de dos lanzadas, con que aquel valiente y bravo caballe- 
ro cayó dej caballo, muerto, sin poderse defender, por 
estar desarmado, descuidado y entre sus amigos. En- 
cendióse mas vivamente la escaramuza después de 
muerto Berenguer , y los Rocaforts ejecutaron su ven- 
ganza matando muchos de su bando. Ne puede ser 
najor Ta«crueldad que, después de haber vencido y 



muerto su contrario, degollar y despedazar los yenci- 
dos, en quien no pudkra haber resistencia, después de 
perdida su cabeza, en admitir á Rocafort y obeüecelle; 
pero su soberbia y arrogancia fué tanta, que no hacia ya 
la guerra á siis enemigos, sino á su propria naturale- * 
za^ y solicitaba á los turcos y turcoptes para que iobu- 
manamente acabasen todos los del bando de Beren- 
guer, sin excepción alguna de persona. Fernán Jiménez 
de Árenos, con el mismo descuido que Berenguer de 
Entenza , iba desarmado, y retirando su gente é cuchi- 
lladas, fué advertido de la muerte de Berenguer, y que 
con cuidado le iban buscando para matalle ; y asi, wa 
alguna gente que pudo recoger y llevar tras si , se alió 
del campo, y tuvo por mas seguro entregarse á los 
griegos que á Rocafort. Fuese á un castillo que estaba 
cerca, donde ñié recibido debajo de seguro, con que 
se presentase delante del emperador Andrónico. El In- 
fante, por amparar y defender la gente del bando de 
Berenguer, salió armado con algunos caballeros que le 
siguieron , y se opuso con valor á los turcos y turco- 
pies , que asistidos de Rocafort , todo lo pasaban por el 
rigor de su espada. Pudo tanto la presencia del Infante, 
que Rocafort , puesto á su lado porque los turcos no !e 
perdiesen el respeto, retiró su gente , después de haber 
tan alevosamente muerto á Berenguer y tanta gente de 
su bando. Quedaron muertos en el campo ciento y cin- 
cuenta caballos y quinientos infantes, la mayor parte 
de las compañías de Berenguer de Entenza y Feniafl 
Jiménez de Árenos. Sosegado el tumulto y retirada la 
gente á sus banderas , el Infante y Rocafort vicieroa 
juntos á la plaza del lugar, donde tenían el cuerpo de 
Berenguer tendido. Apeóse el Infante de su eabalio , y 
abrazado con el cuerpo difunto, dice Montaoer que Mo- 
ró amargamente , y que le abrazó y besó mas de diez 
veces, y que fué tan universal el sentimiento, que hasta 
sus mismos enemigos le lloraron. Vuelto el Infante á 
Rocafort, con palabras ásperas le dijo que la muerte 
de Berenguer habia sido malamente hecha per algún 
traidor. Rocafort con palabras humildes respondió que 
su hermano y tío no le conocieron hasta que le hubie- 
ron herido. Con esto se hubo de satisikcer el lufonte, 
pues no tenia fuerzas para castigar tanto atrevlmienio, 
y sin duda que hiciera alguna demostración si no se 
hallara con tan poca gente. Mandó que para enterrar el 
cuerpo de Berenguer y hacerie sus obsequias se detu* 
viese el ejército dos días , porque quiso honrarle ctio le 
que pudo ; y así se hizo. Enterráronle en una ermita de 
San Nicolás que estaba cerca , junto del altar mayer, 
sepulcro harto indigno de su persona d consfdenmos 
el lugar humilde y poco cono4;ldo donde le dejaren, 
pero célebre y famoso por ser en medio de las provin- 
cias enemigas , cuya inscripción y epitafio es la misma 
fama, que conserva y eztiende la memoria de los varo- 
nes ilustres que carecieron de túmulos magníficos en 
su patria, por haber perecido en tierra gauéda y ad- 
quirida por su valor. Este fin tuvo Berenguer de Enten- 
za, nobilísimo por su sangre y celebrado por sus ha- 
zanas, y por entrambas cosas estimado de reyes natu- 
rales y extraños. En sus primeros años sirvió á sus prin- 
cipa, primero en Cataluña y después en Sicilia, coa 
buena fama ,' donde alcanzó amigos y hacienda para se- 
guir el camino que la fortuna le ofreció de engrande- 
cerse y alcamar estado igual á sus mereoimientos ¡ que 



EXPEDICIÓN DE CÁTALANCS Y ARAGONESES. 



Bi 



atmqQe en su potria le poseía grande , pere no 4e ma- 
Deraqnesu ánimo generoso y gallardo cupiese en Un 
cortos Hmités como los de la haronía qoe hoy llama- 
mos de EttCenn. Fué Bereoguer animoso y Talíente con 
¡06 mayores peligros, fuerte en los trabajos, constante 
en Jas determinaciones, igualmente conocido por toa 
sucesos prósperos y adverses, porque en medio de su 
felicidad podeció una larga y trabajosa prisión, y ape- 
nas salido deHa y restituido á los suyos, cuando otra 
vez la fortuna se ie mostraba faTorable, murió ¿ trai- 
ción i manos de sus amigos, en lo mejor de sus espe- 
ranzas. 

El Infante , después de sosegado el alboroto, envió á 
llamar ú Fernán Jiménez, ofreciéndole que podia venir 
seguro debajo de su palabra. Respondió que le perdo- 
nase, que ya no estaba en su libertad para cumplir sus 
mandamientos, porque habia ofrecido de presentarse 
ante el emperador Andrónico con toda so compafíia. 
TÜToie el Infante por disculpado, y Fcman Jiménez, 
despnés de haber recogido los suyos, se fué á Coostan- 
tinopla, donde le recibió Andrónico con roudias mufís- 
tras deagradecimíeote de qoe le hubiese venido 6 ser- 
vir, y por mostrarle con eft^o , le dio por mujer una 
xúela soya , viuda , llamada Teodora , y el oficio de me- 
gaduque , que tuvo Roger y después Berenguer de En- 
tenza. Con esto quedó Fernán Jiménez de los mas bien 
librados capitanes desta empresa, y el que solo permar 
neció en dignidad y escapó de fines desastrados. 

CAPITULO un. 

Deja dliiCnl* iMiIra eonpaflfa.y lien eoaiisa á Maiittaer, des- 
piés de entregar la amada. 

£d este medio que el Infante se detuvo en el lugar 
donde mataron ¿ Berenguer, llegaron sus cuatro gale- 
ras con sus capitanes, Dalmau Serran, caballero, y Jai- 
me Despabu, de Barcelona ; y alegre de tener galeras 
coo qoe apartarse de Rocafort, mandó juntar consejo 
general, y volvió segunda vez á requerilles si le que- 
rían reciUr en nombre de su tio don Fadrique , porque 
cuando no quisiesen, estaba resuelto de partirse. Roca- 
fort. autor de la determinación pasada cuando se les 
F^puo lomesmo, como mas poderoso entonces, des- 
pués qoe le faltaban sus émulos, en quien pudiera ha- 
ber alguna contradicion , fuéle fácil tener á todo el 
campo en su opinión , porque sus pensamientos ya eran 
mayores que de hombre particular. Respondieron al In- 
lante lo que la vez pasada , y con mayor resolución. 
Con esto se tuvo porimposible y desesperado el nego- 
cio; y asf, se embarcó el Infante con sus galeras, de- 
jando á Rocafort absoluto señor y dueño de todo, y na- 
vegó la vuelta de la isla de Tarso, seis millas 4ejos déla 
tierra firme donde estaba el canapo. Llegó e) Infante á 
U isla casi al mismo tiempo que Montaner con toda la 
armada, y después de haberle referido la maldad de 
ftocafort y pérdida de tan buenos caballeros como eran 
Bereoguer de Entenza y Fernán Jiménez de Árenos , le 
mandó de parte del Rey y suya que no se partiese de 
sn compa&ia. Obedeció Montaner con mucho gusto, 
porque estaba rico y temía á Rocafort, aunque era su 
^igo. La amistad dé un poderoso insolente siempre 
se hade temer, porgue la aünistad fécilmente se pierde, 
7 queda el poder 4iore de respetos para ejecutar su fu- 
lla y sus antoios. Suplicó ai Infante fuese servido de 



detenerse mientras él con ia armada daba razón á 1o$ 
capitanes del campo de lo que se le habia encargado, 
que eran la mayor parte de sus haciendas y todas sus 
mujeres y hijos. Fué contento el Infante de aguardalle, 
y con esto Montaner con la armada llegó ú una plo^n 
donde estaba alojado el ejército, una jornada mas ade- 
lante de donde los dejó el Infante. No quiso que perso- 
na alguna desembarcase hasta que le aseguraron que 
no se haría daño á las mujeres , hijos y haciendas de 
los de Berenguer de Entenza y Fernán Jiménez, y que 
les dejarían libres para ir donde quisiesen. Con este se- 
guro desembarcó todos los que quisieron ir al castillo 
donde Fernán Jiménez se habia retirado. Díéronlescin- 
cuenta carros, y con doscientos cabillos de turcos 
y tureoples de escolta, y cincuenta cristianos, fes 
enviaron al castillo. A los que no quisieron quedarse ni 
con Rocafort ni con Fernán Jiménez, se les dieron 
barcas armadas hasta Negroponte. En esto se entretu- 
vo el campo dos dias; y Montaner, ya que se quería par- 
tir , hizo juntar consejo general , y después de haberles 
entregado los libros y el sello del ejército, les dijo que 
el infante don Femando, de parte del Rey y suj-a , le ha- 
bía mandado que le siguiese , á quien era forzoso obe- 
decer, y que no lo habia querido hacer antes lia^ta 
haber dado descargo de loque se le encomendó; que 
él se iba con grande sentimiento de dejarles , aunque 
por su mal proceder dellos pudiera no tenelle, pues da- 
ban tan mala recompensa ¿ los que les habian gobernado 
y sido sus generales; que Berenguer quedaba muerto por 
sus excesos , y Fernán Jiménez entregado á la fe dudosa 
de los gríegos. Estas razones dijo Montaner por la se- 
gundad que tenia de los turcos y tureoples, á quien 
siempre trató con mucho amor, y ellos, reconocidos, le 
llamaban Cata, que en su lenguaje quiere decir padre; 
y aunque Rocafort lo mandara, no intentaran cosa con- 
tra él. Toda la nación junta le rogó que se quedase , y 
los turcos y tureoples liicieron lo mismo, solicitando 
siempre á Rocafort que le detuviese ; pero como estaba 
ya resuelto de partirse, y habló con alguna Hbertad en 
favor de Berenguer de Entenza y Fernán Jiménez, no 
quiso ponerse en peligro ni dar ocasión á Rocafort que 
con pequeña ocasión le diese la muerte, como á los de- 
más. Con esto se partió del ejército con un bajel de 
veinte remos y dos barcas armadas, en que puso su lia- 
cienda y la de sus camaradas y criudos. Llegó á la isla 
de Tarso, donde el Infante le esperaba, y en ella se de- 
tuvieron algunos dius para tomar bastimentos y con- 
sultar la navegación que' habiun de hacer. Oetávóles 
también el buen acogimiento que hallaron en Ticin Ja- 
queria , aquel genovés que con ayuda de Montaner sa- 
queó el castillo de Fruilla y después ocupó el de aque- 
lla isla , donde con muestras de sumo agradecimiento 
les entregó las llaves del castillo y les ofreció servir 
con su vida y hacienda. Siempre el hacer bien es de 
provecho , yla recompensa viene muchas veces de quien 
menos se pensó que la pudiera hacer; y lo que se per- 
dió en muchos beneficios , de uno solo que se agradez- 
ca se sigue mayor utilidad que daño de todos los que 
se perdieron. Halló Montaner, con el Infante, seguridad 
en el puerto, regalo en lo que se les dio para su susten- 
to, por solo haber ayudado antes al genovés, aunque 
fué con su mismo interés y provecho. 



52 



DON FRANaSCO DE MONCADA. 



CAPITILO LIV. 



Pasa el ejército i Nacedonia. 

* Apartado MonUiner del campoi Berenguer definten- 
za muerto , y Fernán Jiménez huido , quedó solo Roca* 
fort absoluto señor y dueño de todo; y así, mudaba á su 
gusto y antojo las determinaciones de todo el consejo. 
La resolución que se tomó entre todos los capitanes 
antes que saliesen de sus presidios fué de acometer á 
Crístopol y hacerse fuertes en él , como lo hicieron en 
Galípoli , y tener las dos provincias de Tracia y Mace- 
donia Tecinas , para hacer sus entradas. Pareció al 
principio fácil la empresa , porque creyeron coger álos 
griegos descuWados y sin tiempo para prevenirse, y 
sin duda que les saliera bien el pensamiento sien el ca- 
mino no se detuvieran cuatro dias en vengar sus par- 
ticulares agravios ó pasiones; con que tuvieron ios 
griegosespacio y lugar bastante, no solo para defender- 
se , pero también para ofenderles y acabarles, si entre 
los griegos hubiera homlre de valor y cuidado. La di- 
lación de las ejecuciones^ en la guerra es muy perni- 
ciosa , y muy útil cualquier presteza; que por faltarles 
á muchos un dia, una hora, y aun menos tiempo, per- 
dieron grandes lances y ocasiones. 

Rocafort, después que supo que la ciudad estaba 
puesta en defensa , se resolvió de pasar al estrecho de 
Crístopol , que es la parte marítima del monte Ródope, 
y no detenerse en acometer el lugar. El siguiente dia 
con todo el campo pasó el estrecho , no sin gran fatiga, 
porque el camino era áspero , los bagajes muchos , y 
los niños, mujeres y enfermos. Los griegos, aunque ad- 
vertidos del camino que llevaban los catalanes , no pu- 
dieron ó no osaron atreverse ¿ impedilles el paso. 
Atravesado el monte Ródope , bajaron á los campos de 
Macedonia cerca de ocho mil hombres de servicio entre 
todas las naciones ; bastante ejército para cualquier 
grande rmpresa si los ánimos estuvieran unidos, y la 
muerte de Berenguer no hubiera hecho odioso á Roca- 
fort aun á sus proprios amigos, porque desde cotonees 
él se desvaneció y ellos se ofendieron • Al fin del otoño 
se hallaron en medio la provincia deMacedonía, ios 
pueblos enemigos poderosos, y aun no maltratados con 
la guerra ; pero los daños de Tracia, su provincia mas 
Tecina, les sirvió de escarmiento para prevenirse dentro 
de lus ciudades, y recoger los frutos de la campaña. 
Cuidadosos pudS los catalanes de poner su asiento por 
aquel invierno en algún sitio acomodado , corrían toda 
la tierra , reconociendo puestos que poder ocupar y re- 
' coger bastimentos y vituallas compradas con sangre y 
con dinero. Últimamente, después de haber hecho 
grandes daños en toda la provincia, se hicieron fuertes 
en las ruinas de la antigua Casandría, uno de los roe- 
jures puestos de toda la provincia , por estar vecino al 
mar, y toda la comarca de aquel cabo fértil y apacible, 
por los mucho senos y entradas que el moj' hace, y de 
donde fiícilmenle, ó por lo menos con mas comodidad 
que de otro cualquier lugar, podian hacer sus entradas 
la tierra adentro, y tener la Tesalónica, cabeza de la 
provincia, en continuo recelo de su daño. 

CAPITULO LV. 

Priiloa del infante don Fernando en Neirroponte. 

Partió el Infante de la isla de Torso con Ramón Mon- 



tañer , y mandó que se le entrefl;ase á Montaner la me- 
jor galera, qiie fué la que llamaban Española. Con estas 
.cuatro galeras, un leño armado y una barca de Mon- 
taner, fueron navegando por la costa.de Tracia y 
Macedonia, hasta el puerto de Almiro, lugar del 
ducado de Atenas , donde el Infante había dejado cua- 
tro hombres cuando venia , para hacer bizcocho para 
cuando se volviese. Halló ei Infante que, contra la fe y 
palabra común, le habían tomado el bizcocho, y mal- 
tratado los cuatro que lo hacían. Tomó el Infante lue- 
go salisfacion del daño que había recibido , echando 
gente en tierra y saqueando el lugar de Almiro, doode 
todo se llevó á sangre y fuego. Después de haber sa- 
queado, y satisfecho la pérdida pasada, de allí pasaraa 
á la isla que Montaner llama Espol; yo entiendo que 
fué la que hoy se llama el Scíro. Saqueó toda la isla 
y combatió el castillo sin fruto. De allí tomaron el ca- 
bo de la isla de Negroponte, y quiso el Infante entrar eo 
la ciudad, porque cuando vino á Romanía estuvo en 
ella y fué muy bien recebido y festejado. Montaner y 
los demás capitanes de eiperiencia le advirtieron que 
no convenía poner á riesgo su persona y la de los que 
con él iban , después de haber saqueado los lugares del 
duque de Atenas, con quien losstñores de Negroponte 
tenían confederación. ISodió crédito á sus buenos con- 
sejos ; y usando de su poder absoluto , con evidente 
peligro entró en la ciudad, y hallaron en el puerto diez 
gateras de venecianos que habían venido á instanda de 
Carlos de Francia, á quien dio el Papa la investidura 
de los reinos de Aragón cuando d rey don Pedro ocu- 
pó á Sicilia. Traían un caballero francés, llamado Ti- 
baldo de Sípoys, para que en nombre de Carlos, su prín- 
cipe, tratase en Grecia nuevas confederaciones y amis- 
tades, y particularmente de los nuestros, de quien es- 
peraba Cáríos su remedio, porque tenia pensamiento de 
venir en persona, por los derechos que pretendía al im- 
perio, á echar del al emperador Andrónlco. Ellufaote 
ya no tuvo lugar de arrepentirse ni volver atrás , por- 
que fuera dar mayor sospcclia ; pero antes de desem- 
barcar, quiso que le asegurasen y diesen palabra de do 
ofendelle. Híciéronlo con mucho gusto al parecer , Ti- 
baldo el primero , y los capitanes de las diez galeras 
venecianas, que se llamaban Juan Tarín y Marco Mi- 
sot, y los tres señores de Negroponte. Con esto le pare- 
ció al Infante que estaba seguro. Saltó en tierra, donrle 
le convidaron para aseguralle mas y quitar á las gale- 
ras la mayor defensa, que era rl estar allí su persona y 
las de quien siempre le acompañaban, que entre ellas fué 
la de Montaner. Apenas puso el Infante el pié en tierra, 
cuundo las diez galeras venecianas dieron sobre las del 
Infante | el bajel ile Montaner, donde acudió mucha 
gente, porque tenían noticia que habia dentro grandes 
riquezas. Mataron al entrar cerca de cuarenta humbres 
que se quisieron defender, y al mismo tiempo pren- 
dieron al Infante , con hasta diez de los mas princi- 
pales que estaban en su compañía. Tibaldo luego libró 
la persona del Infante á micer Juan de Mis!, señor de la 
tercera parte de Negroponte, para que le llevase al du- 
que de Atenas en nombre de Cáríos de Francia, cuya 
orden se aguardaría para disponer de la persona del 
Infante. Lleváronle con ocho caballeros y cuatro es- 
cuderos á la ciudad de Atenas, doñdf fué entregado al 
Duque, y por bu orden con muchas guardas llevado al 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



83 



castillo de Son Torocr, donde qoedó prísioiiero algunos 

días. 

CAPITULO L\T 

BMifert f n gente prestas Jorameito de fldelidad á Tibaldo 
de Sipoys, en nombre de Carlos de Fraocia. 

Ed este tiempo ya Tttuldo trataba de traer al servi- 
cio de Carlos á Rocafort y ¿ toda la compañía, y pro- 
coral» granjearles por todos los medios qac pudo. No 
falté quien le advirtió que en ninguna cosa podia ganar 
oías la voluntad de Rocafort , que entregándole dos de 
aquellos prisioneros que tenia ; que el uno de ellos era 
MoDtaoer , y el otro Garci Gómez Palacin , enemigo 
grande de Rocafort. Tibaldo dio crédito al aviso , y sin 
mas averiguación embarcó en sus galeras á Montaner y 
i Palacin, y él en persona partió la vuelta del cabo de 
Casaadría, donde estaban los nuestros con Rocafort ; y 
apeoas bubo llegado á su presencia , cuando le presen- 
tó los dos prisioneros, parecióndole que habian de ser 
d medio de sus amistades, y así fueron ellas tan desdi- 
chadas, pues se fundaron en la sangre y muerte de un 
iaocente. Entregáronse ambos prisioneros , pero con 
diferente suerte; porque al uno le apartaron para qui- 
tarle la vida, y al otro para darle libertad. Honraron 
con grandes demostraciones de contento á Montaner, 
y á Palacin mandó Rocafort cortarle luego la cabeza, 
sin darle mas tiempo de vida de la que el verdugo tardó 
á darle la muerte , y sin que persona alguna se atrevie- 
se á replicar sobre ello á Rocafort. Que se baile hombre 
tan ruin como Rocafort entre tantos soldados y capita- 
nes, no me cansa admiración; pero ¡ que entre todos ellos 
no se bailase un bonibre de bien que detuviera ó repli- 
cara á Rocafort, advirliéndole siquiera que ofendía su 
fama yoscorecia sus bechos con ejecución tan inliuma- 
DA y fuera de tiempo! Era Garci Gómez Palacin ara- 
gonés, valiente sol Jado y bonrado caballero, aunque 
desdicliado; principal capitm y valedor del bando de 
Bereoguer de Eotenza y Fernán Jiménez de Árenos. 
Con este becbo, indigno de cualquier bombre que lo 
sea, perdió Rocafort amigos y reputación , pues dar la 
muerte á un caballero que se retiraba como vencido á 
la patria, de donde no le pudiera ofender ni impedir su 
grandeza, fué indicio y sefial manifiesta de su crueldad 
yfiereía. Montaner, como babia sido maestre racional 
de ooeslro ejército , y era el que mandaba todos los oii- 
ciaJes despluma, tenía granjeados con su buen térmi- 
no y verdad los ánimos de todos los soldados; y asi , le 
amaban como á padre : cosa raras veces vista , amar los 
soldados la gente de pluma , á quien ordinariamente 
aborrecen y murmuran , porque les parece que estando 
descaQsados,con trampas y enredos, en daiio de la mi- 
licia se acrecientan y enriquecen, y ellos con mil tra- 
bajos y peligros viven siempre en una miserable suerte. 
Recibieron todos á Montaner con regocijo general , y 
luego le dieron una posada de las mas bonradas que 
lubia, y los turcos y turcoples los primeros le presen- 
taron veinte caballos y mil escudos, y Rocafort un ca» 
bailo de mucbo precio y otras cosas de valor^ sin que 
bubiese persona de estimación en todo el ejército que 
00 le diese algo. Tibaldo de Sipoys y los capitanes ve» 
necianosque le entregaron, quedaron corridos de ver 
que se hiciese tanta buura á quien ellos babian robado 
cuauto tenia I y temieron que no le biciese daño en 



desbaratar sus trazas y pretenq'ones; pero Montaner 
era cuerdo, y como no le pareció cosa segura quedarse 
en nuestro campo, ni las impidió ni las favoreció. Ro- 
cafort, que basta entonces babia estado dudc^so en acep« 
tar lo que por parte de Garlos de Francia le ofrecía Ti- 
baldo de Sipoys, porque el respeto de la casa de Ara- 
gón le detenia, pero cuando tuvo por cierto que por 
no baber querido admitir al Infante por el rey don Fadri- 
que , las casas de los reyes de Aragón, Sicilia y Mallor- 
ca le serian enemigos ,vino en lo que Tibaldo desea- 
ba, que la compañía le recibiese por su general en nom- 
bre de Garlos de Francia, ofreciéndoles el sueldoavcn- 
tajado y grandes esperanzas, que era lo que les podia 
dar. Gon esto le juraron fidelidad , forzados , á lo que yo 
puedo juzgar, de la violencia de jRocafort, porque des- 
cebar á su príncipe natural y tomar al extraño y ene- 
migo, no es posible que los catalanes y aragoneses vo* 
luntariamente lo consintiesen , ni Rocafort lo intentase, 
sino por la seguridad que tenían en los turcos y turco- 
ples y parte de la almugaveria , que ciegamente le obe- * 
decían; aunque lo que Rocafort bizo no parece que fue- 
se traición , porque no toiqó las armas contra sus prín- 
cipes, sino solo se apartó de su servicio : cosa en aque- 
llos tiempos lícita y usada, y mas cuando precedian 
agravios. Ni menos fué por aborrecimiento que tuvie- 
sen á la casa de Aragón y amor á la de Francia, sino 
que quiso arrimarse por entonces al príncipe menos po- 
deroso, para con mas facilidad apartarse del cuando 
sus cosas llegasen al estado en que esperaba verse. 
Porque corría una voz entre muchas , que Rocafort se 
quería llamar rey de Tesalónica ó Salónique, y no era 
esto sin algún fundamento, pues había mudado el sello 
del ejército , que era la imagen de san Pedro , y en su 
lugar mandó poner un rey coronado : scHules eviilentes 
de sus altos y atrevidos ponsamieutjs. Tules briu^ co- 
bra eique tieue en su mano un ejército vitorioso y ami- , 
go; y pienso que fueran mas que pensamientos, y que 
sin duda llegara á ser principe absoluto, si su grande 
ovarícia y soberbia no atajara los pasos de su próspera 
fortuna, al tiempo que lo ofrecía un estado con que pu- 
diera fundar y engrandecer su casa. Que si Rucafort 
viviera cuando los nuestros ocuparon los estados de 
Atenas y Neopatría, tengo por siu duda que no Huma- 
ran al rey de Sicilia, sino que le recibieran por su prín- 
cipe y señor, pues se pudiera hacer con muy justo titu- 
lo, habiendo sido Rocafort su general tantos anos, en 
tiempo de tantos trabajos, y debajo de cuyo mando y 
gobierno habían alcanzado tantas Vitorias y dudo glo- 
rioso fin á tan señaladas empresas. 

Luego que las galeras venecianas vieron á Ti' aldo 
general del ejército en nombre de Garlos, partieron la 
vuelta de su casa, y Rumon Montaner con ellas, aunque 
le rogaron mucbo que se quedase; pero como él cono- 
cía la poca seguridad que había en la condición de Ro- 
cafort, jamás quiso quedarse, ni a(Un pidiéndoselo muy 
encareddamenteel mismo Tibaldo. 

« 

CAPITULO LVII. 

Kontaner eon las galeras uneclanas vaelveal Negroponta» 
y en Atenas se re eon el infaDte don Fernando. 

Juan Tarí, general de las galeras venecianas, por ór-* 
den de Tibaldo dio una galera á Montaner para que 
llevase en ella sus camátadasi sus criados y su ropa, y 



5* DON FRANCISCO 

su persona se embarcó en Ya capitana con Tari, de 
quien fué por extremo regalado y servido. A mas deesto^ 
Tibaldo dio cartas á Mootaner para Negroponte , en que 
mandaba que se le restituyese todo lo que se le babía 
robado de su galera cuando prendieron al Infante , y 
esto so pena de la vida y perdimiento de bienes si* al- 
guno lo ocultase. Con este buen despacho partió Mon- 
taner á Negroponte con las galeras venecianas, donde 
llegaron con buen tiempo , y luego se notificaron las 
cartas de Tibaldo al justicia mayor de venecianos: Hi- 
ciéronse luego pregones con las penas dichas á los que 
no restituyesen , y Juan Damici y Bonifacio de Verona, 
como señores también de la isla, hicieron los mismos 
pregones cuando vieron la carta de Tibaldo, supremo 
ministro en aquellas partes del rey de Francia. Fueron 
los pregones poco obedecidos , porque no se hicieron 
sino solo para satisfacer y cumplir con esta demostra- 
ción con Tibaldo; porque Montaner no cobró cosa al- 
guna de las perdidas ni se le dio otra aattsfacion. Mon- 
' tañer, como verdadero criado y servidor del Infante, pi- 
dió á Juan Tari que le diese lugar para ir á la ciudad de 
Atenas á verle y consolalle en su prisión; que como na- 
ció subdito de los de su casa, no podía dejar de acudir 
en caso tan apnetadocomo el velle preso. Tari con mu- 
clia cortesía le ofreció de aguardar cnatro días en Ne» 
gropoBte , en que tendría bastante tiempo para ir á vi- 
sitar al Infante y volverse, porque de Negroponte á 
AtéAas haWa solas veinte y cuatro millas. Partió Mon- 
taner con cinco caballos, y en llegando á la ciudad qui- 
so ver al Duque, y aunque le halló enfermo, le dio lugar 
para que le viese , y le recibió con mucha cortesía, y 
con palabras muy encarecidas le significó el sentimien» 
to que había tenido del suceso de Negroponte cuando 
le robaren su galera , y ofreció que en todo lo que se le 
ollrecíese le ayudaría con veras. Montaner respondió 
que estimaba mucho la merced y honra que le hacia; 
pero que solo deseaba ver al infante don Femando. 
DióYe licencia el Duque con mucho cumplimiento, y 
mandó que el tiempo que Montaner estuviese con el In- 
fante , todos cuantos quisiesen pudiesen entrar en el 
castillo y visitulle. Dieron luego libre la entrada de Sant 
Ober ; y Montaner, en viendo ai Infante, las lágrimas le 
sirvieron de palabras, que mostraron el sentimiento de 
ver su persona puesta en manos de extranjeros. El In- 
fante, en lugar de recibir algún consuelo de Montaner, 
fué él el que se le dio y animó con palabras de grande 
valor y constancia. Dos dias se detuvo Montaner en su 
compañía , platicando los medios mas necesaríos para 
su libertad , y últimamente , quiso quedarse para servi- 
He y asistineen la prisión; no lo consintió el Infante, por 
parecellemas conveniente que fuese á Sicilia á tratar 
con el Rey de su libertad. Dióie cartas para el Rey , y le 
encargó que, como testigo de vista, refiriese á sü tio todo 
lo que habla pasado en Tracia y Macedonia acerca de 
admitiile en su nombre. Con esto se despidió Monta- 
ner , y fué á tomar licencia del Duque para volverse, de 
quien fué regalado con algunas jo^aa , que le fueron de 
mucho provecho , porque todo el dinero que traía ha- 
bía dejado al Infinté , y apartido sus vestidos entre 
los que lé servían. Vuelto ¿ Negroponte, se partieron 
mego las galeras , y navegando por las costas de h lk>- 
rea, llegaron á ?a isla de la Sapiencia, donde toparon 
cuatro galera» de Riambaü ímhr, de quien ya tenia 



DE MONCADA. 

lengua Montaner. Los venecianos, sospechosos siempre, 
como gente de república , apartándose con Moatane/, 
le preguntaron si Riambau Dasfar era hombre que les 
guardaría fe. Respondióles que era buen caballero, y 
que él no sería enemigo ni ímría daño á los amigos del 
rey de Aragón, y que con seguridad podrían estar to- 
dos juntos y honrar á Riambau. Con esto se sosega- 
ron, y Montaner pasó á la galera de Riambau Dasfar, y 
luego todas se juntaron, y se convidaron los capitanes 
con mucha llaneza y seguridad.. Llegaron á Clareada, 
donde se detuvieron las galeras venedanas, y entonces 
Montaner se pasó á las de Riambau, en cuya compuá 
llegó á Sicilia , y en Castronuevo se vio con el Rey , y le 
dio larga relación de lo que pasaba , juntamente coala 
carta del Infante. Mostró el Rey gran sentimiento, y 
luego escribió al rey de Mallorca y al rey de Aragón 
para que todos juntos ayudasen á la libertad de don 
Femando; y en este medio Carlos, hermano del rey de 
Francia 9 escribió al duque de Atenas que enviase li 
persona del Infante al rey Roberto de Ñápeles. Obedeció 
el Duque ; y así, vino el Infante á Ñápeles preso , donde 
estuvo un año en una cortés prisión ; porque salii á ca- 
za y comía con Roberto y con su mujer, que era n 
hermana, Eli rey de Mallorca , su padre, por medio del 
rey de Francia le alcanzó libertad; con qua el lobnte 
vino á Colibre á verse con su padre. 

CAPITULO LVIII. 
Prisión de Bereagaer y Cisbert de Roeaíart 

Los nuestros, después que admitieron por espita 
general á Tibakk>, y le juraron en nombre de Carlos, 
hermano del rey de Fnmcía , mantuvieron el puesto de 
Casandría , sustentándose de las correrías y entradas 
que hacian la tierra adentro, basta llegar á Tesalónici, 
donde estaba la Emperatriz con toda su corte, con to- 
das las riquezas y tesoros del imperio de los griegesi 
que esta ambiciosa miyer había recogido para acre- 
centará sus hijos, en grave daño de Míguel,su entenado, 
sucesor legítimo del padre. Mientras Rocafort, sin re- 
celo de mudanza, trataba de su aumento y grandezt, 
llegó el fin de su prosperidady principio de su desdichi, 
que las mas veces suele ser en la mayor conílaoza y se- 
guridad del hombre, para que se conozca clarameole 
la instabilidad de las cosas humanas , y que no bay po- 
der que pueda en sí proprio asegurarse, porque las can- 
sas de su acrecentamiento son las mismas de su ralos- 
La primera causa y motivo que tuvieron sus enemigos 
para derriballe fué conocer en él un grande descono- 
cimiento de lo que debía á su propria naturaleza y san- 
gre, pues á mas de ser cruel , era codicioso y lascivo : 
insufríbles vicios en los que mandan; porque la vida, 
honra y hacienda, bienes los mayores del hombre mor- 
tal, andan siempre en peligro. El deseo de tomar sa- 
tísfacíon y venganza de lofr agravios recibidos de Ro- 
cafort, con e! miedo se encubríeron, hasta que tomaron 
lá ocasión del poco caso y respeto que Rocafort teoia á 
Tibaldo, y secretamente pusieron en plática su libertad, 
pareciéndoles que hallarían en Tibaldo, como en bom- 
bre ofendido, el rtmedio de sus agravios, pues casi 
eran comunes á todos. Dijeron á Tibaldo que les ayo- 
dase á s&lir de tan dura servidumbre y que se repri- 
miese Ta insolencia de Rocafort, pues olvidado delegue 
debía hacer un buen gol^madorycapitan.atropellattdo 



EXPEDICIÓN PR CATALANES T ARAGONESES. 



ttS 



hs leyes natarfties , usaba de su poder en cosas ilícitas 
y fuera de toda razón , y de los subditos libres como de 
sos esclavos , y de los bienes ajenos como suyos pro- 
príos. Que ya era tiempo que las maldades de Rocafort 
toríesea castigo, y sus trabajos y peligros fin; que pues 
éJ era la suprema cabeza , pusiese el remedio conve- 
DÍente y diese satisfacion á tantos agraviados. Tibaldo, 
como solo y forastero , temiéndose que no fueran echa- 
dizos de Rocafort para descubrir su ánimo, respondió 
con palabras equívocas, ni cargando á Rocafort ni des- 
esperándoles á ellos. &a el francés hombre muy pru* 
dente y de grande experiencia , y quiso, aunque agra- 
viado de Rocafort, tentar el camino mas suave para 
rooderalle ; porque como el principal motivo de su ve» 
ntda habla sido para tener de su parte nuestro ejército, 
no reparaba en su particular >autoridad, sino en lo que 
habla de ser de importancia para el príncipe cuyo mi- 
nistro era. El primer medio que tomó fué hablar con 
gran secreto á Rocafort y pedille que se fuese á la 
mano en sus gustos, poniéndole delante los daños que 
le podrían causar. Pero Rocafort , poco acostumbrado 
i sufrir personas que pretendiesen detener y corregir 
sus desórdenes , respondió á Tibaldo con tanta aspe- 
reza, que le obligó á poner remedio mas violento ; y des- 
esperado de poder mantener á Rocafort en el servicio 
de so principe si no se le consentían sus ruindades, de- 
termmó vengarse del y dejar nuestra compañía. Pero 
disimuló esta determinación hasta que un hijo suyo vi- 
niese con seis galeras de Venecia, adonde le habia en- 
viado algcmos meses antes. Lleg;tfron dentro de pocos 
dias ; y Tibaldo, cuando se vio seguras las espaldas, en- 
vió con gran leereto á decir á los capitanes conjurados 
goe le hkieseü saber en lo que estaban resueltos de los 
negocios de Rocafort. Ellos respondieron que juntase 
consejo, y que en éi vería los efetos de su determina- 
ción. Dióse Tibaldo por entendido, y al otro día hizo 
juntar el eonsejo , publicando que tenia cosas impor- 
tantes que tratar en él. Vino Rocafort con la insolencia 
yarrogaocia que acostumbraba. A la primera plática 
que se propuso, comenzaron todos á quejarse del ; pero 
como hasta entonces no babia tenido hombre que le 
osase contradecir ni que descubiertamente se le atre- 
tieae, alborotóse extrañamente , y con el rostro airado 
y palabras muy pesadas tos quiso atrepellar, como so- 
la. Entonces los capitanes conjurados se fueron levan- 
tando desús asientos; y llegándosele mas, multiplican- 
do las quejas y acordándose de los agravios que á todos 
bacía , diciendo y haciendo , le asieron á él y á su her- 
mano , sin que pudiesen resistirse , porque los conjura- 
dos eran muchos y resueltos. Luego que tuvieron pre- 
sos á entrambos hermanos y entregados á Tibaldo, 
aeometieron la casa de Rocafort y la saquearon toda, 
alargándose la licencia militar, conoo suele en casos 
semejantes, sin detenelles el respeto que debían tenj|r 
& las paredes de quien babia sido su general tantos 
^os , y con su espada y vabr haberles defendido tantas 
Teces. 

CAPITULO LIX. 

1^do,Utfiiidoeia8ifo loidMliarmaiios presostd^a el ejército* 
f iM Ueía á Mápoles, donde lea dieron nnerte. 

La prisión de Roeaiort caueó diferentes efetos , por- 
que sus amigos se entristecieron^ como participantes de 



sus delitos , y hubieran necbo alguna demostración de 
Kbralle, si no dudaran de que un caso tan grave no era 
posible haberse emprendido sino con gran prevención 
de ayuda y lados ; y mas, que aun no habían reconocido 
cuáles eran amigos ó enemigos declarados : cosas que 
muchas veces suele ser de importancia para los que 
acometen casos tan repentinos y prontos. Los turcos y 
turcoples, que eran los fieles á Rocafort, quedaron tan 
pasmados y atónitos del hecho, que no pudieron tomar 
resolución. Los almugavares estaban divididos : la ma- 
yor parte le amaba , la otra le aborrecía ; pero toda la 
gente de estimación y la nobleza, como la mas ofendi- 
da, era la que procuraba con muchas veras su perdi- 
ción. Aquella noche que- Rocafort estaba preso fué 
toda inquieta y llena de recelos. A la mañana ya pare- 
ció que habia mas sosiego , porque supieron que Roca- 
fort y su hermano estaban vivos. Pero cuando á Tibaldo 
le pareció qtte tenia á áodos los del ejército mas des- 
cuidados y seguros, una noche con gran secreto em- 
barcó á los dos hermanos Rocaforts en sus galeras, y él 
juntamente con ellos navegó la vuelta de Negroponte, 
dejando burlada toda nuestra compañía. A la mañana, 
cuando vieron partidas las galeras, y que Tibaldo se 
llevaba en ellas á los dos hermanos, alteráronse todos 
mucho, y decían que aunque Rocafort fuese de tan rui- 
nes costumbres, era su capitán, y no les parecía justo 
entregarle á sus enemigos para que hiciesen escarnio 
del y de nuestra nación, dándole una muerte vil y afren- 
tosa, en mengua de todos ellos ; que si Rocafort la me- 
recía, que se la hubiera dado el ejército por sus manos, 
y no ponerle en las de sus mayores enemigos. Con esta 
plática se fueron encendiendo los ánimos , atizados de 
los amigos íntimos de Rocafort , de suerte que llegaron 
á tomar las armas los almugavares y turcos contra los 
que se habían señalado en su prisión, y con una furia y 
coraje increíble los iban buscando por sus atojamiei>- 
tosy matando los que topaban , sin que hubiese soldado 
ni caballero que se atreviese á resístiríes : tanta fué Ja 
afición y voluntad que la gente de guerra tuvo á Roca- 
fort , qne jamás la pudieron borrar sus nialJades y ruin 
correspondencia con los amigos , ni en esta oeasion 
pudo sosegarse hasta vengarle y satisfacerse muy á sU 
gusto. -Quedaron muertos deste alboroto ó motín ca- 
torce capitanes de los mas conocidos enemigos de Ro- 
cafort, y otra mucha gente de los aGcionados y criados 
degtos capitanes, que quisieron^ principio resistir: 
cosa notable qne los nuestros, puestos en medio de sus 
enemigos , tres años continuos luciesen ellos siempre 
guerra civil , derramándose mas sangre que en todas 
las demás que tuviero(p con los extraños. Y aunque las 
guerras civiles «on de ordinario ocsl^ion de no tenerlas 
con los extranjt^niB , no sucedió esto á los nuestros, pues 
á un mismo tiempo acometían al enemigo y se mataban 
entre ellos. 

Tibaldo llegó á Ñápeles con los dos hermanos Roca- 
forts presos, y los entregó al rey Rdberto, su mortal 
enemigo. El origen destaenemístad fué no haberle que- 
rido Berenguef de Rocafort entregar unos castillos de 
Calabria, que per razón de las paces hechas entre los 
reyes le pertenecían, hasta que le satisfaciesen lo cor- 
rido de sus pagy á él y á su gente ; y como los reyes 
tienen por injuria y atrevimiento grande pedilles paga 
de servicios por medios violentoe , aunque por entonces 



50 DON FRANCISCO 

salislixo á Rocafort, quedóle siempre vivo el sentimiento 
desle agravio. Mandó luego que los llevasen á los dos 
liermanos al castillo de la ciudad de Aversa , y que en- 
cerrados en una obscura prisión, los dejasen sin darles 
de comer hasU morir. Fué Bcrenguer de Rocafort el 
mas bien afortunado y valiente capitán que hubo en 
muchas edades , y el mas digno de alabanza, si al paso 
de su prosperidad no crecieran sus vicios. Sirvió al rey 
di»n Pedro y a sus hijos don Jaimey don Fadrique, de ca- 
pitán. Después con nuevos pensamientos se juntó cott 
Roger en la Asia , adQnde Tué con no pequeño socorro. 
Por muerte de Corboran de Alet fué senescal , maestre 
de campo, general del ejército, y después de muerto 
Roger, y Bercnguer preso, le gobernó por espacio de 
cinco años sin competidor alguno, y en este tiempo 
destruyó muchas ciudades y provincias. Venció tres 
batallas con muy desigual número de gente, y en una 
dellas un emperador de oríent%; y mantuvo una guerra 
tanto tiempo en el centro de las provincias enemigas; y 
últimamente , atravesó con su ejército desde Galípoli á 
Casandria , quemando y destruyendo cuanto se le puso 
delante. Nunca fué vencido ni aun en pequeñas esca- 
ramuzas. Triunfó de todos sus enemigos, y en todas las 
guerras civi les y extranjeras fué siempre vencedor; pero 
el remate de todas estas dichas paró en una triste pri- 
sión y miserable muerte , aunque , al parecer de todos, 
juslúimo castigo del cielo, por la sangre inocente que 
derramó desús amigos y de otros muchos que injusta- 
mente murieron á sus manos. Gisbert de Rocafort siguió 
la misma fortuna que su hermano ; pero, segonse colige 
de los historiadores de aquellos tiempos, no procedió 
tan disolutamente como él » aunque fué participante y 
compuñero en muchos de sus delitos, y parlicu^ai mente 
en la ile Bereoguer, y quizá por no tener el lugar de su 
hermano fué menos notado ; porque los vicios se des^ 
cubren mas en la nía} or fortuna. Úuiéo fuesen estos ca- 
balleros, ó de qué familia de las muchas que en Cata- 
luña hubo deste apellido, Munlaner lo calla , como de 
muchos otros que se hallaron en esta grande empresa, 
que ni aun escribió sus mimbres : yerro por cierto ó 
descuido muy notable y de graudisiino perjuicio para 
las casas nobles que boy permanecen en estos reinos, 
cuyos pasados se hallaron en esta tan señalada expedi- 
ción. 

CAPITULO LX: 

Eligen loi eatalmps ipbemadores; y solicitados del doqQd 
de Atéoas, ofrecen de aenrille. 

Después del misék'able caso de Rocafort y de los que 
por él se siguieron , quedó nuestrp ejército , no solo sin 
cabeza , pero sin personas capaq^ de tanto peso; por- 
que el gobierno de tan varias gentes, acostumbradas á 
obedecer famosos capitanes, y envejecidas debajo de 
su mando, mal se pudiera entregar á quien no fuera 
igual á los pasados en valor y nobleza de sangre. Roger 
de Flor fué el que primero los gobernó , hombre , como 
se dijo, señalacrfsimo entre todos los capitanes de su 
tiempo; después Berenguer de Entenza , ilustre por su 
sangre y hazañas; luego Rocafort, famoso por sus Vi- 
torias; y aunque sin estos en nuestro campo liabia mu- 
chos caballeros y capitanes de nombre que pudieran 
ocupar este puesto , babian todos perdido por la cruel- 
dad de Rocafort , que, como á émulos y competidores, 
les procuró siempre su perdición; porque no hay ra« 



DE MONCADA. 

zon que prevalezca en un hombre cuando se atraviesa 
la conservación de un puesto grande , y los medios que 
pone para adquirille y mantenelle no repara en si son 
buenos ó malos, á trueque de salir con su pretensión. 
Juntáronse los del consejo para elegir cabeza , y consi- 
derando la falta que tenían dellas, se resolvieron de 
nombrar dos caballeros , un adalid y un almugavar, pa- 
ra que por todos cuatro juntos , por consejo de los doce 
se gobernase el campo. Con este gobierno se entretu- 
vieron algún tiempo en Casandria, adonde tuvieron 
embajadores del conde de Breña , que sucedió en el do- 
cado de Atenas por hi muerte de su duque , último des- 
cendiente de Boemundo, que por faltarle sucesión de- 
jó su estado al Conde, su primo hermano. Trajo esta 
embajada Roger Desiau , caballero catalán , natural de 
Resellen, que servia al Conde. Con este se asentó el 
trato, ofreciéndoles de parte de su señor que siempre 
que le viniesen ¿ servir, les daría seis meses de pega 
adelantada y las mesmas ventajas que habían tenido en 
servicio del emperador Andrónico. Pero dudábase mu- 
ciio que pudiesen ir á serville süio dándoles armada 
con que pasar, porque por tierra parecía imposible, por 
haber de atravesar tantas provincias, y casi todas de 
enemigos , ríos caudalosos , montes ásperos , y todo es- 
to sin haberlo reconocido. Con todas estas diGcultades 
quedaron firmados todos los conciertos, por si en al- 
gún tiempo le fuesen á servir. 

Pasaron el siguiente invierno los nuestros con algo- 
na falta de baslimonlos ; y así, en abriendo el tiempo, 
trataron de desamparar á Casandria y acoAeteráTe* 
Salónica , cabeza de toda la provincia , y adonde estaba 
la mayor fuerza dclla , porque se tenia por cierto que 
ganada esta ciudad, podrían fundar con mucha segun- 
dad los catalanes y aragoneses su imperio en ella y al- 
canzar las mayores riquezas del oriente, por residir allí 
Irene, mujer de Andrónico, y liarla , mujer de su hijo 
Miguel, con toda su cor^^. No fueron estos consejos 
tan ocultos al emperador Andrónico como se pensaba, 
y trató luego de prevenirse , porque conocía á los ca- 
talanes con bríos para emprender cosas tan grandes y 
al parecer imposibles. Envió capitanes expertos á Ha- 
cedooia á levantar gente para defender las ciudades 
principales. Mundo que dentro dellas se recogiesen los 
frutos de toda la campaña , para asegurarse del daño 
que podía causar ki falta dellos, y dejar al enemigo la 
tierra de manera que no se pudiese mantener de lo qaa 
en ella quedaba. Mundo también que desde Cristopol 
hasta el monte vecino se levantare una muralla para 
¡mpediries la vuelta de Tracia. Con esto le pareció al 
Emperador que acabaría á los catalanes sin «enir con 
ellos á las manos ; que esto jamás quiso que se aventu- 
rase, porque tenia por imposible vencerlos con fuerza 
y violencia, Estuvo bien cerca de salirle bien estas tra- 
Ips á Andrónico, sí el valor de nuestra gente no las hi- 
ciera vanas y sin provecho. 

CAPITULO LXI. 
Sale el ejército de Casandria , y pasa á TesaUa. 

Dejaron los nuestros á Casandria, y vinieron con to- 
do su poder la vuelta de Tesalónica , creyendo bailarla 
en el descuido que ciudad tan grande y populosa pu- 
diera tener, pero fué muy diferente de |o que se pensó; 
porque bastecida de provisiones y de gente de guerra, 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



87 



estaba sobre el aviso. Tentaron de acometella á viva 
faena de asaltos , pero las dos emperatrices que esta- 
ban dentro, asistidas de los mas valientes capitanes del 
imperio, libraron la ciudad; porque los catalanes,.re- 
conociendo tan gallarda defensa, dejaron la empresa, 
j alojados en las aldeas mas vecinas , corrieron la tierra 
pan buscar el sustento; pero como la vieron vacía de 
gente y de ganado, sospecharon la traza del enemigo, 
que ellos no babian prevenido. Trataron luego de par- 
tirse, porque ocho mil hombres, sin los cautivos, ca- 
ballos y bagajes, era númerS grande para poder susten- 
tarse y vivir de lo que el enemigo habia dejado de re- 
cocer. Viendo pues la ruina inevitable si se detenían, 
determinaron'volver ¿ Tnicia por el proprio camino que 
tmjeroo á la venida; pero avisados de un prisionero 
que el paso de Crístopol estaba cerrado con un muro y 
bastante gente para su defensa, tuviéronse casi por per- 
didos, porque creyeron también que tras esta preven- 
ción , los macedones, tracios y lirios y acarnanes y los 
de Tesalia , todos pueblos vecinos , juntas sus fuerzas, 
les acometerían, ó por lo menos les defenderían el bus- 
car el sustento ; con cuya falta forzosamente babian de 
perecer. La última necesidad, como siempre acontece, 
les bizo resolver de atravesar toda la provincia de Ma- 
cedonia y entrar en Tesalia, cuyos pueblos vivian sin 
recelo de sus espadas, porque creyeron que Macedonia 
y las fuerzas que habia dentro della fueran impenetra- 
bles muros para que los catalanes los pudieran ofender. 
Apenas acabaron de tomar este consejo cuando luego 
le pocerón en ejecución , porque Andrónico no le pu- 
diese prevenir ; y así , dejando á Tesalónica , recogien- 
do todas sus fuerzas con increíble diligencia, porque 
el enemigo no les impidiese la entrada de los montes, 
camíoanMi por pueblos enemigos, tomando dcllos solo 
el sustento forzoso; porque el temor del peligro fué 
mayor entonces que su codicia, que por no detenerse 
no la ejercitaban. Al tercero dia llegaron á la ribera del 
rio Peoeo ^ que corre entre los montes Olimpo y Ossa, 
y riega aquel amenísimo valle llamado Tempe, tan ce- 
lebrado en la antigüedad. En las caserías y poblaciones 
liben» de este rio se alojaron , donde, convidados de 
fin regalo y templanza del cielo , pasaron el rigor del 
invierno. Dióles ocasión para este reposo el tener llana 
ysegora la salida para Tesalia , y la abundancia de bas- 
timentos que hallaron en las tierras, poco trabajadas 
antes de gente militar. Fué este valle de Tempe tan es- 
timado de los antiguos , así por la suavidad y templanza 
del aire » como por la religión y deidades que creyeron 
qne liabttaban entre aquellas selvas y bosques y en el 
rio, que le tehian por un paraíso y propría habitación 
de sus dioses. Los gríegos, cuando supieron el camino 
qne ios catalanes babian tomado , poco seguros de que 
no volviesen , no los quisieron irritar, aunque la pres- 
teza de su camino fué de manera , que aunque les qui- 
sieran seguir no pudieran alcanzalles, y quedaron con 
aoevos temores de gente cuya industria y valor excedía 
todas sus fuerzas y consejos. 

CAPITULO LXII. 

B^a el i|AkUd ^e lof catalanes i Ttsalia , y por concierto dejas 
esta provincia f pasan A la de Acajra. 

En entrando la primavera , salió el ejército del valle 
y bajó á Tesalia j sin haber enemigo que se le opusiese; 



con que libremente se hicieron contribuir de la mayor 
parte de sus pueblos que viven en lo llano. Hailúbase 
entonces esta provincia sujeta á un príncipe de poca ca- 
pacidad, casado con Irene, hija bastarda del empera- 
dor Andrónico. Estaba desavenido con su suegro por- 
que no qoeria reconocer la obediencia que debía al im- 
perio ; porque ya en esta tiempo aquella monarquía 
oriental délos griegos estaba en su última declinación, 
•y la mayor parte de los príncipes sujetos no la querian 
reconocer, porque la vieron sin fuerzas, y sin ellas cual- 
quier derecho se pierde; que la sujeción no se da sino 
al poderoso. Así el imperio de los romanos del occiden- 
te ha venido á quedar en un título vano de su grande- 
za, porque Italia, Francia, España é Inglaterra , que 
un tiempo le rindieron tributo y recibieron sus leyes, 
boy se ven libres, porque declinó su poder, y con él se 
perdió su derecho: los godos y demás naciones septen- 
trionales le redujeron á esta misefia. Luego que el prín- 
cipe de Tesalia supo las fuerzas que tenia en su estado, 
y que eran superiores á las soyas , con los buenos con- 
sejeros y ministros fleles que tuvo, alcanzó lo que otros 
no pudieron con las armas , que fué persuadilles con dá- 
divas y con ruegos que saliesen de su estado ; y así, con 
una cortés embajada, después de baber fortiflcado al- 
gunas'ciudades y puestos en defensa , porque también 
fuese esto ocasión de que los catalanes no dejasen lo 
cierto por lo dudoso , ofreciéronles bastunentos nece- 
sarios y Geles espías para que los llevasen ó Acaya ó ú 
donde mejor les pareciese, y juntamente les dieron 
gran cantidad de dinero; porque cuando el poder es 
muy inferior, no se puede tener por desvalor y mengua 
redimir con dinero la vejación que se padece. Juntá- 
ronse los gobernadores y consejeros del ejército , y pon- 
derando las diGcultades y peligros que pudieran suce- 
der de quedarse en la provincia , juzgaron por cosa útil 
y necesaria admitir los partidos y caminar adelante, 
porque cuanto mas se acercaban hacia al mediodía, 
tanto se acercaban ¿ tener cerca los socorros de Sicilia 
y de España. Respondieron á los embajadores que ellos 
admitían el partido , y con esto el negocio quedó con* 
cluido ; y luego por parte del Principe se les entregó el 
dinero y vituallas , y ellos con mucha puntualidad par- 
tieron el dia que ofrecieron de salir. Con esto Tesalia 
quedó libre por su industria de gravísimos daiíos , y tos 
catuhines con la misma los evitaron; porque la guerra 
á todos es dañosa , y muchas veces el vencedor«e di- 
ferencia solo en el nombre del vencido. El camino qne 
los nuestros tomaron fué por la parte montañosa de \h 
provincia de Tesalia, llamada la Blaquia, que forzosa- 
mente hubieron de atravesar parte della. Zurita, cuan- 
do reOere el camino que hizo este ejército , recibió 
grande engaño diciendo que la tierra que pasaron se 
llamaba Vaiaquia, porque no llegó ¿ su noticia que hu- 
bia provincia que se llamase Blaquia; porque Monta- 
ner , de donde él lo sacó, la llama Blaquia , y Zurita, 
ignorando el nombre' y corrigiendo á Monlaner , la lla- 
ma Vaiaquia , llevado de la semejanza del nombre ; poro 
á la Vaiaquia no llegaron los nuestros con cien leguas. 
La Blaquia se debe llamar, que es, según Nicélas, en el 
fin de su historia , la tierra montañosa de Tesalia , que 
viene bien con el camino que los catalanes hicieron y 
con el nombre que Montaner la llama. Sus naturales se 
llaman blacos , gente belicosa y que tuvo muchos años 



58 DON FRANCISCO 

oprimidos á los emperadores orientales, y aun boy en- 
tre ios turcos conservan su nombre y valor, puesto que 
sujetó á tan bárbara y poderosa gente. No acaba Mon- 
taner de encarecer el trabajo que se tuvo en este cami- 
no de la Blaquia , porque siempre fué con las armas en 
la mano y peleando : tanta resistencia hallaron en los 
naturales. Ífo entiendo que una de las mayores empre- 
sas que se hicieron en esta expedición fué el abrir ca- 
mino por ,esta tierra, tan llena de gente plática y valien- 
te. Al fin la ati*avesaron á pesar suyo, con universal ad- 
miración de los que conocieron el peligro, con las bue- 
nas y fieles guias de los de Tesalia. Pasaron el estrecho 
llamado Termopilas , célebre por los trescientos espar- 
tanos que con Leónidas murieron defendiendo el paso 
á Jérjes y la libertad de Grecia. De allí bajaron á la ri- 
bera del río Cefiso , que baja del monte Parnaso y cor- 
re hacia el oríente , dejando á la parte del norte los 
pueblos llamados de los antiguos locrenses, opuncios 
y epieménides , y á mediodía Acaya y Beocia. Llega 
este río basta Lebadia y Hallarte, donde se divide y 
pierde el nombre, y le muda en el de Esopo y Ismeno. 
Esopo corre por medio de la provincia Ática hasta que 
entra en el mar; Ismeno junto de Aulide desagua en el 
mar Euboico , llamado hoy de Negroponte. Por aque- 
llas vecinas aldeas de locrenses se alojó nuestro campo 
para pasar el otoño y invierno, y tomar resolución délo 
que se habia de hacer la primavera siguiente. 

CAPITULO LXIIL 

El daqae de Atonas recibe á los catalanes. 

El duque de Atenas , luego que supo que el ejército 
de los catalanes habia pasado los montes y atravesado 
la Blaquia, envió con mucha diligencia sus embajado- 
res á las cabezas del ejército, temiendo que otros prín- 
cipes vecinos recibiesen á los catalanes en su servicio ; 
porque, como era milicia de tanta estimación, todos 
procuraban tenerla en su favor ; y así , él con grandes 
ofrecimientos de pagas y sueldos aventajados^ les acor- 
dó la palaBra que le dieron en Casandría de venille á 
servir cuando él envió á Roger Deslau. Los catalanes, 
oída la embajada del Duque , les pareció mas útil sa 
amistad qtie la de los otros príncipes vecinos; y así , se 
concluyó el trato con él, que fué el mismo con que sir^p 
vieron al emperador Andrónico. Con estos nuevos so* 
corros el Duque se puso en campaña á restaurarlo que 
sus enemigos habian/wupado de su estado. El mas ?e* 
ciño y poderoso enemigo era Angelo, príncipe de los 
blaeos, y el emperador Andrónico, que como príncipe 
gríego, aborrecía el nombre latino, y quería echar de su 
estado al Duque y á los demás franceses que le seguían. 
El déspota de Larta , Hamada de los antiguos An^-acia, 
también le apretaba con sus armas. Contra las destos 
tres enemigos, que aun divididos eran poderosos, co* 
menzó la guerra el Duque; y fué tan dichoso en ella, 
que no solamente reprimió la furia y rigor de sus ene* 
migos y defendió su estado, pero también cobró treiiit^ 
fuerzas que le habian usurpado. Últimamente se trata* 
ron y concluyeron paces con todos ; pero se hicieron 
muy aventajadas por parte d^l Duque. Todos los suce* 
sos desta guerra que los catalanes tuvieron con los ene* 
migos del Duque , no hay historiador que lo refiera sino 
solo por mayor, ni ha quedado memoria ni papel alguno 
de donde se pudiera sacar algo que ilustrara estos su* 



DE MONCADA. 

cesos, que fueron sin duda muy notables , porque los 
enemigos con que se hizo eran poderosos en número y 
valor. Gran desdicha de nuestra nación que haya en- 
terrado %1 silencio hechos tan memorables, que pudie- 
ran perpetuar su estimación en los siglos venideros. 

CAPITULO LXIV. 

Despide el Doqne con soma ingralitod á los catalanes qae le ha- 
blan servido, sin qnereries pagar ; con qne los anos j los otros 
se previenen para la guerra. 

Luego que el Duque se vio absoluto y pacifico señor 
de su estado, no trató de cumplir su palabra pagando 
lo que habia ofrecido á los nuestros cuando los llamó i 
su servicio; vites bien , tratándoles con poca estima- 
ción , les fué maquinando su ruina : cosa al parecer imr 
posible, olvidarse de tan reciente y señalado beneficio 
como fué restituirle en su estado y reprimir tan pode- 
rosos enemigos. Admiró extrañamente esta novedad 
y mudanza á los catalanes y aragoneses, que espera- 
ban de su mano vivir de allí adelante cen honra y co- 
modidad; porque como el Duque se criara en Sicilia, 
en el castillo de Agosta , mostraba afición á los catala- 
nes , y hablaba su lengua como si fuera natural y pro- 
pria suya. Quedaron suspensos de velie tan trocado 
cuando mas prendas y obligaciones corrían. La traza 
que tuvo el Duque para librarse de las descomodidades 
que la gente de guerra pudiera causar en sa estado ps- 
cíGco, fué la siguiente : entresacó de nuestro cyércitA 
doscientos soldados de á caballo, los de mayor servicio 
y partes , y trescientos infantes , y repartió entre todos 
ellos algunas haciendas, con harta moderación, por 
todo su estado. Quedaron estos contentídnos^ y ios 
demás tambien,esperando de queelDuquehabía de usar 
de la misma libenüidad con ellos. Pero al tieoopo que 
creyeron ver cumplidas sus esperanzas , les mandó el 
Duque que dentro de un breve plazo se saliesen de su 
estado, y que cuando no le obedeciesen, los trataría ce» 
mo á rebeldes y enemigos. Los nuestros, aunque con» 
fusos y turbados de golpe tan poco prevenido, con el 
valor y determinación que solían , le respondieron que 
obedecerían con mucho gusto si les pagaba elsueldo que 
Se les debía, pues tan bien le habian servido, y los seis 
meses adelantados que les ofreció cuando vinieron á so 
servicio; que con este dinero podrían alcanzar bajetes 
para volver á su patria seguros, aunque mal pagados. 
Replicó á esto el Duque con tanta soberbia y con tanto 
desconocimiento de los servicios pasados, 4}ue dijo que 
se fuesen de su presencia y se saliesen de su tierra ; que 
él ni les debia ni les quería pagar lo que con tantaiies- 
fergñenia le pedían; que aprestasen luego sa salida si 
DO querían verse muertos ó cautivos. Esta respuesta 
obligó á los nuestros á que determinasen antea morir 
que salir de su tierra sin que se les diese entera satis- 
flicion. Hiciéronle saber esta reaohidon, y entre tanto 
ce apoderaron de algunos puestos importantes , adonde 
los pueblos, aunque por fuerte, les contribuían par* 
sustentarse. Luego que el Duque supo que los catala- 
nes se querían defender, hizo grandes juntas de gentes, 
así de naturales como de extrañas, para echarles por 
fuerza de su estado , pudiéndolo hacer con menos gas- 
to, menos peligro y menos nota de su Ingratftnd , si les 
despidiera dándoles las pagas que tan bien babien me> 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 



59 



recido. Al fin se resohió de ecliafles por fuerza , ; para 
estoitmtó un poderosisimo ejército, bien desigual con 
nuestro corto poder, porque de atenienses, tebanos, 
píatenses, IocreD8es,toceDse$y magarenses, y ocho* 
cientos caballos franceses, llegó á lener seis mil y cua- 
trocientos caballos y ocho mil infantes, aunque Mon- 
taner quiere que sean muchos roas ; pero en este caso 
me ha parecido seguir á Nicéforo , que lo escribe harto 
difusamente, y pudo tener mas noticia, por hallarse mas 
cerca que Moutaner, que ya no estaba presente en esta 
jornada, y el griego es muy neutral cuando no escribe 
los sucesos de su nación, sino de las extrañas. Los dos- 
cientos caballos y trescientos infantes á quien el Duque 
había dado las haciendas que se ha dicho , viendo el 
pe&gro de sus compañeros, y creyendo que aquel mis- 
mo rigor se había también después de ejecutar en ellos, 
loéronse al Duque, y le dijeron cómo entendían que 
aquel ^érd/lo que t^k junto era para contra sus com* 
paneros y unigos ; y que si esto era asi verdad, ellos le 
rcnuBciaiMUí las hacieBdasquelesdió, porque tenían 
por mejor suerte morir defendiendo ¿ los suyos que 
goiar rjqueas en paz pereciendo dios. El Duque, con- 
fiado de sos ñierzas, que eran tan superiores á las 
nuestras , les respondió con palabras tan pesadas y tan 
llenas de mtl ultrajes y afrentas , que cuando no vinie- 
ran tan resuellos de apartarse de su servicio , solo esta 
respuesta les obligara á procurar vengarse. Las pala* 
bras en todos los hombres han de ser muy medidas , y 
ñas en las principes, porque de la descortesía no se 
puede esperar sino aborrecimiento, y las mas veces 
deseo y cnidado de satiafadon y venganza. Palabras 
desconqncstas causan justa indignación, aun en los 
mas ¿umíMes. La cortesía es lazo con que se prenden 
ios consones, y usada con los enemigos, suele ser 
medio para ablandarlos en el mayor ímpetn de su fu- 
ria. Con esto se fueron los quinientos á juntar con los 
demás oaáalanes y aragoneses , y les avisaron de la úl- 
tima reaolucioii diel Duque ; de qulea dice Nicéforo que 
estaba tan arrogante y soberbio, viendo debajo de su 
nano tanta y tan hicida gente, que ya sus designios 
eran mayores que destruir á los catalanes , porque esto 
k» pensaba hacer como de paso, y entrar después en las 
pfovincias del imperio, haciendo una cruel y sangrien- 
ta guerra iiasta llegar á Gonstantinopla. Pero todas e^ 
fas trazas atajó Dios en sus principios ; porque la so- 
brada confianza de si mismo nunca se logra. 

CAPULLO LXV. 

f itoria áe les eitilaDÉS.eé»tra el ánmat de Atenas , y sa miertec 
«6B 40e los Mttlaaes se tpoderaroa de a^aellos tsta^osj j die- 
ran Sa i sa percgrlDaciOD. 

Los oataiases y o-agODeses» luego que supieron que 
d Dufue eenia marchando eon todo su campo la vueK 
ta de sos ah^jamieniis, hicieron lo que otras veces 
cuando se vieren forzados de la necesidad , que fké po- 
ner eft remedio en solo sa valor. Determinaron salirle 
al encuentro, aunque se hubiese de pelear con tanta 
desigualdad. Hallábanse en nuestro ejército, entre to- 
das las tres naciones, tres mil y quinientos caballos y 
cuatro mil infantes, cuando dejaron sus cuarteles para 
salir á recibir al Duque. Llegaron á alojarse el primer 
dia en unos prados por donde atravesaba una acequia 
muy grande, que uk ofreció un ardid y traza impor- 



tante para su ruina del enemigo. La yerba de los pra- 
dos estaba crecida un palmo alta, bastante para encu- 
brir el terreno. Empantanaron todos aquellos campos 
vecinos, por donde juzgaron que la caballería enemiga 
babia de hacer sus primeros acometimientos. Para la 
suya dejaron algunos en seco , pare que cuando fuese 
menester pudiese salir y escaramuzar por lo enjuto y 
firme. Sucedióles bien la traza ; porque el Duque al 
otro dia vino con todo el ejército , tan poderoso , que 
fué ocasión de su descuido en advertir los ardides del 
enemigo, y le pareció que solo el lucimiento de sus ar- 
mas y galas bastaba para humillar sus enemigos. En 
descubriendo á los nuestros ord^ó sus escuadrones, 
y porque tenia mayor confianza de la caballería , la pu- 
so toda delante , y él en persona, con tina tropa de dos- 
cientos caballeros franceses y los mas lucidos de la 
provincia , tomó la vanguarda. Nuestra gente^ al tiem- 
po que el Duque se disponía para la batalla , quiso ha- 
cer lo mismo, mezclando los escuadrones y tropas de 
los turcos y turcoples entre las suyas; pero ellos so 
salieron afuera, diciendo que no querían pelear, porque 
tenían por imposible que el Duque viniese contra los 
catalanes , de quien habia sido tan bien servido, sino 
que debia ser traza*con que los querían destruir á ellos, 
como á gente de diferente religión. No se turbaron los 
catalanes y aragoneses en esta resolución de los turcos, 
aunque por la brevedad no les podian desengañar, ni 
quisieron rehusar la batalla; antes con mas coraje sa- 
lieron á escaramuzar y cebar al enemigo que viniese á 
buscar su misma muerte. El Duque con la prímer tro- 
pa de vanguarda vino cerrando contra un escuadrón de 
infantería que estaba de la otra parte de los campos 
empantanados, y con la furia que la caballería llevaba 
se metió sin poderlo ndvertir en medio dellos , y al mis- • 
mo tiempo los almugavares, sueltos y desembarazados, 
con sus dardos y espadas se arrojaron sobre los que 
cargados de hierro se revolcaban en el lodo y cieno con 
sus caballos. Llegaron las demás tropas para socorrer 
al Duque, y cayeron en el mismo peligro. El Duque, 
como mas conocido , fué de los primeros que murieron 
á manos de los que poco antes habla menospreciado y 
maltratado con palabras afrentosas. Este suele ser él 
fin de los arrogantes y desvanecidos, que de ordinario 
vienen á perecer donde creyeron que hablan de triunfar. 
Muerto el Duque y los que iban en su tropa , quedó 
lo restante del campo lleno de miedo y confusión, por- 
que ya los catalanes y aragoneses les hablan acometido 
Sor diversas partes, y los turcos y turcoples, satisfechos 
e sus recelos, viendo que los nuestros degollaban 
la gente del Duque, salieron de refresco contra ella, y 
dieron cumplimiento á la Vitoria. Pereció con el Duque 
muchfl^ gente príncipal ; porque de setecientos caballe-. 
ros que entraron en la batalla solos dos quedaron vivos. 
Et uno fué Bonifacio de Verona , y el otro Roger Des- 
lau, caballero de Rosellon y muy conocido en nuestro 
ejército, por haber venido muchas veces con embajada 
del Duque á nuestros capitanes cuando nooraban en 
Casandria. Fué la batalla muy terrible y sangrienta, y 
duró mas el alcancé y el matar que el vencimiento; 
porque en siendo muerto el Duque, y empantanadas 
las primeras tropas de la caballería, hubo gran desorden 
en lo restante del ejército enemigo ,.cott que fué fácil el 
rompellOk Ganada tan señalada Vitoria, pasaron adelan- 



60 DON FRANCISCO 

te , y on pocos dias se apoderaron de la ciudad de Té- 
bas, y luego de la de Atenas, con todas las fuerzas del 
eslado del Duque , rendidas las mas sin esperar sitio, 
porque toda la defensa se habia perdido en la batalla. 
Con esto quedaron nuestros catalanes y aragoneses se- 
ñores de aquel estado y provincia , al cabo de trece 
anos de guerra ; y con esto dieron fin á toda su pere- 
grinación , y asentaron su morada, gozando de las ha- 
ciendas y mujeres de los vencidos; porque después que 
se vieron sin coutradicion dueños de todo , la mayor 
parte de los soldados se casaron con las personas mas 
principales y mas ricas de la provincia , y quedó funda- 
do en ella un nuevo estado y señorío, que nuestros 
reyes de Aragón estimaron mtlcho , por ser ganado, no 
con sus proprias fuerzas ni con la hacienda común de 
sus reinos, sino por hombres particulares subditos su- 
yos : gran dicha de príncipes tener tales vasallos, que 
los trabajos , los gastos y los peligros vayan por su 
cuenta, y el fruto de las Vitorias, la conquista de los 
reinos, la gloria de haberlos adquirido, y el mando 
y gobierno dellos sea por el príncipe en cuyos esta- 
dos nacieron. Estaban los nuestros tan faltos de perso- 
nas principales y caballeros que les gpbemasen , que 
pidieron á Bonifacio de Verona , un6 de los dos caballe- 
ros que quedaron vivos de la batalla, que fuese su ca- 
pitán; pero Bonifacio^ por parecelle que tendría la mis- 
ma autoridad con ellos que tuvo Tibaut, no quiso ad- 
mitirlo que le ofrecían. Dos cosas por cierto extrañas 
hallo en este caso: la primera que pusiesen los ojos pa- 
ra su capitán en extranjero y prisionero suyo; y la sc- 
gimda que él no lo quisiese ser. Desengañados de su 
voluntad, hicieron capitán á Roger Deslau , y le dieron 
por mujer la que lo habia sido del señor de Sola, mu- 
jer principal y rica. Con este capitán se gobernó algún 
tiempo aquel estado. 

CAPITULO LXVI. 

Los toreos, eoo eidfsoo devolver i la patria, dejan el aervleio de 
los catalanes, y por el mismo camino qne vinieron, vuelven á 
Galipoll. 

Los turcos y turcoples, viendo que los catalanes y 
aragoneses sus compañeros habían acabado su pere- 
grinación , y que estaban resueltos de fundar en aquel 
estado su asiento y vida , deseosos de volver á la pa- 
tria , determinaron de apartarse de nuestra compañía; 
y aunque les propusieron diferentes partidos para que 
se quedasen , ofreciéndoles villas y lugares donde des- 
cansadamente pudiesen vivir y participar igualmente 
con ellos del premio de sus Vitorias, nioguna cosa bastó 
á detenerles , porque decían que ya era tiempo de vol- 
ver á su tierra y ver sus amigos y deudos , y mas ha- 
Jlándose con tanta prosperidad y riqueza^ como tenían» 
con las cuales querían que su propria naturaleza fuese 
el centro de su descanso. Con esta resolución se par- 
tieron amigablemente los turcos y. turcoples de nuestra 
compañía la vuelta de su patria. Tomaron el proprio 
camino que trujaron cuando vinieron con los catala- 
nes desde Galípoli. Atravesaron toda Tracia, sin que 
persona alguna les resistiese, talando y destruyendo 
con grande inliumanidad todas las provincias por don- 
de pasaron. Los. turcoples, con Meleco, su capitán, eran 
cristianos , pero m^s en el nombre que en los hechos. 
No quiso intentar nuevo trato para volver al servicio de 



DE MONCADA. 

Andrónico, ó porque Sudó que no se lo admitirían » ó 
ya que lo admitiesen , receló no fuese para después de 
aseguralle darles la muerte ; porque sabían que los grie- 
gos y su príncipe Andrónico estaban muy ofendidos 
de que en la batalla que los catalanes ganaron cabe 
Apros, ellos fueron los primeros que desampararon á 
Miguel, y después dejaron las banderas imperiales de « 
Andrónico, ¿ quien servían, y se juntaron con los cata- 
lanes y aragoneses, sus mayores enemigos, y por siete 
años contínos destruyeron con ellos el imperio : causas 
bastantes para temer cualquier reconciliación ; que tan 
grandes ofensas nunca se olvidan. Desesperado Meleeo 
de tomároste camino, le abrió otro la suerte para qoe 
descansase, porque el príncipe de Servia le ofreció buen 
acogimiento, con condición que no habían de tomar 
las armas , ni usarlas sino cuando él quisiese. Acep- 
tólo Meleco, y quedaron en Servia él y lo^ suyos en 
vida sosegada y quieta, bien diferente de la qne faastaaJlí 
tuvieron. Calel ,' capitán de los turcos, que llegaban 
al número de mil y trescientos caballos y ochocientos 
infantes, entró enMacedonia, donde determinó de estar 
muy d^ asiento, hasta que con seguridad pudiese volver 
¿ su patria, y en este medio hizo tantos daños en aque- 
lla provincia, que fué forzoso, ya que ñütaban las fuer 
zas para echarle con ellas, tratar de algunos conciertos 
con que le obligasen 6 salir. El que pareció mas conve- 
niente para entrambas partes fué que CaleLdesampan- 
ría la provincia si le aseguoiban el paso de Cristopo/, y 
le daban navios con que pudiese pasar el estrecho; 
porque sin estas dos cosas, y faltándole cualquiera ae- 
llas, era imposible volver á la Natolia, su patria. Los 
turcos entonces platicaban poco el ser marineros, por- 
que como tenían aun provincias que ganar en tierra 
firme , no cuidaban de las que estaban de la otra parta 
del mar , y así, no pudo tener Calel esperanza en los 
navios de los de su nación. El estrecho de Cristopol 
era imposible atravesarle, por la muralla que en él 
se habia levantado después que los nuestros le pasa- 
ron. Avisaron al emperador Andrónico de los pao- 
tos con que los turcos daban palabra de salir de la 
provincia; y ponderando como era justo el peligro y 
riesgo que se ponía con su detención, y lo que toda 
Macedonia padecería si los turcos , desesperados de 
que el paso y camino de su patria se les impidiese, y 
que podrían acometer á Tesalónica ó alguna otra em- 
presa semejante, á queladesesperacion obliga, y acor- 
dándose cuan caro le costó el menospreciará los cata* 
lañes, le hizo resolver presto en el negocio y aceptar 
aquellos partidos, y ofrecerá los turcos el paso libre 
de Crístopol , y navios para pasar el pequeño estreclto 
del Helesponto. Y porque nadie los pudiese ofender, 
envió tres mil caballos para guarda suya , con un femó-' 
80 capitanllamado SenancrípEstratepedarea(l),uaade 
las dignidades príncipales de aquel imperio. Con esta 
gente Calel y los demás turcos pasaron el estrecho de 
Crístopol y llegaron cerca de Galípoli , donde se les 
habia ofrecido que se les daría embarcación. 

(1) Strtíopedveka, prefecto de la milicia, segnn Kieéffrú, l^b. L 



CAPITULO LXVII. 

Los criemos rompen la fe prometida i los toreos; y descubierta la 
Inicios , s^Dan un castillo, donde se fortificaron. 

Estaodo ya aguardando los navios la gente y capi- 
tanes de Senancrip, reconociendo las grandes riquezas 
que les turcos se llevaban , y q*ue eran despojos de sus 
proviucías, teniendo por gran vileza dejar aquellos bár- 
baros» siendo tan pocos , volviesen á su patria con ellos, 
determinaron quebrarles el seguro y la palabra real, 
juzgándolo por menos inconveniente que sufrir tanta 
mengua. Tuvieron acuerdo de cómo y á qué tiempo 
les acometerían: pareció que fuese de noche , tiempo 
oportuno para gente descuidada. No se trató el negocio 
con tanto secreto, que los turcos no tuviesen noticia de 
lo que contra elfos "te maquinaba en tan gran ofensa 
de la misma razón y justicia y del derecho universal 
de las gentes, que hace inviolable la fe prometida jaun 
ai mismo enem'go. Levantáronse aquella noche, yocu- 
pnron uo castillo el mas vecino que se les ofreció, y pu* 
siéronse en defensa, con detorminacion de morir ven- 
gados. Senancrip y sus capitanes, como se vieron de&- 
cubiertos, hubo gran confusión entre ellos si era bien 
acometerles ó daravJsoal Emperador de lo que pasa- 
ba. Prevaleció este último parecer , y avisáronle luego. 
Pero aunque el aviso llegó presto y á su tiempo, Andró- 
nico tardó en resolverse : falta muy ordinaria de los prín- 
cipes, y la mas perniciosa, dilatar los remedios hasta que 
pasa la ocasión , y vienen á llegar cuando ya no es po- 
sible que aprovechen ; y esto en tanto es mus peligro- 
so , cuanto el negocio es de mayor importancia , como 
lo son los tocantes á la guerra, donde los yerros peque- 
fiossueloi ser causa de pérdidas de reinos y monar- 
quías. Tardar en la elección de los pareceres que se han 
de seguir es peor que ejecutar el que se tiene por 
menos conveniente. Viósebiep en este caso de cuánta 
mayor importancia fuera para Andró nico , ó mandar 
que hicgo se pelease con los turcos, ó darles navios pa- 
ra pasar el estrecho; porque cualquiera destas dos 
cosasque hiciera , que eran las que le tenian supenso y 
dudoSo, fuera mas acertada que no con la tardanza de 
resolverse daries tiempo para que les viniese socorro y 
la(.vde fortiGcarse y prevenirse, como lo hicieron. 
Purqne desengañados los turcos de que los griegos no 
les guardarían palabra, como gente desesperada, hicie- 
ron grande esfuerzo en avisar á los de su misma nación 
que estaban de la otra parte del estrecho; y estos, como 
supieron el peligro en que seliallabanCaiel y los suyos, 
y las grandes riquezas que tenian, con bajeles peque- 
ños y en muchos viajes pasaron gran multitud de tur- 
cos en su socorro; y viéndose tantos juntos, no solamen- 
te trataron de defenderse, pero comenzaron á correr 
la tierra como pláticos en ella . 



CAPITULO LXVm. 
Los tarcos vraeea á lligael, y hacen grandes dafios en Tracla. 

Hasta que el emperador Andrónico^ temiendo que 
aquellos pocos enemigos iban tomando fuerza^ , se aca- 
bó de resolver en acabarlos de una vez ; resolución que 
por poco le costara la vida á Miguel Paleólogo su hijo, 
porque él en persoda emprendió la jomada con la gente 
de guerra que tenia y gran multidud de villanos , que 
los traía uu» la codicia de recoger los despojos que de 



EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES. 61 

pelear. Tenían todos por cierto que en viendo los tur- 
cos al emperador Miguel y el fuusto y vanidad de los 
cortesanos se rendirían; y fué tanto el descuido de 
los griegos, que como si fueran á caza vinieron la vuel- 
ta de los turcos, sin ordenar escuadrones, olvidados 
de todo punto del manejo ordinario de la guerra, ó fue- 
se por ignorancia ó por parecerles inútil cualquier pre- 
vención para tan poca gente. Los turcos, como no te- 
nían otro remedio sino pelear ó morir vilmente , deja- 
ron las mujeres, niños y haciendas dentro lus reparos 
de sus fortificaciones , con bastante número para su 
defensa , y salieron á encontrarse con el enemigo sete- 
cientos caballos. Venia el emperador Miguel muy des- 
cuidado, pensando hallar á los turcos no en la campa- 
ña, sino defendiendo el poco espacio de tierra que lia- 
bian fortíGcado, y cuando descubrieron la tropa de los 
setecientos caballos que les salían á recibir, fué tanta la 
turbación de los griegos y desorden de los villanos, 
que antes de ser acometidos fueron rotos. Cerró junta 
la tropa de los setecientos caballos turcos por la parte 
donde vieron los estandartes y el guión del emperador 
Miguel , que ni estaba en parte segura ni con la de- 
fensa que debiera. Los villanos á este tiempo ya habian 
vuelto las espaldas y desamparado el puesto que se 
les encargó , y tras ellos muchos soldados de quien Mi- 
guel tenia alguna conGanza , y así se vio en un punto 
sin pelear vencido. Perdió el guión ; y aunque con voces 
y ruegos procuró detener los que buian , no fué oido ni 
creido. Viéndose solo, y que los turcos le apretaban, 
volvió las riendas á su caballo , lleno de lágrimas y tris- 
teza, y huyó como los demás. Los turcos le siguieron, 
y si algunos capitanes y soldados honrados no volvieran 
el^ rostro al enemigo para entretenelle , hubiéranle sin 
duda alcanzado ; pero los turcos, detenidos destos pocos 
que les hicieron resistencia, dejaron de seguir el al- 
cance , y pusieron todas sus fuerzas en rendir á los que 
se defendían , que á poco rato los acabaron , y con esto 
dieron fin y remate á la Vitoria. Saquearon los alojamien- 
tos y tiendas de Miguel , y en la que él estaba alojado 
hallaron mucho dinero y joyas de grandísimo valor, y 
entre ellas una corona imperial con piedras íliiísirnas 
de precio inestimable. Esla vino á las manos de Calel, 
y haciendo donaire de la dignidad imperial , se la puso 
en la cabeza , afrentando de palabra al que con tanto 
deshonor suyo la habia perdido. Una de las causas desta 
rota de Miguel fué pelear con gente 6 quien habla 
quebrado la palabra ; que como el guardarla se debe 
por derecho universal de las gentes, y todas las leyes 
divinas y humanas nos obligan á ello , permite Dios ta- 
les sucesos , y que los bárbaros triunfen de los cristia- 
nos como en castigó de fUn execrable maldad. Debieran 
los griegos aconlarse lo que les costó pocos aiíos antes 
no guardarla á los nuestros, pues estaba á pique de 
perderse el imperio griego si los catalanes y aragone- 
ses tuvieran algún príncipe que les alentara. Después 
desto los turcos, soberbios y atrevidos con la Vitoria tan 
sin pensar alcanzada , corrieron por toda la provincia 
de Tracia, talando y destruyendo lo que podían, sin que 
Andrónico se les opusiese, y esto por el espacio de dos 
años, con tanto temor de los naturales., que dejaron 
de salir á cultivar la tieri-a. 



62 



DON FRANaSCO DE MOJNCABA. 



CAPITULO LXIX. 



Files Paleólogo Teme á los toreos ; eos qae todos quedaron 

muertos y presos. 

mientras el Emperador procaraba traer milicia ex- 
tranjera para levantar ejército, por no poderle formar 
de la propria , Files Paleólogo^ pariente suyo^ hombre 
tenido hasta entonces por encogido , y que solo trataba 
de estarso quieto en su casa , te pidió que le diese li- 
cencia y poder para juntar la gente que quisiese , ofre- 
ciéndose de tomar á su cargo la jomada. Aadrónico 
advirtió la bondad del hombre ; y pareciéndole que de- 
bía ser enviado de Dios para remedio de tantos dañosy 
determinó de encargalle la guerra , y dejársela hacer ¿ 
su modo ; porque tenia por cierto que sus pecados eran 
causa de tan malos sucesos, pues no bastó un grande 
ejército para vencer tan poco número de turcos; y así, 
puso solo su esperanza en la bondad de Files , á quien 
dio dineros , armas y caballos y la gente que quiso. 
Salió Fííes en campaña , y antes encargó á todos que se 
confesasen , porque de otra manera era imposible al- 
canzar alguQ buen suceso. Distribuyó la mayor parte 
del dinero en limosnas con los pobres y en los monas- 
terios para que estuviesen en continua oración : re- 
medios generales pera todos ios trabajos, con los cuat- 
íes se aplaca la ira , y se alcanza la misericordia de Dios. 
Hecho esto, envió por muchas partes á descubrir al 
enemigo. Tuvo luego aviso que Caíel con mil y dos- 
cientos caballos corria I4S campaiías de Bicia , donde 
habia hecho una gran presa. Con esta nueva caminó 
tres dias después que partió de las aldeas vecinas á 
Constantinopla, y asentó su alojamiento cabe el rio que 
los naturales de la provincia llaman Xerogipso. Y al ca- 
bo de dos dias que allí estuvo , cerca de la media no- 
che llegó el aviso como ios turcos estaban cerca, car- 
gados de grandes despojos. Reparóse Files para la ba- 
talla , y al salir del sol se descubrieron dará y distinta- 
mente de ambas partes. Los turcos con gran priesa 
pusieron los carros al rededor de los cautiYos y presa, 
haciendo 6u acostumbrada oración (asi lo cuenta Gre- 
goras) y echándose polvos sobre la cabeza. Al tiempo 
de pelear, Files acometió al enemigo; pero el que go*- 
bernaba el cuerno derecho , matando por sus proprias 
manos dos turcos , fué herido en un pié de suerte^ que 
se hubo de salir de la batalla. Esto turbó de manera la 
gente que peleaba en aquel lado, que casi estuvo des- 
baratada si Files con su valer no Jos animara y detu- 
viera. Peleóse gran rato , pero la Vitoria inclinó á la 
parte de Files, y los turcos, desbaratados y vencidos, 
habiendo gran parte dellos muerto en la batalla, huye- 
ron. Siguióse el alcance hasta ^ue lus turcos llegaron á 
un castillo donde se faabian fortificado. Prosiguió su 
Vitoria Files, y en pocos dias Ik^ó á ponerles sitio. El 
Emperador, cuando supo el buen suceso de la jomada; 
envió algunas galeras de genoveses á guardar el estre- 
cho, para que á los cercados no les pudiese venir so- 
corro. Viéndose los turcos tan desesperados, por tener 
todos los caminos de su remedio cerrados, determina- 
ron salir del castillo da noche y morir como hombres. 
A Files le llegaron dos mil caballos tribales y muchos 
genoveses , con que se apretKse mas el sitió. Los tur- 
cos por ver ¿ Files mas poderoso no mudaron de pare- 
cer; antes con nuevo coraje y brío salieron de noc)ie 



y acometieron los cuarteles del campo, pero fueron re- 
batidos y echados con gran pérdida suya. Otra noche 
volvieron á probar su fortuna, y dieron en las tiendas 
y alojamientos de los tríbalos , de donde volvieron muy 
mal tratados. Resolvieron por últímo remedio desam- 
parar el castillo y tomar la vuelta del mar, donde esta- 
ban las galeras de los g'enoveses, en quien pen^^aban 
hallar alguna misericordia, por no tenerlos ofendidos. 
Era la noche muy obscura ; y asi, muchos de los turcos 
pensando ir hacia el mar , daban en manos de los grie- 
gos, que los mataban sin piedad ; Jos demás llegaron á 
la lengua del agua. Dice Nicéforo que los genoveses 
mataron muchos dellos , y muchos cautivaron ; pero 
Montaner añade que esto ñié debajo de palabra que los 
pasarían á la Natolia sin hacerles daño, y que cuando 
los tuvieron dentro en sus galeras; les ecl^roo enca- 
dena y mataron. Como quiera que ello sea, los turcos, 
compañeros de los catalanes y aragoneses acabaron en 
esta jornada , después de haber ellos solos inquietado 
el imperío cerca de tres años, retirándose quinientas 
millas que hay, ó poco menos, desde Atenas hasta Ga- 
lipoli; y aun para destruirles , con ser tan pocos ^ hubo 
Andrónico de valerse de los tribales y latinos; y con 
todo , se tuvo por milagro que Dios obró por medio de 
Files, porque cuando vieron á Higuel desbaratado y 
veacido, les pareció que ya no serían bastantes fuerzas 
humanas para resistirles, sino que se habia de acudir 
á las divinas. 

CAPITULO LXX. 

De síganos sucesos de los cauísues y aragoneses en Atéau. 

Los catalanes y aragoneses, ya firmes y seguros en las 
provincias de Atenas y Beocia, gob^Dáronse algún 
tiempo por Roger Deslau, como arriba dijimos; pero 
poco después, ó por muerte de Roger, porque se can- 
saron de su gobierno y le animaron, enviaron embaja- 
dores al rey don Fadríque , á quien amaban de corazón, 
por mas agravios y menosprecios que del hubiesen re- 
cibido, y le suplicaron fuese servido dé darles príncipe 
y señor que les gobernase. El Rey con esta embajada 
túvose por satisfecho deJ sentimiento pasado jftr no 
haber querído admitir al infante don Femando , su so- 
bríno, en su nombre. Pero como Rocafort, de quien se 
tenia por cierto que fué el autor deste consejo, era ya 
muerto , y agora le ofrecían lo mesmo que entonces 
pretendía, no pasó adelante con su enojo , aunque para 
mi entiendo que por mas vivo que estuviera su desa- 
brimiento , no dejara perder tan buena ocasión de acre- 
centar á su hijo con un astado tan grande. Tuvo el rey 
don Fadríque su consejo de la persona que les enviaría, 
y pareció por entonces nombrar a) infante Manfredo, 
8u hijo segundo, por príncipe y señor de aquellos esta- 
dos , y por tal le juraron los embajadores en nombre de 
toda ¡a compañía. Pero por ser aun Manfredo de pocos 
años , no quiso el Rey su padre que fuese por enton- 
ces , sino enviar á Rerenguer Estañd , liembre de ran- 
cho valor y prudencia, para que mientras ej Infante 
creciese les gobernase en su nombre. Contentáronse 
con esto' los emb«\jadores, que también traían facul- 
tad de la compañía de poderle a4initir. Partió Reren- 
ruer Estañol juntamente con ellos con sus gal^r^s para 
Atenas , doode íué bien recibido , por verse ya k^ cata- 
lañe» y antgoQ^s^ debajo de la protecdon díe lus pila- 



EXPEDiaON DE CATALANES Y ARAGONESES. 



63 



dpes natorales; y hnbiéranlo procurado antes si Ro* 
cafort por susparUcuIares intereses no impidiera estos 
tan honrados pensamientos. 

Lleudo Berenguer Estañol á tomar el cargo y go- 
bierno de nuestra gente, tuvo luego guerra con los 
príncipes comarcanos, cuándo con unos, cuándo con 
otros ; porque lo tomó por medio conveniente para con- 
servarse en aquellos estados , por ser cosa muy asenta- 
da entre los catalanes que han de ocuparse siempre 
en a^^una guerra eitranjera, por excusar las disensio- 
nes domésticas y civiles que la ociosidad suele des- 
pertar en la fiereza de su natural. Este consejo toma- 
ron prudentísimamente los catalanes de Atenas como 
i principal medio para su conservación. Tenian por un 
lado al emperador Andrónico, con quien pocas veces 
estuvieron en paz ; por otro, al príncipe de la Morea, y 
por otros dos al déspota de Larta y ai señor de Bra- 
qoia. Mientras peleaban con los unos , hacian treguas 
con los otros ; y así se conservaron muchos años con 
tanta reputación en oriente, que he leido en la Historia 
delCantacuseno(i),sacadaá luz por el padre Pontano, 
que rehusando el mismo Juan Cantacuseno, por no 
dejar el lado de Andrónico el nieto , salir de Gons- 
tantinopla á gobernar una provincia, dio por disculpa 
que la provincia estaba vecina de los catalanes, y no 
podía ir á'ella sin mucha gente de guerra ; y esta dis- 
culpa pareció bastante , y se la admitieron. Y en un 
discurso que trae Zurita de un fraile dominico, ani- 
mando al rey de Francia para la conquista de la Tier- 
ra Santa, dice que los catalanes ya habían abierto el 
camino, y que seria lo mas importante de la empresa 
tenerles de su parte y alentarles para que también 
emprendiesen la jomada. Mientras Berenguer Esta- 
da Cutaeieeoos, HiBtorUtrvm hbri vt ex MervretaHwe JmoH 
Htumáf €m mi, UcoH Gr «d^.— Paris, IMS. 



ñol vivió y fué cabeza y capitán en Atenas, tuvieron 
guerras continuas, no con todos ¿ un tiempo, pero 
ya con ynos, ya con otros, sin tener jamás ociosas 
sus armas. Muerto Estañol , volvieron segunda vez á 
pedir al rey don Fadrique gobernador y caudillo que 
por el infante Manfredo les rigiese. Don Fadrique 
quiso darles persona señalada ; y así , mandó, venir de 
Cataluña al infante don Alfonso, su hijo, y con diez 
galeras le envió muy bien acompañado para que go- 
bernase el Estado por su hermano Blanfredo. Fué no- 
table el contento que recibieron los catalanes y ara- 
goneses por tener prendas de la casa real de Aragón 
entre ellos. No gobernó mucho tiempo Alfonso *por su 
hermano Manfredo, que murió de allí apoco. Entonces 
don Fadrique envió á decir á la compañía que admi- 
tiesen por su príncipe y señor al mismo Alfonso que los 
gobernaba. Con esto los catalanes y aragoneses queda- 
ron del todo contentísimos , y tuvieron por seguro su 
estado, pues había de asistir con ellos su príncipe. 
Pusieron gran cuidado en casarle, para que en sus hi- 
jos y descendientes se conservase el señorío. Diéronic 
por mujer la b^a única heredera de Bonifacio de Vero- 
na , á quien ellos amaron y honraron mucho todo el 
tiempo que vivió, y después de muerto quisieron que 
en su descendencia se perpetuase el mando y gobierno 
de aquel estado. Tenia esta señora la tercera parte de 
la isla de Negroponte y trece castillos en la tierra 
firme del ducado de Atenas. El infante don Alonso tuvo 
en ella muchos hijos, y ella vino á ser una de las mu- 
jeres mas señaladas de su tiempo , aunque Zurita no 
siente en esto con Montaner, á quien yo sigo. Con esto 
daremos fin á la Eocpedicion de nuestros catalanes y 
aragoneses, hasta que tengamos larga y verdadera no- 
ticia de lo que sucedió en el espacio de ciento y cin- 
cuenta años que tuvieron aquel estado. 



GÜERM DE GRANADA 

noli poi iL iKY n ispAfli BOH riupi n 

CONTRA LOS MORISCOS DE AQUEL REINO, SUS REBELDES; 

BUTOKU KSGUTA EN COAnO uaKOS 

POR DON DIEGO DE MENDOZA, 

DEL CCmSUO DEL CMVIRADOR DON GÁBLOS V, SU EMBAJADOR IN ROMA Y VKNXGIA^ 8Ü OOBXRNADOR 

Y CAPITÁN GENERAL EN TOSCANA. • 

PnUímidapoffelUoaMÚidoLDIS TBIBALD08 DE TOLEDO, oroMÚUnMiyord^i Rey 

nnettro seSor por Iab Indiai. 



LUIS TRreALDOS DE TOLEDO AL LECTOR. 

Siendo don Diego de Mendoza <}e los sugetos de España mas conocidos en toda Europa, fuera 
cosa supeEflua ponerme á describirle; principalmente habiéndolo hecho en pocos pero elegan- 
tes renglones el señor don Baltasar deZümgSí. Tampoco me detendré en alabar esta Historia, ni 
en {¡robar que es absolutamente la mejor que se escribió en nuestra lengua ; porque ningún docto 
lonieffa, y pndiéraseme preguntar lo que Archidamo lacedemonio á quien le leia un lelogio de 
Hércules : £t quis vituperan Solamente diré qué causas hubo para no publicarse antes; las que 
me moYÍeron á hacerlo agora; qué ejemplar segui en esta edición, y qué márgenes. 

Cuanto á lo primero, es muy sabido y muy antigo en el mundo el odio á la verdad, y muy or- 
dinario {Mtdecer trabajos y contradiciones los que la dicen, y aun mas los que la. escriben. Del 
conocimiento deste principio nace que todos los historiadores cuerdos y prudentes emprenden 
lo sucedido antes de sus tiempos , ó guardan la publicación de los hechos presentes para si^lo 
en que ya no vivan los de quien ha de tratar su narración. Por esto nuestro don Diego deterimnó 
no pubhcar en su vida esta Historia, y solo quiso, con la libertad oue no solo en él , mas en toda 
aquella Uustrisima casa de Mondéjar es natural, deiar á los veniaeros entera noticia de lo qué 
realmente se obró en la guerra de Granada ; y pudo bien alcanzarla por su agudeza y buen juicio; 
por tio del general que la comenzó , adonde todo venia á parar; por hallarse en el mismo reino, 
y aun presente ¿ mucho de lo que escribe. Afectó la verdad y consiguióla, como conocerá fácil- 
mente quien cotejare este libro con cuantos en la materia han salido; porque en ninguno leemos 
nuestras culpas ó yerros tan sin rebozo, la virtud ó razón ajena tan bien pintada, los sucesos todos 
tan verisímiles : marcas por las cuales se gobiernan los lectores en el crédito de lo que no vieron. 
La determinación de don Diego me prueban unas ¿[ravisimas palabras, escritas de su letra al prin- 
cipio de un traslado desta Historia, que presentó á un amigo suyo, en que juntamente pronos- 
tica lo que hoy vemos : Veniet, qui eondt/am, et saectUi sui malignitate compressam verüatem, dies 
jmbliceL Paucis natus est , quihopulum aetatis suae cogitat. Multa anmrum mülia^ muUapapulorum 
supervemerú : ad üla réspice. Étiamsi ómnibus tecutn viventíbus süenttum livor indixerü^ venient qui 
^nc offehsaf qui sine aratia judicent. (Sénec, epistol. 79.) Dije que no quiso sacarla; añado que ni 
pudo , porque no la dejó acabada , y le falta aun la última mano ; lo que luego se echa de ver en re- 
petir cosas que bastaban una vez dichas, como la significación de atajar y atajadores, los daños de 
la milicia concejil, y otras deste jaez; vaun mas de algunas notables omisiones que hacen bulto y 
muestran falta, cual la de lá toma de ualera y muerte de I^uis Quijada, advertida y elegantemente 
suplida por el gran conde de Portalegre ; y otra no menor, cuando siendo encoQiendado lo de la 
sierra de Ronda á los dos duques de Medina-Sidonia y de Arcos, cuenta muy extensamente el 
prof^reso deste; pero en el otro hace tan aUo silencio, que ni aun nos declara las causas de no 
venur á la empresa; áendo asi que para ello debió un tan ^nde señor tenerlas, y aun muchas y 
muy justificaaas.*Otras faltas apuntara, mas basten estas dos para ejemplo. Muerto don Diego, 
viviendo aun personas que él nombraba, duraba el impedimento que en vida; demás de que los 

fl4. 5 



66 



DON DIEGO DE MENDOZA. 



eruditos » á quien semejantes cuidados tocan, quieren mas ganar fama con escritos proprios que 
aprovechar a la repúbbca con dar luz á los ajenos. 

Cuanto á lo segundo, hoy, que son ya pasados cerca de sesenta años, y no hay vivo ninffuno de 
los que aquí se pombraq , cesa va el peligro de la escritura, no doliendo ¿ nadie verse aUi masó 
menos lucido; y aunque hay dellos ilustrisimos descendientes ó i)arieatea, por haber militado 
en esta guerra una muy gran parte de la nobleza de España , seria demasiada melindre y aun 
desconfianza celar alguna faltiila del difunto que les toca, cuando ninguna de las que se notan 
es mortal, ni de las que disminuyen la honra ó la fama ; porque estas no las hubo ni se cometie- 
ron, ni DON Diego, siendo amen era ^ se babia de olvidar tanto de sus obligaciones, que las per- 
Setuase, aun cuando se hunieran cometido. Porque la historia escríbese para provecho y utilidad 
e los venideros, enseñándolos y honrándolos , no corriéndolos ó afrentándolos, aun cuando pan 
escarmiento quiera tal vez ensangrentarse la pluma. Tampoco me acobarda el quedar imperfecU; 

Eues si este Júpiter olímpico , estando sentado , toca con la cabeza el techo del templo, ¿adóode 
egara con ella si se levantara en pié? Adonde si le colocaran y subieran en una básis? 
En esta edición lo que príncii)almente procuré ñié puntualidad, sin dar lugar á ninguna con- 
jetura, ni emendar alguno por juicio proprio : cotejé varíos manuscríptos , haUándolos entres! 
muy diferentes (1), hasta que me abracé con el último, y sin dubda alguna el mas original, que es 
uno del duque de Aveiro, en forma de 4.^, trasladado de mano del comendador Juan iBaptista La- 
baña, y corregido de la del conde de Portalegre, con el cual conocí cuan en balde habia^^ansá- 
dome con otros. Este texto es el que sigo, sin alterarle en nada, y es el genuino y proprio de 
quien en su introducción habla aquel gran conde. Deseaba yo ornar las márgenes con lufres de, 
. autores clásicos, bien imitados por el nuestro, y no me fuera muy diñcil juntarlos; mas guardan- 
dolo para la postre , me sobrevino esta enfermedad tan lar^a y pesada, oue me imposibilitó ; y 
porque se me da mucha príesa, los guardo para segunda edición , si acaso la hubiere, que espero 
serán muy gratos á los doctos. Dábame pesadumbre que ñiese esta gran obra tan desnuda, que 
ni unos sumarios llevase , hasta que se me acordó de los que leí en un manuscripto desta Historia 
que há tres años me prestó aquí un caballero que agora está en Lisboa; adonde al amigo que 
atiende á la edición encardé buscarlos y ponerlos ; y según veo en los veinte pliegos que ya ^tao 
impresos cuando esto escribo, podrán servir en el ínterin ; y esto es cuanto se me ofrece decir al 
lector.* 

(i) Nueve exísteu, algunos con trazas de mucha antigüedad, en el departamento de mannseritofi de la Biblioteca Ki* 
cionai ; y aunque creímos al principio que pudieran servirnos de mucho para la ilustración de esta obra por íascoou* 
nuas variantes que eo ellos advertíamos, cotejados después con la primera edición, nos convencimos de que eranmuj 
inferiores á esta. Uno de ellos, sin embargo, de letra del siglo xvi , que se conserva en el estante G. , núm. 106, piKCt 
haberse compulsado con otros muchos, según se deduce de las enmiendas y aclaractoues marginales que en él abaa- 
dan. De este pues tomaremos algunas variantes que creemos ütiles, anotándolas al pié de Us correspondientes p^yt- 
ñas ; porque uo es justo alterar el texto ni aun en aquellos casos en que parezca defectuosa 



moDocaoN 



M 



DON JUAN DE SILVA, CONDE DE PORTALEGRE, 

fiOBERNÁOOR T CAPITÁN GBNERAL DEL BBINO 9S PORTUGAL, 

A LA HISTORIA DE GRANADA 

DE DON DIEGO DE MENDOZA* 



IIosTR<i i>oif Diego de Mendoza en la Bistoi*ia de la guerra de Granada tanto ingei^io; elocuencia» 
que, al parecer de muchos» adelantó un eran trecho los líniites'de la lengua castellana. Es el e3tilo 
tan grave, y tan cubierto el artificio, que nizo competir una materia estrecha j humilde con ía^ muy 
finas de estado y con cuantos misterios quiere Macchiaveli colegir de Tito Livio. Fué muy diestro 
en la imitación de los antigos ; tanto, que sin perjuicio de nuestra lengua, con proprieoad y sin 
afectación se sirve de los conceptos , de las sentencias, y muchas veces de las palabras de los au- 
tores latinos traducidos á la letra ; y se verán en esta obra cláusulas enteras y mayores pedazos de 
Salustio y de Comelio Tácito. Guardó con gran destreza el rigor ó la apariencia de la neutralidad, 
loando enemigos y culpando amigos : en lo primero se igualó á los mejores • porque no alaba mas 
ni de peor gana Salustio á Marco Tulio, qué don Diego al duque de Alba ; en lo segundo pienso que 
exceojó á todos, porque hablando de su padre y de su hermano como de extraños, y de su sobrmo 
cuasi como enenugo, allá no sé por dónde los toma á enderezar de manera, que vienen á (¡uedar 
como les cumple, amenazados á la cabeza, heridos en la ropa, y al fin alabados. Hasta de las imper- 
fecciones, que no le hablan de faltar, puede ser loado, porque tiene gracia en ellas, no sabiendo 
refrenar cierta travesura suya que le inclina á burlar con las veras á veces demasiado. Tuvo todavía 
una gran desgracia esta historia, que por ser escrita en estilo tan diverso del ordinario , se corrom- 
pieron miserablemente las copias que della se sacaron, y fueron muchas; porque los que no la 
entienden, ó á lo menos no la penetran, por la fama del autor la buscan y la estiman , obligán- 
dose á mostrar que gustan della. Y don Diego también no castigaba mucho sus obras en prosa ó 
en verso, como suelen los grandes ingenios, que no liman con paciencia lo que labran. De aqui re- 
salta notóle algunos ( con causa ó sin causa) que rompió los fueros de la historia, y que merece 
mas loor por partes que por junto. Resultaron asimismo tantos yerros en la orto^rafia y en la pun- 
tuación, que pasó el daño aaelante á trocar, quitar y añadir palabras , sacando de su sitio las con- 
junciones y ligaduras de la oración. Costó trabajo emendar de dos ó tres copias esta, religio^- 
mente como era justo; porque no se mudaron sino puntos, pasando pocas veces á otra parte las 
mismas palabras si; la cláusula no se puede entender bien de otra manera, ó quitando algunas, 
muy pocas, cuando son notoriamente'superfluas. Finalmente, entre esta copia y cualquiera de 
los ongtnales de donde se sacó , hay menos diferencia de las que ellas entre si teman. 



iJB 



mmmmaimm''9m^t^^^-^^ 



GUERRA DE GRANADA 



BICHA POR KL RKT DON RLIPE U 



CÓNTM LOS iOBISCOS DE AQUEL REINO, SUS BEBELDES. 



LIBRO PRIMERO. 

Mi propósito es escribir la guerra que el rey cdtóHco 
de España don Filipe el Segundo, hijo del nunca vencido 
emperador don Garios, tuvo en el reino de Granada contra 
los rebeldes nuevamente convertidos ; parte de la cual 
yo vi, y parte entendí de personas que en ella pusieron 
tas manos y el entendimiento. Bien sé que muchas co- 
sas de las que escribiere paiecerán á algunos livianas y 
menudas para historia, comparadas á las grandes que 
de España se hallan escritas : guerras largas de varios 
sucesos, tomas y desolaciones de ciudades populosas, 
reyes vencidos y jpresos, discordias entre padres y hi- 
jos, hermanos y hermanas, suegros y yernos, desposeí- 
dos, restituidos, y otra vez desposeídos, muertos á hier- 
ro; acabados linajes, mudadas sucesiones de reinos : 
libre y extendido campo, y ancha salida para los escrip- 
tores. Yo escogí camino mas estrecho, trabajoso, esté- 
ril y sin gloria, pero provechoso y de fructo para los 
que adelante vinieren : comienzos bajos, rebelión de 
salteadores, junta de esclavos, tumulto de villanos, 
competencias, odios, ambiciones y pretensiones; dila- 
ción de provisiones, falta de dinero, inconvenientes ó 
no creídos ó tenidos en poco; remisión y flojedad en 
ánimos acostumbrados á entender, proveer y disimular 
mayores cosas ; y así, no será cuidado perdido conside- 
rar de cuan livianos principios y cau«;as particulares se 
viene á colmo de grandes trabajos, dificultades y daños 
públicos y cuasi fuera de remedio. Veráse una guerra, 
al parecer tenida en poco y liviana dentro en casa, mas 
fuera estimada y de gran coyuntura ; que en cuanto duró 
tuio atentos, y no sin esperanza, los ánimos de prínci- 
pes amigos y enemigos, lejos y cerca ; primero cubierta 
y sobresanada, y al fin descubierta, parte con el miedo 
y la industria, y parte criada con el arte y ambición. La 
gente que dije, pocos á pocos junta, representada en 
forma de ejércitos; necesitada España á mover sus fuer- 
zas para atajar el fuego; el Rey salir de su reposo y 
acercarse áella; enconiendarla empresa á don Juan de 
Austria, su hermano, hijo del emperador don Garlos, á 
quien la obligación de las victorias del padre moviese 
á dar la cuenta de sí que nos muestra el suceso. En fin; 
pelearse cada dia con enemigos) frío, calor, hambre, 



falta de municiones, de aparejos en todas partes; da- 
ños nuevos, muertes á la continua; hasta que vimos á 
los enemigos, nacioií belicosa, entera, armada, y cod- 
fiada en el sitio, en el favor de los bárbaros y turcos, 
vencida, rendida, sacada de su tierra, y desposeída de 
sus casas y bienes ; presos y atados hombres y mujeres; 
niños captivos vendidos en almoneda ó llevados á tu- 
bitar á tierras lejos de la suya : captiverio y traosmH 
gracion no menor que las quede otras gentes se leen 
por las historias. Victoria dudosa y de sucesos tan pe 
ligrosos, que alguna vez se tuvo duda si éramos nos- 
otros ó ios enemigos los á quien Dios quería castigar; 
hasta que el fin della descubrió que nosotros éramos 
los amenazados, y ellos los castigados. Agradezcan y 
acepten esta mi voluntad libre, y lejos de todas las cau- 
sas de odio ó de amor, los que quisieren tomar ejemplo 
ó escarmiento; que esto solo pretendo por remunera- 
ción de mi trabajo, sin que de mi nombre quede otra 
memoria. Y porque mejor se entienda lo de adelante, 
diré algo de la fundación de Granada, qué gentes la po- 
blaron al principio, cómo se mezclaron, cómo hubo este 
nombre, en quién comenzó el reino della, puesto qoe 
no sea conforme á la opinión de muchos; pero será lo 
que hallé en los libros arábigos de la tierra, y los deHu- 
ley Hacen, rey de Túnez, y lo que hasta hoy queda enU 
memoria de los hombres, haciendo á los autores cargo 
de la verdad. 

La ciudad de Granada , según entiendo, fué pobla- 
ción de los de Damasco (724), que vinieron con Tarif» 
su capitán, y diez años después que los alárabes echa- 
ron á los godos del señorío de España, la escogieron 
por habitación, porque eñ el suelo y aire parecía masa 
su tierra. Primero asentaron en Libira, que antigua- 
mente Uamaban Illiberís, y nosotros Elvira, puesta en 
el monte contrario de donde ahora está la ciudad; lugar 
falto de agua, de poco aprovechamiento, dicho el cerro 
de los Infantes , porque en él tuvieron su campo iosin- 
fantes don Pedro y don Juan cuando murieron rotos 
por Ozmín, capitán del rey Ismael. Era Granada uno de 
los pueblos de Iberia, y había en él la gente que dejo^ 
Taríf Abentiet después de haberla tomado por luengo 
I cerco ; pero poca, pobre y de varías naciones, como so- 
l bras de lugar destruido. No tuvieron rey hasU Habiit 



GUElRRA DE 

Aben Rabm (40Í4), que juntó los moradores de uno y 
otro lugar, fundando ciudad á la torre de San Josef, que 
llamaban de los Judíos, en el alcazaba; yfiuroorada(i) en 
la casa del Gallo, á San Cristóbal, en el Albaicin. Puso en 
lo alto su estatua (2) á caballo, con lanza y adarga, que á 
manera de veleta se remelve á todas partes, y letras que 
dicen : a Dijo Habuz Aben Habuz el sabio, que así se 
debe defender el Andalucía.» Dicen que del nombre de 
Náaik^ su mujer, y por mirar al poniente (que en su len* 
gua llaman garb) la llamó Garimaath^ como Naath la 
dd poniente. Los alárabes y asíanos bablan de los si- 
tios como escriben ; al contrarío y revés que las gentes 
de Europa. Otros, que de una cueva á la puerta de Bi* 
bataubin, morada de la Cava, hija del conde Julián el 
traidor; y de Naia, que erasu nombre propio, se llamó 
Güntata, la cueva de Nata. Porque el de la Cava, todas 
las historias arábigas afirman que le fué puesto por 
haber entregado su voluntad al rey de España don Ro- 
drigo, y en la lengua de los alárabes cava quiere decir 
miqer liberal de su cuerpo; En Granada dura este nom- 
bre por algunas partes, y la memoria en el soto y torre 
de Roma, donde los moros afirman haber morado; no 
embargante que los que tratan de la destruícion de Es- 
pana ponen que padre y hija murieron en Ceuta. Y los 
edificios que se muestran (3) de lejos á la mar sobre el 
DHmte, entre las Cuejinas y Xarjel al poniente de Argel, 
que llúoan sepulcro de la Cava cristiana, cierto es haber 
sido un templo de la ciudad de Cesárea, hoy destruida, 
y en otros tiempos cabeza de la Mauritania, á quien dio 
el nombre deCesariense. Lo de la amiga del rey Aben- 
hut, y la compra que hizo, á ejemplo de Dido, la de Car- 
tago, cercando con un cuero de buey cercenado el sitio 
donde ahora está la ciudad, los mismos moros lo tienen 
por/abuJoso. Pero lo que se tiene por mas verdadero 
entreellos, y.se halla en la antigüedad de sus escripturas, 
es haber tomado el nombre de una cueva que atraviesa 
de aquella parte de la ciudad hasta la aldea que llaman 
Alíaóar, que en mi niñez yo vi abierta y tenida por lu- 
gar religioso, donde los ancianos de aquella nación cu- 
raban personas tocadas de la enfermedad que dicen de- 
monio (4). Esto cuanto al nombre que tuvo en la edad de 
los moros : tanta variedad hay en las historias arábí- 
güs, aunque las llaman ellos escripturas de la verdad. En 
fenuestra, conformando el sonido del vocablo con la len- 
gua castellana, hi decimos Granada, por ser abundante. 
Habuz Aben Habuz deshizo el reino de Córdoba^ y puso 
á Idrizen el señorío del Andalucía. Con esto, con el de- 
sasosiego de las ciudades comarcanas, con las guerras 
que los reyes de Castilla hacian, con la destrqlcion de 
algunas, juntos los dos pueblos en uno, fué maravilla 
en cuan poco tiempo Granada vino á mucha grandeza. 
Desde entonces no faltaron reyes en ella hasta Abenhut, 
que echó de España los almohades, y hizo áAhnería ca- 
beza del reino. Mqerto Abenhut á manos de los suyos, 
con el poder y armas del rey santo don Fernando el Ter- 
cero, toinaron los de Granada por rey á Ifahamet AI- 

(l> 7 morada f§rñ jí, dice con mas eleganeia el citado M8. de 
la BUtljoteca Nadónal. 
A l'tf bnmee, afiade el nUamo MS. 

(3) T a4|0i añade tambten, m Berbería» 

(4) Sifnen en el XS. algunas conjetnras mas sobre la etimolo- 
gía da la vos Cretuda, pero tan'sntiles y coDíasas, iioe sin doda 
ts esta Ma de las clinsalas votoríemenU jigv/likM á que altde 
ai as isirodaecíott el conde de Poruiegre. 



GRANADA. 9<| 

hamar, que era señor de Arjona, y volvió 1q silla del reiuo 
de Granada (5), la cual fué en tanto crecimiento, que eu 
iiempo del rey Bulhaxíx, cuando estaba en mayor pros- 
perídad, tenia setenta mil casas, según dicen ios mo- 
ros ; y en alguna edad hizo tormenta, y en muchas puso 
cuidado á los reyes de Castilla. Hay fama que Buliiaxix 
halló el alquimia, y con el dinero delia CQrcó el Albai- 
cin; dividióle de la ciudad, y edificó el Alhambra, con 
la torre que llaman de Gomares (porque cupo á los de 
Gomares fundalla); aposento real y nombrado, según 
su manera de edificio, que después acrecentaron diez 
reyes sucesores suyos, cuyos retratos se ven en una sa- 
la ; alguno dallos conocido en nuestro tiempo por los 
ancianos de la tierra. 

Ganaron á Granada los reyes llamados Catól jcos, Fer- 
nando y Isabel (1492), después de haber ellos y suspa- 
sados sojuzgado y echado los moros de España, en guerra 
continua de setecientos setenta y cuatro años, y cua- 
renta y cuatro reyes; acabada en tiempo que vimos al 
rey último Boabdelí (con grande exaltación de la fe 
cristiana) desposeído de su reino y ciudad, y tornado á 
su primera patria allende la mar. Recibieron las llaves 
de ¡a ciudad en nombre de señorío, como es costumbre 
de España ; entraron al Alhambra , donde pusieron por 
alcaide y capitán generala don Iñigo López de Mendoza, 
conde de Tenülla , hombre de prudencia en negocios 
graves, de ánimo firme, asegurado con luenga expe- 
riencia de rencuentros y batallas ganadas, lugares de- 
fendidos contra moros en la misma guerra; y por pre- 
lado pusieron á fray Fernando de Talavera , religioso 
de la orden de san Hierónimo, cuyo ejemplo de vida y 
santidad España celebra, y de los que viven, algunos 
hay testigos de sus milagros. Diéroules compañía cali- 
ficada y conveniente para fundar república nueva; que 
había de ser cabeza de reino, escudo y defensión con- 
tra los moros de África, que en otros tiempos fueron 
sus conquistadores. Mas no bastaron estas provisio- 
nes, aunque juntas, para que los moros (cuyos ánimos 
eran desasosegados y ofendidos ) no se levantasen eu 
el Albaicin, temiendo ser echados déla ley, como del 
estado; porque los reyes, queriendo que en todo el 
reino fuesen cristianos , enviaron á fray Francisco 
Jiménez, que fué arzobispo de Toledo y cardenal, para 
que los persuadiese; mas ellos, gente dura, pertinaz, 
nuevamente conquistada, estuvieron recios. Tomó-^ 
se concierto que los renegado» ó hijos de renegados 
tornasen á nuestra fe, y los demás quedasen en su ley 
ppr entonoes. Tampoco esto se observaba, hasta que 
subió al Albaicin un alguacil, llamado Barríonnevo, á 
prender dos hermanos renegados en casa de la madre. 
Alborotóse el pueblo , tomaron las armas, mataron al 
alguacil , y barrearon las calles que bajan á la ciudad; 
eligieron cuarenta hombres autores del motin para que 
los gobernasen, como acontece en las cosas de justicia 
escrupulosamente fuera de ocasión ejecutadas. Subió 
el conde de Téndilla al Albaicin, y después de habérsele 
hecho alguna resistencia, apedreándole el adarga (que 
es entre ellos respuesta de rompimiento), se la tomó á 
enviar : al fin la recibieron , y pusiéronse en manos de 
los Reyes, con dejar sus haciendas á los que quisiesen 
quedar cristianos en la tierra, conservar su hábito y len- 
gua , no entrar la Inquisición hasta ciertos años, pagar 

' (¡5) i Granada debiera decir, y dice en efecto el MS, 



W DON DIEGO 

fardad y las guardas : diólas el Conde por seguridad sus 
bijoa en rehenes. Hecho Mo, salieron huyendo los cua* 
renta electos, y levantaron á Guéjar, Lanjaron , Anda-^ 
ni» y últimamente Sierra Bermeja, nombrada por la 
muerte de don Alonso de Aguilar, uno de los mas ce^ 
lebrados capitanes de España, grande en estado y lina* 
je. Sosegó el conde de Tenditla y concertó el motín de 
Albaicin; tomó á Guéjar, parte por fuerce , parte ren- 
dida ñn condición , pasando á cuchillo los moradores y 
defensores. En la cual empresa, dicen que por no fr á 
Sierra Bermeja, debajo de don Alonso de Aguilar, su 
hermano , con quien tuvo emulación , se halló á servir 
y Alé el primero que por fuerza entró en el barrio de 
abiyo, Gonzalo Fernandez de Córdoba , que vivia á la 
tazón en Loja desdeñado de los Reyes Católicos, abrien- 
do ya el camino para el título de Gran Capitán^ que á 
solas dos personas fué concedido en tantos siglos : una' 
entré los griegos, caido el imperio, en tiempo de los em- 
peradores Comnenos, como ¿ restaurador y defensor del, 
á Andróníco Contestefano, llamándole megadueaf voca- 
blo bárbitíníiinente compuesto de griego y latino, como 
acontece con los estados perderse la elegancia de las 
lenguas ; otra á Gonzalo Fernandez entre los españoles 
y latinos, por la gloria de tantas victorias suyas como 
viven y vivirán en la memoria del mundo. Halláronse 
alli, entre otros, Alarcon sin ejercicio de guerra, y An- 
tonio de Leiva, mozo teniente de la compañía de Juan 
de Leiva, su padre, y después sucesor en Lombardfa de 
muchos capitanes generales señalados, y á ninguno de- 
Uos inferior en victorias. La presencia del ftey Católico 
dio fin con mayor autoridad á esta guerra; mas guar- 
dóse el rihcon de Sierra Bermeja para la muerte de don 
Alonso de Aguilar, quo ganada la sierra y rotos los mo- 
ros, fué necesitado á quedar en ella con la oscuridad de 
la noche, y con ella misma le acometieron los enemigos, 
rompiendosu vanguardia. Hurió don Alonso peleando, 
y salvóse su hijo don Pedro entre los muertos : salió el 
conde de Ureña, aunque dando ocasión á los cantares y 
libertad española; ñero como buen caballero. 

Sosegada esta rebelión también por concierto, dié- 
ronse los Reyes Católicos á restaurar y mejorar á Gra- 
nada en religión, gobierno y edificios : establecieron el 
cabildo, bapti vron los moros, trajeron la chancillería, 
y dende á algunos años vino la Inquisición. Goberná- 
base la ciudad y reino, como entre pobladores y compa- 
ñeros, con una forma de justicia arbitraria , unidos los 
pensamientos, las. resoluciones encaminadas en común 
al bien púUico : esto se acabó con la vida de los viejos*. 
Entraron los oelos , la división sobre causas livianas en- 
tre los ministros de justicia y de guerra, las concordias. 
en escrito confirmadas por cédulas; traído el entendi- 
miento dellas por cada una de las partes á su opinión; 
la ambición de querer la una no sufrir igual , y la otra 
conservarla superioridad, tratada con roas disimula- 
ción que modestia. Duraron estos principies de discor- 
dia disimulada y manera de conformidad sospechosa 
el tiempo de don Luis Hurtado de Mendoza (a), hijo de 
don Iñigo , hombre de gran sufrimiento y templanza ; mas 
sucediendo otros, aunque de conversación blanda y hu- 
mana, de condición escrupulosa y propria, fuese apar- 
tando este oficio del arbitrio militar, fundándose en la 

{€) Este don Uis Aié lefando marqaét 4a Moadéjir j presi- 
denta de CuttUa. 



DE 1IEND07A. 

legalidad y derechos, ysubiéndoseliaitael peligro da la 
autoridad cuanloá laspreeminenciaszcosasquecoaDdo 
estiradamente se juntan, son aborrecidas de los meoo* 
res y sospechosas á los iguales. Vf nose á causas y pa- 
siones particulares , hasta pedir jueces de términos, no 
para divisiones ó suertes de tierras, como los romaoos 
y nuestros pasados , sino con vozderestituir al Rey ó al 
público lo qué le teman ocupado, y intento de echar 
algunos de sus heredamientos. Este fué uno de los 
principios en la destruicion de Granada , común á mu- 
chas naciones; porque los cristianos suevos , gente úi 
lengua y sin ft vor, encogida y mostrada á servir, van 
condenarse y quitar ó partir las badendas que babin 
poseído, comprado ó heredado de sus abuelos, sin Mr 
oídos. Juntáronse con estos Inconvenientes y divisío* 
nes. Otros de mayor importancia, nacidos de principios 
honestos, que tomaremos de mas alto. 

Pusieron los Reyes Católicos el gobierno de la jastn 
de y cosas públicas en manos de letrados, gente media 
entre los grandes y pequeños, sin ofensa de los üdoa ai 
de los otros; cuya profesión eran letras legales, come- 
dimiento, secreto, verdad, vida llana y sin cornipcioB 
de cestumbres; no visitar, no recebir dones, no pro- 
fesar estrecheza de amistades ; no vestir ni gastar ioih 
tuosamente; blandura y humanidad en su trato ;joo- 
tarse á horas señaladas para oir causas ó para deter- 
minallas, y tratar del bien público. A su cabeía llaifian 
presidente, roas porque preside á lo que se trata, y onfe- 
na lo que se ha de tratar, y prohibe cualquier desorden, 
que porque los manda. Esta manera de gobierno, esta- 
blecida entonces con menos diligencia, se ha ido ex- 
tendiendo por toda la cristiandad, y está hoy en el coi- 
roo de podery autoridad : tal es su profesión de vida en 
común, aunque en particular haya algunos que se des- 
vien. A la suprema congregadon llaman Consejo Real, 
y á las demás, chandllerías ; diversos nombres en Espa- 
ña, según la diversidad de las provincias. A los que 
tratan en Castilla lo civil llaman oidores, y á los que 
tratan lo criminal alcaldes (que en cierta manera son 
sijyetosá los oidores): los unos y los otros por la mayor 
parte ambiciosos de oficios ajenos y profesión que no 
es suya, especialmente la militar, persuadidos del ser 
de su facultad, que (según dicen) es noticia de cosas 
divinas y humanas, y ciencia de lo que es justo é in- 
justo; y por esto amigos en particular ^e traer porto- 
do, como superiores, su autoridad, y apuralla á veces 
hasta grandes inconvenientes y rafees de los que agón 
se han visto. Porque en la profesión de la guerra se 
ofrecen casos que á los que no tienen plática della pa- 
recen negligencias ; y si los procuran emendar (1), cáese 
en imposibilidades y lazos, que no se pueden desenvol- 
ver, aunque en ausencia sojuzgan diferentemente. Es- 
tiraba el Capitán General su cargo sin equidad, y pro- 
cund)an los ministros de justicia eroendallo. Esta com- 
petencia fué causa que menudeasen quejas y capítulos 
al Rey ; con que cansados los consejeros, y él con ellos, 
las provisionessaliesen varias ó ningunas, perdiendocon 
la oportunidad (2) el crédito; y se proveyesen algunas 
cosas de pura justicia, que atenta la calidad de los tiem- 
pos, roanera de las gentes, diversidad de ocasiones, re- 
querían templanza ó diiadon. Todo lo de hasta aquí se 

(f) Enendar am Hfdr , pone ef HB. 
(I) El US., impornmUM, 



GUERRA DE 

lia dieho por ejemplo y como muestra de mayores ca* 
sos, con fin que sé vea de cuan livianos príncipí(»s se 
viene á ocasiones de grande importancia, guerras, ham- 
bres, mortandades, ruinas de estados, y á veces de los 
señores dellos. Tan atenta es la Providencia divina á 
gaberBar el mundo y sus partes por orden de princi- 
píoe y causas livianas, que \'an creciendo por edades, 
si los hombres las quisiesen buscar con atención. 

Había en el reino de Granada costumbre antigua, 
como la hay ea otras partes , quelos autores de delitos 
se salvasen y estuviesen seguros en lugares de seño- 
río : cosa que mirada en común y por la haz , se juz- 
gaba que daba causa á mas delitos , favor á los malhe- 
chores , impedimento á la justicia^ y desautoridad á 
los ministros della. Pareció , por estos inconvenien- 
tes , y por ejemplo de otros estados, mandar que los 
señores no acogiesen gentes desta calidad en sus tier- 
ras, coofiados que bastaba solo el nombre de justicia 
para eastigallos donde quiera que anduviesen. Man- 
teníase esta gente con sus oficios en aquellos lugares, 
casábanse, labipban la tierra , dábanse á vida sosegada. 
También les prohibieron la inmunidad de las iglesias 
arriba de tres dias; mas después que les quitaron los 
refugios , perdieron la esperanza de seguridad , y dié- 
roose á vivir por las montañas , hacer fuerzas , sal- 
tear eamiaos, robar y matar. Entró luego la duda, tras 
el inconveniente , sobre á qué tribunal tocaba el cas- 
tigo y nacida de competencia de jurisdiciones ; y no 
obstante que los generales acostumbrasen hacer estos 
caatígoa, como parte del oficio de la guerra, cargaron, 
i color de ser negocio criminal , la relación apasionada 
6 ubre de la ciudad , y la autoridad de la audiencia, y 
pasóse en maoos de los alcaldes, noexcluyendo en parte 
al Gipitaa General. Dióseles facultad para tomar á suel- 
do cierto námero de gente repartida pocos á pocos, i 
que usurpando ei nombre, llamaban cuadrillas, ni bas- 
tantes puii asegurar, nifúertes para resistir. Del des- 
den , de la flaquexa de provisión , de la poca experien- 
cia de los ministros en cargo que participaba de guer- 
ra^nadó el descuido, ó fuesenegligencia ó voluntad de 
cada uno, quenoacertase su émulo. En fin, fué causa de 
crecer estos salteadores (monfíes los llamaba la lengua 
morisca) en tanto número, que para oprímillos ó para 
reprímillos no bastaban las unas ni las otras fuerzas. 
Este fué el cimiento sobre que fundaron sus esperanzas 
los ánimos escandalizados y ofendidos , y estos hombres 
fueron el instrumento principal de la guerra. Todo esto 
parecía al coman cosa escandalosa; pero la razón de 
los homhl'es', ó la Providencia divina (que es lo mas 
deito), mostré con el suceso que fué cosa guiada para 
que el m^l no fuese adelante , y estos reinos quedasen 
asegurados mientras fuese su voluntad. Siguiéronse 
hiego ofensas en su ley, en las haciendas y en el uso de 
la vida , asi cuanto á la necesidad , como cuanto al re- 
galo , á que es demasiadamente dada esta nación ; por- 
que la Inquisiplon los comenzó á apretar mas de lo or- 
diiiarío. El Rey les'maadó dejar la habla morisca, y con 
ella el comercio y comunicación entre sí ; quitóseles el 
servido de ios esclavos negros, á quienes criaban con 
esperanzas de hijos, el hábito morisco, en que tenian 
empleado gran caudal ; obligárohlos á vestir castellano 
con mucha costa, que las mujeres tnijesen !os rostros 
descubiertos, que las casas, acostumbradas á estar oer- 



GRANADA. 7i 

radas, estuviesen abiertas : lo tmoy lo otro tan grave de 
sufrir entre gente celosa. Hubo fama que les mandaban 
tomar Ijs hijos y pasallos á Castilla ; vedáronles el uso 
de lo; baños , que eran su limpieza y entretenimiento ; 
primero les hablan prohibido la música , cantares, fies- 
tas , bodas conforme á su costumbre, y cualesquier jun- 
tas de pasatiempo. Salió todo esto junto, sin guardia 
ni provisión de gente, BÍn reforzar presidios viejos 6 
firmar otros nuevos ; y aunque los moriscos estuviesen 
prevenidos de loque habia de ser, les hizo tanta im- 
presión, que antes pensaron en la venganza que en ei 
remedio. Años habia que trataban de entregar ef reino 
á los príncipes de Berbería ó al Turco; mas la grande-' 
za del negocio , el poco aparejo de armas , vituaHas, nsh- 
víos, lugar fuerte donde hiciesen cabeza, el poder 
grande del Emperador y del rey Filipe, su hijo , enfre- 
naba las esperanzas y imposibilitaba las resoluciones, 
especialmente estando en pié nuestras plazas manteni- 
das en la costa de África, las fuerzas del Turco tan lo- 
jo^, las de los cosarios de Argel mas ocupadas en pre- 
sas y provecho particular que en empresas difíciles de 
tierra. Fuéronseles con estas dificultades dilatando los 
designios , apartándose ellos de los del reino da Valen^ 
cia ; gente menos ofendida y mas armada. En fin, cre- 
ciendo igualmente nuestro espacio por una parte, y 
por otra los excesos de los enemigos, tantos en nú- 
mero , que ni podían ser castigados por manos de jus- 
ticia ni por tan poca gente como la del Capitán Gene- 
ral , eran ya sospechosas, sus fuerzas para encubiertas, 
aunque flacas para puestas en ejecución. El pueblo de 
cristianos viejos adivinaba la verdad; cesaba el comercio 
y paso de Granada á los lugares de la costa : todo em 
confusión, sospecha, temor, sin resolver, proveer ni 
ejecutar. Vista por ellos esta manera en nosotros, y 
temiendo que con mayor aparejo les contraviniésemos, 
determinaron algunos de los principales de juntarseen 
Cádiar, lugar entre Granada y la mar y el riode Al- 
mería, á la entrada de la Alpujarra. Tratóse de) cuándo 
y cómo se debían descubrir unos á otros, de la manera 
del tratado y ejecución ; acordaron que fuese en la fucN 
zadel invierno, porque las noches largas les diesen 
tiempo para salir de la montaña y llegar á Granada, y á 
una necesidad tornarse á recoger y pober en salvo, 
cuando nuestras galeras reposaban repartidas por los 
invernaderos y desarmadas; la noche de Navidad, que 
la gente de todos los pueblos está en las iglesias , solas 
lascases, y las personas ocupadas en oraciones y sacri- 
ficios; cuando descuidados, desarmados, torpes con el 
Crio , suspensos con la devoción, fácilmente podían ser 
oprimidos de gente atenta, armada, suelta y acostum- 
brada 4 saltos semejantes. Que se juntasen á un tiem- 
po cuatro mil hombres de la Alpujarra con los del Al- 
baicin , y acometiesen la ciudad y el Alhambra, parte 
por la puerta, parte con escalas; plaza guardada mascón 
la autoridad que con la fuerza ; y porque sabían que el 
Alhambra no podia dejar de aprovecharse de la artille- 
ría, acordaron que los moriscos de la YegatuWesen por 
contraseño hs primeras despiezas que sé disparasen , 
para que en un' tiempo acudiesen á las puertas de la 
ciudad , las forzasen , entrasen por ellas y por los porti- 
llos , corriesen las calles , y con el fuego y con el hierro 
no perdonasen á. persona ni á edificio. Descubrir el 
tratado sin ser sentidos y entre muchoS| era diücuUo«- 



72 DON DIEGO 

80 : pareció que los casados lo descubriesen á los casa- 
dos , los viudos á los viudos ^ los mancebos á los man- 
cebos; pero á tiento , probando las voluntades y el se- 
creto de cada uno. HaJ>ian ya muchos años antes en- 
viado á solicitar con personas ciertas, no solamente á 
los príncipes de Berbería, mas al emperador de los tur- 
cos dentro en Gonstantinopla , que los socorriese y sa- 
case ^e servidumbre , y postreramente al rey de Argel 
pedido armada de levante y poniente en su favor ; por^ 
que faltos de capitaoes, de cabezas , de plazas fuertes, 
de gente diestra, de armas, no se hallaron poderosos 
para tomar y proseguir á solas tan gran empresa. De- 
'más desto, resolvieron (1) proveerse de vitualla, elegir 
lugar en la montaña donde guardalla , fabricar armas, 
reparar las que de mucho tiempo tenian escondidas, 
comprar nuevas, y avisar de nuevo á los reyes de Ar- 
gel , Fez , señor de Tituan , de este resolución y prepa- 
raciones. Con tal acuerdo partieron aquella habla'; gen- 
te á quien el regalo , el vicio, la riqueza, la abundancia 
de las cosas necesarias , el vivir luengamente en gobier- 
no de justicia y igualdad desasosegaba y traia en conti- 
nuo pensamiento. 

Dende á pocos dias se juntaron otra vez con los prin- 
cipales del Albaicin en Churriana , fuera de Granada, á 
tratar del mismo negocio. Habíanles prohibido , como 
arriba se dijo, todas las juntas en que concurría núme- 
ro de gente; pero teniendo el Rey y el prelado mas res- 
peto á Dios que al peligro, se les habia concedido que 
hiciesen un hospital y confradía de cristianos nuevos, 
que llamaron de la Resurrección. (Dicen en español con- 
fradía una junta de personas que se prometen herman- 
dad en oficios divinos y religiosos con obras.) Y en dias 
señalados concurrían en el hospital á tratar de su rebe- 
lión con esta cubierta, y para tener certinidad de sus 
fuerzas, enviaron personas pláticas de la tierra por to- 
dos los lugares del reino , que con ocasión de pedir li- 
mosna , reconociesen las partes del á propósito para 
acogerse, para recebir los enemigos, para traellos por 
caminos mas breves , mas secretos, mas seguros , con 
mas aparejo de vituallas, y estos echasen un pedido á 
manera de limosna; que los de veinte y cuati'o años has- 
ta cuarenta y cinco contribuyesen diferentemente de los 
viejos , mujeres, niños y impedidos : con tal astucia re- 
conocieron el número de la gente útil para tomar ar- 
mas , y la que habia armada en el reino. 

Estos y otros indicios , y los 4elitos de los monñes, 
maspúbñcos, graves y á menudo que solían , dieron 
ocasión al marqués de Mondéjar (a), al conde de Tendi- 
Ua, su hijo , á cuyo cargo estaba la guerra, á don Pedro 
de Deza, presidente de la chancilleria, caballero que ha- 
bia pasado por todos los oficios de su profesión y dado 
buena cuenta dellos, al Arzobispo, á los jueces de 
Inquisición , de poner nuevo cnidado y diligencia en 
descubrirlos motivos destos hombres, y asegurarse 
parte con lo que podían, y parte con acudir al Rey y*pe- 
dlr mayores ñierzas cada uno, según su oficio, para ha- 
cer justicia*y reprimir la insolencia; que este nombre 
le ponían , como á cosa incierta ; hasta que estando el 
marqués de Mondéjar en Madrid, fué avisado el Rey 

(1) En U 1.* edición falta U palabra retohieron, 

(a) El tercer marqués de Mondéjar ea el qae de aqaf adelante 

siempre se nombra : llamóse doii Ifligo , y foé Tirey de Valencia j 

Ñapóles, y sobrino del autor. . 



DE MENDOZA. 

mas particularmente. Partió el Marqués en diligencia, 
y llevó comisión para crecer en la guardia del reino al- 
guna poca gente, pero la que pareció que bastaba en 
aquella ocasión y en las que se ofreciesen por mar 
contra los moros berberíes. Mas las personas á cuyo 
cargo era la provisión , aunque se creyeron los avisos , ó 
importunados con el menudear dellos, 6 juzgando á 
los autores por mas ambiciososque diligentes, hicieroii 
provisión tan pequeña, que bastó para mover las cansas 
de la enfermedad, y )io para remedíalla , como suHfR 
medicinas. flojas en cuerpos llenos. Por lo cual , vis- 
tas por los mónfíes y principales de la conjuración fas 
diligencias que se hacían de parte de los ministros para 
apurar la verdad del tratado, el temor de ser preveni- 
dos , y la avilanteza de nuestras pocas fuerzas , los acu* 
ció á resolverse sin aguardar socorro, con solo avisar 
á Berbería del término en que las cosas se hallaban , y 
solicitar gente y armas con la armada, dando por con- 
traseño que entre los navios que viniesen de Argel y 
Tituan trajesen las capitanas una vela colorada , y que 
los navios de Tituan acudiesen á la costa de Marbella 
para dar calor á la sierra de Ronda y tierra de Mákga, 
y los de Argel á cabo de Gata , que los romanos llama- 
ban promontorio de Caridemo, para socorrerá la Alpu- 
jarra y rios de Almería y Alroanzora, y mover con la ve- 
cindad los ánimos de la gente sosegada en el reino de 
Valencia. Mas estos estuvieroii Siempre firmes , ó que 
eu la memoria de los viejos quedase el mal suceso deia 
sierra de Espadan en tiempo del emperador Garios, d 
que tepiendo por liviandad el tratado y dificultosa la 
empresa, esperasen á ver cómo se movía la generalv- 
dad, con qué fuerzas , fundamento y certeza de espe- 
ranzas, en Berbería. Enviaron á Argel al Parta!, que vi- 
vía en Naríla, lugar del partido de Cádiar, hombre ri- 
co, diligente, y tan cuerdo, que la segunda vez queíué 
á Berbería llevó su hacienda y dos hermanos, y se 
quedó en Argel. Este y el Jeníz , que después vendió y 
mató al Abenabó, su señor, á quien ellos levantaron 
por segundo rey , estaban en aquella congregación co- 
mo diputados en nombre de toda la Alpujarra; y por 
tener alguna cabeza en quien se mantuviesen unidos^ 
mus que por sujetarse á otras sino á las que el rey de 
Argel Iqs nombrase, resolvieron en 27 de setiembre 
(1568) hacer rey (6), persuadidos con la razón de don 
Femando de Valor, el Zaguer , que en su lengua quiere 
decir el menor, á quien por otro nombre llamaban 
Aben-Jauhar , hombre de gran autoridad y de consto 
maduro , entendido en las cosas del reino y de su ley. 
Este, viendo qu^ la grandeza del hecho traia miedo, di- 
lación, diversidad de casos, mudanzas de pareceres, 
los juntó en casa de Zinzan, en el Albaicin , j los ha> 
bló: 

«Poniéndoles delante la opresión en que estaban, 
sujetos á hombres públicos y particulares, no menos 
esclavos que si lo fuesen. Mujeres, h\jos, haciendas y 
sus proprias personas en poder y arbitrio de enemigos, 
sin esperanza en muchos siglos de*versé fuera de tal 
servidumbre ; sufriendo tantos tiranos como 'vecinos, 
nuevas imposiciones , nuevos tributos, y privados del 
refugio de los lugares de señorío , donde los culpados, 
puesto que por accidentes 6 por venganzas (esta es la 



(») Algo difiere Mámol. llb. 4, etp. 7. (Téase.) 



GUERRA DE 

cansa entre ellos roas justificada), se aseguran ; echa- 
dos de la inmunidad y franqueza de las iglesias , donde 
por otn parte los mandaban asistir á los oficios divi- 
nos con penas de dinero ; hechos sujetos de enriquecer 
clérigos ; no tener acogida á Dios ni ¿ los hombres; 
tratados y tenidos como moros entre los cristianos para 
ser menospreciados, y como cristianos entre los m<^ 
ros para no ser creídos ni ayudados.— Excluidos de la 
▼ida y conversación de personas, mándennos que no 
hablemos nuestra lengua ; no entendemos la castella- 
na : ¿en qné lengua habemos de comunicar los con- 
ceptos, y p^r ó dar las cosas sin que no puede estar 
el trato de los hombres? Aun á los animales no se ve- 
dan las voces humanas. ¿Quién quita que el hombre de 
lengua castellana no pueda tener la ley delTrofeta, y 
el de la lengua morisca la ley de Jesús? Llaman á nues- 
tros hijos á sus congregaciones y casas de letras ; cu- 
síanles artesque nuestros mayores prohibieron apren- 
derse, porque no se confundiese la puridad, y se hi- 
ciese litigiosa la verdad de la ley. Cada hora nos ame- 
nazan quitarlos de los brazos dp sus madres y de la 
crianza de sus padres, y pasarlos á tierras lyenas, don- 
de olviden nuestra manera de vida , y aprendan ¿ ser 
enemigos de los padres que los engendramos , y de las 
madres que los parieron. Mándennos dejar nuestro há- 
bito , y vestir e) castellano. Vístanse entre ellos los tu- 
descos de ona manera , los franceses de otra , los grie- 
gos de otra, los frailes de otra, los mozos de otra, y de 
otra los viejos; cada nación, cada profesión y cada estado 
usa su manera de vestido, y todos son cristianos; y nos- 
olrosmoros,porque vestimos á la morisca , comosi trujé- 
semos la ley en el vestido , y no en el corazón. Las ha- 
ciendas no son bastantes para comprar vestidos para 
dueños y familias; del hábito que traíamos no podemos 
di^xmer, porque nadie compra lo que no ha de traer; 
para traello es prohibido, para vendello es inútil. Cuando 
en una casa se prohibiere el antiguo, y comprare el nue- 
vo del caudal que teníamos para sustentarnos, ¿de qué 
viviremos ? Si queremos mendigar, nadie nos socorrerá 
como ¿ pobres, porque somos pelados, como ricos ; na- 
die nos ayudará, porque los moriscos padecemos esta 
miseria y pobreza , que los cristianos no nos tienen por 
prójimos. Nuestrospasados quedaron tan pobres en la 
tierra de las guerras contra Castilla, que casando su 
bijad alcaide de Loja, grande y señalado capitán que 
llamaban Alatar, deudo de algunos de los que aquí üos 
bailamos, hubo de buscar vestidos prestados parala 
boda. ¿Con qué haciendas, con qué trato, con qué ser- 
vicio ó ii^ustria, en qué tiempo adquiriremos riqueza 
para perderunos hábitos y comprar otros? Quítannos 
el servido de los esclavos negros ; los blancos no nos 
eran(l)pennitidosporserdenuestra nación; habíaroos- 
los comprado, criado , mantenido : ¿esta pérdida sobre 
las otras? ¿Qué harán los que no tuvieren hijos que los 
sirvan, ni faaciendacon que mantener criados, si enfer- 
man, si se inhabilitan, si envejecen, sino prevenirla 
mnerte? Van nuestras mujeres, nuestras hy as, tapadas 
lascaras, ellas mismas á servirse y proveerse de lo ne- 
cesario á sus casas ; mándanles descubrirjos rostros : si 
son vistas, serán codiciadas y aun requeridas , y veráse 



ií) El úMú VS. corrife al miriai al tieaipo de aste vcrlK», 



GRANADA. 73 

quién son ]asquedieron(2) la avilanteza al atrevimiento 
de mozos y viejos. Mándennos tener abiertas las puertas 
que nuestros pasados con tanta religión y cuidado tu- 
vieron cerradas, no las puertas, sino las ventanas y fes- 
quicios de casa. ¿Hemos de ser sujetos de ladrones, 
de malhechores, de atrevidos y desvengonzados adúl- 
teros, y que estos tengan días determioados y horas 
ciertas , cuando sepan que pueden hurtar nuestras ha- 
ciendas, ofender nuestras personas, violar nuestras 
honras? No solamente nos quitan la seguridad, la ha- 
cienda, la honra, el servicio, sino también los entrete- 
nimientos, así los que se introdujeron por la autori- 
dad, reputación y demostraciones de alegria en las 
bodas, zambras, bailes, músicas, comidas, cómelos 
que son necesarios para ú limpieza , convenientes para 
la salud. ¿Vivirán nuestras mujeres sin baiíos, introduc- 
ción tan antigua ?¿Veránlas en sus casas tristes, sucias, 
enfermas, donde tenían la limpieza por contentamien- 
to, por vestido , por sanidad? — 

aRepresentóles el estado de la cristiandad, las divi- 
siones entre herejes y católicos en Francia, la rebelión 
de Flándes, Inglaterra sospechosa, y los flamencos hui- 
dos solicitando en Alemania á los principes della. El Rey 
falto de dineros y gente plática, malarmadas las galeras, 
proveídas á remiendos, la chusma libre , los capitanes y 
hombres de cabo descontentos, como forzados. Si previ- 
niesen, no solamente el reino de Granada, pero parte del 
Andalucía, que tuvieron sus pasados, y agora poseen sus 
enemigos, puedoo ocupar con el primer ímpetu, ó man- 
tenerse en su tierra, cuando se contenten con ella sin 
pasar adelante. Montaña áspera, valles ai abismo , sier- 
ras al cielo, caminos estrechos, barrancos y derrum-' 
baderos sin salida : ellos gente suelta, plática en el 
campo , mostrada á sufrir calor , frió , sed , hambre; 
igualmente diligentes y animosos al acometer, prestos 
á desparcirse y juntarse ; españoles contra españoles, 
muchos en número, prpveidos de vituaUa, no tan fal- 
tos de armas que para los principios no les basten; y 
en lugar de las que no tienen, las piedras delante de los 
pies, que contra gente desarmada son armas bastantes. 
Y cuanto á los que se hallaban presentes, que en vano 
se habian juntado, si cualquiera dellos no tuviera con- 
fianza del otro que era suficiente para dar cobro á tan 
gran hecho , y si, como siendo sentidos habian d»ser 
compañeros en la culpa y el castigo , no fuesen después 
parte en las esperanzas y fructos dellas, llegándolas al 
cabo ; cuanto mas que ni las ofensas pocfian ser venga- 
das, ni deshechos los agravios, ni sus vidas y casas 
mantenidas, y ellos fuera cíe servidumbre, sino por 
medio del hierro, de la unión y concordia, y una deter- 
minada resolucioncon todas sus fuerzas juntas; para lo 
cual era necesario efigir cabeza deUos mismos, ó fue- 
se con nombre de jeque , 6 de capitán , ó de alcaide , ó 
de rey, si les pluguiese que los tuviese juntos en justicia 
y seguridad.» 

Jeque llaman ellos el mas honrado de una genera- 
ción, quiere decir, el mas anciano : á estos dan el go- 
bierno con autoridad de vida y muerte. Y porque esta 
nación se vence tanto mas de la vanidad de la astrolo- 
gía y adivinanzas , cuanto mas vecinos estuvieron sus 
pasados de Caldea , donde la ciencia tuvo principio , no 

00 Y dal mimo modo, iút (m i0rin 



74 DON DIEGO 

dejó de acordalles á este propósito cuintos años atrás 
por boca de grandes sabios, en movimiento y lumbre de 
estrellas , y profetas en sa ley, estaba declarado que se 
levantarían á tornar por si , cobrarían la tierra y reinos 
que sus pasados perdieron, hasta señalar el mismo año 
después que Mahoma les dio la ley (ahlegira le llaman 
ellos en su cuenta, que quiere decir el destierro, por- 
que la dio siendo desterrado de Meca), y venia justo 
con esta rebelión . Representóles prodigios y aparíencias 
extraordinarias de gente armada en el aire á las faldas 
de Sierra-Nevada , aves de desusada manera dentro en 
Granada, partos monstruosos de animales en tierra de 
Baza , y trabajos del sol con el eclipse de los años pasa- 
dos, que mostraban adversidad á los crístianos , á quien 
ellos atribuyen el favor ó disfavor deste planeta, como 
6 sí el de la luna. 

Tal fué la habla que don Femando el Zaguer les hizo; 
con que quedaron animados , indignados y resolutos en 
general de rebelarse presto, y en particular de eligir 
rey de su nación ; pero no quedaron determinados en el 
cuándo precisamente, ni á quién. Una cosa muy deno- 
tar califica los principios desta rebelión : que gente 
de mediana condición, mostrada á guardar poco secreto 
y hablar juntos, callasen tanto tiempo , y tantos hom- 
bres, en tierra donde hay alcaldes dé corte y inquisido- 
res, cuya profesión es descubrir delitos. Había entre 
ellos un mancebo llamado don Fernando de Valor, so- 
brino de don Femando el Zaguer, cuyos abuelos se lla- 
maron Hernandos y de Valor, porque vivían en Valor 
el alto , logar de la Alpujarra puesto cuasi en la cumbre 
de la montaña : era descendiente del linaje de Aben Hu- 
* meya, uno de los nietos de Mahoma, hijos de su hija, 
que en tiempos antigos tuvieron el reino de Córdoba 
y el Andalucía ; rico de rentas, callado y ofendido, cuyo 
padre estaba preso por delitos en las cárceles de Gra- 
nada. En este pusieron los ojos , así porque les movió la 
hacienda , el linaje-, la autorídad del tío , como porque 
había vengado la ofensa del padre matando secreta- 
mente uno de los acusadores y parte de los testigos. 

Desta resolución, aunque no tan en particular, hubo 
noticia y fué el Rey avisado ; pero estaba el negocio cier- 
to y el tiempo en duda ; y como suele acontecer á las 
provisiones en que se junta la dificultad con el temor, 
cada uno de los consejeros era en que se atigase con 
mayor poder; pero juntos juzgaban ser el remedio fácil 
y las fuerzas de Ips ministros bastantes , el dinero poco 
necesario , porque había de salir del mismo negocio ; y 
menospreciaban esto, encareciendo el remedio de ma- 
yores cosas ; porque los estados de Flándes , desasose- 
gados por el príncipe de Orange, eran recien pacificados 
por el duque de Alba. Mas, puesto que fas fuerzas del 
Rey y la experiencia del Duque capitán, criado debajo 
de la disciplina del Emperador, testigo y parte en sus 
victorias, bastasen para mayores empresas; todavía lo 
que se temía de parte de Inglaterra, y las fuerzas de los 
hugonotes en Francia, y algunas sospechasde príncipes 
de Alemania y designios de Italia, daban cuidado; y 
tanto mayor, por ser la rebelión de Flándes por causas 
de religión comunes con los franceses , ingleses y ale- 
manes, y por quejas de tríbulos y gravezas comunes 
con todos los que son vasallos , aunque sean livianas, y 
ellos bien tratados. 

Esto dio ¿ los enemSgos mayor avílantesa, y á no- 



DB MENDOZA. 

sotros causa de dilación. Comenzaron á juntar mas 
al descubierto gente de todas maneras : si hombre 
ocioso había perdido su hacienda, malbaratádola por 
redimir delitos; si homicida, salteador ó condenado 
enjuicio, ó que temiese por culpas que lo seria; los 
oue se mantenían de perjuríos, robo^^ muertes; los 
^e la maldad, la pobreza , los delitos traían desasose- 
gados , fueron autoras ó ministros desta rebelión. Si 
algún bueno había y fuera de semejantes vicios, con el 
ejemplo y conversación de los malos brevemente se tor- 
naba como ellos; porque cuando el vínculo de la ver- 
güenza se rompe entre los buenos, mas desenfrenados 
son en las maldades que los peores. En fin , el tefoor de 
que eran descubiertos , y seria prevenida su detenm- 
nacíon con el castigo, movió á los que gobernaban f^ 
negocio, y entre ellos ádon Fernando el Zaguer, á pen- 
sar en algún caso con que obligasen y necesitasen al 
pueblo á salir de tibieza y tomar las armas. Juntáronse 
tercera vez las cabezas de la conjuración y otras, con 
veinte y seis personas del Alpujarra , á San Miguel , ea 
casa del Hardon , hombre señalado entre ellos, á quíea 
mandó el duque db Arcos después justiciar.; posaba ea 
la casa del Carcí, yerno suyo. Eligieron á don Femando 
de Valor por rey con esta solemnidad : los viudos á un 
cabo, los por casar á otro, los casados á otro, y las 
mujeres á otra parte. Leyó uno de sus sacerdotes, que 
llaman faquíes, cierta profecía liecba en el año délos 
árabes de... y comprobada por la autorídad de so ley, 
consideraciones de cursos y puntos de estrellas en el 
cíelo , que trataba de su libertad por mano de nn mozo 
de linaje real , que había de ser baptizadpy herejedesu 
ley, porque en lo público profesaría la de los cristianos. 
Dijo que esto concurría en don Femando y concertaba 
con el tiempo. Vistiéronle de púrpura, y pusiéronle á 
tomo del cuello y espaldas una insignia colorada á ma- 
nera de faja. Tendieron cuatro banderas en el suelo ,á 
las cuatro partes del mundo , y él hizo su oración incli- 
nándose sobre las banderas , el rostro al críente (zalá la 
llaman ellos), y juramento de morír en su ley y en el 
reino, defendiéndola á ella y á él y á sus vasallos. Ea 
esto levantó d pié , y en señal de general obediencia, 
postróse Aben Farax en nombre de todos, y besó la tier- 
ra donde el nuevo rey tenía la planta. A este hizo sa 
justicia mayor; lleváronle en hombros, levantáronle en 
alto diciendo : «Dios ensalce á Mahomet Aben Humeya, 
rey de Granada y de Córdoba. » Tal era la antigua ce- 
remonia con que eligían los reyes de la Andalucti, y 
después ios de Granada. Escríbieron cartas los capila- 
nes de la gente á los compañeros en la conjuración ; se- 
ñalaron día y hora para ejecutalla ; fueron los que te- 
nían cargos á sus partidos. Nombró Aben Humeya por 
capitán general á su tío Aben Jauhar, que partió luego 
para Gádiar, donde tenía casa y hacienda. 

Pasaba el capitán Herrera á la sazón de Grenada para 
Adra con cuarenta caballos^ y vino á hacer la noche en 
Cádiar. Mas Aben Jauhar el Zaguer, vista la ocasión tan 
ásu propósito , habló con íos vecinos, persuadiéndoles 
que cada uno matase á su huésped. No fueron perezo- 
sos ; porque pasada ía media noche, no hubo dificultad 
en matar muchos á pocos, armados á desarmados, pre- 
venidos á seguros; y torpes con el sueño, con el cansan- 
do, con el vino, pasaroa al capitán y á los soldados 
. por la espada. Venida la mañana, juntáronse y tomaron 



GUERRA DB 

lo áspero de la üem , como geiite levantada , donde ni 
habo tkuipo ni aparejo para ctstJgallo8, Eate fué el pri-» 
mer eitem y mas descubierto eon que los enemigos , ó 
por faerzB ó por voluntad , fueron necesitados á tomar 
tes arnmSy sin otrft respuesta de Berbería mas de espe^ 
ramas, y esos generales. Era entonces Selim el Segundo 
emperador de los turcos reden heredado, victorioso por 
te tonoa de Zigueto, plaza fuerte y proveída en Hungría; 
había liecbo nueva tregua con el emperador Maximitia- 
no el Segundo, concertándose con el Sofí por te parte de 
Armeoia , y por la de Suría con los jeques alárabes que 
le trabajaban sos confines, y con los genfzaros, infante* 
ría que se suele desasosegar con te «atráde de nuevo se^ 
ñor. Tenia eo el ánimo tes empresas que descubrió con- 
tra véncetenos eo Gipro , contra el rey de Túnez enBer- 
beria ; y que como no le cobvenia repartir sus fuerzas 
eo mocbái partes, asi te convenia que las del Rey Cató* 
iico estuviesen repartidas y ocupadas. Díoese que en 
este tiempo vino del rey de Argel respuesta á los mo-- 
riscos» uiíinándoloB á perseverar en te prosecución del 
tratado, pero excusándose de enviar él armada con 
que esperaba orden de Gonstantinopla. El rey de Fea, 
como religioso en su ley, y del linaje de los Jarifas, te^ 
nidos entra loa moros por santos , les prometió mas re- 
soluto socorro. Todavte vinieron por medio de perso- 
nas fiadas á tratar ambos reyes de la calidad del caso, 
de te posibilidad de los moriscos ; y midiendo sos íuer^ 
tas de mar y tierra con las del rey de España , hallaron 
no ser bastantes para contrastalte ; y aunque se confe- 
deranm , sote ftió para que el rey de Argel hiciese la 
empreu de Tinei y Biserta , en tanto que el rey don 
Filipe estaba ocqiado en altenar la rebelión db Grana- 
da; y jontamenta permitir que de sus tierras fuese al- 
guna gente asueldo, en espeetel de moros andaluces, 
quesehibten pasado á Berbería; y mercaderes^ pudie- 
sen cargar aitaas, nsuniciones , vitualte, odn que los 
moriscos filasen por sus dinefes socoitidos. 

Aípojam llaman toda te montana sujeta á Granada, 
eoffio corre de levante á poniente , prolongándose entre 
tierra de Qnanada y te mar, diez y siete leguas en tergo , 
y once en lo mas ancho^ poco mas ó meaos : estéril y 
Éspoa despyo , sino donde hay vegas ; pero con te in- 
dustria dé los moriscos (que ningún espacio de tiem 
dsjan perder ), tratable y colti vada , abundante de Gru- 
tas y ganados y cría de sedas. Esta montaña , como era 
príBdpal en te rebelión , así te escogieron por sitio en 
qoe mantener la guerra, por tener te mar, donde espe- 
laban socorro, por la dificultad de los pasos y calidad 
de te tierra , por te gente que entre ellos es tenida por 
brava. Habían ya pensado rebelarse otras dos reces 
antes; una Jueves Santo, otra por setiembre deste 
aiíe : tenaa prevenido á Aluch Ali con el armada de 
Argel; maa él, entendiendo que el conde deTendilla 
estaba «visado y aguardándole en el campo, volvió, de- 
jáadese de la empresa , con el armada á Berberia. En 
ís, áloe 23 de diciembre , luego qae sucedió el caso 
de Cádlar, la misma gente , con las armas mojadas en 
te sangre de aquellos pocos , salieron en púbhco ; mo- 
vieron los logares comarcanos y los demás de te AI- 
pujarra y rio de Almería^ con quien tenten común el 
tratado , enviando por corredores y para descubrir los 
áoimoa y motivo ¿é te gente de Granada y la Vega, á 
Faraz Aben Fam oon basta ciento y eincaenta bouH i 



GRANADA. 75 

bnos, gente suelta y desmandada, escogida entre los 
que mayor obligación y mas esfuerzo tenian. Ellos, re- 
cogiendo la que se les llegaba, tomaran resolución de 
acometer á Granada, y caminaron para ella con hasta 
seis mil hombres mal armados ; pero juntos y con bue- 
na orden , según su Costumbre. 

En España no había galeras ; el poder del Rey ocu- 
pado en regiones apartadas,^ el reino fuera de tal cui- 
dado , todo seguro, todo sosegado ; que tal estado era 
el (|ue á ellos parecía mas á su propósito. Los ministros 
y gente en Granada, mas sospechosa que proveída, co- 
mo pasa donde hay miedo y confusión. Pero fué acon- 
tecimiento hacer aquella noche tan mal tiempo y caer . 
tanta nieve en te sierra que llaman Nevada y antiguii- 
mente Soloria , y los moros Solaira , que cegó los pasos 
y veredas cuanto bastaba para que tanto número de .* 
gente no pudiese llegar. Mas Farax, con los ciento y 
cincuenta hombres, poco antes del amanecer entró por 
te puerta alta de Guadiz, donde junta con Granada el 
camino de te sierra, con instrumentos y gaitas, como es 
su costumbre. Llegaron al Albaícin, corriéronlos ca- 
lles, procuraron levantar el pueblo haciendo prome- 
sas , pregonando sueldo de parte de los reyes de Fez y 
Argel , y afirmando qoe con gruesas armadas eran lle- 
gados á la costa del reino de Granada : cosa que escan- 
dalizó y atemorizó los ánimos presentes, y á losausen- 
tes dio tanto mas en que pensar, cuanto mas lejos se 
hallaban ; porque semejantes acaecimientos cuanto 
mas se van apartando de so principio, taqto parecen 
mayores y se juzgan con mayor encarecimiento. | Y 
que en un reino pacífico, lleno de armas, prudencte, 
justicte, riqnezas; gobernado por ^ rey que pocos 
auos antes habte hecho en persona el mayor principio^ 
que nunca hizo rey en España , vencido en un año dos 
batallas, ocopado por fuerza tres plazas al poder de 
Francia , compuesto negocio tan desconfiado como te 
restitución del duque de Saboya, hecho por £us capi- 
tanes otras empresas , atravesado sus banderas de Ita- 
lia áFlándes (viiye al parecer imposible) por tierras 
y gentes que después de las armas romanas nunca vie- 
ron otras en su comarca ; pacificado sus estados con 
victorias, don sangre, con castigos; dentro en el re- 
poso , en te seguridad de su reino, en ciudad poblaik 
por la mayor parte de cristianos, tanto mar en medio, 
tantas galeras nuestras ; entrase gente armada con es- 
paldas de tantos hombres por medio de la ciudad , ape- 
llidando nombres de reyes infices enemigos I Estado 
poco seguro es el de quien se descuida, creyendo que 
por sote su autoridad nadie se puede atrever á ofende- 
lie. Los moriscos, hombres mas prevenidos que dies- 
tros, esp^ban por horas la gente de la Alpujarra : 
sallan el Tagarí y Monfarriz, dos capitanes, todas las 
noches al cerro de Santa Helena por reconocer; y sa- 
lieron la noche antes con cincuenta hombres escogidos 
y diez y siete escalas grandes , para, juntándose con Fa- 
rax, entrar en el Alhambra ; mas visto que no veoten al 
tiempo , escondiendo las escalas en una cueva , se vol- 
vieron, sin salir la siguiente noche , pareciéndoles, co* 
mo poco pláticos dé semejantes casos, que la templad 
estorbaria á venir tanta gente junta , con que pudiesen , 
ellos y sus» compañeros poner en ejecución el tratado 
del Alhambra; debiéndose esperar semejante noche 
para escalarla. Mas los del Albaicin estuvieren sose<» 



76 DON DIEGO 

gados en las pasas, cerradas las puertas, como igoo* 
rantes del tratado , oyendo el pregón ; porque , aunque 
se hubiese comunicado con ellos, no con todos en ge- 
neral ni particularmente, ni estaban todos ciertos del 
dia(aunquese dilató poco la venida), ni del número de 
la gente, ni de la orden con que entraban, ni de la que 
en lo por venir temian. Dijese que uno de los viqos 
abriendo la ventana preguntó cuántos eran, y respon- 
diéndole seis mil, cerró y dijo ; a Pocos sois y venís 
presto;» dando i entender que hablan primero de co- 
menzar por el Alhambra, y después venir por el Al- 
bfticin , y con las fueraas del rey de Argel. Tampoco se 

, movieron los de la Vega que seguían á los del Albai- 
cin , especialmente no oyendo la artillería del Alhambra, 
que tenian por contraseño. Habia entre los que gober- 

.naban la ciudad emulación y voluntades diferentes; 
pero no por esto, así ellos como la gente principal y 
pueblo, dejaron de hacer la parte que tocaba ¿ cada uno. 
Estúvose la noche en armas ; tuvo el conde de Tendilla 
el Alhambra á punto , escandalizado de la música mo- 
risca; cosa en aquel tiempo ya desusada ; pero avisado 
de lo que era, con mejor guaírdia. El Marqués, aunque 
no tenia noticia del contraseño que los moros hablan 
dado'á la gente de la Vega, y él le tenia dado á la gente 
de la dudad que en la ocasión había de disparar tres 
piezas; temiendo que si se hacia pensasen los moros 
que estaba en aprieto, y acometiesen el Alhambra, en 
que había poca guardia, mandó que ningún movimiento 
se hiciese, ni se pidiese gente ¿ la ciudad; que fué la 
salvación del peligro , aunque proveído á otro propósi- 
to ; porque acudiendo los moriscos de la Vega al con- 
traseño, necesitaban ¿ los del Albaicin á declararse y 

^juntarse con ellos, y como descubiertos, combatir la 
ciudad. Bajó el Conde á la plaza nueva y puso la gente 
en orden : acudieron muchos de los forasteros y de la 
ciudad, personas principales, al presidente don Pedro 
de Deza, por su oficio, por el cuidado que le habían 
visto poner en descubrir y atajar el tratado, por su afa- 
bilidad, buena manera generalmente con todos, y al- 
gunos por la diferencia de voluntades que conocían en- 
tre él y el marqués de Mondéjar. Este con solos cuatro 
de ¿ caballo y el corregidor subió al Albaicin, mas por 
reconocer lo pasado , que suspender el daño que se es- 
peraba ó asosiagar los ¿nímos que ya tenia por perdí* 
dos; contento con alargar algún día el peligro, mos- 
trando confianza, y gozar del tiempo que fuese común 
ájellos, para ver cómo procedían sus valedores , y á él 
para armarse y proveerse de lo necesario y resistir á los 
unos y á los otros. Hablóles : a Encareció su lealtad y 
firmeza, su prudencia en no dar crédito á la liviandad 
de pocos y perdidos, sin prendas, livianos, hombres 
que con las culpas ajenas pensaban redimir sus delitos 
¿adelantarse. Tal confianza se había hecho siempre, y 
en casos tan calificados, de la voluntad que tenian sd 
servicio del Rey ^poniendo personas, haciendas y vidas 
con tanta obediencia ¿ los ministros ; ofreciéndose de 
ser testigo y representador de su fe y servicios , inter- 
cediendo con el Rey para que fuesen conocidos, esti- 
mados y remunerados.» Pero ellos, respondiendo pocas 
palabras, y esas mas con semblante de culpados y ar- 
repentidos que de determinados, ofrecieron la obra y 
perseverancia que habían mostrado en todas las oca- 
siones; y pareciéndole al Marqués bastar aquello « sin 



DE MENDOZA. 

quitalles el miedo que tenian del pueblo, se bajó á la 
ciudad. Habia ya enviado á reconocer los enemigos ; 
porque ni del propósito ni del número ni de la cali- 
dad dellos, ni de las espaldas con que habían entrado, 
se tenía certeza , ni del camino que Hacían, (lefiríeroa 
que habiendo parado en la casa de las Gallinas , atrave- 
saban el Genil la vuelta de la sierra; puso recaudo en 
los lugares que convenia ; encomendó al Corregidor la 
guardia de la ciudad; dejó en el Alhambra, donde habia 
pocos soldados mal pagados, y estos de á caballo, el 
recaudo que bastaba, juntando á este los criados y ai/»- 
gados del conde de Tendilla , perscmas de crédito y 
amistades en la ciudad. El, con la caballería que se ha- 
lló , siguió i los enemigos, llevando consigo á sa yenm 
y hijos (a) ; siguiéronle , parte por servir al Rey, parte 
por amistad ó por probar sus personas, por curiosidad 
de ver toda la gente desocupada y principal que se ba- 
ilaba en la ciudad. Salió con la gente de su casa el con- 
de de Miranda don Pedro de Zúñiga (6), que á la sazón 
residía en pleitos; grande, igual en estado y linaje : 
eran todos pocos, pero calificados. Mas los enemigos, 
visto que los vecinos del Albaicin estaban quedos y 
los de la Vega no acudían, con haber muerto un sol- 
dado , herido otro , saqueado una tienda y otra como en 
señal de que habían entrado , tomaron el camino que 
habían traído, y por las espaldas de la Alhambra pro- 
longando la muralla , llegaron á la casa que por estar 
sobre el rio llamaban los moros Dar-al-huet, y nos- 
otros de las Gallinas, según los atajadores bafaían re- 
ferido. Pararon á almorzar y estuvieron hasta las ocho 
delamañana : todo guiado por Farax, para mostrar que 
había cumplido con la comisión , y acusar á los del Al- 
baicin ó su miedo ó su desconfianza, y aun con espe- 
ranza que, llegada la gente de la Alpiyarra, bafian mas 
movimiento. Pero después que ni lo uno ni lo otro le 
sucedió, acogióse al camino de Nigüéles, animándose 
á la falda de la montaña; y puesto en lo espero, cami- 
nó haciendo muestra que esperaba. Pocos de la com- 
pañía del Marqués alcanzaron á mostrarse, y ninguno 
llegó á las manos, por la aspereza del sitio; aunque le 
siguieron por el paso del rio de Monachil hasta atrav»- 
sar el barranco, y de allí al paraje de Dilar^ por donde 
entraron sin daño en lo mas áspero. 

Duró este siguimiento hasta el anochecer, que pa- 
reció al Marqués poco necesario quedar allí, y mucho 
proveer á la guarda y segundad de la ciudad; temero- 
so que juntándose los moriscos del Albaicin con los de 
la Vega , la acometerían, sola de gente y desarmada. 
Tornó una hora antes de media noche, y ún perder 
tiempo comenzó á prevenir y llamar la gente que pudo, 
sin dineros, y que estaba mas cerca ; los que por ser- 
vir al Rey, los que por su seguridad, por amistad del 
Marqués, memoria del pfdre y abuelo, cuyafiíma era 
grande en aquel reino, por esperanza de ganar, por 
el ruido ó vanidad de la guerra, quisieron juntarse. Hi- 
zo llamamientos generales , pidiendo gente á las ciu- 
dades y señores de la Andalucía, á cada uno conforme 
á la obligación antigua y usanza de los concejos, que 
era venir la gente á su costa el tiempa que duraba la 

(«) Era este yerno dion Alonso de Cirdenas, qne daspaéa, por 
moerte'de sa padre , foó conde de la Paebla. 

(k) Era asta don Pedro conde de Miranda , bermaao j siefro 
del que en noeatros dlaa faé preaidente de Italia y da GasüUa. 



GUERRA DE 

comida queiiodíaa traeré los hombros (talegas las lia- 
mabuilos pasados, y nosotros ahora mochilas). Gon- 
Ubase para una semana; mas acabada, servían tres me- 
ses pingos por sus pud)lo6 enteramente , y seis meses 
ideíaate pagaban los pueblos la mitad, y otra mitad el 
Rey : tomaban estos á sus casas , yenian otros ; manera 
de levantarse gente, dañosa para la guerra y para ella, 
porque siempre era nueva. Esta obligación teniancomo 
pobladores, por razón del sueldo que el Rey les repartía 
por heredades, cuando se ganaba algún lugar de los 
enemigos. Llamó también á soldados particulares, aun- 
que ocupados en otras partes , ¿ los que vivian al sueldo 
del Rey, á los que, olvidadas ó colgadas las esperanzas 
I armas, reposaban en sus casas! Proveyó de armas y de 
vituallas, envió espías por todas partes & calar el moti- 
Tode los enemigos, avisó y pidió dineros al Rey para 
resistillos y asegurar la ciudad. Mas en ella era el mie- 
do mayor que la causa : cualquier sospecha daba desa- 
sosiego, ponía los vecinos en arma; discurrir á diver- 
sas partes , de ahí volver á casa; medir el peligro cada 
uooconsu temor , trocados de continua paz en conti- 
nua alteración, tristeza, turbación y priesa; no íiar.de 
persona ni de lugar; las mujeres á unas y á otras par- 
tes preguntar, visitar templos : muchas de las principa- 
les se acogieron al Alhambra, otras con sus familias 
salieroB, por mayor seguridad , á lugares de la comarca . 
Estaban las casas yermas y las tiendas cerradas, sus- 
penso el trato, mudadas las horas de oficios divinos y 
kuroaoos, atentos los religiosos y ocupados en oracio- 
nes y plegarias , como se suele en tiempo y punto de 
grandes peligros. Llegó en las primeras la gente de las 
viOas sujetas á Granada, la de Alcalá y Loja ; envió el 
Marqués una compañía que sacase los Oristianos viejos 
que estaban en Restával, cierto que el primer acome- 
timiento sería contra ellos; en Dúrcal puso dos compa- 
ñías, porque los enemigos no pasasen á Granada sin 
quedar guarnición de gente á las espaldas ; y ¿ don Die- 
go da Quesada , con una compañía de infantería y otra 
de caballos, enguardade la puente de Tablate, paso de- 
Rcbo de la Alpujarra á Granada. £1 Presidente, alivia- 
do ya del peligro presente , comenzó ó pensar con mas 
lib^d en el servicio del Rey ó én la emulación con- 
tra el marqués de Mondéjar : escribió á don Luis Fajar- 
do, marqués de Vélez , que era adelantado del reino de 
Murcia y capitán general en la provincia de Cartagena 
(ciudad nombrada mas por la seguridad del puerto y 
por la destruicionque en ella hizoScipion el Africano, 
que por la grandeza ó suntuosidad del edificio), aui- 
mandóle á juntar gente de aquellas provincias y de sus 
deudos y amigos ^ y entrar en el rio de Almería , donde 
tena servicio al Rey, socorrería aquella ciudad, que de 
(Dar y tierra estaba en peligro, y aprovecharía á la gen- 
te con las riquezas de los enemigos. Era el Marqués te- 
nido por diligente y animoso; y entre él y el marqués 
^ Moodéjar hubo siempre diferencias y alongamiento 
de voluntad, traído^ dende los padres y abuelos. El de 
^éiez sirvió al Emperador en las empresas áfi Túnez y 
lienza, el de Mondéjar en la de Argel; ambos tenían 
aoticia de la tierra donde cada uno de ellos servía. Co- 
menzó el de Vélez á ponerse en orden , á juntar gente, 
pule á sueldo da su hacienda ^ parte de amigos. 

Entre tanto el nuevo electo rey de Granada , en cuan- 
to le duró la esperanza que el Albaicin y la Vega habían 



GRANADA. 77 

de hacer movuniento , estuvo quedo; mas como vio tan 
sosegada la gente, y las voluntades con tan poca de- 
mostración, salió solo camino de la Alpujarra: encon- 
tráronle á la salida de Lanjaron, á pié, el caballo del 
diestro; pero siendo avisado que no pasase adelante, 
porque la tierra estaba alborotada, subió en su caballo, 
y con mas priesa tomó el camino de Valor. Hablan los 
moriscos levantados hecho de sí dos partes : una llevó 
el camino de Órgiba, lugar del duque de Sesa (que fué 
de su abuelo el gran capitán) entre Granada y la entra- 
da de la Alpujarra, al levante tierra de Almería, al po- 
niente la de Salobreña y Almuñécar , al norte la misma 
Granada, al mediodía la mar con muchas calas, donde 
se podían acoger navios grandes. Sobre esta villa, como 
mas importante, se pusieron dos mil hombres reparti- 
dos en veinte banderas : las cabezas eran el alcaide de 
Medna y el corcení de Motril. Fueron los cristianos vie- 
jos avisados, que serian como ciento y sesenta perso- 
nas , hombres, mujeres y niños ; recogiólos en la torre 
Gaspar de Saravia, que estaba por el Duque. Mas los 
moros comenzaron ¿ combsUirla ; pusieron arcabucería 
en la torre de la igleaa, que los crístianos, saltando fue- 
ra, echaron della : llegáronse á picar la muralla con 
una manta, la cual les desbarataron echando piedras y 
quemándola con aceite y fuego ; quisieron quemar las 
puertas, pero halláronlas ciegas con tierra y piedra. 
Amonestábalos á menudo un aloáuedano desde Ja igle- 
sia con gran voz , que se rindiesen á su rey Aben-Hu- 
meya. (Dicen almuédano al hombre que á voces los con- 
voca á oración , porque en su ley se les prohibe el uso 
de las campanas. ) Llamaron á un vicarío de Poqueira, 
hombreentrelosunosy los otros de autorídad y crédito, 
para que los persuadiese á entregarse, certificándoles 
que Granada y el Alhambra estaban ya en poder de los 
moros : prometían la vida y libertad al que se rindiese, 
y al que se tomase moro la hacienda y otros bienes para 
él y sus sucesores : tales eran los sermones que les ha- 
cían. La otra banda de gente caminó derecho á Grana- 
da á hacer espaldas'á Farax-Aben-Farax y á los que en- 
viaron, y á recebir al que ellos llamaban rey, á quien 
encontraron cerca de Lanjaron ,.y pasaron con él ade- 
lante hasta Dúrcal. Pero entendiendo que el Marqués 
había dejado jguesta guarnición en él , volvieron á Va- 
lor el alto, y de allí á un barrio que llaman Latear, en 
el medio de la Alpujarra; adonde con la misma solem- 
nidad que en Granada , le alzaron en hombros y le eli<- 
gieron por su rey. Allí acabó de repartir los oficios, al- 
caidías, alguacilazgos por comarcas (á que ellos llaman 
en su lengua tahas) y por valles , y declaró por capitán 
general á su tío Aben-Jauhar, que llamaban don Fer- 
nando el Zaguer, y por su alguacil mayor á Farax-Aben- 
Farax. (Alguacil dicen ellos al primer oficio después de 
la persona del Rey , que tiene libre poder en la vida y 
muerte de los hombres sin consultarlo .) Vistiéronle de 
púrpura ; pusiéronle casa como á los reyes de Granada, 
según que lo oyeron á sus pasados. Tomó tres mujeres, 
una con quién él tenía conversación y la trujo consigo, 
otra del río de Almanzora, y otra de Tavemas, porque 
con el deudo tuviese aquella provincia mas obligada, 
sin otra con quien él primero fué casado, hija de uno 
que llamaban Rojas. Mas dende á pocos días mandó ma- 
tar al suegro y dos cuñados porque no quisieron to- 
mar su ley ; dejó la mujer , perdonó la suegra porque 



78 DON DIEGO 

la tiabia parido , y quiso gracias por ello como piadoso. 
ComensaroD por el Alpujarra , río de Almería, Bolodul 
y otras partes á perseguir á los cristianos tiejos , profa- 
nar y quemar las iglesias con el Sacramento, martirizar 
religiosos y cristianos, que, 6 por ser contrarios á su 

, ley , ó por haberlos dotriuado en la nuestra , ó por ha* 
berlos ofendido, les eran odiosos. En Güécija, lugar 
del río de Almería , quemaron por voto un convento de 
frailes agustinos, que se recogieron á la torre, echan* 
doies por un horado ^e lo alto aceite hirviendo; sir* 
viéndose de la abundancia que Dios les dló en aquella 
tierra, para ahogar sus frailes. Inventaban nuevos gé- 
neros de tormentos : alcuradeMairena(l) hincheron de 
pólvora y pusiéronle fuego; al vicario enterraron vivo 
hasta la cinta, y jugáronle á las saetadas; á otros lo 
mismo , dejándolos morir de hambre. Cortaron á otros 
miembros, y entregáronlos á las mujeres que con agu- 
jas los matasen ; á quién apedrearon , á quién acanave- 
rearon, desollaron, despeñaron; y á dos hijos de Arce, 
alcaide de la Peza , uno degollaron y otro crucificaron, 
azotándolcy hiriéndole en el costado primero que mu* 
ríese. Sufriólo el mozo , y mostró contentarse de la 
muerte conforme á la de nuestro Redentor, aunque en 
la vida fué todo al contrarío, y muríó confortando al 
hermano, que descabezaron. Estas crueldades hicieron 
los ofendidos por vengarse ; los monfies por costumbre 
convertida en naturaleza. Las cabezas, ó las persua- 
dían ó las consentían ; los justificados las miraban y 
loaban, por tener al pueblo mas culpado, mas obliga- 
ndo , mas desconfiado, y sin esperanzas de perdón ; per- 
mitíalo el nuevo rey , y á veces lo mandaba. Fué gran 
teftimonio de nuestra fe , y de compararse con; la del 
tiempo de los apóstoles, que en tanto número de gente 

* como murió á manos de infieles, ninguno bobo (aun- 
que todos ó los mas fuesen requeridos y persuadidos 
con seguridad, autorídad y riquezas, y amenazados y 
puestas las amenazasen obra) que quisiese renegar; an- 
tes con humildad y paciencia crístiana, las madres con- 
fortaban á los hijos, los niiíos á las madres , los sacef^ 
dotes al pueblo, y los mas distraídos se ofhscian con mas 
volunlad al martirío. Duró esta persecución cuanto el 
calor de la rebelión y la furia de las venganzas; resis- 
tiendo Aben-Jauhar y otros tan blandamente , que en- 
cendían mas lo uno y lo otro. Mas el Rey , porque no 
pareciese que tantas crueldades se hacían con su auto- 
rídad, mandó pregonarque ninguno matase niño de diez 
años abajo , ni mujer ni hombre sin causa. En cuanto 
esto pasaba envió á Berbería á su hermano (que ya lla- 
maban Abdalá) con presente de captivos y la nueva 
de su elección al rey de Argel, la obediencia al señorde 
los turcos ; dióle comisión que pidiese ayuda para man- 
tener el reino. Tras él envió á Hernando el Habaqui á 
tomar turcos á sueldo, de quien adelántese hará rae- 
moría. Mas este, dejando concertados soldados, trajo 
consigo un turco llamado Dalí,' capitán, con armas y 
mercaderes, en una fusta. Recibió el rey de Argel á 
Abdalá como á hermano del Rey; regalóle y vistióle de 
paños de seda; envióle á Gonstantinopla , mas por «h 
trettner al hermano con esperanzas que por dalle so- 



(1) Dé Terque, dice el MS. citado ; pero probablemente aeriá el 
beneflelado Geariqol, eaja maerte menciona Minaol, lib. A,' 
cap. 17. • 



DE MENDOZA. 

corro. En este qiifmo tiempoise acabaron de rebelar los 
demás lugares del río de Almería. 

Estaba entonces en Dalias Diego de la Gasea , capi- 
tán de Adra, que habiendo entemlido el motín Yispera 
de Navidad (día señalado generalmente para rebelarse 
todo el reino ), iba por reconocer á l^ijar ; mas bailán- 
dola levantada, fué seguido de los enemigos hasta en- 
cerralle en Adra, lugar guardado á la marina, asentado 
cuasi donde los antígos llamaban Abdera; que Pedro 
Verdugo , proveedor de Málaga, con barcos bssteeíóde 
gente y vituallas luego que entendió la moerte del ca- 
pitán Herrera en GádJar. Pasaron adelante, visto ef poco 
efeto que hacían en Adra; y juntando con su misina 
gente basta mil y cuatrocientos hombres con un moru 
que llamaban el Ramf, ocuparon el Chítrs (Chatre le 
dicen otros), sitio fuerte junto á Almería, creyendo 
que los moríscos vecinos de la ciudad tomarían las ar- 
mas contra los cristianos viejos : escribieron y enviaron 
personas ciertas á solicitar, entre otros , á don Alonso 
Venégas, hombre noble de gran autorídad, que coa 
la carta cerrada se fué al ayuntamlmito de los regido- 
res ; y leída, pensando un poco cayó desmayado , mas 
tomándole los otros regidores y reprendiéndole, res- 
pondió : «Recia tentación es la del reino; n y díólés la car- 
ta en que parecía como le ofiredan tomalle por rey de 
Almería. Vivió doliente dende entonces, pero leal j 
ocupado en el servicio del Rey. Estaba don Garda de 
Villarroel, yerno de don Juan, el que muríó dende á 
poco en las Cuajaras, por capitán oixlinarío en Almería, 
y tomando la gente de la ciudad y la suya , di6 sobre 
los enemigos otro dia al amanecer, pensando eHosqae 
venía gente en su ayuda : rompiólos, y mató al Rami 
con algunos. Los que de allí escaparon , juntándose con 
otra banda del Cehel, y llevando á Hocaíd de Motríl por 
capitán , tomaron á Castil de Ferro , tenencia del duque 
de Sesa, por tratado , matando la gente , sino á Machín 
el Tuerto, que se la vendió. De ahí pasaron á Motril, jun- 
taron (2) una parte del puebIo,y Uevaroncasasde moris- 
cos, volviendo sobre Adra; de donde salió Gasea con 
cuarenta caballos y noventa arcabuceros á reconocelkii, 
y apartándose, llamó un trompeta, cuyo nonobreera 
Santiago , para enviar á mandar la gente ; mas fué tan 
alta la voz, que pudieron oiUa los soldados, y creyeoáe 
que dijese Santiago , como es costumbre de España pa- 
ra acometer los enemigos, arremetieron sin mas orden. 
Juntóse Diego de la- Gasea con ellos , y fueron cuasi ro- 
tos los moros, retirándose con pérdida de cien hombres 
á la sierra. Iban estas nuevas cada dia creciendo ; me- 
nudeaban los avisos del apríeto en que estaban los da 
la torre en órgiba; que los moros de Berbería babivi 
prometido gran socorro ; que amenazaban á Almería y 
otros lugares, aunque guardados en la marína, proveí- 
dos con poca gente. Temía el Marqués, si grueso núme- 
ro se acercase á Granada , que desasosegarían el Albai- 
cin , levantarían las aldeas de la Vega, y tanto mayores 
fuerzas cobrarían , cuanto se tardase mas la resisten- 
cia ; daríase ánimo a los turcos de Berbería de pasar á 
socórrenos con mayor príesa, confianza y Mperanza; 
fortificarían plazas en que recogerse, y no les fialtarían 
personas pláticas desto y de la guerra entre otras na- 
ciones que les ayudasen , y firmarían el nombra de reí- 

(S) Bl MS. mencionado, qumÉron. 



GWRRA DB 

uo , puesto qoe vano y sin fasdamento , poijudicial y 
odioso á 'm oídos del señor natural , por grande y po- 
deroso qua sea ; dirfase avilanteza á ios descontentos 
para pensar novedades. 

Estando las cosas en estos términos, vino Aben HtK 
loe ya con la gente que tenia sobre Tabíate , y trabando 
con don Diego de Quesada una escaramuza gruesa» 
cargó tanta gente de enemigos , que le necesitó á dejar 
la puente y retirarse á Dúrcal. Estas razones y el caso 
de don Diego fueron parte para que el Marqués , con la 
gente que se hallaba, saliese de Granada á resistillos, 
basta que viniese mas número con que acometellos ¿ I9 
iguala; dejando proveído á laguarda y seguridad de la 
dudad y el Albambra á su hijo el conde de Tendilla por 
sa teniente; al corregidor el sosiego , el gobierno, la 
froTísion de Titualias , la correspondencia de avisar al 
ano y al otro, con el Presidente, de cuya autoridad se 
valiesen en las ocasiones. Salió de Granada á los 3 de 
liebrero(l$69)conpropó$itode socorrer á órgiba : vino 
á Alendin, y de allí al Padul. La gente que sacó fueron 
ochocientos infantes y doscientos caballos; demás des- 
tos, los hombres principales que ó con edad ó con en- 
feróiedad ó con ocupaciones públicas no se excusaron, 
seguíanle , mirábaaíe como i salvador de la tierra , o)-* 
tidada por entonces ó disimulada la pasión. Paró en 
el Padul , pensando esperar allí la gente de la Andalu* 
cía, sin dinero , sin vitualla , sin bagajes : con tan poca 
tente tomó la empresa ; pero la misma noche á la se- 
gunda guardia , oyéndose golpes de arcabuz en Dúrcal, 
creyendo todos que los enemigos habian acometido la 
guardia que allí estaba , partió con la caballería; halló 

que , sintiendo so venida por el ruido de los caballos en 
el cascajo del río, se habian retirado con la oscuridad 
de la nodie, dejando el lugar y llevando herida alguna 
gente; yeJ Marqaés , para no darles avilanteza , toman- 
do ai Padul, acordó hacer en Dúrcal la masa. En tiem- 
po de tres días llegaron cuatro banderas de Baeza , con 
qne crecía el Marqués^ mil y ochocltotos infantesy una 
compañía de noventa caballos; y teniendo aviso del 
trabajo en que estaban los de úrgíba , y que Aben Hu- 
Bieja juntaba gente para estorballe el paso de TablatOi 
salió de Dúrcal. 

Entre tanto el conde de Tendilla recebía y alojaba la 
gente de las ciudades y señores en el Albaicin ; y por- 
que no bastaba para asegurarse de los moriscos de la 
ciudad y la tierra y proveer á su padre de gente , nom- 
itródiezy sietecapitanes, parte hijos de señores, parte 
caballeros de la ciudad, parte soldados; pero todos 
personas de crédito : aposentólos y mantúvolos sin pa- 
gas con alojamientos y contribuciones. £1 Marqués, de- 
jando guardia en Dúrcal , paró aquella noche en Elchi- 
te, de donde partió en orden camino de la puente; y 
babiendo enviado una compañía de caballos con alguna 
ircabncería á recoger la gente que había quedado atrás, 
para que asegurasen los bagajes f embarazos , y man- 
dado volver á Granada los desarmados que vmieron de 
laándalucSa , tuvo aviso que los enemigosle esperaban, 
parte en la ladera , parte en la salida de la misma puen- 
te , 7 la estaban rompiendo. Eran todos cuasi tres mil y 
quinientos tiombres, los mas dallos armadqs de arca- 
buces y bailestas , los otros con hondas y armas enhas- 
tadas : eooaeiisóae una escaramuza trabada; inas el 
^brquéSy visto que remoKimbáa alguna» picas de eu 



GRANADA. 



7d 



escuadrón^ arremetió adelante con la gente particular, 
de manera que apretó los enemigos hasta forzarlos á 
dejarla puente, y pasó una banda de arcabucería por 
lo que della quedaba entero. Con esta carga fueron 
rotos del todo, retrayéndose en poca orden á lo alto de 
la montaña. Algunos arcabuceros llegaron á Lanjaron 
y entraron en el castillo, que estaba desamparado ; re* 
parase la puente con puertas , con rama , con madera 
que se trajo del lugar de Tablate , por donde pasó la ca-> 
bailaría ; el resto del campo se aposentó en él sin seguir 
los enemigos , por ser ya tarde y haberse ellos acogido 
á lo fuerte, donde los caballos no les podían dañar. El 
día siguiente, dejando en la puente al capitán Valdi- 
via con su compañía para seguridad de las escoltas que 
iban de Granada á la Alpujarra , por ser paso de impor- 
tancia, tomó el camino de ()rgiba , donde los enemigos 
le esperaban al paso en la cuesta de Lanjaron; y ha- 
biendo sacado una banda de arcabucería con algunos 
caballos , mandó á don Francisco, su hijo (a) , que con 
ellos se mejorase en lo alto de la montaña , yendo él su 
camino derecho sin estorbo; porque Aben Humeya, 
con miedo que le tomasen los nuestros las cumbres que 
tenia para su acogida, dejó libre el paso, aunque la 
noche antes había tenido su campo enfrente del nues- 
tro con muchas lumbres y música en su manera , ame- 
nazando nuestra gente y apercibiéndola para otro día á 
la batalla. Llegado el Marqués ¿órgiba, socorrió la tore- 
ro, en término que si tardara , era necesario perderse 
por falta de agua y vitualla , cansados de velar y resis- 
tir. He querido hacer tan particular memoria del caso 
de órgiba porque en él hubo todos los accidentes que 
en un cerco de grande importancia : titlados comba^ 
tidos , quitadas las defensas, salidas de los de dentro 
contra los cercadores, ó falta de artíHerfa picados los 
muros , al Gn hambreados , socorridos con la diligencia 
que ciudades ó plazas importantes; hasta juntarse dos 
campos tales cuales entóneoslos había , uno á estorbar, 
otro á socorrer; darse batalla, donde intervino persona 
yliombre de rey. Socorrida y proveída órgiba de vi- 
tualla, munición y gente la que bastaba para asegurar 
las espaldas al campo, mandando volver á Granada , á 
orden del conde su hijo, cuatro compañías de caballería 
y una de infanteria para guarda de la oíudad(i), partió 
contral'óquelrá, donde tuvo aviso qoe Aben Humeya 
había parado resuelto de combatir : juntó con su gente 
dos compañías , una de infantería y otra áB caballos que 
le vino de Córdoba. Cerca del rio que divide el camino 
entre órgiba y Poqueira descubrió Ibs enemigos en el 
paso que llaman Alfajarali. Eran cuatro mil hombres 
los principales que gobernaban apeados : hicieron una 
ala delgada en medio ; á los costados espesa de gente, 
como es su costumbre ordenar el escuadrón ; ó la ma- 
no derecha , cubiertos con un cerro , había eixíboscados 
quinientos arcabuceros y ballesteros ; demás desto, 
otra emboscada en lo hondo del barranco , luego pasa- 
* do cirio, de mucho mayor número de gente. Laque 
el Marqués llevaba serían dos mil infantes y trescientos 
caballos en un escuadrón prolongado, guameddo de ar- 

(^ Bate dea Fraaeiico es el almirante de Aragón > qae detraes 
de Tarios casos 7 fortanas se ordenó de clérigo 7 faó obispo de 

Sigdeiia. . ^ . 

(1) Aquí sfiade el MS. : deiat queU htbim §kmuMá9 m Lm^ 

/•ros di lea diitfedM di rMs y Baaaf • 



80 



DON DIEGO DE MENDOZA. 



cabucería 7 mangas, segua la dificultad del camiDo; la 
caballería, parte en la retaguardia/parte al un lado, 
donde la tierra era tal que podían mandarse los cabar 
Uos, pero guarnecida asimismo de alguna infantería; 
porque en aquella tierra, aunque los caballos sirvan 
mas para atemorizar que para ofender, todavía son pro- 
vechosos. Apartó del escuadrón dos bandas de arcabu- 
cería y cien caballos , con que su hijo don Francisco 
fiíese á tomar las cumbres de la montaña : en esta or- 
den bajando al rio, comenzó á subir escaramuzando 
con los enemigos; mas ellos, cuando pensaron que 
nuestra gente iba cansada, acometieron por la frente, 
por el costado y por la retaguardia todo á un tiempo; 
de manera que cuasi una hora se peleó con ellos á todas 
partes y 6 las espaldas , no sin igualdad y pcUgro ; por- 
que la una banda de arcabucería estuvo en términos de 
desorden, y la caballería lo mismo; pero socorrió el 
Marqués con su persona los caballos, enviando socor- 
ro ¿ los infantes. Viendo los enemigos que les tomaba 
los altos nuestra arcabucería, ya rotos se recogieron á 
ellos con tiempo , desamparando el paso. Siguió^ el 
alcance mas de nredia legua hasta un lugar que dicen 
Lubien : la noche y el cansancio estorbó que no se 
pasase adelante; murieron dellos en este rencuentro 
cuasi seiscientos; de los nuestros siete; hubo muchos 
heridos de arcabuces y ballestas. Don Francisco de Men- 
doza, hijo del Marqué», y don Alonso Portocarrero fue- 
ron aquel dia buenos caballeros, entre otros que allí 
se hallaron ; don Francisco , cercado y fuera de la silla, 
se defendió con daño de los enemigos, rompiendo por 
medio. Don Alonso, herido de dos saetadas con yerba, 
peleó hasta caer trabado del veneno usado dend^ los 
tiempos antiguos entre cazadores. Mas porque se va 
perdiendo el uso della con el de los arcabuces, como 
se olvidan muchas cosas con la novedad de otras , diré 
algo de su naturaleiw. Hay dos maneras, una que se 
hace encastilla en las montañas de Béjar y Guadarra- 
ma (á este monte llamaban los antiguos Orospeda, y al 
otro Idubeda), cociendo el zumo de vedegambre, á que 
en lengua romana y griega dicen eléboro negro , hasta 
que hace correa, y curándolo al sol, lo espesan y dan 
fuerza (a) ; su olor agudo no sin suavidad , su color es- 
curo, que tira á rubio. Otra se hace en las montañas 
nevadas de Granada* de la misma manera; pero de la 
yerba que los moros dicen rejalgar, nosotros yerbas, 
los romanos y ¿riegosacónito , y porque mata los lobos, 
licoctónos ; color negro , olor grave, prende mas pres- 
to, daña mucha carne; los accidentes en ambas los 
nodsmos, frió, jlorpeza, privación de vista, revolvi- 
miento de estómago , arcadas', espumajos, desflaque- 
cimiento de fuerzas hasta caer. Envuélvese la ponzo- 
ña con la sangre donde quier que la halla, y aunque 
toque la yerba á la que corre fuera de la herida, se re- 
tira con ella y la lleva consigo por las venas al corazón, 
donde ya no tiene remedio ; mas antes que llegue hay 
todos los generales : chúpenla para tirarla afuera , aun* 

2ue con peligro; psylos llamaban en lengua de Egipto 
los hombres que tenían este oficio (6). El particular 
remedio es zumo de membrillo, fruta tan enemiga de 
esta yerba , que donde quier que la alcanza el olor , le 

(a) Algo dlOere de lo que dice Laguna sobr^nioscórtdet, Ul>. 4, 
Mp. 79 7 cap. 153. 
V*) PUa., Ub. 7, cap. t, y Ub. 8, cap. !& 



quita la fuerza ; zumo de retama , cuyas hojas macha- 
cadas he yo visto lanzarse de suyo por la herida cuanto 
pueden, buscando el veneno hasta topallo y tíraUe afue- 
ra : tal es la manera desta ponzoña, con cuyo tumo 
untan las saetas envueltas en lino, porque se detenga. 
La simplicidad de nuestros pasados, que no conocieron 
manera de matar personas sino á hierro , puso á todo 
género de veneno nombre de yerbas : usóse en tiempos 
antiguos en las montañas de Abruzzo, en las de Can> 
dia , en las de Pereia ; en los nuestros, en los Alpes que 
llaman Monsenis hay cierta yerba poco diferente, díciía 
tora , con que matan la caza , y otra que diceír autora, 
á manera de dictamno, que la cura. 

Entróse Poqueira, lugar tan fuerte, que con poca re- 
sistencia se defendiera contra mucho mayores fuerzas. 
Los moros, confiándose del sitio , le habían escogido por 
depósito de sus riquezas , de sus mujeres , hijos y vitua- 
lla : todo se dio á saco; los soldados ganaron cantidad 
de oro , ropa , esclavos ; la vitualla se aprovechó cuanto 
pudo; roas la priesa de caminar en seguimiento de los 
enemigos, porque en ninguna parte se firmasen , y la 
falta de bagajes en que la cargar, y gente con que ase- 
gurella, fué causa de quemar la mayor parte, porque 
ellos no se aprovechasen. Partió el Marqués el dia si- 
guiente de Poqueira, y vino á Pitres , ionde se detuvo 
curando los heridos, dando cobro á muchos captivos 
cristianos que libertó , ordenando las escoltas y toman- 
do lengua. Alcanzáronle en este lugar dos coropso/ts 
de caballos de Córdoba y una de infantería : en á tuvo 
nueva como Aben Humeya con mayornúmefo de getn 
te le esperaba en el puerto que llaman de Jubiles, lu- 
gar, á su parecer dellos, donde era imposible pasar 
sin pérdida. Mas queriendo los enemigos tentar prime- 
ro la fortuna de la guerra, saltearon nuestro alojamien- 
to con cinco banderas , en que habla ochocientos hom- 
bres : el día siguiente á mediodía, aprovechándose de 
la niebla y de la hora del comer , acometieron por tres 
partes, y porfiaron líe manera, basta que llegaron á los 
cuerpos de guardia peleando ; pero en ellos fueron re- 
sistidos con pérdida de gente y dos banderas : hubo al- 
gunos heridos de los nuestros. Sosegada y refrescada 
la gente, dejando los heridos y embarazos con buena 
guardia , partió el Marqués ahorrado contra Aben Hu- 
meya; y por descuidarle escogió el camino áspero de 
Trevélez por la cumbre de la sierra de Poqueira, donde 
algunos moros desmandados desasosegaron nuestra re- 
taguardia sin daño. Pasóse aquella noche fuera de Tre- 
vélez sobre la nieve, con poco apareje, y fiio demasiado. 
Habia venido á Pitres un mensajero (i) de Zaguer, que 
decían Aben-Jauhar, tío y general de Aben Hume ja, 
á pedir apuntamientos de paz; pero llevándole el Mar- 
qués consigo, le respondió «que brevemente pensaba 
dalle la respuesta coma convenia al servicio de Dios y 
del Rey ». Dícese que ya d Zaguer andaba recatado de 
que Aben-Humeya le buscase la muerte; y contmuando 
su camino para Jubiles con una compañíií mas deinfan- 
teria y otra de caballos de Ecija , cuyo capitán era Te- 
lio de Aguilar, llegó á vista de Jubiles, donde salió un 

(1) El siguiente trozo, que sin doda por fomar qd paréntesis 
demasiado largo, se saprlmló en ti impreso, eonsta en el IfS. Cn 
mensajero, erisIlMO «tc/o, UamMáo HierMmo di A^wtit , fu pm 
ter Heaftitiú mir$ eUst, kMkia queéMd99i90t 4eloif»úh9 tmroB 
Micnñ é ki nmoB m IQÜ» tfg Ai á^vn. 



GUERRA OE 

cristiano ▼iejo con tres moros á éntregalle el castillo. 
Había deotro mujeres y hijos de los moros que estaban 
eo campo con Aben Humeya ; gente inútil y de estorbo 
pan quien no tiene cuenta con las mujeres y niños, y 
aJguoos moros de paz viejos ; mas porque era necesa- 
rio ocupar mucha gente para guardallos , y si quedaran 
sío guarda se huyeran á los enemigos , mandó que los 
nevasen á Jubiles. Acaeció que un soldado de les atre- 
fidosllegóá tentar una mujer si traia dineros , y alguno 
de los moriscos, ó fuese marido ó pariente, á defende- 
lla, deque se trabó tal mido , que de los moriscos cuasi 
ninguDO quedó tívo; de las moriscas hubo muchas 
muertas; de los nuestros algunos heridos, que con la 
escurídad de te noche se hacían daño unos á otros. Di- 
cese que hubo gente de los enemigos mezclada para 
ver si con esta ocasión pudieran desordenar el campo, 
jque, arrepentidos de la entrega que el Zaguer hizo, 
los padres, hermanos y maridos de las moras quisie- 
ron procurarsu libertad : la escurídad de la noche y la 
confusión fué tanta, que ni capitanes ni oficiales pa« 
dieron estorbar el daño. 

LIBRO SEGUNDO. 

Ea tanto que las cosas de la Alpujarra pasaban como 
teoemos dicho , se juntaron hasta quinientos moros con 
dos capitanes, Girón de las Albuuuelas y Nacoz de Ni- 
gúeles, i tentar la guardia que el Marqués habla dejado 
en la puente de Tablate ; teniendo por cierto que si de 
allí k pudiesen apartar, se quitaría el pasoy el aparejo 
4 las escoltas , y nuestro campo con falta de vituallas se 
desharía. Vinieron sobre la puente hallándola telta de 
gente, y la que babia desapercebida acometieron con 
tanto deoaedo, que la hicieron retirar; parte no paró 
¿asta Granada; muchos dellos murieron sin pelearen 
el alcance; parte se encerraron en una iglesia, donde 
acabaron quemados; con que la puente qued2 por los 
enemigos. Has el conde de Tendilia , saúda la nueva, 
envió i llamar con diligencia á don Alvaro Manrique, 
capitán del nuunqués de Pliego , que con trescientos in- 
fantes y ochenta caballos de su cargo estaba alojado dos 
leguas de Granada. Llegó á la puente de Genil al ama- 
necer, donde el Conde le esperaba con ochocieptos in- 
stes y ciento y veinte caballos : avisado del número 
de los enemigos, entrególe la gente, y dióle orden que 
peleando con ellos , desembarazado el paso, le dejase 
guardado, y él con el resto della pasase á buscar al 
Karqués. Cumplió don Alvaro con su comisión, ha-> 
liando la puente libre y los moros idos. 

En Jubiles llegó el capitán don Diego de Mendoza, 
eoTiado por el Rey para que llevase relación de la guer- 
ra, manera de cómo se gobernaba el Marqués, del es- 
tado en que las cosas se hallaban ; ixirqde los avisos 
eran tan diferentes , que causaban confusión en laís pro- 
gnes , como no faltan personas que por pretensiones 
6 por pasión ó opinión ó buen celo culpan ó ei^cusan las 
obras de los nünistrqs. Partió el Marqués de Jubiles, 
^0 á Cádiar , donde fué la muerte del capitán Herrera; 
de allí i Üjíjar : en el camino mandó combatir una cue- 
va , en queae defendían encerrados cantidad de moros 
con sos mujeres y hijos , hasta que con fuego y humo 
fueron tomados. Estando en Ujijar fué avisado que 
Abea Hufflttya,)iinta8 todas sus fuerzas, le esperaba en 
Hi. 



GRANADA. 8i 

el paso de Paterna , tres leguas de Ujfjar, y sin dete- 
nerse partió. Caminando le vinieron dos moros de parte 
de Aben Humeya con nuevos partidos de paz, mas el 
Marqués sin respuesta los llevó consigo hasta dar con 
su vanguardia en la de los enemigos; y en una quebra- 
da junto á Iñiza pelearon con harta pertinacia, por ser 
mas de cinco mU hombres y mejor armados que en Ju- 
biles ; pero fueron rotos del todo , tomándoles el alto y 
acometiéndolos con la caballería don Alonso de Cárde- 
nas , conde de la Puebla : no se siguió el alcance por 
ser noche. Envió el Mafijués doscientos caballos, que 
les siguieron hasta la nieve y aspereza de la 'sierra, 
matando y captivando; y él á dos horas'de noche paró 
en Iñiza ; otro dia vino á Paterna; dióla á saco ; no ha- 
llaron los soldados en ella menos riqueza que en Po- 
queira. El rencuentro de Paterna fué la postrera jor- 
nada en que Aben Humeya tuvo gente junta contra el 
Marqués , el cual partió sin detenerse para Anda'raz en 
seguimiento de las sobras de los enemigos, habiendo 
enviado delante infantería y caballería á buscallos en el 
llano y en la sierra que dicen el Cehel, cerca de la mar; 
montana buena para ganados , caza y pesca, aunque en 
algunas partes falta de agua. Dicen los moros que fué 
patrimonio del conde Julián el traidor, y aun duran en 
ella y cerca memorias de su nombre : la torre , la ram- 
bla Juliana y Castil de Ferro. Llegado á Andarax, envió 
á su hijo don Francisco coo cuatro compañías de in- 
fantería y cien caballos á Ohánez, donde entendió que 
se recogían enemigos; mas por avisos ciertos del ca- 
pitán de Adra supo qué en él no habia cuarenta perso- 
nas, y por alguna falta de vituallas le mandó to/nar. 
Recogió y envió á Granada gran cantidad de captivos 
cristianos, á quien habia dado libertad «en todos los 
pueblos que ganó y se le rindieron : recibió los lugares 
que sin condición se le entregaron. Estaba Diego de la 
Gasea sospechoso en Adra que los vecinos de Turón, 
lugar délos rendidos en el Cehel, acogían moros enemi- 
gos , y queriendo él por si saber la verdad para dar avi- 
so al Marqués, fué con su gente; mas no hallando mo- 
ros, entró de vuelta á buscalr cierta casa , de donde sa- 
lió uno dellos, que le4ió cierta carta de aviso fingida, 
y al abrirla le meti<f un puñal por el vientre ; hirió tam- 
bién dos soldados antes que le matasen. Murió Gasea 
de las heridas, y mandó en su testamento que las ga- 
nancias que habia hecho en la guerra se repartiesen 
entre soldados pobres, huérfanos, viudas, mujeres é 
hijas de soldados ; era sobrino hijo de hermano de 
Gasea , obispo de Sigúenza , que venció en una batalla 
á los Pizarros y pacificó el reino del Perú. 

En el mismo tiempo don Luis Fajardo , marqués de 
Vélez, gran señor en el reino de Murcia, solicitado, 
como dijimos , por cartas del presidente de Granada, 
habia salido con sus amigos, deudos y allegados ¿ en- 
trar .en el rio de Almería : era la gente que llevaba 
número de dos mil infantes y trescientos caballos, la 
mayor parte escogidos. La primera jornada fué com- 
batir una gruesa banda de moros que atravesaban des- 
mandados eo Illar; de alli fué sobre FHiz; tomóla y 
saqueóla, enriqueciendo la gente ; peleóse con harto 
riesgo y porfía; murieron de los enemigos muchos, pe- 
ro mas mujeres, que hombres, entre ellos sü capitán, 
llamado Fu tei, natural del Cénete. Hecho esto, por fal- 
ta de vituallas se recogió á los lugares del rio de Alme- 

6 



82 DON DIEGO 

ría , donde para manleror la gente y su persoila Tino é 
Gosar dé Canjáyar, barranco de la Hambre le llaman por 
otro nombi:e en su lengua , porque en él se recogieron 
los moros cuando el rey Católico don Femando hizo la 
empresa de Andaras en el^mer levantamiento, donde 
pasaron tanta hambre, que cuasi todos murieron. 

La toma de Poqueíra , Jubiles y Paterna puso temor 
h los enemigos', porque, teniaii reputación dé fuertes, 
y indignación por la pérdida que en ellos hicieron de 
todas sus fortunas : comenzaron á recogerse en luga- 
res ásperos , ocupar las cumbre$ y riscos de las monta- 
nas, foftificand'o á¿u parecer lo quérbasjtaba, pero uq 
como gente plática; antes ponian tpdas Sus esperanzas 
y seguridad en esparcirse, y dejando la frente d enemi- 
go, pasar i. las espaldas , más coa apariencia de desca- 
bullirse ^ué de acometer/ Pareció al Marqués con estos 
suce$os<fuedac llana toda la Alpujarta; y dando la vuel- 
ta por Andarax y Cádiar, tprnó á Órgibe, por estar mas 
' en comarca de la mar , río de Aliñaría , Granada y la 
misma Alpujarra.* Entre tanto, aunque la rebelión pare- 
cía estar en la Alpujarra en términos de sosegada, echó 
raíces por diversas partes : á la parte de poniente , por 
' las Guayaras', tres lugares pequeños Juntos que parten 
la tierra de Almuñócar de la de Val de Leclin , puestos 
en el valle que desciende al puerto de la Herradura, 
desdichado^or la pérdida de veinte y tres galeras ane- 
gadas con su Capitán general don Juan de Mendoza, hom- 
bre de no menos industria y ánimo que su padre don 
Bernardino y otros de sus pasados , que en diversos 
tiempos valieron en aquel ejercicio. EÍ señor de uño 
de aquellos lugares,. ó con ánimo de teiíellos pacíficos, 
ó de roballos y captivar la gente, juntando consigo has* 
ta doscientos scpldados desmandados de la costa, forzó 
á ios vecinos que le alojasen y contribuyesen extlraor- 
diñáfiaménte. Vista por ellos la violencia , dilatándolo 
. hasta la noche, le. acometieron de improviso, y necesi- 
táronla retraerse en la iglesia, donde quemaron á él y 
álos que entraron en su compañía. Ño dio tiempo á los 
malhechores la presteza del caso para pensar en otro 
partido nías Hanp que juntarse, l]egandoásí,dela gente 
de los lugares vecinos, trésipil personas detodas edades, 
en que habia mil y quinientos homl)rós (1) de prove- 
cho, armados, de arcabuces, ballestas, lanzas y gorgu- 
ees, y parte hondas, como la'ira y la posibilidad les da- 
ba; y sin tomar capitán , de común parecer ocuparon 
dos peñones, uno alto , de subida áspera y difícil , otro 
menor y mas llano. Aquí pusieron su guardia y se re- 
pararon sin traveses, parte óon piedra seca , parte con 
mantas y jalmas como rumbadas, á falla de rama y tier- 
ra. Estos dos sitios esco^eron para su segundad, jun- 
tündd después consigo algunos salteadores. Girón, 
Marcos el Zámar , capitanes , y otros hombres á quien 
convidaba la fortaleza del sitio, el aparejo de la comar- 
ca y la ocasión de las presas. Fué el Marqués avisadO| 
qué andaba visitando algunos lugares de la tierra como 
seguro de tal novedad; y visto que el fuego se comen* 
zaba por parte peligrosa de lugares importantes, guar** 
dados á la costa con poca gente , recelando que saltase 
á la sierra de Bentomiz ó á la Hoya y Jarquía de Mála- 
ga*, deliberó partir con cuasi dos mil infantes y doscien- 
tos cabfillos, avisando al Conde que de Granada le re- 
forzase con mas gente de pié y de caballo. Eran los mas 
(1) El US. dles mu y P9k9timt09. 



DE MENDOZA. 

avéílturefos 6 concejiles : tomó el camino de las Guá^ 
jaras, dejando é sus espaldas lugares como Ohánez y 
Valor el alto, sospechosos y sobresaltados, aunque solos 
de gente, según los avisos. Algunos le juzgaban dicien- 
do que pudiera enviar otra persona ó á su hijo el Con- 
de en su lugar ; pero él escogió para si la empresa con 
este peligro, ó pcM^e el Rey, vista la importancia del 
caso; na le proveyese de companero , ó por entretener 
k gente en la ganailcia : tanto puede' la ambición en 
los hombres, puesto que sea loable, que aun de los hi- 
jos se recatan. Sacar al Conde de Granada, que le ase- 
guraba la ciudad á las espalda» y le proveía de gente y 
de vitualla, parecía consejo peligroso, y partir la em- 
presa con otro , despojarse de las cabezas, que si mo- 
chas en número y calidad de personas, en experiencia 
eran pocas. Estas dudas saneó con la presteza » porque 
antee que los enemigos pensasen que partía, les puso 
las armas delante. Halláronse en toda la jornada mu- 
chas personas principales, así del reino de Granada co- 
mo de la Andalucía , que en las ocasiones serán nom- 
brados. Partió el Marqués de Andarax, y sin perder 
tiempo vino de Cádiar á órgiba , y tomando vitualla á 
Vélez de Benabdalá, pasó el rio de Motril, la inbntería 
á las ancas de los caballos, y llegó á las Guájaras, que 
están en medio. Vino don Alonso Portdcarrero con mil 
soldados, ya sano de sus heridas, y otras dos banderas 
de infanteda, ciento y cincuentacaballos; gente hecha 
en Granada, que enviaba el conde de Téndilia ; el conde 
de Santistéban con muchos deudos y amigoa de su ca- 
sa y vasallos suyos. Mas los enemigos, como de impro- 
viso descubrieron el campo, comenzaron á tomar el 
candno de los peñones , y víanse subir por la míMitaña 
con mujeres y hijos. Viendo el Marqués qué se reco- 
gían á sus fuertes, envió una compañía de arcabao^t» 
á reconocerlos y dañaríos si pudiesen ; pero deude á 
poco le trajo un soldado mandado del capitán , que 
por ser lis enemigos muchosy su gente poca» ni áeatre- 
via á seguillos porque no le cargasen» tiiá retirarse por- 
que no le rompiesen : pedia para lo uno y lo otro mil 
hombres. Envióle alguna arGabuceria,yéi con la gente 
que pudo llegar ordenada le siguió hasta las Gv^iaras 
altas por hacerle espaldas» donde alojó aquella noche 
con mal aparejo ; pero 'los unos y los otros sin temor; 
los nuestros por la confianza de la victoria, los enemi- 
gos de la defensa. 

Entre los que allí vinierou á servir fué uno d6n Juan 
de Villarroel , hyade don García de ViilárroeU adelan- 
tado que fué de Cazoría, y sobrino (según faina) de fray 
Francisco Jiménez, cardenal y arzobispo de Tlotedo, 
gobernador de EspSña entre la muerte del rey católico 
don Fernando y el reinado del emperador don Carlos. 
Era á la sazón capitán de Almería y servia de comisarío 
general en el campo ; hombre de años, probfido on em- 
presas éotttramottp, pero de consc^^ossuliles y peligro- 
sos, que habia ganado gracia con hallar culpas en capi^ 
tañes generales, siendo á veces escuchado, y al fin re- 
munerado. Este, por abrirse camino para algün nombre 
en aquella ocasión, gastó la noche ^n sueñe en persuadir 
al Marqués que le mandase con cincuenta soldados á 
reconocer el fuerte de loé enemigos , diciendo que del 
alzamiento no se descubría el paso del peAon alto. 
Concurrió el Marqués, mostrando hacerlo mas por per- 
misión y Ucencia que ftiandaraiebto^ ]^ro aiUMéstáo^ 



GUERRA DE 

dok qoe no pasase del cerro pequeño , que estaba en- 
tre so alojamiento y la cuesta, y que no líerade consigo 
mas de cincuenta arcabuceros ; bJandura que suele pcH 
oerá Teces á los que gobiernan en gran^ y presen* 
tespeíígros. Mas don Joan, pasando el cerro, comenzó 
á sabir la cuesta sin parar, aunque fué llamado del 
Maniaés, j á seguillo muclía gente principal y otros 
desmandados, ó por acreditar sus personas ó por codi- 
cia del robo. Pasaban yalosquesubian d^ocbocientos, 
sin poderlo el Marqués estorbar ; porque don Juan, 
viéndose acrecentado con número de gente, y conci- 
biendo en sí mayores esperantes, teniéndose por señor 
déla jornada, sin guardar la orden que se le dio ni la 
que se debe en hecboft semejantes , desmandada la 
geste no con mas concierto que el que daba su voluntad 
i cada uno , comenzó la subida con el ímpetu y priesa 
qoesnele quien Ta ignorante de lo que puede aconte- 
cer, mas dende á poco con flojedad y cansancio. Vista 
por k)s enemigos Ja desorden, bicieron muestra de en* 
cubrirse con el peñón bajo , dando apariencia de esca- 
par : pensaron loa nuestros que huian, y apresuraron el 
paso; creció el cansancio, oíanse tiros p¿*dido$ de ar- 
cabucería , voces de bombees desordenados; víanse ar- 
remeter, parar, cruzar, mandar; movimientos según el 
afiento ¿apetito de cada uno: en ochocientas personas 
mostrarse mas capitanes que hombres, antes cada cual 
lo era de sí mismo; el hábito del capitán un capote, 
una montera , una caña en ía mano. No se estaba á 
media cuesu cuando la gente comenzó á pedir muni- 
ción de mano en mano : oyeron los enemigos la voz, 
peligrosa en senaejantea ocasiones ; y viendo la des- 
orden, saltaron fuera con el Zamar basta cuarenta 
hombrea^ esos con pocas armas y menos muestra de 
acometer; pero convidados del aparejo, y ayudados de 
piedras que los del peñón echaban por la cuesta , y de 
alguna gente mas, dieron á los nuestros una carga har- 
to retenida, aunque bastante para que todos volviesen 
lis espaldas con mas priesa que habían subido, sin que 
hombre hiciese muestra de resistir ni la gente parti- 
cular fuese parte pana ello; antes los segoian mostrasido 
quereUos detener : fueron loa moros creciendo, ejecu- 
tando y matando hasta cérea del alroyo. Murió don 
lian de Víllarroel desalentado, con la espada en la oin- 
ti| cochinadas en la cabeza y las manos , según se re- 
piraba; don Luis Potiee de León, meto de don Luis 
PoDce, que herido de muerte y caido, le despeñó un su 
erado por salvalla, y Juan Ronquillo, veedor de las com- 
fSDÍas de Granada, y un bijo solo del maestre decam- 
po Beraaado de Oruña , viéndole su ^dre y todos pe- 
leando. Fueron los muertos ntaéhos ums que los que 
lai seguían, y algunos ahogados con el cansancio ; los 
demás sesakaroD,yentréellos don Jerónimo de Padilla, 
bijo de Gutierre Lopet de Padilhi, que herido y pelean- 
do huta que cayó , la sacó arrastrando por los pies un 
«davo á quien él dio libertad. El Marqués, vista la 
desorden, y que losenemígos ctecian y vem'an mejora- 
dos, y prolongándose por la loma de la montana á to- 
■srle lu espaldasi encaminados ¿ un cerro que le es- 
Itba encima, envió á don Alonso de Cárdenas convo- 
cas arcabnecra que pudo recoger; hombre suelto y de 
csmpo, el cual previno y aseguró, el alto. Estaba el 
^ués afeado con bi cabaUería, laslansál tendidas, 
guarneoidodt alguna aroabuceriai esperando loa ene- 



GRANADA. 83 

mígos y recogiendo la gente que venia rota : pudo es* 
ta demostración y su autoridad refrenar la furia de los 
unos, detener y asegurar los otros, aunque con peligro 
y trabajo. Otro día al amanecer llegó la retaguardia : 
serían por todos cinco mil y quinientos infantes y cua- 
trocientos caballos; compañía bastante para naavor em- 
presa ; si se hubiera de tener cuenta con solo el núme- 
ro. Ordenó solo un escuadrón, por el temor de la gente 
que el día de antes había recebidodesgracia, guarnecido 
á los costados con mangas prolongadas de arcaboce- 
ría. Era el peñón por dos partes sin camino, mas por la 
que se continuaba con la montaña había salida menos 
áspera : aquí mandó estar caballería y arcabucería 
apartada, pero cubierta , porque vistos no estorbasen 
la huida. Son los moros cuando se ven encerrados im- 
petuosos y animosos para abrirse paso;-n)as abierto, 
procuran salvarse sin tomar el pecho al enemigo; ypor 
esto, si á alguna nación se ha de abrir lugar por donde 
se vayan, es á ellos. Acometiólos con esta orden, y du« 
ró el combatir con pertinacia hasta I9 escuridad de la 
noche ; los unos animados , los otros indignados del 
suceso pasado : mandó tocar á recoger , y alojó pegado 
.con el fuerte, encomendando la guardia á los que lle- 
garon holgados. Puso la noche á los enemigos delante 
de los ojos el peligro, el robo, la captividad, la muerte; 
trájolesel miedo confusión y discordia, como en áni- 
mos apretados que tienen tiempo para discurrir : unos 
querían defenderse, otros rendirse, otros huir; al Gn, 
salió la mayor parte de la ^nte forastera y monfíes con 
los capitanes Girón y el Zamar, sacando las mujeres y 
niños que pudieron, y quedó todavía número de gente 
de los naturales; y aunque flacamente reparada, si 
tuvieran esfuerzo y cabezas , con el favor de lo pasado 
y el aparejo del sitio , solas mujeres bastaban á defen- 
derse. Hicieron al principio resistencia, ó que el des- 
deño de verse desamparados ó la ira los encendiese; 
pero apretados, enflaquecieron , y dando lugar, fueron 
entrados por fuerza : no se perdonó con orden del Mar- 
qués á persona ni á edad; el robo fué grande, y mayor 
la inuerte, especialmente de mujeres : no faltó ambi* 
cion que se ofreciese á solicítaUa como cargo.de ma- 
yor importancia. Escapó Girón; fué preso y herido de 
un arcabucero por el muslo el Zamar por salvar una 
bija suya doncella, que no podía con el trabs\]o del ca- 
mino; y llevado á Granada, le mandé atenazar el conde 
de Tendilla, que hfio calificada la victoria. 

Tomado el fuerte de las Guájaras , envió el Marqués 
el campo con el conde de Santistéban, que le esperase 
en Vélez de Benabdalá ; y f^é á visitar á Almuñécar, 
Salobreña, MotrU» lugares á la marina ; guardados con- 
tra los cosarios de Berbería, y quedó por entonces ase- 
gurada aquella tíerpí hasta Ronda. Puso'en el oficio de 
don Juan de Víllarroel á don Francisco de Mendoza, su 
hijo; nombró veedores y óteos oficiales de hacienda, 
sin que el gobierno del campo no podía pasar. Pero no 
dejaron perder sus émulos aquella ocasión de calum^ 
filarle, diciendo ser él mismo quien proveía, libhiba, 
pagaba, repartía las contribuciones, présasy depósitos, 
pues sus hijos y criados lo hacían; cosa que los capita- 
nes generales suelen y deben btilr. Pero la necesidad 
) la salida del negocio mostró haber sido mas prove- 
choso consejo para la hacienda del Rey, en lo poco que 
se gMtó con iBUGhs gwte i ea muebe tiempo. Llegado 



84 



DON DIEGO DE MENDOZA. 



á Vélez, tornóá órgiba; dióse á recebir gentes y pueblos 
que se venían á rendir; entregaban las armas los que 
habitaban por toda la Alpujarra y río de Almería , y los 
que en las montañas andaban alzados rendíanse á mer- 
ced del Rey sin condición ; traían mujeres, h^os y ba- 
ciendas ; comenzaban á poblar sus casas ; ofrecíanse á 
ir con ellas á morar como y donde los enviasen; y si en 
Id tierra los quisiesen dejar, mantener guardia para de- 
fensión y segundad della, solamente que se les diesen 
las vidas y libertad ; pero aun estas dos condiciones no 
les admitió. No por eso dejaban de venirse: dábales sal- 
vaguardia con que vivían pacíficos, aunque no del todo 
asegurados; y bailando el campo lleno de esclavos y 
crístianos ^ue comían la vitualla, depositó quinientas 
moríscas en poder de sus padres, hermanos y maridos, 
y sobre sus palabras las recibieron en (Jjíjar , y dende 
á poco envió con alguaciles por ellas para volvellas á 
sus dueños, que sin faltar persona las tornaron ; cosa 
no vista en otro tiempo, ó fuese el miedo y la obedien- 
cia , ó fuese que restituían las mujeres de que hallan 
abundancia en toda parte, y por esto son estimadas co- 
mo alhaja, y los hijo» donde se los criasen, descargán- 
dose de bocas inútiles y embarazo cojijoso; y aquí hizo, 
particulares justicias de muchos culpados. 

Discurrían los soldados.de veinte en veinte sin dimo; 
dábanse á descubrir personas y ropa escondida por la 
montaña ; combatían cuevas donde había moriscos al- 
zados : todo era esclavos , despojos, riquezas. No eran 
por entonces tantas las desórdenes, que los moriscos no 
las pudiesen sufrir, ni tantos los autores, que no pudie- 
sen ser castigados; pero fuéronse los unos con la ga- 
nancia , vinieron otros nuevos codiciosos que mudaban 
el estado de paz en desasosiego, y de obediencia en des- 
confianza. Vióse un tiempo en el cual los enemigos (ó 
estuviesen rendidos ó sobresanados) pudieran con fa- 
cilidad y poca costa ser oprimidos, y venirse al término 
que después se vino de castigo , de opresión ó de des- 
tierro; ó sacándolos á morar en Castilla , poblar la tier- 
ra de nuevos habitadores, sin pérdida de tanto tiempo, 
gente y dineros, sin hambre, sin enfermedad, sin violen- 
cia de vasallos. No son los hombres jueces de los pen- 
samientos y motivos de los reyes ; pero mucho puede en 
el ánimo de un príncipe ofendido por caso de rebelión 
ó desacato , la relación, aunque interesada ó apasiona- 
da, que le inclina á rígor y venganza; porque cualquier 
tiempo que se dilata , aunque sea para mayor oportu- 
nidad , le parece estorbo. 

En esto la gente de Granada, libre del miedo y de la 
necesidad, tomó á la pasión acostumbrada : enviaban 
al Rey personas de su ayuntamiento; pedían nuevo ge- 
neral ; nombraban al marqués de Vélez, engrandecien- 
do su valor, consejo, paciencia de trabajos, reputación: 
partes que, aunque concurriesen en él, la mudanza de 
voluntades y los mismos oficios hechos en su perjuicio 
dende á pocos días que entonces en su favor, mostraban 
no haberse movido los autores con fin de loallas por- 
que fuesen tales. Calumniaban al de Mondéjar que per- 
mitía mucho á sus oficiales; que no se guardaban las 
vituallas; que los ganados, pudiendo seguir elxMímpo, se 
llevaban á Granada ; que no se ponía cobro en los quin- 
tos y hacienda del Rey; que teniendo presidente cabeza 
en los negocios de justicia, tantas personas graves y de 
consejo en la chanoállería , ua ayuntamiento de ciudad, 



un corregidor solícito, tantos hombres prudentes; no 
solamente no les comunicaba las ocasiones en general, 
pero de los sucesos no les daba parte por escrito ni de 
palabra ; antes indignado por competencias de jurísdi- 
dones, preeminencias de asíentosó maneras de mandar, 
sabían de otros antes la causa porque se les mandaba, 
que recibiesen el mandamiento. Loaban la diligencia 
del Presidente en descubrir los tratados, los consejos, 
los pensamientos de los enemigos; entretener la gente 
de la ciudad, exhortar á los señores del reino que toma- 
sen las armas, en particular al marquésde Vélez, y otras 
demostraciones que, atribuidas al servicio del Rey, eran 
juzgadas por honestas, y á su particular por tolerables: 
empresas de reputación y autoñdad, no desdeñando ni 
ofendiéndola ; y que, en fin, como quiera, eran de suyo 
provechosas al beneficio público ; que la guerra no es- 
taba acabada , pues los .enemigos aun quedaban en pié; 
que las armas entregadas eran mutiles y viejas ; mos^ 
trábanse indignados y rebeldes, resolutos á no pandar- 
se por el Marqués. Los alcaldes ( oficio usado á seguir 
el rigor de la justicia, y aun el de la venganza, porque 
cualquiera dilación ó estorbo tienen por desacato ) cul- 
paban la tibieza en el castigar, recebir á merced y am- 
parar gente traidora á Diosj al Rey; las armas en 
mano de padre y hijo , oprimida la justicia y el gobier- 
no, llena Granada de moros, mal defendida de cristia- 
nos , muchos soldados y pocos hombres, peligros de 
enemigos y defensores, deshaciendo por un cabo /a 
guerra y criándola por otro. Porel contrario, los amigos 
y allegados del Marqués y su casa decian que la guem 
era libre, y los oficíales y soldados concejiles, y esos 
sm sueldo , movidos de su casa por la ganancia ; los ga- 
nados habidos de los enemigos ; que por todo se balla- 
ria que la carne y el trigo y cebada se aprovechaba de 
día en día; que mal se podían fundar presidios para 
guarda de vitualla con tan poca gente , ni asegurar las 
espaldas sino andando tan {legados con los enemigos, 
que les mostrasen cada hora las cuerdas de los arca- 
buces y los hierros de las picas ; que los quintos te- 
nían oficiales del Rey en quien se depositaban y pasa- 
ban por almonedas; que los oficios eran tan apartadoi; 
y los consejos de la guerra requerían tanto secreto, que 
fuera della no se acostumbraba comunicáríos con 
personas de otra profesión, aunque mas autoridad tu- 
viesen ; porque como plática extraña de sus oficios, no 
sabían en qué lugar se debía poner el secreto ; que trts 
el publicar venia el yerro, y tras el yerro el castigo;! 
que como el Presidente y oidores ó alcaldes no le co- 
municaban los flifecretos de su acuerdo , así él no comu- 
nicaba con ellos los de 4a guerra , ni se vían , ni había 
causas porque hubiese esta desigualdad , ó fuese auto- 
ridad ó superioridad. De lo que tocablí al corregidor y 
la ciudad burlaban, como cosa de concejo y mezcla de 
hombres desigual. Que los que eran para entender la 
guerra, andaban en ella, y servían ellos ó sus hijos al 
Rey y obedecían al Marqués sin pasión (1); que los cum- 
plimientos eran parte de buena crianza ; y cada uno , si 
queria ser malquisto, podía ser mal criado. Que trayen^- 
dotan á la continua la lanza en la mano, mal podía des- 
embarazalla para la pluma. Que la guerra era acabada 
según las muestra^ y el castigo se guardaría para la vo- 
luntad delRey, y «atonces temían su lugar la mano y b 
(1) ; Bl MS^* f A IM f M M «Mm /Ufli^a Mvcn^*^ 



GUERRA DE 

infigMcFon de tes jastictas; y si decían quo sobrosa- 
aatk, porque estaban ios enemigos en pió y armados^ 
)o sobresanado ó acabado, lo armado y desarmado es 
todo 000 , cuando los enemigos ó se rinden ó están de 
ffliflere que ¡Nieden ser oprimidos sin resistencia, como 
lo estabtn á la sazón los del reino y la ciudad de Gra- 
oida. Que de aquello servia la gente en el Albaicin y la 
Vegt, la cual, como entretenida con alojamientos y 
do pagas, no podía sino dar pesadumbre y desorde- 
oarse; ni como poco plática, saber la guerra tan de 
molde que no ae les pareciese que eran nuevos. Poro la 
carga de lo uno y de lo otro estaba sobre los enemi- 
gos , á quien ellos decían que se había de dar riguroso 
castigo, lo cual, aunque se difería, no se olvidaba ; que 
espeotallos sin tiempo era perder el fin y las comodi- 
dades que 56 podían sacar dallos; que las personas, 
eoando eran tales, siempre serían provecbosas, espe- 
dalfliente las que sirviesen á su costa , como la del 
oíaiqoés de Vélez , probada para cualquier gran -cargo 
qoe estuviese sin dueño. 

yas el Marqués, hombre de estrecha y rigurosa di»- 
dpliaa, criado al favor de su abuelo y padre en gran 
o&do,sin igual ni contradictor, impaciente de tomar 
compañía, comunicaba sus consejos consigo mtsmo,.y 
líganos con las personas que tenia cabe sí, pláticas en 
k gnerra, que eran pocas; de las apariencias, aunque 
erao comunes á todos, á ninguno daba parte; antes 
ocasión á algunos , especiahnente á mozos y vanos , de 
mostrarse quejosos. Tomó la empresa sin dineros, sin 
moDícion, sin vitualla, con poca gente, y esa conce- 
jil, mal pagada, y por esto no bien disciplinada , man- 
tenida dd robo, y á trueco de alcanzar ó conservar 
este, mocha libertad, poca vergüenza y menos honra; 
excepto ios particulares que á su costa venían de toda 
España i servir al Rey, y eran los primeros á poner las 
maoos eo los enemigos. Tuvo siempre por principal fin 
pegarse con ellos; no dejar que se afirmasen en lugar 
ni jootasen cuerpo ; acometellos, apretallos, se§uillos; 
no dalles ocasión á que le siguiesen , ni mostrarles las 
espaldas aunque fuese para su provecho; recebirlos 
qoe dellos viniesen á rendirse; disminuillos y desarma- 
Uos, y á la fin oprimillos ; para que poniéndoles guar- 
mciooes con un pequeño ejército , pudiese el Rey cas- 
tigarlos culpados , desterrar los sospechosos , deshabi- 
tar el i^ino , si le pluguiese posar los moradores á otra 
pirte: todo con seguridad y sin costa, antes á la de- 
Ík mismos. Hizo muchas veces al Rey cierto del tér- 
inino en que las cosas se hallaban ; y aunque guiando 
«¡ércitos no hubiese venido otras veces á las manos 
con los enemigos, todavía con la plática que tenia de 
k manera del guerrear destos, aprendidüsi de padres 
7 abuelos y otros de su linaje, que tuvieron continuas 
gnerras con los moros , los trajo á tal estado y en tan 
brere tiempo, como el de un mes; no embargante que 
onicbas vocease le escribiese que procediese con ellos 
tteotamente. Puesta la guerra en estos términos, tú- 
vola por acabada, facilitando lo que estaba por hacer; 
«m que se hizo mas odioso, pareciendo á hombres au- 
sentes cuerdos y de experiencia , que había de reto- 
ñecer con mayor fuerza , como el tiempo diese lugar y 
k& esperanzas de Berbería se calentasen, y los casti- 
gos y reformaciones comenzasen á ejecutarse ; y tuvie- 
ron por largo el negocio, por ser de montaña, contra 



GRANADA. 85 

gente suelta y plática della , y otras causas que por 
nuestra parte se les habían de dar. 

En este mismo tiempo comenzó á descubrírse la 
guerra en el rio de Almería, con la ida del marqués de 
Mondéjar á las Cuajaras y tierra de Almuñéeor.Ohánes 
es un lugar puesto entre dos ríos en los conGneá de la 
Alpujarra, marquesado de Cénete y tierra de Almería : 
aquí se recogieron moros que andaban huidos en la 
montaña (sobras de los rencuentros pasados), convi- 
dados de la fortaleza del sitio, y persuadidos por el 
Tahalí, á quien tomaron por capitán. Pusieron mil hom- 
bres á la guardia del lugar donde habían encerrado sus 
hijos, mujeres y haciendas; sin otro mayor número 
que defendían la tierra, todos determinados á pelear. 

Estaba el marqués de Véléz en el río de Almería en- 
tretenido con parte de la gente del reino de Murcia , y 
la demás era vuelta , como es costumbre, ríca de la ga- 
nancia; esperaba orden del Rey si tomaría á la tierra 
de Cartagena , que confina con el reino de Granada por 
el río de Mojácar, que los antiguos llamaban Murgis; 
ampararía la tierra del Rey y la suya vecina á la mar; 
defendería que los- moros del reino de Granada no pa- 
sasen por aquella parte á desasosegar los del reino de 
Valencia , recelado y cuasi cierto peligro en la primera 
ocasión de pérdida nuestra importante; y convenia 
(ocupado el marqués de Mondéjar en las Cuajaras) ata- 
jar el fuego á las espaldas. Ño bahía en pié otras armas 
tan cerca como estas, solicitadas por el presidente de 
Granada, mas después con aprobación del Rey. 

Los que iguahnente juzgaban lo bueno que lo ma- 
lo, atríbuian á pasión esta diligencia, por excluir ó 
dar compañero al marqués de Mondéjar; pero las per- 
sonas libres, á buena provisión y en conveniente co- 
yuntura. Movióse el marqués de Vélez con tres mil 
infantes y trescientos caballos contra los enemigos, que 
le esperaban ala subida de la montana en un poso ás- 
pero y dificultoso; combatiólos y rompiólos no sin di- 
ficultad; donde se mostró por su persona buen caba- 
llero. Mas los enemigos, recogiéndose á Ohánez, estu- 
vieron á la defensa. Acometiólos con pocas armas , y 
rompiólos segunda vez; muríeron cuasi doscientos 
hombres, con Tahalí, su capitán, y en la entrada mu- 
chas mujeres; de los nuestros algunos: salváronse de 
los moros, por las espaldas del lugar, la mayor parte que 
estaba á la defensa, sin ser seguidos; y pudieran, si al- 
gún 'capitán platico los gobernara, hacer daño á los 
nuestros, embebecidos y cargados con el saco*. Fué 
grande la importancia del hecho por la ocasión. A las 
gradas de la iglesia halló el Marqués cortadas veinte 
cabezas de doncellas, los cabellos tendidos, puestas 
por orden, que los de aquella tierra, cuando el rio de 
Almería se rebeló , en una junta que tuvieron en Güé- 
cija prometieron sacrificar juntamente con veinte sa- 
cerdotes adoradores de los ídolos (que tal nombre dan 
á las imágenes), porque Dios y su profeta los ayudase. 
Poco antes que el Marqués entrase habían degoHado 
las donceUas ; los sacerdotes hicieron mayor defensa; 
mas con quemar veinte frailes ahogados en aceite hir- 
viendo pagaron el voto en la misma Gúócija : cruel 
y abominable religión, aplacar á Dios con vida y san- 
gre inocente; pero usada dende los tiempos antiguos en 
África, traída de Tiro, introducida en la ciudad de Car- 
togo por Dido, su fundadora; tan guardada hasta núes* 



86 DON DIEGO 

tros tiempos entre les meraderM de ^qatWh región, 
que es fama que en la gran empresa que el empera- 
dor don Garlos , vencedorde muefaasgentes , hizo con- 
tra Barbaroja , tirano de Túnez , sacrificaron los moros 
del cabo d4 Gartago cinco niños cristianos al tiempo 
que descubrieron nuestra armada, á reverencia de 
cinco lugares que tienen en el Alcorán, donde se incli- 
nan porque Dios los ampare y defienda en los peligros. 
El Marqués, habido este suceso en su favor, se recogió 
con la gente que con él quiso quedar en Terque, lugar 
dehrió de Almería, corriendo por la tierra. 

Las cosas de Granada estaban en el estado que tengo 
dicho. El Rey habia enviado á don Antoniode L.un9,hijo 
de don Alvaro de Luna, y á don Juan de Mendoza , hom- 
bres de gran linaje, pláticosien la guerra, que habian te- 
nido cargos y dado buena cuenta dellos , para que asís** 
tiesen con el conde de Tendüla como consejeros, es- 
tando á la orden que élles diese en ausencia del Mar- 
qués su padre; avisando al Conde de la provisión con 
palabras blaúdas y comedidas, para que con ellos pu- 
diese descargar parte del trabajo. Puso el Conde 6 don 
Juan dentro en la ciudad con la infantería, cuyas armas 
habia profiBsado, y á don Antonio á la guarda de la Ve- 
ga con doscientos caballos y parte también de la infan- 
tería. • 

Llegado el marqués de Mondéjar á órgiba continuan- 
do su propósito, ocupóse en recibir pueblos y gente, 
que sin condición venían á rendirse coú las armas , y en 
perseguir las sobras del campo de Aben Humeya, su per- 
sona, parientes y allegados, que eran muchos, y con 
él andaban huidos por las montañas. Estaba aun Valor 
el alto por rendirse , pero sosegado ; adonde tuvo aviso 
que Aben Humeya se recogía con treinta hombres en las 
casas de su padre,y en Mecina su tío Aben Jauhar. Envió 
dos compañías de infantería, que no los hallando^ se 
tomaron con haber saqueado á Valor y Mecina; mas á 
los de Mecina, que estaban con salvaguardia, mandó 
volver la ropa y captivos dende á poco. Fué también 
avisado que en el n^smo lugar se escondía Aben Hume- 
ya con ocho personas*, y envió dos escuadras coq sen- 
dos adalides pláticos de la tierra con orden que vivo ó 
muerto le hubiesen á las manos. Llaman adalides en 
lengua castellana á las guias y cabezas de gente del 
campo, que entran á correr tierra de enemigos, y á la 
gente llamaban almogávares: antiguamente fué califi- 
do el cargo de adalides; elegíanlos sus almogávares; 
saludábanlos por su nombre, levanténdolos en alto de 
pies en un escudo ; por el rastro conocen las pisadas de 
cualquiera fiera ó persona , y con tanta presteza, que no 
se detienen á conjeturar, resolviendo por señales, á 
juicio de quien las mira lii^anas , mas al suyo tan cier- 
tas, que cuando han encontrado con lo que buscan, 
parece maravilla ó euyahimiento. No hallaron en Va- 
lor el alto rastro de Aben Humeya, pero en el bajo 
oyeron chasquido de jugar á la ballesta, músibas, canto 
y regocijo de tanta gente, que no la osando acometer, 
se tomaron á dar aviso. Envió dos capitanes , Antonio 
de Avila y Alvaro Flores , con trescientos arcabuce- 
ros escogidos entre la gente <)ue A la sazón habii^ qued». 
do , que era poca , porque con la ganancia de los Cua- 
jaras , y con tener por acabada la guerra , se habian ido 
á sus casas; hombres levantados sin pagas, sin el son 
delac<ya, concejiles i que tienen el robo por sueldo, 



DE MENDOZA. 

^la codicia por superior. Fueron con estos trescientos 
otros mas de quinientos aventureros y mochileros á 
hurto, sin-que guarda ó diligencia pudiese estorballo. 
Llevaron los capitanes orden de palatoi que tomasen 
y atajasen los caminos , cercasen el lugar, y sin que la 
gente entrase dentro, llamasen los regidores y principe- 
íes ; requiriésenlos que entregasen ¿ Aben Humeya, que 
se llamaba rey ; y en caso que se excusasen , con per- 
sonas deputadas por ellos mismos y por los capitanes 
le buscasen por las casas, y no pareciendo, trajesen los 
regidores presos ante el Marqués, sin hacer otro daño 
en el lugar. Partieron con esta resolución , y antes que 
llegasen 6 Valor , donde se descubre la punta de C¿til 
de Ferro los alcanzó Ampüero, capitán de eaoipaBs, 
y les dio la misma orden por escrito, añadiendo que si 
gente de salvaguardia ó de Valor el alto* la hallasen 
en el bajo , la dejasen estar. Mas Antonio de Avila , que 
ya traía consigo la mala fortuna , dicen que respondió 
«que si en algo se eicediese de la orden , todo seria dar 
la culpa á los soldados » . Llegando á Valor, tomaron los 
caminos, cercaron el lugar, salieron los principales i 
ofrecer favor , diligencia , intuallas ; mas los que vinie- 
ron al cuartel de Antonio de Avila fueron muertos sin 
sor oídos. Alteróse el lugar, entraron los soldi^oa ma- 
tando y saqueando ; jnntáronseles los de Alvaro Flores, 
que para esto eran todos en uno ; murieron algunos 
moriscos que no pudieron defenderse ni huir ; filé ro- 
bada la tierra, y los soldados recogieron el n¿o eo k 
iglesia, diciendo los capitanes que su orden «a llevar 
los moriscos presos, y np podían de otra manera omn- 
plir con ella. Mas los moriscos , visto el daño , hicieroa 
ahumadas á los suyos que andaban por la montaña y 
é los que cerca estaban escondidos ; los nuestroe al na- 
cer del día , partiendo la presa , en que habia ocbocieiH 
tos captivos y mucha ropa, las bestias y ellos carga- 
dos, temaron el camino de Órgiba, los embarazos y 
presas en medio. Partida la vanguardia, mostróae ¿ la 
retaguardia Abenzaba, capitán de Aben Humeya en 
aquel partido, con trescientos hombres como de paz; 
requeríalos con la salvaguardia, que dqjando his per- 
sonas captivas Hevasen el cesto; mas viendo cuan poco 
les aprovechaba, comenzaron á picallos y desordena- 
líos , hastaque 6 la cubierta de un viso dieron en la em- 
boscada de doscientos hombres , y volviéndose á las mu- 
jeres, les dijeron : oDamas, no vais con tan ruin gentB.9 
Juntamente con estas palabras, el Partal, hombre cuar- 
doy valiente, uno de cinco hermanos, todos deste nom- 
bre, que vivían en Narila, acometió la retaguardia por 
el costado ; mas los soldados por no desamparar la pre- 
sa hicieron poca resistencia; la vanguardia caminaba 
cuanto podía, sin hacer alto m desciurgar^ede la presa, 
y todos iban ya ahilados; los delanteros pqr llegar á 
Órgiba , los postreros por juntarse con los delanteros; 
en fin, del todo puestos en, rota smosar defenderse ni 
huir, muertos los capitanes y oficíales, 'rondidos los 
soldados y degollados, con la presa á cuestas ó en* los 
brazos : salváronse entre todos como cuarenta ; los de- 
más fueron muertos, sin recebir á prisión, j)i perder los 
enemigos hombre, de quinientos que se juntaron. Co- 
mo sucedió el caso, eqviaron á excusarse con el Mar- 
qués, cargando la culpa á los capitanes y ofreciendo 
estar á justicia. Mas él, entendida la desgracia, puso en 
órgibe mayor guardia , repartió los cuarteles á la caba- 



€UEftBA DE 

QerfB, como quien esperaba los enemigos. Llegó ei mis- 
iDodia el a?iso i Granada, y el conde de TendUla deapa* 
ebóá don Antonio de Luna con mil infantes y cien ca«- 
bijlos, y orden que llegado áLanjaron, hasta donde 
era el peligr» , dejando la gente en lugar seguro y el go- 
hienioal sargento mayor, tomase á Granada. Llegaron 
á ófgilNi dentro del tercero día que el caso aconteció ; 
referió ias guardias en elAlhambra^en laciudadyla 
Vega, porque los moriscos, favorecidos coneste suceso, 
no intentasen novedad. 

Babia escrito el Rey al Marqués que temporizase 
con los enemigos, no se poniendo en ocasión de peligro; 
temeroso de nuestra gente, por ser toda número (i), 
acepto los particulares. Represeotábanselelosiooonve- 
Dientes que en una desgracia pueden suceder ; acabar- 
se de levantar el reino , venir los de Berbería ^ oca- 
sión que Iwi armas del Gran Turco se oomeneaban i 
mostrar en Levante; inmerto dónde pararía tan gran 
armada, aunque se veia que amenazase á Gipro, P^re- 
danle bis fuerzas del Marqués pocas para mantener lo 
de dentro y fuera de Granada; tenia lo pasado maspor 
correrías, escaramuzas y progresos de gente desarma- 
da qne por guerra cumplida. El General calumniado 
en la ciudad que le tenia de hacer espaldas , de donde 
había de salir el nerño de h guerra ; la voluntad de al- 
goBis eindades y señores en Andalucía no muy confor- 
mes con la suya , los soldados descontentos , y no falta- 
ban petenaiones de personas que andaban cerca de los 
príncipes, óá lasorejas dequien anda cerca dellos. Pare- 
ció por entonces consejo de necesidad suspender las ar- 
mas, ^ tanto oías cuando llegó la nueva de la desgracia 
acoateódawiVtíor. Escribióse al Marqués resolutanien- 
teqne no hiciese movimi^to; y porque la autorídad que 
tenía ea aquella tierra era grande, y la costumbre de 
mandar muy arraigada de padre y abuelo, y parecía 
qneeo tmo extendido y tierra doblada no podía dar 
cobro atantes partes, como la experiencia lo mostraba, 
porque estando en órgiba, se levaptaronlas Cuajaras, 
y yendo á las Cuajaras , Ob^nez acordó dividir la em- 
presa, dando al marqués de Vélez cargode loa ríos de 
Almería y Alnoanzora, tierra de Baza y GuadiXi y al de 
Hondear el r«sto del reino de Granada; enviar á ella 
por superíor de todo á su hermano don Juan de Austria j 
por ventura re^pluto é descomponer al uno y al otro, y 
cterto de que ninguiio dellos se temia por agraviado , 
pues con to autiiridad y nombre de su hermano cesa- 
ban todos los oficios, los pueblos se mandarían con 
mayor ticiiidad, contribuirían todos nms contentos, 
sernrian mas li^^tos teniendo cerca del Rey á su berma-*» 
Qo por testigo , los soldados un general que los gratifi- 
case y adebmtase, ia eteccion daria mayorsonido en- 
tre nadónos apartadas, suspendería los ánimos de los 
bárbaros . quitarfales la avilanteza de annar , imposibi- 
litarialos de hacer el socorro formado coino em^esa 
dificU y sin efecto; ocuparla ádon Juan en hechos dé 
tierra, como lo estaba en los de mar; heríale platico en 
lo uno y en lo otro: mozo despierto, deseoso de em- 
plear y acreditar su person(i, á quien despertaba ja glo- 
ría del padre y la virtud del hermano. Decíase también 
que en esta empresa «1 Rey deseaba ver el ánimo del 
ijDarqués deMondéjar, inclinado á mayores demostra- 
ciones de rígor , por la venganza del desasto divino y 



GRANADA. 87 

humano., por la rebelión , por el ejemplo de otros pue- 
blos. EÚcendian esta opinión relaciones y pareceres 
de personas que cualquiera cosa donde no ponen las 
manos les parece fácil , sin meoír tiempo ni pc^sibilidad, 
presente ó porvenir , y de otras apasionadas; no sinar- 
tificio y entendimiento de unascon otras. Mas íosiprín- 
cipes toman lo qme les conviene de ias*relacióneá, de^ 
jando la pasión para sn dueño. , 

Estando las cosas en tales tórnilnos, con el seceso 
de Valor tomaron los enemigos ánimo para descubrír-* 
se , y Aben Humeya entró 6on mayor atitoridad y dili- 
gencia en el gobierno, no como cij)eza de pueblos ro- 
gados ó gente esparcida sin orden, ^o como rey y se- 
ñor. Siguió nuestra orden de guerra, repartió jálente 
por escuadras, juntóla en compañías , nombró cepita^ 
neSi mandó que aquellos y no otros ai:bolasen bande- 
ras, púsolo^ debajo de coroneles, y cada partido que 
estuvieae al gobierno de uno que dicefki alpaide {tahas . 
llaman ellos á*los partidos, de.taftar,.queen su lenguige 
quiere decir sujetarse): este«mandaba lo de la guerra, 
nombre entre ellos usado deode tiempps antiguos^ y 
puesto por nosotros á los.que tlenjen fortalezas en guar- 
da. Para segurídad de su persona pagó arcabucería de 
guardia, que fué creciendo basta cuatrocientos hom- 
bres ; levantó un estandarte bermejo , que nioslrába el 
lugar de la persona del Rey, á manera dé guión. 

Del príncipio desta ceremonia en. los reyes de Gray . 
nada, olvidada por haber pasado ef reino á los de Cas- 
tilla, diremos aíiora. Muerto Abenhut, que tenia é Al- 
mería por cabeza del reino, tomaron (como dipios) 
por rey en Granada á Mabamet Alhamar^ que quiero 
decir el Bermejo. Cuando elsanto riy don Fernando el 
Tercero vino^obre Sevilla, hallóse con mucha caballería 
este Mahamet á serrír en aquella empléese , por haberle 
ayudado el rey don Fernando á tomar el reino; pare- 
cióle autoridad el uso d¿ guión , agradecimiento y hon- 
ra poner en él la color y banda que traen los Véyes de 
Castilla. Armóle caballero el Rey el día que entró en 
Sevilla; dióle el estandarte por armas para ^ y los que 
fuesen reyes en Granada; la banda de oro ^ campo rojo 
con dos cabezas de sierpes á les cabos, 'según \i traen 
en su guión los reyes de Gástilla; añadió él las letiras 
azules qpe dicen : « No hay otro vencedor siqo' Dios;» 
por timbre tomó dos leones corpnadosquesobre las ca- 
bezas sostienen el escudo; traen el timbre debajo de 
las armase como nosotroá encima , porque así escriben 
y muestran los sitios , y cuentan las partes del cielo y la 
tierra , al contrario de nosotros. Mas las armas-antiguas 
de los reyes de li| Andalucía eran una llave azul en 
campo de plata, fundándose en ciertas palabws.del Al- 
coran, y dando á en tender que TDon la destreza y el hi^p- 
ro abrieron por Gibraltar la- puerta á la coijquisto de 
poniente , y de allí llaman á Gibraltar por otro nombre 
el monte 4e la Llave. Hof duran sobré la principal 
puerta de la Alhambra estas armas , con leti»s que de- 
claran la causa^y el autor del castillo. .. 
* Hacia con los suyos Aben Humeya su residencia en 
los lugares.<ie Valor y Poquelra y en los' que están en 
lo áspero de la Álpujarra; comiéndola vitualla que te- 
nian encerrada y la que hallaban sin dueño , con mayor 
' abundancia .y á masJbajos precios que nosotros. Las 
rentas que para mantenimiento del reino le señaíaroa 
fueron el diezmo de los firutos y el quinto de las presas, 



88 DON DIEGO 

y mas lo que tf>/f nfcamente quitaba á sus subditos. De 
esto manera se detuvieron, el marqués de Mondéjar 
rcliaciéndose de gente en órgiba , incierto en qué pa- 
raria la suspensión del Rey, y Aben Humeya gozando 
del tiempo, cobrando fuerzas, esperando el socorro de 
Berbería para mantener la guerra, ó navios en que 
pasarse y desamparar la tierra. . 

Estando las armas en este silencio, porque el bulli* 
do no cesase en alguna parte , sucedió en Granada un 
caf^o , aunque liviano , que por ser en ocasión y no pen- 
sado escandalizó, flabia en la cárcel de lacliancillerla 
basta ciento y cincuenta moriscos presos , parte por se- 
guridad (queeray escandalosos), parte por delitos ó 
sospeclia dellos; todos como de los mas ricos y acredi- 
tados en la ciudad , asi de los mas inhábiles para las ar- 
mas; gente dada á trato y regalo. Contra estos se le- 
vantó voz á media noche, estando los hombres en sosie- 
go, que procnf ban quebrantar las prisiones, matar las 
guardias, saKr de jas cárceles, y juntos Con los moros 
de la Vega y Alpujarra, levantar el Albaicin, degollar 
]os cristianos, escalar el Alhambra y apoderarse de 
Granada: empra«a difícil para sueltos y muclios y ex- 
perimentados, aunque con menos recatamiento se es- 
tuviera. Masno dejó de tener este movimiento algunas 
causas; porque hubo ioformacien que lo trataban, y 
deposiciones de testigos^ que en ánimos sospechosos 
loimposible.hacen parecer fácil. Acrecentaron la sos- 
pecha algunas escalas, aunque de esparto, anchas y 
fuertes, fabricadas para escalar muralla, que el Conde 
bailón cierta cuevtt al cerro de Santa Elena ; pertrecho 
que los moros guardaban para entrar en el Alhambra 
la noche que* vinieron al Albaicin, como está dicho. 
Alborotado el pueblo, corrió á las cárceles con autori- 
dad de justicia', acriminando los ministros el caso y 
acrecentando la indignación ; mataron cuasi todos los 
moriscos presos, puesto que algunos hiciesen defensa 
con las armas que hallaban á mano , como piedras , va- 
sos , madera., poniendo tiempo entre la ira del pueblo y 
su muerte.. Habia en ellosculpádos en pláticas y demos- 
traciones, y todos en deseo; gente flaca, liviana , inhá- 
bil para todo, sino para dar ocasión á su desventura. 

No dejaban los moros en todo tiempo de procurar 
algún lugar de nombre en la costa para dar reputación 
ásu empresa, y acoger armada de Berbería; pero su 
principal intento se encaminaba á tomará Almería, ciu- 
dad asentada en sitio mas á propósito que Málaga, y 
después della la mas importante ; habitada de moris- 
cos y cristianos viejos, cerca de los puertos de cabo de 
Gata, y de abundancia de carne, pan, aceite, frutas; 
puesta ala entrada de muchos valles, que unos llevan á 
la parte del maestral á Granada, y otros á la del griego 
al rio de Almanzora y tierra de Baza; al levante la de 
Cartagena, y al poniente AimuSécar y Vélez Málaga. 
En tiempo de'roraanos y godos fué, como ahora, cabeza 
de provincia llamada Virgf, y en él de los moros, de 
reino , después que fueron echados de Córdoba. Poblá- 
ronla los de Tiro que vinieron á Cádiz , poco apartada 
de la mar ; los moros por la comodidad del agua, pasa- 
ron la población adonde ahora está. Destruyóla el em- 
perador de España don Alonso el Sétimo, trayendo á suel- 
do el conde de Barcelona, con se^nta galeras y ciento 
y sesenta y tres (i) navios de genoveses, con Balduino 

(i) Sctcitia I tra Ufioi soUmente átce el citado HS, 



DE MENDOZA. 

y Ansaldo de Oria , imerales de la armada, á quien el 
Rey dio, por cuenta de sus sueldos, el vaso verde que 
boy muestran en San luán, y dicen ser esmeralda, y 
puédese creer sin maravilla , vista la grandeza de lis 
que comienzan á venir del Nuevo Mundo y la qne ra- 
fleren algunos antigos escríptores. Esto tratan nues- 
tras historias , aunque las de genoveses refieren haberle 
tomado en la conquista de Cesárea en Asia, siendo sa 
capitán Guillelmo, que llamaban Cabeza de Marüilo: 
quede la fe desto al arbitrio de los que leen. Tomé i 
restaurar la ciudad Abenhut. Cerca del nombre , aprea- 
dí de los moros naturales, qué por la fábrica deespejos, 
de que habia gran trato , la llamaron Almería, tiemdB 
espejos quiere decir, porque al espejo llaman mm. 
Dicen los moros valencianos que por espejo del reino 
le pusieron este nombre. Las historias arábigas, qoe 
hn gran parte son fabulosas , cuentan que en lo mas il* 
to habia un espejo semejante al que se finge de la Coro- 
na , en que se descubrían las armadas. La memoria de 
los antigos antes de los moros es que habia atalaya, 
á que los latinos llamaban specidaf como en la misma 
Coruña , para encaminar y mostrar los navios qne Te- 
nían á la costa, y de allí le dieron el nombre. Pero el 
autor que yo sigo , y entre los arábigos tiene mas cré- 
dito, dice que cuando los moros, ganada España, se 
quisieron volver á sus casas , para detenellos les dieron 
á poblar á cada uno la tiei^a que mas parecia á la mp; 
y á estas provincias llamaron Coras, que quiere decir 
tanto como la redondez de la tierra que descubre h vis- 
ta : horizonte la podrían llamar los curiosos de voca- 
blos. Los de Almería (2), ciudad populosa en la proviih 
cia de Frigia , donde fué cabeza la gran Troya, esco- 
gieron áVirgi por habitación, porque les pareció se- 
mejante á su ciudad , y le dieron su nombre, como di- 
jimos que los de Damasco dieron el suyo á Granada. 
Fué Almería la de Asia destruida por el emperador 
Constancio , en tiempo de Mauhia IV, sucesor de Mafao- 
ma. Pues viendo el Rey que los moros insistían tanto . 
en hi empresa de Almería , y si la ocupasen seria tener 
la puerta del reino y fundar en ella nombre y cabeza, 
según hi tuvieron en otros tiempos, aunque por doa 
García de Yillarroel se guardase con bastante diligen- 
cia , quiso guardarla con mas autoridad. Mandó que por 
entonces tuviese el caiigo con mayor número de gente 
don Francisco de Córdoba , que vivia retirado en so ca- 
sa; hombre platico en la guerra contra los moros, y 
que habia seguido al Emperador en algunas; criado 
debajo del amaestramiento de dos grandes capitanes, 
uno don Martin de Córdoba , su padre , conde de Alcao- 
dete ; otro don Bémardino de Mendoza, su tio. Estando 
en Almería don Francisco , llegó Gil de Andráda con las 
galeras de su cargo y otras con que guardaba la costa; 
y teniendo ambos aviso qué en la sierra de Gador se re- 
coda grafl número de moros con sus mujeres y bíjos 
(sobras de gente corrida (3) por los marqueses de Mon- 
déjar y Vélez), acompañadosde treinta turcos, temiendo 
que juntos con otros le desasosegasen á Almería, juntó 
gente de la tierra de la guardia della , y de las galeras 
hasta setecientos arcabuceros y cuarenta caballos. Fué 
sobre ellos, que estaban fuertes, y á su pensar defendi- 
dos con alguft reparo de manos y aspereza del lugar :/ 

(i) Amorío It Uamt en sn Geografía Ptolomeo , Ul). ^ eap. 1 
(5) KlMS.,*«rHtf0. 



GUERRA DE 

li tiem llanMO Alcudia , y al pueblo Inoi , pocas leguas 
de AlQierfa. Estuvo detenido cuasi cuatro dias (por ser 
malo el tiempo en fln de enero) al pié de la m Altana y 
cossi desconfiado de la empresa ; resoWifeeá combati- 
llos por dos partes, aunque era difícil la subida ; liicie- 
m la defensa que pudieron con piedras y gorguees, 
porque en tanto número como mil y quinientos honn 
bres, bahía solos cuarenta arcabuceros y ballesteros : 
faeroD rotos; murieron muchos y con mas pertinacia 
que )o8 de otras partes, porque basta las migeres me- 
oeabao las armas (i) ; hubo captivos cuasi dos mil perso- 
nas; saliéronse los moros , y entre ellos el capitán lla- 
mado Corcus de Dalias, para caer después en las ma- 
nos de los nuestros cerca de Vera , y morir en Adra sa- 
cados los ojos, con un cencerro ai cuello , entregado A 
los mncbacbos, por los daños que siendo cosario había 
becbo en aquella costa. Tomó don Francisco la gente 
á Almería rica y contenta; dividió la presa entre -los 
soldados; proveyó de esclavos las galeras; masdende 
á pocos dJas, entendiendo como el marqués de Vélez 
Tenia por general de toda aquella provincia , y par&- 
déodole que bastaba para la ciudad un solo defensor, 
pidió licencia , y habidia del Rey, tomó á su casa. 

Crecía la libertad por todo y la permisión de los mi- 
nirtroB, unos mostrando contentarse, otros no casti- 
gando; hombres ¿ quien las desórdenes de nuestros 
soldados pareciaD venganzas, otros A quien no pesaba 
qne creciesen estas y se diese ocasión A que el resto de 
los moriscos que estaba pacifico tomase las armas. Jun- 
tábanseles los ministros de justicia, pertinaces de su 
opinioQ, hapadentes de esperar tiempo para el casti- 
go, poco piáticosde temporizar hasta la ocasión ; el in- 
terese de los que desean acrecentarlos inconvenientes, 
la ñnríck délos soldados, y por ventura la indignación 
del Príadpe, la toz del pu^io, y quién sabe si la de 
Dios, para que el castigo fuese general , como había 
sido (i ofensa. 

Estaba por rebelar la vega de Granada, de donde y 
delatienraAlaredonda cada día se pasaba genteylu- 
gares enteros A los enemigos , ezcusAndose con quñ no 
podían sufrir los robos de personas y haciendú , las 
fueras de hijas y mujeres, los captiverios, las muer- 
tes. Estaba sosegada la serrania y el habaral de Ronda, 
la boya y jarquía de MAlaga , la sierra de Bentomiz , el 
nodeBolodui, la boya y tierra de Baza, Gúéscar, el 
nodeAlmanzora, la sierra de FilAbres, el Albaicin y 
Iwrios de Granada poblados de moriscos. Babia levan- 
tados algunos lugaiíss en tierra de Almuñécar, el Val 
dé Uclin , el Alpujarra , tierra de Guadiji , marquesado 
de Cénete , rio de Almeria, que en esto se encierra to- 
do el reino de Granada poblado de moriscos. Mas Aben 
Humeya no perdía ocasión de solicitallos por medio de 
personas que tenian entre ellos autoridad , ó deudos de 
las mujeres con quien se había casado : usaba de blan- 
dura genera] ; qaeria ser tenido por cabeza , y no por 
^; la crueldad , la codicia cubierta engañó A muchos 
solos principios, pero no A su tio Aben Jaubar, que, 
dqaodo parte del dinero y riquezas en poder del sobri- 
no, llevando lo mejor tonsigo , resoluto de huir A Ber^ 
Ma , mostró ir á solicitar el levantamiento de la sier- 
ra de Bentomiz : vino A Pórtugos, donde murió de do- 
lor de la ijada , viejo , descontento y anrepentido. Mos- 
(1) Lu fMMf» sofaa el mismo HS, 



GRANADA. 



89 



tro Aben Humeya descontentamiento , mas por haberle 
la enfermedad quitado el cuchillo de las manos que 
por la falta del tio; tomóle los dineros y hacienda con 
ocasión de entregarse de mucha que había entrado on 
su poder de diezmos y quintos. Tal fué la fin de don 
Femando el Zaguer Aben Jauhar, cabeza del levanta- 
miento en la Alpujarra , inventor del nombro de rey en- 
tre los moros de Granada , poderoso para hacer seíior A 
quien le quitó la hacienda y fué causa de su muerte; 
tal el desagradecimiento de Aben Humeya contra su 
sangre, que le había dado señorío y título de roy , pu- 
diéndolo tomar para si. Mas asi A los príncipes verda- 
deros como A los tiranos son agradables los servicios 
en cnanto parece que se pueden pagar; pero cuando . 
pasan muy adelante , dase aborrecimiento en lugar do 
merced. 

Acabó de resolverse el Rey en la venida de su her- 
mano A Granada para emplealle en empresa que , puesto 
que de suyo fuese menuda , era de muchos cabos peli- 
grosa, por la vecindad de Berbería , y queriéndose lle- 
var por violencia, larga ; por ser guerra de montana, 
en ocasión que el rey de Argel estaba armado y la ar- 
mada del Gran Turoo junta contra venecianos. Hizo dos 
provisiones : una en don Luis de Requesones, que esta- ' 
ha por embajador en Roma, teniente de don Juan de 
Austria en la mar, para que con las galeras de su car- 
go que bahía en Italia , y trayendo las banderas del rei- 
no , de que don Pedro de Padilla era maestro de campo, 
viniese A hacer espaldas A la empresa , poniendo la gen- 
te en tierra donde A don luán pareciese que podía apro- 
vechar; y juntando «on sus galeras las de España, cuyo 
capitán era don Sancho de Leíva , hijo de Sancho Uar- 
tinez de Leiva, estorbase el socorro quepodia venir de 
Berbería A los enemigos , proveyese de vitualla y muni- 
ciones las plazas del reino de Granada que estAn A la 
costa, y al ejército cuando estuviese en parte A propó- 
sito. Otra provisión (resoluto de hacer la guerra con 
mayores'fuenas ) fué mandar al marqués de Mondéjar, 
que estaba en órgiba para salir en campo , que dejan- 
do en su lugar A don Antonio de Luna ó A don Juan de 
Mendoza, cual dallos le pareciese, con ezpresa orden 
que no innovasen ni hiciesen la guerra , viniese A Gra- 
nada para recibir A don Juan y asistir con él en conse- 
jo , juntamente con los que hubiesen de tratar los nego- 
cios de paz y guerra, no dejando el uso de su oficio, 
como capitán general de la gente ordinaria del reino de 
Granada ; ó si mejor le pareciese, quedase en Órgiba A 
hacer la guerra, guardando en todo la orden que don 
Juan de Austria, su hermano, le diese, A quien enviaba 
por cabeza y señor de la empré^. Pareció al Marqués 
escoger la asistencia en consejo , ó porque con la^ plA- 
tica de la guerra pasada, con el conocimiento de la'tier- 
ra y gente y con el ejercicio de aquella manera de mi- 
licia en que se había criado (aunque en todo diferente 
de la ordinaria), esperaba que el crédito y el gobierno 
pararía en su parecer y hi ejecución en su mauo , ó te- 
miendo quedar debajo de mano ajena y ser mal proveí* 
do, mandado y A veces calumniado ó reprendido como 
ausente I dejó A don Juan de Mendoza contento , rega- 
lado y honrado en Órgiba , por ser hombre pl Ático, mas 
desocupado , de su nombre, y con cuyos deudos tenia 
antigua amistad, (aunque algunos creen que en ello no 
hizo su provecho) , y riño A Granada. SeJido de órgi- 



dO DON DIEGO 

Lu , eslavo aquella frontera sosegada, sin hacer ni re* 
cebir daño de los enemigos, discurriendo ellos á una y 
otra jparte con libertad. 

Llegó don Juan de Austria , trayendo consigo á Luis 
Quijada (platico en gobernar infantería, cuyo cargo ha- 
bla tenido en tiempo del Emperador) , hombre de gran 
autoridad , por voluntad del Rey, que le remitió hí su- 
ma de todo lo que tocaba al.gobierno de la persona j 
consejo del hermano , y por la crianza que habla hecho 
en él por mandado del Emperador. Fué recebido don 
Juan con grandes demostraciones y confianza, sin de- 
jar ninguna manera de ceremonia , excepto las ordi- 
narias que se suelen hacer á los reyes; y aun la lisonja 
(que su verdad está sn las palabras) se extendió á lla- 
marle alteza , no embargante que hubiese orden expre- 
sa del Rey para que sus ministros y consejeros le lla- 
masen excelencia , y él no se consintiese llamar de sus 
criados otro título. Posó en las casas de la audiencia, 
por estar en medio de la ciudad; casas de la mala ven- 
tura lasllamaban en su tiempo los moros, y asi dellas 
salió su perdición. Llegó dende á pocos dias Gonzalo 
Hernández de Córdoba, duque de Sesa, nieto del Gran 
Capitán, que después de haber dejado el gobierno del 
estado de ílilan, conformando mas su voluntad con la de 
sus émulos que con la del Rey, vivia en su casa libre 
de negocios, aunque no de pretensiones : fué llamado 
para consejo y uno de los ministros desta empresa, co- 
mo quien habla dado buenacuenta de las que en Lom- 
bardía tuvo á su cargo. Lo primero que se trató fué 
procurar que se asegurase Granada contra el peligro 
de los enemigos declarados fuera y sospechosos den- 
tro ; visitar la gente que estaba alojada en el Albaicin 
y otras partes, por la ciudad y la Vega, y en frontera con- 
tra los enemigos ; repartir y mudar las guardias, al pa- 
recer con mas curiosidad que necesidad de los muros 
adentro; y- aun quedó muchos meses de parte del rea- 
lejo sin guardia, á discreción de pocos enemigos. En el 
campo andaban solas dos cuadrillas , ningunos atizado- 
res por la tierra, que daba avilanteza á los contraríos 
de inquietar la ciudad , y á nosotros causa de correr las 
calles á un cabo y á otro, y algunas veces salir desalunn 
brados, inciertos del camino que llevaban. Atajadores 
llaman entre gente del campo hombres de á pié y de á 
caballo, diputados á rodear la tierra, para ver si han 
entrado enemigos en ella ó salido. Era excusable esta 
manera de defensa, por ser aventurera la gente, muchas 
banderas de poco número, mantenidas sin pagas, con 
solos alojamientos; la ciudad grande, continuada con 
la montaña ; los pasos , como pocos y ciertos en tiempo 
de nieve , asi muchotf v inciertos estando desnevada la 
sierra ; un ejército jen Orgíba , que los moros hablan de 
dejar á las espaldas viniendo 6 Granada, aunque lejos. 

El propósito requiere tratar brevemente del asiento 
de Granada por clareza de lo que se escribe. Es puesta 
parteen hionte y parte en llano : el llano se extiende 
por un cabo y otro de un pequeño río que llaman Bar- 
ro, que la divide por nnedio ; nace en la Sierra Nevada, 
poco lejos de las fuentes de Genil, pero no en lo neva- 
do ; de aire yagua tan saludable, que los enfermoá salen 
á repararse, y los nioros venían de Berbería 6 tomar sa- 
lud en su rúíera, donde se coge oro ; y entre los viejos 
hay fama que el rey de España don Rodrigo tenia ri- 
quísimas minas debiyo de un cerro que dicen del Sol. 



DE MENDOZA. 

Está lo áspero de la ciudad en cuatro montos : el AHMim- 
bra á levante, edificio de muchos reyes, con la casa 
real , y San Francisco, sepultura del marqués don Iñigo 
de Mendoza, prímer alcaide y general « humilde edifi- 
cio, mas nombrado por esto ; fuerza hecha para sojuzgar 
la parte de la ciudad que no descubre la Albaiübni, con 
el arrabal de la Churra y calle de los Comeres, que todo 
se contináa con la sierra de Guéjar ; el Anteqoeniela, y 
las torres bermejas, que llaman Mauror, á mediodía ; á 
Albaicin , que mira al norte, con el Hiyaríz , y como 
vuelve por la calle de El^ra^ la ladera que dicen Céne- 
te por ser áspera ; el Alcazaba cuasi fuera de la cíodid, 
á mano derecha de la puerta de Elvira, que mira al po- 
niente. Con estos dos montes Albaicin y Alcazaba se 
continúa la sierra de Cogollos y la que decimos del Pun- 
tal. En torno destos montes y la fidda delips se ex- 
tienden los edificios por lo llano hasta llegar al rio Ge- 
nil^ que pasa por defiíera. Al principio de lá ciudad, la 
plaza Nueva sobre una puente ; y cuasi al fin , la de Bi- 
barrambla, grande, cuadrada, que toma nombre de la 
puerta; ambas plazas juntadas con la calle de Zacatio; 
antes la iglesia mayor, templo el mas suntuoso después 
del Vaticano de San Pedro ; la capilla en que están en- 
terrados los reyes don Femando y doña Isabel, conquis- 
tadores de Granada, con sus hijos y yernos; ¿ Alcaioe- 
ría, que hasta ahora guarda el nombre romano de Cé- 
sar (á quien los árabes en su lengua Uaqian Calzar}, 
como casa de César. Dicen las historias arábigas y li- 
gunas gríegas, que por encerrarse y marcarse dentro k 
seda que se vende y compra en todo el reino la Uainta 
desa manera, dende que el emperador Justino poncedió 
porprífilegio á los árabes scenitas que solos pudiesen 
críalla y beneficialla ; mas extendiendo deb^o de Ua- 
homa y sus sucesores su poder por el mundo, llevaron 
consigo el aso della, y pusieron aquel nombre á las ca- 
sas donde se contrataba ; en que después se recogieron 
otras muchas mercaderías, que pagaban derechos á los 
emperadores, y perdido el imperio á los reyes. Poen 
de la ciudad el hospital Real, fabricado de los reyes dea 
Femando y doña Isabel , San Hierónimo, sontuoso se- 
pulcro del gran espitan Gonzalo Hernández j memoríi 
de sus victorias;^ ríe Genil, que cuasi toca los edili- 
dos dichos de los antiguos Singilia , que nace en la Sier- 
ra Nevada, á quien llamaban Solaría y los moros Solai- 
ra, de dos lagunas que estañen el monte cuasi mas alto, 
de donde se descubre la mar, y algunos presumen ver 
de allí la tierra de Berbería. En ellas no se halla sudo 
ni otra salida sino la del río, cuyas fuentes tienen los 
moradoras por religión, diciendo que horadan el monis 
por milagro de un santo que está sepultado ep otro mon- 
te contrario, dicho Sant Alcazaren. Va pñroeroai norte, 
y pequeño ; mas en poco camino, grande con las nietas 
cuando se deshacen y arroyos que se le juntan. A una 
y otra parte moraban pueblos, que agora aun el nombre 
dellos no queda : iUberítanos ó liberinos en tienqM» de 
los antiguos españoles, lo que decimos Elvira» en cuyo 
lugar entró Granada ; iloreoneses , pequeños cortaos; 
la totrecilla y la torre de Roma, reóreacion de hi Qiva 
romana, hija del conde Jaüan el tiaidor : todo poblacio- 
nes de los soldados que acompañaron á Baco en la em» 
presado España, según muestran los nombres y mu- 
chos letreros y imágenes, en 4|us se ven esculpidas pro- 
cesiones y personajes que reprsseotao juegos y cere- 



GUERRA DE 

momas del mismo Baco, á qnieñ tnvieron por dios : todo 
esto en la Vega. Después Loja , Antequera , dicha Sin» 
giiia, del nombre del mismo rio ; Ecija, dicha Astigis : 
colonias de romanos antíguamente , boy ciudades po- 
pelosas en el Andalucía, por donde pasa, hasta que ha- 
dendo mayor á Guadalquivir, deja en él aguas y nombre*. . 

Cesaron los oficios de guerra y gobierno, excepto de 
josticia, con la presencia de don Juan. Su comisión fué 
sío limitación nioguna; mas su libertad tan atada, que 
de cosa grande ni pequeña podia disponer sin comuni- 
cación y parecer de los consejeros y mandado del Rey, 
salvo deshacer ó estorbar; que para esto la voluntad es 
comisión : mozo afable, modesto, amigo de complacer, 
atento á los oficios de guerra, animoso, deseoso de em* 
plearsu persona. Acrecentaba estas partes la gloría del 
padre , lá grandeza del hermano, las victorias del uno 
y del otro. Lo primero en que se ocupó fué en reformar 
los excesos de capitanes y soldados en alojamientos, 
contríboeiones , aprovechamientos de pagas, estre- 
chando la costa» aunque no atajando las causas de la 
desorden. En aquellos principios donjuán era poco ayu- 
dado de la experiencia, aunque mucho del ingenio y ha- 
bifidad. Luis Quijada, áspero, riguroso, atado ¿ la le- 
tra, qoe tuvo la primera orden de guerra en la postrera 
empresa del Emperador contra el rey Enrice 11 de Fran- 
cia, siempre mandado. El y el duque de Sesa, acostum- 
brados á tratar gente plática, con menos licencia, mas 
proveida; mayores pagas y mas ordinarias en Fláúdes, 
enLombardia, lejos cada uno de su tierra; doxonvenia 
esperar pagas, contentarse con los alojamientos; antes 

que tornar á España , la mar en medio : todo aquí por 

el coptrario. El marqués de Mondéjar, también capitán 
geoeraJ antes que 'soldado, criado á las 'órdenes de su 
a¿aelo y padre , al poco sueldo, á las limitaciones de la 
milSeíaGasteUaaa, no guiar ejércitos, poca gente, me- 
nos ejercicio de guerra abierta. El Presidente sin plá- 
tica de lo uno j de lo otro ; la aspereza de unos, la 
blandura de otros, la limitación de todos, causaba irre- 
sohicioQ de provisiones y otros inconvenientes. No fal- 
taron algunos da la opinión del marqués de Mondéjar, 
que daban la guerra por acabada. Había pocos oficiales 
de planuí, perdian los soldadas el respeto, hacíase co»- 
tombre del vicio, envileciese el buen< nombre y reputa- 
don de la milicia ; apocóse tanto la gente, que fué ne« 
eesario tratar de nuevo con las ciudades no solo del An- 
dilocfay Extremadura, mas con las mas apartadas de 
Castilla, que enviasen suplemento deUa; y vinieron las 
de mas cerca, con que parecía remediarse la falta. 

Regalaba y armaba Aben Humeya los que se iban á 
él : tornó á solicitar con personas ciertas los principes 
de Berbería, según pereda por las respuestas que fue* 
ron tomadas ; envió dineros , ropa , captivos; acercóse 
i nuestros presidios, especialmente á Órgiba, donde 
entendió que faltaba vitualla. Aunque don JuandeMen- 
doa manlenia la gente disciplinada, ocupada en forti- 
ficar el higar, según la flaqueza del , mandó don Juan 
que fuese del Padul proveído, y llevase la esooJta á su 
cargo Juan <le Chaves deOrellana,unode los copitanes 
que trajeronf la gente deTrujillo. Mas él, por estar en* 
fitfino, envió sq alférez, llamado Moríz, con la compa- 
ñía; hidalgo, pero.poco próvido y muy libre: caminó 
coodosdantosy cincuentasoldados, hombres si tQvieran 
cabeía. SnlendiéroB loa meros k salida de |a escolta 



GRANADA. 9i 

porsua atalayas; jtmtáronse treaeí entes arcabuceros y 
ballesteros, mandados por el Macox, hombre diestro y 
platico de la tierra , á quien después prendió don Fer- 
nando jle Mendoza, cabeza d^ las cuadrillas , y mandó 
justiciar el duque de Arcos en Granada. Emboscó parte 
en h cuesta de Telera y un arroyo que la divide del lu- 
gar, parte en las mismas casas; y dejándolos pasar lar 
primera emboscada, acometió á un tiempo á los que 
iban eu la rezagarlos delanteros. Peleóse en una y otra 
parte, poro fueron rotos los nuevos, y murieron to- 
dos; con ellos el alférez, por no reconocer, y aun dicen 
que borracho, mas de confianza que de vino. Perdié- 
ronse bagajes , bagajeros y la vitualla « sin escapar mas 
de dos personas; hoy se ven blanquear los huesos no 
lejos del camino. Túvose* deste caso tanto secreto, que 
primero se supo de los enemigos; mas porque muchos 
moriscos de pez , especialmente de las Albuñuelas , se 
hallaron con el Macox, y porque los vecinos de aquel lu- 
gar acogían y daban vitualla á los moros, j con ellos 
tenian continua plática , pareció que debían ser casti- 
gados y el lugar destruidoras! por ejemplo de otros, 
comopor entretener con algún cebo justificado la gente 
que estaba ociosa y descontenta. Es las Albuñuelas lu- 
gar asentado en la falda de la montaña, á la entrada de 
Val de Lecrin, depósito de todos los frutos y riquezas 
del mismo vafle, cinco leguas de Granada, en tres bar- 
rios, U9Q apartado de otro ; la gente mas polida y ciuda- 
dana que los otros de la sierra; teAidoslos hombres por 
valientes, y que pudieron resistir las armas del rey cató- 
lico don Fernando hasta concertarse con ventaja. Man- 
dóse á don Antonio de Luna , capitán de la Vega, que 
con cinco banderas de infantería y doscientos caballos 
amaneciese sobre el lugar, degollase los hombres,. hi- 
ciese captiva teda manera de persona, robase, quema- 
se, asolase las casas. Mas don Antonio, hombre cuida- 
doso y diligente, ó que no midiese el tiempo, ó que la 
gente caminase con pereza, llegó cuando los vecinos, 
parte eran huidos ó la montaña, parte estaban preve- 
nidos en defensa de las calles y casas, con un moro por 
capitán, llamado Lope. Anduvo la ejecución tan espa- 
ciosa, la gente tan tibia, que de los enemigos murie- 
ron pocos, y desos los mas, viejos , perezosos y enfer- 
mos; y de los nuestros algunos : captiváronse niños y 
mujeres, los que no pudieron escapar á lo alto ; fué sa- 
queado el uno de los tres barrios , y el escarmiento do 
los enemigos tan liviano, que saliendo por una parto 
nuestra gente, entFdi)ala suya por otra; habitaron las 
casas, segaron sus panes aquel año, y sembraron sin es- 
torbo para el siguiente. 

Estaban las cosas calladas y suspensas, sin el continuo 
desasosiego que daban IoSl moros en la ciudad ; gober- 
nábalos en la parte que cae ai valle y la Vega un capitán 
llamado Nacoz (que en su lengua quiere decir campa- 
na), mostrándose á todas horas y en todoá lugares. Ya 
sehabian encontrado él y don Antonio de Luna con nú- 
mero cuasi igual de gente de á pié, aunque con ventaja 
don Antonio, por la caballería que llevaba : se partieron 
con igualdad, cuasi sin poner manos á las armas, po- 
niéndose el Nacoz en salvo > el barranco en rnedio do 
su gente y nuestra caballería. Dicen que de allí atravesó 
la sierra de la Almijara , y por Almuuécar, con su ha- 
cienda y familia pasó á Berbería. 

Visto por don Juan que los enemigos crecían en nú^ 



92 



DON DIEGO 



mero y eiperiencia; qpe enn avisados por los moris- 
cos de Granada , ayudados con vitualla , reforzados con 
parte de la gente moza de la ciudad y la Vega ; que no 
cesaban las pláticas y tratados, el concierto de poner 
en ejecución el primero aun estaba en pié; que tenían 
señalado el día y hora cierta para acometerla ciudad, 
número de gente determinado, capitanes nombrados, 
Girón, Nacoz, uno de los Pártales, Faraz, Ghocon, 
Rendati , moriscos ; Caracaz y Hliosceni , turcos , y Da- 
li, capitán general de todos, venido por mandado del 
rey de Argel; dio aviso de todo, encareciendo el peligro 
por parte de los enemigos si se juntaban con los de 
Granada y la Vega, y de los nuestros por la flaqueza que 
sentía en la gente común , pof la corrupción de cos- 
tumbres y orden de guerra. 

Mandó el Rey que todos los moriscos habitantes en 
Granada saliesen á vivir repartidos por lugares de Cas- 
tilla y el Andalucía, porque morando en la ciudad, no 
podían dejar de mantenerse vivas las pláticas y espe- 
ranzas dentro y fuera. Había entre los puestros sos- 
pechas, desasosiego, poca seguridad ; parecía á los que 
no tenían ezperíencia de mantener pueblos, oprimiendo 
ó engañando á los enemigos de dentro y resistiendo á 
los de fuera, estar en manifiesto peligro. Con talreso- 
hicion, ordenó don Juan, á los 23 de junio, que en- 
cerrasen todos los moriscos en las iglesias de sus par- 
. roquias. Ya era llegada gente délas ciudades á suel- 
do del Rey , y se estaba con mas seguridad. Puso la 
ciudad en arma, la caballería y la infantería repartida 
por sus cuarteles; ordenó al marqués de Mondéjarque 
subiendo al Albaicin, se mostrase á los moriscos, y con 
su autoridad los persuadiese á encerrarse llanamente. 
Recogidos que fueron desta manera, mandáronlos ir ai 
hospital Real, fuera de Granada un tiro de arcabuz ; an- 
duvo don Juan por las calles con guardas de á caballo 
y guión; viólos recoger inciertos de lo que había de ser 
dellos; mostraban una manera de obediencia forzada, 
los rostros en el suelo con mayor tristeza que arrepen- 
timiento; ni desto dejaron de dar alguna señal, que 
uno dellos hirió al que halló cerca de sf , dícese que 
con acometimiento contra don Juan, pero lo cierto no 
se pudo averiguar, porque fué luego hecho pedazos; yo 
que me hallé presente, diría que fué movimiento de 
ira contra el soldado, y no resolución pensada. Que- 
daron las mujeres en sus casas algún día , para vender 
la ropa y buscar dineros con que seguir y mantener 
sus maridos. Salieron, atadas las manos, puestos en la 
cuerda, con guarda de infantería y caballería poruña 
y otra parte, encomendados á personas que tuviesen 
cargo de irlos dejando en lugares ciertos de Andalucía, 
yguardallos,tanto porque no huyesen, como porque 
no recibiesen injuria. Quedaron pocos mercaderes y 
oficiales para el servicio y trato de la ciudad ; algunos á 
contemplación y por interese de amigos. Muchos de 
los mancebos, que adivinaron la mala ventura, huyeron 
á la sierra, donde la hallaban mayor^ los que salieron 
por todos tres mil y quim'entos ; el número de mujeres 
mucho mayor. Fué salida de harta compasión para 
quien los yió acomodados y regalados en sus casas; mu- 
chos murieron por foi caminos, de trabajo, de cansan- 
cio, de pesar, de hambre, á hierro, por mano de los 
mismos que los habían de guardar, robados^ vendidos 
por captivos. 



DE MENDOZA. ' 

• 

Ya el Rey habia enviado personas que tuviesen cuen- 
ta con su hacienda , porque antes no las había , como 
en negocio de que presto se vernia al fin; contador, 
pegador, veedor general y particulares; dentro en 
consejo al licenciado Muñatones, que había servido de 
alcalde de corte al Emperador en sus jomadas, y de su 
consejo ; hombre hidalgo y limpio , y en diversos tiem- 
pos de próspera y contraria fortuna. Como los moriscos 
salieron de Granada , perdióse la comodidad de los sol- 
dados, cesaron los alojamientos, camas, fuego» vasos: 
cosas que se dan en hospedaje, sin que la gente no 
puede vivir ni cómoda ni suficientemente. Aun parak 
ciudad y soldados no estaba hecha provisión de vitua- 
lla, pero entraron á mantener la gente coo socorros, 
mudando término y propósito. Fué mayor el aprove- 
chamiento de los capitanes y oficiales de guerra con los 
socorros y raciones , cuanto mas á menudo se tomaban 
las muestras; entraban á ellas, en lugar de soldados, ve- 
cinos del pueblo ; sucedieron á cumplir la hacienda dd 
Rey, en lugar de los moriscos, los bacajeros y vivan- 
deros rescatados; por todo se robaba a amigos como á 
enemigos, á cristianos como á moros; padecían los 
soldados, adolecían, íbanse, crecieron las desórdenes 
y compasiones por la Vega. Nació una opinión entre 
los ministros, la cual como provechosa donde el pueblo 
es enemigo y la gente poca , así errada donde no hay 
pueblo contrario ; y fué que no se debían tomar mues- 
tras , porque los enemigos no entendiesen cuan pocos 
eran los soldados ; y que se debía permitir la Ucencia y 
excesos , porque no se amotinasen ni huyesen. La gra- 
te de la ciudad era mucha , buena y armada; los moris- 
cos fuera , los soldados no tan pocos , que no fuesen su- 
periores, juntos con el pueblo^ á los enemigos; guarda 
de á pié y de á caballo en la Vega, armado en Órgiba 
don Juan de Mendoza , ¿qué temor ó recatamiento po- 
día estorbar el remedio de inconvenientes que eran 
causa de poner en peligro la empresa, y de que los 
moros de la Vega, no pudiendo sufrir tanto maltrata- 
miento , yéndose á hi sierra acrecentasen el núnoero de 
los enemigos? Duró tantos meses esta manera de go- 
bierno , que dio causa á intenciones libres y sospecho- 
sas de pensar que no faltaban personas á quien con- 
tentase que, creciendo los inconvenientes, fuese ma- 
yor la necesidad. 

Declaró el Rey, como estaba acordado , que al mar- 
qués de Vélez tuviese cargo de los partidos de Almería, 
Guadiz, Baza, río de Ahnanzora, sierra de Filábres; 
y queríendo salir contra los enemigos , parecióle ase- 
gurar el puerto que dicen de la Ravaha , paso de la Al- 
pujarra para tierra de Guadiz y Granada; mandó que 
con cuatrocientos hombres enviados de Guadiz , Gon- 
zalo Fernandez, capitán viejo, platico en las escara- 
muzas de Oran , tomase lo alto del puerto , y se hiciese 
fuerte hasta tener orden suya. Comenzó á subir la 
montana sin reconocer; mas los moros, que estaban 
cubiertos en lo alto y en lo hondo del camino , dejando 
subir parte de la gente , echaron cuarenta arcabuceros 
que acometiesen la frente , y por el costado ditfon cien 
hombres , hasta ponellos en desorden ; y cargándolos en 
rota, muríó la mayor parte huyendo; perdiéronse las 
armas, munición y vitualla que llevaban; poca gente 
toraó á Guadiz con el capitán. Don Juan, temeroso que 
los enemigos cargasen á la parte de Guadiz, proveyó 



GUERRA DE GRANADA. 



93 



^ra guardra dolía á Francisco de Molina, que sirvió . 
de capiUa al Emperador en las guerras de Alemania. 

Con el suceso de la Ravalia se levantó la sierra de 
Beotooúi y tierra de Vélez Málaga ; no hicieron los 
excesos que en el Alpujarra; antes contentándose con ' 
recoger la ropa á lugares fuertes sin bacef daños , 
echaron bando que ninguno matase ó captivase crístia* 
00, quemase iglesia , tomase bienes de cristianos ó de 
moros que no se quisiesen recoger con ellos ; fortifi- 
caron para refugio y seguridad de sus personas un 
monte llamado Frexiliana la vieja, á diferencia de la 
nueva cerca del , deshabitado de muchos tiempos ; los 
antigos españoles y romanos le llamaron Sezifirmum. 
Estuvieron desta manera tanto mas sospechosas á Vé- 
lez, cuanto procedian mas justificadamente, sin co<- 
moDÍcacion ó comercio en el Alpujarra. Mas Arévalo 
de Suazo, corregidor de Málaga y Vélez , avisado pri- 
mero por cartas de don Juan como los moriscos de 
aquella sierra estaban para levantarse y ocupar á Vélez, 
movido por la razón de que se podia conunuar aquel 
levantamiento por la hoya y jarquía de Málaga, hasta 
tierra de Ronda^ si con tiempo no se atajase , y con al- 
guna esperlBinza de pacificar los moros por via de con- 
cierto, partió de Málaga con cuatrocientos infantes y 
dncoenta cabaOos , llegó á Vélez, y hizo salir del fuerte 
Ja gente del pa^lo que habia desamparado lo llano ; 
pusoellugarea defensa, socorrió el castillo de Cani- 
les, logar del marqués de Gomares, que estaba en 
aprieto, echando los moros de la tierra , los cuales y los 
deSedelk se fueron á juntar con los de toda la sierra, 
y & un tiempo descubrieron el levantamiento que tengo 
dicho. Volvió á Vélez Suazo juntando mil y quinientos 
infantescoo la caballería que se hallaba; y entendiendo 
qoeserecogiaii y fortificaban en la sierra, quiso irá 
reconocellosy en ocasión combatillos. Hallólos en Fre- 
lilíana la vieja fortificados: el general dallos era Go- 
me! , y tenia consigo otros capitanes ; todos se manda- 
ban por la autoridad de Benaguazil. Pero en la subida 
de la montana, creyendo que bastaría mostralles las 
armas, trabó la gente desmandada una escaramuza, y 
siguieron dos iMmderas de infantería sin orden, y sin 
podellos Arévalo de Suazo retirar, harto ocupado en 
estorixir que el resto no saliese tras ellos. Mas los mo- 
nis, que habían hecho rostro á la escaramuza , viendo 
)a gente que cargaba de nuevo, y conociendo la desór- 
(leo, comenzáronse á retirar hasta sus reparos, y sal- 
tando fuera golpe de arcabuceros y ballesteros, apre- 
taron nuestra gente cuasi puesta en rota, ejecutándola 
basta lo llano. Arévalo de Suazo , parte acometiendo, 
parte retirando y amparando la gente, volvió con ella, 
algunos muertos y pocos heridos, á Vélez , donde es- 
lavo á l|t guarda del lugar y la tierra; y los moros vol- 
vieron á continuar su fuerte. Don Juan, visto el caso, y 
pareciéndole dar dueño á la empresa que la hiciese á 
menos costa y con mas autoridad , aunque en Arévalo 
de Suazono hubiese, como no hubo, falta, ofreció aque- 
llt jomada por mandado del Rey á don Diego de Cór- 
doba, marqués de Gomares, gran señor en el Andalucía, 
y fuera deila de* mayores esperanzas, que tenia parte 
de su estado en aquelbi montaña pacífico y guardado ; 
pero fué la oferta de manera, que justificadamente pu- 
do excusarse. 

Ea «t^tfempo sedffckraron lofiNreparamieatosdel 



> rey de Argel ser contra ol de Túnez Muley Hamida ; y 
el rey de Fez se quietó. Partió el de Argel con siete mil 
infantes turcos y andaluces y doce mil caballos, parte 
de su sueldo, y parte alárabes que labraban la tierra : 
juntáronse á una legua de Beja, ciudad grande, y vein- 
te de Túnez; mas el rey de Túnez fué roto , y salvóse 
con doscientos caballos hacia la tierra que dicen de los 
Dátiles. Perdió á Beja y Túnez, que ahora está en po- 
der de tiurcos, y á Biserta, que comenzaron á fortificar; 
Jugar de comarca provechoso para quien lo ocupare y 
pudiere mantener; Hippon Diarritos le llamaron los 
griegos, á diferencia de Bona : púsole el nombre Agató- 
cles, tirano de Sicilia, en la gran empresa que tuvo 
céntralos cartagineses. Mas por quitar duda y oscuri- 
dad, diré lo que entiendo destos reinos. El de Fez fué 
reino de Sifaz , que tuvo guerra con los romanos , de 
quien tanta memoria hacen «us historias. Después de 
varias mudanzas, edificó la ciudad Idriz, del linaje de Ali, 
que conquistó á Berbería, y en memoria tienen su alfanje 
colgado en el templo principal con gran veneración. 
Dióle el nombre del río que pasa por medio , llamado 
entonces Fez. Juntó los edificios Jusef Miramarazo- 
hir Aben Jacob , del linaje de los de Benimerin , que 
fué vencido del rey don Alonso en la batalla de Tarífa; 
y por la comodidad de guerrear contra el rey de Tre- 
mecen,la hizo de nuevo cabeza del reino poseído al 
presente por los hijos de Jarife ; hombre que , de pre- 
dicador y tenido por santo y del linaje de Maboma, vi- 
no, juntando las armas con la religión, al señorío de 
Marruecos y Fez, como lo han hecho muchos de su 
secta en África, comenzando de Malioma hasta los al- 
morávides, los almohades, los benimerines, los*beni- 
oatícís, jarifos que hoy son; todos religiosos y arma- 
dos, y que por este medio vinieron á la alteza del reino. 
El de Túnez tuvo mayor antigüedad, por fundarse en 
las sobras de la gran Gartago, destruida por Scipion 
Africano, y vuelta á restaurar, primero por los cónsules 
r(ftnanos y por Tiberio Graco, después mudado el sitio 
á lo llano por César Augusto, y habitada de romanos; 
poseída de los emperadores, ganada por los vándalos, y 
recuperada por Belisario^ capitán del emperador Justi- 
niano; siempre tenida por la tercia parte del imperio 
griego hasta el tiempo de los alárabes, que fué por 
Occuba Ben-Nafic, capitán de Mauhía, sojuzgada, ven- 
ciendo y matando al conde Gregorio, lugarteniente del 
emperador Constantino, hijo de Constante, con setenta 
mil caballeros cristianos, en la gran batalla junto á Áfri- 
ca que los moros llaman Mehedia (del nombre de un su 
príncipe dicho Moabedin); y los romanos Adnimentum, 
agora lugar destruido por el ejército del emperador 
don Carlos. Las armas con que se halló el conde Grego- 
rio, á quien los alárabes llaman Groguir, dicen que 
fueron muchas mujeres en torno bien aderezadas y 
hermo^s; é) en una litera dé hombros, con piedras pre- 
ciosas, cubierta de paño de oro, y dos mancebos que 
oon Aosqueadores de plumas de pavo le quitaban el 
polvo. Mahuia ocupó á Gartago por entrega de María, 
hija del conde Gregorio, con pacto que casase con ella; 
mas, descontento del casamiento, la dejó. Deshabitó á 
partago, pasó la población donde ahora es Túnez, que 
entoiK:e$ era pequeño lugar y siempre del mismo nom- 
bre. Quedaron repartidos los romanos en doce aldeas, 
que hoy son de labradores moros en el cabo que lia- 



94 



DON DIEGO DE MENDOZA. 



man de Gartago, donde fué la ciudad competidora de * 
Roma; el nombre delladura en un pequeño pueblo, 
y ese sin gente : tantas mudanzas hace el mundo, y tan 
poca segundad hay en los estados. Gobernóse Túnez en 
forma de república hasta los tiempos del miramamolin 
Jusefy que envió á Abdeluahhed, sucapitáú, natural de 
Sevilla, que los gobernó y sujetó con ocasión de defen- 
dellos céntralos alárabes; cuyo hijo quedó por señor y 
fué el primero rey de Túnez hasta Muztancoz, que enno- 
bleció la ciudad, y dende él á Hamida, que hoy reina, 
sin perderse la sucesión, según la verdad de sus histo- 
rias , cegando ó matando los padres á ios hijos , ó los 
hijos á ios padres, como hizo Hamida, que cegó á Muley 
Hacen, su padre, y le quitó el reino, en que el empera- 
dor don Garlos^ vencedor de muchas gentes, le habia 
restituido, echando á Barluiro ja, Urano dól, puesto 
por mano del gran señor de los turcos. 

Menores fueron los{frincipios del señorío de Argel, 
que hoy está en mayor grandeza : ai lugar llaman los 
moros Algezair por una isla que tenia delante ; noso- 
tros le llamamos Argel; antiguamente se pobló de los 
moradores de Cesárea ; que ahora se llama Xargel. Es- 
tuvo siempre en el señorío de los reyes godos de Espa- 
ña hasta que vinieron los moros, y en tiempo delios 
fué lugar de poco momento, regido por jeques; mas 
después el rey don Fernando el Católico hizo tributario 
al señor y edificó el Peñón. Huerto el Rey , el carde- 
nal fray Francisco Jiménez, gobernador de España en 
los principios del reinado del emperador don Carlos, 
tomó á Bugfa (casa real del rey Bocho de Mauritania, di- 
cha por esto de su nombre, según ios alárabes), y qui- 
so crecer el tributo moviendo nuevo concierto con el 
Jeque : ofendidos los moros, reprendido y arrepentido 
el señor, se retiró. El Cardenal , hombre de su condi- 
cionarmígero y aun desasosegado, armó contra él, ha- 
ciendo capitanes á Diego de Vara y Juan del Rio : jun- 
tóse esta armada á manera de arrendamiento ; que to- 
doslos que teniail oficios menores, si los querían pasar 
en sus hyos por una vida , fuesen á servir , ó llevasen ó 
diesen en su lugar tantos hombres, según la impor- 
tancia del oficio. Perdióse la armada por mal tiempo, 
confusión y poca plática de los qUe gobernaban, y esta 
fué la primera pérdida que se hizo sobre Argel. Mas el 
Jeque, temiendo que con mayores fuerzas se renovaría 
la guerra , trajo por huésped y soldado á Barbaroja, 
hermano del que fué tirano de Túnez, que entonces era 
su lugarteniente y secretario ; venidos á la grandeza 
que tuvieron, de capitanes de un bergantín. Habia ten- 
tado Barbaroja Horui (que asi se, llamaba el mayor) la 
empresa de 6ugfa, perdido el tiempo, la gente, un bra- 
zo y el armuda; recogídose con cuarenta turcos á un 
pequeñotastillo , de donde el Jeque otra vez le trajo al 
sueldo; mas éi, juntándose con los principales, mató al 
jeque llamado Selin Etenrí estando comiendo en un 
baño ; bizose señor y llamóse rey. Dende á poco salió 
para la empresa de Tremecen, y ocupado aquel Teino, 
quedó por señor, y su hermano Hárradvi por goberna* 
doren Argel; mas echado después de Tremeúen ^or 
los capitanes del alcaide dé los Donceles , abuelo dtf 
este marqués de Comáres, que era entonces general de 
Oran , y muerto huyendo , quedó el reino de Ai^el en 
poder del hermano. Habia don Hugo de Moneada be* 
^ che tributarios ios Geltes después algunos años de 



la pérdida del conde Pedro Navarro y muerte de don 
García de Toledo, hijo del duque de Alba don Fadrí- 
que, padre del duque don Femando, que hoy gobierna 
los estados de Flándes ; y tomando con el Értnada por 
mandado del emperador sobre Argel , con íiitento de 
destruilla y asegurar la marina de España , tentó desdi* 
chadamente la venganza de Diego de 'Vera y Juan del 
Rio; porque con tormenta perdió mocha {nirte de la 
armada, y echando gente en tierra para defenderlos 
que se iban á ella con miedo de la mar, perdió también 
lo uno y lo otro. Crecieron las fuerzas de Barbarofa; 
extendióse por la tierra adentro su poder ; deshizo d 
Peñón, que era isla, continuóla con la tierra firme, ooh 
pó los higares de la mar, Xargel, Guijati, Brisca y el rei- 
no de Túnez, aunque pequeño. Vino á noticia del señor 
de los turcos que pretendía por seguridad y pai desús 
hijos ocupar á África y poner en Túnez á Bayaceto, que 
se mató á sí mismo : adelantó á Barbaroja en fuerzas 
y autorida^)or conseguir este fin y poner al Empera- 
dor en estrecho y necesidad. Dióle mayor armada con 
que ocupase y afírmase el reino de Túnez , de donde 
ecliado por el Eitopen^or, pasó á Constantinopla ; quedé 
general de la armada del Turco , y después favorecido y 
honrado hasta que murió, tenido en mas par haberle 
vencido el Emperador; porqué los vencedores honra- 
dos honran á los vencidos. Quedó el reino de Argel 
en poder de gobernadores enviados por el TuTco; mas 
el Emperador, temiendo la poca seguridad que tenia en 
sus estados con la grandeza de los turcos en Argel , j 
hallándose en Alemania al tiempo que el Gran Turca 
venia sobre ella, mal proveído de dineros para resistUle, 
no quiso obligarse á la empresa. Quedar sin salir áeOá 
en Alemania era poca reputación : tomó por expedien- 
te la de Argel , donde fué roto de la tormenta; retiróse 
por tierra á Bugía, perdiendo mucha parte de la arma- 
da , pero salvó el ejército y la reputación, con gloria de 
sufrido, de diestro y valeroso capitán. Dealli crecieron 
sin resistencia las fuerzas de los señores de Argel ; to- 
maron á Tremecen, á Bugía; y por su orden los cosa- 
rios á Jayona , de los moros, á Tripol , de la orden de 
san Juan ; rompieron diversas armadas de galeras, sia 
otra adversidad mas que la pérdida que hicieron de su 
armada en la batalla que don Bernardino de Mendosa 
ganó á Alí Hamete y Cara Mamj, sus capitanes ^ sobre 
la isla de Aríx>lan.. Por este camino vino el reino de Ar- 
gel á la grandeza que ahora tiene. 

LIBBO TERCERO. 

Entretenía el Gran Turco los moros de! reino de Gra- 
nada con esperanzas por medio del rey de Argel , para 
ocupar, como dijimos, las fuerzas del rey don Felipe en 
tanto que las suyas estaban puestas contra veneeiaoos; 
como quien (dando á entender que las despreciaba) mn- 
guna ocasión de su provecbQ, aunque pequeña, dejaba 
pasar. Entre tanto el comendador mayor don Luis de 
Requesones sacó del reino y embarcó la infatitería es- 
pañola en las galeras de Italia, dejando orden á don A^ 
varo de Bazan que con las catorce de Ñapóles que eran 
á su cargo, y tres banderas de in{autersa e^ñolá, cor- 
riese las islas y asegurase aquellos mares eontra los co- 
sarios turcos. Vino á Civitavieja ; de allí á Puerto Santo 
BMfono 9 donde juntliido consigo nueve galeras y ana 



GUERRA DE 

galeota del duque de Florencia, estorbado de los tiem- 
pos, entró en Marsella. Dende á poco , pareciendo bo- 
nanxa, continuó su tiige; mas entrando la nocbé, co- 
menzó el narbooés á re£rescar^ Tiento que letanta gran- 
des tormentas en aquel golfo y travesía para la costa de 
Berbería , aunque lejos : tres días corrió la armada tan 
deshecha fortuna , que se perdieron unas galeras de 
otras; rompieron remos, velas , árboles , timones ; y en 
fin, la capitana sola pudo tomará Menorca, y dende allí 
áPaiamós, donde los turcos forsados, confiándose en 
)a flaqueza de los nuestros gor el no dormir y continuo 
trabajo, tentaron levantarse con la galera; pero sen- 
tidos, hizo^l Comendador mayor justicia de treinüi. 
Nueve galeras de las otras siguieron la derrota de la 
capitana; cuatro se perdieron con la gente y chusma; 
la una, que era de Estéfano de Mari , gentilhombre ge- 
noves, en presencia de todas, en el golfo embistió por el 
costado á otra , y fué la embestida salva , y á fondo la 
que embistió; acaecimiento vistp pocas veces en la mar: 
las demás dieron al través en Córcega y Cerdeña , ó 
aportaron en otras partes con pérdida de la ropa, vitua* 
Ua, municiones y aparejos , aunque sin daño de la gen- 
te. Luego que pasó la tormenta, llegó don Alvaro de Ba- 
tan á Gerdena con las galeras de Ñapóles; puso en or- 
den cinco de las que hablan quedado paranavegar; en 
ellas y en las suyas embarcó los soldados que pudo; lle- 
gó á Palamós, y juntándose con el Comendador ma- 
yor, navegaron la costa del reino de Granada á tiem- 
po que poco había fuera el suceso de Bentomiz y otras 
ocasiones, mas en favor de los moros que. nuestro. 
Llevó cooágo de Cartagena las galeras de España que 
traía don Sancho de Leiva; y tornando don Alvaro á 
guardarla costa de Italia, él partió con veinte y cinco 
galeras para Málaga ; inas al pasar, avisado por Arévalo 
de Saazo de lo sucedido en Bentomiz, envió con don 
Miguel de Moneada á comunicar con don Juan su inten- 
to, y el peb'gro en que estaba toda aquella tierra si no 
se ponia remedio con brevedad , sin esperar consulta 
del Rey. Puso entre tanto sus galeras en orden ; armó 
y rehilo la infantería , que serían en diez banderas mil 
soldados viejos y quinientos de galena ; juntó y armó de 
Málaga , Vélez y Antequera , por medio de Arévalo de 
Soaio y Pedro Verdugo , tres mil infantes. Volvió don 
Wgtiel con la comisión de don Juan, y partió el Comen- 
dador mayor á combatir los enemigos. Llegado á Tor* 
roí, envió á don Martin de Padilla, hijo del adelantado 
de Castilla, con alguna infantería suelta para reconocer 
elfberte de FreziUana, y volvió trayendo consigo algún 
ganado. Púsose al pié de la montaña, y después de ha- 
ber reconocido de mas cerca, dio la frente á don Pedro 
de Padilla con parte de sus banderas y otras, hasta mil 
iaíantes, y mandóle subir derecho. A don Juan de Cár- 
denas (a), hijo del conde de Miranda, mandó subir con 
cuatrocienios aventureros y otra gente plática de las 
banderas de ítalia por la pafte de la mar , y por la otra 
idoQ Martin de Piadüla con trescientos soldados de ga- 
^ y algunos de Málaga y Vélez; los demás , que aco- 
metiesen po^ las espaldas del fuerte, donde parece que 
I« subida estaba mas áspera, y por esto menos guarda- 
da, y estos maúdó que llevase Arévalo de Suazo con 
alguna cabaUeria por giiurda de la ladera y del agua. 

(i) Sale doa iaaa de Cftrdeata fa6 deipaés coade de Miranda^ 
^4eMpolei,pfesMeatédttItanayQa«mia. • 



GRANADA. . ' .95 

Mas don Pedro, aunque ée su niñez criado á las armas 
y modestia del Emperador, soldado suyo en las guer- 
ras de Flándes, despreciando con palabras la orden del 
Comendador mayor, la curi era que los unos esperasen 
á los otros hasta estar igualados (porque parte dellos 
iban por rodeos), y entonces arremetiesen á un tiem- 
po, arremetió sin él y llegó primero por el camino de- 
recho. 

Los enemigos estuvieron á la defensa , como gente 
plática, y juntos resistieron, con mas daño de los nues- 
tros que suyo ; pero al fin , dado lugar á que nuestros 
armados se pegasen con el fuerte, y comenzasen con 
las picas á desviarlos y á derribar las piedras del ,.y 
los arcabuceros á quitar travesee , estuvieron firmes 
hasta que salió un turco de galera enviado por el Co- 
mendador mayor á reconocer dentro, con promesa de la 
libertad. Este dio aviso de la dificultad que habia por 
la parte que eran acometidos, y cuánto mas fácil ^eria 
la entrada al lado y espaldas. Partió la gente , y com- 
batiólos por donde el turco decía : lo mismo hicieron 
los enemigos para resistir, pero con mucho daño de los 
nuestros , que eran heridos y muertos de su arcabuce- 
ría al prolongarse por el reparo. Todavía , partidas las 
fuerzas con esto , aflojaron los que estaban á la frente, 
y don luán de Cárdenas tuvo tiempo de llegar; lo mi* 
mo la gente de Málaga y Vélez , que iba por las espal- 
das. Mas los moros, viéndose por una y otra parte apre- 
tados, salieron por la del maestral, que estaba mas ás- 
pera y desocupada , como dos mil personas , y entre 
ellos mO hombres los mas sueltos y pláticos de la tier- 
ra : fué porfiado por ambas partes el combate basta ve- 
nir á las espadas , de que los moros se aprovechanme- 
nos que nosotros, por tener las suyas un filo y no herir 
ellos de punta. Con la salida destos y sus capitanes 
tuvieron los nuestros menos resistencia ; entraron por 
fuerza por la parte mas difícil y no tan guardada que 
tocó á Arévalo de Suazo, donde«élfué buen caballero y 
btíena la gente de Málaga y Vélez; pero no entraron con 
tanta furia, que no diesen lugar á los que combatían de 
don Pedro de Padilla y á los demAs para que también 
entrasen al mismo tiempo. Murieron de los enemigos 
dentro del fuerte quinientos hombres , la. mayor parte 
viejos; mujeres y niños cuasi mil y trescientos con el 
ímpetu y enojo de la entrada y después de salidos en el 
alcance, y heridos otros cerca de quinientos. Captivá- 
ronse cuasi dos mil personas : los capitanes Carral y el 
Melilu, general de todos, con tangente que salió, vinie- 
ron destrozados á Valor, donde Aben Huraeya los re- 
cogió, y mandó dende á pocos días tornar al mismo 
Frexiliana. Mas el Melilu, rico y de ánimo, hizo ahorcar 
á Chacón, que trataba con los cristianos, por una carta 
de^su mujer que le hallaron , en que le persuadía á de- 
jar la guerra y concertarse, pícese que én el fuerte los 
viejos de concierto se ofrecieron á la muerte porque 
los mozos se saliesen en el entre tanto ; al revés de lo 
que suele acontecer y de fa orden que guarda naturale- 
za , como qnier que los mozos sean animosos para eje- 
cutar y defender á los que mandan , y los viejos para 
mandar, y naturalmente mas flacos de ánimo que cuan- 
do eran mozos. De los nuestros fueron heridos mas de 
seiscientos , y entre ellos de saeta don Juan de Cárde- 
nas, que fué aquel dia buen caballero. Entre otros, mu- 
ritfoa peleando don Fedto de Sándoval , sobrino del 



96 . DON DIEGO 

obispo de Osma , y pasados de trescientos soldados, 
parte aquel dia, y parte de heridas en Málaga» donde los 
mandó el Comendador mayor, y vender y repartir la 
presa entre todos , á cada uno según le tocaba , repar- 
tiéndoleá también el quinto del Rey. 

Es el vender las presas y dar las partes costumbre de 
España, y el quinto, derecho antigo de los reyes dende 
el primer rey don Pelayo, cuando eran pocas las facul- 
tades para su mantenimiento ; agora, porque son gran- 
des , llévanlo por reconocimiento y señorío ; mas el 
hacer los reyes merced del en común y por señal de 
premio á los que pelean, es causa de mayor ánimo; co- 
mo, por el contrarío, á cada uno lo que ganare, y á to- 
dos el quinto generalmente cuando vienen á la guerra, 
ocasión para que todos vengan á servir en las empresas 
con mayor voluntad. Pero esta se trueca en codicia, y 
cada uno tiene por tan proprío lo que gana, que deja por 
guardallq el oficio de soldado, de que nacen grandes 
inconvenientes en ánimos bajos y poco pláticos ; que 
unos huyen con la presa, otros se dejan matar sobre 
ella de los enemigos , impedidos y enflaquecidos; otros, 
desamparadas las banderas , vuelven á sus tierras con 
la ganancia. Viónense por este camino á deshacer los 
ejércitos hechos de gente natural , que campean den- 
tro en casa : el ejemplo se ve en ItaÚa entre los natur 
rales, como se ha visto en esta guerra dentro en España. 

El buen suceso de Frexiliana sosegó la tierra de Má- 
laga y la de Ronda por entonces : el Comendador ma- 
yor se dio á guardar la costa , á proveer con las galeras 
los lugares de la marina; mas en tierra de Granada, el 
mal tratamiento que los soldados y vecinos hacian á 
los moriscos de la Vega, la carga de alojamientos, con- 
tribuciones y composiciones, la resolución que se tomó 
de ¿estruir las Albuñuelas flacamente ejecutada , dio 
ocasión á que muchos pueblos, que estaban sobresana- 
dos, se declarasen y subiesen á la sierra con sus fami- 
lias y ropa. Entre estos fué el rio de Boloduf á la parte 
de Guadix, y á la de Granada Guéjar, que en su calidad 
no dio poco desasosiego. La gente della, recogiendo 
sü ropa y dineros, llevando la vitualla, ydejando es- 
condida la que no pudieron, con los que quisieron se- 
guillos se alzaron en la montaña , cuasi sin habitación 
por la aspereza, nieve y frío. Quiso don Juan recono- 
cer el sitio del lugar , llevando á Luis Quijada y al du- 
que de Sesa : tratóse si lo debia mantener ó dejaír; no 
pareció por entonces necesario para la seguridad de 
Granada mantenerle y. fortificarle, como flaco y de po- 
ca importancia , pero la necesidad mostró lo contrarío; 
y en fin, se dejó, ó porque no bastase la gente que en la 
ciudad habia de sueldo á asegurar á Granada todo á un 
tiempo y socorrer en una necesidad á Guéjar, como la 
razón lo requería ; ó que no cayesen en que los enepii- 
gos se atreverían á fundar guarnición en ella tan cerca 
de nosotros, ó, como dice el pueblo (que escudrina las 
intenciones sin perdonar sospecha, con razón ó sin 
ella), por críar la guerra entre las manos, celosos del 
favor en que estaba el marqués de Yélez, y hartos de la 
ociosidad propría y ambiciosos de ocuparse, aunque con 
gasto de gente y hacienda : decíase que fuera necesa- 
río racar un presidio razonable á Guéjar, como de^ués 
se hizo lejos de Granada para mantener los lugares de 
en medio ; cada uno , sin examinar causas* ni posibili- 
dad, se hacia juez de sus superiores. 



DE MENDOZA. 

Mas el Rey, viendo que su hermano estaba ocupado 
en defender á Granada y su tierra, y que teniendo la 
masa de todo el giibiemo era necesario un capitán que 
fuese dueño de la ejecución, nombró por general de to- 
da la empresa al marqués de Yélez, que entonces esta- 
ba en gran favor, por haber salido á servir á su costa. 
Sucedióle dichosamente tener á su cargo ya la mitad 
del reino« calor de amigos y deudos ; cosas que cuando 
caen sobre fundamento , inclinan mucho los reyes. A 
esto se juntó haberse ofrecido por sus cartas á echar á 
Aben HuAieya el Tirano , que así se llamaba , y acabar 
lá guerra del reino de Gran&da con cinco mil hombres 
y trescientos caballos pagados y mantenidos , que foé 
la causa mas principal de encomendalle el negocio. K 
muchos cuerdos parece que ninguno debe de cargv 
sobre sí obligación determinada que el cumplilla ó d 
estorbo della esté en mano de otro. Fué la elección del 
Marqués ( 4 lo que el pueblo de Granada juzgaba y al- 
gunos colegian de las palabras y continente) harto con- 
tra voluntad de los que estaban cerca de don Juan, pa- 
reciéndoles que quitaba el Rey á cada uno de las ma- 
nos la honra desta empresa. 

Rabian crecido las fuerzas de Aben Humeya y ve- 
nídole número de turcos y capitanes pláticos, según 
su manera de guerra ; moros berberíes, armas , parte 
traídas, parte tomadas á los nuestros, vituallas en 
id)undancia', la gente mas y mas plática de la guem. 
Estaba el Rey con cuidado de que la gente y las provi- 
siones se hacian de espacio; y pareciéndole que llegar- 
se él mas al reino de Granada sería gran parte pan 
que las ciudades y señores de España se moviesen coa 
mayor calor y ayudasen con mas gente y mas presto, 
y que con el nombre y autoridad de su venida los prín- 
cipes de Berbería andarían retenidos en dar socorro, 
ciertos que la guerra se habia de tomar con mayores 
fuerzas , acabada , con todas ellas cargar sobre sus es- 
tados, mandó llamar cortes en Córdoba para dia seña- 
lado, adeúdese comenzaron á juntar procuradores de 
las ciudades y hacer los aposentos. 

Salió el marqués de Vélez de Terque por estorto el 
socorro que losmorosde Berbería continuamente traían 
de gente , armas y vitualla , y los de la Alpujarra rece- 
bian por la parte de Almería. Vino á Berja (que anti- 
guamente tenia el mismo nombre), donde quiso espe- 
rar la gente pagada y la que daban los lugares de la 
Andalucía. Mas Aben Humeya , entendiendo que esta- 
ba el Marqués con poca gepte y descuidado, resdnií 
combatille antes que juntase el campo. Dicen los mo- 
ros haber tenido plática con algunos esclavos que es- 
condiesen los frenos de los caballos, pero esto no se 
entendió entre nosotros; y porque los moros, como 
gente de pié y sin picas, recelaban la caballería, quiso 
combatille dentro del lugar antes del dia. Llamó la 
gente del río de Almería, la del Boloduí, la de la Alpu- 
jarra, los que quisieron venir del río de Almanzora, 
cuatrocientos turcos y berberíes : eran por todos cuasi 
tres mil arcabuceros y ballesteros y dos mil con armas 
enbastadas. Echó delante un capitán, que le servia de 
secretarío, llamado Mojiy'ar, que con trescientos arca- 
buceros entrase derecho á las casas donde el Marqués 
posaba, diese en la centinela (lo que ahora llamamos 
centinela, amigos de vocablos eitranjeros, Ñamaban 
nuestros españoles, en la noche escucha, en el dia ata- 



GUERRA DE 

raya : nombres harto mas propríos para su oGclo), lle- 
gando con ella á un tiempo el arma y ellos eu el cuerpo 
de guardia : siguióle otra gente , y él quedó en la reta- 
guardia sobre un macho y vestido de grana. Mas el 
Maqoés, que estaba avisado por una lengua que los 
Boestros le trujeron, atravesó algunas calles que da- 
ittD en la plaza, puso la arcabucería á las puertas y ven- 
tanas, tomó las salidas, dejando libres las entradlas por 
donde entendió que los enemigos vendrían, y mandó 
estar apercebída la caballería y con ella su hijo don 
Diego FiÚA^<^> ^^^ camino para salir fuera , y con 
esta orden esperó á los enemigos. Entró Mojajar por la 
calle que va derecha á dar á la plaza , al principio con 
furia ; después, espantado y recatado de hallar la villa 
sin guardia , olió humo de cuerdas, y antes que se re- 
catase, sintió de una y otra parte jugar y hacerle dauo 
la arcabucería ; mas queriendo resistir la gente con al* 
guna otra que le habia seguido , no pudo ; salióse con 
pocos ydesordenadaroente al campo. El Marqués, con la 
caballería y alguna arcabucería, aun tiempo saltó fuera 
con don Diego , su hijo , don Juan , su hermano , don 
Beroardino dq Mendoza , hijo del conde de Corana, 
don Diego de Leiva, hijo natural del señor Antonio de 
Leiva, y otros caballeros ; dio en los que se retiraban y 
e& la gente que estaba para hacelles espaldas : rompió- 
los otra vez; pero aunque la tierra fuese llana , impe- 
dida la cababería de las matas y de la arcabucería de 
los turcos y moros, que se retiraban con orden , no pu- 
do acabar de deshacer los enemigos. Murieron dellos 
coaá seiscientos hombres : Aben Humeya tomó la 
gente rota i la sierra , y el Marqués á Berja. El Rey dio 
noticia, pero i don Juan pooa y tarde ; hombre precia- 
do de las manos mas que de la escritura , ó que quería 
darlo á entender, siendo enseñado en letras y estudio- 
so. Comenzó doa Juan, con orden del Rey, á reforzar el 
campo del Marqués; antes formallo de nuevo : puso 
con dos mil hombres á don Rodrigo de Benavides en 
la guarda de Guadií; á Francisco de Molina envió con 
clocó banderas á la de Órgiba ; mandó pasar á don Juan 
de Mendoza con cuasi cuatro mil infantes y ciento y 
cincuenta caballos adonde el Marqués estaba , y al Co- 
mendador mayor , que tomando las banderas de don 
Pedro de Padilla (rehechas ya del daño que recibieron 
eo Frexiliaoa) , las pusiese en Adra , donde el Marqués 
Tíflo de Beija á hacer la masa. Llegó don Sancho de 
leiva á un mismo tiempo con mil y quinientos catala- 
nes de los que llaman delados , que por las montanas 
udan buidos de las justicias , condenados y hacien- 
do delitos, que por ser perdonados vinieron los mas 
dellos ¿ servir en esta guerra : era su cabeza Antic Sar- 
riera, caballero catalán; las armas, sendos arcabuc^ 
largos y dos pistoletes, de que se saben aprovechar. 
Uegó Lorenzo Tellez de Silva , marqués de la Favara, 
c^ero portugués , con setecientos soldados , la ma- 
I !or parte bechos en Granada y á su costa ; atravesó sin 
I <iaoo por el Alpujarra entre las fuerzas de los enemi- 
|S«, y por tenerlos ocupados en el entre tanto que se 
i JQoUba el ejército, y las guarniciones de Tablate, Dúr- 
<^ y el Padul seguras (á quien amenazaBan los moros 
del yalle y los que habian tomado á las Albuñuelas); 
por Impedir asimismo que estos no se juntasen con Iqs 
9>e estaban en la sierra de Guéjar y con otros de la 
Alpojaira; por ostbrlNir tambieo* el desasosiego en que 



GBANADA. 07 

ponían á Granada con correrlas de poca gente, y por 
quitalles la cogida de los panes del valle , mandó don 
Juan que don Antonio de Luna con mil infantes y dos- 
cientos caballos fuese á hacer este efecto, quemando y 
destruyendo á Restával , Pinillos , Melejii, Concha, y, 
como dije , d Valle hasta las Albuñuelas. Partió con la 
misma orden y á la misma hora que cuando fué á qiie- 
mallas fa vez pasada , pero con desigual fortuna ; por- 
que llegando tarde, Iialló los moros levantados por el 
campo y en sus labores con las armas en la mano : tti- 
vieron tiempo para alzar sus mujeres, hijos y ganados, 
y ellos juntarse , llevando por capitanes á Rendati, 
hombre señalado , y á Lope el de las Albuñuelas , ayu- 
dados con el sitio de la tierra barrancosa. Acometieron 
la gente de don Antonio, ocupada en quemar y robar, 
que pudo con dificultad , aunque con poca pérdida, 
resistir y recogerse , siguiéndole y combatiéndole por 
el valle abajo , malo para la caballería. Mas don Anto- 
nio, ayudándole don García Manrique, hijo del mar- 
qués de Aguilar, y Lázaro de Heredia, capitán de in- 
fantería , haciendo á veces de la vanguardia retaguar- 
dia, á veces, por el contrario , tomando algunos pasos 
con la arcabucería, se fué retirando hasta salir á lo ra- 
so , que los eiíemigos con temor de la caballería le do- 
jaron. Muríóen esta refriega, aparta'^o de don Anto- 
nio, el capitán Céspedes á manos de Rendati, con vein- 
te soldados de su compañía peleando , sesenta huyen- 
do; los demás se salvaron á Tablate, donde estaba de 
guardia. No fué socorrido, por estar ocupada la infan- 
tería quemando y robando , sin podellos mandar don 
Antonio. Tampoco llegó don García (á quien envió con 
cuarenta caballos), por ser lejos y áspera la montaña, 
los enemigos muchos. Pero el vulgo Ignorante, y mos- 
trado á juzgar á tiento, oo dejaba de culpar al uno y al 
otro; que con mostrar don Antonio la caballería de lo 
alto en las eras del lugar, los enemigos fueran retenidos 
ó se retiraran ; que don García pudiera llegar mas á 
tiempo, y Céspedes recogerse á ciertos ediGcios viejos 
que tenia cerca ; que don Antonio le tenia mala volun- 
tad dende antes, y que entonces habia salido sin orden 
suya de Tablate, habiéndole mandado que no saliese. 
A mí, que sé la tierra, paréceme imposible ser socorrí- 
do con tiempo, aunque los soldados quisieran mandar- 
se, ni hubiera enemigos en medio y á las espaldas. Tal 
fué la muerte de Céspedes, caballero natural de Ciu- 
dad-Real , que habia traído la gente ásu costa , cuyas 
fuerzas fueron excesivas y nombradas por toda España; 
acompañólas hasta la fin con ánimo, estatura, voz y ar- 
mas descomunales. Volvió don Antonio con haber quo-* 
mado alguna vitualla, trayendo presa de ganado á Gra- 
nada, donde menudeaban los rebatos; las cabezas de 
la milicia corrían á una y otra parte , mas armados que 
ciertos donde hallar los enemigo^; los cuales , dando 
armas por un cabo^ llevaban de otro los ganados. Ha- 
bia don Juan ya proveído que don Luís de Córdoba con 
doscientos caballos yalguna infantería recogiese á Gra- 
nada y á la Vega los de la tierra ; comisión de poco mas 
frato que de aprovechar á los que h» hurtaron ; por- 
que no se pudiendo mantener, fué necesario volvellos 
á sus lugares faltos de la mitad, donde fueron comunes 
á nosotros y á tos enemigos. . 

Hallábase entre tanto el marqués de Véleí en Adra 
(lugar antiguamente edificado cerca de donde aliora es. 



9S DON DIEGO 

que llamaban Abdera) con caasi dos mil infantes y 
setecientos caballos : gente armada, plática, y que nin- 
guna empresa rehusara por difícil; extendida su reputa- 
clon por España con el suceso de Berja, su persona su- 
bida en mayor crédito. Venian muchos particulares á 
buscar la guerra, acrecentando el número y calidad del 
ejército ; pero la esterilidad del año, la falta de dinero, la 
pobreza de Jos que en Málaga fabricaban bizcocho, y 
la poca gana'de fabricarlo, por las continuas y escrupu- 
losas reformaciones antes de la guerra ; la falta de re- 
cuas por la carestía, la de vivanderos, que suelen entre- 
tener los ejércitos con refrescos, y con esto las resacas 
de la mar, que en Málaga estorban á veces el cargar, y 
las mesmas el descargar en Adra , fué causa que las ga- 
leras no proveyesen de tanto bastimento y tan á la con- 
tinua. Era algunas veces mantenido el campo de solo 
pescado , que en aquella costa suele ser ordinario; ce* 
saban las ganancias de los soldados con la ociosidad; 
faltaban las esperanzas á los que venían cebados dellas; 
deteníanse las pagas ; comenzó la gente á descontentar- 
se , á tomar libertad y hablar como suelen en sus ca- 
bezas. El General , hombre entrado en edad, y por esto 
mas en cólera , mostrado á ser respetado y aun temi- 
do, cualquiera cosa le ofendía : dióse á olvidará unos, 
tener poca cuenta con otros , tratar á otros con aspe- 
reza; oia palabras sin respeto, y oíanlas del. Un cam- 
po grueso, armado, lleno de gente particular, que bas- 
taba á la empresa de Berbería , comenzó á entorpecer- 
se nadando y comiendo pescados frescos, no seguirlos 
enemigos habiéndolos rompido, no conocer el favor de 
la victoria, dejarlos engrosar, afirmar, romper los pasos, 
armarse , proveerse, criar guerra en las puertas de Es- 
paña. Fué el Marqués juntamente avisado y requerido 
de personas que veian el daño y temían el inconve- 
niente , que con la vitualla bastante para ocho días sa- 
liese en busca de Aben Humeya. Por estos términos 
comenzó á ser mal quisto del común , y de allí á pe- 
garse la mala voluntad en los principales; aborrecerse 
él de todos y de todo , y todos del. 

Al contrario de lo que al marqués de Mondéjar acon- 
teció , que de los principales vino á pegarse en el pue- 
blo; pero con mas paciencia y modestia suya, dicen 
que con igual arrogancia. Yo no vi el proceder del uno 
ni del otro ; pero á mi opinión ambos fueron culpados, 
sin haber hecho errores en su oficio y fuera del, con 
poca causa, y esa comují en algunoá otros generales 
de mayoi'es ejércitos. Y tornando á lo presente, nunca 
el marqués de Vélez se halló tan proveído de la vitua- 
lla, que le sobrase en el comer ordinario de cada día para 
llevar consigo cuantidad que pudiese gastar á la lar- 
ga; pero vista la falta della, la poca seguridad que se 
tenia de la mar ; pareciéndole que de Granada y el An- 
dalucía, Guadix y marquesado de Cénete, y de alli 
por los puertos de lar Ravaha y Loh, que atraviesan la 
sierra hasta la Alpujarra , podía ser proveído, escribió 
á don Juan (aunque lo solía hacer pocas veces) que le 
mandase tener hecha la provisión en la Calahorra , por- 
que con ella y la que viniese por mar se pudiese man- 
tener el ejército en la Alpujarra y echar della los ene- 
migos. 

El Comendador mayor, según el poco aparejo , nin- 
guna diligencia posible dejaba de hacer, aunque fuese 
con peligit), hasta que tuvo en Adra puesta vitualla de 



DE MENDOZA. 

respeto por tanto tiempo, que ayudado el Marqués coa 
alguna de otra parte (aunque fuese balHda de los ene- 
migos), podia guerrear sin hambre y esperar la de Gua- 
dix; mas viendo que el Marqués , incierto de la provi- 
sión que hallarla en la Calahorra, se detenía, dábale 
priesa en público , y requeríale en consejo que saliese 
contra los enemigos. Mas dando el Marqués razones por 
donde no convenia salir tan presto, dicen que pasó tan 
.adelante, que en presencia de personas graves y en un 
consejo le dijo que no lo haciendo, tomaría él la gente 
y saldría con ella en campo. 

En Granada ninguna diligencia se hizo para proveer 
al Marqués, porque pues no replicabe , tuvieron creído 
que no tenia necesidad, y que estaba proveído bastante- 
mente en Adra, de donde era el camino mas corto y se- 
guro : tenían por dificultoso el de la Calahorra ; los ene- 
migos muchos , las recuas pocas , la tierra muy áspera, 
de la cual decían que el Marqués era poco platico. Mas 
el pueblo, acostumbrado ya á hacerse juez, culpábale 
de mal sufrido en palabras y obras igualmente con la 
gente particular y común; á sus oficiales de liberales 
en distribuir lo voluntario, y en lo necesario estrechos; 
detenerse en Adra buscando causas parít criar la guer- 
ra, tenido en otras cosas por diligente; escribíanse 
cartas , que no faltaba adonde cayesen á tiempo; dis- 
minuíase por horas la gracia de los sucesos pasados ; 
decían que del lo no pesaba á don Juan ni á los que le 
estaban cerca : era su parcial solo el Presidente, pero 
ese algunas veces, ó no era llamado , ó le excluían de 
los consejos á horas y lugares, aunque tenia pl&ticade 
las cosas del reino y alteraciones pasadas. Pasó este 
apuntamiento (1) hasta ser avisado el Consejo por cartas 
de personas y ministros importantes (seguuel pueblo 
decía), y aun reprendido que parecía desautoridad y 
poca confianza no llamar un hombre grave de expe- 
riencia y dignidad. Pero no era de maravillar que el 
vulgo hiciese semejantes juicios , pues por otra parte 
se atrevía á escudriñar lo intrínseco de las cosas» y exa- 
minar las intenciones del Consejo. 

Decían que el duque de Sesa y el marqués de Vélez 
eran amigos, mas por voluntad suya que del Duque, no 
embargante que fuesen tío y sobrino. El marqués de 
Mondéjar y el Duque, émulos de padres y abuelos sobre 
la vivienda de Granada , aunque en público profesasen 
amistad; antigua la enemistad entre los marqueses y 
sus padres, renovada por causas y preeminencias de 
cargos y jurísdiciones; lo mismo el de Mondéjar y el 
Presidente, hasta ser maldicientes en procesos el uno 
contra el otro. Luis Quijada , envidioso del de Vélez, 
ofendido del de Mondéjar porque siendo conde de Ten- 
dílla no quiso consentir al Marqués su padre que le 
diese por mujer una hija que le pidió con instancia ; 
amigo intrínseco de Eraso y de otros enemigos de la 
casa del Marqués, El duque de Feria , enemigo atre- 
vido de lengua y por escríto del marqués de Mondéjar; 
ambos dende el tiempo de don Bemairdino de Mendoza, 
cuya autoridad después de muerto los ofendía. El du- 
que de Sesa y Luis Quijada, á veces tan conformes 
cuanto bastaiM para excluir los marqueses , y á veces 
sobresanados por la pretensión de las empresas , ha- 
blábanse bien, pero huraños y recatados, y todos sos- 
pechosos á la redonda. Entreteníase Mufiatonés, mos- 
(t) Ea el US, se lee ofm'tamimto. 



GUERRA BE 

trado (i) á sufrir y cKsImokr, culpando las faltas de pro^ 
veedores y aprovechamientos de capitanea , lo uno y lo 
otro sm remedio. Don Juan, como no ere suyo, contén- 
tatele coalqniflra sombre de libertad ; atado ¿ sus co^ 
iBBooes, ain nondiramíento de oficiales, sin distribu«- 
doD de dinero , armas y municiones y vituallas , si las 
Jüranzas no veniao pasadas de Luis Quijada; queep 
estoy en otras cosas no dejaba con alguna^ muestras 
de arrogancia de dar á entender 1# que podía, aunque 
fuese con quiebra de la autofídad de don Juan , que 
tntendia todos estos movimientos , pero sufríalos con 
maspacleneiaque disimulación : solamente le parecía 
desautoridad que el marqués de Mondéjar ó el Conde, su 
hijo, usasen sus oGcios, aunque no estaban eicluidos ni 
suspendidos por el Rey. Tampoco dejaron de sonarse 
cosquillas de moflos y otros, que las acrecentaban entre 
eiCondey elloa: tai en la apariencia del Gobíenio. Pevo 
DO por eso se dejaba de pensar y poner en ejecución lo 
que parecía mejor ai beneficio público y servicio del 
Rey; porque los ministros y conscieros no entran coa 
las enemistades y deseontentamientos al lugar donde 
se juntan, y aunque tengan (tiferencía de pareceres^ 
cada uno encamina el suyo á lo que coavíene ; pero los 
cscríptoresy eomo no debea aprobar semejantes juicios, 
tuspoco los deben callar cuando escriben cem fin de 
fondeen la bistoría ejemphxs por doade loa tiombres 
huyan lo malo y sigan lo bueno. 

DendeloeiO de junia áloe 27 de jiilio (1568) estuvo 
al nurqoés de Vélea en Adra sin baeer efecto; basta 
qae entendiendo qne Aben Humeya se rehacía, partió 
eon dkimil iaCsiites y setecientos oiabaUos', gente, 
eomo dije, qeraitada y armada , pero ya desicontenta : 
'Uevó vitoaJJa pare ocho días; cd principio de su salida 
faó eon algom desorden. Mandó repartir la vanguardia, 
rattgoasdiay bfttaüapor tereio8;quela vanguardia Ue* 
lase el.príaer étta don Juan de Mendosa , el segundo 
doaPedro de Padilla; y babieAdo ordenado el número 
de bagajes que debía llevar cada tercio , (iié infoirmado 
' fm i)a Juan llevaba mas número deHoa; y puesto que 
fuesen de los soldados particuiMres^ ganados y mante** 
oídos para sa comodidad , y aunque iban para no vol- 
ver i Adra , mandó torear don luán al alojamieiUo con 
b vuguardia, pudiéndeJo eaviajr á contar los ambarar 
va y refiaraaaríQs; cosa no Acontecida en la guerra sin 
gnnde y peligrosa ocasión ; con que dio á los enemigos 
poado tiempo de dos días, y á nosotros perdido. Salió 
•Idiasí^nieate con haber bailado poco ó ningún yerro 
qoe refonnar; llevó la mi9aa orden , añadiendo que la 
batalla fuese tan peg^aicon la vanguardia, y la reta- 
goardia coa la batalla i que donde la uqa levantase los 
pies, lospueíese la otra > guardando el lugar á los im- 
pedimeatos ; la caballería i mi lado y á otro ; su perso* 
na ea la batalla, poique los epemiges no tuviesen esr 
pado de eatrer^ Vino i Beija , y de allí fué por el llano 
que dicen de Lucainena, doade al cabo del vieron al* 
guaoseaemífos, oen quien se escaramuzó sin d^mo de 
bs partas , mostrando Aben Humeya su vanguardia, en 
. fie había tres mil arcabuceros , pocos ballesteros ; pe- 
ro eneontioentasubíó á la sierra : la nuestra alojó en el ' 
Uano, y d Marqués en Ujijár , donde se detuvo un día, 
y mas el que oamiaó; dilación contra opinión de los 
H^^km^ I fft^ di^ e^pa^ 6 los enemigos de alzar sus 
(1) Viese H nota qne icompafia i esta>«la])ttca la p¿f. 106^ 



GRANADA. ¿9 

mujeres, hijos y copa» esconder y quemar la vituallo, 
todo á vista y media legua de nuestro campo. Ei día 
siguiente salió de) alojamiento; los enemigos mostrán- 
dose en ala , como es sacostumbre, y dando grita, aco- 
metieron á don Pedro de Padilla, á quien aquel día to- 
caba la vanguardia, con determinación, ¿ lo que se 
veía , de dar batalla. Eran seis i^iil hombres entre ar- 
cabuceros y ballesteros, «algunos con armas enhesta- 
das; víase andar entre ellos cruzando Aben Humeya^ 
bien conocido,; vestido de colorado, con su estandarte 
delante ; traía consjgo los alcaides y capitanes moris- 
cos y turcos que eran 4e hombne. Salió ¿ ellos don Pe- 
dro con sus banderas y con los aventureros que llevaba 
el marqués de la Favara, y resistiendo su ímpetu, los 
hizo retirar cuasi todos; pero fueron poco seguidos, 
porque al marqués de Vélez pareció que bastaba resis- 
tillos, ganalles el alojamiento y esparcillos. Retiráronse 
á lo áspero de la montaña con pérdida de solos quince 
hombres : fué aquel día buen caballero el marqués de 
la Favara, que apartado con algunos particulares que 
le siguieron, se adelantó, peleó y siguió los enemigos : 
lo mismo hizo don Diego Fajardo con otros. Aben Hu- 
meya, apretado, huyó con ocho caballos á la montaña, y 
dejarretándolos, se salvó á pié ; el resto de su gente se 
repartió sin mas pelear por toda ella : hombres de pa- 
sa , resolutos á tentar y uo h^bcer jornada , cebados con 
esperanzas de ser por horas socorridos ó de gente para 
resistir, ó de navios para pasar en Berbería ; y esta fla- 
queza los tri^o á perdición. Contentóse elMarqués con 
rompelios, ganalles el alojamiento y esparcillos, te- 
niendo qjoe bastaba , sin seguir el alcance , para saca-* 
líos de la Alpujarra , ó que esperase mayor desorden, 
ó que le pareciese que sa aventuraba en dar la batalla 
el reino de Granada, y que para el nombre bastaba lo 
hecha : balhVse tan cerca del camino , que coa doscien- 
tos caballos acordó, pasar aquella noche á reconocerla 
vitualla á la Calahorra, donde no hallando q,ué comer, 
volvidotro día al campo» que estaba alojado en Valor 
el alto y bajo. Detúvose en estos dos lugares diez días, 
comiendo Ja vitualla que trajo y alguna que se lialló dq 
los enemigos, sin hacer efecto, esperando la previ- 
sión que de Granada se había de enviar 4 la Calahorra, 
y teniendo por incierta y poca la de Adra; y aunque 
los ministrosá quien tocaba aGrmasen que las galeras 
habian traído en abundancia , resolvió mudarse á la Ca- 
lahorra , fortaleza y casa de los marqueses de Cénete , 
patrimonio del conde Julián en tiempo de godos, qm 
eñ el de moros tuvieron los Coñetes venidos dé Berbe- 
ría, una de las cinco generaciones descendientes de los 
alárabes que poblaron y conquistaron á África. Tuvo 
el Maxqués por m^or consejo dejar i los enemigos lai 
mar y la montaña , que seguillos por tief ra áspera y sin 
vitualla, coa gente cansada , descontenta y hambrien- 
ta, y asegurar tierra de Guadix, Baza, río de Alman^ 
zora , Eílábres , que andaba por levantarse, y allanar e^ 
río de Boloduí, que ya estaba levantado, comer la vi- 
tualla de Guadix y el marquesado. 

Mas la gente^ con la ociosidad , hambre y descomo^ 
didad de aposentos, comenzó á adolecer y morir. Min-^ 
gun animal hay mas delicado que un campo junto, aun- 
que cada hcynbre por sí sea recio y sufridor de trabcúq; 
cualquier mudanza de aires, de aguas , de manteiu^ 
mientes , de vinos ; cualquier frío , ihm,, folt^ d^ Im- 



iOO DON DIEGO 

pií'za , d(! soprio , de cnmas , le adolece y deshace; y al 
fin tildas las entennedades le son contagiosas. Andaban 
corrillos, quejas, libertad, derramamientos de solda- 
dos por unas y otras partes , que escogían por mejor 
venir en manos de los enemigos; ibanse cuasi por com- 
pañías, sin orden ni respeto de capitanes. Gomo el pa- 
radero destos descontentamientos ó es amotinarse, ó 
un desarrancarse {i) pocos ármeos, vino á suceder asf, 
hasta quedarlas banderas sin hombres ; y tan adelante 
pasó la desorden, que se juntaron cuatrocientos arca- 
buceros, y cou las mechasen las serpentinas salieron 
á vista del campo : fué don Diego Fajardo, hijo del Mar^ 
qués, por detenerlos, á quien dieron por respuesta un 
arcabuzazo en la mano y el costado, de que peligró y 
quedó manco. La mayor parte de la gente que el Mar- 
qués envió con él se juntó con ellos y fueron de com- 
pañía : tanto en tan breve tiempo habia crecido el odio 
y desacato. 

. En fin, llegado y alojado en el lugar, temiendo de 
su persona, pasó á posar en la fortaleza; la gente se 
aposentó en el campo , comiendo á libra escasa de pan 
por soldado, sin otra vianaa; pero dende á pocos dias 
dos libras por día, y una de carne de cabra por sema- 
na, los dias de pescado algún ajo y una cebolla por hom- 
bre , que esto tenían por abundancia : sufrieron mu- 
cho las banderas de Ñapóles con el nombre de soldados 
viejos y lag^nte particular; quedaron en pié cuasi so- 
las estas compañías y doscientos caballos. Tai fué el 
suceso de aquella jornada, en que los enemigos venci- 
• dos quedaron con la mar y tierra, mayores fuerzas y 
reputación, y los vencedores sin ella^ faltos de io uno 
y de lo otro. 

En el mismo tiempo los vecinos del Padul , á tres le- 
guas de Granada , se quejaban que habían tenido y man- 
tenido mucho tiempo gruesa guarnición, que no podían 
sufrir el trabajo ni mantener ios hombres y caballos. 
Pidieron que ó se mudase la guardia, ó se disminuye- 
te, ó los llevasen á ellos á vivir en otro lugar. Vínose 
en esto , y salidos ellos , la siguiente noche , juntándo- 
le con los moros de la sierra, dieron en la guarnición, 
mataron t/einta soldados y hirieron muchos acogién- 
dose á lo áspero ; cuando el soeorro de Granada llegó^ 
bailó hecho el dado y á ellos en salvo. 

La desorden del campo del Marqués puso cuidado á 
don Juan de proveer en lo que tocaba á tierra de Baza, 
porque la ciudad estaba sin mas guardii^que la de los 
vecinos. Envió á don Antonio de Luna con mil infantes 

¡doscientos caballos, que estuvo dende medio agosto 
asta medio noviembre sin acontecer novedad ó cosa 
señalada , mas del aprovechamiento de los soldados, 
mostrhdos á h§cer presas contra amigos y enemigos. 
Puso en su lugar á don García Manrique á la guardia 
de la Vega , sin nombre ó título de oficio. Vióse una vez 
con los enemigos, matándoles alguna gente sin daño 
de lá suya. 

Entre tanto no cesaban las envidias y pláticas contra 
los marqueses, espechilm^nte las antiguas contra el de 
Mondéjar; porque aunque sus compañeros en la sufi- 
ciencia fuesen iguales, vióse que en el conocimiento 
de la tierra y de la gente donde y con quien había he- 
dió la vida, y en las provisiones, por el luengo uso de 
proveer armadas, era su parecer oías aprobado que 



DE MENDOZA. 

apacible; pero siempre seguido (2), hasta que el marqués 
de Vélez subió en favor y vino á ser señor de las armas. 
Entonces dejaron al de Mondéjar, y tomaron á desha- 
cer las cosas bien hechas del de Vélez. Mas cuando este 
comenzó á faltar de la gracia particular y general , tor- 
naron sobre el de Mondéjar ; y temiendo que las armas 
de que estaba despojado tomasen á sus manos , clara- 
mente le excluían de los consejos , calumniaban sus pa- 
receres, publicaban poruña parte las resoluciones, y 
por otra hacíanle autor del poco secreto ; parecíales que 
en algún tiempo había de seguirse su opioioo cuanto t/ 
recebir ios moriscos y después oprimiHos; que cesaríao 
las armas , y por esto la necesidad de las personas por 
quien eran tratadas. 

Estaban nuestras compañías tan llenas de moros al- 
jamiados, que donde quiera se mantenían espías : las 
mujeres, los niños esclavos , los mismos cristianos vie- 
jos daban avisos, vendían sus armas y munición, calza- 
do, paño y vituallas á los moros. El Rey por ana parte 
informado de la dificultad de la empresa, por otra dando 
crédito á los que la lacilitaban, vistos los gastos que se 
hacisip, y pareciéndole que el marqués de Mondéjar, 
émulo del de Vélez y de otros , aunque no daba oca- 
sión á quejas, daba avilanteza á que se descargasen de 
culpas, diciendo que por tener él mano en ios negocios 
eran elios mal proveídos, y que la ciudad descootenta 
del, y persuadida por el corregidor Juan Rodríguez de 
Víllafuerte, que era interesado, y del Presidente, qoe le 
hacia espaldas, de mejor gana contribuirla con dinero, 
gente y vitualla hallándose ausente que presente; qne 
de ninguno podía' informarse mas clara y parlicuUr- 
roente; envióle á mandar que con diligencia viniese á 
Madrid : algunos dicen que en conformidad de sus com- 
pañeros; el suceso mostró que la intención del Rey era 
apartalle de los negocios. Mas porque se vea como los 
príncipes, pudiendo resjlutamente mandar, quieren jus- 
tificar sus voluntades con alguna honesta razón , be 
puesto las palabras de la carta : 

« Marqués de Mondéjar, primo, nuestro capitán gie- 
vneral del reino de Granada : Porque queremos tener re- 
nlaciondel estado en que aípresente están las cosas dése 
oreino, y lo que convemá proveer para el remedio de- 
Dllas, os encargamos que en recibiendo esta os pongáis 
Den camino, y vengáis luego á esta nuestra corte para 
«informarnos de lo que está dicho, como persona que 
Dtiene tanta noticia deltas ; que en ello, y en que lo ha- 
»gais con toda la brevedad, nos tememos por muy ser- 
ovido. Dada en Madrid, á 3 de setiembre de 4569.» 

Llegó el Marqués y fué bien recibido del Rey, y al- 
gunas veces le informó á solas : de los ministros fué tra- 
tado conmasdemonstracionde cortesía que de conten- 
tamiento; nunca fué llamado en consejo, mostrando 
estar informados á la larga por otra vía. Muñatoaes, 
platico de semejantes llamamientos y íalto de un ojo, 
dijo , como le mostraron la carta, «que le sacasen el otro 
si el Marqués tomaba de allá durante la guerra.» An- 
duvo muchos dias como suspendido y agraviado, cierto 
, que siempre habia seguido la voluntad del Rey y de solo 
* ella hecho caudal. Mas entra los reyes y sus ministros, 
la parte de los reyes es la mas flaca : nb embargante la 
información que el Marqués dio, eren tantas y tan con- 
trarías unas de otras las que se eavisoanj que pareció 
CO Bi]lS^|Mrf»|titf0. 



GUERRA DE GRANADA. 



m 



jantor con eflas la de don Enrique Manrique, alcaide 
qoefué del castillo de Milán , y habiéndolo él dejado, 
estabadescansandoensu casa. Pasó por Granada en- 
tendiendo lo de allí ; ?ino á do el marqués de Vélez es- 
taba , y partió sin otra cosa de nuevo mas de errores en 
b guerra, cargos de unos ministros á otros, dados por 
fia de justificación, necesidad de cargar con mayores 
fuerzas, crecidas las de los enemigos con la diminu- 
ción de las nuestras. 

Pareció á ios ministros la gente con que el Marqués 
había ofrecido echar á los enemigos de la tierra, poca, 
y la oferta menos pensada, pues con doblado número 
no se hizo mayor efeto, y no dejaron de deshacelle el 
buen suceso con decir que los moros muertos hablan 
sido menos de lo que se escribió. Pero el Rey, tomando 
la parte del Marqués, respondió «que iiabia sido im- 
portante desbaratar y partir los enemigos , aunque no 
coo tanto daño dallos como se dijo o ; y esto mas por re- 
primir alguna intención que se descubría contra el Mar- 
qués, que por alaballe, como se vio deode á poco. De- 
cia el Marqués que la falta de vitualla habia sido causa 
de haberse deshecho su campo ; cargaba á don Juan, al 
consejo de Granada : quedó la suma de todo su campo 
eo pocos mas de mil y quinientos infantes y doscientos 
caballos; en fin, fué necesitado á recogerse dentro en el 
lugar, atrincherarse, y aun derribar casas, por parecerle 
el sitio grande. Mas dende á pocos dias enviaron de 
Granada tanta provisión, que ño habiendo á quien re- 
parüUa ni buena orden, vallan cien libras de pan un 
real. 

No estaba Granada por esto mas proveída de vitua- 
lla, oi se hadan los partidos délla con mayor reca- 
tamíeoto, aunque el Presidente remediaba parte del 
daño coo industria, ni en lo que tocaba á la gente y pa- 
gas se guardaban las órdenes de don Juan, á quien tam^ 
poco perdonaba el pueblo de Granada , libre y atrevido 
eo ei hablar, pero en presencia de los superiores siervo 
y apocado, movido ¿ creer y afirmar fácilmente sin dife- 
rencia lo verdadero y lo falso ; publicar nuevas ó perju- 
diciales ó favorables, soguillas con pertinacia; ciudad 
naera, cuerpo compuesto de pobladores de diversas 
partes, que fueron pobres y desacomodados en sus tier- 
m, ó movidos á venir á esta por la ganancia ; sobras de 
losqne no quisieron quedaren sus casas cuando los Re- 
jes Católicos la mandaron poblar, como es en los luga- 
res que se habitan de nuevo. No se dice esto porque en 
Granada no haya también nobleza escogida por los mes- 
mos reyes cuando la república se fundó, venida de per- 
sonas excelentes en letras, á quien su profesión hizo 
ricos, y los descendientes de unos y otros nobles de li- 
luije ó de ánimo y virtud, como en esta guerra lo mos- 
traron no solamente ellos, pero el común; mas porque 
tales son las ciudades nuevas, hasta que, envejecién* 
dose la virtud y riqueza, la nobleza se funda. Oiscurriun 
las ífllenciones libres por todos, sin perdonar á ninguno, 
y las lenguas por los que osaban, y no sin causa; por- 
que en guerra de muchamente, de largo tiempo, varía 
de sucesos, nunca faltan casos que loar ó condenar. Las 
compañías' de Granada eran tan faltas y mal disciplina- 
das, que ni con ellas se podia estar dentro ni salir fue- 
ra ; pero la mayor desorden fué que, Im hiendo mandado 
el Bey castigar con rigor los soldados que se venian del 
marqués de Vélez ^ y procurando don Juan que se pu- 



siese en ejecución , cansados los ministros de ejecutar, y 
don Juan de mandar, visto lo' poco que aprovechaba^ se 
tomó expediente de callar, y por no quedar del todo sin 
gente, consentir que las compañías se hinchiesen de la 
que desamparaba las banderas del Marqués, no sin al- 
gunasombra de negligencia ó voluntad ; la cual fué causa 
de que viniese el campo á quedar deshecho, y los ene- 
migos señores de mar y tierra, campeando Aben Hume- 
ya con siete mil hombres, quinientos turcos y berbe- 
ríes, sesenta caballos, mas para autoridad que necesi- 
dad. 

Ya Jergal, en el río de Almería, lugar del conde de la 
Puebla, se habia levantado á instancia de Portocarrero, 
mayordomo suyo : ó por k habilidad ó por el barato 
ocupó la fortaleza con poca artillería y armas, y echando 
della al Alcaide, puso gente dentro; mas él dende apoco 
díó en las manos del conde da Tendilla, y fuéatenazado 
en Granada. Estaba también levantado el valle y río de 
Boloduí, paso entre tierra de Guadíx, Baza y la mar 
confinante con el Alpujarra. El Marqués, por tener ocu- 
pada la gente, daríe alguna ganancia , mantener la re- 
putación de la guerra, determinó ir en 'persona sobre él, 
habiéndolo consultado con el Rey, que le remitió la ida 
ó áalli, ó á tierra de Baza en. caso que la gente no fuese 
tan poca, que no llegase á número de los cinco mil hom- 
bres, llevando pues á don Juan de Mendoza sin gente, 
con la de don Pedro de Padilla y parte de la que don 
Rodrígo de Benavides tenia en Guadix , alguna otra de 
amigos y allegados que seguían la guerra, doscientos y 
cincuenta caballos, partió á deshacer una masa decente 
que entendió juntarse en Boloduí, temiendo qop dañase 
tierra de Baza, y pusiesen á den Antonio de Luna en 
necesidad , y juntándose con ellos Aben Humeya, pa- 
sase el daño adelante. Partió de la Calahorra, vino á Fi- 
ñaña, llevando la vanguardia don Pedro de Padilla con 
las banderas de Ñápeles. Habia nueve leguas de Fiñana 
al lugar donde los enemigos se recogían ; mas no pn^ 
diendo caminará pié los soldados tan grjn trecho, fue- 
ron necesitados á quedarla noche cansados y mojados 
(porque el rio se pasa muchas veces), á dos leguas de 
ios enemigos; inconveniente que acoutece á los que no 
miden el tiempo con la tierra, con la calidad y posibi- 
lidad de la gente. Los moros , apercebidos de la venida 
de los nuestros, dieron avisos cou fuegos por toda la 
tierra, alzaron la ropa y personas que pudieron. Rabiar 
se adelantado con la caballería el Marqués, tomando 
consigo cuatrocientos arcabuceros á las ancas de los ca<« 
ballos y bagajes; mas cansados unos y otros, dejaron la 
mayor parte. Los enemigos , aguardando ora á un pasó 
del río, ora ¿ otro, según vian que nuestra caballería se 
movia, ora haciendo alguna resistencia, so acogieron á 
la sierra. Dejaban muchos bagajes, mujeres y niños, en 
que los soldados se ocupasen; y viéndolos embarazados 
con el robo, s*n espaldas de arcabucería, hicieron vuelta, 
cargando ^e manera, que los nuestros fueron necesita- 
dos á retirarseí con pérdida , no sin alguna desorden, 
aunque todavía con mucho de la presa. Parte de la ca- 
ballería se acogió fuera de tiempo, disculpándose que 
no se les hubiese dado la orden ni esperado la arcabu- 
cería que dejaban atrás. Pero el Marqués, viendo que la 
retirada era por conservar el robo (causa que puede con 
la gente mas qué otra), envió persona con veinte caba- 
llos y algunos arcabuceros, ^e con autoridad de justi- 



102 



DON DIEGO DE MENDOZA. 



cia quitase á la caballería la presa, para qae después se 
repartiese igualmente, llamando á la parte los soldados 
de don Pedro de Padilla que quedaron atrás. El Comi- 
saríOy hallando alguna contradicción, compró tres es- 
Clavas, una de las cuales se ofreció á descubrille gran 
cantidad de ropa y dineros; mas ella, viéndose en la 
parte que deseaba, hizo señas, á que se juntaron mu« 
chos moros; mataron algunos caballos y todos los ar- 
cabuceros; salvóse el Comisario á la parte contraria del 
IIarqués,corriendo basta Almeria, diez leguas de donde 
comenzó á salvarse, y todas por tierras de enemigos: 
quedaron los caballos con la presa, pero tan ocupados, 
que fueron de poco provecho, y el Marqués por esto 
tornó retirándose con orden (annque cargándole los 
enemigos), hasta juntar consigo la gente de don Pedro. 
Dende alli vino á Piñana con mucha parte de la cabal- 
gada y con igual daño deviuertos y heridos. Mas en- 
tendiendo que ios moros de la sierra de Baza y rio de 
Almanzor andaban en cuadrillas y desasosegaban la 
tierra, temiendoque llevasen tras si los lugares de aque- 
lla provincia y Füábres , donde tenia su estado, grue- 
sos y fuertes, y que las fuerzas de don Antonio de Luna 
no serian bastantes á resistillos, partió en principio de 
invierno, con mil infantes y doscientos y cincuenta ca- 
ballos que tenia, para Baza. Pero don Antonio, hombre 
prevenido ( dicen que con orden de don Juan ), dejó la 
gente antes que llegase el Marqués, y volvió á servir su 
cargo en Granada, ó por haber oido que no se entendía 
blandamente con las cabezas de la gente , ó^orque tuvo 
por mas á propósito de su autoridad ser mandado de 
don Juan, que entonces gastaba su tiempo en mantener 
á Granada á manera de litiado, contra las correrías de 
los enemigos, descontento y ocioso igualmente, mas 
deseando y procurando comisión del Rey para emplear 
su persona en cosa de mayor momento. Las cabezas de 
su gente con cualquier liviana ocasión no d^aban de 
mostrarse en todas partes de la ciudad, corriendo las 
calles armados (puesto que vacía de enemigos), incier- 
tos á qué parte fuese el peligro, siguiendo esos pocos 
por las mismas pisadas que salian, sin haber atajado la 
tierra, hasta dejallos en salvo y recogidos á la monta- 
na. Llaman atajar la tierra en lengua de hombres del 
campo, rodealla al anochecer y venir de día para ver por 
los rastros qué gente de enemigos y por qué parte ha 
entrado ó salido. Esta diligencia hacen todos los días 
personas ciertas de pié y de caballo, puestos en postas, 
que cercan á la redonda la comarca, y llámanlos ataja- 
dores; oQcio de por sí y apartado del de los soldados. 
Por qué no se hacia esta diligencia en tierra escura y 
doblada, y en lugar que, aunque grande, no era el cir- 
cuito extendido, y eran los pasos ciertos, no pude en- 
tender la causa. 

Aben HumeVft, viéndose libre del marqués de Vélez, 
con los siete mil hombres que tenia se puso sobre Adra 
con ánimo de tomar el lugar, que pensaba ^tar de- 
8am[Ar8do; mas viendo que perdía el tiempo, pasó á 
Berja, y quísola batir con dos piezas; pero levantóse 
de alli, corrió y estragó la tierra del marqués de Vé- 
lez, el lugar de las Cuevas, quemólos jardines, dañó 
los estanques, todo guardado con curiosidad de mucho 
tiempo para recreación ; acometiendo llegar á los Ve- 
loz en sierra de Filábres ,4omó á Andarax , donde, co- 
mo asegurudo de la fortuna, Vivía ya con estado de rey, 



pero con arbitrio de tirano, señor de fas haciendas y 
personas; tenido por manso, engañaba con palabras 
blandas , mas para quien recatadamente le miraba , os- 
curas y suspensas, de mayor autoridad que crédito ; co- 
dicia en lo hondo del pecho, rigor nunca descubierto 
sino cuando babiaofendido, y entonces sosegado, como 
si hubiera hecho beneficio , quería gracias dello. Con- 
taba el dinero y los días á quien mas familiar trataba 
con él, y algunos destos, á que pensaba ofender, esco- 
gía por compañeros de sus consejos y conversación. 
Tal era Aben Humeya, y puesto que entre nosotros 
fuese tenido por mócente y llamado don Hemaod§lo 
de Valor, el oficio descubrió cuál es el hombre. Coa 
todo esto , duró algunos días que le hacían entender qne 
era bienquisto, y él lo creía , ignorante de su condi- 
ción ; hasta que el vulgo comenzó á tratar de su mane- 
ra, de su vida, de su gobierno, todo con libertad y 
desprecio , como riguroso y tenido en poco. Aputá- 
ronse de su servicio descontentas algunas cabezas , que 
tomaron avilanteza; en tierra de Granada, elNacoz; 
en la deBaza, Maleque; en la de Almuñécar, -Girun; 
en la de Vélez, Carral; en el rio de Almería, Mojéjar; 
en el de Almanzora , Aben Mequenun , que decían Por- 
tocarrero, hijo del que levantó á Jergal; y al fin Pa- 
rax, uno de los principales que fueron en bacelle rey. 
Cargábanle culpas , escarnecíanle , burlaban de su con- 
dición sus mismcs consejeros; señales que por ia ma- 
yor parte preceden á la destruicion del tirano. Qoejá- 
banse los turcos, entre otros muchos, que habiendo 
dejado su tierra por venir á serville, no los ocupaba 
donde ganasen ; descontentos y entretem'dos con suel- 
dos ordinarios. Mas él, espacioso, irresoluto basta su 
daño , tanto dilató la respuesta, que se enemistó con 
ellos, habiéndolos traído para su seguridad, y después 
proveyó fuera de tiempo. Traia en el ánimo quemar 7 
destruir á Motril, lugar guardado con alguna ventaja 
de como solía ; pero grande , abierto , llano y á la ma- 
rina. Mas por descuidar los nuestros, acordó enviar 
fingidamente los turcos ( para mandallos tomar ) á las 
Albuñuelas, frontera de Granada, mostrando querer 
que fuesen regalados y mantenidos en el vicio y ubun- 
dancía del Val de Lecrin, el uno de tres banios fuer- 
tes , las espaldas á la sierra. Entre los amigos* de quien 
mas fiaba, era uno Abdalá Abenabó, de Mecina de Bom- 
baron , primo suyo, y también de la sangre de Aben 
Humeya, alcaide de los alcaides, tenido por cuerdo 7 
animoso , de buena palabra , comunmente respetado, 
usado al campo, y entretenido mas en criar ganados 
que en el vicio del lugar. A este mandó ir por comisa- 
rio general para que los alojase y mandase, y los ca- 
pitanes estuviesen á su obediencia; dióle orden que 
donde le tomase otro mandado suyo, tomase con ellos 
y la mas gente que pudiese juntar , trayendo vitualla 
para seis días; que él avisaría del lugar donde debía ir. 
Partieron seiscientos hombres, cuatrocientos turcos y 
doscientos berberíes, en el mismo hábito, todos arca- 
buceros; eran sus capitanes á la sazón Hhuseeni y Ca- 
ravaji. Apenas llegaron á Cádiar, cuando Aben Hume- 
ya despachó un correo dando gran priesa que volvie- 
sen aquella noche á Perreíra. De aquí se tramó su 
muerte. Trataré de mas lejos la verdadera causa delb, 
por haberse publicado diferentemente. 
El principio fué desconteotamieiito de los lurcos. 



GUERRA DE 

mostrados á mandar so rey en Berbería; temor que del 
tenian sus amigos, poca segundad de las personas 7 
badendas , sospecbas que se entendía con nosotros. 
YeJ tratado fué tal luego que le eligieron , que ningu- 
00 en su compañía tuviese morisca por amiga , sino 
por legítima mujer, y guardábase esto generalmente. 
Mas había entre las mujeres una viuda , mujer que fue» 
nde Vicente de Rojas , pariente de Rojas, suegro de 
Aben Homeya; mujer igualmente hermosa y de linaje, 
buena gracia, buena raion en cualquier propósito, 
ataviada con mas elegancia que honestidad, diestra qn 
tocar un laúd , cantar, bailar ¿ su manera y á la núes* 
tn ; amiga de recoger voluntades y conservallas. A es- 
ta se llegó un primo suyo, como es costumbre entre 
parientes, después de muerto el marido en la guerra, 
de quien Aben Hnmeya se fiaba , llamado Diego Algua- 
cil; vivían juntos , comunicábanse masque familiar- 
mente; trataba él con Aben Humeya loando sus buenas 
partes y conversación , tanto, que á desearla ver le in- 
clinó ; y contento della , por no ofender al amigo, di- 
simulábalo; ausentábale con comisiones; pudo en fin 
mas el apetito que el respeto , y mandó al primo que, no 
embargante que fuese casado con otra , la tomase por 
mujer; rehusándolo , trujóla el Rey como en depósito 
á su casa , y usó delfa por amiga. Avisó dello la viuda á 
su primo, mostranddí descontentamiento, ofendida en- 
tre tantas mnieres de no ser tenida por una dellas , es- 
tar forzada, y holgar de verse foera de sujeción, ha- 
biendo aparejo; que Aben Humeya, celoso del y sos- 
pecboso de venganza, buscitba ocasión para matalle. 
Huyó Mguacil , y juntándose con una cuadrilla de mo- 
zos ofendidos por otras causas , andaba recatado sin 
entrar en Valor. Mas dende á pocos dias supo de la 
misma como A.foen Humeya enviaba los turcos á cierta 
empr^, yendo á juntarse con ellos por la ganancia; 
trujóle á las manos el caso al mensajero, y sabiendo del 
como iba á llamar los turcos , le mató ; y tomándole las 
cartas usó de semejante ardid que el conde Julián con 
los capitanes del rey don Rodrigo en Ceuta. No sabia 
escribir Aben Humeya , y firmar mal en arábigo; pero 
servíale de secretario y firmaba algunas veces por él un 
sobrino del Alguacil , que á la sazón se halló con su tio, 
él también agraviado. En lugar de la carta escribieron 
otra para Abenabó, en que le mandaba que tornando 
aquella noche con los turcos á Mecina , y juntándose 
con la gente de la tierra y den hombres que llevaría 
consigo Diego Alguacil, los degollase con sus capita- 
nes durmiendoy cansados; lo mismo hiciese de Algua- 
cil, después de haberse valido del. Envió con esta car- 
ta uo hombre de confianza , midiendo él tiempo de ma- 
nera que llegasen él y el mensajero á Cádiar cuasi á 
Qna misma hora. Dio el hombre la carta poco antes, y 
llegó Biego Alguacil , bailando confuso y maravillado á 
Abenabó : dyóle como traia la gente consigo ; mas que 
no pensaba hallarse en tal crueldad, por ser personas 
que hablan vemdo á favorecer su casta fiados del, y 
ellos puesto la vida por sus haciendas, por su hbertad 
y por sus vidas; cansados ya de servir á un hombre vo- 
luntario, ingrato, cruel, ¿qué podian esperar sino lo 
núsmoTBqeno de.palabras^ mas de ánimo malo y per- 
verso; que no ht^bia mujeres, no haciendas, no vidas 
con que hartar el apetito , la«fid de dinere y sangre. 
Pasó Hhusoeni , capitán de los turcos (persona de cré- 



GRANADA. 



403 



dito entre ellos, tenido por cuerdo, valiente y amigo 
del Rey), antes que Abenabó le respondiese; quísole 
hablar alterado; y Abenabó, ó porque el otro no le 
previniese, ó con temor que le matasen los turcos, ó 
con ambición y cebo del reino , mostró la carta á €ara- 
vaji y Hbusceni, en que hacia compañero suyo en la 
traición á Diego Alguacil y de los turcos en la muerte. 
Dicen que todo á un tiempo sacó el mesmo Alp:uacil 
una conficion que suelen usar para salir de sí cuando 
han de pelear y á veces para emborracharse , hecha con 
apio y simiente de cáñamo, fuerte para dormir sueño 
pesado : esta dijo que hablan de dar á los capitanes y 
cabezas en la cena con el beber , sedientos y cansados 
del camino, á manera de la que llaman los alárabes al- 
faaxix. Entendiendo el hecho , resolvieron entre si de 
descomponer y matar á Aben Humeya , parte por ase- 
gurarse, parte por roballe, persuad.\!ndose que tenia 
gran tesoro , y hacer á Abenabó cabeza. Juntaron con- 
sigo la gente de Diego Alguacil, y con silencio cami- 
naron hasta Andaraz, donde Aben Humeya estaba: 
aseguraron la centinela , como personas^conocidas y 
que se sabia habellos enviado á llamar. Pasaron el cuer- 
po de guardia, entraron en la casa, que era en el barrío 
llamado Laiyar; quebraron las puertas del aposento : 
halláronle desnudo, medio dormido, y vilmente entre 
el miedo y el sueño , y dos mujeres , embarazado dellas, 
especialmente de la viuda amiga deDiego Alguacil, que 
se abrazó con él; fué preso en presencia de los que él 
trataba familiarmente, hombres bajos (que á tales te- 
nia mayor inclinación y daba crédito), criados suyos, 
el Mejuar , Barzana , Deliar , Juan Cortés de Pliego y su 
escribano, que era del Deire. Teniendo veinte y cuatro 
hombres dentro en casa, cuatrocientos de guardia, 
mil y seiscienfos alojados en el lugar, no hizo resisten- 
cia; ninguno hubo que tomase las armas ni volviese 
de palabra por él. Mas como solo el que es rey puede 
mostrar á ser rey un hombre, asf solo el que es hom- 
bre puede mostrar á ^er hombre un rey. Faltó maestro 
á Aben Humeya para lo uno y lo otro ; porque ni supo 
proveer y mandar como rey ni resistir como hombre. 
Atáronle Jas manos con un almaizar ; juntAronse Abe- 
nabó, los capitanes y Diego Alguacil delante de la 
mujer á tratar del delito y la pena en su presencia; le- 
yéronle y mostráronle la carta , que él, como inocente 
y maravillado, negó: conoció la letra del pariente de 
Diego Alguacil; dijo que era su enemigo ; que los tur- 
cos no tenian autoridad para juzgalle; protestóles de 
parte de Mahoma , del emperador de los turcos y del 
rey de Argel, que le tuviesen preso, dando noticia dello 
y admitiendo sus defensas. Mas lá razón tuvo poca 
fuerza con hombres culpados y prendados en un mis- 
mo delito, y codiciosos de sus bienes : saqueáronle la 
casa , repartiéronse las mujeres, dineros , ropa ; desar- 
maron y robaron la guardia , juntáronse con los capi- 
tanes y soldados, y otro dia de mañana determinaron 
su muerte. Eligieron á Abenabó por cabeza en públi- 
co , según lo habían acordado en secreto , aunque mos- 
tró sentimiento y rehusallo , todo en presencia de Aben 
Humeya, el cual dijo que nunca su intención habia 
sido jser moro; nfas que habia aceptado el reino por 
vengarse de las injurias que á él y á su padre habían 
hecho los jueces del rey don Felipe, especialmente 
quitándole tm puñal y tratándole como á un villano, 



<04 DON DIEGO 

siendo caballero de tan gran casta; pero que él estaba 
vengado y satisfecho Jo mismo de sus enemigos , de 
ios amigos y parientes del los, de los que le hablan acu« 
sado y atestiguíido contra él y su padre , ahorcándolos, 
cortándoles las cabezas , quitándoles las mujeres y ha- 
ciendas; que pues había cumplido su voluntad, cum- 
pliesen ellos la suya. Cuanto á la elección de Abehabó, 
que iba contento, porque sabia que haría presto el 
mismo fin ; que moría en la ley de los cristianos , en que 
habia tenido intención de vivir si la muerte no le pre- 
viniera. Ahogáronle dos hombres, uno tirándole de 
una porte y otro de otra de la cuerda que le cruzaron 
en la garganta ; él mismo se dio la vuelta como le hicie- 
sen menos mal , concertó la ropa , cubrióse el rostro. 

Tul fin hizo Aben Humeya , en quien después de tan- 
tos anos revivió la memoria de aquel linaje, que fué 
«no de los en cuya mano estuvo la mayor parte de lo 
que entonces se sabia en el mundo. La ocasión convida 
¿ considerar que , como todo lo que en él vemos se 
mantenga por partes, que juntas le dan el ser , y una 
deilas sea las castas ó linajes de ios hombres, estas co- 
mo en unos tiempos parece estar acabadas hasta venir 
á pobres labradores, asf en otros salen y suben hasta 
venir á grandes reyes. Pero muchas veces el Hacedor 
de todo, no hallando sugeto aparejado, produce cosas 
dimiquidas semejantes á las grandes, como fruto en 
tierra cansada ó olvidada, ó como queriendo hacer hom- 
bre, hace enano , por falta de sugeto, de tiempo, de lu' 
gar. No habla en el pueblo de Granada moriscos, fuer- 
zas, ocasión ni aparejo para crear y mantener rey: salió 
de un común consentimiento de muchas voluntades 
juntas (hombres que se tenían por agraviados y ofen- 
didos hecha un tirano con sombra y nombre de rey, 
y este , descendiente de casta olvidada ,<nas que tanto 
tiempo habia señoreado. Dicen que de una sola bija 
que tuvo Hahoma llamada Fátima, y de Hali Abenseib, 
vinieron dos linajes, uno de Aben Humeya (i), otro de 
Abenhabet, cuya cabeza fué Abdalá Abenhal^t Mira- 
mamolin , señor de España , que echó los berberíes del 
reino della , y el postrero Jusef Hali Atan , á quien 
ecl)ó del reino Abdurrabi Menhaclalí, cabeza del linaje 
de Aben Humeya, hasta el último Hiscen, que reinó en 
discordia; que habiéndole los de Córdoba echado del 
reino con ayuda de Haboz, rey de Granada, uno del 
mismo linaje escogió ser electo rey por un solo día, con 
condición que le matasen pasadas las veinte y cuatro 
horas; eligiéronle y matáronle, y acabaron juntos el 
linaje de Aben Humeya y el reino de Córdoba. Los que 
descendían deste rey, de un día vinieron á poblar las 
montañas de Granada , y los moros establecieron por 
ley que ninguno del linaje de Aben Humeya pudiese 
reinar en Córdoba. Porque si después reinaron en el 
Andalucía los almorávides y almohades y el linaje de 
Abenhut, ya no tuvieron á Córdoba por cabeza del rei- 
no, hasta que vino á poder del santo rey don Fernan- 
do el Tercero. Esto se ha dicho por muestra , y acordar 
que no hay reino perpetuo, pues vino á desvanecerse 
un reino Un poderoso como fué el de Córdoba. 

Tomado por cabeza Abdalá Abenábó , diéronle man- 
do sobre todo por tre%m«es , h^sta que viniese confir- 
mación del rey de Argel y título de rey : envió con Ben 

(t) En lo qoe aqvi dice Mendoza del origen de Aben Hamera 
dlflert maclio de Garibay, MArmoJ y otro». ««««^y», 



DE MENDOZA. 

Daud, morisco tintorero eh Granada, ínventbr y tra- 
mador del levantamiento, á dar nueva de su elección 
al rey de Argel; diólé dineros y oro para presentar- 
diéronle los capitanes cada uno por su parle ayuda con 
que fuese, y quedó allá; y envió la aprobación mucho 
antes del tiempo. Hicieron con Abenal)ó la cerenonia, 
pusiéronle en la mano izquierda un estandarte y en la 
derecha una espada desnuda, vistíéronle de colorado, 
levantáronle en alto yoiostráronle al pueblo, diciendo- 
« Diosensalce al rey de la Andalucía y Granada, Abdalá 
Abenabó. » Diéronle generalmente la obediencia k» 
pueblos do moriscos que no la habían dado á MabomeC 
Aben Humeya, y los capitanes , eicepto Aben Meqne- 
nun , que llamaban Portocarrero , hijo del que levantó 
á Jergal con cuatrocientos hombres en el rio de Alman- 
zora, que también el duque de Arcos mandó jusüciar 
en Granada ; y en tierra de Alrauñécar y Almijara , Gi- 
ron el Archidoni, que murió reducido y perdonado en 
Jayena. Hizo repartimiento de las alcaidías y gobierno 
en hombres naturales de las mismas tahas ; escogió pa- 
ra su consejo seis personas demás de los capitanes tur- 
cos Caracax y Don Dalí, capitán ; porque Caraviyi , lue- 
go como se hizo la elección , partió á Berbería con oca- 
sión de traer gente. Eligió por capitán general para los 
ríos de Almería, Boloduí y Almanzora, sierras de Baza 
y Filábres, tierra del marquesado de Cénete y Guadiz 
al que llamaban el Habaquí (2) , por cuyo parecer se go- 
bernaba en todo; otro de Sierra-Nevada, tierra de Vé- 
lez, el valle, el Alpujarra y Granada ,.á quien decían 
Joaibi de Güéjar : á estos obedecían los otros capitanes 
de Uhas ; por alguacil, que después del Rey es el su- 
prenio magistrado , á su hermano Muhamet Abenabó. 
Envió á Hoscein con otro presente de captivos al rey de 
Argel , pidiéndole gente y armas; juntó un ejército or- 
dinario de cuatro mil arcabuceros , que alojase la cuarta 
parte cerca de su persona ; la guardia de doscientos ar- 
cabuceros; fuera del lugar las centinelas apartadas y 
perdidas, que ni se acogen al cuerpo de guardia, sino 
á lo alto ó lejos, ni se les da otro nombre mas de un 
contraseño de los caminos, que es dejar pasar sola- 
mente al que viniere por parte señalada, y á los que 
vinieren por otra parte detenellos ó dar arma ; dende 
allí avisan por donde vienen los enemigos. Tienen siem- 
pre atalayas de noche y de día por las cumbres; llaman 
al sargento mayor alguacil de la guardia, que reparte 
y requiere las centinelas, ordena la gente, alójala, hace 
justicia en el cuerpo de guardia; dentro en la casa re- 
siden veinte arcabuceros, á que dicen porteros. Fué 
poco á poco comprando y proveyéndose de armas traí- 
das de Berbería ó habidas de las presas en gran cuanti- 
dad, que repartió á bajos precios entre la gente ; llegó 
desta manera á tener ocho mil arcabuceros; el sueldo 
de los turcos eran ocho ducados al mes, el de los mo- 
riscos la comida. Con estos príncípips de gobierno, con 
la necesidad de cabeza , con la reputación de valiente 
y hombre del campo, con la afabilidad , gravedad , au- 
toridad de la presencia , con haber padecido en la per- 
sona por tormentos siendo esclavo, fué bienquisto, 
respetado , obedecido , tenido cpmo rey generalmente 
de todos. 
Mandó en este tiempo don Juan que Pedro de Men- 

(2) Hierdnimo el Meleeb dlee Mármol, porque el ttbaqai faé 
embi^ador A Berbería, 



GUERRA DE 

doza faese á visitar el presidio de Órgíba , con orden 
que sirviese en lugar de Francisco de Molina, porque 
eatendia estar indispuesto, sabiendaque Abennbó, nue- 
vo rej, juntaba gente para venir sobre la plaza. Mas 
SQcedíó una novedad trasordinaria» siendo siete leguas 
de Granada , como las que suelen acontecer en las In- 
dias, ¿ tres mil de España; que de cinco banderas, sola 
ana, con su capitán don García de Mootalvo» quedó libre 
sin amotinarse, y acusando á Francisco de Molina á una 
Túz de estar loco, pedian por cabeza ¿Pedro de Men- 
doza. Las señales que daban de su locura, que los apre- 
taba con rigor á las guardias, que estando enfermo los 
requería, que no dormia de noche, hombre rico y re- 
catado, que falto de gente particular, ayudaba con di- 
neros ¿ ios que enviaba con licencia por cobrar crédi- 
to para que viniesen otros ; repartía la vitualla por tasa, 
como quien sospechaba cerco. Pero visto que se enca- 
minaba á motin , quiso prender los capitanes; y sose- 
gándolos , procuró qne Pedro de Mendoza saliese de 
órgiba; mas por satisfacer la gente que estaba ociosa 
y descontenta y proveerse de vitualla, envió la compa- 
ñía de Antonio Moreno con su alférez \ilches ¿ correr 
en el Celiel; que atajados por los moros en el barranco 
de Tarascón , fueron todos muertos, sin escapar mas 
de tres soldados. 

Abenabó coa esta ocasión proveyó á CastU de Ferro 
de armas, artillería y vitualla; puso dentro cincuenta 
torcos con su capitán , llamado Leandro , para que pu- 
diese recibir el socorro que traería Caravaji con el ar- 
mada de Argel, y en persona vino sobre Órgiba, roo- 
^do por quejas de los pueblos comarcanos y daños que 
continuamente recibían de la guarnición que en ella 
residía. Eran Jos capitanes moros Berbuz,Rendati, Ma- 
coz; y turcos, Dali , capitán ¿ quien dejó cabeza de la 
empresa y de la gente. Apretaron el lugar, mostraron 
quererle hambrear; fuéronse con tríncheas llegando 
hasta las casas; vínoles gente, y entraron en ellas ; se- 
ñoreáronlas de manera , que descubrían la plaza, y los 
nuestros no atravesaban ni estaban á los reparos sin ser 
^lavados; tomaban por dias el agua peleando ; era la 
hambre y la sed mayor que el temor de los enemigos. 
DióFraDcisco de Molina aviso, y pareció áMon Juan 
que el duque de Sesa la socorriese, por la experíencia, 
por la gracia y autorídad con la gente, ser del consejo 
; el lugar suyo ; detúvose algunos dias esperando la vi- 
toaJia con harta dilación; partió con seis mil infantes y 
Irescientos caballos, mas número de gente que de 
hombres, la mayor parte concejil»; pero en Acequia le 
lomó la gota , enfermedad ordinaria suya , y tan recia, 
que le inliabilitaba la persona , aunque dejándolo libre 
el entendimiento. Trató don Juan de enviar á Luis Qui- 
jada en su lugar , no sin ambición ; pero el Duque me- 
joró, y en principio de noviembre envió dende Acequia 
iVilches, que por otro nombre llamaban Pié de palo, 
buen hombre de campo , platico de la tierra , que con 
Wro compañías de infantería, en que habla ochocien- 
108 hombres, dejando á la mano derecha á Lanjarbn, 
«cíese el camino por lo áspero de la montaña, desusa- 
dlo muchos años, pero posible para caballería; y que 
j^nocicndo el barranco .que atraviesa el camino de 
^i^giba , tomase lo alto déla montaña y estuviese que-^ 



GRANADA. 



i05 



^0 adonde el camino de Lanjaron hace la vuelta cerca 
«« Orgiba , de allí diese aviso á Francisco de HoUna ; y 



I 



por aseg'irar á Vílches, envió á sus espaldas otros ocho- 
cientos hombres , siguiendo él con el resto de la gente y 
caballería, sospechoso ^ue los unos y los otros habrían 
menester socorro. 

Has los moros , que tcnian no solamente aviso do la 
salida de Acequia , pero atalayas por todo , que con se- 
ñas contaban á los nuestros los pasos, dándolas de una 
en otra hasta órgiba, hicieron de sí dos partes; una 
quedó sobre órgiba, y otra de la demás gente salió con 
sus banderas á esperar al Duque. Estos fueron Hhusceni 
y Dali, encubriéndose parte de la gente. Comenzó Dalí, 
capitán , á mostrarse tarde y entretenerle escaramu- 
zando. Entre tanto apartaron seiscientos hombres, cua* 
trocientes con Rendatí, que se emboscó á las espaldas 
de Vílches, y Macoz adelante al entrar de lo Huno to- 
mando el cammo de Acequia de las Tres Peñas ( llaman 
los moros á aquel lugar Galat el Hhajar en su lengua); 
cosa pocas veces vista y de hombres muy pláticos en la 
tierra, apartarse tanta gente escaramuzando, y em- 
boscarse sin ser sentida ni de los que estaban en la 
frente ni de los que. venían á las espaldas. Gayó Ja t§r- 
de, y cargó Dali, capitán , reforzando la es<5^ramuza á 
la parte del barranco cerca de la agua; de manera que 
á los nuestros pareció retirarse adonde entendían que 
venia el Duque, pero con orden. Descubrióse la pri- 
mera emboscada , y fueron cargados tan recio, que ha- 
llándose lejos del socorro y que apuntaba la noche, cuasi 
rotos se recogieron á un alto cerca del barranco , con 
propósito de esperar, hechos fuertes, donde pudieran 
estar seguros, auhque con algún daño, si el capitán 
Perea tuviera sufrimiento; pero viendo el socorro, 
echóse por el barranco, y la gente tras él ; donde segui- 
do de los moros, fué muerto peleando con parte de los 
que iban con él, y pasando adelante, cargaron basta lle- 
gar á dar en el Duque ya de noche , que los socorrió y 
retiró ; pero dando en la segunda emboscada de Macox, 
apretado por una parte de los enemigos , y por otra in- 
cierto del camino y de la tierra <con la escurídad, y con- 
fuso con el miedo que la gente llevaba, que le iban fal- 
tando , fué necesitado á hacer frente á los enemigos por 
su persona ; quedaron con él don Gabríel , su tío, don 
Luja de Córdoba , don Luis de Cardona, don Juan de 
Mendoza y otros caballeros y ^ente particular , muchos 
dellos apeados con la infantería, dando cargas y siendo 
seguidos basta cerca del alojamiento : dicen que si los 
moros cargaran como ai principio, estuviera en peligro 
la jomada. Pero el daño estuvo en que Pié de palo par- 
tiese á hora que el dia no le bastó al Duque para lle- 
gar á Órgiba coa sol ni para socorrerle. Engaña el 
tiempo en el reino de Grainada á muchos hombres quo 
no le miden por la aspereza de la tierra, hondura de 
los barrancos y estrecheza de los caminos. Murieron de 
los nuestros cuatrocientos hombres , y perdieron mu- 
chas arn^as, según los moro?, gente vana que acrecien- 
ta sus prosperidades; mas según nosotros (que en esta 
guerra nos mostramos (i j á disimular y encubrír las pér- 
didas) , solos sesenta ; lo uno ó lo otro con daño de los 
enemigos y reputación del Duque. De noche» sospe- 
choso de la gente , apretado de los enemigos, impedido 
de la pe^8ona, tuvo libertad para poner en ejecución lo 
que se ofirecia proveer á toda. parte, resolución para 
apartar los enemigos , y autoridad para deteaor los 

(;l) o Hgon el Mft, wt wuUmoin 



i06 DON DIEGO 

nuestros y que Imbían comenzado á huir, recogiéndose 
á Acequia cuasi á media noche : larga y trabajosa re- 
tirada de tres grandes leguas, dos siendo cargada su 
gente. . ' 

Y considerando yo las causas por qué nación tan 
animosa, tan aparejada ¿ sufrir trabajos, tan puesta 
en el punto de lealtad , tan vana de sus honras (que no 
es en la -guerra la parte de menos importancia), obrase 
en esta al contrario de su valentía y valor , truje á la 
memoria numerosos ejércitos disciplinados y repu- 
tados en que yo me hallé , guiados por el emperador 
don Garlos, uno de los mayores capitanes que hubo en 
muchos siglos ; otros por el rey Francisco de Francia, 
su émulo, y hombre de no menos^ ánimo y experien- 
cia. Ninguno roas armado, mas disciplinado, mas cum- 
plido en todas sus partes, mas platico, abundado de 
dinero,* de vituallas, de artillería, de munición, de sol- 
dados particulares, de gente aventurera de corte, de 
cabezas, capitanes y oficiales, me parece haber visto 
ni oído decir, que el* ejército que don Felipe II , rey de 
España', su hijo , tuvo contra Enrique II de Francia, 
hijo de Fraocisco , sobre Durlan , en defensión de los 
estados de Flándes , cuando hizo la paz tan nombrada 
por el mundo, de qiie salió la restitución del duque Fi- 
liberto de Saboya; negocio tan desconfiado : como por 
el contrarío, ninguno he visto hecho tan á remiendos, 
tan desordenada, tan cortamente proveído , y con tanto 
desperdicfamiento y pérdida de tiempo y dinero; los 
soldados iguales en miedo , en codicia , en poca perse- 
verancia y ninguna disciplina. Las causas pienso haber 
sido comenzarse la guerra en' tiempo del marqués de 
Mondéjar con^gente concejil aventurera, á quien la co- 
dicia, el robo, la flaqueza y las pocas armas que se 
persuadieron de los enemigos al príncipio , convidó á 
salir de sus casas cuasi sin. orden de cabezas ó bande- 
ras : tenian sus higares cerca ; con cualquier presa tor- 
naban á ellos ; salían nuevos á la guerra , estaban nue- 
vos, volvían nuevos. Mas el tiempo que el marqués de 
Mondéjar, iiombre de ánimo y (üiigencía, que conocía 
las condiciones de los amigos y enemigos, anduvo pe- 
gado con dios, á las manos, en toda hora, en todo lu- 
gar, por mMio de los hombres particulares que le se- 
guían , estuvieron estas faltas encubiertas. Pero des- 
pués que los enemigos se repartieron, acontecieron des- 
gracias por donde quedaron desarmados ios nuestros y 
armados ellos; comunicábase fA miedo de unos en 
otros ; que como sea el vicio mas perjudicial en la guer- 
ra, asf el mas contagioso : no se repartían las presas en 
común; era de cada uno lo <]^e tomaba, como tal lo 
guardaba ; huían cofa ello sin nnion, sin respondencia ; 
dejábanse matar abrazados ó cargados con el robo, y 
donde no Ie*esperaban, ó no saHan , ó en saliendo tor- 
naban á casa; guerra de montaña, poca provisión, 
menos apai'ejo para ella , dormir en tierra , no beber 
vino , las pagas en vitualla, tocar poco dinero ó ningu- 
no : cesando la codicia del interese , cesaba el sufrir 
trabajo ; pobres, hambrientos, impacientes, adolecían, 
morían, ó huyéndose los mataban; cualquier partido 
destos escogían por más ventajoso que durar eii la gtiei^ 
ra cuan.do no traian la ganancia entre las manos. De 
los capitanes, algunos, cansados ya de mandar, repren- 
der, castigar, sufrir sus soldados, se daftNm á las mis- 
mas costumbres de la gente, y tales erao k» campos 



DE MENDOZA. 

que della se juntaban. Pero también hubo algunos 
hombres entre los que vinieron enviados poflas ciuda- 
des , á quien la vefgúenza y la hidalguía era freno. 
También la gente enviada por los señores, escogida, 
igual, disciplinada , y la que particularmente venia á 
servir con sus manos, movidos por obligación de vir- 
tud y deseo de acreditar sus personas, animosa , obe- 
diente, presente á cualquiera peligro: tantos capita- 
nes ó soldados como personas; y en fin autores y mi- 
nistros de la victoria. Los soldados y personas de Gra- 
nada todos aprobaron para ser loados. No parecerá 
filosofía sin provecho para lo porvenir esta rai consñle- 
racion verdadera, aunque experimentada con dansy 
costa nuestra. 

Envió el Duque á dar noticia de lo que pasaba áFran- 
c¡s<;0 de Molina, mandándole que en caso que no se pu- 
diese detener, desamparase la plaza y se retirase por 
el cammo de Motril ; porque el de Lanjaron tenian ocu- 
pado los enemigos, y no le podia socorrer. Mas ellos 
no curaron de tornar sobre Órgiba , Ssf porque en ella 
y en la refriega que tuvieron habían perdido gente y 
muchos heridos , como porque les pareció que bastaba 
tener á Francisco de Molina corto con poca gente , y 
ellos hacer rostro é la del Duque, estorbar el daño que 
podia hacer en los lugares del Valle , que tenían como 
propríos. Francisco de Mofina, con la orden del Duque, 
conforme á la que él tenia de donjuán, teniendo por 
cierto que si volvieran sobre él, se perdería sm agua 
ni vitualla, enclavó y enterró algunas piezas que no 
pudo llevar, recogió los enfermos y embarazos ea me- 
dio , tomó el camino de Motril , libre de los enemigas; 
donde llegó con toda la gente que salió, y con poca 
pérdida en el fuerte ^ dando harto contraria muestra 
del suceso en el cerco y retirada , de lo que la desvcr- 
gúenza de los soldados había publicado ; desamparó- 
se por ser corta la provisión de vituallas, lugar que ha- 
bía costado, muchas, mucho tiempo , mucha gente y 
trabigo mantener y socorrer ; f^é el primero y solo que 
los enemigos tomaron por cerco : deshicieron las trío- 
cheas, quemaron y destruyeron la tierra, Hevaron dos 
piezas, aunque enclavadas.. Tomáronse dos moros con 
cartas que los capitanes escribían á la gente de las Al- 
buñuelos y el Valle y otras partes, certificándoles la 
venida del Duque á socorrer á Órgiba , y animándolos 
que siguiesen su retaguardia ; porque ellos con Ingente 
que teman se les mostrarían á la fíente, como le estor- 
basen el socorro ó les combatiesen con ventaja. No 
estuvieron ociosos eHiempo que él se detuvo en Ace- 
quia ; porque bajaron por Gúéjar y el Puntal á la Vega, 
llevaron ganados, quemaron á Mairena hasta media le- 
gua de Granada, acogiéndose sin pérdida y con la pre- 
sa, por divertir ó porque la guerra ptA*ecíese con igual- 
dad. Esperó en Acequia por entender él motivo de los 
enemigos y enlretenellos que no diesen estorbo.á la re- 
tirada de Francisco de Molina , y por su indisposición, 
cbn.falta de vitualla y descontentamiento de la gente : 
por esto y la ociosidad, y por ser ya el mes de noviem- 
bre y la sementera en la mano, se comenzó á deshacer 
el campo. Mks llamado por don Juan, saltó por las Al- 
buñuelas con poca gente, y «sa temerosa por )o suce- 
dido (trataban ios turcos de ponerse de guarnición en 
.aquel k^«t)^ y camidendo el d^ , los enemigos al cos- 
tadoi llegó temprfoo sin acertarse los unos álos otros, 



GUERRA DE 

dando culpa á las guias : quemó cl un barrio , y des- ) 
pues de haber enfriado á doo Luis de Córdoba á quemar 
á Restira] , Meleja , Coacha , y otros lugares del Valle 
que don Antonio de Luna dejó enteros, y dejado á Pe- 
dro de Mendoza con seiscientos hombres alojado en el 
otro barrio, tornó á Granada, donde halló ¿ don Juan 
ocupado en la reformación de la infantería, provisio- 
nes de vitualla y otras cosas, por medio y tindustría de 
Francisco Gutiérrez de Cuéllar, del Consejo, á quien el 
Rey envió particularmente á mirar por su hacienda; 
caballero prudente, platico en la administración della, 
bueno para todo. 

Habian las desórdenes pasado tan adelante, que fué 
necesario pararemediallas hacer demostración no vista 
Qíleidaen los tiempos pasados en la guerra; suspen- 
der treinta y dos capitanes de cuarenta y uno que ha- 
bla, con nombre de reformación ; pero no se remedió 
por eso; que el gobierno de las compañías quedó ¿ sus 
mismos alféreces , de quien suele salir el daño. Porque 
como se nombran capitanes sin crédito de gente ó di- 
neros, encomiendan sus banderas ¿ los alféreces y ofi- 
ciales que les ayudan á hacerlas compañías, gastando 
dinero con los soldados, de quien no pueden desquitar- 
se tomándoselo de las pagas, porque se les desharían 
las compañías, y procuran hacello engañando en el nú- 
mero. Pernios capitanes y oficiales cuasi todos enga- 
ñan en las pagas, aunque unos las ponen en calificar 
soldados y entretenellos con pagar ventajad ó darles 
de comer, y estos son tolerables ; otros son perniciosos 
I aun tenáSos como traidores, porque engañan á su se- 
ñor en cosa que le hacen perder la honra, el estado y 
la vida, fiándose dellos , y estos son los que para sí ha- 
cen ganancia con las compañías, teniendo menos gente, 
d rosnido Jos huéspedes, ó componiéndolos : la misma 
reformación se liizo en los comisarios, partidos, y dis- 
tribución de vituallas, armas y municiones. 

En el tiempo que el duque de Sesa partió para el so- 
corro de órgiba, y don Juan entendía en reformar las 
desórdenes, se alzó Galera, una legua de Güéscar, en 
tierra de Baza; lugar fuerte para ofender y desasosegar 
lacomarca,en el paso de Cartagena al reino deGranada, 
; DO lejos del de Valencia. Has los de Güéscar, enten- 
diendo el levantamiento , fueron sobre el lugar con mil 
L doscientos hombres y alguna caballería ; estuvieron 
sta tercero dia; y sin hacer mas de salvar cuarenta 
cristianos viejos que estaban reth^dos en la Iglesia , se 
tomaron. Habian entrado en Galera por mandado de 
Abenabó cien arcabuceros turcos y berberíes con el 
MaJeh, alcaide del partido, y era capitán dellos Cara- 
vajal, turco, que saltó fuera cargando en la retaguar- 
dia, y poniéndolos en desorden les quitó la presa de. 
ganados y mató pocos hombres, de que los de Güéscar, 
indignados, mataron algunos moriscos por la ciudad 
y en la casa del Gobernador, donde se habian reco- 
gido, quemaron parte della, saquearon y quemaron 
otras en Güéscar, ciudad de los confines del reino de 
lorcia y Granada, patrimonio /¡ue fué del rey católico 
don Femando , y dada en satisfacción de servicio; al 
duque de Alba donFadrique de Toledo; pueblo rico, 
gente áspera y á veces mal mandada, descontenta de 
ser sujeta á otro sino al Bey; y desasosegada con este 
estado que tiene, procura trocalle (Joh ofros, que á ve- 
ces desasotíegan ttás. 



GRANADA. 107 

Levantóse de ahí á pocos días, Orce, tina legua de Ga- 
lera, que los antiguos llamaron Urci ; y estando los de 
Güéscar preparándose para ir á allanarla ó destruirla, 
los vecinos cristianos nuevos que habian quedado, in- 
dignados , metieron de noche sin ser sentidos-al Haleh 
con trescientos hombres en sus casas, que dejó embos- 
cados en los lavaderos hasta dos mil , y en ellos tres- 
cientos turcos y berberíes, que se habian juntado para 
el efecto; mas los de la ciudad^ que tuvieron notiei», 
vueltas contra ellos las armas , peleando los echaron 
fuera con daño y rotos, y dando con el mesmo ímpetu 
en la emboscada , la rompieron, matando seiscientos 
hombres. Fuera la victoria del todo si los turcos y ber- 
beríes no resistieran, reparando la gente y haciendo 
retirar parte della con alguna orden. Ya Abenabó ha- 
bla hecho declarar todo el río de Alnáanzora (que en 
arábigo quiere decir de la Victoria) con Purchena (en 
otro tiempo llamada de los antiguos Illipula grande , á 
diferencia de otra menor, ribera de Guadalquivir), la 
sierra de Filábres y los lugares de tierra de Baza. 
Quedaban Serón j Tijola, del duque dé Escalona; Tíjola 
inexpugnable, pero falta de agua. Envió sobre Serón, 
y saliéndose la guardia, prendió el Alcaide (algunos 
dicen que por voluntad), tomó armas, munición, vi- 
tualla, doce piezas de bronce. TljoIa siguió á Serón: 
de esta manera quedaron levantados todos los moriscos 
del reino, sino los de Isi hoya fie Málaga y serranía de 
Ronda. 

Estos motivos, y la priesa que el Rey daba á reTorzar 
el campo del marqués de Vélez, que estaba en Baza, 
enviando caballeros principales de su casa por las ciu- 
dades á solicitar gente , que saliese antes que los ene- 
migos tomasen fuerzas , apresuró al Marqués con la 
gente que trajo de la Peza y la que don Antonio de Lu- 
na dejó en Baza , y la que se juntó de Güéscar y otras 
partes, por todos cuatro mil infantes y trescientos y 
chicuenta caballos, á ponerse sobre Galera : el Maleh y 
su hijo desampararon el lugar, desconfiados que se pu- 
diese tnanlener. Caravajal, turco, dende á dos dias que 
el Marqués llegó, juntó el pueblo; persuadiólos que sal- 
vasen la gente, la ropa y á sí mismos, pues tenían apa- 
rejo y la sierra cerca ; y diciéndole que dentro en sus 
casas querían morir , íes respondió que aun no era lle- 
gado el tiempo, ni era su oficio morir ; que se salvasen 
y dejasen aquello para otros que'vemian brevemente á 
morir por ellos. Mas visto que estaban pertinaces, con 
ciento y treinta turcos y berberíes, dando una anña de 
noche á lo^ nuestros, $e salió con su gente y dinero sin 
recebir daño; y vmo por mandado de Abenabó á resi- 
dir en Güéjar con los otros capitanes. 

Habian los enemigos (como dijimos) entrado en ella, 
fundado'frontera, atajado con una trinchea de piedra 
seca, de monte á monte, el trecho que llaman la Silla; 
manteníanse contra Granada, hacían presas, solicitan- 
do pueblos que se Icfvaniasen, recogiendo y regalando 
los que se alzaban. A veces estaban en ella cuatro mil, 
á veces itaenos, y de ordinario seiscientos hombres, se- 
gún las ocasiones : eran capitanes Joaibi, liatural del 
lugar, por otro nombre llamado Pedro de Mendoza 
(que este apellido tomaban mjúchos por la naturaleza 
que tenia en la tieira la casta del marqués don Iñigo 
López deMendoza, primer capitán general), Hocein, 
Caravajed, turco, ChocoU (que en su lengua quiere de^ 



i08 DON DIEGO 

cir tiegollador), Macoi, Mojájar y oíros. Grecia el desa- 
sosiego de la ciudad y parecía estarse con menos segu- 
ridad , pero en nada se via acrecentada la manera de 
la defensa, descubierta la parte de la ciudad que llaman 
Realejo, Crontera á los enemigos, el barrio de Anteque- 
ruela no sin peligro muchos meses, muy á menudo los 
apercebimientos, que se hacian de persona en persona y 
con secreto, mostrando que los enemigos vemian cada 
noche á dar en la ciudad, las mas veces por esta parte. 
Al fin se achicó la puerta que dicen de los Molinos y 
se puso una compañía de guardia en Antequeruela, 
pero no que se atajasen los caminos del Facar, Veas, el 
Puntal; maravillándose los que no tienen noticia de las 
causasó licencia de escudrinallas , cómo se encarecían 
tanto las fuerzas de los enemigos y el peligro , y se ^- 
taba con tan flaca guardia; en fm , se puso una conce- 
jil en la puerta de ios Molinos, reforzóse la de Antequo- 
ruela , púsose guardia en los Mártires y en Plnillos y 
Genes (presidios todos contra Gúéjar), y á don Jeróni- 
mo de Padilla mandaron estar en Santa Fe con una 
compañía de caballos para asegurar el llano de Loja, 
demás d9 la guardia de la Vega. Púsose caballería en 
Iznalloz; pero todo no estorbaba que basta las puertas 
de Granada se hiciesen á la continua presas. 

Estando en estos términos, comenzó el marqués de 
Vélez á batir á Galera con seis piezas de bronce y dos 
bombardas de hierro, de espacio y con poco fruto. Sal* 
taban fuera los moros á menudo, haciendo daño sin 
recebillo. 

Gargó don Juan la mano con el Rey, como agraviado 
que 16 hubiese mandado venir á Granada en tiempo 
que todos estaban ocupados, por tenelle ocioso, siendo 
el que menos convenía holgar : mostrábale deseo de 
em()lear su persona ; hijo y hermano de tan grandes 
príncipes, en cuya casa habían entrado tantas victo- 
rias ; mozo no conocido de la gente; el espacio con que 
se trataba la guerra en Almanzora, el atrevimiento de 
los enemigos, la Alpujarra sin guarniciones , la mar 
desproveída , los moros en Gúéjar, lo que convenía to- 
mar el negocio con mayores fuerzas y calor. Pareció al 
Rey apretar los enemigos , acometiéndolos á un tiem- 
po con dos campos ; uno por el rio de Almanzora á car- 
go de don Juan, con quien asistiesen el marqués de Vé- 
lez, el comendador mayor de Gastilla y Luis Quijada; 
otro por el Alpujarra con el duque de Sesa; y por no 
dejar embaraza tan importante como enemigos á las 
espaldas, mandó que antes de su partida viniese sobre 
Güéscar. El nombre de la salida fué (porque el de Vélez 
no se hubiese por ofendido) dar orden en lo que toca- 
ba á Guadiz y Baza , como había sido con el marqués 
de Mondéjar darla en lo de Granada. Estando Gúéjar 
y Galera por los enemigos, cualquier otra empresa pa- 
recería difícil y el peligro cierto ; en Gúéjar» por de- 
jarlos á las espaldas; ep Galera, porque podía saltar la 
rebelión en el reino de Valencia , y con la tardanza 
conservarse los moros en sus plazas, Purcbena, Serón, 
Tijola, Jergal , Gauloria, Gastil de Ferro y otras. Par- 
tió el Gomen dador mayor de Gartagena , por orden de 
don Juan , con ocho piezas de campo , trescientos car- 
ros dd vitualla, munición y armas. El Marqués, aun- 
que entendiendo la ida' de don Jian mostraba algún 
sentimiento, no dejó de verse con el Gomendador ma- 
yor , que proveyéndole de vitualla y munición , pasó á 



DE MENDOZA. 

esperar á don Juan en Baza. Dicen, y confiésalo el Co- 
mendador mayor, que escribió al Rey como el Mar- 
qués no le parecía á propósito para dar cobro á la em- 
presa del reino de Granada, y que las cartas vinieron á 
las manos del Marqués primero que á las del Rey ; mas 
leyólas y disimulólas, ó fuese pensando que la necesi- 
dad había de traelle tiempo á las manos en que diese 
á conocer lo contrarío, ó cansado y ofendido , dando á 
entender que la peor parle sería de quien no le em- . 
please. Eran ya los 15 de diciembre (i 569), y no pare- 
cía señal ni esperanza de que se hiciese efecto contra 
Galera. Mas el Rey solicitaba con diligencia los seño- 
res de la Andalucía y las ciudades de España, pídieado 
nueva gente para la empresa y salida de don Juan, y 
enviando personas calificadas de su casa á procandlo. 

Llegó la orden para que don Juan hiciese la jomada 
de Gúéjar prímero que partiesQ para Guadix y Baza: 
habíase enviado muchas veces á reconocer el lugar con 
personas pláticas ; lo que referían era que dentro esta- 
ban siete mil arcabuceros y ballesteros resolutos á ve- 
nir una noche sobre Granada (número que si de mu- 
jeres y hombres ellos lo tuvieran , y no les faltaran ca- 
bezas y ezperíencia , era bastante para forzar la ciu- 
dad); que estaban furtíGcados y empantanaban la Ve- 
ga; que allanaban el camino que va por la sierra á la 
Alpujarra para recebir gente. Tanto mas puede el re- 
celo que la verdad, aunque cargue sobre personas sin 
sobresalto. Todavía no fueron creídos del todo los qae 
daban el aviso; pero reforzáronse las guardias con mas 
diligencia, y difíríóse la ida de don Juan hasta quemas 
gente de las ciudades y señores fuese llegada. Por ha- 
cer la jornada con mas seguridad envió á don García 
Manrique y Tello de Aguilar que reconociesen el lugar 
de noche y la mañana hasta el día : lo que trujeron fué 
que dentro había mas de cuatro mil infantes, no haber 
visto fuego á las tríncheos ni en el cuerpo de guardia, 
no humo aun para encender las cuerdas, en el corazón 
del invierno, tierra frígidísima y á la falda de la nieve; 
no trocar les guardias, no cruzar á la mañana gente de 
las casas á la trinchea ó de la trinchea á las casas; no 
acudir con el armaá la trinchea ¡atribuíase todoá seña- 
les de gran recatamíento; pero,ájuicío de algunas per- 
sonas pláticas , de lugar desamparado. Notaban que en 
tanto tiempo , tan cerca , lugar abierto y pequeño , se 
sospechase y no se supiese cierto el número de la gen- 
te, pudiéndose contar por cabezas ó por la comida , y 
que todos aGrmasen pasar de seis mil hombres, y los re- 
conocedores, de cuatro mil, llegando tan cerca y trayen- 
do señales de poca gente ó ninguna. Pareció que sería 
conveniente servirse de los capitanes que habían sido 
suspendidos , porque la gente se gobernaría mejor por 
ellos, y los.mas eran personas de experiencia. Mandá- 
ronles tomar sus compañías, y todos lo quisieron I»- 
cer, pudiendo emplear sus personas, sin.volverálos 
cargos de que una vez fueron echados. 

Había costumbre en el Alhambra de salir los catata- 
nes generales y alcaides cuando se ofrecía necesidad, 
dejando en la guardia della personas de su linaje y su- 
ficientesw Mostraba el conde de TendiUa títulos suyos, 
de su padre , abuelo y bisabuelo, de capitanes genera- 
les de fa ciudad sin el cargo del reino, y pretendía salir 
con la gente della. Pero Juan Rodríguez de Villafuer- 
te, que entonces era tenido por enemigo suyo declara- 



GUERRA DE 

do, pretendía que como corregidor le tocase: traia 
ejemplo de Málaga, donde el Corregidor tenía cargo 
de ia gente, no otetante que el Alcaide tuviese titulo de 
capítifl de la ciudad; mes, ó fuese mandamiento expre- 
so ó ioclinacion á otros, ó desabrimiento particular con 
k casa ó persona del Conde, no obstante las cédulas, y 
qoe la profesión de Juan Rodríguez fuese otra que ar- 
mas, hizo don Juan una manera de pleito de la preten- 
sión del Conde, y remitió el negocio al consejo del Rey, 
quitándole el uso de su oGcio y dándole á Juan Ro- 
dríguez ¿ que aquel dia llevó cargo de la gente de la 
dudad, y le tuvo otros muchos. Partió á los 23 de 
diciembre con nueve mil intentes, seiscientos ca* 
bailes, ocho piezas de campo. Habia dos caminos de 
Granada á Güéjar; uno por la mano izquierda y los 
altos, y este llevó él con cinco mil infantes y cuatro- 
cientos caballos : llevaba Luis Quijada la vanguardia 
con dos mil , donde iba su persona; á don Garcfa Man- 
rique encomendó la caballería; y la retaguardia, con la 
artiíleria, munición y vitualla (donde iba su guión), al 
licenciado Pedro López dé Mesa y á don Francisco de 
Soiís , ambos cabal eros cuerdos , pero sin ejercicio de 
guerra; lo cual dio ocasión á pensar que la empresa 
fuese fijQgida, y don Juan cierto que el lugar estaba 
desamparado^ pues encomendaba á personas pacificas 
logar adonde podia haber peligro y ere menester ezp^ 
rienda; dando al Duque el camino del rio mas breve 
con cuatro mil infantes y trescientos caballos, en que 
iba la gente de la ciudad. Aquella noche se aposentó 
en Veis, dos leguais da Granada y otras tantas de Gúé- 
jar, con orden que juntos , por diversas partes , llega- 
sen á an tiempo y combatiesen los enemigos, para que 
los que del uno escapasen, diesen en el otro; pero que- 
dóles abierto el camino de la sierra. Don Diego de Que- 
sada, á quien tenia por platico de la tierra, iba por 
guia del campo de don Juan, aunque otros hubiese en 
la compañía tan soldados, criados en aquella tierra y 
mas pláticos en ella , según lo mostró el suceso. Esta- 
bas ala guardia del lugar ciento y veinte turcos y ber- 
beríes con Cara wajal, que estuvo en Galera, cuatrocien- 
tos 7 treinta de la tierra , todos arcabuceros ; la cabeza 
era Joaibi; los capitanes Cholon, Macox y Rendati, y 
d Partal por sargento mayor, venidos, según se enten- 
dió, solo por la ganancia de las presas , con la seguri- 
dad déla montaña, y mudábanse por meses; muchas 
mojeres, muchachos y viejos de los lugares vecinos, 
que no querían apartarse de sus casas , proveídos de 
pan y carne en abundancia; y dicen ellos que nunca 
bubo mas gente ordinaria. Entendieron dias antes la 
ida de don Juan , y tuvieron tiempo de salvar lo mejor 
de su ropa, sos personas y ganados. El dia antes, que 
don Garcfa y Teilo de Aguí lar fueron á reconocer avi<- 
sandola gente, partieron los. turcos á la Alpujarra;y 
de los moros, el dia antes que dad Juan llegase, salie- 
ron cuatrocientos hombies con Partal y el Macox y 
Rendati en ocasión de correr nuestras espaldas, y hi- 
cieron daño el mismo día que llegó don Juan : queda- 
ron en Güéjar ochenta hombres con Joaibi para roturar 
el removiente de la gente inátil y ropa. Partieron á un 
tiempo de Granada el Duque y don Juan de Veas al 
tffiauieGer«r Hay pocos homares del campo que sepan 
caminar bieo de noche la tierra que han visto dé dia; 
esta era toda de nn color iguaii aunque doblada, que 



GRANADA. 



!09 



dio causa á la guia de engañarse cuasi en la salida del 
lugar, y á don Juan de gastar tiempo. Con todo se de- 
tuvo, esperando el dia, incierto del camino que haría el 
Duque, y avisando las atalayas de los moros con fue- 
gos á1os suyos de lo que ambos hacían. Mas el Duque 
caminó por derecho; envió delante á don Juan de Men- 
doza, qoe halló la trínchea desamparada sino de diez ó 
doce viejos, que de pesados escogieron quedar á morir 
en ella; estos fueron acometidos y degollados. Entrado 
y saqueado el lugar por la gente que don Juan de Men- 
doza llevaba de vanguardia , vieron subir por la sierra 
mujeres y niños, bagajes cargados, con espaldas de se- 
senta arcabuceros y ballesteros , que haciendo vuelta 
sobre los nuestros en defensa de su ropa, se salvaron 
de espacio, aunque seguidos poco trepho y detenida- 
mente; pero lo que se pudo , y con mas daño nuestro 
que suyo : muñeron, entre hombres y mujeres, sesenta 
personas, y fueron cautivas otras tantas; la demás gen- 
te por la sierra fueron á parar en Valor 7 Poqueira y 
otros lugares de la A^pujarra ; húbose mucho trígo y 
ganado mayor : de nuestra gente murieron cuarenta 
soldados, porque los moros en lo áspero de la tierra y 
entre las matas, cubiertos con las tocas de las mujeres, 
esperaban á nuestros soldados , que pensando ser mu- 
jeres, llegasen á captivallas y los arcabuceasen. Entre 
ellos murió el capitán Quijada , siguiendo el alcance, 
desatinado de una pedrada que una mujer le dio en la 
cabeza. Don Juan, ora apartándose del lugar dos leguas, 
ora acercándose á menos de un cuarto por camino que 
todo se podia correr, se halló pasado mediodía sobre 
Güéjar, dentro de la trínchea de los enemigos, en el 
cerro que llaman la Silla : llevó hi gente ordenada, y á 
los que nos hallamos en las empresas del Emperador 
parecía ver en el hijo una imagen del ánimo y provisión 
del padre, y un deseo de hallarse presente en todo, en 
especial con los enemigos. Descubrió de lo alto á hi 
gente del Duque delante del lugar en escuadrón, y tan 
de improviso , que Luis Quijada envió con don Gómez 
de Guzman de mano en mano á pedir artillería, pen- 
sando que fuesen enemigos, ó dando á entender que 
lo pensaba. Esta voz se continuó con mucha priesa ; y 
caminando con dos pezezuelas, llegó don LuisdeCór* 
doba, de parte del Duque, con el aviso que los enemi- 
gos iban rotos y los nuestros estaban dentro en el lu- 
gar. Quedamos espantados cómo Luis Quijada no co- 
noció nuestras banderas y orden de escuadrón dende 
tan cerca, hombre platico en la guerra y de buena vis^ 
ta , y cómo el Duque enviaba á decir que los enemigos 
iban rotos, no habiendo enemigos. Mostró don Juan 
contentamiento del buen suceso, y queja del agravio 
de que le bebiesen guiado por tanto rodeo, que no al- 
canzase á ver enemigos. Pero don Diego de Quesada 
se excusaba con que en consejo se le mandó que guía- 
se por parte segura, y Luís Quijada le dijo que por don- 
de no peligrase la persona de don Juan; que él no sa- 
bia cómo cumplir su cemision mas á la letra qm guian- 
do siempre cubierto y dos leguas de los enemigos. Tu- 
vo la toma de Güéjar mas ncmbre lejos que cerca, mas 
congratulaciones que enemigos. Volvieron la misma 
noche á Granada don Juan y el duque- de Sesa; mandó 
quedar á don Juan de Mendoza en Güéjar con gruesa 
guardia por algunos dias, y después á don Juan de Alan- 
ccn con las banderas de sa cargo; dende ápooot dias 



iiO 



DON DIEGO BR MENBOZA. 



á don Francisco de Bfendoza, reparado y tríncheado un 
fuerte , pero con poóa gente. Decían que si cuando los 
'moros desampararon el lugar y don Juan fué ¿ reco- 
nocellcy se hubiera hecho el fuerte (que podía en una 
noche)' y puesto en él una pequeña guardia , c0mo se 
hizo en Tablate, se salvaran pasadas de tres mil perso^ 
na», que murieron á manos de los enemigos , mucha 
pérdida de ganado, reputación y tiempo, el nombre de 
guerra , desasosiego de nochey dia; todo hecho por 
mano de poca gente. 

Dende este dia parece que don Juan , alumbrado, co- 
meoEÓ á pensar en las gracias de victoria tan fácil, y 
buscadas las causas para conseguilla, hacer y proveer 
por su persona lo que se ofrecía con mayor beneficio y 
mas breve despacho. Extendióse por España la fama de 
su ida sobre Galera, y movióse la nobleza della con tanr 
to calor , que fué necesario dar el Rey á entender que 
no era con su voluntad ir caballeros sin Ucencia á ser- 
vir en aquella empresa. Enviaron las ciudades nueva 
gente de á pié y de caballo; crecieron algunas que no 
tenían proprios loa precios á las vituallas para gas- 
tos de la guerra; otras entre cinco vecinos mantenían 
un soldado. Entraron el tiempo que duró la masa pasa- 
das de ciento y veinte banderas con capitanes natura- 
les.de sus pueblos, personas calificadas , sin la gente 
que vino al sueldo pagado por el Rey , que fué la tercia 
parte : tanta reputación pudo dar á los enemigos la vo- 
luntad de venganza. Mandó don Juan , que ya era señor 
de si mismo y de todo, que una parte de la masa se 
hiciese en el mismo campo del marqués de Yélez, pa- 
sando la gente por Guadix ; y otra pasando por Grana- 
da en las Albuñuelas , donde estuviese don Juan de Men- 
doza á recogella y hacer provisión de vitualla. Ordenó 
que el duque de Sesa quedase su lugarteniente en Gra- 
nada, pgsase é posar en el mismo aposento que él te- 
nia en la chancillerk, y que formado su campo, par- 
tiese por Órgiba contra el Alpi^arra, á un mismo tiem- 
po que él para Galera ^ por divertir las fuerzas de los 
enemigos. 

Mas Abdalá Abenabó^ indignado del suceso de Gúé- 
jar , quiso recompensar la fortuna y la reputación, pro- 
curando ocupar algún lugar de nombreen la costa. En- 
cogió tres mil hombres, y en un tiempo con escalas y 
como pudo acometieron de noche á Ahnunécar, que 
los antiguos llamaban Kisaioba» y á Salobreña» que lla- 
maban Selambina ; pero el capitán de Almuñécar resisr 
tió retenidamente por ser de noche , y con algún daño 
de los enemigos , que dejando las escalas» se acogieron 
á la sierra, donde corrían de continuo la comarca : lo 
mismo hicieron los que iban á Salobreña, que , rebo- 
tados por don Diego Ramírez , alcaide della , con difi- 
cultad, por aguardarse con menos gente, se retiraron, 
juntándose con la compañía. Visto Abenabó que. sus 
empresas le salían inciertas y que las fueras de Espa- 
ña se juntaban contra él , envió de nuevo al alcaide Ho- 
ceniá Argel, solicitando gente |yura mantener, ó navios, 
para desampararla tierra y pasarse ; y juntamente con 
él un moro suyo á GonstauUnopla. Dicen que llegados 
á Argel, hallaron orden del señor de los turcos para que 
fuese socorrido. 

En él mismo tiempo hatia el Marqués ¿ Galera con 
poco efecto» defendíanse loe vecinos, y reparaban el 
daño ftcilo^ente; saltaban algunas veces luent » y e«tre 



ellas, trabando una gruesa escaxamuaa, cargaron nues- 
tra gente de manera , que matando al capiian León y 
veinte soldados , cuasi pusieron en rota el cuartal ; pe- 
ra retiráronse cargados sin daño } colgaron de la mu- 
ralla la cabeza del capitán y otras, y el Marqués partió 
á Gúéscar un dia por rehacerse de gente ;ToWieDde, 
tngo consigo pocos soldados. Mas don Juan partió de 
Granada con tres mil infantes y cuatrocientos caballos 
á juntarse con el Marqués ; vino á Guadix, qu» loa anti- 
guos llamaban Acci , pueblo en España grande y cabe- 
za de provincia, como agora lo ea : adoraban los mofa- 
dores al sol en forma de piedra redonda y negra; ana 
boy en dia se hallan por la tierra algunas dellas coa ra- 
yos en torno.Xa nobleza y gente de la ciudad han mu^ 
tenido el lugar, viéndose á menudo con los moros 7 
partiéndose dellos con ventaja. De Guadix vino de es- 
pacio á Baza, que llamaban los antiguos , como los mo- 
ros Basta, cabeza de una gran partida de la Andalu- 
cía , que del nombre de la ciudad decian Baatetania, ea 
que había muchas provincias (i) ; y de allí á Gúéscar, 

(t) Aquí termim en todat ¡at edMonet nüfuút él Htn titeen ii 
UokraáeMeñdne : ¡o fu ueMaá9 ketí» Ueemekuimíée él^flm 
pérrefoi %,• y 4.° éet Übro ii§túmUe , m» Uu fetta$ éé f m éá»km 
el primiti90 origintl; troto» recuperado» áetpiU»^ cerne eterna» 
Ucho en el prólogo de e»U tomo ; me» pare que»eveede qué meiurñ 
llenó el eendedofortelepm eetn» leguee», e ñed im e» é ee mtiam e eé ee 

lo encebezebe. Dice a»i : 

«Hemos llegado i an peligroso paso, donde don DicfD deja ta 
historia rota por desgracia , s\ no foé d^ fndastrla pan faiar 
boira eaa la eompanelon de) fU It pMteadlese eo«tiB•if.f•^ 
qa« ata qaien foere, k» aSadido «ofia de eetúU noobo aseaos I- 
na ; y aunque se hallarán cuando esto se escribe testifos ñfos 
y de Tista , por cuya relación se pudiera proseguir eamplidasente 
lo que falta, serA lo mas seguro hacer stanrio dente qitiehra, y 
aa siptoBMnlo» Imitando aatea ft Floro eos Uvio . fae.a Hirtie 
coa Cdaar ; pues no lo bastd ser taa doeto, tan carioso , testigo 
desús empresas, ycamarada (como dicen los soldados), para 
que no se vea muy clara la ventaja que hace el esttio de los co- 
mentarios al sagro. En el iroso que se eorta se cooiieae la segaada 
s^Uda del aeftor don lusa ea csnpafia 1^ el sitio peligroso y po^ 
flido de la Tilla de Galera, la expugnación de aquella plaza, la 
muerte de Luis QaUada desgraciada y lastimosa , el suceso de Se- 
rón y de Tijola: cosas todas de gran eoosecueneia y eonsMera- 
cioa si don Diego las eaerihlera, haeieado á saauMlo anatomía 
de los afectos de los ministros y de las obras de los aoldadoL 
Mas pues no se paede restaurar lo que se perdió (si algan dia ao 
se descubre) , contentémonos con saber que : 

•De Bata faé el seSor don Joan á Gaésear, daáqatfe salid d 
marqués de los Veles é eacoalrarie , y lomd aeorntaátadote eaa 
muestras de mucha cortesía y satisfacción , hasta ponerle i la 
puerta de la posada donde habia de alojar. De allí tomó licendi 
sin apearse , admiréndose loa presentes ; y son un trompeu at- 
lante y slneo é asis genttleshombres se retlrd (sin daieanras)! 
su casa , de donde no salid después ; porque, segaa se decía , ae 
se quiso acomodar i servir con cargo qde no faese supremo. 

•De Gdéscar taé don Juan á reconocer á Galera con Luis (Mada 
y d Comendador mayor : reeoaoclda , hteo venir el fl^ército, aÍF> 
Uóla por todas partes , y aloidt» ea el puesto de donde el lb^ 
qués se habia levantado. El sitio de aquella villa la bace muy 
fuerte , porque est4 en una eminencia ala padrastros , y estre- 
chindóse, va bajando hasta el rio, acabando ea puaU non la Sgaia 
de ana proa de galeca, de qna tova ol nombre^ dejando na lo alto 
la popa. BstAa las caaas airimadas é la montaaa » y esta ta su fo^ 
taleía y la raxoa por que puede eicasar la muralla ; porque sien- 
do casa-muro, la bala que pasa las casas sale y métese en la mon- 
taaa , y asi vten« i ser lo mismo bnUr sfaéUa tterra qan batir 
OD wmlfi. No se h«bia isin eaperimentado con la bainria del Mar- 
qués, porque no tenia sino cqatro lombardas antiguas del tiempo 
del rey don Femando (como se dijo atris) qncTcon balas de pie- 
dra blanda no lacian efect» ningún»; por lo cual biin eon Inan 
vnnir álgitaas piona grnnaat de bronen de»C«aif e«», laWaif I 
Cl«)KlfkdtllMaMa aoií gria «aiaUM da sacas de laaa, par- 



GÜEBAA DE 

doude el Marqués estaba con sa geate , la cual junta 
coD la de la ciudad y tierra, hicieron gran recebimiento 
y salva > mostrando muííba alegría con la venida de don 
JuiD. Solo el Marqués salió descontento 1 recebirie, 
por fer que babia de obedecer» siendo poco antes ob^ 
decido y temido. Mas don Juan le recebió con alegre y 
Uaodo acogimiento, y aunque sintió su disgusto, le 
saJadó y abrazó con mucha serenidad , diciéndole : 
a Marqués ilustre, vuestra fama con mucha ramn os 
engrandece , y atribuyo á buena suerte haberse ofreci- 
do ocasión de conoceros, listad cierto que mi autoridad 
DO acorUrá la vuestra , pues quiero que os entretengáis 
conmigo y que seáis obedecido de toda mi gente, ha- 
ciéndolo yoasimismo como hyo vuestro, acatando vues- 
tro valor y canas, y amparándome en todas ocasiones 
de vuestros consejos.» A estas ofertas respondió el Mar- 
qués por los términos eitraños que siempre usó , auur 
que medido con su grandeza , diciendo : « Yo soy el que 
mas ha deseado conocer de mi rey un tal hermano, y 
quien mas ganara de ser soldado de tan alto principe, 
mas si respondo á lo que siempre profesé , irme quiero 
á mi casa , pues no conviene á mi edad anciana haber 
destf cabo de escuadra. » Fué la respuesta muy nota- 
da , asi de sentenciosa y grave, cuanto aguda ; y asi, el 
Marqués fué breve ensu jomada , porque tardeónunca 
mudó de consejo. £ntró don Juan en consejo sobre lo 



qoe MUln ttem , y sobraba lana de los lataderos que tenian en 
cañe» los giBOvese» qM la compran pan llevar i lulia ; no p»- 
aicaáo toa tacas por costado aino de puta , por baeer maa aacba 
to tñocbes : laeedid coa lodo algaos ves penetrar una bala de es- 
copeta torqaesa la saca , y matar al soldado qne estaba detras, con 
sefondad á n parecer. Batióse Galera eon poco efecto , porqoe 
teoiefldola minUa delgada, no baeUs laa balas ruina , sino agu» 
ient, pasaado 4e claro ; los coalea servían después a los enemi- 
gos de troneras. Oídsele el asalto por dos partes, j faeron rebo- 
tados los Boestros con notable daño en la snperlor, por no se ha- 
ber heebo boena batería ; y en la jus baja , por la eminencia da 
los terrados, de donde los ofendían los moros coa gran ventaiSf 
ceoo también lo hicieron en algunas saUdas • qne costaron ma- 
cba sangre nuestra y snya ; y en una degollaron cnasl entera la 
eompsüia de catalanes qne traía don Jnan BuU. Con estos sucesos 
pareció qie no se podía ganar la plaza por batería » y comenaóse d- 
Bioar secre^amasite ; pero no se les pddo esconder á los enemi- 
gos la mina ; la eoal reconocieron , y la publicaban á voces de la 
Koralla ; visto esto, se ordenó qne se hiciese otra juntamente, 
fn coBMjo, segw dieen, del espitan loan Despnche, con intento 
<s hacer danoflneion qne se arremetía, moviéndose los escuadro- 
Bci basta ciertas sdkales qae estaban puestas, para que volando 
la primera, se engaflasen los moros, creyendo que era pasado el 
peligro, y saUesen á la defensa. Sucedió ni mas ni menos, y dió- 
ic fuego a la segoBda ; la «nal biso tanta obra • qae los voló baata 
la plasa do armia, aiff deiar bombre vivo de caantoa estaban a la 
Ircftte : aabieron los nuestros con (rebajo , pero sin peligro , y 
pUataron las banderas en lo mas alto, que fué la ocasión de des- 
coBlarios del todo» y de rendirse sin resistencia : degolláronlos» 
tiD eifiepdoa do sexo ni edad , por espacio de dos boras. Cansó- 
se el seaor don Jnan» y mandó envainar la furia de los soldados 
7 que cesase la sangre. Murieron sobre esta fuerta veinte y cuatro 
capitanes: cosa no vista basta entonces » después dicen los de 
nándes qoo. c4Mapnron al mismo preolo las viUaa de Hariea y 
Mastricb, eon qae se eoaarma la opinión de los antiguos, que 
llaman a nmestra nación pródiga de la vida y anticipadora de la 
■aeite. 

•De 6a)en eaaiaó ej campo á Canfles la vuelta de Serón. Pasó 
Uis Qniiada con la vanguardia a reconocerle , y bailándole de^ 
amparado, porqoe la gtnte se sobló 4 la montafta , se desmanda- 
Toa algvnos de los nuestros, y entraron sin orden a saquear la 
tlem ;los moros lostleron, y bajaron de lo alto, dieron sobre 
elies, y paaldroalea «ea balda, timándolos de sobresalto ocopa- 
dae en el smo. liego Xnls Miada d reeofferioa, y tmpaHAdo- 
lesyamiaBdaloaeaeaenadroai faé batido deide arriba» de aa 



GRANADA. Hl 

de Galera , y después de haberla reconocido , se deter- 
minó (¡te ir sobre ella y ponerle cerco. • 

LIBRO CUARTO. 

Luego que don Juan salió de Granada, fué á posar el 
Duque ea casa del Presidente , conforme á la ónien que 
tenia de don Juan. ComenziSsie ¿ entender en la provi- 
sión de vitualla ea Guadiz , Baia y Cartagena, lugares 
de Andalucía y la comarca , para proveer el campo de 
donjuán, y en Granada y su tierra el del Duque ; pero 
de espacio y con alguna confusión , por la poca. plática 
y desérdenes de comisarios y tenedores , inclinados to- 
dos á hacer gacancias y eitorsiones con el Bey y parti- 
culares; y aunque Francisco Gutiérrez fué parte para 
atajar la corrupción, no lo era él ni otro para remedia- 
Ua del todo. Salió el Duque de Granada é 2i.de hebrero 
de 1570, quedando por cabeaa y gobierno de paz y 
guerra el Presidente ; y por ser eclesüstico , quedó don 
Gabriel de Córdoba para el áñ guerra y Secutar lo que 
el Presidente mandaise , que daba el nombre ; y hacia el 
oficio de general un consejo , formado de tres oidores, 
auditor general Francisco Gutierres de Cuéllar, el cor- 
regidor de Granada ; quedaron Ala guarda de la ciu- 
dad cuatro mil infantes : hacíase con la misma diligen- 
cia con el Albaicin despoblado, Güéjar en presidio nues- 



arcabnzazo en el hombro, de qne morid en pocos dias. Era hijo de 
Gutierre Quijada, seflor de Villa Garda, fimoso justador al mo- 
do castellano antlgno ; alnrió al Emperador de paje, subiendo por 
todos los grados de la casa de Borgofia baata ser su auyordomo, 
y coronel de la infantería espaQola que ganó i Teruana, plaza 
muy nombrada en Picardía ; y solo este caballero escogió, coan- 
do áe}6 sas reinos, para qne le sirviese y acorapafiase en el mo- 
nasterio de Yusle, asciendo el olido de mayordomo mayor de 
pequefia caaa y de gran principe. Dejóle encargado secretamente 
a don Jnan de Austria, su hijo natural ; crióle sin decirle que lo 
era , hasta el tiempo en que quiso el Rey su hermano qne le des- 
cubriese , siendo entonces ¿ais Quijada caballerlso mayor del 
principe don Cdilos, r después del consejo de Estado, y presiden- 
te de las Indias. La desgracia subió de punto por no dejar hijos. 
Sintió y lloró su muerte el seflor don Juan , como de persona que 
le babia criado y a quien tanto debia. Detúvose en aquel aloja- 
miento alannoa diaa eon mnebaa neceaidadea : los moroa se reco- 
gieron en Tíjola y Purebena , y representáronse ep este tiempo a 
nuestro campo tres ó cuatro veces con cuatro mil peones y cua- 
renta d cincuenta caballos , extendiendo las mangas hasta tiro de 
eseopeta de lof nnnatros. ONendse qne, so pena de la vida, oingn- 
no trabase escaramuza con ellos ; y asr, tornaron sieoapre sin ha- 
cer ni recebir daOo; y el campo se movió para ir sobre T^ola, y 
ellos se retiraron a Purebena , dejando a Tfjola bien guarnecida 
de gente y monieionadte. Sitióse a la redonda ; mas la tierra es' 
tan áspera, qne bnb<f fraa dífienltad en soblr la artUleria donde 
pudiese hacer efecto : en fin , se subió con grande industria , y se 
les quitaron las defensas con ella ; habíase de batir más de pro- 
pósito el dia siguiente, pero los moros no lo esperaron , y salié- 
lonao a las d|ea de aqneUa nocbe por diversas partes, habiendo 
bnrtado el nombre al cjórcito (eosa muy rara); y dándole todos d 
las primeras postas a un mismo tiempo, rompieron por los cuer- 
pos de guardia y salieron d la cámpafia. Perdiéronse tantos en 
esta salida, que los menos se salvaron. Por la maftana se siguió 
el alcanee a los desmandadaia basta Purebena , que se rindió sin 
resistencia, porque ia gente estaba ja fuera, y no babia sino mu- 
jeres, pocos hombres y alguna ropa. Algunos de los nuestros 
quedaron dentro, los mas pasaron, siguiendo á tos enemigos has- 
ta el rio da lacael. Don Jaan paad do Tyola i Porohena , y guar- 
necióla : de alU fué, di^jando presidios en Cantoria, Tavernas, 
'Freiiliana y Almería , y llegó 4 Andarax , donde se juntaron el 
duque de Sesa y el Comendador miyor. Venia el Dnqqe de hacer 
sn jomada , qaé eonearrid eon la misma de Galera qne se ha re- 
focIdA ta qsln amarao ; tomando é atar ai bllo de la bisiaria de 
don biego en ei libro siguiente.* 



jl2 DONDIEGO 

tro, guardada la Vega con las mismas centinelas, las 
postas, los cuerpos de guarda, los presidios en Cenes 
y Pínillos , que cuando la Vega estaba sospechosa , el 
Albaicin lleno de enemigos, Güéjar en su poder; y duró 
esta costa y recato hasta la vuelta de don Juan , ó fuese 
por olvido , ó por otras causas el guardar contra los de 
dentro y los de fuera. ¡ Qué cosa para los curiosos que 
vieron al seiioT Antonio de Leiva teniendo sobre si el 
campo de la liga , cuarenta mil infantes , nueve mil ca- 
ballos y la ciudad enemiga; él, con solos siete mil in- 
fantes enfreoalia , resistir los enemigos, sitiar el casti- 
llo y al tín tomallo , echar y seguir los enemigos, fuer- 
tes, armados, unidos , la flor de Italia, soldados y ca^H- 
tanes I Vino al Padul (i) el mismo dia que saliade Grana- 
da, donde en Acequia se detuvo muchos dias esperando 
gente y vituallas, y haciendo reducto en Acequia y las 
Albunueias para asegurarse las espaldas y asegurar ¿ 
Granada en un caso contrario ó ñiría de enemigos, y el 
paso á las escoltas que partiesen de la ciudad á su cam- 
po; otro fuerte en las Cuajaras para asegurar aqiiella 
tierra y los peñones, donde otra vez los echó el mar- 
qués de Mondéjar; y por daV tiempo á don Juan para 
que juntos entrasen en el rio de Almanzora y Alpujar- 
ra. Allí le fué ¿ visitar el Presidente y dar priesa á su sa- 
lida ; tomó el camino de órgiba con ocho mil infantes y 
trescientos y cincuenta caballos. Iban con él muchos 
caballeros de la Andalucía , muchos de Granada , parte 
con cargos, y parte por voluntad. Llegó sin que los 
enemigos le diesen estorbo , aunque se mostraron po- 
Goa y desordena()os , al paso de Lanjaron y de Cañar. 

Mientras el Duque se ocupaba en esto, saUó don Juan 
de Austria de Baza con su campo para Galera , adonde 
puso su cerco, enviando á reconocella; y considerando 
primero el daño que de un castillo que estaba en la 
parte alta les podia. venir, se trató de minalla; y ha- 
biendo hecho algunas minas, les pusieron fuego, con 
que cayó un gran pedazo del muro con muerte de al- 
gunos de los moros cercados. Algunos soldados de los 
nuestros, de áúimos alborotados, arremetieron luego 
por medio del humo y confusión , sin aguardar tiempo 
ni orden conveniente, á los cuales siguieron otros mu- 
chos y al fin gran parte del ejército, procurando em- 
bestir ia fortaleza por el destrozo que las minas habían 
hecho , todo sin hacer efecto ^ por estar un peñón de- 
lante. Los enemigos oslaban puestos en arma y hacien- 
do á su salvo mucho daño en losxristianos con muchas 
rociadas de arcabuces y flechas, sin ser necesaria la 
puntería, porque no echaban arma que diese en vacio, 
sin que esto fuese parte para hacer retirar los ánimos 
obstinados de los jsoldados, ni ninguna prevención ni 
diligencia de oficiales y capitanes; tanto , que necesitó 
á don Juan de Austria á ponerse con su persona al re- 
medio del daño , y no con poco peligro de la vida ; por- 
que andando con suma diligencia y valor persuadiendo 
á los soldados que se retirasen, sin olvidarse de las ar- 
mas, fué herido en el peto con un balazo, que aunque 
no hizo daño en su persona , escandalizó mucho á todo 
el campo , particularmente á su ayo Luis Quijada , que 
nunca le desamparaba , cuyas persuasiones obligaron á 
don Juan ¿ retirarse, por el inconveniente que se sigue 
en un ejérbito del peligro de su general. Mas ordenó al 
capitán don Pedro de Ríos y Sotomayor que con diii- 
( 1) £1 MS. tIUd« oportoaiimente el Dugne, 



DE MENDOZA. 

gencia hiciese retirar la gente porque no se recibiese 
mas daño ; el cual entró por medio de los nuestros con 
una espada y rodela , á tiempo que se conocía alguna 
mejoría de nuestra parte, diciendo: a Afuera, solda- 
dos, retirarse afuera; que así lo manda nuestro prínci- 
pe. » Había ya cesado algún tanto el alarido y voces, de 
suerte que se oían claro las cajas á recoger, y todo junto 
fué parte para que tuviese fin este asalto tan inadverti- 
do. Aquí se mostró buen caballero don Gaspar de S.¡- 
mano y Quiñones, porque habiendo con grande »- 
fuerzo y valentía subido de ios primeros en el luq^r 
roas alto d3i muro y sustentado con la mano el cuerpo 
para hacer un salto dentro, le fueron cortados los de- 
dos por un turco que se halló cerca dél : sin que esto 
le perturbase nada de su valor , eclió la otra mano y 
porfió á salir con su intento y saltar del muro adentro; 
mas no dándole lugar los enemügos, le fué resistido de 
manera , que dieron con él del mtu'o abajo. No fué parte 
este daño para que á los nuestros les faltase voluntad 
de continuarle segunda* vez otro dia, y así lo pidieron á 
don Juan; el bual, pareciéndole no ser bien poner su 
gente en mas riesgo con tan poco fruto , y tratádose en 
consejo, mandó que hiciesen un par de minas para que 
en este tiempo se entretuviesen y descansasen los sol- 
dados. Los enemigos, considerando su peligro cerca- 
no y la tardanza de socorro, despacharon á Abenabó 
pidiéndole favor, á lo cual Abenabó cumplió con sohs 
esperanzas, porque la diligencia del Duque eo ¡o del 
Alpujarra le traía sobre aviso, temeroso y puesto ea 
arma. Acabadas las minas , mandó don Juan que se e&r 
cendiesen la una una hora antes que la otra. Rizóse , y 
la primera rompió catorce brazas de muralla, aunque 
con poco daño de los cercados , por estar prevenidos en 
el hecho; y así, seguros de mas ofensa, se opusieron á 
la defensa de lo que estaba abierto , unos trayendo tier- 
ra , madera y fagina para remediarlo , y otros procuran- 
do ofender con mucha priesa de tiros continuos; y es- 
tando eq esto sucedió luego la otra mina , que derri- 
bando todo lo de aquella parte , hizo gran estrago en 
los enemigos, y tras esto, cargando la artillería de 
nuestra parte , se comenzó el asalto muy riguroso ; por- 
que no teniendo los morosidefensa que los encubriese y 
amparase, eran forzados á dejar el muro con pérdida 
de muchas vidas; adonde se mostró buen caballero por 
su persona don Sancho de Avellaneda , herido del dia 
antes , haciendo muchas muestras de gran valor en* 
tre los enemigos, basta que de un fleclmzo y una bak 
todo junto murió. Siguióse la victoria por nuestra parte 
hasta que del todo se rindió Galera, sin dejar en ella 
cosa qoe la contrastase que todo no lo pasasen á cuchi- 
llo. Repartióse el despojo'y presa que. en ella había, 
y púsose el lugar á fuego , así por no dejar nidapara 
rebelados , como porque de los cuerpos muertos no re- 
sultase algima corrupción ; lo cual todo acabado, ordenó 
don Juan que el ejército marchase para Baza, adonde 
fué recebido con mucho regocijo. 

Hallábase Abenabó en Andaraz, resoluto de dejar al 
Duque el paso de la Alpujarra, combatille los aloja- 
mientos , atajarle las escoltas , cierto que la gente can- 
sada , hambrienta , sin gaoancia , le dejaría. Este dicen 
que fué parecer de los turcos , ó que le tuviesen por noas 
seguro , ó <iue Jiubiesen comenzado á tratar con don 
Juaddesu tornada á Berbería, como lo hicieron, y no 



GUERRA DE 

quisiesen despertar ocasiones con que se rompiese el 
tratado. Pero á quien considera la manera que en esta 
guerra se tuvo de proceder por su parle desde el prin- 
cipio hasta el fin, pareceránie hombres que procuraban 
detenerse y sin bacer jomada , por falta de cabezas y* 
geote diestNiy ó con esperanza de ser socorridos para 
coQsenrarse en la tierra , ó de armada para irse ¿ Ber* 
kría con sus mujeres , hijos y haciendas; y asi , tenien- 
do muchas ocasiones, las dejaron perder como irreso- 
lutos 7 poco pláticos. Partió de Órgiba el Duque , des- 
pués de haberse detenido en fortificarla y esperar la 
entrada de don Juan treinta días , la vuelta de Poquei- 
n; mas Abenabó, teniendo aviso que el Duque partía, 
y que de Granada pasara una gruesa escolta al cargo 
del capitán Andrés de Mesa, con cuatrocientos 89ldar 
dos de guarda y algunos caballos, púsose delante en 
el camino que va á Jubiles, por donde el Duque habia 
de pasar, haciendo muestra de mucha gente y tener 
ocupadas las cumbres ; trabó una gruesa escaramuza 
con la arcabucería del Duque , haciendo espaldas con 
cuasi seis mil hombres en cuatro batallas. Reforzó el 
Duque la escaramuza apartando los enemigos con la 
artilieria, y tomó el camino de Poqueira por el rodeo. 
Los enemigos, creyendo que el Duque les tomaba las 
espaldas, desampararon el sitio ; mas en el tiempo que 
duró la escaramuza acometieron ¿ la escolta de Andírés 
de Mesa, en la cuesta de Lanjaron , Dali , capitán tur- 
co, V el Macox, con mil hombres, y rompiéronla sin ma- 
tar 6 captivar mas de quince ; solo se ocuparon en der- 
ramar vituallas, matar bagajes, escoger y llevar otros 
cargados; pelearon al principio, pero poco ; mataron 
el caballo á don Pedro de Velasco, que aquel día fué 
bueo caballero y salvóse á las ancas de otro. Enviá- 
bale el Rey á dar priesa en la salida del Duque y llevar 
relación ád campo y mandar lo que se liabia de hacer. 
Súpose de un moro á quien captivaron tres soldados 
que solos siguieron el campo de Abenabó, como su in- 
tento solo habia sido entretener al Duque; pero él, 
luego que entendió el caso de Andrés de Mesa , mas por 
sospecbas oue por aviso , envió caballería que le hiciese 
espaldas, y llegaron á tiempo que hicieron provecho 
en salvar la gente ya rota y parte de la escolta. Hecho 
e^i se siguió el camino de los aljibes, entre Ferreira 
7 río de Cádiaf , por el de Jubiles , y aquella noche tar- 
óle hizo alojamiento en ellos. Tenia la guardia Joaibi 
con quinientos arcabuceros, que viendo alojar los nues- 
tros tarde y con caos^dtio, y por esto con alguna des- 
orden, dio en el campo , y túvole en arma gran parte 
déla noche, llegando hacia el cuerpo de guardia y ma- 
tando alguna gente desmandada ; pero fue resistido, sin 
seguiilo por no dar ocasión á la gente que se desorde- 
nase de noche. Dicen que si los enemigos aquella no- 
che cargaran, que se corría peligro, porque la confu- 
sión fué grande , y la palabra entro la gente común, 
^es, que mostraba miedo; mas valió el ánimo y la re- 
solución de la gente particular y la provisión del Du- 
^t enderezada ¿ d¿hacer los enemigos sin aventu- 
w un dia de jomada, en quo parecían conformarse 
Abenabó y él, porque cada uno pensaba deshacer al 
otro y rompellc con el tiempo y falta de vitualla , y sa- 
heroQ ambos con su pretensión. Envió Abenabó á reti- 
»r i Joaibi , siguiendo el parecer de tos turcos , y des- 
pués por bando público mandó qde sin orden suya no 
H-i 



GRANADA. 143 

se escaramuzase ni desasosegasen nuestro campo. Vino 
el Duque á Jubiles por el camino de Ferreira, adonde 
lialló el castillo desamparado; y comenzado á reparar, 
envió ¿ don Luis de Córdoba y á don Luis de Cardona 
con cada mil infantes y ciento y cincuenta caballos que 
corriesen la tierra á una*y otra parte; pero no hallaron 
sino algunas mujeres y niños ; y llegó á Ujíjar sin dejar 
los moros de mostrarse á la retaguardia, y de allí sin 
estorbo á Valor , donde se alojaron. ' 

Salió don Juan de Baza la vuelta de Serón con intento 
de combatilla, y llegando con su campo á vista de Ca- 
niles, recibió cartas del Duque pidiéndole con grande 
instancia la brevedad de su venida , proponiéndole ser 
toda la importancia para que hubiese fin la guerra del 
Alpujarra, dando por último remedio que se juntasen 
los dos campos y cogiesen en medio á Abenabó. Pare- 
ciéndole á don Juan este buen medio,y sin raasdetenerse, 
caminó la vuelta del campo del Duque, y marchando el 
suyo, llegaron avista de Serón, donde algunos pocos 
soldados desmandados, viendo los moros tan puestos en 
defensa, no lo pudiendo sufrir, se movieron á quererlos 
combatir, contra el presupuesto de don Juan, diciendo 
en alta voz : aNuestro príncipe piensa vanamente si pre- 
tende pasar de aquí sin castigar esta desvergüenza; » y 
diciendo : «Cierra, cierra, Santiago, y á ellos,» los si- 
guieron otros muchos , incitados de su ejemplo, y tras 
ellos toda la demás gente, sin que valiese ninguna resis- 
tencia; y sin mas autoridad ni orden embistieron el lugar 
con tan grande ímpetu, que aunque salieron los moros 
de Tíjola, no fué parte para que dejasen de allanar el lu*- 
gar del primer asalto, y le metiesen á sacomano ; aunque 
no les saUó á algunos tan barata esta jornada, la cual 
lo poco que duró fué bien reñida, y adonde entre otros 
fué herido Luis Quijada de un peligroso balazo que le 
quitó la vida con grande sentimiento de don Juan , con- 
forme al mucho amor que le tenia. No tuvo aun casi lo- 
gar don Juan de atender á este sentimiento, provocado 
de mil morosque se metieron en Serón, y le dieron oca- 
sión de mas batalla; y no la rehusando, volvió sobre 
ellos con deseo de acabar esta ocasión por acudir á las 
cosas del Alpujarra, lo cual hizo después de algunas di- 
ficultades livianas con un asalto que fué el remate 
desta victoria. Este dia se señaló don Lope de AQuña, 
mostrando bien el gran ser de que siempro estuvo aconn 
panado en muchas ocasiones. 

Abenabó, visto que el duque de Sesa estaba en el co- 
razón de la Alpujarra, repartió su campo y la gente de 
vecinos que traía' consigo; puso i)chocientos hombres 
entre el duque y Órgiba, para estorbar tos escoltas de 
Granada ; envió mil con Mojajar á k sierra de Gador, y 
á lo de Andaraz , Adra y tierra de Almería; seiscien- 
tos con Carral á la sierra de Bentomiz, de donde habia 
salido don Antonio de Luna^ dejando proveído el fuerte 
de Competa *pftra correr tierra de Vélez ; envió partode 
su gente á la SierrarNevada y el Puntal, que corriesen 
lo de Granada ; quedó él con cuatro mil arcabuceros y 
ballesteros, y destos traía los dos mil sobre el campo 
del Duque, que con la pérdida de la escolta estaba en 
necesidad de mantenimientos, pero entretúvose con 
fruta seca, pescado y aceite, y algún refresco que Pedro 
Verdugo le enviaba de Málaga, hasta^ue viendo por to- 
das partes ocupados los pasos, mandó al marqués de la 
Favara que con nul hombres y cien caballos y gran 

8 



ii4 DON DIEGO 

Dúnipro de bagojes atravesóse el puerto de laRavaha, 
y cArgase de vitualla en la Calahorra (porque fuese dos 
veces nombrada con hambre y hierro en daño nuestro), 
adonde habia hecha previsión , y tan poco camino, que 
en un día se podía ir y venir. Dicen que el Marqués re- 
husó la gente que se le daba, pbr ser la que vino de Se- 
vijla , pero no la jomada ; y siendo asegurado que fuese 
cual convenia , partió antes de amanecer <:on las com- 
pañías de Sevilla y sesenta caballos de retaguardia, y 
61 con trescientos infantes y cuarenta caballos de van- 
guardia, los embarazos de bagajes y bagajeros , enfer- 
mos, esclavos en medio, la escolta guarnecida de una y 
otra parte con arcabucería. Mas porque parece que en 
la gente de SeviNa se pone mácula, siendo de las mas 
calificadas ciudades que hay en el mundo ,' hase de en-> 
tender que en ella, como en todas las otras, se juntan 
tres sueMes de personas : unas naturales , y estos cuasi 
así la nobleza como el pueblo son discretos, animosac;, 
ricos, atienden á vivir con sus haciendas ó de sus manos; 
pocos salen á buscar su vida fuera , por estar en casa 
bien acomodados; hay también extranjeros , á quien el 
trato de las Indias, la grandeza de la ciudad, la ocasión 
de ganancia , ha hecho naturales, bien ocupados en sus 
negocios^ sin salir á otros ; mas los hombres forasteros 
que de otros partes se juntan al nombre de las armadas, 
al concurso de las riquezas; gente ociosa , corrítiera» 
pendenciera, tahure, hacen de las mujeres públicas 
ganancia particular, movida por el tramo do las vian- 
das ; éstos , como se mueven por el dinero que se da de 
mano á mano, por el sonido de las cajas, listas de 
hs banderas, asi fácilmente las desamparan con el 
temor delhis en cualquier necesidad apretada, y á veces 
por voluntad : tal era la gente que salió en guardia de 
aquella escolta. El Marqués, sin noticia de los enemigos 
ni de la tierra, ^n ocupar lugares ventajosos, y confiado 
que la retaguardia haría lo mismo, óomo quien llevaba 
en el ánimo la necesidad en que dejaba el campo, y oo 
que la diligencia fuera de tiempo es por la mayor parte 
dañosa, comenzó á caminar aprisa con la vanguardia; 
'pero aun los últimos que aun sin impedimento suelen 
de suyo detenerse y hacer cola, porque el delantero no 
espera , y estorba á los que le siguen , y el postrero es 
estorbado y espera , abrieron mucho espacio entre si, 
y la escolta hizo lo mismo entre sí y la vanguardia. Mas 
Abeoabó, incierto por dónde caminaría tanto número 
de gente, mandó al alcaide Alarabi > á cuyo cargo es- 
taba la tierra del Cénete, que siguiese con quinientos 
hombres (Cénete liaaian aquella provincia, ó por ser 
áspera ó por haber sido poblada de los Cenotes, uno de 
cinco linajes alárabes que conquistaron á África y pa- 
saron en España, qué es lo mas cierto). Partió el Ala- 
rabi su gente en tres partes : él con cien hombres quiso 
dar en la escolta; al Piceni de Guójar, con doscientos, 
ordenó que acometiese la retaguardia pdt la frente, y 
al Marteí del Cénete, con otros doscientos, la rezaga de 
la vanguardia, entrando entre la escolta y ella, al tiem- 
po que él diese en hi escolta, y en caso que no le viesen 
cargar con toda la gente, que estuviesen quedos ^r em- 
boscados, dejándola pasar. Los nuestros, parándose 
á robar pocas vacas y mujeres, que por ventura los 
enemigos habían soltado para dividirlos y desordenar- 
los, ñieron^cometidos del Alarabi con sohos cuatro ar- 
cabuceros por la esooUa, cergadoe de otros treinta que 



DE MENDOZA. 

les bacian espaldas, y puenos en confuciion; tras e^lo 
cargó el resto de la gente del Alarabi, que rompió M 
todo la escolta, sin hacer resistencia los que ¡Un á la 
defensa. Dio el Piceni en la caballería, que era de reüt- 
'guardia, la cual rompió, y ella la infantería; lo mismo 
hizo Martel con los últimos de la vanguar4ja del Mar- 
qués al arroyo de Vayárzal; lo uno y lo olro tan ca- 
llando, que no se sintió voí ni palabra. Iba el Piceoi 
ejecutando la retaguardia de manera, que parecía á los 
nuestros que lo vian ir ejecutando al Marlel. Siguierua 
este alcance sin volver la caballería ni rehacerse la ío- 
fenteria basta cerca de k Calahorra, todos á una, ma- 
tando el Alarabi enfermos y bagajeros, y desviando ba- 
gajes; Hegó el arma, con el silencio y niiedo de los Qoes^ 
tresnal Marqués tan tarde, que no pudo remediar eiia- 
conveniente , aunque con veinte caballos y algunos ar- 
cabuceros procuró llegar; murieron muchos enfermos 
que iban en la escolta, muchos de los moros y bagaje- 
ros, entre estos y soldados cuasi mil personas ; quitaroa 
setenta moriscas captivas , y lleváronse mas de tres- 
cientas besUas sin las que mataron ; capti varón quince 
hombres, no perdieron uno : aconteció esta degrada 
en 46 de abril (1570). Llevó el Marqués las sobras déla 
gente rota y lo demás de lo que pudo salvar á la Calahor- 
ra, y reformándose de gente en Guadix, salió adonde es- 
taba don Juan. Los enefbigos, habiendo puesto la presa 
en cobro , quedaren seis dias en el paso y por la sierra. 
Mas el Duque, entendiendo la desgracia y el poco 
aparejo de proveerse por la parte de Guadií, fiando 
poco de la g^nte , quiso acercarse mas ala nnar por ha- 
ber vitualla de Málaga ; y por ser el abril eDlrado,idtf 
el gasto á los panes, quitar á ios enemigos el paso pan 
Berbería, vino á Berja ya después de haber talado la 
cogida en el Alpujarra ; y hizo lo mismo en el campo 
de Dalias, donde tenían las esperanzas de cebada y gra- 
no. Al alojar en Berja hubo una pequeña escaramuza, 
en que murieron de los nuesü*os algunos ; de los moros, 
ségun dios, cuarenta. Mas la hambre y poca ganancia, 
y el trabajo de la guerra, y la costumbre de senrirása 
voluntad, y no á la de quien los manda , pudo con los 
soldados Unto , que sin respeto de que hubiesen silo 
bien tratados de palabra y ayudados de obra, con di- 
nero, con vitualla , quitando lo uno y lo otro á la geale 
de su casa, y á veces á su persona, se desranchaban, 
como babian hecho con el marqués de Véiei; pero 
acosáumbrado' á ver y sufrir semejantes vueltiES en Itf 
soldados, vino de Berja á Adra, donde tuvo masn- 
tualia, aunque no mas sosiego con la gente :parecia- 
les desacato culparle , y volvíanse contra don iuaa 
de Mendoza, y dedan palabras sin causa; acrimioá- 
banle la muerte de un soldado de quien hizo justicia 
como juez, por que debía ser loado; amenaiabao, pro- 
testaban de no quedar á su gobierno; excusábanse de 
don Juan , que ya andaba entre ellos recatado ; no d^>- 
han de poner boletines ( llaman ^llos bolatioes las cé- 
dulas que de noche esparcen con las quedas contra sos 
cabezas cuando andan en celo para amotinarse, enqu^ 
declaran su ánimo, y mueven los no determinados coo 
quejas y causas de sus cabezas); saliéronse de Adra trefi- 
dentos arcabuceros, ó fuese , según ellos publicabao, 
haciendo escolta á un correo ; y dando en losenemig^ 
fueren los doscientos y treinta muertos por el alcaide 
Alabari y el M^jajári y captivos setfaU : no se supo 



GUERRA DE 

mas ñe loque tos moros refíeren, y que eotendioBdo de 
QDO de Jos captivos como auestro campo había desalo- 
jado de Ujíjar coa pérdida y desorden , y dejado muni- 
dooes escoodidas, sacaron de un aljibe cantidad de 
plomo, municiones y embarazos. En el mismo tiempo 
flialaroD los moros que Abenabó «nviaba la vuelta de 
SeotomiZy gente de sus casas que iban á Saiobreñar , y 
entre ellos OMN^aderes italianos y españoles^ tomando- 
ks el dinero ; y los qae enwó bácia Granada captivaron 
peleando con muciías heridas á don Diego Osorio , que 
venia de con despachos del Rey para don Juan y el Du- 
que, en que se trataba la resolución de la guerra, y 
concierto que 86 había platicado con ios moros y tur- 
cos por mano del Habaqui ; matáronle veinte arcabu- 
ceros de escolta, y él tuvo manera como soltarse; y 
aunque herido^ vino sin las cartas á Adra. 

Ya don Juan trataba con calor la reducción de los 
moros y la ida de los turcos á Berbería ; mas algunos 
délos ministros, é qne les pareeiese hacer su parte y 
prevenir las gracias á don Juan , é que mas fácilmente 
se podía acabar cnanto por mas partes se tratase con 
ellos, metiéronaeá platicar de conciertas (dicen que 
algunos sobresanadamefite)^y dcyaban (i) de condenar 
la manera del Irato qtie dea Juan traán, hc4gandoque se 
poblicasen por concedidBS Iqs condicioaes que lOs ene- 
migos pediaa, aunque exorbitantes. Por otra parte, en 
Granack^enantó á la'guerra se procedía con toda segu- 
ridad en el gobierno del Presidente ; pero cuanto á la 
paz , coa ttecDcia en el tratamiento que se hacia á los 
moriscas reducidos y que veaiaa á reducirae, y po- 
nieodoalgiiDOsimpedkBeatos, y mostrando celosde don 
Alonso Veoegis, enviaben moriscos á toda Castilla : sa- 
caban JosmioBtroa mochos para galeras ; denostaban 
i los que se iban á rendir, y por livianas causas loe da^ 
ban per captivos , sn ropa perdida; trataban del cd- 
cierro como perjodicial; ayudábanse por vias indirec- 
tas del cabüdo 4» la ciudad, que estaba oprimido y su- 
jeto ¿ la voluntad de pocos, todo ea ocasiea de^storbo; 
' 00 dando cuenta particubir á don Juan para que él la 
diese al Rey, hacieadocabesa de sí mismos ; escribien- 
do primero por sn parta con palabras sobresanadas, 
tocaban á veces en su autoridad, ó fuese (según el 
pueblo) para que las armas no les saHésea de las manos, 
^ambiciones de su opinión, per ezcluir to^ manera 
de medios que no fiíese sangre, ofendidos que pasase 
ligo sin darles cuenta particular. Los efectos manifies- 
tos daban licencia para que fuesen juzgados diversa- 
moite, y todos en daño del negodo ; y aun añadían que 
estando el Rey eatüérdoba, no Jáltaba atrevimiento 
para escribir trocadamente y hacer negociación del 
estorbo, sospechando él alguna cosa : atrenroiento que 
suele acontecer á los que andan por las Indias, con los 
que desda Espafia los gobiernan; por donde hay mas 
que maravillar de la (j^shnulacHHi que los reyes tienen 
toando nguen sos pretensiones, que pasan por los es- 
torbos sin dar á entender que sonjofendidos. 

Tenía el Duque avisos, ansí por espfas como por car- 
tas tomadas, que los turcos se armaban para socorrer 
á Abenabé por la parte de GastSI de Ferro, aunque pe- 
queño, á propósito para desembarcar gente, y por el 
aparejo de la Rambla jnaCárse seguramente con los 
enemigos. Parecíale qne si estose haoiay-éashadéo- 
(I) ir» a^iN», aeiiB el MS. 



GRANADA. 415 

dose por lioi as de su gente , podía ser ofendido , ó á lo 
menos encerrado, con poca reputación nuestra y mu- 
clia dellos. Acordó combatir aquella plaza, y los enemi- 
gos si viniesen á socorrerla, y trujo por mar de Alme- 
rio piezas de batir; púsose sobre ella, repartió los cuar- 
teles, vinieron las galeras en ayuda y para impedir el 
socorrrode Argel; encomendó la batería al marqués 
delaFavura, que puso diligencia en asentarla. Llegó- 
se y combatió por mar con las galeras, y por tierra con 
tanta priesa, que abrió portillo para batalla. MnriBron 
dentro algunos con la artillería , y entre lo^ principales 
Leandro , á cuyo cargo estaba el castillo, sin otro daño 
nuestro mas del poco que sus piezas hicieron en una 
galera. Los soldados turcos y moros que estaban á la 
defensa, que eran cincuenta y dos, desconGados del so- ! 
cerro de Beri)ería, sus armas en las manos f una mu-, 
jer consigo, salieron pur la batería y nuestras centine- 
las , con la oscuridad de la noclie y confusión de.la ar- 
ma, guiáadolosMevaebai, su capitán, que dos dias antes 
había entrada Es fama que de los nuestros procedió^ 
que delíos murieron doce , pero ao se vieron en nues- 
tro campo, y refieren los moros que todos llegaron al 
de Abenabó, algunos delios heridos. Desamparado Cas- 
til de Ferro, envió por la mañana á don Juan de Men- 
doza y al marqués de la Favara y otros que se apode- 
rasen del. Hallaron dentro algunos viejos y berberíes 
y turcos mercaderes, hasta veinte hombres, y ^lez y 
siete mujeres de moriscos que las tenían para embar- 
car; alguna ropa, veinte quintiles de bizcocho y la 
artillería que antes estaba en el castillo, poca y ruin. 
Entendióse por uno destos moros que estándole ba-t 
tiendo, llegaron catorce galeras de turcos con socorro, 
y se tornaron oyendo el ruido de la artillería. Sonó la 
toma de Costil de Ferro , tanto por el aparejo y la im- 
portancia del sitio, por haber sido perdido y recupe- 
rado , per ser en ocasión que los enemigos venían á 
darle socorro , cuanto por la calidad del hecho. 

Eoel mismo tiempo envió don Juan á dos Antonio 
de Luna con mil y quinientos infantes de la tierra, las 
compañías del duque de Besa y Alcalá, y k caballería 
de los duques de Medina Sidonia y Arcos, para que ase- 
gurase la tierra de Vélez Málaga centra los que en Frer 
xiliana se habían recogido. Satió de Antisquera con esta 
gente , mas con poco trabajo , escaramuzando á veces, 
unas con ventaja suya , otras de los moros, comenzó 
un fuerte en Competa, legua y media de Frexiliana; lu- 
gar que lué donde antiguamente se juntaban de la co- 
marca en una feria, y por esto le llamaban los roma- 
nos Compito; agora piedras y cimieotos viejos, como 
quedaron muchos en el reino de Granada : otro hizo en 
el Sallar; y con haber epvíado mil hombres ó correr el 
rio de Chillar, y tornado con poca presa y pérdida igual, 
dejando en los fuertes cada dos compañías, volvió la 
geule á Aatefuora , y él ó su casa con licencia. Reco- 
gióse el Duque con su campo en Adra, esperando en 
qué peraria hi plátioa que se traia con el Rabaqui , 
donde fué proveido de Málaga por Pedro Verdugo 
bastantemente y con algún regalo. Pasaban seguras 
las escoltas de su campo al de don Juan; pero los sol- 
dados , gente libre y disdluta , á quien por entonces la 
&lta de pagas y vitualla había dado mas licencia y 
quitado á los ministros el aparejo de castigarlos , estas 

itealanüeata en la abundancia que 



4^6 



DON DIEGO 



en la hambre; huían cómo ^ por donde y siempre 
qun pcdiao : de tantas compañías quedaron solos mil y 
quinientos hombres, los mas dellos particulares y ca- 
balleros, que seguían al Duque por amistad ; con ellos 
mantenía y aseguraba mar y tierra. Tornó el Rey á 
Córdoba por Jaén y por Ubeda y Baeza, remitiendo la 
conclusión de las Cortes para Madrid, donde llegó. 

No era negocio de menos importancia y peligro lo de 
]a sierra de Ronda , porque estaba cubierto , y los áni- 
mos de los moriscos con la misma indignación que los 
de la Alpujarra y río de Almería y Almanzora : monta- 
ña áspera y difícil, de pasos estrechos, rotos en mu- 
chas partes, ó atajados con piedras mal puestas yár-^ 
boles cortados y atravesados; aparejos de gente preve- 
nida. El consejo mas seguro pareció al Rey, antes que 
se acabasen de declarar, asegurarse, sacándolos fuera 
de la tierra con sus familias, como á los demás. Para 
esto mandó á don Juan que enviase á don Antonio de 
Luna con la gente que le pareciese , y que por halagos 
y con palabras blandas , sin hacerles fuerza ni agravio 
ó darles ocasión de tomar las armas , los pusiese en 
tierra de Castilla adentro, enviando con ellos guarda 
bastante. Recibida la orden de don Juan, partió don An- 
tonio de Antequera á 20 de mayo (1570), llevando con- 
sigo dos mil y quinientos infantes de guardado aquella 
ciudgd, y cincuenta caballos. Era toda la gente que don 
Antonio sacó de Ronda cuatro mil y quinientos infan- 
tes y ciento y diez caballos. El dia que partió envió á 
Pedro Bermudez , á quien el Rey habiá enviado á la 
guardia de aquella ciudad, para que con quinientos in- 
fantes en Jubrique , pueblo do importancia y lugar á 
propósito , estuviese haciendo espaldas á los que ha- 
blan de sacar los moriscos; juntamente repartió las 
compañías por otros lugares de la tierra, dándoles or- 
den que en una hora todos á un tiempo comenzasen á 
sacar los moros de sus casas. Partieron el sol levan- 
tado á las oclio horas de la mañana. Mas los moros, 
que estaban sospechosos y recatados, como descu- 
brieron nuestra pente , subiéronse con sus armas á la 
montana, desamparando casas, mujeres, hijos y gana- 
dos : comentnron á robar los soldados , como es cos- 
tunobre , cargqrse de ropa , hacer esclavos toda ma- 
nera de gente, hiriendo, matando sin diferencia á 
quien daba alguna mnnera de estorbo. Vista por los 
moros la desorden , bajtiban por la sierra , mataban h>s 
soldados, que codiciosos y embebidos con el robo, des- 
ampararon la defensa de sí mismos y de sus banderas : 
'iba esta desorden creciendo con la oscuridad de la no- 
che ; mas Pedro Bermudez, hombre usado en la guer- 
ra, dejando alguna gente en la iglesia de Jubríque á la 
guarda de la^ mujeres , niños y viejos que allí tenia 
recogidos, escogió fuera del lugar sitio fuerte donde 
se recogiese; entraron los moros en el lugar, y com- 
batiendo la iglesia, sacaron los que en ella estaban en- 
cerrados, quemándola con los soldados, sin que pu- 
diesen sersocorridos: luego acometieron á Pedro Ber- 
mudez, que perdió cuarenta hombres en el combate, 
y hubo algunos faerídos de nnay otra parte^y con tanto, 
se acogieron los enemigos á la sierra. 

Vista por don Antonio la desorden y lo poco que se 
Iiabia hecho, retiró las banderas con hasta mil y dos- 
cientas personas; pero con muchos esclavos y esclavas, 
ropa y ganado en poder de loa soldados , úú ser parte 



DE MENDOZA. 

para estorbarlo : recogióse á Ronda, donde y en la co* 
marca la gente públicamente vendia la presa, como si 
fuera ganada de enemigos. Deshízose todo aquel pe- 
queño campo, como suelen los hombres que han hecho 
ganancia y temen por ello castigo ; pues enviando la 
gente que sacó de Antequera á sus aposentos , y cuasi 
las mil y doscientas personas á Castilla , sin hacer mas 
efecto , partió para Sevilla á dar al Rey cuenta del su- 
ceso. Cargaban á don Antonio los de Ronda y los moros 
juntamente : los de Ronda , que habiendo de amanecer 
sobre los lugares, babia sacado la gente á las oclio del 
dia y que la habia dividido en muchas partes; que faa- 
bia dado confusa la orden, dejando libertad á los capi- 
tanes; los moros, que les hablan quebrantado la segih 
rídad y palabra del Rey, que tenían como por religión 6 
vínculo inviolable; que estando resueltos de obedecer 
á los mandamientos de su señor natural , les babian 
por este acatamiento y sacrificio que hacían de sus ca- 
sas , mujeres y hijos, y de sí mismos, robado y deja- 
do por hacienda y libertad las armas que tenían en 
las manos y la aspereza y esterilidad de la montaña, 
donde por salvar las vidas se habían acogido , apare- 
jados á dejarlo todo si les restituían las mujeres y 
hijos y viejos captivos, y ropa que con mediana dili- 
gencia pudiese cobrarse. Halúa tantos interesados, 
que por solo esto fueron tenidos por enemigos; no 
embargante que se hallase haberse movido provo- 
cados y en defensión de sus vidas. Excusábase dm 
Antonio con haber repartido la gente como oonvenia 
por tierra áspera y no conocida; poderse camíaar 
mal de noche ; que partida la gente , á ciegas , deslú- 
lada , fácilmente pudienr ser salteada y oprimida de 
enemigos avisados, pláticos en los pasos y cubiertos 
con la escurídad de la noche ; la gente libre, mal man- 
dada, peor disciplinada, que no conoce capitanes ni ofi- 
ciales, que aun el sonido de la caja no entendían; sm 
orden, sin señal de guerra ; solamente atentos al regalo 
de sus oasas y al robo de las ajenas : fueron admitidas 
las razones de don Antonio, por ser caballero de ver- - 
dad y de crédito, y dada toda la culpa á la desorden 
de la gente, conflrmada ya con muchos sucesos end^o 
suyo. 

Ido don Antonio, salió la gente de la comarca, crí&<- 
tianos viejos, á robar por los lugares mujeres , niños, 
ganados; sobras de la de don Antonio, que fué, como be 
dicho , creído por tenerse buen crédito de su persooi 
y por no tenerse bueno por entonces de los soldados en 
común. Mas los enemigos, persuadidos de los que ha- 
bían huido de la AlQpjarra, y libres de todos los emba- 
razos, despojados de lo que se suele querer bien y dar 
cuidado , comenzaron á hacer la guerra descubierta- 
mente, recoger las mujeres, hijos y vitualla que les 
habia quedado; fortíGcarse en sierra Bermeja y sierra 
delstan, tomar la mará las espaldas para recibir so- 
corro de Berbería y bajar hasta las puertas de Ronda; 
desasosegar la tierra , robar ganados, carptivar, matar 
labradores, no como salteadores, sino como enemigos 
declarados. Estaba, como tengo dicho, á la sazón el rey 
don Felipe en Sevilla; suplicado por la ciudad que vi- 
niese á recebir en ella servicio. 

Sevilla es en nuestro tiempo de las célebres , ricas y 
populosas-ciudades del mundo ; concurren á ella mer- 
caderes de todo poniente, especialmente del Nuevo 



GUERRA DE 

Mondo , que Samamos Indias , eon oro » plata , piedras, 
essieraldas poco meoores que las que maravitlaba la 
antigüedad en tiempo de los reyes de Egipto, pero en 
gran abundancia; cueros y azúcar, y la yerba qu e sucede 
eo lugar de púrpura, ó por usar del ?ocablo arábigo y 
común , carmesí (cochinilla la llaman los indios, donde 
eliasecría). Fué Sevilla la segunda escala que pobladores 
de España hicieron cuando con el gran rey y capitán 
Baco (¿ quien llamaban Libero por otro nombre) vinie- 
ron á conquistar el mundo. La ocasión nos convida, tra- 
tando de tan gran ciudad , á declarar nuestra opinión, 
como ea cosa tan dudosa por su antigüedad, acerca de 
la fundación de ella y del nombre de toda España. Dése 
la autoridad á los escritores y el crédito á las conjetu- 
ras. Marco Varron, autor gravísimo y diligente en bus- 
car ios principios de los pueblos, dice, según Plinio 
refiere, que en España vinieron los persas, iberos y 
fenices , todas naciones de oriente , con Baco. Por es- 
te se entiende también haber sido hecha la empresa de 
la India, según ios escritos de Nono, poeta griego, que 
compuso de los hechos de Baco, y llamó Dionisiaca, 
porque se llamaba, demás del nopibre de Baco y Libe- 
ro, Dionisio. Dice también Salustio en sus historias 
haber él mismo pasado en Berbería y dado principio á 
muchas naciones. Con este Baco vinieron capitanes, 
liombres'señalados, y mujeres que celebraban su nom- 
bre; uno de los cuales se llamó Luso, y una de las mu- 
jeres Líssa , que dice el mismo Marco Varron haber 
dado el nombre á la parte de Portugal, que antigua- 
mente llamaban Lusitania. Tuvo Baco un lugartenien- 
te que dijecon Pan , hombre áspero y rústico , á quien 
la antigüedad honró por dios de los pastores , ó quizá 
eran conformes en el nombre; pero por intervenir en 
jas procesiones ó fiestas de Baco el pan , se puede creer 
ser e¡ mismo : este Pan dice Varron que dio nombre á 
toda España, y lo mismo Appiano Alejandrino en sus 
historias, en el libro que llaman Eipañol, y en griego 
Amce. Pomos quiere decir cosa de pan ^y el hi que 
tiene delante, dice el artículo, que juntado con el pa- 
mos, dirá la tíerra ó provincia de Pan : quedó á ios es- 
pañoles el vocablo griego ni más ni menos que los grie- 
gos lo pronuncian, ambiciosos de dar nombre en su 
lengua á las naciones hispánicas, y pronunciémoslo 
nosotros España : de aquí vino á decirse que Hispan, ó 
d Pan que los griegos llaman lugarteniente, fué sobri- 
no de Hércules y que dio el nombre á España. Lo cier- 
to es que Baco dejó por aquella comarca lujgares del 
nombre de los que le seguían , y que dos veces vino el 
que llamaron Hércules, ó fuesen dos Hércules, en aque- 
lla parte de España. El nombre pudo venir á Sevilla de 
haber sido poblada cuando la segunda vez Hércules, ó 
fuese Baco, ó fuese Hércules tebano, vino en España; 
y si así fué, presupuesto que en la lengua griega palin 
quiere decir otra vez, y Ai la , el nombre de Hispalü 
querrá decir ia de otra vez, porque los griegos son fá- 
ciles en acabar en la letra s. 

Demás del concurso de mercaderes y extranjeros, 
moran en Sevilia tantos señores y caballeros principales 
como suele haber en un gran reino :. entre ellos hay dos 
casas, ambas venidas del reino de León, ambas de grande 
autoridad y grande nobleza , y en que unos ó otro$ tiem- 
pos no faltaron grandes capitanes ; una la casa de Guz- 
man, duques de Medina Sidonia^ que en tiempo antiguo 



GRANADA. 417 

fué población de los de Tiro , poco después de poblada 
Cádiz, destruida por los griegos y geute de la tierra, 
restaurada por los moros, según el nombre lo muestra; 
porque en su lengua medina quiere decir lo.que en la 
nuestra puebla, como si dijésemos la puebla de Sido- 
nía : este linaje moró gran tiempo en las montauus de 
León , y vinieron con el rey don Alonso el Sexto á la 
conquista de Toledo , y de allí con el rey don Femando 
el Tercero á la de Sevilia, dejando un lugar de su oom- 
bre, de donde tomaron el nombré con otros treinta y 
ocho lugares de que entonces eran ya señores. El fun- 
dador de la casa fué el que , guardando á Tarifa , echó 
el cuchillo con que degollaron á su hijo , que tenia por 
bostaje , por no rendir él la tierra á los moros. La otra 
casa es de los Ponces de León, descendientes del con- 
de Hernán Ponce , que murió en el portillo de León 
cuando Almanzor, rey de Córdoba, la tomó : dicen traer 
su origen de los romanos que poblaron á León, y su 
nombre de la misma ciudad; duques en otro tiempo de 
Cádiz hasta el que escaló á Alhama y dio principio á la 
guerra de Granada ; y después que sus nietos fueron en 
tutorías despojados del estado por los revés don Fer* 
uando y doña Isabel, se llamaron duques de Arcos , que 
los antiguos españoles decían Árcobrica, población de 
las primeras de España antes que viniesen los de Tiro 
á poblar Cádiz. Los señores de aquestas dos casas siem- 
pre fueron émulos de aquella ciudad, y aun cabezas á 
quien se arrimaban otras muchas de la. Andalucía : de 
la de Medina era señor don AIonsodeGuzman, mozo de 
grandes esperanzas; de la de Arcos don Luía Ponce de 
León, hombre que en la empresa de Durlan habla segui- 
do sin sueldo las banderas del rey don Felipe , inclina- 
do y atento á la arte de la guerra : á estos dos grandes 
encomendó el Rey el sosiego y paciíicacion de la sier» 
ra de Ronda, por tener á ella vecinos sus estados. Gran- 
des llaman en España los señores á quien el Rey man- 
da cubrir la cabeza, sentar en actos y lugares públicos, 
y la Reina se levanta del estrado á recibir á ellos y á sus 
mujeres, y les manda dar por honra cojin en que se 
sienten ; ceremonias que van y vienen con los tiumpos 
y voluntades de los príncipes ; pero firmes en España 
en solas doce casas, entre las cuales estas dos son y 
fueron de grande autoridad. Después que creció el fa- 
vor y la riqueza, por merced de los reyes han acreceu- 
tádose muchas. Dio poder el Rey á estos dos príncipes 
para que en su nombre concertasen y recogiesen los 
moriscos y les volviesen las mujeres, hijos, muebles, 
y los enviasen por España la tierra adentro, pues no 
habían sido partícipes en la rebelión , y lo sucedido 
había sido mas por culpa de ministros que por la su- 
ya. Tenia el duque de Arcos una parte de su estado 
en la serranía de Ronda, que hubo su casa por des- 
igual recompensa de. Cádiz, en tiempo de tutorías ; pa- 
recióle por aprovechar llegarse á Casares , lugar suyo, 
y dende mas cerca tratar con los moros; envió una len- 
gua, que fué y volvió no sin peligro: loque trajo es que 
á ellos les pesaba de lo acontecido; qu& por persouas 
suyas vendnan á tratar con el Duque donde y como él 
mandase , y se reducirían y harían lo que se les orde- 
nase con ciertas condiciones. Esto aGnüaron, en nom- 
bre de todos, el Alarabique y el Ataifar, hombres de 
gran autoridad y porquien ellos se gobernaban ; bajó el 
Alarabique y el Ataifar á una ermito fuera de Casares, y 



H8 DON DIEGO 

con ellos una persona en nombre de cada pueblo de los 
levantados. .Mas el Duque, por escandalíEarlos menos 
y mostrar confianza , vino con pocos ; osadia de que 
suelen suceder inconvenientes á las personas de tanta 
calidad. Hablóles, persuadióles con eficacia, y ellos 
respondieron lo mi^mo , dando Armados sus capítulos, 
y con decir que daría aviso al Rey, se partió dellos; 
mas antes que la respuesta del Rey volviese , le vino 
mandamiento que , juntando la gente de las ciudades 
de la Audalucia vecinas ¿ Ronda , estuviese á punto 
para hacer la guerra en caso que los moros no se qui- 
siesen reducir ; mandó apercibir la gente de Andalucía 
y de los señores della , de á pié y de á caballo , con vi- 
tualla para quince días, que era lo que parecia que bas- 
tase para dar fin á esta guerra. En el entre tanto que la 
gente se juntaba , le vino voluntad de ver y reconocer 
el fuerte de* Calálui, en Sierra Bermeja, que los mo- 
ros llaman Gebalhamar, adonde en tiempos pasados se 
perdieron don Alonso de Aguiiar y el conde de Ureiía; 
don Alonso seiíaiado capitán , y ambos grandes princi- 
pes entre los andaluces; el de Drena abuelo suyo de 
parte de su madre, y don Alonso bisabuelo de su mujer. 
Salió de Casar<es descubriendo y ^segurando los pasos 
de la montaña ; provisión necesaria por la poca seguri- 
dad en acontecimientos de guerra y poca certeza de la 
fortuna. Comenzaron á subir la sierra , donde se decía 
que los cuerpos habían quedado sin sepultura ; triste y 
aborrecible vista y memoiria: había entre los que mira- 
ban, nietos y descendientes de los muertos, ó personas 
que por pidas conocían ya los lugares desdichados. Lo 
primero dieron en la parte donde paró la vanguardia 
con su capitán, por la éscuridad de la noche, lugar har- 
to extendido y sin mas fortificación que la natural, en- 
tre el pié de la montana y el alojamiento de los moros : 
blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caba- 
llos amontonados , desparcidos , según, como y donde 
habían parado ; pedazos de armas, frenos, despojos de 
jaeces; vieron mas adelante el fuerte dejos enemigos, 
cuyas señales parecían pocas y bajas y aportilladas; iban 
señalando los pláticos de la tierra donde habían caído 
oficiales, capitanes y gente particular; referían cómo y 
dónde se salviiron los que quedaron vivos, y entre ellos 
el conde de Ureña y don Pedro de Aguiiar , hijo mayor 
de don Alonso; en qué lugar y dónde se retrajo don 
Alonso y se defendía entre dos peñas ; la herida que el 
Ferí, cabeza de lo» moros , le dio primero en la cabeza 
y después «n el pecho , con que cayó; las palabras que 
le dijo andando á brazos : «Yo soy don Alonso;» las 
que el Ferí le respondió cuando le hería : « Tú eres 
don Alonso, mas^yosoy el ferí de Benastepar; » y que 
no fueron tan desdichadas las heridas que dio don 
Alonso cotpo las que recibió. Lloráronle amigos y ene- 
migos, y en aquel punto renovaron los soldados el sen- 
timiento; gente desagradecida, sino en las lágrímas. 
Mandó el General hacer memoría por los muertos, y ro- 
garon h)s soldados que estaban presentes que reposa- 
sen en* paz, inciertos si rog*aban por deudos ó por ex- 
traños; y esto les »$recenté la ira y el deseo de hallar 
gente contra quien tomar venganza. 

Vista la importancia del lugar si los eúemigos le oca* 
pasen ^ envió dende á poco el Duque una bandera do 
infantería que entrase en el fuerte y lo guardase. Vino 
enoste tiempo resolución del Rey qoo concedía á los 



DE MENDOZA. 

moros cuasi todo lo que le pedían que tocaba al prove- 
cho dellos, y comenzaron algunos á reducirse, pero 
con pocos armas , diciendo que los que en sa caoipo 
quedaban.no se las dejaban traer. Había entre los mo- 
ros uno , llamado el Mekjui , hombre atrevido y escan- 
daloso , imputado de herejia , y suelto de las cárceles 
de la Inquisición , ido y vuelto á Tituan : e^, ó que le 
parecia que perdía el crédito de hasta entonces, ó que 
fuese obligado al principe de Tituan, juntó el pueblo, 
que ya estaba resoluto áredudrse, disuadiéndole y afir- 
mando lo que con ellos trataba el Alarabique ser enga- 
ño y falsedad ; haber recibido del Duque nueve mil du- 
cados , vendido por predo su tierra , su costa y los hi- 
jos, mujeres y personas de su ley; venidas ks galeras 
á Gibraltar , la gente levantada, kú cuerdas en las mag- 
nos á punto, con qíie los principales habían de ser ahor- 
cados ; y el pueblo atado y puesto perpetuamente al re- 
mo para sufrir hambre, frío y azotes, y seguir ionados 
la voluntad de sus enenugos , sin espennuí de otra li- 
bertad sino la muerte. Tuvieron estas palabras y la per- 
sona tanta fuerza, que se persuadió el pueblo igno- 
rante, y tomando las /irmas, hideron pedazos al Alara- 
bique y á otro compañero suyo berb¿l jque era de la 
misma opinión ; con esto mudaron de propósito y que- 
daron mas rebeldes que estaban ; algunos que quisie- 
ran reducirse, estoibados por el Blelqui coa gualdas 
y espantados con amenazas, dejaron de hacello ; ios de 
Benahabíz, lugar de importancia en aquella maotaña, 
enviaron por el perdón del Rey con propósito de redi»- 
drse : llevólo un moro., llamado el Barooquf , junti- 
mente con carta del Duque para Marbella y los que guar- 
daban el fuerte de Montemayor, que tuviesen cuen- 
ta con él y sus compañeros , acompañándolos hasta de- 
jaríos en lugar seguro; mas la gente , ó por codida de 
algo^ d lo llevaban, ó por estorbar la Eeduodon, con 
que cesaría la guerra , híciéronlo tan al contrario, que 
mataron al Barcoqui : esta desorden mudó á los de Be- 
nahabíz, y eontirmó la razón del Melqui de manera, que 
no filé parte el castigo que d Duque hizo de ahorcar y 
ediar en galeras ios culpados para estorbar el motin 
general. Aperoebida la gente, vino el Duque á Ronda, 
donde hizo su masa , y salió con cuatro inil infantes y 
ciento dncuentá caballos á ponerse algo mas camino 
que dos leguas de la sierra de Istan » donde los oienii- 
gos le esperaban fortifícados; lugar asperísimo y diíí- 
cultosotde subir, las espaldas á la mar ; dejando en Rin- 
da á Lope Zapata , hijo de don Luis Ponce , jMura que 
en su nombre recogiese y encaminase los moros que 
viniesen á reducirse. Vinieron pocos ó ningunos» es- 
candalizados dd caso dd Barcoqui y espantados, por- 
que en Ronda y Marbella el pueblo había rompido la 
salvaguardia del Duque y fe del Bey, matando cuasi 
cien moros al salir de los iugann. Mo le pareció d Du- 
que detenerse á hacer d castigo; pero envió por juez 
al Bey, que castigó los culpados como convoiia; yd 
caminó á la Fuenfria, donde se encendió fuego en el 
campo, que puso en cuidado , ó fuese echado por los 
enemigos ó por descuido de alguno; d autor (1) y d 
fuego oesó por industria y diligencia del Duque. 

£1 dia dguiente con mil infantes y algbna cabaliéria 
reconoció d fuerte de los euemigos desde k sierra de 

(1) El antor no te tupo^ y el ftiego eesd, etc. Ktí se lee, eamea- 
dado el desMide da U fniirMloi , ta el citado MS. 



GUERRA DE 

Arbolo, puesta enfrente del , juntamente con el aloja- 
núeato y el lugar de la agua ; y aunque se raosfraron los 
eoemigos algo mas ^bajo fuera de su fuerte, no fueron 
acometidos, ansí por ser cerca de la noclie, como por 
esperará Arévalo de Suazo con la gente de Málaga. En- 
tre tonto puso su guardia en la sierra de Arboto con har- 
ta contradicción de los enemigos, porque juntamente 
acometieron el alojamiento del Duque y trabaron una 
escaramuza tan larga, que duró tres horas, no muy 
apriesa, pero bien extendida. Eran ochocientos hom- 
bres arcabuceros y ballesteros, y algunos con armas 
enbastadasJ; mas visto que con dos banderas de arca- 
buceros les tomarían la cumbre , se retiraron á su fuer- 
te con poco daño de los nuestros y alguno de los suyos. 
Reforzóse la guardia de aquel sitio, por ser de impor- 
tancia, con otras dos banderas; y era ya llegado Aré- 
valo de Suazo con dos mil infantes de Málaga y cien 
caballos, con que se tomó resolución de combatir los 
enemigos en su fuerte al otro dia : ¿ la parte del norte, 
que la subida era mas difícil , envió el buque á Pedro 
Bermudez con ciento y cincuenta infantes, que tomase 
las dos cumbres que suben al fuerte con dos banderas 
de arcabuceros , haciéndoles espaldas con el rostro á la 
mano dereclia Pedro de Mendoza con otra tanta gente 
j la mesma orden , dejando entre sí y Pedro Bermudez 
una parte de la montaña que los moros habían quema- 
do, porque las piedras que desde arriba se tirasen cor- 
riesen por mas descubierto y con menos estorbo. Aré- 
valo de Suazo con la gente de su cargo se seguía á la 
mano derecha , y con dos banderas de arcabucería de- 
lante; ma&á mano derecha de Arévalo de Suazo, Luis 
Ponce de León con seiscientos arcabuceros por un pi- 
nar, camino menos embarazado que los otros. El Du- 
gue escogió para sí, con el artillería y caballería y mil y 
quinientos infantes, el lugar entre Pedro de Mendoza y 
Arévalo de Suazo , como mas desembarazado así mas 
descubierto; mandó á Pedro de Mendoza con mil infan- 
tes y algún número de gastadores que fuese adelante 
aderezando los pasos para la caballería , y que todos al 
pasar se cubriesen con la falda de la montaña y que- 
brada hacia el arroyo, que á un tiempo comenzasen á 
subir igualmente y á pequeño paso, guardando el alien- 
to para su tien^po. Quedaba con esta orden la montana 
cercada, sino por la parte de Istan , que no podía con 
la aspereza recebir gente. Víanse unos á otros, y todos 
se podían cuasi dar las manos : quedó resoluto comba- 
tir los enemigos otro dia á la mañana; roas los moros, 
viendo que Pedro de Mendoza estaba mas desviado y 
en parte donde no podía con tanta diligencia ser socor- 
rido, acometiéronle al caer de la tarde con poca gente 
y desmandada, trabando una escaramuza de tiros per- 
didos. Pedro de Menidoza, confiado de sí mismo, sol- 
dado de mucho tiempo y no tanta experíencia , pudien- 
do guardar la orden y contentarse con estar quedo y 
sin peligro , saltó á la escaramuza con demasiado calor. 
Deshízose la gente por la montaña arríba sin orden, sin 
aguirdar unos á otros, y los moros unas veces retirán- 
dose, otras reparándose, parecían ir cerrando (1) á los 
nuestros. Visto el peligro y no pudiéndolo ya estorbar, 
Pedro de Mendoza (ó fuese recelo ó desconfianza de su 
poca autoridad con la gente, aunque la babia tenido 

(Xí mus. ceémido. * 



GRANADA. **» 

para metería adelante), «nvióé avisar al Duque, pero 
á tiempo que, puesto queAubiese enviado á. retirarla 
tres capitanes, íté necesitado á tomar lo alto para re- 
conocer el lugar ; el Duque, con los que con é\ se halla- 
ban y los que pudo retirar , atravesó donde estaban los 
que subían, y valió tanto su autoridad, que la gente 
desmandada se detuvo , y los moros , que ya habían co- 
menzado á desemboscarse y se mostraban á. los enemi- 
gos , vista la determinación del Duque , se recogieron 
á su fuerte en ocasión de que estaba cerca la noche y la 
gente de Pedro de Mendoza cansada y desordenada , y 
se temían de algún desastre , especialmente los que 
traían á la memoria el acontecimiento de don Alonso 
de Aguilar por los mismos términos. 

Hallóse el Duque tan adelante^ que vistas las celadas 
descubiertas y los moros puestos en orden de cargar i 
la gente que subía, y que era imposible retirallos todos, 
quiso aprovecharse de la desorden; y con la gente que 
traia consigo y la que habia recogido , todo á un tiem- 
po acometió á los enemigos, y pegósa con el fuerte de 
manera , que fué de los primeros ai entrar. Mas los mo- 
ros, que no osaron esperar el ímpetu de los nuestros, 
se descolgaron por lugares de la montaña, que era 
luenga y continuada; y de allí se repartieron , unos á 
Rioverde, otros á hi vuelta de Istan , otros á la de Mon- 
da, y otros á la de sierra Blanquilla, dejando de sus 
mujeres y hijos como cuatrocientas personas ; embara- 
zo de guerra y gente inúlH que les comían los basti- 
mentos , quedando mas ahorrados para hacer la guerra 
por aquellas montañas. Todavía envió á seguir el alcan- 
ce con poco fruto, por ser la noche y tierra tan cerra- 
da; él pasó en el fuerte de los enemigos sm ropa ni vi- 
tualla , y visto que todos se habían esparcido y que la 
montaña quedaba desamparada , dejó el fuerte ; y dando 
licencia á la gente de Málaga con orden de correr la 
tierra á una y otra parte , pasó con la resta de su campa 
á Istan , y envió cuatro compañías sin banderas. El afeó- 
lo que hicieron las tres fué quemar dos barcas grandes 
que tenían fabricadas para pasar á Tituan ; la cuarta, 
con su capiton Morillo, á quien el Duque mandó que 
corriese Rioverde, no guardando la orden, dio en los 
enemigos no lejos de Monda , en un cerro que los de la 
tierra llaman Alborno , á viste de IsUn ; y seguido y rota 
la gente, se retiró. Era el lugar tan cerca del campo, 
que se oyeron los golpes de arcabuces , y con sospecha 
de loque podía ser, se ordenó al capitán Pedro de Men- 
doza socorriesey recogiese la gente; mas llegando ¿ 
vista de los enemigos, contenióse con solo recoger al- 
gunos que huían , y estuvo sin pasar adelante , ó fuese 
temiendo alguna emboscada, aunque el lugar era gran 
trecho descubierto, ó arrepentido de la demasiada di- 
ligencia del dia antes en la sierra de Istan : mifrió la 
mayor parte de la compañía y su capitán peleando. El 
mismo dia los moros que andaban repartidas encontra- 
ron con el alcaide de Ronda y capitán Ascanio , que 
•cdti ciento y cincuenta soldados y otra gente habia sa- 
lido sin orden y sabiduría del Duque, como hombres 
que no estaban a su cargo ; matárdhlos. con la mayor 
parte de la compañía. El mismo acometimiento hície* 
ron contra un correo que partió del campo para Grana- 
da, con escolte de cien soldados, aunque con pérdida 
de algunos se recogió en Monda. Entendiendo pues el 
Duque qae por la sierra andaba cuantidad de morosi 



i 20 DON DIEGO 

envió orden á Arévalo de Soazo que con Ta gente de Má- 
laga torjoase á Monda , y ¿ d«n Sancho de Leiva , gene- 
ral de las galeras de España , que enviase ochocientos 
infantes de la gente que andaba á su cargo , y á Pedro 
Bermudez que viniese con la de Ronda , y él con la que 
habla quedado se vino á esperarlos á Monda, de donde 
junta la gente partió ahorrado sin estorbos la vuelta de 
Hó/en , y allí le encontró don Alonso de Leiva , hijo de 
don Sancho , con ochocientos soldados de galera. En- 
tendíase que los moros esperaban á una legua , y con 
este presupuesto ordenó el Duque á Pedro Bermudez 
que con mil arcabuceros de los de su cargo tomase la 
mano izquierda , y ¿ don Alonso con la gente que habia 
tenido fuese derecho á Hójen por un monte que dicen 
^ Negral; él con lo demás del campo siguió derecho 
el Gorvachin , tierra de grande aspereza. Con esta orden 
se llegó á un tiempo al lugar donde los enemigos ha- 
bían estado, y de allí bajando hasta llegará vista de la 
Fuengirola , sin hallar otra cosa sino rastro de gente y 
sobras de comida (porque los moros , recelándose que 
serian descubiertos, se habian esparcido como es su 
costumbre y extendido por todas las montañas ), dio el 
Duque licencia á don Alonso que tomase á embarcarse, 
y á Arévalo de Suazoá Málaga, corriendo primero la 
tierra : él volvió á Monda , y do alü á Marbella. Este lu- 
gar es el que los antiguos llaman Barbésola ; mas el que 
agora llamamos Monda pienso que fué poblado de los 
habitadores de Monda la vieja , tres leguas mas acá, 
donde parecen senas y muestras mas claras de haber 
sido la amiga Monda , siguiendo los moros que con- 
quistaron á España su antiga costumbre de pasar los 
moradores de unos lugares á otros con el nombre del 
lugar que dejaban. En Ronda y otras partes se yen es-, 
tatúas y letreros traídos de Monda la vieja, y en torno 
della la campaña , atolladeros y pantanos en el arroyo 
de que Hirtio hace memoria en sus historias. 

Habia ya cumplido la gente de las ciudades y seño- 
res el tiempo que eran obligados á servir por el llama- 
miento , y las aguas hartado la tierra para sembrar : 
faltaba el provecho de la guerra , por la diligencia que 
los moros ponian eh las guardas por todo, en alzar y 
esconder la ropa, mujeres y niños, en esparcirse po- 
cos á pocos en las montanas, y gran parte dellos. pasar 
á Berbería , donde con cualquier aparejo tenian la tra- 
viesa corta y mas segura , no podian ser seguidos con 
ejército formado, y el que habia se iba poco á poco des- 
haciendo. Pareció consejo de necesidad enviar la gente 
á sus casas , y el Duque volver á Ronda , guarnecer los 
lugares de donde con mayor facilidad los enemigos pu- 
diesen ser perseguidos y echados de la tierra, y andar 
tras dellos en cuadrillas , sin dejarlos reformaren algu- 
jia parte; mas detuvo la gente de su estado ya diestros 
y ejercitados, que servían á su costa, sin sueldo ni ra- 
biones; dejó gente en Hójen, Istan, Monda, Tollox, 
Guaro, Gartagima, Jubrique y en Ronda, cabeza de 
toda la sierra. Habia ya el Rey avisado al Duque como, 
se determinaba á un tiempo sacar los moros de Grana- 
da á poblar Gastilkt , y que estuviese apercebldo para 
cuando le llegase la orden de don Juan de Austria. 
Cuando esto pasaba llegaron las cartas de don Juan , en 
que decia como la salida de los moros de todo el reino 
seria el postrero dia de otubre ; encomendábale el se- 
preto hasta el dia que el bando so publicase; aperce- 



DE MENDOZA. 

bíale para la ejecución en tierra de Ronda; enviábale la 
patente en blanco para que el Duque hinchiese la per- 
sona que le pareciese mas á propósito. 

Echando el bando, mandó recoger en el castillo de 
Ronda los moros de paces con su ropa , hijos y» muje- 
res , y en la patente hinchió el nombre de Flores de 
Benavides, corregidor de Gibraltar^ ordenándole con 
seiscientos hombres de guarda llevar cuasi mil y dos- 
cientas personas que serian los reducidos , basta deja- 
ilos eri (ijora , para que juntos fuesen á Castilla con otros 
de la vega de Granada. Era ya entrado el mes de no- 
viembre , con el frío y las aguas en mayor cuantidad. 
Los enemigos, creyendo que por ir los ríos mayores y 
las avenidas en las montañas diGcuitar mas lo? pasos, 
ellos podian extenderse por la tierra , y nuestra gente 
ocupada en labrar la suya , se juntaban con diGcultad ; 
en todas partes y á todas horas desasosegaban la tierra 
de Ronda y Marbella , cautivando labradores , llevando 
ganados , y salteando caminos hasta cuasi las puertas 
de Ronda : acogíanse en las vertientes de-Rioverde, á 
quien los antigos llamaban Barbésola, del nombre de 
la ciudad que agora llamamos Marbella , y de allí en las 
cumbres y contomo de sierra Blanquilla. El Duque, por 
el menudear de los avisos y por excusar -los daños, 
que aunque no fuesen señalados, eran continos; por 
castigar los enemigos que habian en Rioverde y en la 
sierra de Alborno muerto nuestra gente ; porque de la 
Alpujarra por una parte , y por otra con la vecindad de 
Berbería, no se criase en aquella montaña nido, deter- 
minó rematar la empresa , combatir los enemigos y 
desarraigallos ó acaballos Qel todo. Salió de Ronda con 
mil y quinientos arcabuceros de la guardia della , y 
gente de señores , y mil de sus vasallos, y con la caba- 
llería que pudo juntar improvisamente; mas antes que 
llegase , entendió por avisos de espías y algunos que se 
pasaron de los enemigos, que el número poco masó 
menos era de tres mil , los dos mil dellos arcabuceros 
gobernados por el Melqui , hombre entre ellos diligen- 
te, animoso y ofendido, ido y venido á Tituan; que 
tenian atajados los pasos con grandes piedras , árboles 
atravesados; que estaban resolutos de morir defen- 
diendo la sierra. Ordenó á Pedro de Mendoza que con 
seiscientos arcabuceros' caminase derecho á la boca 
del rio Verde por el pié de la sierra, y á Lope Zapata 
con otros seiscientos á Gaimon , á la parte de las vi- 
ñas de Monda : iban estos dos capitanes el uno del otro 
media legua, y entre ambos iba el Duque con el resto 
de la infantería y caballería. Ordenó á Pedro Bermu- 
dezy á Cáríos de Villegas, que estaba á la guarda de Is^ 
tan y Hójen con dos compañías y cincuenta caballos, 
que se saliesen á un mismo tiempo, y con doscientos 
arcabuceros tomasen lo alto de la sierra y las espaldas 
de los enemigos; que Arévalo deSuazo partiese de Má- 
laga, y con mil y doscientos soldados y cincuenta ca- 
ballos acudiese á la parte de Monda. Todos á un tiem- 
po partieron á la noche para hallarse á la mañana con 
los enemigos ; mas ellos , avisados por un golpe de»ar- 
cabuz que habian oido entre la gente de Setenil, mu- 
dáronse del lugar, mejorándose á la parte de Pedro de 
Mendoza , que era el postrero , por tener la salida roas 
abierta : comenzó á subir el Duque, y Pedro de Men- 
doza, que estaba mas cerca, á pelearcon igualdad, y ellos 
á mejorarse. El Duque, aunque algo apartado, oyendo 



GUERRA DE GRANADA. 



4S1 



les gofpes de arcalMiz, y TÍsto que se peleaba por 
aquella parte de Pedro de Mendoza, se mejoró; y por la 
ladera descubriendo la escaramuza , con la caballería y 
eon lo que pudo de arcabucerf a tfcometió los enemi- 
gos, llevando cerca de si á su hijo , mozo cuasi de trece 
a¿0Sy don Luís Ponce de León : cosa usada en otra 
edad eo aquella casa de los Ponces de León , criarse los 
mucliacbos peleando con los moros y tener á sus pa- 
dres por maestros. Porfiaron algún tanto los enemigos, 
mas no pudiendo resistir, tomaron lo alto de la sierra, 
T de alli se repartieron aunas y otras partes. Murieron 
roas de cíen hombres, y entre ellos el Melqui, su capitán; 
y si Pedro Bennudez y Villegas salieran á la hora que 
se les ordenó, hiciérase mayor erecto. Habido este buen 
suceso , repartió el Duque la gente que pudo por cua- 
drillas para seguir el alcance ; captivaron ¿ las muje- 
res y niños y ropa que les habia quedado, mataron en 
este seguimiento otros ocfaenta. Quedaron los moros 
tan escarmentados , que ni por engaño ni por fuerza los 
pudieron bailar juntos en parte de la montaña , y bus- 
caron también la sierra que'llaman de Daidin, y el mis- 
mo Duque repartió el campo en cuadrillas, pero tam- 
poco se baUaron personas juntas ; con esto, él se toruó 
i Ronda, y aquella guerra quedó acabada , la tierra li- 
bre de los enemigos, parte muertos y parte esparcidos 
ó idos á berbería. 

He querido tratar tan particularmente desta guer- 
ra de Ronda , lo uno porque fué yaria en su manera y 
hecha con gran sufrimiento del Capitán General, y con 
gente concejil, sin ia que los señores enviaron , y la ma- 
yor parte del mismo duque de Arcos; y aunque en ella 
no hubo grandes rencuentros ni pueblos tomados por 
fuerza, no se trató con menos cuidado y determina- 
ción que ia de otras partes deste reino, ni hubo me- 
nos desórdenes que corregir cuando el Duque la tomó 
á su caiigo ; guerra comenzada y suspendida por íalta 
de gente , de dineros , de vitualla, tomada á restaurar 
sm lo uno y sin lo otro; pero sola ella acabada del to- 
do, y fuera de pretensiones, emulaciones ó envidias. 
Lo otro por haberse en tiempos antigos recogido en 
aquellas partes las fuerzas del -mundo, y competido 
César y los hijos de Pompeyo, cabezas del, sobre cuál 
quedaría con el señorío de todo, hasta que la fortuna 
determinó por César, dos leguas de donde está agora 
Ronda 9 y tres de la que llamamos Monda, en la gran 
batalhi cerca de Monda la vieja, donde hoy dia, como 
tedgo dicho, se ven impresas señales de despojos, de 
armas y caballos , y ven ios moradores encontrarse por 
el aire escuadrones ; óyense^oces como de personas 
que acometen : esUntíguas llama el vulgo español á 
semejantes apariencias ó fantasmas, que el vaho de la 
tierra, cuando el sol sale ó se pone, forma en el aire ba- 
jo, como se ven en el alto las nubes formadas en varias 
figuras y semejanzas (1). 

CsUba don Juan en Granada con el Duque (a) y el 
Comendador mayor, acudiendo á lo que se ofrecia; y 
por dar remate á cosas y fin de los enemigos que que- 
daban , ordenó que el Comendador mayor, con la gente 
que se pudo junUr , parte de la propria ciudad y parte 
de los que se habían venido de su campo y del campo 

<1) Aqnt teimioao todos los manascritos qne hemos examiaado. 
(•) Este doqie es necesariamente el de Sesa , porqoe el de Ar^ 
eos no se t16 coa doi Joaa. 



del Duque, que por todos serian siete mil personas, 
llevasen delante y ante todas las cosas bastimento y 
munición que bastase para dos meses , y que esto se 
guardase en órgiba, y con esta prevención partió el 
campo la vuelta de la Alpujarra. Llegados á Lanjaron, 
por mandado del General se dio un rebato falso, porque 
la gente no estuviese descuidada; otro dia llegaron á 
órgiba, y en ella reposó el campo tres dias, tomando 
la orden que se habia de tener para